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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 104

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104: Zhu Yuan part 2 (zzz) 104: Zhu Yuan part 2 (zzz) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

__________________________________________________________ El cielo sobre Nueva Eridu aún estaba cubierto por la bruma matinal cuando Tn salió de su apartamento.

Llevaba una chaqueta liviana y una bolsa con documentos bajo el brazo, y aunque sus pasos eran seguros, no podía evitar sentir que cada intersección, cada cruce de calle, lo alejaba más de la vida que conocía.

La entrevista no fue complicada.

En realidad, fue lo opuesto a todo lo que había experimentado como oficial de Seguridad Pública.

El ciber café no tenía nombre llamativo ni hologramas danzantes en la entrada.

Solo un cartel sencillo, iluminado con luces azuladas, que decía “FIVE’S”.

Nada más.

Dentro, el lugar tenía un aire acogedor, casi hogareño.

Una mezcla entre bar estudiantil, zona de descanso y laboratorio de aroma.

Las estanterías estaban repletas de cápsulas de café de distintos orígenes, especias raras y una repisa entera de frascos con aromatizantes: vainilla sintética, menta, especias de luna verde.Y todo parecia organico lo cual era incluso mas caro.

Al fondo, una nevera mostraba una variedad decente de postres individuales: tartas, croissants, y uno que otro pastel de diseño local.

Five Hargreeves, el dueño, fue… peculiar.

Parecía un adolescente malhumorado atrapado en un traje formal que no encajaba con su energía.

Tenía mirada aguda y gestos rápidos, como si estuviera constantemente calculando diez cosas a la vez.

Tn dudó por un momento de su edad, pero no dijo nada.

Su antigua capitana, Miyabi, era igual de pequeña e igual de peligrosa, así que prefirió no emitir juicio.

Five solo alzó la vista desde su tablet, lo miró de pies a cabeza y dijo—No soy de hacer muchas preguntas.

Atiende, limpia, cobra, y si entra alguien raro, lo sacas a patadas sin romper nada costoso.

¿Entendido?

click.

Un revolver parecio sonar mientras ajustaba el tambor de munición.

—Entendido —respondió Tn sin pensarlo.

—Perfecto.

Comienzas hoy.

Y así fue.

.

Tn tomó su puesto junto al mostrador, donde una consola táctil simplificaba la preparación de bebidas automatizadas.

Al principio se sintió fuera de lugar, como un soldado en una biblioteca.

Pero el ambiente lo envolvía lentamente con su calidez artificial.

Las mesas estaban repartidas tanto en el interior como en una pequeña terraza exterior adornada con luces colgantes y plantas falsas (aunque muy bien mantenidas).

La música ambiental era suave, apenas un murmullo digital de jazz y sintetizadores antiguos.

Los clientes comenzaron a llegar poco a poco.

Algunos eran oficinistas que pedían su café.

Otros eran estudiantes con ojeras profundas, inmersos en sus tablets, conectando sus dispositivos a los puertos del local mientras murmuraban cálculos o resúmenes.

Uno de ellos —un chico con auriculares enormes— le pidió un “café con doble menta y nube de humo de avellana”.

Tn dudó, pero la consola tenía una opción exacta para eso.

—No está tan mal… —murmuró para sí mientras entregaba la bebida.

A diferencia del caos constante de la policía, aquí había orden.

Ritmo.

Rutina.

Nadie gritaba, nadie lo cuestionaba, nadie buscaba culpas.

Solo café, teclados, y personas buscando un momento de paz.

Tn se acomodó detrás del mostrador, observando el local con cuidado.

Había un sistema de seguridad básico y una puerta trasera bien reforzada.

Lo memorizó por costumbre, no por paranoia.

—Podría acostumbrarme —pensó en voz baja.

El aroma del café recién hecho comenzaba a impregnarse en su ropa.

Y por primera vez en días, su mente no estaba atormentada por voces, gritos, ni rostros del pasado.

Solo… trabajo.

Y eso, por ahora, era suficiente.

.

.

Pasaron los días.

Y con ellos, se estableció una rutina casi monástica.

7:00 a.m.: Tn abría el local.10:00 p.m.: cerraba las puertas, limpiaba, verificaba inventario y cerraba la caja.

Entre esas horas, su vida transcurría entre el vapor del café, el suave zumbido de las consolas y el murmullo incesante de teclas tocadas con urgencia por los clientes.

No había gritos, no había alarmas, no había protocolos de emergencia.

Solo una calma mecánica que comenzaba a anestesiar los bordes filosos de su mente.

El trabajo, en realidad, era simple.

Casi aburrido.

La máquina de bebidas lo hacía todo con solo un par de comandos: preparaba mezclas exóticas, aromatizaba, servía en vasos personalizados, y emitía un suave pitido cuando el pedido estaba listo.

Los postres también eran preparados y repuestos por una unidad secundaria automatizada en la parte trasera.

No tenía que cocinar.

No tenía que pensar.

Solo observar, entregar, limpiar.

Y vigilar.

Por si acaso.

Five apenas aparecía.

Y cuando lo hacía, era como una sombra y parecia algo erratico algunas veces.

Solo decía lo justo, entraba, chequeaba los datos del sistema y salía sin ruido.

No le gustaban las preguntas, y Tn no tenía deseos de hacerlas.

Sin embargo, había algo que no dejaba de llamarle la atención.

Los productos.

Cada vez que una caja se vaciaba —ya fuera de café, especias orgánicas, leche o azúcar—, otra caja nueva aparecía como si estuviera lista desde antes.

Perfectamente etiquetada, sellada con precisión, y todas con una certificación de origen natural y orgánico.

Nada de eso era barato.

Nada de eso era común.

En una ciudad como Nueva Eridu, donde la mayoría consumía sustitutos de bajo costo, reciclados y sintéticos, encontrar una taza de café hecha con granos reales ya era un lujo de élite.

Aquí, cada bebida, cada pastel, cada jarra de leche…

era real.

—¿Qué tipo de fortuna maneja ese enano raro…?

—murmuró Tn mientras organizaba el estante de aromatizantes.

Aquel detalle comenzaba a explicarle la gran cantidad de clientes.

No era solo por la comodidad del lugar.

Ni por la estética retro ni por las conexiones de datos rápidas.

Era por el sabor.

Porque sabían que lo que bebían allí no podía conseguirse en ningún otro lugar sin pagar tres veces más.

Y Five…

simplemente no subía los precios.Eso también era raro.

Pero Tn no preguntaba.

Solo observaba.

Tomaba nota mental de todo lo que lo rodeaba, como solía hacer en patrullas.

Sabía que si había un secreto detrás del negocio, saldría a la luz por sí solo.

Y mientras tanto… el trabajo era tranquilo.

Cobró su primer pago una noche.

Exacto, sin recortes.

Y unos créditos más que su viejo salario como oficial.

—No está mal… —dijo mientras guardaba el dinero en una cuenta auxiliar.

Se sentó un momento en la silla del mostrador, mirando hacia la terraza.

Un grupo de estudiantes se reía entre tazas vacías.

Una pareja discutía en voz baja pero sin agresión.

Un anciano dormía con un lector holográfico flotando frente a su rostro.

El aire olía a vainilla, café oscuro y canela.Un lugar extraño.

Pero… extrañamente estable.

Tn sostenía una taza de café con ambas manos.

El calor del líquido le reconfortaba los dedos mientras se recostaba contra la pared detrás del mostrador, las piernas estiradas bajo la consola.

Observaba la pantalla de vigilancia del ciber café con la mirada perdida.

Nadie discutía.

Nadie exigía nada.

Dio un sorbo lento.

Paz.

Era lo más parecido que había tenido en semanas.

El aroma suave del café oscuro se mezclaba con la brisa artificial del sistema de ventilación.

No había tiroteos.

No había interrogatorios.

No había promesas vacías.

Solo eso: una taza caliente y silencio.

Cerró los ojos por unos segundos.

Solo unos pocos.

.

.

Muy lejos de ese respiro, en los corredores fríos de la Estación de Seguridad Pública Central, la realidad era distinta.

Dolorosa.

Agotadora.

Zhu Yuan se encontraba en medio de una pesadilla de trámites, órdenes y sanciones encubiertas.

Desde que se había filtrado la noticia de que un oficial había encubierto información vital sobre la identidad de dos criminales de alta prioridad —los llamados Phaethon—, los altos mandos decidieron endurecer las reglas, duplicar las inspecciones y enviar memorandos de advertencia a toda la fuerza.

No hubo nombres públicos.

No señalaron a nadie directamente.

Pero todos sabían.

Y aunque Zhu Yuan no fue mencionada, los gritos de sus superiores caían sobre ella con una intensidad distinta.

Más dura.

Más directa.Como si supieran.Como si ya no confiaran.

—¡Capitana Yuan!

¡¿Puede explicarme por qué su escuadrón reportó tres minutos de latencia en la patrulla 14-Delta?!

¡¿Tres minutos?!

¡¿O debo recordarle el código de eficiencia mínima?!—¡¿Qué demonios significa esta omisión en el informe de actividad de la zona 2D?!

¡Limpie esa basura y vuelva a redactarlo!—Si no puede controlar su equipo, se lo vamos a quitar.

Cada día era lo mismo.

Regresaba a su escritorio con un dolor de cabeza constante, los músculos rígidos por el estrés y el uniforme ligeramente arrugado, lo cual la irritaba aún más.

No tenía tiempo ni para repasarlo con la pulcritud que solía imponer.

Había manchas en las mangas.

¡Manchas!

Algo impensable para ella.

Y por si fuera poco, Qingyi, su compañera más confiable, ya no estaba disponible.

La bioandroide había solicitado reasignación temporal para apoyar en patrullas de zonas de ancianos, donde la tasa de criminalidad era mínima.

Una excusa casi transparente.

Era su forma de alejarse sin decir nada.

Zhu lo sabía.

Y dolía.

—¿También me está evitando…?

—susurró una noche, mirando el asiento vacío junto a ella en la patrulla.

No hubo respuesta.

Sus horas se convertían en una maraña de informes, revisiones, inspecciones aleatorias, y constantes miradas de sospecha.

Los pasillos, una vez familiares, ahora parecían fríos.

Sus compañeros ya no la miraban igual.

Algunos evitaban cruzarse con ella.

Otros simplemente bajaban la voz cuando pasaba.

La soledad se filtraba entre los ladrillos de su deber.

Cada noche llegaba a su apartamento arrastrando los pies.

Dejaba el uniforme sobre una silla sin doblarlo.

Calentaba algo instantáneo.

A veces ni comía.

Su mirada quedaba clavada en el suelo, como si aún escuchara los gritos de sus superiores rebotando en las paredes de su mente.

Dormía mal.

Soñaba peor.

Y aunque no lo decía en voz alta, Tn estaba presente en cada pensamiento.

En cada taza de café que no sabía igual.

En cada rincón del día donde antes encontraba algo de consuelo.

Zhu Yuan apretaba los dientes, tragando su frustración como un cuchillo sin filo.

El sistema era implacable.

Y ella… lo había alimentado.

Ahora lo conocía desde el otro lado.

.

.

La mañana había empezado como cualquier otra para Zhu Yuan.

Se levantó con los ojos hinchados por el mal dormir, se colocó su uniforme con precisión casi minusiosa, y ató su cabello con una firmeza que ocultaba su creciente frustración.

Revisó su arma, su comunicador, el ajuste de su cinturón, y salió sin desayunar.

Otra patrulla.

Otro día de órdenes.

El distrito al que fue asignada esta vez era uno de los sectores mixtos, donde comercios, residencias y zonas de tránsito convergían en un caos contenido.

Entonces lo escuchó.

Un grito.

Cristales rotos.Instinto puro.

Zhu giró la cabeza y corrió.

Entre el tráfico y los transeúntes, vio a un hombre alterado —ropa sucia, mirada desenfocada— empujando a una vendedora de flores mientras cargaba una caja sospechosa.

—¡Alto!

¡Seguridad Pública!

—gritó mientras desenfundaba su arma.

El tipo se detuvo.

La miró.

Y en un movimiento violento, cuando Zhu se acercó para esposarlo, le estrelló la frente directamente en el tabique nasal.

—¡Agh!— Zhu gritó mientras retrocedía, su nariz sangrando por el golpe inesperado.

El mundo giró por un segundo.

El tipo corrió, girando en una esquina sin mirar atrás.

Zhu apretó los dientes.

Le dolía la cara.

Pero dolía más su orgullo.

—No.

Hoy no te me escapas —masculló, limpiándose la sangre con el dorso de la mano y reanudando la persecución.

El maleante giró bruscamente hacia un edificio pequeño con cartel azul brillante: FIVE’S.

Zhu lo reconoció vagamente, pero no tuvo tiempo de procesarlo.

Sacó su arma, lista para entrar y detener al tipo antes de que se perdiera entre los clientes.

—¡Seguridad Pública!

¡Al suelo!

—gritó mientras cruzaba la calle.

Pero no necesitó entrar.

La puerta del café se abrió con violencia.

El delincuente salió disparado por el marco, cayendo como muñeco de trapo sobre la acera.

Zhu frenó de golpe, desconcertada.

Detrás del cuerpo, emergía un muchacho de baja estatura, ajustándose los puños de su camisa con fastidio.

Five Hargreeves.

Su rostro estaba impasible, aunque sus ojos brillaban con una irritación muy precisa.

—Eso fue el tercero esta semana… —dijo con tono seco, como quien habla del clima.

—¡Y este casi rompe el difusor de lavanda!

—agregó, mientras sacudía su abrigo.

Desde adentro, se asomó otro rostro que congeló a Zhu por completo.

Tn.

Con su delantal negro y camisa simple, salió caminando tranquilamente del local, mirando hacia el tipo inconsciente en el suelo.

—No pensé que tuvieras reflejos tan rápidos —le dijo a Five con una leve nota de sorpresa.

Five chasqueó la lengua, aún molesto.

—Te dije que tener algo de defensa en el café no era exagerado.

Una simple arma no letal.

Un bastón.

Un generador de campo de pulso…

lo que sea.

Esto ya es absurdo.

—No me interesa pelear en horario laboral —replicó Tn, mirando el cuerpo en el suelo—.

Pero sí admito que…

eso fue impresionante.

Five resopló y se encogió de hombros.

—Tu llamado es el servicio.

El mío es evitar que alguien arruine el negocio.

Zhu se quedó de pie, aún con el arma desenfundada, incapaz de moverse.

Su nariz aún ardía.

Su orgullo seguía roto.Y ahora, frente a ella, en un simple delantal de trabajo, estaba el hombre al que traicionó sin decir una palabra.

Él aún no la había visto.

Pero lo haría.Y ella no sabía si quería que ese momento llegara o no.

Zhu Yuan se quedó congelada, como si sus pies se hubieran anclado al pavimento.

La sangre seguía bajando lentamente desde su nariz hacia el labio superior, pero ella ni lo notaba ya.

Su mirada estaba fija en Tn, que acababa de salir del local.

El sol de media mañana caía sobre ambos, pero el aire entre ellos se sentía helado, tenso, denso.

Entonces Tn levantó la vista.

Y la vio.

Por un segundo, nada se dijo.Ni una palabra.

Solo miradas.

Tn frunció ligeramente el ceño.

No de odio, pero sí de una incomodidad evidente.

Sus ojos no mostraban alegría ni furia.

Solo cansancio.

Resignación.

Zhu sintió cómo se le tensaban los hombros.

Quiso hablar, quiso levantar la mano, pero Five fue más rápido.

—¡¿Y tú qué esperas?!

—gritó desde la entrada—.

¡Este tipo casi me tira la mesa encima!

¡¡Llévatelo ya, no estoy de humor para que me rompan más muebles!!

El criminal aún estaba semiinconsciente sobre el suelo, gimiendo algo incoherente.

Zhu reaccionó por instinto, guardando el arma y acercándose para colocarle las esposas.

—Eh… sí, sí… lo siento… —balbuceó, todavía con voz débil.

Sus dedos temblaban mientras aseguraba las correas.

El tipo no se resistía, solo escupía palabras vagas.

Zhu los ignoró.

Cuando terminó, se giró hacia Tn.

—Yo… —comenzó a decir, intentando forzar una sonrisa casual—.

¿Tú… estás trabajando aquí?

Tn solo la miró, con el rostro sereno y los brazos cruzados.

Luego volvió la vista al café y dijo con sencillez:.

—Sí.

Es mi empleo.

Zhu parpadeó.

Por un momento, una chispa de alegría le recorrió el pecho.

—¿En serio?

Eso… eso es bueno, ¿no?

Me alegra… saber que estás… —empezó a decir, pero se detuvo cuando lo vio girarse.

—Tengo cosas que hacer —respondió él sin agresión, pero con una frialdad que caló profundo.

Tn entró al local sin mirar atrás.

La puerta se cerró tras él con un suave clic.

Zhu se quedó allí, con el criminal esposado en el suelo, la nariz aún palpitante por el golpe, y las palabras que no pudo decir atoradas en la garganta.

La sensación era amarga.

No como el dolor físico.Era peor.

—Tonto… —murmuró, sin saber si se refería a él o a sí misma.

Se agachó, tomó al criminal por los brazos y comenzó a arrastrarlo hacia su patrulla, murmurando maldiciones entre dientes.

—Mi cara… mierda… me va a dejar morado esto…Y los superiores otra vez con los informes…Y encima lo veo a él….

Se detuvo un momento, mirando de reojo el letrero de FIVE’S.

El cartel azul parpadeaba ligeramente, como si se burlara de ella.

—Te ves… bien, Tn —dijo en voz baja, aunque él ya no pudiera oírla.

Luego, con el prisionero medio inconsciente a rastras y su rostro ensangrentado, Zhu Yuan se alejó del local.

El viento sopló suave.

Pero a ella le dolía todo.

.

.

La puerta de la estación se abrió con un chirrido metálico mientras Zhu Yuan empujaba con fuerza al criminal esposado, que aún arrastraba los pies por el golpe que se llevó en FIVE’S.

Su nariz todavía dolía, la cabeza le retumbaba, y sus pensamientos estaban a kilómetros de ahí.

—Célula 3 —gruñó a uno de los oficiales de retén, sin mirar siquiera.

—¿Este también te reventó la cara?

—le preguntó un guardia, en tono más sarcástico que preocupado.

Zhu Yuan ni lo miró.

Solo empujó al detenido por el pasillo.

Cuando llegaron a la celda, abrió la reja de un solo movimiento brusco, lo empujó hacia adentro y cerró con un fuerte CLACK.

El sonido metálico le dio una efímera sensación de control.

Desde otras celdas, algunos detenidos habituales lanzaban miradas lascivas y comentarios en voz baja.

—Eh, oficial, ¿necesitas algo fresco para esa carita?

Yo tengo algo mejor…—Ven, oficialita, yo te curo…—¡Qué suerte tienen algunos locos que te ponen las manos encima!

-Uffff mira ese trasero, como quisiera enterrar mi cara en el.

Zhu los ignoró.

Su cuerpo estaba tenso, pero no temblaba por miedo.

Era el agotamiento.

El cansancio.

Y la irritación acumulada.

No estaba de humor.

Para nadie.

Caminó con pasos pesados hacia su oficina.

Al llegar, arrojó su tableta de patrulla sobre el escritorio y se dejó caer en su silla, dejando escapar un quejido seco.

Tenía que redactar el informe del arresto.Tenía que anotar cada paso, cada detalle, desde el momento en que escuchó el disturbio hasta la detención oficial del sospechoso.

Pero su cabeza latía con fuerza.

Y la sangre seca en su nariz empezaba a endurecerse, tirando la piel con molestia.

—Ugh… primero el imbécil ese, luego ese mocoso gritándome, y encima Tn actuando como si ni siquiera importara —murmuró, pasándose una mano por el rostro—.

No es como si quisiera que me abrazara, pero…

¿un poco más de reacción no era mucho pedir?

BIP.

La puerta se abrió con un suave sonido de seguridad.

—Estoy de vuelta —anunció una voz ligera y despreocupada.

Qingyi.

La bioandroide camino ligeramente hacia su escritorio, con su expresión pulcra y perfecta como siempre.

Su uniforme estaba impecable, sin una sola arruga.

Llevaba una bolsa con bebida de almendra fría y pastel de proteína sintética.

Se sentó con un gesto y extendió sus piernas con desparpajo.

—Mi ronda fue relajada.

Un abuelito me pidió que lo ayudara con su holograma de pensión.

Me tomé una selfie con él, me regaló un dulce raro… ah, y vi a un gato, casi me distrae por completo —dijo con una sonrisa tranquila, sacando su bebida.

Zhu Yuan sintió un tirón en el ojo.

Literalmente.

Su párpado tembló involuntariamente.

—Claro… mientras yo me rompo la cara por atrapar a un drogadicto de tercera… —murmuró entre dientes, abriendo su archivo de reporte.

—Tu energía está desalineada.

¿Dormiste mal?

—preguntó Qingyi con inocencia, mientras se metía a la boca un trozo de su pastel.

Zhu la miró por unos segundos, luego volvió a mirar su tableta.

Tecleó unas líneas del informe, pero las letras bailaban frente a sus ojos.

Suspiró.

Cerró la tableta.

Se pondría hielo en la cara después.

Primero necesitaba paz.

O al menos, no golpear algo.

Entonces, en medio del cansancio, el recuerdo volvió.

Tn.De pie en el umbral del café.

Con esa expresión estoica.

Tan distante.

Tan… inalcanzable.

Estaba bien.

Estaba trabajando.

Y aún así, el gesto que le dedicó la dejó más dolida que el cabezazo que recibió.

—Al menos no está tirado en la calle… —susurró, apoyando la frente contra su mano, mientras el sonido ambiente de la estación zumbaba como un enjambre lejano.

No era consuelo.

Pero era lo único que tenía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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