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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 107

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  4. Capítulo 107 - 107 Jane doe part 3 zzz
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107: Jane doe part 3 (zzz) 107: Jane doe part 3 (zzz) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

___________________________________________________________________________________ La noche avanzaba y la ciudad dormía bajo un cielo encapotado.

En el apartamento de Tn, el leve zumbido de la televisión encendida quedaba como único rastro del mundo exterior.

La habitación estaba apenas iluminada por su tenue resplandor azul, proyectando sombras alargadas en las paredes.

El cuerpo de Jane, enroscado sobre Tn, se movía apenas, pero en su mente la tormenta seguía desatada.

Los sueños no eran amables con ella esa noche.

Volvía a las calles donde la pobreza era el lenguaje común, donde aprender a robar, mentir y desconfiar eran parte de la educación diaria.

En el sueño, volvía a sentir el cemento frío bajo los pies descalzos, el hambre apretándole el estómago como una garra persistente, y la mirada de las nodrizas endurecida por años de frustración.

Las bofetadas no eran castigo, eran rutina.

—No mereces amor.

—decía una voz con el rostro borroso, quizás una de aquellas cuidadoras.—Monstruo.

—decía otra, mientras se alejaba.

El sueño cambió de forma, ahora era una versión adolescente de Jane.

Sus ojos rebeldes llenos de fuego enfrentaban a una mujer con rostro severo, la encargada del orfanato.

Palabras duras, acusaciones, súplicas.

Luego, el golpe.

La mejilla ardía incluso en el recuerdo.

Y luego, la esperanza rota.

Una familia se había mostrado interesada.

Sonrisas, promesas, un calor nuevo en el pecho de Jane.

Pero cuando notaron aquella cola asomando tras ella, su expresión se deformó en asco.—Eso no es normal… no es humana.—Lo sentimos.

No es lo que esperábamos.

Se marcharon.

Jane se quedó allí, muda, viendo cómo se alejaban sin mirar atrás.

Otra oportunidad que se evaporaba.

Otra cicatriz invisible más.

Fuera del sueño, su cuerpo reaccionaba.

Sin que ella se diera cuenta, sus brazos se cerraban con más fuerza alrededor de Tn, como si inconscientemente temiera perder lo único estable que tenía.

Su cola también se enroscaba más, envolviéndolo con la misma intensidad con la que una niña se aferra a una manta bajo una pesadilla.

Tn, aún dormido, se removió ligeramente.

La presión le resultaba incómoda, su respiración se volvió un poco más pesada, pero no despertó.

Tal vez ya estaba acostumbrado a estas noches con Jane.

Tal vez, en el fondo, sabía que ella también necesitaba ese contacto.

El televisor seguía con su murmullo, como una canción de cuna rota.La ciudad afuera era fría.Pero Jane… estaba donde quería estar.

Aunque sus recuerdos dolieran, al menos… no estaba sola.

.

.

El sueño se desvanecía con los primeros rayos de luz colándose por la ventana.

Como si la mañana tuviera prisa, la claridad invadía la habitación sin pedir permiso, calentando apenas las sábanas revueltas.

Jane se incorporó sin hacer ruido, su cuerpo aún llevaba el peso de la noche, pero su expresión era tranquila…

por ahora.

Miró a Tn dormido, su respiración lenta, el ceño apenas fruncido como si soñara con estructuras rotas o voces que no dejaban de hablarle.

Jane sonrió levemente.

Se inclinó con lentitud, y depositó un beso fugaz en su frente, apenas un roce, noto la ligera carpa en los pantalones y la tentacion fue evidente, pero no debria….aun no, como una firma silenciosa antes de desaparecer dio otro beso fugaz.

—Buenos días~…

—susurró con una media sonrisa ladeada.

Sin más ceremonia, caminó descalza hasta la cocina.

Su andar era fluido, felino.

Las orejas agitadas de forma juguetona.

No se molestó en disimular el robo: abrió el refrigerador y comenzó a seleccionar con descaro.

Tomó una botella de leche —la suya favorita— y dio un largo trago directamente.

Luego sacó un par de onigiris de una caja sellada.

—“No toques esto, es para el almuerzo”…

Pfft, claro Tn, como si no supieras ya quién manda aquí…

—se burló con voz baja, imitando sarcásticamente su tono—.

Demasiado bueno para decirme que no, pero igual se queja después.

Adorable~.

Salió con una rebanada de pan en la boca, un poco de arroz en la mano y su chaqueta corta mal puesta.

Atravesó la puerta dejando tras de sí solo una estela de migas.

El aire de la ciudad golpeó su cara, y le recordó que el mundo no era tan suave como las sábanas de Tn.

‘Maldita contaminacion’.

Caminaba con ritmo despreocupado por las calles grises de Nueva Eridu.

Las luces de neón aún no se apagaban del todo, y algunos bangboo ya hacían sus tareas: uno barriendo la acera, otro reparando una caja de conexiones.

Uno la saludó con un bip chillón.

Jane ni siquiera lo miró.

—Estúpidas latas felices…

—murmuró entre dientes, sus orejas girando apenas.

Pasó frente a una tienda de música llamada Random Play.

Por los altavoces salía una canción animada, algo con sintetizadores rápidos y letras sin sentido.

Sus orejas se movieron solas, un tic nervioso que no pudo controlar.

No entró.

Solo redujo el paso, lo justo para que la canción le rozara los recuerdos.

bienvenidos al Random Play donde cadacinta guarda un sueño, tu hermano diceque solo una tienda pero yo sé que esmucho más que eso tenemos acción, drama yrizas historias para hacerte volar Sibuscas algo que te inspira, aquí lo puedesencontrar las calles .quiero tocar porque canciones en micorazón.

Sacudió la cabeza.

No era momento para sentimentalismos.

Metió las manos dentro de su chaqueta corta.

Sentía los nudillos tensos.

El muslo cortado ya no dolía.

La venda estaba en su sitio, limpia.

Tn había hecho un buen trabajo, como siempre.

Pero había una punzada…

no en la pierna, sino más arriba.

En el pecho.

El deseo.

La urgencia.

No solo por lastimarse otra vez.

Era algo más profundo.

Quería volver a ese momento.

A ese espacio donde él tenía que atenderla.

Donde era obligatoria su atención, su contacto.

Donde ella era lo suficientemente frágil como para ser cuidada, pero aún peligrosa como para que no la subestimara.

—Tsk…

—chasqueó la lengua.

Su lengua pasó por su labio inferior, meditando.

Si volvía herida tan pronto, Tn sospecharía.

Pero si se hacía algo pequeño, algo convincente…

algo que no doliera tanto…

¿tal vez un golpe?

¿Una cortada leve?

No una herida, sino una excusa.

—“¿Qué te pasó?”— se imaginó su voz, seca, molesta.

Y entonces, ella respondería—No fue nada…

solo me tropecé con algo idiota.

No como tú.

Tú eres útil tanto que me cuidas demasiado bien~.

La sonrisa se estiró en sus labios.

—Aunque…

un pequeño golpe en el labio sí se vería convincente.

Solo un poco de sangre, nada dramático.

Lo suficiente para que me toque la cara.

Lo suficiente para que me diga que soy imprudente…

otra vez.

Temblor.

Suspiró, deteniéndose frente a una vitrina rota.

El reflejo le devolvió una mirada oscura, marcada por las ojeras, los ojos vivos, las orejas erguidas.

—No estoy enferma…

solo…

lo necesito.

Apretó los puños dentro de su abrigo.

Ya quedaban pocas horas.

Solo unas más.

Solo un rato más…

y volvería a él.

Y esta vez, tal vez lloraría un poco.

Solo para ver qué haría.

.

.

Tn se despertó lentamente, con los ojos entrecerrados y un gruñido suave al tallarse el rostro con ambas manos.

El cuarto aún estaba en penumbra, iluminado apenas por los débiles rayos de sol que se colaban entre las persianas.

Parpadeó un par de veces antes de notar el detalle más predecible y molesto de su mañana.

—Ya no está… —murmuró al ver que el lado de la cama que ocupaba Jane estaba vacío, apenas arrugado como prueba de su existencia.

Rodó los ojos con resignación y se levantó.

Camino a la cocina, sus sospechas se confirmaron.

El refrigerador estaba abierto, la bolsa del pan colgaba de una esquina, y sus raciones de la noche anterior… habían desaparecido por completo.

—Otra vez… —dijo con un tono cansado y una mueca de fastidio—.

Debería dejarle una factura algún día.

Suspiró, resignado a prepararse algo simple mientras mascullaba quejas.

Luego se duchó, se vistió con su bata y ajustó el espacio para el trabajo del día, colocando cojines, libretas, algunas esencias suaves para relajar el ambiente…

y justo cuando estaba terminando de alinear sus apuntes, escuchó tres golpes firmes en la puerta.

Golpes rítmicos.

Disciplinados.

No eran los de un paciente cualquiera ni los de algún vecino entrometido.

Abrió la puerta… y ahí estaba ella.

Tsukishiro Yanagi.

Incluso vestida de manera más informal, irradiaba esa mezcla única de autoridad y calma bélica que solo los soldados endurecidos por la historia pueden portar.

Su abrigo del escuadrón 6 estaba parcialmente desabrochado, y aunque intentaba mantener una postura firme, su pierna izquierda delataba una leve rigidez.

En la muñeca llevaba vendaje fresco, pero lo que realmente llamó la atención de Tn fue el leve temblor en su brazo derecho.

—Tn.

—Saludó con un leve asentimiento—.

Perdón por venir sin cita previa.

—Te ves… ¿golpeada por un tren blindado?

—ironizó él suavemente, abriéndole paso—.

Pasa.

¿Qué te pasó esta vez, Yanagi?

—Fractura leve.

Nada grave —respondió, entrando al lugar con paso medido pero contenido.

Miró alrededor como si estuviera evaluando la seguridad del sitio, aunque era un gesto más automático que consciente.

Así era ella, incluso en reposo.

—¿Y la fractura también es leve según tu estándar de “me amputaron pero puedo aún dar patadas”?-Porque siempre los de seguridad publica eran demasiado idiotas para cuidarse.

La ultimas vez que reviso a Miyabi parecia de ezquisofrenia y Jane venia casi todos los dias por algo.

Ella sonrió apenas.

Un gesto fugaz.

—Culpa mía.

Subestimé el retroceso de un arnés de salto improvisado.

La operación salió bien.

Yo no tanto.

Tn suspiró y se cruzó de brazos.

—¿Quieres atención médica o solo vienes a asegurarte de que sigo respirando después de otra noche con Jane?

—Ambas.

—Yanagi se sentó con cuidado en uno de los cojines, conteniendo una leve mueca de dolor al mover su brazo herido—.

Aunque si tengo que escuchar una queja sobre que se llevó tu desayuno, puedo hacerme la sorda.

—No era “una queja”, el sueldo no cubre lo que ella come.

Y los recortes llegan cada vez peor.

—¿De verdad crees que alguien que ha matado a un líder rebelde y sobrevivido a un hackeo en realidad virtual no sería capaz de hacer desaparecer unas raciones?

—le devolvió ella con una ceja alzada.

Le divertia visitar al exentrico medico de seguridad publica.

—Toco mi punto más débil —gruñó él con una sonrisa forzada—.

A ver esa muñeca.

Y luego hablamos de cómo logras seguir siendo la única persona en esta ciudad que esta mas conciente de su entorno.

Qingyi no contaba, ella era un bioandroide.

Yanagi se quitó lentamente el guante que llevaba, dejando ver una inflamación visible en el área del carpo.

Mientras Tn se acercaba con su instrumental, la mujer observó en silencio cómo preparaba vendas, ungüentos y escáneres.

Sus ojos de soldado examinaban el entorno con esa tensión aún latente.

—¿Cuántos dormiste anoche?

—preguntó ella sin mirarlo.

—Casi cinco horas.

Un récord desde la última vez que Jane no se robó algo de mi.

—Debiste elegir una mejor compañía.

—Ella se eligió sola —contestó él con una sonrisa sarcástica, colocando suavemente su mano sobre la de Yanagi—.

Quédate quieta, esto puede doler un poco.

—Si duele, al menos sabré que todavía la siento —dijo con un suspiro contenido.

!!!Crack!!!

“Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa”.

Listo.

Hubo silencio entre los dos por unos momentos mientras Tn trabajaba.

Era una extraña calma la que se instalaba entre ambos: no una paz verdadera, sino una tregua tácita entre los dos.El hueso volvio a se colocado y vendado.

—Nunca te pregunté cómo fue…

aquella vez en Argos Hollow —dijo él finalmente—.

Escuché rumores, pero nunca de ti.

Yanagi cerró los ojos un momento.

Su mandíbula se tensó ligeramente antes de hablar.

—Fue… como estar atrapada en una mentira que sabía cómo matarte.

Y el mundo real parecía más frágil cada vez que despertábamos.La capitana Miyabi estuvo a punto de no lograrlo.

—Pero lo hizo.

—Y por eso estoy aquí.

—Abrió los ojos y lo miró de frente—.

Aunque cada vez me cuesta más no preguntarme si valió la pena…

este cuerpo cada vez me responde menos.

—Te responderá mientras aún tengas un propósito.

Yanagi bajó la mirada a su muñeca ya vendada, ahora firme y con los sensores calmando los nervios inflamados.

—Tal vez tú también deberías buscar uno nuevo, antes de que Jane te deje sin nada.

Yanagi suspiró mientras se acomodaba la chaqueta.

Le gustaba pasar tiempo en la clínica con Tn.

No era que lo necesitara…

pero algo en su forma tranquila de hablar, en esa mirada fatigada pero paciente, le ofrecía una sensación que pocas veces encontraba en la caótica estructura de Seguridad Pública: calma.

Sin embargo, al menor atisbo del nombre “Jane”, esa serenidad se quebraba como cristal bajo presión.

—Tsk…

esa rata suelta otra vez rondando por aquí —murmuró en voz baja, como si sus pensamientos le pesaran más de lo que admitía.

Se llevó la mano al brazo vendado.

El dolor era leve ahora, gracias a los cuidados de Tn, pero no era suficiente para sacarse la espina que sentía con solo imaginarla.

Esa actitud descarada, sensual, ese aire desafiante…

siempre jugando con los límites, incluso frente a los superiores.

¿Cómo demonios la aceptaron?

Se lo preguntaba cada vez que la veía caminar por los pasillos con esa sonrisaestupida, con esa cola serpenteando como si se burlara del reglamento.

‘Tal vez ofrecio algun servicio para entrar’.

No le sorprenderia teniendo en cuenta sus misiones y rumores que la mencionaban.

Dejó escapar otro suspiro y se puso de pie.

Tn, siempre profesional, le había dado unas pastillas antes de despedirse con su tono monótono y firme—Dos al día.

No lo olvides.

—Lo sé, lo sé…

—respondió Yanagi con una media sonrisa que escondía algo más que simple agradecimiento—.

Gracias, doc.

Salió de la clínica sin mirar atrás.

No tenía sentido insistir en quedarse.

Él no era para ella.

O eso se decía.

Mientras tanto, Tn se dejó caer en la silla, los codos sobre la mesa, mirando el reloj en la pared como si quisiera apresar el tiempo con la mirada.

Aún quedaban muchas horas de turno, muchos oficiales con heridas, golpes, estrés o simplemente la necesidad de hablar con alguien que no los juzgara.

Era parte de su trabajo…

y también de su carga.

-Necesito un aumento.

Lejos de ahí, mientras la mañana comenzaba a calentarse con los primeros rayos, Jane caminaba por las calles con las manos en los bolsillos de su chaqueta corta, dejando que el viento le revolviera el cabello.

Llevaba gafas oscuras aunque el sol apenas acariciaba el asfalto, y su paso era relajado…

hasta que algo invisible le hizo fruncir el ceño.

Un latido.

Una punzada.

Su cola se estremeció y se movió como un látigo inquieto, golpeando el aire con una sacudida sorda.

—¿Qué demonios fue eso…?

—murmuró.

El ritmo de su andar no se detuvo, pero sus pasos perdieron algo de esa ligereza descarada.

Caminó sin pensarlo, como si su cuerpo conociera el camino mejor que su mente.

Pasó junto a un grupo de Bangboo que recogían basura y ordenaban cajas en una esquina.

Uno de ellos la saludó con un pitido digital, pero ella ni lo notó.

Sus ojos, tras los cristales oscuros, se movieron hacia una tienda cuyo letrero rezaba.

Las orejas de Jane se movieron instintivamente.

Una vibración familiar, un ritmo de batería que no escuchaba desde hacía años.

—¿Siento que algo muy importante se me fue…?

—murmuró apenas audible, deteniéndose por una fracción de segundo.

Pero no entró.

No era momento de detenerse.

Siguió caminando.

Y mientras lo hacía, su mente volvió a la rutina…

o más bien, al plan.

El corte en su muslo ya estaba casi curado gracias al tratamiento rápido, pero una parte de ella extrañaba el contacto.

El silencio en esa clínica, el aroma de ramen barato, el modo en que Tn la observaba sin decir nada, con ese cansancio en la mirada que…

por alguna razón…

se le hacía adictivo.

La tentación se deslizó por su columna como un escalofrío dulce.

—Tal vez si me agarro a golpez con unos pandillero..

—murmuró, acariciándose la boca con un dedo—.

Nada grave, claro.

Solo un golpe…

convincente.

Rió por lo bajo, una risa seca y descarada, mientras llegaba al umbral de la Estación de Seguridad Pública.

Su mano empujó la puerta con fuerza.

Sin saber por qué…

se sentía molesta.

Y no entendía con quién.

¿Con quien?

¿Con que?

¿Consigo misma?

Quizá con todos.

Su cola volvió a moverse como si tuviera voluntad propia.

—Tsk…

qué fastidio —susurró, entrando.

Bien un pooc de lapiz labial y a trabajar.

La estación de Seguridad Pública mantenía su habitual aura de eficiencia fría, pantallas brillando con reportes en tiempo real, pasos resonando sobre el piso metálico, y agentes en uniforme revisando tablets con rostros cansados.

Jane cruzó las puertas automáticas y, como era costumbre, desplegó su particular estilo de entrada.

—Hola, cielo ~—saludó con un guiño provocador y una sonrisa ladeada mientras ponia dos de sus dedos al rededor de sus labios y sacaba un poco la lengua a la joven secretaria detrás del mostrador.

Su voz tenía un deje meloso, casi cantado, que erizaba la piel de quien no estaba acostumbrado a sus tendencias.

La chica, de cabello corto y gafas, claramente novata, se puso rígida al instante.

Los papeles que organizaba resbalaron entre sus dedos, y su voz tembló al responder.

—S-señorita Jane…

b-buenos días…hippp.

Jane se inclinó un poco hacia adelante, apoyando un codo sobre el mostrador mientras dejaba que su chaqueta corta se abriera un poco más, mostrando sin vergüenza parte del vendaje aún cubriendo su costado.

—¿Tienes el informe de mi última misión, cariño?

Y dime si hay algo nuevo que necesite mi toque especial.

Estoy…

descansada.

—Sonrió dejando ver ligeramente los colmillos, su tono casi burlón, pero también peligroso.

La secretaria tragó saliva y extendió una tableta con los reportes.

—Aquí tiene.

Y…

sí, ha llegado una misión nueva.

Algo… inusual.

Jane arqueó una ceja mientras tomaba la tablet y le daba un vistazo rápido.

El informe hablaba de “presencia anómala de múltiples hollows” cerca de unas antiguas ruinas a las afueras de la ciudad.

No parecía encajar con su perfil habitual.

—¿Hollows?

Eso suena más a trabajo de los perros de rastreo.

No soy una exterminadora de plagas.

¿Desde cuándo me mandan a limpiar ruinas como si fuera una novata?

—L-lo sé, señora.

Pero… debido a los ataques recientes en los distritos externos y a la búsqueda activa de los Phaethon, muchas unidades fueron redireccionadas.

No hay personal suficiente —explicó la secretaria, intentando mantener la compostura—.

Usted sigue siendo una de las agentes más experimentadas.

—Hmm…

qué conveniente —masculló Jane, girando la tablet en su mano con desinterés, pero sus ojos escarlatas no dejaban de brillar con un leve fulgor.

Algo no le olía bien.

¿Hollows en ruinas?

¿Sin testigos ni cobertura?

Sonaba demasiado solitario para su gusto.

La cola de Jane, larga y cubierta por un pelaje oscuro, se agitó tras ella con un leve tic nervioso, una reacción casi inconsciente a lo que sentía.

Le molestaba.

Todo.

El encargo.

El lugar.

Y quizás, solo quizás…

la imagen fugaz de alguein mas saliendo del consultorio de Tn le vino a la cabeza.

—¿Desde cuándo ese médico está tan solicitado?

—murmuró para sí misma.

—¿Dijo algo?

—preguntó la secretaria, parpadeando con nerviosismo.

—No, nada.

Solo pensando en voz alta.

—Jane estiró sus brazos, dejando que su chaqueta se deslizara un poco hacia atrás, revelando sus atributos y la sonrisa ladina que se dibujaba en su rostro—.

Supongo que haré una pequeña excursión entre escombros.

¿Ya sabes?

Tal vez encuentre algo más interesante que hollows….

Y sin esperar respuesta, Jane giró sobre sus botas, dejando a la secretaria en silencio, aún con el leve sonrojo en las mejillas.

Mientras caminaba hacia los vestidores para prepararse, la punzada en su pecho no se había ido.

Y su cola no dejaba de moverse.

.

.

Yanagi salió de la tienda de donas, el olor dulce y aceitoso impregnando la caja de cartón que llevaba con ambas manos.

El vapor aún se escapaba por pequeñas rendijas, y una sonrisa satisfecha adornaba su rostro.

Era una pequeña costumbre, una forma de mantener el ánimo de la Estación 6 en alto, sobre todo con la cantidad creciente de reportes y la fatiga que rondaba últimamente por las oficinas.

—A Soukaku seguro le gustan las de crema —murmuró para sí, apretando un poco el paso mientras esquivaba un bangboo que trotaba en sentido contrario con una escoba más grande que su cuerpo.

Al llegar a la estación, abrió con el hombro la puerta principal y saludó con una inclinación leve a los agentes que pasaban.

Dejó la caja sobre la mesa común, junto a la cafetera que chorreaba el típico y amargo café de la mañana.

—¡Donas frescas!

—anunció con voz más alta, lo justo para que sus compañeros la oyeran desde sus escritorios o donde estuvieran descansando.

Fue entonces que notó una escena curiosa: su capitana, Miyabi, de pie frente a la mesa, alzando los brazos como un niño intentando alcanzar un frasco de dulces sobre la repisa.

Sus ojos lilas se enfocaban intensamente en la caja, con una expresión seria que no concordaba con lo adorable que se veía estirándose de puntillas.

Yanagi apretó los labios, conteniendo la carcajada que se le venía.

La imagen era absurda… pero encantadora.

—Buenos días, capitana —dijo al fin, acercándose con pasos tranquilos y deliberadamente pausados.

Miyabi soltó un leve bufido sin perder la compostura.

—Yanagi…

mueve la caja.

No necesito tus comentarios.

—Ni los iba a hacer, capitana, sólo vi que necesitaba… un poco de asistencia —respondió con suavidad, inclinando la cabeza como si hablara con un cliente en una pastelería.

Con gesto tranquilo, empujó un poco la caja hacia el borde de la mesa.

Miyabi, sin mirarla directamente, tomó una dona de chocolate y se giró como si no hubiera pasado nada.

—Gracias —musitó bajo, aunque casi inaudible.

Yanagi sonrió mientras abría la tapa por completo y tomaba una de glaseado rosa.

—Nada que agradecer… aunque, si sigue creciendo la lista de misiones, vamos a necesitar una segunda caja mañana.

—Entonces tráela —dijo Miyabi sin girarse—.

Y que no falten de crema.

Yanagi alzó una ceja con una sonrisa.

—Entendido, capitana.

El ambiente se mantuvo cálido, algo que escaseaba últimamente entre tantas misiones fallidas y órdenes contradictorias.

La caja de donas, aunque sencilla, se volvía un pequeño santuario.

Un respiro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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