Waifu yandere(Collection) - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Yang Xiao Long part 2 rwby
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11: Yang Xiao Long part 2 (rwby) 11: Yang Xiao Long part 2 (rwby) Yang entró al baño, apoyándose en el lavabo mientras sacaba la bolsa de galletas.
Su mirada violeta reflejaba una mezcla de emoción y recelo.
“Si Tn las hizo… entonces deben ser perfectas”, murmuró, rompiendo un pedazo y llevándolo a su boca.
El dulzor se deshizo en su lengua, enviando una oleada de calor por su cuerpo.
Su corazón latió más rápido, y una sonrisa involuntaria apareció en su rostro.
Sin poder contenerse, tomó otra, y otra, hasta devorar la bolsa entera.
Respiró hondo, sintiendo mariposas en el estómago.
Nunca antes algo tan simple la había hecho sentir así.
Era casi adictivo.
Salió del baño con una expresión de satisfacción y se dirigió hacia su habitación, tomando la camisa de Tn entre sus brazos.
El aroma aún permanecía impregnado en la tela.
Se dejó caer en su cama, abrazándola con fuerza.
“Será una buena noche”, susurró antes de cerrar los ojos.
— Al día siguiente El sol matinal se filtraba por la ventana, iluminando la habitación de Yang.
Su cuerpo se movió entre las sábanas revueltas, notando la tela arrugada (humeda) y desordenada a su alrededor.
Frunció el ceño, murmurando entre sueños: — No quiero ir a clases… Un impacto repentino la sacó de su letargo.
Una almohada chocó contra su rostro, provocando que abriera los ojos de golpe.
— ¡Despierta ya, Yang!
—se quejó Weiss, cruzada de brazos—.
Tenemos que estudiar.
Yang gruñó y se hundió más en la cama, pero antes de poder ignorarlas, escuchó la voz de Blake.
— Tn irá a clases.
Los ojos de Yang se abrieron inmediatamente.
En un instante, se sentó en la cama, con el cabello alborotado y una sonrisa confiada.
— ¿Tn irá?
Blake asintió, hojeando un libro sin darle demasiada importancia.
Yang no tardó en saltar de la cama, ignorando por completo su agotamiento.
— ¡Entonces yo también iré!
Weiss la miró con sospecha.
— ¿No acabas de decir que no querías ir?
Yang sonrió, estirándose.
— Cambié de opinión.
Se puso de pie rápidamente, lista para alistarse.
Mientras lo hacía, sus pensamientos volvieron a la noche anterior, al sabor de las galletas y la extraña sensación que dejaron en su interior.
“Tn es increíble… más de lo que creía”, pensó con una sonrisa traviesa.
Esta iba a ser una clase interesante.
Yang se arregló con más esmero del habitual.
Se aseguró de que su cabello estuviera perfectamente peinado y su ropa bien acomodada.
Se miró al espejo una última vez antes de salir del cuarto con una sonrisa.
Cuando llegó al comedor de la academia, su mirada se dirigió de inmediato hacia donde Tn solía sentarse.
Allí estaba, rodeado de algunos compañeros.
Yang se abrió paso sin dudar, tomando asiento justo a su lado.
—¡Buenos días!
—dijo con una energía que resultó abrumadora.
Tn le devolvió una sonrisa, aunque había algo en la intensidad de su mirada que lo hacía sentirse ligeramente incómodo.
—Buenos días, Yang.
Yang apoyó el mentón en una mano, mirándolo fijamente.
—Dormí genial anoche —comentó de repente—.
Aunque creo que soñé contigo.
Tn parpadeó, sorprendido.
—¿Ah sí?
¿Y qué soñaste?
Yang sonrió, pero no respondió de inmediato.
En lugar de eso, se acercó un poco más, reduciendo la distancia entre ambos.
—No lo recuerdo del todo… pero sé que fue agradable Y se sintió agradable 77..
La conversación continuó, aunque Tn empezó a notar que Yang estaba demasiado cerca en todo momento.
Cada vez que intentaba moverse un poco, ella hacía lo mismo, como si inconscientemente se negara a dejar espacio entre ellos.
Conforme pasaron los días, Tn empezó a notar más cosas extrañas.
Yang aparecía en los lugares donde solía estar, incluso cuando no se lo mencionaba.
Siempre parecía saber exactamente dónde encontrarlo, y su cercanía se volvía cada vez más insistente.
Una tarde, mientras Tn se dirigía a la biblioteca, Yang lo interceptó en el pasillo.
—¿A dónde vas?
Tn sostuvo sus libros con más firmeza.
—A la biblioteca.
Tengo que estudiar para el examen.
Yang sonrió, pero había algo en su expresión que hizo que Tn sintiera un escalofrío.
—Entonces te acompaño.
—Yang, no creo que— —No aceptaré un no como respuesta —lo interrumpió, enlazando su brazo con el de él sin darle oportunidad de protestar.
Tn suspiró.
Sabía que Yang era persistente, pero esto estaba empezando a volverse demasiado.
Aun así, intentó no darle importancia.
Tal vez era solo su imaginación.
Lo que Tn no sabía era que, cada noche, Yang sostenía la camisa que aún conservaba su aroma y la abrazaba contra su pecho, sintiendo que así podía estar más cerca de él.
Cada vez que pensaba en él, su pecho se llenaba de una calidez que no podía explicar… y una necesidad creciente de tenerlo solo para ella.
Y esa necesidad solo parecía aumentar con cada día que pasaba.
Las clases de ciencias avanzaban lentamente.
Weiss repasaba concentrada sus notas, escribiendo con precisión cada concepto, mientras Ruby, con la cabeza apoyada en la mesa, golpeaba la superficie repetidamente con la frente.
—No entiendo nada… —murmuró con frustración.
Weiss ni siquiera le dirigió una mirada, completamente absorta en sus estudios.
A diferencia de ellas, Yang no prestaba atención a la clase en absoluto.
Sus ojos estaban fijos en Tn, observando cada uno de sus movimientos.
La forma en que su cabello caía sobre su rostro cuando escribía, la manera en que sus dedos se movían con precisión al tomar apuntes… todo en él le resultaba fascinante.
Con una sonrisa descarada, sacó su pergamino y, sin dudarlo, comenzó a tomar fotos.
Capturó la imagen de Tn desde distintos ángulos: concentrado en sus notas, apoyando la barbilla en su mano, incluso cuando alzó la vista momentáneamente sin darse cuenta de que era observado.
Yang revisó las fotos y su sonrisa se amplió.
Eran perfectas.
“Esto es solo para mí”, pensó, guardando con cuidado su pergamino.
Aunque apretó sus muslos al pensar en su uso personal.
Cuando la clase terminó, Yang sintió que era su oportunidad de acercarse a Tn.
Se apresuró para alcanzarlo antes de que saliera del aula.
—¡Oye, Tn!
¿Qué te parece si entrenamos juntos un rato?
—preguntó con un tono casual, aunque en su interior sentía una ansiedad creciente.
Sin embargo, su sonrisa se congeló en cuanto vio que Tn no estaba solo.
A unos metros de distancia, Velvet le sonreía mientras le entregaba una pequeña bolsa con golosinas.
Tn la aceptó con una sonrisa amable, agradeciéndole el gesto.
Yang se quedó inmóvil.
Algo en su interior se torció.
Su cuerpo entero se tensó, sintió un calor abrasador recorrer su espalda y sus manos se cerraron en puños.
Sus ojos brillaron con un tono rojizo por un breve instante antes de que lograra controlarse.
Respira, Yang.
No hagas una escena.
No podía permitir que Tn la viera así.
No aún.
No podía arriesgarse a que él sintiera miedo o sospechara algo.
Fingiendo calma, Yang aflojó los puños y forzó una sonrisa.
Pero por dentro, su mente era un caos.
“¿Por qué le está dando algo?
¿Qué significa esto?
¿Desde cuándo se llevan tan bien?” Observó cada gesto de Velvet, cada mirada que intercambiaban.
Le molestaba, la quemaba por dentro ver que alguien más se atrevía a acercarse a Tn de esa manera.
Pero aún no era el momento de actuar.
Con su autocontrol al límite, Yang se giró y se alejó lentamente, aunque cada fibra de su ser le gritaba que fuera allí y apartara a Velvet de su camino.
Más tarde, esa noche, Yang se encontraba sola en su habitación.
Sostenía su pergamino, repasando una y otra vez las fotos de Tn que había tomado en clase.
Su pulgar se deslizó por la pantalla, deteniéndose en una imagen donde él sonreía suavemente.
—Esa sonrisa… —susurró, sintiendo su corazón acelerarse.
Pero entonces recordó la escena de la tarde.
Recordó la expresión de Tn cuando aceptó la bolsa de golosinas de Velvet.
Su mandíbula se tensó.
Con un movimiento brusco, se levantó de la cama y se acercó a su armario.
En el interior, entre su ropa, había algo cuidadosamente guardado: la camisa de Tn que había tomado hace unos días.
La sostuvo contra su rostro, aspirando su aroma con necesidad.
—Tú eres mío… —murmuró con una sonrisa oscura—.
No dejaré que nadie se interponga.
Su mente comenzó a trabajar.
Tenía que hacer algo con Velvet.
Pero debía ser sutil.
No podía arriesgarse a que Tn la viera como alguien peligrosa.
No todavía.
Sonrió para sí misma, acariciando la tela de la camisa con un aire casi reverencial.
Velvet no tenía idea en el problema en el que se había metido.
Y Yang se aseguraría de que lo entendiera muy bien Yang estaba sumida en un profundo sueño.
Un sueño hermoso.
Se encontraba en un hogar cálido y acogedor.
Podía escuchar el crepitar del fuego en la chimenea mientras la brisa entraba por la ventana.
La luz del atardecer bañaba la habitación con tonos dorados y anaranjados.
En el centro de esa escena perfecta estaba Tn.
Yang lo veía sonreír, sentado en el sofá, con una expresión de paz.
Ella estaba a su lado, con su cabeza apoyada en su hombro, sintiendo el calor de su cuerpo.
Sus manos entrelazadas, sus respiraciones acompasadas.
—Eres feliz, ¿verdad?
—susurró Yang, mirando a Tn con adoración.
—Por supuesto que sí —respondió él, mirándola con dulzura—.
Estoy contigo.
Su corazón latió con fuerza, sintiendo que este era el momento perfecto.
Un mundo donde solo existían ellos dos.
Pero entonces, todo comenzó a cambiar.
La calidez se desvaneció, la luz del atardecer se volvió fría y gris.
Tn se levantó del sofá, soltando su mano.
Yang frunció el ceño.
—¿A dónde vas?
No obtuvo respuesta.
En su lugar, vio una figura acercarse.
Su cuerpo se tensó cuando reconoció a Ruby.
Ruby abrazó a Tn, riendo, mientras él la miraba con cariño.
Compartían miradas cómplices, como si ella fuera lo más importante en su vida.
Yang sintió su pecho arder.
—No… no, no, no.
Esto no es real —murmuró, dando un paso adelante.
Pero, de repente, la escena cambió de nuevo.
Ruby desapareció y en su lugar apareció Weiss.
Ahora era Weiss quien tomaba la mano de Tn, mirándolo con esa expresión reservada pero llena de significado.
Él le sonreía de vuelta, como si ella fuera la única persona en el mundo.
Yang sintió que le faltaba el aire.
—No… tú no… Y entonces, la peor imagen apareció ante sus ojos.
Raven, su propia madre, estaba de pie junto a Tn.
Él la miraba con admiración, sosteniéndola con confianza.
Se veían perfectos juntos, como si fueran almas gemelas destinadas a estar unidas.
El mundo de Yang se quebró.
No podía gritar.
No podía moverse.
Solo podía ver cómo cada una de esas mujeres se llevaba a Tn lejos de ella.
“Esto no es real… Esto no es real…” ¡BAM!
Yang despertó de golpe, su respiración entrecortada y su cuerpo cubierto de sudor frío.
Sus ojos se abrieron con desesperación mientras se incorporaba en su cama, jadeando.
Su corazón latía frenéticamente contra su pecho.
Giró la cabeza y vio la camisa que había estado abrazando toda la noche.
Sin pensarlo, la tomó entre sus manos temblorosas y la apretó contra su rostro.
—Tienes que estar conmigo… —susurró, con la voz rota—.
Solo conmigo.
Pequeños sollozos escaparon de sus labios.
La imagen de Tn con las demás seguía ardiendo en su mente.
“No lo permitiré… No puedo permitirlo.” Apretó la camisa con más fuerza, hundiendo su rostro en ella, buscando su aroma para calmarse.
Solo había una solución.
Tenía que asegurarse de que Tn entendiera que no necesitaba a nadie más.
Solo a ella La luna brillaba débilmente sobre el campus de Beacon, arrojando sombras largas y distorsionadas en los pasillos silenciosos.
Yang se movía con sigilo, deslizándose fuera de su habitación con una precisión inquietante.
Sus compañeras de equipo dormían profundamente, ajenas a su partida.
Su corazón latía con una mezcla de emoción y ansiedad.
Esta noche, se aseguraría de que Tn entendiera lo que ella ya sabía con certeza: él le pertenecía.
Sus pasos eran ligeros mientras recorría los pasillos, memorizando cada giro hasta que se encontró frente a su destino.
Pero justo cuando estaba a punto de acercarse, su cuerpo se congeló.
A unos metros de la puerta de Tn, alguien más estaba allí.
Pyrrha Nikos.
Yang entrecerró los ojos, su cuerpo ardiendo con una oleada de frustración.
¿Qué hacía ella aquí a estas horas?
Pyrrha estaba de pie fuera de la habitación de Tn, con una expresión extraña en su rostro.
Se mordía el labio, sus dedos jugueteaban con el dobladillo de su falda, y sus ojos se fijaban en la puerta con indecisión.
Yang apretó los puños.
Su respiración se volvió pesada mientras la observaba con atención.
Pyrrha parecía nerviosa, moviendo su peso de un pie a otro, como si estuviera debatiéndose entre entrar o marcharse.
Entonces, como si sintiera que alguien la estaba observando, Pyrrha levantó la cabeza de repente.
Sus ojos se encontraron con los de Yang.
La campeona de Mistral palideció.
Sus labios se separaron como si fuera a decir algo, pero al ver la intensidad en la mirada violeta de Yang, su rostro se crispó de nerviosismo.
Sin decir una palabra, se giró y salió corriendo en la dirección opuesta.
Yang no se movió de inmediato.
Su mirada seguía fija en el punto donde Pyrrha había estado de pie.
“¿Por qué estaba aquí?
¿Qué quería de Tn?” Un fuego frío se encendió en su pecho.
¿Cuántas más?
¿Cuántas más estaban intentando acercarse a él cuando ella no estaba mirando?
Se acercó lentamente a la puerta de Tn, pasando los dedos por la madera como si pudiera sentir su presencia al otro lado.
“No importa cuántas lo intenten.” Sus labios se curvaron en una sonrisa pequeña pero peligrosa.
“Él es mío.” Con esa certeza, se giró y desapareció en la oscuridad.
Pero su determinación solo se había vuelto más fuerte.
Ahora más que nunca, tenía que asegurarse de que Tn no mirara a nadie más.
Nadie excepto ella.
(y no, no pondre suculencia porque como dije solo quería yanderes pero como mi método será capítulos para darles desarrollo.
Ejemplo Nitocris ya empezó a mostrar mas dependencia de tn, osea que para el capitulo dos tendremos un avance en su emoción y obsesión.
Esto lo hago porque ya es aburrido ver lo mismo waifu loca yandere que secuestra, abusa y tiene hijas con el prota y fin……..Eso ya cansa asi que pense en este metodo darles sentimientos alocados poco a poco.) Y el que quiera meter fetiche yo que sé patas o muslos, six pack dejen su opinion y vere que sale.
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