Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Waifu yandere(Collection) - Capítulo 101

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Waifu yandere(Collection)
  4. Capítulo 101 - 101 Lapiz lazuli Part 3 Steven universe
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

101: Lapiz lazuli Part 3 (Steven universe) 101: Lapiz lazuli Part 3 (Steven universe) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_______________________________________________________________________________ La explosión fue como una segunda estrella cayendo sobre la Tierra.

Una onda de calor barrió la selva como si el mismísimo cielo hubiese decidido arder.

Tn apenas pudo reaccionar; tomó la mano de Lapis y tiró de ella, corriendo a toda velocidad mientras el estruendo los perseguía.

No miraron atrás.

No hacía falta.

El crujido de los árboles, los gritos de gemas que se enfrentaban sin compasión, los rugidos mecánicos de las naves de combate en el cielo —todo eso hablaba con más claridad que cualquier palabra.

El caos se había desatado por completo.Entre los resplandores de rayos y escombros volando, alcanzaron a ver cómo la selva se prendía fuego.

El denso verde que los había protegido durante años se volvía ahora una trampa ardiente.

Una columna de humo ascendía directo al cielo, negra como el abismo.

Arriba, las naves giraban en espirales de destrucción: unas con emblemas rosas, otras con los fríos símbolos de Homeworld.

Era una danza de muerte.

Lapis, con el rostro empapado en sudor y el cabello pegado a la frente, se detuvo un segundo para alzar los brazos hacia el río más cercano.

Sus dedos temblaban, pero su poder seguía respondiendo.

El agua obedeció, como siempre lo había hecho.

Una gran cúpula líquida surgió, sólida como vidrio, y cubrió a ambos justo cuando una onda de choque barría el suelo.

Desde dentro, el mundo parecía lejano: fuego y luz distorsionados a través del agua, como un mal sueño.

El rugido de la batalla quedaba amortiguado.

Solo el sonido de sus respiraciones pesadas, y el golpeteo constante del agua al vibrar, era lo que se oía.

Pasaron horas.

La destrucción, como todas las tormentas, acabó por ceder.

No porque la guerra hubiera terminado, sino porque los ejércitos se habían replegado.

Quizás para planear su siguiente embestida.

Quizás porque ya habían hecho suficiente daño.

Lapis, agotada hasta el límite, dejó caer los brazos.

La cúpula colapsó con un sonido ahogado y los envolvió en una suave lluvia.

Se desplomó de rodillas, jadeando con los labios entreabiertos y los ojos entrecerrados.

—“Lapis…” —susurró Tn, arrodillándose junto a ella.

La sostuvo antes de que su cuerpo tocara el suelo por completo, y con cuidado la alzó entre sus brazos.

Su piel estaba fría al tacto, el agotamiento pesaba sobre ella como una piedra de miles de años.

La sostuvo contra su pecho, sintiendo su pulso débil pero constante, y comenzó a caminar entre los restos humeantes del bosque.

Ya no había canto de aves, ni insectos.

Solo ceniza, ramas caídas, y un suelo cubierto de cristales rotos.

Gemas.

Gemas………como habian llegado a ese punto.

Porque.

.

.

Encontró una cueva en la ladera de una antigua colina.

Una abertura oculta entre raíces y piedra, lo bastante profunda para que la oscuridad escondiera su presencia.

Entró, colocó a Lapis con cuidado sobre una formación suave de musgo seco y se sentó junto a ella.

Su respiración era rápida, irregular, y su mirada perdida en el techo rocoso.

Tn se incorporó lentamente, escudriñando los bordes de la cueva con su visión aguda.

Tocó las paredes con los dedos, buscando algún signo, algún grabado olvidado, alguna entrada a un portal de desplazamiento como los que las gemas solían usar en tiempos más organizados.

Nada.

Solo piedra y tiempo muerto.

Si había un portal, había sido enterrado o destruido.

El mundo alrededor se había vuelto cada vez más hostil.

Los recursos de Homeworld se retiraban.

Las zonas de transporte habían sido cerradas.

Y las rebeliones estaban activando las defensas automáticas de todo el sistema planetario.

Lapis giró un poco la cabeza hacia él, débil, apenas audible.—“¿Hay… alguna salida?”.

Tn negó con la cabeza, sin decir palabra.

Su rostro estaba serio, como si cada respuesta lo hundiera más en una certeza amarga.

Se sentó de nuevo a su lado y le tomó la mano.

Ella, sin decir nada más, la apretó con la poca fuerza que le quedaba.

Allí, en esa cueva fría, rodeados de ruinas y humo, supieron que ya no podían escapar.

Que el mundo que conocieron había muerto.

Y que lo único que les quedaba… Era sobrevivir el uno con el otro.

Tn y Lapis permanecían abrazados dentro de la cueva, sus cuerpos sucios, marcados por la huida, pero aún cálidos.

No necesitaban palabras para saber lo que el otro sentía.

El silencio era espeso, como si el mundo contuviera el aliento antes de derrumbarse por completo.

—”Tn…” —susurró Lapis, con la cabeza recargada en su pecho—, “¿Qué vamos a hacer ahora?”.

Tn no respondió al instante.

Sus dedos jugaban distraídamente con los rizos húmedos de su cabello.

—”No lo sé…

pero no pienso rendirme.

Quizás… si encontramos a alguna gema de rango alto… podrias volver a homeworld…” —hizo una pausa y la miró a los ojos—, “quizás aún podamos salir de la Tierra.”.

Lapis alzó la vista, sus ojos brillando con una mezcla de esperanza y miedo.

—”¿Vas a ir tú solo?”.

—”Iré rápido.

Prometo volver.

Quédate aquí, estarás a salvo.

Esta zona aún no ha sido alcanzada por los escáneres.”.

Ella asintió con tristeza, pero justo antes de que él se alejara, se inclinó y rozó sus labios con los suyos en un beso suave, cargado de anhelo.

El pecho de Tn palpitó.

Su gema emitió un resplandor tenue por un segundo.

Pero se apartó con cuidado, acariciando la mejilla de Lapis.

—”Cuida de ti, ¿sí?” —murmuró.

—”Solo si tú también lo haces…” —respondió ella con una débil sonrisa.

Tn desapareció entre la maleza.

Pasaron las horas.

Mas horas.

El tiempo nunca hbaia sido tan eterno para una gema.

El cielo oscurecía.

El calor de la tarde se tornó en humedad fría.

Lapis seguía sola.

El suelo de la cueva parecía más duro que antes, más vacío.

No había señales.

No había ruido.

Su vestido estaba sucio, rasgado por los bordes.

Finalmente, no pudo más.

Se levantó, descalza, y salió.

Caminar entre la vegetación densa era difícil.

Las ramas le rozaban la piel.

Las piedras cortaban sus pies.

Pero no se detuvo hasta que la selva cedió a un terreno más árido, más abierto… más quemado.

Y entonces lo vio.

A la distancia, sobre una formación rocosa, varias gemas soldado —amatistas con armamento pesado— estaban reunidas.

Una figura familiar yacía en el suelo frente a ellas.

Su cuerpo atravesado por múltiples armas.

Vapor oscuro ascendía desde sus heridas.

Era Tn.

—”¡Tn!” —gritó, sin voz.

Su garganta se cerró.

Sus piernas temblaron.

Dio un paso, luego otro, hasta que su figura se desintegró por completo, deshaciéndose como humo en el viento.

Solo quedó su gema, oscura, pulsando lentamente.

Una sola gema de obsdiana.

Una de las amatistas la recogió sin ceremonias, como si fuese chatarra.

Lapis cayó de rodillas.

—”No… no puede ser… Tn…” —balbuceó con los ojos cristalizados.

Sus manos comenzaron a temblar.

Agua brotó de sus pies, sus hombros, su espalda.

En un instante, alas de agua se desplegaron y ella alzó el vuelo, movida por el instinto de huir.

Pero no fue rápido suficiente.

Tres amatistas más la interceptaron desde el aire.

Una la tomó de un tobillo, otra de la cintura.

Cayeron con fuerza contra la tierra.

El impacto arrancó un gemido de dolor de su boca.

—”¡Suéltenme!” —gritó, forcejeando—, “¡Él no era un rebelde!

¡¡NO LO ERA!!”.

Golpe.

—”Toda gema en este planeta es sospechosa.” —dijo una soldado con frialdad, mientras la sujetaba.

Lapis escupió tierra.

Su cabello estaba pegado al rostro por el sudor.

El corazón o lo que seria su corazon, le latía con fuerza, no por el miedo… sino por la pérdida.

—”¡Devuélvanme su gema!

¡Él… él era todo lo que me quedaba…!”.

Pero nadie la escuchó.

Las alas se deshicieron en un charco.

Y Lapis fue arrastrada por la fuerza.

El cielo brillaba en rojo.

Y en el horizonte, la guerra seguía rugiendo.

*Arrastrar*.

Lapis fue arrastrada por el suelo terroso, su cuerpo golpeando contra raíces, piedras y escombros sin que ninguna de las gemas soldado mostrara compasión.

Sus muñecas eran sostenidas por esposas de luz dura, y cada intento de moverse era respondido con un tirón violento o una descarga punitiva.

Cuando llegaron a la base improvisada en lo que alguna vez fue un cráter tropical, Lapis apenas podía mantenerse en pie.

Su vestido estaba en jirones, el cabello empapado en lodo y sangre (liquido) azulada, y sus ojos apenas abiertos por el cansancio.

La sala de interrogación no era más que una caverna adaptada, iluminada por paneles flotantes y con dispositivos de tortura energética montados en las paredes.

La sentaron —más bien, la arrojaron— sobre una plataforma de contención, rodeada por un campo de energía.

Frente a ella, una Peridot revisaba una pantalla proyectada desde su gema, los dedos tecleando en el aire con precisión clínica.

Varias amatistas permanecían como guardias en las esquinas, con lanzas listas para actuar.

—”Identifícate de nuevo.” —dijo la Peridot, sin levantar la vista.

—”Ya lo dije… Lapis Lazuli, terraformadora de la corte de Diamante Azul…” —balbuceó, jadeando.

—”Y el obsidiana con el que estabas, ¿cuál era su número de serie completo?”.

Lapis trato de moverse con un quejido, su garganta dolia—”Él no era un rebelde… ¡no éramos rebeldes!” —gritó ella de pronto—.

“¡Solo seguíamos órdenes de nuestra diamante!”.

Una de las amatistas le golpeo el rostro con el dorso de la mano, provocando que Lapis cayera de lado.

El campo la obligó a regresar al centro de inmediato, empujándola con una descarga leve pero dolorosa.

—”Sigues sin cooperar.” —dijo la Peridot, ahora con el ceño fruncido—.

“Tengo órdenes de identificar cualquier conexión con la rebelión de Rose Cuarzo.”.

Lapis escupió a un lado, su mejilla marcada.

—”¡No la conocíamos!

¡Nos mandaron a una zona de aislamiento!

¡Jamás combatimos!”.

Peridot continuó escribiendo sin inmutarse.

En su pantalla, una notificación parpadeó: Análisis completo – Registro: Gema Obsidiana / Alias: Tn.El informe indicaba que, aunque los obsidiana eran tradicionalmente gemas obreras, su habilidad para manipular la materia con cortes los volvía potencialmente peligrosos.

Especialmente si no estaban bajo constante supervisión.

Peridot abrió un canal directo con la corte de Diamante Amarillo.

El audio que salió de la consola era frío, mecánico, inhumano.

—”El espécimen Obsidiana ha sido localizado en sector 2–Δ de la Tierra.

¿Instrucciones?”.

La respuesta fue inmediata.—”Eliminación total de unidades Obsidiana.

Activar protocolo de erradicación.

El modelo representa una amenaza.”.

Lapis soltó un grito ahogado.

Su visión se nubló.

Sintió que sus piernas temblaban bajo ella, y el campo de contención casi no fue necesario para mantenerla de pie.

Se desplomó de rodillas, jadeando como si le hubiesen golpeado en el centro de su gema.

—”¡NO… NO… NO!

¡Él no hizo nada!

¡NO PUEDEN!” —su voz se quebró—.

“¡Por favor…!”.

Una de las guardias activó una barra de energía y la usó contra Lapis, provocándole una descarga que la hizo convulsionarse.

El dolor recorrió todo su ser, desde la gema hasta los dedos.

—”Silencio.” —dijo la amatista con tono monótono.

Pero en medio de la escena, una figura imponente alzó la voz.

—”Esperen.”Jasper, comandante asignada al frente terrestre, avanzó con los brazos cruzados.

—”¿Qué pasa?” —preguntó Peridot, algo irritada por la interrupción.

—”Guarden esa gema obsidiana.

No la destruyan.”.

—”¿Disculpa?

Las órdenes de Diamante Amarillo fueron claras.”.

—”Lo sé.” —Jasper miró la gema de Tn detenidamente—.

“Pero las obsidianas, aunque primitivas, fueron útiles alguna vez.

Su capacidad para moldear terreno, dividir estructuras, y resistir ambientes hostiles no debe ser descartada.

No necesitamos más de una.

Conservar una como muestra… o arma futura… podría servirnos.”.

Hubo un momento de silencio.

Peridot entrecerró los ojos, observando sus datos.

—”Mmm… potencial uso táctico, experimental, o incluso como herramienta de campo… Tienes razón.” —tecleó algo más y asintió—.

“Propuesta aceptada.”.

—”Encapsulen la gema y envíenla a la órbita de sector exterior.

Algún asteroide sin actividad bastará.” —ordenó Jasper.

Lapis, aún en el suelo, apretó los dientes.

Lágrimas de agua salada comenzaron a formarse en sus ojos.

No sabía qué era peor: que destruyeran a Tn… o que lo encerraran, solo, para siempre.

Y mientras era arrastrada de nuevo, la única imagen que quedaba flotando en su mente…Era su sonrisa.

Antes de partir.

.

.

.

La celda era fría, sin ventanas ni sonido, iluminada apenas por la luz verdosa de una gema centinela flotando en el techo.

Lapis yacía en una esquina, hecha un ovillo, abrazando sus rodillas contra el pecho mientras sollozaba en silencio.

Su vestido aún sucio, su cabello pegado al rostro, y sus ojos hinchados de tanto llorar.

No comprendía por qué todo había salido mal.

No habían hecho nada.

Solo siguieron órdenes.

Solo… querían estar juntos.

—”¿Por qué…?” —murmuraba una y otra vez—.

“¿Por qué a nosotros…?”.

Su voz se quebraba como cristal.

El dolor no era físico, era algo más profundo.

Una ausencia, un vacío constante donde antes estaba la certeza de tener a alguien a su lado.

Habían compartido un mundo.

Habían creado ecosistemas.

Habían bailado al atardecer.

Y ahora él… él estaba en algún lugar del espacio, reducido a una gema muda sobre un asteroide.

O tal vez, pensó con horror, tal vez ya no existía.

Pasaron días.

O semanas.

Era difícil saberlo.

En su celda, el tiempo no tenía la misma forma.

Nadie hablaba con ella.

Nadie la alimentaba, porque las gemas no lo necesitaban.

Solo estaba sola.

En silencio.

Hasta que llegó el caos.

Un rugido sordo atravesó los muros de la base.

Lapis se incorporó bruscamente, su gema latiendo con fuerza por primera vez desde que fue capturada.

Explosiones.

Gritos.

Alarmas.

Ruido de zancadas apresuradas y armas encendiéndose.

La celda vibró.

Polvo cayó del techo.

Luego… una grieta.

Un resplandor.

Una figura que cruzó el pasillo, seguida de una amatista vestida diferente.

Lapis se arrastró hacia la puerta, extendiendo la mano.

—”¡Ayuda!

¡Por favor!

¡No soy una enemiga!

¡Mi nombre es Lapis Lazuli!

¡Yo…!”.

Una explosión a su izquierda.

El resplandor de un disparo.

No alcanzó a terminar la frase.

Un proyectil de energía impactó contra su forma física, desintegrándola al instante.

Su cuerpo estalló en fragmentos de luz y vapor, y lo único que quedó fue su gema, cayendo al suelo con un tintineo apagado.

Una gema de forma alargada, como una lágrima congelada.

Una Bismuto rebelde, de complexión robusta y manos brillando con herramientas cristalinas, la recogió entre sus dedos.

Su mirada era neutra, quizás incluso compasiva.

—”¿Crees que pueda hablar?” —preguntó otra gema más pequeña, una perla sin rango—.

“¿Podría tener información útil?”.

—”Es una Lazuli.

Terraforma.

Estuvo asignada a sectores controlados por Rosa…” —respondió la Bismuto—.

“Tal vez sí.

La encerraré en uno de mis espejos.”.

No hubo debate.

No hubo compasión.

La gema fue incrustada en una superficie pulida, creada al instante con una fusión mineral controlada.

Un espejo de obsidiana clara, fría como el vacío.

El contorno de la gema se hundió apenas en el cristal, y la superficie se alisó con un brillo espectral.

Y entonces… ella despertó.

Desde adentro.

Su reflejo apareció, distorsionado.

Desde su interior, podía ver todo, pero no podía hablar.

No podía moverse.

Sus puños golpeaban el cristal, pero no había sonido.

Solo la imagen repetida de sí misma, una y otra vez, con los ojos abiertos y una expresión desesperada.

—”¡Déjenme salir!

¡Por favor!” —pero su voz no existía.

Pasaban las manos frente al espejo.

Las gemas rebeldes la usaban como un artefacto.

Un oráculo.

Un instrumento de guerra.

Y Lapis, desde el otro lado, solo lloraba en silencio.Atrapada en su propia imagen.Con el recuerdo de Tn latiendo, inerte, dentro de ella.

Décadas pasaron.Tal vez siglos.

El espejo fue movido de mano en mano, de base en base, de escondite en escondite.

A veces era reverenciado como un objeto de poder; otras, como una herramienta inútil que ya no servía.

Nadie escuchaba los débiles gemidos que provenían de su interior.

Nadie notaba el rostro invisible tras el reflejo que lo observaba todo, atrapado entre el tiempo y la desesperación.

Lapis dejó de contar los días.

Su conciencia flotaba en un limbo de imágenes rotas.

Los ecos de las explosiones durante la última guerra aún resonaban en su mente, mezclados con los gritos distorsionados de las gemas mientras la superficie de la Tierra se agrietaba bajo la fuerza de los cañones de las tres Diamantes.

La luz blanca, esa radiación absoluta que arrasó con los restos de la rebelión, llegó hasta donde ella se encontraba.

El espejo fue lanzado por los aires, estrellado contra una columna de piedra, y su gema…

sufrió.

Una grieta.

Pequeña, pero profunda.

La agonía fue inmediata.El dolor no era físico, era existencial.

Como si su alma misma se hubiera astillado.

El mundo se tornó aún más oscuro.

Todo lo que podía hacer era mirar… y recordar.

Finalmente, fue abandonada.

Arrojada sin intención en una caja polvorienta, dentro de lo que alguna vez fue el hogar de Rose Cuarzo: una casa junto a la playa.

Sus paredes resonaban con risas antiguas, pasos olvidados, sueños rotos.

Las gemas que sobrevivieron a la guerra —Perla, Garnet, Amatista— caminaron por esa casa muchas veces.

La miraron.

Pero ninguna… ninguna dijo una palabra.

Ni una pregunta.

Ni una disculpa.

Lapis estaba rota, su mente deshilachada por el aislamiento.

A veces ni siquiera recordaba su nombre.

A veces pensaba que aún estaba en la Luna, junto a Tn.

Que estaban por fundar otra guardería.

Que ella lo abrazaba y él decía su nombre con voz baja.

Y a veces… solo murmuraba.

—”Tn… Tn… Tn…”Una y otra vez.

Como una plegaria.Como una condena.

Su reflejo se quedaba quieto por horas, hasta que sus ojos de agua comenzaban a vibrar, y sus dedos se estiraban hacia el cristal desde dentro, sin poder atravesarlo.

A veces golpeaba, con desesperación, su prisión de vidrio, pero nadie respondía.

Otras veces simplemente se acurrucaba contra el borde interno del reflejo, como si pudiera dormir… y escapar.

Pero no había sueño.Solo la memoria.Solo él.

Tn.El nombre que se negaba a olvidar.Su única chispa de cordura en un mundo que la había dejado atrás.

Y así, el espejo siguió esperando.

Polvoriento.

Roto.

Silencioso.

Hasta que alguien —un niño con una gema en el ombligo— lo encontró.

Pero eso… sería otro capítulo.

.

.

.

La luz blanca de la Luna la rodeaba.

Fría, silenciosa, infinita.

Lapis abrió los ojos de golpe, sentada sobre una columna alta del antiguo palacio de Diamante Rosa.

El mármol bajo sus manos estaba limpio, pulido, como si la guerra jamás hubiese ocurrido.

Se quedó inmóvil, respirando con dificultad, los latidos de su gema resonando con fuerza en su espalda.

Miró sus manos.

No estaban rotas.

Su cuerpo no dolía.

El cielo de la Luna estaba despejado.

Más allá del domo traslúcido del palacio, podía verse la Tierra como un remolino azul suspendido en la oscuridad.

—”¿Te sientes bien?” —dijo una voz, cálida, detrás de ella.

Lapis se volteó de inmediato.Y lo vio.

Tn.

De pie junto a una de las columnas.

Su cabello negro flotando con la leve gravedad lunar.

Su piel grisácea, intacta.

Sus ojos igual de firmes… pero amables.

Una sonrisa cruzaba su rostro con calma.

—”Te quedaste dormida otra vez.

Te estaba buscando.”.

Los ojos de Lapis se abrieron como platos.

Todo su cuerpo comenzó a temblar.

Una corriente de emociones atravesó su pecho, su garganta, hasta estallar en lágrimas.

—”Tn… ¡Tn!

¡No… no puede ser…!” —balbuceó mientras se lanzaba hacia él.

Lo abrazó con tanta fuerza como pudo, hundiendo su rostro contra su pecho, sus manos aferrándose a su espalda.

Las lágrimas corrían sin detenerse, y su voz quebrada repetía su nombre como si temiera que desapareciera.

—”Te vi… vi cuando te atacaron… te rompieron, yo… yo no pude… no pude hacer nada, Tn… te llevaron, yo—”.

Tn no respondió.

Solo se quedó quieto, sorprendido por la intensidad del abrazo, por el dolor que brotaba de ella como un río liberado.

Luego, sin decir palabra, deslizó sus brazos por su cintura y la abrazó con ternura.

Sus dedos se deslizaron hasta la gema de Lapis, ubicada en su espalda.

La acarició, suavemente.Como si quisiera calmarla desde lo más profundo.

—”Tranquila…” —murmuró—.

“Tal vez fue solo un sueño.Hemos tenido bastabte trabajo”.

Lapis tembló.

Se separó apenas, mirándolo a los ojos.

Su expresión era una mezcla de esperanza y terror.

—”¿Un sueño…?

¿Eso no fue real?”.

Tn no respondió.

Solo entrecerró los ojos y sonrió con tristeza.

—”No lo sé.

Pero si lo fue… ¿importa?”.

Ella llevó sus manos a la cabeza, confundida.

No sabía si debía reír o llorar.

¿Estaba soñando?

¿Estaba muerta?

¿Aún estaba en el espejo?

Pero entonces Tn la tomó de la mano.

—”Ven.

Aún hay cosas que quiero mostrarte.”.

Sin decir más, la guio por los pasillos del palacio lunar, como si nada hubiera pasado.

Sus pasos resonaban en el mármol blanco, bajo la luz pálida de la Tierra colgando en el cielo.

Lapis lo seguía, aferrada a su brazo, con el corazón hecho un nudo.No sabía si esto era real.

Solo sabía… que no quería despertar.

Oh pero que cruel era el mundo.

Fue el día perfecto.

En la vasta calma de la Luna, bajo la cúpula transparente que protegía los salones del palacio de Diamante Rosa, Lapis y Tn rieron como si la guerra jamás hubiese ocurrido.

Hablaron de cosas pequeñas —de planetas, de formas de agua, de animales extraños como los capibaras—.

Recordaron con nostalgia las colonias que habían construido juntos, las danzas junto al mar, las guarderías esculpidas en piedra.

Se abrazaron, sentados sobre una terraza de cristal que daba vista directa al planeta azul suspendido en la distancia.

Un beso breve, casto, pero cargado de un significado que solo ellos entendían, selló aquel momento.

Durante un instante, casi se fusionaron.

Una chispa de luz recorrió sus cuerpos.

El latido de sus gemas resonó en sincronía.

Pero no lo hicieron.

No querían que el momento terminara.

Lapis cerró los ojos.

El viento lunar parecía tener voz.Y en su mente, por primera vez en tanto tiempo, todo estuvo en calma.

….

Y entonces, el ángulo cambió.

La Luna se desvaneció.

El palacio colapsó en sombras.

El suelo pulido dio paso al frío y polvoriento interior de una caja abandonada.

Su cuerpo seguía allí.

En el espejo.

Inerte.

Roto.

Lapis yacía en el fondo del reflejo, acurrucada, sus ojos abiertos pero desenfocados.

Su mirada no registraba nada.

Su respiración, aunque innecesaria, se agitaba por reflejo emocional.

Balbuceos ininteligibles salían de su boca como ecos de un lenguaje quebrado:—“…Tn… la Luna… no… mas… era real…”.

Horas pasaron.

Tal vez más.

Y cuando la conciencia volvió, todo ardía.

El dolor en su gema seguía allí.

La grieta no se había ido.

Su cuerpo astral estaba inmóvil, la prisión del cristal la envolvía como un animal agonizante.

—”¡No… no era real…!” —susurró primero, y luego, con la voz alzada—.

“¡Era mentira!

¡Una mentira!”.

Mentira mentira mentira mentira mentira mentira mentira Mentira mentira mentira mentira mentira mentira mentira Mentira mentira mentira mentira mentira mentira mentira.

Sus manos golpearon el límite del espejo desde adentro, la superficie tembló, pero no se rompió.

Lapis cayó de rodillas dentro de su reflejo, su expresión distorsionada por el dolor emocional.

—”¡Malditas gemas!

¡Maldita guerra!

¡Maldito todo!”.

Gritaba al vacío.

A un universo que no la escuchaba.

Que jamás lo había hecho.

—”¡¿Por qué él?!

¡¿Por qué yo?!

¡¿Qué hicimos mal?!

¡Solo queríamos vivir!

¡Solo queríamos estar juntos!”.

Se sujetó la cabeza con ambas manos.

Su cabello caía desordenado sobre su rostro.

Las lágrimas, hechas de luz líquida, resbalaban sin rumbo.

No había respuesta.Solo el zumbido eterno del encierro.

El silencio cruel del abandono.Y la condena de recordar.

Una vez más, Lapis se acurrucó en el rincón del reflejo.

Una vez más, sus ojos se nublaron.Y una vez más, con voz trémula, repitió:—”Tn… Tn… Tn…”.

Como si pronunciar su nombre bastara para mantenerlo con vida.

Como si aún pudiera escucharla, en algún rincón perdido del universo.

Pero ella sabía la verdad.

No era un sueño.

Era una pesadilla sin fin.

____________________________________________________________- Ellen joe parte 4 siguiente en llegar 7w7 y ahi pondre votaciones ok asi que mas les vale poner comentarios >:v como creen que gano fuerza e inspiracion para escribir, del polno……bueno tambien XD.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo