VRMMO: El Primer Nacido de Glifos del Mundo - Capítulo 75
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- Capítulo 75 - 75 Olfateando el mal
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75: Olfateando el mal 75: Olfateando el mal —Esto no era exactamente lo que tenía en mente cuando dije que teníamos que rastrear el origen de la corrupción.
—Bueno, a menos que conozcas a algún explorador o tengas habilidades que ninguno de nosotros conozca, esta será la mejor manera.
Ahora, chist, y limítate a apreciar la vista —le espetó Lilith a Saige, que solo dejó escapar un suspiro de exasperación mientras seguía sus instrucciones y apreciaba la vista que ella le ofrecía.
Como no tenían a nadie con la clase o las habilidades adecuadas para un rastreo de verdad, tuvieron que confiar en sus propios talentos personales.
Si hubieran tenido talentos para el rastreo en la vida real, eso habría sido lo mejor.
En cambio, lo que tenían era una demonio con buen olfato.
Así pues, seguían a Lilith a través de los bosques mientras ella gateaba a cuatro patas, olfateando el suelo mientras seguía el rastro de energía malévola dejado por el jabalí que había sido contaminado por el Succionador de Pecados.
Distaba mucho de ser digno, y tampoco era lo más eficaz, ya que la herencia demoníaca de Lilith no estaba perfectamente alineada con el corrupto Succionador de Pecados, pero, por desgracia, era su mejor opción.
Apartando la vista de la seductora…
cola de la demonio, que se mecía en el aire y terminaba en un adorable corazón, Saige miró hacia su hermana.
Sorprendentemente, caminaba con la cara metida en un libro, con el gatito más perfecto sentado en su hombro mientras murmuraba para sí.
A pesar de su amor por todo lo adorable, Saige se contuvo de intentar tocar al gatito.
Al menos por el momento.
Ya había cometido ese error y acabó con los brazos llenos de arañazos la primera vez que le puso los ojos encima.
Pero Saige no era ajeno a esas situaciones.
Como su cuerpo real era el de un individuo grande, a veces intimidante y aterrador, la mayoría de las veces la gente asumía que las cicatrices de sus manos eran por pelear.
Aunque eso era cierto en parte, pues el boxeo a puño limpio le había abierto los nudillos en algunos sitios, la mayoría de ellas provenían de ayudar a gatos callejeros.
Sabía que el tiempo, la energía y un montón de premios eran la forma perfecta de ganarse a cualquier gato.
Cuando miraba a esa hostil y agresiva bola de pelo, todo lo que veía era una barra de afecto esperando a ser llenada y una recompensa de mulliditos abrazos al final.
—Y bien, ¿qué haces exactamente?
—preguntó Saige, para luego añadir con una sonrisita burlona—.
No es propio de ti estudiar para nada.
Da un poco de grima verte.
—Sí, bueno, eso es porque el trabajo de la escuela era aburrido y los profesores, unos plastas.
Además, ya me lo sabía todo —dijo Belladonna con una sonrisa sarcástica, sacándole la lengua antes de volver a lo suyo.
—Lo que estoy haciendo es intentar aprender este hechizo.
Belladonna sacó una hoja de papel que descansaba suelta dentro del libro y se la enseñó a Saige.
Él entrecerró los ojos y la inspeccionó rápidamente.
Era un pergamino de hechizo, uno para el hechizo Rayo.
Los pergaminos eran fáciles de usar.
Solo había que recitar el encantamiento detallado en ellos, y entonces el pergamino estallaría en llamas y el hechizo se lanzaría al segundo siguiente.
Eran buenos, no solo porque no necesitaban maná para lanzarse, sino porque podían ser utilizados por cualquier clase.
Por ejemplo, aunque este hechizo parecía más orientado a un tipo mago, tanto Saige —que era un clérigo centrado en la curación y las mejoras— como Lilith —que no usaba magia en absoluto— podrían lanzarlo sin problemas.
Saige había visto que vendían algunos cuando esperaba a Belladonna en la ciudad, y también había visto a algunos jugadores recibirlos como recompensa de los jefes.
Pero aún no había oído de nadie que los aprendiera; sin embargo, el hecho de que no lo hubiera oído no significaba que tuviera motivos para dudar de su hermana.
En lugar de eso, asintió suavemente, haciéndole un gesto para que continuara.
—Vale, pues básicamente, mi clase se centra en los Glifos y las Runas.
Así es como puedo hacer lo del fuego —explicó Belladonna, deteniéndose brevemente para enseñarle las runas de sus pies antes de continuar.
—Y puedo usar componentes para lanzar ciertos hechizos.
Este pergamino, en esencia, es un componente.
Alguien lo imbuyó con las energías adecuadas, escribió la mayor parte de la magia en Glifos y creó el pergamino usando materiales que pudieran contener su poder.
—Así que estás intentando hacerle ingeniería inversa.
Descifrar las vías mágicas y los componentes para lanzarlo sin el pergamino —terminó Saige por ella, con una expresión de asombro en el rostro.
Belladonna chasqueó los dedos a modo de confirmación y le dedicó una sonrisita engreída y segura de sí misma.
—¡Si alguien puede hacerlo, eres tú, Val!
Quiero decir, eh…
Belladonna —dijo Lilith con una risa, echando un vistazo por encima del hombro antes de volver a su tarea de rastreo.
—Gracias, Sabueso.
—Oye, ¿no deberíamos llamarte así a ti?
—replicó Lilith con una sonrisita burlona, arrancando una risa de los labios de Belladonna.
La verdad es que no tenía defensa contra eso, así que volvió a su tarea.
Con las notas de su diario, descifrar las runas era la parte más fácil.
Claro que eso era lo más fácil, en términos relativos.
Probablemente le llevaría más de una hora hacerlo y estar segura de sus resultados.
El verdadero problema era averiguar los componentes correctos.
Habría sido mucho más fácil si no tuviera que hacerlo todo de cabeza y tuviera de verdad un bolígrafo con el que escribir en el diario.
El anterior no lo necesitaba, pero este grimorio sí, y aun así, al idiota del mago no se le había ocurrido darle ni un simple lápiz.
¿A qué venía eso?
Como si respondiera a sus pensamientos, el grimorio pasó sus páginas rápidamente por sí solo hasta detenerse en una página sobre el cristal que ella había ganado.
Le había echado un vistazo rápido antes de tallar sus primeras runas, para entender cómo funcionaba.
Pero al mirar más de cerca, no pudo evitar soltar una risita suave y ligeramente culpable al ver una pequeña nota al final de la página.
Sacó el cristal y murmuró «Tintus» en voz baja.
Un pequeño rastro de maná salió de sus dedos y entró en el cristal, que rápidamente se expandió y se transformó hasta que tuvo en la mano una pluma estilográfica de color morado oscuro con un plumín cristalino.
«Lo siento…
Retiro mis quejas.
Totalmente culpa mía…»
Una vez más, el libro respondió a sus pensamientos, y ella casi podría haber jurado que había un toque de descaro en cómo pasó sus páginas de vuelta con brío para regresar a la sección en la que había estado trabajando.
Como si el propio libro le estuviera diciendo que se diera prisa y lo llenara de magia.
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