Waifu yandere(Collection) - Capítulo 102
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102: Ellen Joe part 4 (zzz) 102: Ellen Joe part 4 (zzz) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
_________________________________________________ Ellen llegó a su departamento arrastrando los pies.
Su ropa aún olía a calle húmeda, y la tela raspaba incómodamente contra su piel.
Sin fuerzas para nada más, se quitó los zapatos, dejó su pequeña mochila tirada cerca de la puerta y fue directo a su habitación.
Se cambió con lentitud, colocándose su pijama azul de tiburón, su favorita a pesar de que ya tenía las mangas algo gastadas.
Se sentó en la cama, abrazándose las piernas.
Pensó en muchas cosas…En la mujer que la humilló, en el cliente que se sobrepasó, en perder su trabajo, en tener que inventar un nuevo uniforme.
Y sin embargo…
—Al menos… ya tengo trabajo —murmuró, con una voz seca, apenas audible.
Lo odiaba un poco.
Odiaba tener que esforzarse limpiando.
Odiaba tener que improvisar.
Pero… era un trabajo.
Una rutina.
Una oportunidad.
Maldita chamba.
Se dejó caer en la cama, cerrando los ojos.
Esta vez, no lloró.
Solo cayó en un sueño profundo.
¡BZZZT BZZZT!
La maldita alarma del celular la sacó de un sueño demasiado corto.
Juraría que apenas se acosto y ya se desperto.
Ellen gruñó, sin abrir los ojos.
—Cinco minutos más… —susurró a la nada.
Pero la alarma no perdonaba.
Finalmente, vencida, se levantó.
Se estiró con desgano, fue al baño, se duchó, se talló la cola con fuerza —casi como castigo por existir— y luego fue directo al armario.
No tenía uniforme.
El de Victoria había sido entregado el mismo día de su despido.
No había forma de conseguir otro.
Así que improvisó—Falda corta escolar, camisa blanca de botones… medias largas —enumeró mientras se vestía.
No era un uniforme de maid… pero bastaría.
Lo importante era verse presentable.
Y si Benny volvía a treparse a su cola, que al menos no lo hiciera sobre pantalones formales.
No tenia con que pagar otros.
Salió de su departamento, su cola meciéndose al ritmo de sus pasos, y tomó el tren ligero hasta la zona residencial donde vivía Tn.
Tn ya estaba despierto.
Vestía ropa cómoda, con el cabello ligeramente desordenado.
Tenía en la mano una taza de té tibio y esperaba tranquilo tras la puerta cuando el timbre sonó.
Al abrir, vio a Ellen parada frente a él con una expresión de pocas pulgas… pero con una voz irónica que lo hizo sonreír.
—Moe Moe~ servicio de limpieza.
—dijo ella, haciendo una leve reverencia exagerada.
Tn soltó una breve risa nasal, bajando la taza.
—Jjeje jamás creí que dirías eso… pero lo aprecio.
Pasa.
Ellen entró y echó un vistazo rápido al interior.
El ambiente era cómodo, aunque claramente afectado por la presencia de una criatura caótica y peluda.
El suelo tenía huellas diminutas.
Sobre el sillón había un par de golosinas abiertas, algunos cojines tirados, y papeles revueltos alrededor del escritorio.
Y ahí estaba el culpable.Benny.
Sentado en lo alto del respaldo del sofá, como un rey, miraba a Ellen fijamente.
O más precisamente… miraba su cola.
—No —dijo Ellen en voz baja, notando esa mirada felina traviesa.
Benny bajó lentamente, como si supiera que no debía… pero igual lo iba a hacer.
Dio dos pasos.
Se acercó.
Se lanzó.
—¡Tn!
¡Tu gato otra vez!
—exclamó Ellen, intentando mover la cola antes de que fuera mordida.
Tn, desde la cocina, respondió entre risas:.
—¡Perdón!
Ya te dije, le encanta.
No es algo personal… creo.
Ellen suspiró, resignada.
—Esto va a ser un infierno….
Y, sin embargo, ya estaba sacando su pequeña toalla y una caja con artículos de limpieza.
Como si su cuerpo supiera lo que tenía que hacer.
Como si esa rutina, cansada, absurda… también le diera algo que no quería admitir:.
Un poco de estabilidad.
Supirar.
Ellen entrecerró los ojos.
Benny, el culpable del desorden de la casa, la miraba fijamente, meneando la cola como si se preparara para atacar.
La Shark Thiren no iba a permitir que el día empezara con su cola mordida de nuevo.
—Ya basta, gato —masculló.
Con movimientos rápidos, lo agarró con ambas manos.
Benny maulló en protesta, tratando de zafarse con suaves patadas, pero Ellen no cedió.
Caminó con él en brazos hasta el jardín trasero, abrió la puerta de cristal corrediza y, con toda la dignidad que le permitía su uniforme improvisado, lo colocó en el césped húmedo.
—Hoy no.
Yo mando —le dijo con tono serio.
Y antes de que Benny pudiera lanzar una réplica felina, cerró la puerta de cristal con un leve clic.
Benny se quedó allí, en el otro lado del vidrio, mirándola con ojos ofendidos, mientras lanzaba una serie de maullidos largos y dramáticos.
—Supera lo —murmuró Ellen, sacando una paleta de su bolsillo y llevándola a la boca.
Chasqueó la lengua, sintiendo el azúcar reconfortarla un poco.
Entonces, sin más preámbulo, se puso manos a la obra.
Con movimientos automáticos, empezó a sacudir el polvo, ordenar libros, doblar mantas y alinear papeles en el escritorio.
Cada rincón tocado por la garra de Benny fue restaurado a su orden anterior.
Ellen trabajaba con ritmo, sin apurarse, pero sin detenerse.
Sabía cómo distribuir su energía para durar todo el día.
A pesar de su desgano crónico, era buena en lo que hacía.
Mientras tanto, desde la cocina, Tn estaba ocupado.
El aroma del tocino comenzó a llenar el aire, mezclado con el suave chisporroteo de los huevos al freírse.
También había puesto una pequeña sartén aparte, donde cocinaba con cuidado trozos de salmón.
Benny podía ser un gremlin, pero al menos comía bien.
Y aunque Tn no estaba seguro de si Ellen querría comer con ellos, algo le hizo detenerse un momento.
Pensó en su expresión cansada al llegar, en el uniforme improvisado, en la paleta que parecía más medicina que dulce.
Así que tomó pan, le untó algo de mantequilla, añadió jamón, queso, hojas verdes… y preparó un emparedado modesto, pero bien hecho, como los que hacía su madre antes de irse a trabajar.
—¡Ellen!
—la llamó desde el pasillo.
Ellen, que en ese momento acomodaba unos cojines, soltó un suspiro resignado.
De verdad esperaba que no fuera para pedirle que limpiara la estufa o que le buscara algún cable extraviado.
Caminó hacia la cocina, la paleta aún en la boca.
—¿Moe Qué pasa…?
—preguntó con voz apagada, preparándose para lo peor.
Pero lo que vio la detuvo un momento.
La mesa del comedor estaba puesta.
Había tres platos: uno pequeño con salmón fresco ya enfriado, colocado cerca de la ventana abierta.
Otro con huevos y tocino, y el tercero, un emparedado sencillo colocado frente a una silla con un vaso de jugo al lado.
Tn se acercó a la ventana y la deslizó un poco.
Benny, con agilidad felina, saltó al interior y fue directo a su plato, ronroneando agradecido.
Ellen lo miró de reojo.
—Traidor —murmuró.
Entonces Tn, sin decir nada más, señaló la mesa.
—Te hice un emparedado.
Por si tenías hambre.
Ellen parpadeó.
Era la primera vez que alguien le preparaba algo de comer desde que dejó Victoria.
Incluso antes de eso, era raro que alguien cocinara para ella.
La sorpresa la descolocó tanto que se le cayó la paleta de la boca, colgando apenas del borde de sus labios.
—¿Eh?
¿En serio?
Tn asintió, sentándose.
—Es comida.
No contrato esclavos —dijo con naturalidad.Era bueno tener alguien con quien hablar aparte de benny.
Ellen se quedó quieta por un segundo… luego, murmurando algo entre dientes, se sentó a la mesa.
Miró el emparedado como si fuera un objeto extraño, luego a Tn, luego a Benny —quien devoraba el salmón con entusiasmo— y finalmente, tomó el sándwich en sus manos.
Dio un mordisco.
—nham…Está bueno —admitió, sin mirarlo.
Tn sonrió.
—Me alegra.
Y por un momento, en medio de aquella cocina tranquila, con el gato comiendo feliz en la esquina y la lluvia ya convertida en sol tras la ventana, Ellen sintió algo extraño.
No era molestia.Ni cansancio.Ni resignación.
Era calma.
‘Bueno, me ahorre el dinero de comprar la merienda’.
Ellen masticaba con calma, el emparedado entre sus dedos aún calientes por el pan recién tostado.
Sentía su cola mecerse suavemente al compás de su humor más relajado, como si incluso esa parte de su cuerpo, usualmente tan tensa por los sobresaltos del día a día, también hubiera bajado la guardia.
Frente a ella, Tn comía su plato con tranquilidad.
No hablaba mucho.
Solo masticaba, con ese gesto neutral y sereno de alguien que estaba acostumbrado a la rutina.
No había preguntas invasivas.
No había comentarios fuera de lugar.
No había esa incomodidad latente que solía sentir con la mayoría de los hombres que la miraban como si fuera un mosntruo con piernas… y cola.
Aquí no.
Ellen no pudo evitar mirar de reojo la casa una vez más.
Era… grande.Al menos cinco habitaciones si no mas oculta, podía intuirlo por la distribución del pasillo y los marcos de puertas cerradas.
Pero solo una parecía realmente usada.
El resto, como en pausa.
—¿Vive solo aquí…?
—pensó para sí, mientras mordía el último trozo de pan.
La idea la incomodaba más de lo que esperaba.
No porque fuera raro —ella misma vivía sola—, sino porque no entendía por qué alguien con tanto espacio… no lo compartía.
¿No tenía familia?
¿Amigos que vinieran a visitarlo?
¿Una pareja?
Nada de eso se reflejaba en el ambiente.
Era una casa con recuerdos antiguos, fotos viejas, pero silencio nuevo.
Terminó el emparedado y se inclinó hacia el vaso de jugo que hasta ahora no había tocado.
Lo sostuvo con una mano, llevándolo a sus labios.
El líquido fresco y dulzón descendió por su garganta, aliviando el calor de su cuerpo.
Sus dientes afilados rozaron apenas el borde del vaso de vidrio, dejando un sonido apenas perceptible.
—Hm.
Al bajarlo, notó que Benny, el condenado gato, ya se había terminado el salmón.
Su panza subía y bajaba lentamente, completamente extendido en una de las sillas, dormido como si acabara de conquistar el mundo.
Odiaba a los malditos felinos.
Ellen ladeó la cabeza, entre exasperación y resignación.
—Vives mejor que yo… —le murmuró.
Luego se levantó con un ligero suspiro, estirando los brazos por encima de su cabeza.
—Gracias por la comida —dijo en voz baja, con tono cortante pero sin rudeza.
Era su forma de ser… pero aún así, un gesto sincero.
Tn la escuchó y levantó la mirada brevemente desde su plato vacío.
—De nada.
Ellen volvió a colocarse la paleta en la boca mientras se disponía a seguir con su trabajo, dejando la cocina atrás.
Al pasar por el umbral, sintió una brisa leve venir de una de las ventanas, y notó el silencio reconfortante que reinaba en esa casa.
No era un mal lugar para trabajar, pensó.Y mientras agarraba el trapo de limpieza, no pudo evitar pensar también… que no era un mal lugar para estar.
Tn, por su parte, recogía los platos con movimientos tranquilos.
Enjuagaba con suavidad, colocaba los utensilios en su lugar y limpiaba la mesa con una toalla húmeda.
Todo sin decir nada.
Aunque, por dentro, una pequeña sonrisa se mantenía escondida en su rostro.
Una sensación nueva.
O quizás… olvidada.
-Supongo que peddirle al tia Varsha vernir seria un problema.
Cuando fue la ultima vez que converso con ellos.
Acaso….no importaba.
No.
No.
No.
Habia reglas………..solo vive y disfruta.
.
.
Ellen terminó de limpiar, dejando el trapo doblado con precisión sobre la mesa del recibidor.
Cada cojín estaba en su lugar, las huellas de gato habían sido eliminadas, y los papeles de Tn organizados en una pila razonable sobre el escritorio.
El aire olía ligeramente a cítrico, y por primera vez desde que empezó este trabajo improvisado… no sentía el cuerpo destrozado.
Cansada, sí, pero no exhausta.
Era una diferencia importante.
Tn apareció desde el pasillo con una pequeña envoltura de papel doblada cuidadosamente, y se la entregó sin decir mucho, solo con esa leve sonrisa que parecía llevar siempre en el rostro.
—Buena limpieza, como siempre —dijo con naturalidad, como si ya hubiera pasado semanas con ella trabajando en casa.
Ellen tomó el sobre con un gesto casi automático.
Sintió el leve peso del dinero y asintió.
—Gracias.
Tn la acompañó hasta la puerta, y antes de que ella saliera, levantó la mano en un gesto amable:—Cuídate, Ellen.
Te veo en un par de días.
Ella giró ligeramente el rostro, sin devolverle la sonrisa, pero su tono fue menos cortante de lo normal:.
—Igualmente, Sir Tn.
Mantener la etiqueta era importante.
La puerta se cerró con suavidad tras ella, y la brisa fresca del final de la tarde le acarició el rostro mientras se alejaba por la vereda.
Una vez más, Ellen caminaba de regreso a su departamento, pero esta vez sin la irritación que solía acompañarla al salir de otros trabajos.
Sacó el sobre, abrió una de las esquinas con cuidado, y comenzó a contar los billetes discretamente.
Era buena paga.No excelente… pero al menos justa.
Tn le había dicho que la necesitaría dos o tres veces por semana, dependiendo del estado de la casa y del caos que Benny provocara.
Eso era al menos tres días de ingreso asegurado por semana.
—Tres de siete… —murmuró, comenzando a hacer cuentas en voz baja.
Sacó su celular, abrió una app de notas y empezó a listar sus gastos básicos.
Renta.Facturas de agua, luz y calefacción.Comida.Transporte.Reparar la cortina rota de su baño.
Hasta ahí, iba bien.
Con algunos ajustes, sobreviviría.
Pero luego…Golosinas.
Ahí vino la desgracia.
Su paleta, aún medio masticada, colgaba apenas de su labio inferior mientras su ceño se fruncía.
—…Oh, carajo —murmuró.
No alcanzaba.Tendría que cortar ciertos gastos, lo cual ya de por sí le dolía en el alma.
Golosinas… dulces… ¡carburante de vida!
Tendría que comprar en tiendas de descuento, donde el sabor era más cartón que azúcar real.
Incluso las paletas importadas que tanto le gustaban… tendrían que ser reemplazadas por imitaciones baratas.
Queria llorar……….
Y no solo eso.
Miró su ropa.
Su camisa de botones estaba algo holgada por el uso, las medias tenían que ser remendadas y su falda empezaba a deshilacharse.
Si quería ropa decente….
—…tiendas de segunda mano —dijo en voz baja, casi como si estuviera admitiendo un crimen.
No era orgullosa.
Solo que no quería parecer una vagabunda.
Ya tenía bastantes prejuicios encima por su cola de tiburón como para sumar “ropa remendada” a la lista.
Suspiró largamente, paleta a medio colgar, y guardó el dinero con cuidado.
Levantó la vista y apresuró el paso.
—Terminaré de hacer las cuentas en casa —murmuró, más para sí misma que otra cosa.
Caminó, con las manos en los bolsillos y la cabeza algo baja, mientras el cielo empezaba a teñirse de naranja, como si Eridu le recordara que otro día estaba por terminar… y que sobrevivir ya era suficiente logro.
Ellen llegó finalmente a su departamento, el edificio chirriando como de costumbre al cerrar la puerta principal tras de sí.
El sonido metálico de la cerradura se mezclaba con el silencio pesado de su espacio personal.
Dejó su bolso sobre el sofá, se quitó los zapatos de un solo movimiento y se dirigió directo a su habitación.
Rutina.Era casi automática ya.
Se quitó la ropa, se puso su pijama azul de tiburón, se lavó la cara, y luego se sentó en la pequeña mesa plegable frente a su cama.
Sacó su celular de pantalla rajada —una grieta cruzaba diagonalmente como un relámpago encapsulado en vidrio— y lo encendió, dejando que la tenue luz azul iluminara su rostro cansado.
Abrió su app de notas y volvió a repasar los números.Los mismos que había calculado de camino a casa, pero ahora con la cruda luz del cálculo.
—…No da —murmuró.
El sueldo de Tn cubría una parte, pero no alcanzaba para todo.
Renta, electricidad, agua, cuotas escolares, comida, transporte, golosinas (¡imprescindibles!), y tal vez alguna visita al médico si su fatiga empeoraba.
Necesitaría un segundo empleo.
O… que Tn la contratara más días.
Cinco veces por semana.
—…No —dijo, sacudiendo la cabeza mientras daba un leve mordisco a su paleta rota.
No quería abusar.
Tn era amable.
Y lo último que necesitaba era convertirse en una molestia.Además, trabajar más días… no era lo suyo.
Ellen era floja.
Siempre lo decía con naturalidad, sin vergüenza: no le gustaba esforzarse más de lo necesario.
Y, sin embargo… En la escuela, era buena en deportes.
Su cuerpo respondía mejor que su voluntad.
Reaccionaba rápido, tenía fuerza.
Incluso le habían dicho una vez que sería buena cazadora de Hollows si se lo proponía.
Pero la idea de ensuciarse, de correr, de sudar, de enfrentar cosas feas…y posiblemnete morir de formas horribles.
Nah.
Ella prefería el karaoke con Ruby, dormir sobre el sofá, o ver alguna tontería con una bebida azucarada.
Suspiró, cerró el celular, y lo dejó a un lado.
GRUUGHHH…Su estómago gruñó con fuerza, traicionándola.
—Ugh… cierto… cena —murmuró con desdén.
Se levantó y fue hasta su refrigerador.
Lo abrió.Un ligero aroma a nada salió de él.
Un interior casi vacío, salvo por:.
Unas sombras solitarias entre los estantes.
Un paquete de certeza de raíz sin alcohol (sabía horrible, pero era barato).
Y una vieja barra de proteína con envoltura metálica ya medio despintada.
—Manjar de reinas —dijo con ironía.
Destapó la lata de certeza con un clic, dio un trago largo y encogió los hombros.
Sabía a tierra con gasolina… pero al menos estaba fría.
Se sentó en su cama con las piernas cruzadas, mordisqueando la barra con expresión agria.
Masticó con lentitud.
Cada bocado sabía a cartón dulzón con vitaminas.
La situación era, objetivamente, lamentable.Y lo peor: no sabía cómo llegó a este punto exactamente.
—Mierda… —susurró con voz apagada, echándose hacia atrás.
Miró al techo, paleta a un lado, barra en la mano, y la certeza a medio terminar entre sus rodillas.
Pero luego… suspiró.No era la primera vez que estaba así.
—Saldré adelante… como siempre.
—dijo, más para convencerse que como declaración de victoria.
Porque así era Ellen Joe.
Una mezcla extraña de flojera y resistencia.
Una chica con cola de tiburón que odiaba esforzarse, pero que nunca se caía del todo.
Y mientras el refrigerador se cerraba solo con un leve clic, y la noche caía sobre Nueva Eridu…Ella dio otro sorbo, encendió su ventilador viejo, y aguantó otro día más.
Jadear.
Ellen se recostó en su cama, la certeza de raíz aún a medio terminar en su mano, mientras su cuerpo comenzaba a relajarse.
Los músculos tensos de su espalda finalmente cedían a la gravedad, y por primera vez en días, el aire no se sentía tan espeso.
Su mirada vagó hacia el techo, pero su mente, en cambio, vagaba hacia Tn.
—Tn… —murmuró sin pensarlo.
Era amable.
Silencioso.
No invadía, no exigía, no preguntaba más de la cuenta.
La dejaba ser.Y algo dentro de ella… se agitó.
Sus pupilas se contrajeron ligeramente, y su respiración se volvió irregular.
Como si un calor súbito le recorriera el vientre, la frente, la piel entera.La paleta que había dejado en el buró parecía ahora innecesaria, casi molesta.
Y aunque la sensación fue intensa, también fue breve.
Como un escalofrío tibio que desaparece cuando intentas aferrarte a él.
Se quedó en silencio.Analizando.
Tratando de entender por qué demonios reaccionaba así por alguien como Tn.
¿Era por el respeto?¿Porque no la trataba como basura?¿O acaso… era algo más?
Sacudió la cabeza.
No quería pensar en eso ahora.
Se levantó, caminó hacia su pequeño mueble desvencijado, y encendió su televisor viejo.
Parpadeó dos veces antes de mostrar imagen.
Ellen usó el control remoto con desgano, hasta que de pronto, se detuvo en su canal favorito.
—Oh… justo esto necesitaba.
El logo apareció: una animación de un tiburón cruzando la pantalla mientras sonaba una música ambiental de fondo.Narrador: Henry Cavill.
La voz profunda, casi tranquilizadora, comenzó a relatar:.
“Los tiburones presentan distintos tipos de reproducción.
Uno de los más fascinantes es la ovoviviparidad…”.
Ellen entrecerró los ojos, dejando que el ritmo de la narración y las imágenes de escualos deslizándose por el océano la calmaran.
“Los huevos se desarrollan dentro de la madre, y las crías nacen vivas, alimentándose del saco vitelino…”.
—Sí, sí, eso ya lo sé… —murmuró Ellen, sonriendo levemente.
“…En otras especies, como el tiburón tigre de arena, ocurre algo llamado canibalismo intrauterino, donde los embriones más fuertes se alimentan de sus hermanos…”.
Ahí Ellen se enderezó un poco.
—¿Qué…?
La imagen mostraba un render anatómico de un embrión tiburón devorando a otro, mientras la narración continuaba sin perder su tono solemne.
“Un sistema brutal de selección natural, asegurando que solo el más fuerte llegue a nacer…”.
Un escalofrío recorrió la espalda de Ellen.
Bajó lentamente la vista hacia su propio vientre.—Entonces… si soy mitad tiburón… —susurró.
¿Cómo nací?
Era una pregunta que nunca se había hecho en serio.¿Ovoviviparidad?
¿Viviparidad?
¿Oviparia?
¿Y si fue… canibalismo intrauterino?
—¿Comí… a alguien?
—preguntó en voz baja, con una mezcla de horror e incredulidad.
Cruzó los brazos sobre su estómago, apretando con suavidad, como si intentara recordar algo grabado en la carne.
No había datos.
No había registros.
Ni siquiera sabía si tenía madre o padre biológicos conocidos.
El orfanato nunca hablaba de eso.
Solo fue “reclutada”, entrenada y asignada.
En Victoria services.
—Qué asco… —murmuró, aunque no supo si se refería al método… o al hecho de que eso le hacía sentido.
Se encogió sobre sí misma, bajando el volumen del televisor hasta que la voz de Henry Cavill fue un murmullo lejano, como olas rompiendo contra su conciencia.
—No importa cómo nací —se dijo al fin—.
Estoy aquí.
Y voy a seguir.
Porque si algo soy… es fuerte.
Por algo seguia ahi verdad.
Y en ese momento, le volvió a la mente la imagen de Tn.
No como una distracción, sino como una ancla.
Una figura cálida, entre tanto mar de incertidumbre.
Sus mejillas se tiñeron de un leve color, y negó con la cabeza antes de arrojarse sobre su almohada.
—Ridícula —masculló.
Pero no pudo evitar sonreír… solo un poco.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com