VRMMO: El Primer Nacido de Glifos del Mundo - Capítulo 106
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Capítulo 106: ¿Loco? Estuve loco una vez.
«Come. Comeee. ¡COME!».
El «susurro» gritó en su mente mientras Belladonna estaba de pie sobre el cadáver del Cazador que le había disparado. Aunque la herida se había curado, aun así, dolió. Bueno…, dolió tanto como se lo permitió el inhibidor de dolor.
¡Aun así, fue increíblemente grosero!
Le había roto el cuello a propósito, asegurándose de no derramar ni una gota de esa preciosa sangre para guardársela a Frijoles. Pero la voz en su cabeza tenía otras ideas. Le dolían los dientes, como si suplicaran hundirse en la carne, y sus manos se contrajeron ligeramente mientras las mantenía a los lados.
Estaba haciendo todo lo posible por mantener la cordura, aunque la perdió un poco después de que este grosero cazador le disparara. Solo un poquito, eso sí.
«¡No! ¡Lo necesito! ¡No puedes alimentarte de todo!», se gritó mentalmente, o… ¿acaso también en voz alta? No estaba del todo segura; su mente estaba más centrada en no desmoronarse.
Si lo pensó o lo dijo era un asunto secundario. Además, ¿qué iba a pensar la gente? ¿Que el monstruo asesino estaba loco? Oh, no, qué terrible.
Los susurros continuaban, minando su cordura e instándola a deleitarse en su gula interminable. Era casi tan malo como el Chupapecados. En realidad… aquello podría haber sido un poco mejor, porque era más fácil deshacerse de él.
Belladonna se miró las manos, volteándolas con curiosidad mientras inspeccionaba su apariencia monstruosa y retorcida, antes de apretar los puños y flexionar los músculos. Estaban llenas de poder, mucho más poder del que había tenido antes, incluso con sus infusiones.
Arriesgando ligeramente su cordura, Belladonna usó una pizca de su consciencia para invocar y estudiar su pantalla de estado. Casi perdió el control de la realidad por la conmoción.
En este estado, la mitad de su pantalla de estado había sido borrada y reemplazada por algo increíblemente básico. Pero los números fueron lo que más la sorprendió.
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[Estado: Frenesí Sanguíneo (Saludable)
Nombre: Belladonna Valaquia
Atributos:-
Fuerza(FUE): 400 (+40)
Agilidad(AGI): 400
Vitalidad(VIT): 400 (+30)
Percepción(PER): 100
Resistencia(RES): 10
Esotérica(EST): 35
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¡¿400 de Fuerza?! Eso era el cuádruple de su fuerza normal, y además seguía recibiendo las bonificaciones de su Esencia Sanguínea. No era de extrañar que sintiera que podía quebrar a esos hombres como si fueran palillos.
La bonificación era curiosa en sí misma, pues parecía que beber directamente de los vivos no cambiaba su bonificación, sino que alimentaba el Frenesí Sanguíneo.
Era bueno saberlo.
Al mirar por encima del hombro, los ojos de Belladonna se animaron al oír unos suaves gemidos de dolor. Parecía que el asesino había sobrevivido a su golpe, aunque a duras penas.
Con un destello de movimiento, apareció sobre su cuerpo mientras él se arrastraba para huir, con una de sus piernas doblada en la dirección completamente equivocada por una zona que no estaba diseñada para flexionarse. Hizo una ligera mueca por la desagradable sensación que eso le produjo, antes de inclinarse y agarrar al Asesino por el pelo.
Él gimoteó y suplicó, intentando negociar con ella mientras lo levantaba del suelo por el pelo. Pero sus palabras cayeron en oídos sordos cuando Belladonna se inclinó y le hincó los dientes en el cuello sin dudarlo.
Se tomó su tiempo con la comida, centrándose en mantener la cordura y no perderse en el frenesí. Una tarea ya de por sí difícil de lograr normalmente, pero con la sangre rica en fuerza vital derramándose sobre su lengua, los susurros se volvieron ensordecedores y amenazaron con apagar cualquier pensamiento cuerdo en su mente.
Definitivamente, había una razón por la que se llamaba Frenesí Sanguíneo.
Sin embargo, esto tenía alguna ventaja. Tan pronto como el Asesino fue drenado por completo, y ella dejó su cadáver con el aspecto de una triste pasita al soltarlo, los ojos de Belladonna se clavaron rápidamente en su pantalla de estado una vez más.
Todo parecía exactamente igual, excepto por el atributo de agilidad que ahora marcaba 415.
«Maldición, de verdad estoy drenando su fuerza vital. El Frenesí Sanguíneo se hace más fuerte cuantas más “bolsas de sangre” drene con él… Aunque, a la inversa, se vuelve mucho más difícil de controlar y definitivamente podría acabar hiriendo a mis aliados.
»Aun así… Es una mejora de poder muy seria. Si pudiera controlarlo, sería un as en la manga increíble. Hasta entonces, tendrá que ser solo para incursiones en solitario».
Ahora que todo eso estaba aclarado, la única pregunta era cómo desactivarlo. Resultó que la respuesta era bastante simple, aunque inconveniente. Esperar.
Eso era todo, esperar. Era una transformación basada en el tiempo que activaba bebiendo sangre viva, y también prolongaba su duración haciendo lo mismo. Probó varios métodos, pero por lo que pudo deducir, la única forma de desactivarla era esperar a que su cuerpo procesara toda la fuerza vital.
Una solución que era a la vez tediosa e increíblemente estresante, lo cual no era una combinación agradable. Sobre todo porque se pasó la mayor parte del tiempo concentrada en mantener la cordura, y no se distrajo saqueando.
Cuando finalmente se desactivó y su cuerpo empezó a crujir y a volver a su forma original, una oleada de agotamiento golpeó a Belladonna con la fuerza de un camión que intentara enviarla a otro mundo.
Se tambaleó ligeramente y cayó de rodillas, jadeando pesadamente mientras sus músculos ardían y le dolían. Era la misma sensación que tenía después de un día entero de entrenamiento en su juventud.
Todo estaba a la vez débil y gelatinoso, y también dolía como el infierno, lo que era otra cosa que el inhibidor de dolor convenientemente ignoraba. ¿En serio? ¿Podían apuñalarla en el pecho y que apenas sintiera nada, pero tenía que sufrir cada pequeño calambre muscular?
¿Qué demonios de sistema era ese?
Pero no podía quedarse por aquí mucho más tiempo. Con el tiempo que perdió esperando a que su transformación desapareciera, el grupo que había matado ya estaría de camino de vuelta.
Con un fuerte y dolorido gemido, Belladonna se puso en pie a la fuerza y se arrastró hasta el arquero. El hedor en sus pantalones era más que suficiente para decirle que su sangre sería tan viable como la de las vacas de dos cabezas.