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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 103

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  4. Capítulo 103 - 103 Herta Honkai star rail
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103: Herta (Honkai star rail) 103: Herta (Honkai star rail) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Advierto que esta cosa tendra un toque de shinza bansho y el lore que y tenia escrito en este canal asiq ue meh.

y aclaro que no seguire el canon original de honkai porque…….esto es de tn y herta no del trasacaminos.

————————-‐——————–‐-‐—–.

Molestar no sería la palabra que Tn usaría.

No porque no lo estuviera —porque lo estaba, profundamente— sino porque su vocabulario no solía entregarse a juicios emocionales tan fácilmente.

Las emociones eran como pequeñas fluctuaciones de presión arterial: se registraban, pero rara vez requerían intervención si no amenazaban el sistema.

Sus dedos sostenían la estilográfica con una precisión casi perfecta mientras trazaba, línea a línea, los informes médicos del día.

Todos a mano, por supuesto.

No por falta de tecnología, sino por preferencia.

La caligrafía era más que una expresión estética: era una forma de análisis, un registro de estabilidad cognitiva.

Y para Tn, la estabilidad era sagrada.

Y porque carajo le gustaba asi que lo hara a mano.

El suave sonido de pasos livianos apenas precedió al peso súbito —mínimo pero notorio— que se posó sobre su espalda.

—Hmpf —murmuró sin levantar la vista, apenas una exhalación cargada de resignación y un par de pechos pequeños presionados sobre el.

Herta, en forma de siempre, se había encaramado sin ceremonia alguna sobre su espalda, su barbilla reposando sobre su hombro derecho mientras observaba el documento con un entusiasmo desproporcionado.

Sus ojos morados se movían rápido, pero su atención no parecía estar realmente en lo que él escribía.

—Tu letra es horrible —comentó sin rodeos, sonando más encantada que crítica.

Tn no respondió.

Simplemente giró la página y continuó.

—¿Es sangre lo que estás describiendo ahí?

¿O pus?

¿O alguna combinación peculiar de ambos?

—Herta ladeó la cabeza con curiosidad fingida, mientras sus piernas balanceaban en el aire.

—Fluidos intracelulares tras un implante regenerativo —corrigió él sin emociones, su tono quirúrgico, como todo en su vida.

Herta bufó y se estiró un poco más, como si eso le diera mejor visión de las letras apretadas.

Finalmente, descendió de su espalda de un salto, el faldón de su abrigo ondulando brevemente antes de que sus botas de tacón morado tocaran el suelo con un clic seco.

—Deberías salir.

¿Cuándo fue la última vez que visitaste un sistema solo por ocio?

—preguntó mientras comenzaba a pasearse por la oficina con paso caprichoso, como si buscara algo que ni ella misma sabía.

Sus dedos recorrían los bordes de estantes de metal oscuro, inspeccionando frascos, herramientas, incluso un espécimen en suspensión que Tn aún no había clasificado.

Murmuraba ideas sueltas: comer fuera, visitar un sistema con tormentas de rayos azules, o hacer “turismo forense” en planetas con fauna extinta.

Tn, sin desviar la mirada de sus papeles, simplemente preguntó—¿No tienes deberes?

Herta giró sobre sus talones, una sonrisa ligera cruzando sus labios.

Había un brillo artificial en sus ojos, una emoción enlatada y pulida que sólo alguien como él sabría detectar como falsa… y sin embargo, funcional.

—Mis marionetas se encargan de todo —respondió con un gesto despreocupado—.

Pero venir aquí, en persona, me tomó un esfuerzo… considerable.

Así que deberías estar… ¿honrado?

Tn levantó brevemente la mirada, apenas una fracción de segundo, para observarla.

La forma en que su boina se ladeaba sutilmente, su cadena dorada brillando con la luz blanca de los focos, esa expresión casi felina en su rostro.

Todo en ella estaba calibrado para parecer adorable… pero él sabía lo que había detrás.

—¿Considerable?

—preguntó finalmente—.

Solo eres una marioneta más.

Estás teledirigida, ¿verdad?

—¿Quién sabe?

Quizás no.

Quizás esta sí soy yo —dijo mientras se acercaba al escritorio y se sentaba de lado sobre él, con una pierna cruzada—.

Después de todo, no cualquiera puede captar mi atención.

Tú lo hiciste.

Eso significa que vales más que… el promedio.

¿Lo sabías?

Él no respondió.

Volvió a escribir.

Ella continuó.

—No tienes idea cuántos genios han intentado impresionarme.

Muchos… terminan llorando.

—Herta hizo una pausa, mirándolo con más intensidad—.

Pero tú no.

Tú ignoras mis provocaciones.

¿Eso te hace más inteligente… o más aburrido?

Ignorala y se ira……….

El silencio se hizo denso, pero no incómodo.

Era como si ambos supieran que estaban tomando medidas uno del otro.Una partida de ajedrez en la que aún nadie tocaba las piezas.

Tn suspiró con un gesto pequeño, apenas una exhalación leve que despresurizó su paciencia antes de alcanzar su límite.Guardó la pluma, cerró el dossier médico, y se levantó de su asiento sin decir palabra.

Tomó su chaqueta de tonos oscuros —más funcional que elegante— y se la colocó con un movimiento ágil, ajustándola con eficiencia.

Herta, todavía sentada en el borde del escritorio, no pareció inmutarse.

Siguió hablando como si nada.

—¿Te he contado sobre mi última creación?

Un sistema de propulsión basado en microfugas gravitacionales.

Lo probé en un planeta deshabitado, claro, pero la onda de retroceso causó un pequeño colapso en la corteza del hemisferio norte.

—Rió, como si estuviera compartiendo una travesura inocente—.

Fue hermoso.

Un espectáculo.

Tendrías que haberlo visto.

Tn, sin mirarla, empezó a caminar hacia la puerta.

No era que ignorara lo que decía, simplemente no lo consideraba prioritario.

Al abrir la compuerta automática, el brillo artificial del domo de la ciudad utópica se derramó sobre él.

Los sonidos de una metrópolis perfectamente calibrada llenaron sus oídos: drones zumbando, anuncios silenciosos en pantallas flotantes, pasos pulidos sobre las aceras de cristal.

Un mundo avanzado… y frío.

Herta se deslizó a su lado segundos después, caminando con su particular estilo flotante y arrogante, como si la ciudad misma le perteneciera.

—¡Espera!

—dijo con voz melodiosa, ajustando el paso para coincidir con el de él—.

¿Sabías que rediseñé las articulaciones de esta marioneta?

Mejor movilidad, más expresividad… incluso ajuste dinámico de temperatura y ajuste.

—Y con eso, se desabrochó discretamente dos botones superiores de su camisa, dejando ver un sugerente escote pálido, ligeramente decorado por la sombra de su gargantilla.

Tn giró apenas el rostro para mirarla un segundo.

No cambió su expresión.

No alteró su ritmo.

No titubeó.

—Voy por café —dijo con tono monótono—.

Luego volveré a casa.

Siguió caminando.

Ni una pausa, ni un segundo vistazo.

Herta se detuvo en seco, un leve rubor subiéndole a las mejillas de porcelana mientras apretaba los labios.

Tras un breve silencio resignado, abotonó de nuevo su camisa, con movimientos rápidos y casi molestos.

Claramente, eso no había salido como esperaba.

—No sirves para los juegos de coqueteo, ¿eh?

—murmuró mientras retomaba el paso—.

¿Acaso ni siquiera consideras mi belleza?

Tn se detuvo.

No del todo: solo aminoró el paso, lo suficiente para responder con una calma tan quirúrgica como su forma de escribir.

—Claro que considero la belleza.

Ella lo miró de reojo, con una chispa de expectativa que murió casi de inmediato cuando él continuó—He trabajado con pacientes de todo tipo.

Deformaciones óseas, regeneraciones fallidas, necrosis, bioconstrucción artificial…

Belleza en todas sus formas, tamaños y mutaciones.

Aprendes a verla.

A analizarla.

A respetarla.

Giró ligeramente el rostro, pero no hacia ella.

Su mirada se dirigía al cielo artificial sobre la cúpula, como si buscara una estrella que sólo él pudiera detectar.

—Pero también aprendes que la belleza es irrelevante cuando se convierte en un distractor.

La medicina requiere ética.

El cuerpo humano es sagrado en su complejidad, no un objeto de deseo.

Sería un error… profesional… dejarse seducir por un par de pechos.

Habia conocido todo tipo de hermosas mujeres pero ninguna valdria la pena para perder su trabajo.

Herta abrió la boca, pero ninguna palabra salió de inmediato.

Un segundo después, soltó una pequeña carcajada, no burlona, sino nerviosa, como si estuviera luchando por rearmar su dignidad ante un muro que no solo era indiferente… sino moralmente inmune a sus juegos.

—Eres cruel, ¿sabes?

Pero en ese estilo tuyo tan elegante y serio… que empieza a resultar adictivo —susurró, caminando ahora tras él como una sombra encantada.

Tn no respondió.

Ya había detectado una leve elevación en su ritmo cardíaco.

No por lo que ella había dicho.

Sino por lo que implicaba.

Sabía que ella no se detendría.

Y él, por ahora… tampoco lo haría.

.

.

El vapor del café ascendía en volutas suaves mientras Tn se mantenía en pie, observando sin demasiado interés cómo el barista automatizado vertía el líquido oscuro en un vaso térmico.

No había azúcar, ni crema, ni conversación.

Solo cafeína.

—¿Sabías que el café fue una de las primeras sustancias en ser replicadas artificialmente en los laboratorios orbitales de Cassiopeia?

—comentó Herta, caminando junto a él mientras él pagaba—.

Pero nunca pudieron igualar el aroma original.

Yo lo intenté una vez.

El resultado fue… amargo~.

Que chiste tan horrible.

Tn no respondió.

No porque no escuchara.

Solo porque la información no tenía aplicación inmediata.

Bebió un sorbo.

Lo suficientemente caliente para ser incómodo, pero soportable.

Fue entonces cuando ella se frotó los brazos con teatralidad, como si una brisa invisible hubiera pasado por allí.

—Mmhh… hace un poco de frío —dijo, con tono casual y cargado de subtexto.

Su abrigo parecía repentinamente inadecuado, pese a que el clima de la ciudad utópica estaba regulado por algoritmos atmosféricos perfectos.

Tn giró levemente el rostro.

Lo justo para mirarla de reojo.

—Ese cuerpo es una marioneta —dijo con calma notando como la mujer se tensaba—.

Dijiste tú misma que no puede percibir estímulos térmicos.

No tiene terminaciones nerviosas.

No puede tener frío.

Hubo una pausa.

Herta se detuvo, cruzó los brazos y masculló por lo bajo algo que sonó vagamente como “maldita sea” entre dientes.

—Error de palabras —añadió luego en voz más alta, como si intentara reescribir la escena con arrogancia improvisada—.

¡Quería decir que tenía frío… emocional!

¿Eso es mejor?

Mocosa descarada.

Tn no respondió.

No hacía falta.

La caminata hacia su residencia continuó sin que él soltara ni una palabra.

Herta, sin embargo, no dejaba de seguirlo como un satélite que se negaba a desviarse de su órbita.

La entrada a su hogar era sobria.

Vidrio opaco, acero pulido, sin decoración.

No había ninguna placa, ninguna señal de bienvenida.

Solo un lector biométrico, al que Tn apoyó su mano izquierda.

La compuerta se abrió con un siseo silencioso.

Herta avanzó con naturalidad como si fuera parte del mobiliario.

Pero una mano le detuvo el paso antes de cruzar el umbral.

—No —dijo Tn.

Ella se quedó quieta, parpadeando.

Su expresión pasó de expectante a confundida, luego a ligeramente ofendida.

—¿Qué?

¿Ni siquiera vas a invitarme a pasar?

Después de todo el camino, la conversación… mi compañía brillante.

¿No sería descortés de tu parte negarte?

Tn no apartó la mano.

La miraba sin enojo, sin molestia, pero con la misma firmeza con la que sostenía un bisturí antes de una incisión.

—Sería aún más descortés permitir que una persona con historial de intromisión y conducta errática entre a revisar mi vida personal —respondió, sin alzar la voz.

Herta entrecerró los ojos.

Su sonrisa tensa se borró por un segundo y su mirada se desvió hacia un lado, como si de repente el suelo le pareciera interesante.

—No… no quería fisgonear, solo….

—Tus ojos fueron directamente al panel de acceso de seguridad al entrar al pasillo —interrumpió Tn—.

También intentaste memorizar los códigos gestuales que usé en el café cuando activé mi implante de comunicación.

Eso fue por reflejo, lo sé.

Pero no deja de ser evidencia.

El silencio se hizo espeso.

Herta bajó los hombros apenas, como si estuviera intentando decidir si fingir dignidad herida o admitir el juego perdido.

—No todo lo que hago tiene motivos ocultos —intentó decir con voz más suave, casi melancólica.

Tn tomó un sorbo más de café, apoyó su espalda contra el marco de la puerta y respondió con una serenidad absoluta:—Tal vez.

Pero casi todo lo que haces está diseñado para llamar la atención.

Y yo, Herta… soy médico.

Estoy acostumbrado a ignorar las señales que no son críticas.

Asi que o te marchas o te quedas esperando afuera.

Ella bajó la vista.

Por primera vez en todo el día, no respondió de inmediato.

Y por un segundo, incluso pareció… humana.

Pero eso fue solo un parpadeo en el sistema.

Un segundo después, Herta volvió a sonreír.

Ligera, enmascarada, pero con una sombra de tensión apenas perceptible.

—Muy bien, doctor perfecto.

Me iré… por ahora —dijo girando sobre sus talones—.

Pero no olvides que una mente brillante como la tuya siempre necesita desafíos.

Y yo soy uno bastante entretenido.

Tn no respondió.

La puerta se cerró tras él con un susurro mecánico.

Y al otro lado, Herta se quedó mirando el acceso cerrado durante unos segundos más.

Sin decir nada.

Pero con una idea empezando a germinar.

*Click*.

Cuando la puerta se cerró detrás de Tn, la sonrisa de Herta, tan cuidadosamente dibujada en el rostro de la marioneta, se disolvió como tinta en agua.

Sus pasos mecánicos, precisos, aún resonaban sobre el mármol de la acera mientras caminaba por las calles luminosas de la ciudad utópica, pero algo en la manera en que sus dedos temblaban al moverse delataba un desbalance.

Una disonancia.

Una irritación… que no debía existir.

La marioneta —una de sus mejores obras, con sensores hápticos avanzados, microexpresiones programadas y un rango vocal tan refinado que incluso podía simular el sarcasmo con matices— comenzó a sufrir pequeños espasmos.

La articulación del cuello emitió un leve chirrido.

Los dedos se cerraban y abrían sin razón, como si buscaran algo que no podían sostener.

—Él ni siquiera parpadeó… —susurró la marioneta en voz baja, un hilo de voz cargado con frustración contenida.

Y entonces, la grieta se volvió ruptura.

Con un sonido que fue mitad crujido y mitad lamento, el cuerpo de la marioneta se dobló hacia adelante, sus piernas colapsaron y su espalda se arqueó en un espasmo final.

Un grito seco, agudo, rompió el aire: una descarga de emociones no calibradas que excedió las barreras del diseño.

El cuerpo cayó.

Fragmentos del rostro —aún bellos incluso en su destrucción— rodaron por el suelo como piezas rotas de una muñeca de porcelana maltratada.

En una habitación muy lejos de allí, más oscura, más silenciosa, la verdadera Herta abrió los ojos.

El entorno era distinto.

No había brillo de ciudad utópica ni sensores de visitantes.

Solo el murmullo de maquinaria funcionando en segundo plano, suaves luces violetas filtradas a través de cristales polarizados, y una atmósfera estéril pero íntima.

Su cuerpo —el real, no el diseño de su niñez eternamente replicado— descansaba en una cama de soporte gravitacional, envuelta en sábanas suaves con sensores biométricos.

Su cabello, más largo y ondulado, caía sobre sus hombros con un desorden natural.

Su rostro mantenía la misma elegancia de siempre, pero con rasgos ligeramente más maduros.

Una versión de Herta que parecía rondar los veinticinco años.

Un detalle que no era menor.

Se sentó despacio en la cama, sintiendo el cosquilleo del enlace mental deshacerse.

Llevaba horas —quizás más— habitando la marioneta.

Y ahora, sentía la desconexión como una migraña sutil.

Caminó hacia el gran espejo de su estudio privado.

Las luces se encendieron solas al detectar su paso.

Al mirarse, frunció el ceño.

No por desagrado, sino por evaluación técnica.

—Perfectamente funcional.

¿Entonces por qué no volviste a tu forma de siempre, Herta?

—se dijo a sí misma con voz neutra.

Se estudió por un instante, desde el escote descuidado de su camisón de laboratorio hasta la curvatura de sus hombros.

Su piel parecía más viva, más cálida.

Había conservado esa forma por comodidad, se decía.

Pero en realidad….

—Podía haber usado una marioneta secundaria.

Incluso una menos costosa —susurró, como si tratara de justificar su decisión ante un jurado invisible—.

Pero esa…

esa estaba diseñada para adaptarse incluso a eventualidades de dormitorio.

Adaptativa, receptiva, expresiva…Diablosincluso si tenia sexo yo sentiria el placer.

Se llevó una mano al rostro, y por primera vez, sus mejillas adquirieron un leve rubor.

No tanto de vergüenza, sino de furia callada ante sí misma.

—¡Tonta!

—exclamó, cerrando los puños—.

¿Para qué lo programaste con tanto detalle?

¿Para qué le diste esa piel de polímero que se reactiva al tacto, esa voz suave, ese ajuste de calor emocional?

¿¡Para qué!?

La respuesta era obvia, pero no quería decirla en voz alta.

Tn.

Un nombre simple.

Un hombre aún más simple… y sin embargo, incomprensible.

Tan frío.

Tan metódico.

Tan imposible de impresionar, incluso por alguien como ella.

Y eso la corroía por dentro.

Su rechazo no era brusco, ni cruel.

Era… normla viniendo de el.

Imposiblemente neutral.

Como si no existiera en el campo emocional.

Y lo peor era que eso solo lo volvía más interesante.

—No lo entiendes —murmuró, sentándose frente al espejo—.

No se trata de vanidad.

No se trata de ego.

Es… es que tú eres el único que no ha tratado de halagarme, ni complacerme, ni impresionarme.

Se quedó en silencio un momento, observando su reflejo.

—Y eso te hace… mío.

Era fascinante incluso seres d poder incomensurable trataban de pedirle sus talentos, pero ese medico se resignaba a su trabajo priviligiado.

Un pensamiento se coló en su mente, más oscuro, más íntimo: ¿Y si no puedo conquistarlo?

¿Y si, como mis ecuaciones no resueltas, él también se convierte en un vacío que me consume?

La idea la estremeció.

No.

No lo permitiría.

Si no podía seducirlo con palabras… lo estudiaría.

Lo entendería.

Lo desarmaría como a una máquina compleja.

Con tiempo.

Con paciencia.

Y con una marioneta aún mejor.

________________________________________________________ (ok este capitulo fue de prueba y espero les haya al menos llamado la atencion, y sobre como se conocieron tn y herta bueno, eso lo dejare en el capitulo ds 7w7 quiero meter algo de drama).

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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