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VRMMO: El Primer Nacido de Glifos del Mundo - Capítulo 136

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Capítulo 136: Ganador afortunado

—¿Vas a traer al robot? ¿De verdad crees que es necesario? —le gritó Percy a Valerie, mientras estaba en mitad de meter una de sus maletas en el transbordador. Valerie salió del portal de su edificio con un pequeño maletín negro sobre el regazo, mientras Jinu iba tras ella cargando dos maletas más.

—Para empezar, se llama Jinu —replicó Valerie rápidamente con el ceño fruncido, como si le ofendiera que se hubieran referido a su mayordomo por cualquier otra cosa que no fuera su nombre. Qué indigno.

—¿Jinu? —murmuró Percy confuso, antes de reconocer el rostro del androide y asentir con la cabeza en señal de comprensión.

—En segundo lugar —continuó Valerie—, apuesto a que este sitio, del que por cierto aún no me has contado nada, no tiene el tipo de instalaciones que necesito. Así que, a menos que pienses ayudarme a entrar y salir de la bañera, el robot se viene con nosotros.

Terminó de hablar justo cuando llegaba al transbordador. Colocó el maletín que llevaba en el asiento trasero y lo aseguró bien, mientras Jinu metía el resto de sus maletas en el maletero, teniendo que apretujarlas para hacer hueco también a su silla.

Cuando estuvo segura de que el maletín no se movería, Valerie frunció levemente el ceño y ladeó la cabeza. Percy había permanecido sospechosamente callado y, cuando ella levantó la vista para mirarlo, lo vio con las cejas enarcadas, pensando profundamente, como si estuviera sopesando en serio lo que ella había dicho.

—¡Eh! ¡No sé qué se te estará pasando por esa cabeza idiota, pero quítatelo de la mente ahora mismo! —le gritó, con la cara sonrojada. Percy salió de su ensimismamiento con una expresión extraña, antes de dedicarle su habitual sonrisa bobalicona.

—Lo siento, es que te estaba imaginando como una de esas sirenas de los cuentos de antes.

Valerie bufó con fastidio y puso los ojos en blanco mientras le daba la espalda a Percy y empezaba a subir al vehículo, dejando que Jinu recogiera su silla. Percy se rio por lo bajo ante su reacción, observándola durante unos segundos con una mirada tierna y complicada, antes de negar con la cabeza y subir él también al transbordador.

Una vez que todo estuvo guardado y el asistente robótico se sentó en el asiento trasero, Percy arrancó el motor y despegó, elevándose en vertical. Un sinfín de personas en el barrio de Valerie se quedaron mirando el transbordador mientras ascendía, tal y como habían hecho desde que descendió por primera vez frente a su edificio de apartamentos.

Aunque su barrio no era precisamente pobre, tampoco era lo bastante acomodado como para que ver un Transbordador Soaring fuera algo habitual o… bueno, ni siquiera algo que ocurriera alguna vez. A muchos les brillaron los ojos mientras sacaban fotos con sus implantes y las subían para fardar, como si ver la riqueza de otro fuera motivo de alarde.

Como era de esperar, al subirlas a la red, la gente no tardó en reconocerlo. Su rostro era bastante reconocible, con todo su estúpido atractivo, pero nadie se fijó en Valerie. La mitad de las fotos ni siquiera la incluían, y en las que salía, normalmente la mitad de su cuerpo quedaba fuera de plano. Solo una foto la mostraba entera, y se utilizó únicamente para difundir rumores sobre su conexión.

A medida que surgían historias sobre el motivo de su visita, más gente añadió que los habían visto a los dos juntos con Kaleigh en una cafetería cercana. Los rumores se extendieron y las historias se multiplicaron, pero ninguna llegó a sugerir una conexión romántica, ni siquiera de amistad, entre ellos dos.

La mayoría supuso que era una especie de caso de caridad o que había ganado algún tipo de concurso. Algo del tipo «Gana un día con el Príncipe de las Estrellas», lo que provocó que la gente se sintiera celosa por no haber ganado ese concurso completamente imaginario, e incluso pidieron que se organizara otro, a pesar de que nunca había existido un primero.

También se sugirió que, por culpa de Jinu, la iban a contratar como una especie de criada interna para el nidito de amor de Percy y Kaleigh. Esa historia les hizo ganar muchos puntos de simpatía, pues la gente estaba muy orgullosa de ellos por ayudar a alguien tan inútil e indigente.

Por alguna razón, esa historia dio lugar a todo tipo de nuevas tramas basadas en la apariencia y la condición de Valerie, hasta el punto de que el público le inventó un pasado completo, tejido a base de rumores infundados, hasta que se convencieron de que era la verdad.

Las dos historias llegaron incluso a entrelazarse, hasta que el veredicto final fue que ella había ganado un día con Percy y que él, tan inspirado por su «valentía» —significara eso lo que significara—, había decidido contratarla como su criada interna. Qué amable por su parte y qué gran héroe era.

En el transbordador que era la comidilla del pueblo, el teléfono de Valerie vibró en su bolsillo. Sin embargo, cuando lo sacó para mirar, no era por sus nuevos y escandalosos rumores. De esos, ella todavía no tenía ni la más remota idea.

Era un mensaje de Lucy, que le preguntaba si iba a jugar hoy, pues le había encantado jugar juntas la última vez y hacer de tanque para el grupo.

Valerie sonrió con ternura antes de sentir una punzada de culpa, y se tomó unos segundos para responder. Se inventó una historia sencilla: que le habían tocado unos turnos horribles en el trabajo y tenía que tomarse la semana libre para gestionarlo, y que no debían esperarla para divertirse.

—¿No se lo vas a contar? —preguntó Percy, mirándola de reojo.

—Estar a mirar es de mala educación, que lo sepas… Pero no, no lo haré. Quizá sea egoísta por mi parte, pero sé cómo reaccionarán y, simplemente…, no quiero pasar por eso. No hasta que sea más fuerte. Entonces se lo contaré. Además, querían jugar para divertirse y no para estresarse. Se merecen una semana de diversión, como mínimo.

—Bah, ya has cargado con bastante. Te has ganado el derecho a ser egoísta de vez en cuando —replicó Percy con una sonrisa cálida y reconfortante.

—Además, hay algo que me tiene un poco preocupada…

—¿Ah, sí? ¿El qué?

—Me pregunto… si podemos conseguir la magia que tenemos en el juego, ¿quién nos asegura que la cosa se detenga ahí? ¿Y si también nos convertimos en la raza de nuestros personajes, o incluso adoptamos su apariencia?

—Y te preocupa porque él ha vuelto a hacer de las suyas, ¿a que sí?

Valerie suspiró profundamente. —Sí…, sí que lo ha hecho.

—Ah, ¿y qué ha sido esta vez? ¿Princesa de las hadas? ¿Una chica adorable con un pasado triste?

—Un sanador femboy de los Fox-kin, y de los bien peluditos —respondió Valerie, sonriendo para sus adentros mientras intentaba contener la risa, con la mente llena de imágenes de su hermano, alto e intimidante, con unas adorables orejas peludas saliéndole de la cabeza.

Miró de reojo a Percy, que estaba pensando exactamente lo mismo, y ambos estallaron en carcajadas al instante, sin necesidad de decir ni una palabra.

Volaron durante un tiempo sospechosamente largo, y Percy seguía negándose a decirle a dónde iban. Finalmente, tras casi tres horas de vuelo (la mitad de las cuales Valerie las pasó durmiendo), comenzaron el descenso.

Percy le dio unos golpecitos a Valerie, haciendo que se despertara de golpe y se enderezara en su asiento, con el pelo ligeramente despeinado por un lado mientras un hilillo de baba le corría por la boca.

—¿Q-qué? Ya estoy despierta. Estoy aquí. ¡Lista para la acción! —masculló somnolienta mientras se tomaba unos segundos para espabilarse antes de mirar a Percy con ojos confusos y párpados caídos.

Él soltó una risita al verla y señaló la ventanilla que estaba sobre su hombro.

—Echa un vistazo, tu nuevo hogar para la próxima semana. O por el tiempo que quieras pasar aquí, claro.

Valerie enarcó una ceja, frotándose los ojos para quitarse el último rastro de sueño mientras se acomodaba en el asiento y se pegaba a la ventanilla. Un verde vibrante llenó su visión y, de no ser por Dawd, esa habría sido la mayor cantidad de vegetación que había visto en su vida.

No había calles, ni edificios opresivos apretujados, ni amenazantes Bloques Corporativos.

Este era uno de los pocos últimos bastiones de la naturaleza que existían en el mundo. Todo rodeaba una colina que exhibía una maravillosa mansión de madera que pretendía ser una cabaña pintoresca y rústica.

Aunque solo tenía dos plantas, esa «cabaña» parecía tener veinte habitaciones por planta, y muchas de esas habitaciones ocupaban más espacio que todo su apartamento.

Todo esto estaba contenido bajo una cúpula de cristal, protegido del mundo exterior y encerrado en una pequeña burbuja de riqueza que nunca podría estallar.

—Eso es… real, ¿verdad? Hierba y árboles de verdad y… ¿Eso es un río? ¿Tu casa tiene un río? —Valerie se giró bruscamente hacia Percy, completamente pasmada por la sorpresa.

Él se sonrojó profundamente, dedicándole una sonrisa tímida mientras se frotaba la nuca, avergonzado.

—Sí… El río desemboca en la piscina subterránea y le da un bonito efecto de cascada.

Dijo con una risa nerviosa, sintiendo la pura intensidad de su mirada, antes de suspirar.

—Técnicamente es la casa de mis padres. Su tercera casa de vacaciones, para cuando no quieren usar el retiro en la isla o el chalet de esquí, lo cual es raro. Sinceramente, probablemente visitan este lugar una vez cada varios años, si es que lo hacen.

—Lo que significa que estaremos prácticamente solos aquí, y hay mucho espacio para practicar. Si crees que es demasiado, podemos ir a otro sitio…

Valerie suavizó su expresión, ocultando su asombro e inclinando la cabeza ligeramente mientras miraba a Percy bajo una nueva luz. Parecía casi… ¿avergonzado? O quizá estaba más cerca de sentirse abochornado.

Sí, eso parecía ser. Estaba abochornado. Abochornado de haberla traído aquí, ¿pero por qué? No había hecho nada malo. ¡Esto era genial! Mucho más de lo que esperaba, ¡joder, esperaba un almacén destartalado que no le diera miedo hacer estallar, no un retiro en una mansión personal!

¿Acaso… pensaba que se enfadaría? ¿Que sentiría que él estaba haciendo alarde de su riqueza y mirándola por encima del hombro de alguna manera? Eso era una estupidez, pero a veces él también lo era.

Mirando la estúpida cara de ese idiota, mientras él le ponía la misma cara de un cachorro culpable que se ha hecho pis en la alfombra, Valerie sintió que se veía bastante… mono.

Se estiró y le dio una suave palmadita en la mejilla.

—Es genial, Princesa —dijo con una sonrisa antes de reclinarse—. Siempre y cuando no te importe que tus suelos de marfil se ensucien con mis ruedas de plebeya, claro está. Son mucho más difíciles de limpiar en el felpudo que los zapatos.

El rostro de Percy se iluminó, y su ansiedad se desvaneció con el sonido de su risa mientras volvía a concentrarse en controlar el descenso.

—Son de mármol, en realidad, pero llevan tiempo esperando que alguien los ensucie. Para eso es un suelo, después de todo. Es mejor que estar vacío durante años.

Valerie le sonrió de nuevo, incapaz de dejar de sonreír al ver que su humor mejoraba, mientras dejaba escapar un suspiro de satisfacción. Sus ojos volvieron a la ventanilla, pero esta vez a una distancia normal.

Lo que significaba que esta vez vio su reflejo e inmediatamente soltó un chillido ahogado al ver el absoluto desastre que era su aspecto.

Sus manos volaron a su cabeza, arreglándose rápidamente el pelo y limpiándose el rastro de baba de la cara, todo mientras Percy se reía a su lado como si fuera la cosa más desternillante que hubiera visto en su vida.

—¡Eres. un. completo. capullo! —gritó, golpeándole el brazo con cada palabra, lo que solo sirvió para que se hiciera daño en la mano al golpear esos estúpidos brazos musculosos. ¡Malditos músculos de vanidad!

—¿No podrías haberme dicho que tenía esa pinta antes?

—Podría haberlo hecho, sí, pero no habría sido ni de lejos tan divertido.

Tras otro minuto con Percy riéndose y Valerie sentada enfurruñada, haciendo pucheros como una niña enfadada, finalmente aterrizaron y el humor de Valerie mejoró rápidamente.

Percy recogió su silla del maletero y la ayudó a sentarse en ella. Ella le ordenó a Jinu que sacara las maletas del coche y las depositara dentro de la casa, junto a la puerta principal. Luego se aseguró de coger el maletín negro antes de que Jinu pudiera tocarlo, pues sabía de sobra que no debía dejarle manipular nada delicado.

Dejando al androide con su tarea, Percy empujó la silla de Valerie hacia el interior de la «pintoresca cabaña» y comenzó a darle el gran tour. Le mostró todos los baños y dormitorios, de los cuales había más de una docena de cada uno, lo que era estúpidamente excesivo, así como la piscina subterránea que había mencionado.

Estaba situada en una cueva creada artificialmente bajo el cuerpo principal de la casa.

Tuvo que admitir que se veía tan bien como él decía. Con la cascada cayendo en la piscina, rebotando en las rocas negras de las paredes de la cueva y haciéndolas brillar como obsidiana antes de que el agua aterrizara en la piscina que era —una vez más— más grande que su apartamento. Algo que era un tema recurrente, según se estaba dando cuenta.

—Entonces, ¿dónde se supone que vamos a entrenar? ¿En los campos? Rara vez veo árboles, y mucho menos reales. No quiero quemarlos, Princesa.

Percy rio suavemente, negando con la cabeza. Sus ojos brillaron con una suave luz azul mientras accedía a los controles de la casa con sus implantes. Tras unos instantes de silencio, se oyó un profundo estruendo antes de que la cascada comenzara a dividirse por la mitad y una puerta disfrazada de muro de piedra comenzara a abrirse detrás de donde el agua la había ocultado.

—Ja, debería haberlo sabido —masculló Valerie negando con la cabeza, mientras Percy asentía y terminaba su pensamiento.

—Siempre hay algo detrás de la cascada. Nunca se puede superar a un clásico.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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