Waifu yandere(Collection) - Capítulo 111
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111: Yi Xuan part 2 (zzz) 111: Yi Xuan part 2 (zzz) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
No hay poema……ni siquiera lo notarian.
_________________________________________________________- Yixuan salió de la habitación con paso tranquilo, cruzando los corredores del templo envuelta en el murmullo del viento que anunciaba una posible lluvia.
El cielo, gris y denso, parecía inclinarse lentamente sobre las tejas antiguas.
A su alrededor, los estudiantes iban y venían con sus deberes: algunos transportaban recipientes con hierbas, otros repasaban escrituras sagradas, y unos pocos se inclinaban en posturas de entrenamiento meditativo.
El mundo parecía en calma.
Pero dentro de ella, no era tan simple.
Yixuan se detuvo bajo un árbol de duraznos.
Las flores, aunque fuera de temporada, se mantenían extrañamente frescas por el cuidado espiritual del templo.
Alzó la mirada hacia el cielo, dejando que el viento acariciara su cabello.
—Hermana… —susurró en voz baja, cerrando los ojos—.
Siempre fuiste tú la que cuidaba de mí… y ahora me han confiado otro alma.
¿Podré hacer lo mismo que tú hiciste por mí?
Suspiró.
Sus pensamientos se agitaban como el viento en su interior.
La llegada de este nuevo alumno traía una inquietud que no lograba nombrar del todo.
No era miedo… pero sí duda.
¿Y si fallaba?
Muy lejos de allí, en otra parte del templo, Belle ya le contaba a Wise sobre el recién llegado.
Sentada sobre un cojín mullido, movía sus piernas con entusiasmo mientras sostenía un cuenco de frutas.
En ese mismo instante, varias horas después de su llegada al templo, el nuevo huésped despertó.
Tn abrió los ojos de golpe.
El techo era extraño, de madera oscura y vigas antiguas.
Oía cantos suaves a lo lejos, incienso, voces, campanas.
Su cuerpo estaba cubierto por un manto blanco.
El entorno no le decía nada.
Se incorporó bruscamente, su respiración acelerada.
El miedo instintivo golpeó su pecho.
Miró alrededor, como un animal acorralado.
Algo dentro de él gritaba que escapara.
—¿Dónde…?
—murmuró, jadeando.
Una de las sacerdotisas que lo vigilaba se acercó con calma.
—Por favor, calma tu respiración.
Estás a salvo, joven.
Este es el Templo de Yunkui, estás entre amigos.
—¡No me toques!
—exclamó Tn, retrocediendo bruscamente mientras extendía su brazo—.
¡No sé quiénes son ustedes!
Sin esperar más, dio un salto hacia atrás, rompiendo el equilibrio del futón, y antes de que otra sacerdotisa pudiera reaccionar, ya se impulsaba hacia una de las ventanas abiertas.
Pasó entre los marcos de madera con agilidad felina, y aterrizó malamente en el suelo del jardín, pero no se detuvo.
Corrió.
El lugar era amplio, pero extraño.
Demasiadas columnas, demasiadas puertas parecidas, demasiadas presencias que no lograba ubicar.
Pronto, tres estudiantes lo interceptaron en un corredor lateral.
Uno de ellos levantó la mano con calma.
—¡Detente!
Nadie quiere hacerte daño.
Tn no los escuchó.
Su mirada pasó de uno a otro, midiendo distancias, buscando objetos.
Entonces lo vio: una estatua de jade, justo detrás del grupo.
Susurró una palabra que casi se perdió en el viento.
—Trick Star…
Y en un instante, cambió de lugar con la estatua.
El vacío dejó a los tres estudiantes confundidos por un segundo… pero solo uno.
Porque en el momento en que Tn reapareció más adelante, desequilibrado y con una herida en el costado ardiendo, alguien ya lo esperaba.
Una figura se alzó al borde del jardín.
No venía con prisa, ni con furia.
Era Yixuan.
Descendió del techo como mirandolo con detenimiento, sus pies tocando el suelo con la gracia del agua cayendo de una hoja.
El viento se detuvo.
Tn, jadeante, apenas podía sostenerse.
Se volvió hacia ella, la respiración agitada, los músculos tensos como cuerdas.
Yixuan lo miró con una calma inquebrantable.
—No tienes que correr —dijo con voz baja, serena, como si hablara al espíritu del bosque—.
No hay enemigos aquí.
No hay peligro.
Tn no respondió.
Dio un paso atrás, con los ojos aún llenos de fuego y confusión.
—¿Quién eres?
¿Dónde me trajeron?
—Mi nombre es Yixuan —contestó ella—.
Este es un templo.
No somos tus carceleros.
Eres libre de marcharte… si así lo deseas.
Su tono no tenía amenazas.
Pero algo en su presencia hacía temblar incluso el deseo de escapar.
Tn tragó saliva.
No sabía si confiar… pero por primera vez desde que despertó, no dio otro paso atrás.
El cielo, entonces, dejó caer una única gota de lluvia.
La lluvia comenzó a caer suavemente, como si el cielo, en un gesto compasivo, intentara calmar el aire cargado de tensión.
Las primeras gotas golpeaban los tejados, las hojas de los árboles y las piedras del templo con un ritmo tenue, casi meditativo.
Tn se encontraba contra la baranda de un pasillo lateral, respirando con fuerza, empapado, el corazón latiéndole como un tambor en el pecho.
Aún no comprendía dónde estaba, pero entendía lo esencial: estaba rodeado.
No era un prisionero, pero tampoco libre.
Delante de él, los estudiantes que lo habían interceptado no mostraban intenciones de atacarlo.
Permanecían quietos, como si esperaran una señal.
Un sonido nuevo rompió el silencio: pasos lentos y constantes.
Yixuan apareció, caminando por los escalones de piedra sin apresurarse, su figura elegante mojada por la lluvia, pero sin un atisbo de incomodidad.
La lluvia caía por sus hombros, goteando lentamente.
Tn tensó sus piernas.
Podía cambiar de posición con cualquier cosa cercana si lo necesitaba.
Ya lo había hecho antes.
Pero algo en los ojos de esa mujer… algo lo detuvo.
—No quiero hacerte daño —dijo Yixuan con voz tranquila, su mirada serena—.
No tienes por qué huir.
—No me conoces —espetó Tn, con el ceño fruncido y el cuerpo en guardia—.
No confíes en mí.
Yixuan sonrió, pero no fue una sonrisa arrogante.
Fue una mezcla de tristeza y comprensión.
—¿Y tú confías en ti mismo?
El chico vaciló.
Las gotas resbalaban por su mejilla.
Esa pregunta… no se la esperaba.
—Si hubiera querido atraparte o sellarte, ya lo habría hecho —continuó ella, deteniéndose a tres pasos de distancia—.
Pero no lo hice.
Porque veo en tus ojos algo familiar.
—¿Qué cosa?
—preguntó Tn en un tono bajo, casi gruñido.
—Dolor —respondió Yixuan sin dudar—.
Y soledad.
No son enemigos, ni una buena compania.
Tn apretó los dientes.
Las palabras le golpearon más fuerte que cualquier blasfemia o puñetazo.
Bajó la mirada unos segundos.
No quería… no podía dejarse llevar.
Pero tampoco podía ignorarlo.
—Si de verdad quisiera hacerme daño… ya lo habrías hecho —dijo él finalmente, más para sí mismo que para ella.Era obvio, no podria contra ella y menos aun estando asi.
—Exactamente —susurró la sacerdotisa—.
Estoy aquí porque quiero ayudarte.
No como tu carcelera… sino como tu refugio.
La lluvia arreció un poco más.
Yixuan no se movió.
Tn, lentamente, dejó de retroceder, aunque no bajó la guardia por completo.
El aire olía a tierra mojada y hojas recién caídas.
En ese rincón del mundo, entre lluvia y silencio, algo sutil se tejía entre los dos.
Un puente invisible, frágil, pero real.
—¿Puedo acercarme?
—preguntó ella con voz baja.
Tn dudó.
Pero luego asintió, una vez, con lentitud.
Yixuan dio un solo paso más, con manos abiertas y la misma mirada que no juzgaba.
Solo observaba… y entendía.
La lluvia caía con serenidad mientras Yixuan, mojada pero impasible, guiaba al chico con delicadeza.
Su mano, más pequeña de lo que parecía, temblaba levemente al tocar la de Tn.
Él no protestó, aunque bajó la mirada como si le costara aceptar el gesto.
Tal vez porque nadie lo había tomado de la mano en mucho tiempo.
Tal vez porque le sorprendía que alguien como ella se atreviera a hacerlo sin miedo.
‘Pateala en la entrepierna o cuello, unos segundos para poder correr’.
Ese fue un pensamiento que habria aplicado si su instinto de peligro se lo haya dicho.
El interior del templo Yunkui estaba tenuemente iluminado con faroles de aceite.
Las sacerdotisas les ofrecieron toallas suaves, y Yixuan no dijo nada cuando vio al chico intentar secarse con torpeza.
No hacía falta corregirlo.
No todavía.
—Siéntate un momento —le dijo con suavidad, señalando una de las esteras frente al pequeño altar.
Tn se dejó caer como un gato mojado, sin reverencia ni protocolo, con las piernas cruzadas y los ojos escudriñando el lugar como si alguien fuera a atacarlo en cualquier momento.
Un fuerte rugido escapó de su estómago, cortando el silencio.
Las sacerdotisas contuvieron una sonrisa, pero Yixuan sólo ladeó la cabeza, tranquila.
—¿Tienes hambre?
—preguntó con tono neutro, como si fuera algo natural.
Tn desvió la mirada, ligeramente ruborizado, pero no por pudor, sino por orgullo herido.
—Un poco —murmuró con voz ronca.-Maldita sea….
Murmuro eso ultimo mas para el mismo.
Yixuan alzó apenas una ceja.
No por lo que dijo… sino por cómo lo dijo.
No había ni un gramo de cortesía en su tono.
Las palabras salieron secas, casi despectivas, como si pedir comida fuera una derrota para él.
—Entiendo —susurró más para sí que para él, bajando la mirada.
Su mente repasó lo evidente: sucio, descalzo, sin modales ni dirección.
Un niño sin techo.
Un sobreviviente.
Su primer instinto fue corregirlo.
“Se dice ‘por favor'”, quiso decirle.
Quiso hablar como una maestra, una figura de autoridad.
Pero se detuvo.
¿Qué derecho tenía a imponerle reglas a alguien que no había tenido una casa?
—…En la cocina deben tener algo caliente —añadió simplemente—.
No necesitas pedírmelo bien.
Sólo ven.
Tn no respondió.
No dio las gracias.
Pero se levantó.
Porque el hambre era más fuerte que el orgullo.
Yixuan lo guio sin más palabras.
Pero en su interior, algo se removía.
Aquel chico no era sólo un nuevo alumno.
Era una prueba.
No de su paciencia… sino de su compasión.
Y mientras caminaban, aún húmedos por la lluvia, ella se preguntaba en silencio si realmente podría estar a la altura.
.
.
La llegada al comedor del templo Yunkui fue como un milagro para Tn.
Había pasado tanto tiempo con el estómago vacío que, al ver la larga mesa repleta de platillos humeantes y fragantes, sus ojos se iluminaron como si estuvieran ante un tesoro sagrado.
No esperó a que nadie dijera nada.
Ni plegarias, ni agradecimientos, ni permisos.
—¡Haaa!
—exhaló con alivio apenas tomó asiento, y acto seguido comenzó a devorar todo lo que sus manos podían alcanzar.
Primero fueron los onigiris, luego un par de gyozas, y después se lanzó al tonkatsu crujiente.
Era como ver a un pequeño huracán arrasar con un banquete.
Su mano izquierda sujetaba un bol de ramen mientras la derecha atrapaba un takoyaki ardiente, sin que importara que su lengua posiblemente se quemara.
Las sacerdotisas a su alrededor lo observaban con una mezcla de horror y asombro.
Yixuan, en cambio, permaneció en silencio, cruzada de brazos, contemplando con cierta ternura la escena.
Sus labios se curvaron levemente, una risa baja escapó de ella, casi imperceptible.
—Hermana…
—murmuró, como si su mente la arrastrara a otra época—.
¿Recuerdas cuando hicimos lo mismo?
El maestro casi nos golpea con el bastón.
El recuerdo era cálido, aunque empañado por la nostalgia.
Dos niñas sucias, hambrientas, y un anciano severo con corazón compasivo.
Había pasado mucho desde entonces, pero ver a Tn comer así removía algo dentro de su pecho.
Algo que había mantenido enterrado.
Tn ni se dio cuenta de las miradas.
Solo cuando acabó un bol de curry y soltó un suspiro satisfecho se dio tiempo para mirar a Yixuan.
—¿Por qué me miras así?
—preguntó directo, sin rodeos.Mujer molesta queria que dejara de verlo como un animal raro.
Yixuan arqueó una ceja, sorprendida por la franqueza, pero no ofendida.
—Porque pareces un pequeño zorro hambriento —respondió, con un tono calmado.
—No soy un zorro.
Soy…
—se detuvo un momento, como si intentara recordarlo—.
Bueno…
solo tengo hambre, ¿vale?
—Lo veo.
—Yixuan se sentó a su lado con gracia, tomando una pequeña porción de soba en su plato—.
Pero aquí no necesitas pelear por la comida.
Aquí estás a salvo.
Puedes comer con calma.
Tn frunció el ceño, desconfiado.
—¿Por qué me dices eso?
Ni siquiera me conoces.
—Quizás no.
Pero no es necesario conocer el pasado de alguien para ofrecerle un techo y comida caliente.
—Lo miró con serenidad, como si nada pudiera alterar su temple—.
Tú solo…
siéntate.
Come.
Y cuando estés listo, hablamos.
Tn bajó un poco la cabeza.
No sabía si esas palabras lo reconfortaban o lo incomodaban.
El silencio se volvió momentáneamente incómodo, hasta que su estómago gruñó por segunda vez.
Avergonzado, murmuró:.
—…Gracias.
Yixuan asintió suavemente, sin perder su compostura.
—De nada.
Aunque después de eso…
vas a ayudarme a limpiar los platos.
No creas que es gratis.
Tn la miró con horror.
—¿¡Qué!?
¿También tengo que trabajar?
Yixuan sonrió, como una maestra paciente ante un alumno rebelde.
—Así aprendes modales…
y a ganarte lo que comes.
Bienvenido al templo Yunkui, pequeño gorrion de estómago vacío.
Tn renegó un poco en voz baja, pero tomó los platos junto a Yixuan y se dirigieron a lavarlos.
Unos minutos después, ya habían terminado de dejarlos limpios, las mangas de ambos algo húmedas y con espuma en los dedos.
—Supongo que ya debería irme…
—murmuró el chico, sin mirar a la sacerdotisa.
Yixuan lo observó en silencio por un momento antes de responder con una leve sonrisa—Podrías quedarte aquí, en el Templo Yunkui.
Aceptar nuevos…
apéndices no es raro para nosotros —comentó con suavidad, usando esa palabra con intención afectuosa, como si fuese una extensión natural del lugar.
Tn la miró con expresión neutral, pero sus ojos denotaban una batalla interna.
Si se iba, tendría que volver a los barrios marginales de Eridu, al frío, a la oscuridad, al hambre…
a los gritos.
Suspiró largamente, cerrando los ojos un instante.
—…Supongo que…
no sería tan mala idea quedarme —dijo al fin, bajando la mirada.
Yixuan se alegró un poco, aunque mantuvo la compostura.
Asintió y lo guió por uno de los pasillos de piedra, cruzando una puerta de papel de arroz.
Allí había una habitación disponible: sencilla, pero ordenada.
—Aquí puedes quedarte —dijo ella con suavidad—.
Si necesitas algo, solo llama.
Tn asintió en silencio y entró.
La habitación tenía una cama baja con futón, una lámpara de aceite, una repisa con incienso apagado y una pequeña figura de Buda en lo alto.
Todo estaba limpio y cálido, pero… ajeno.
Cerró la puerta, se acercó a la cama y se sentó en ella.
El colchón se hundió apenas bajo su peso.
Se recostó con cuidado, pero al sentir lo suave del futón, su cuerpo se tensó.
No estaba acostumbrado a tanta comodidad.
Sentía que si se dormía ahí, bajaría la guardia…
y eso era peligroso.
Se quedó mirando el techo de madera por unos segundos más, hasta que finalmente se levantó y estiró el futón con cuidado hacia un rincón.
Luego, se tendió sobre el suelo de madera, cruzando los brazos tras la cabeza.
—Así está mejor…
—murmuró para sí mismo.
Allí, envuelto en silencio y apenas iluminado por la luz cálida de la lámpara, cerró los ojos lentamente.
No dormía aún, pero por primera vez en mucho tiempo…
no temía quedarse dormido.
.
.
La lluvia seguía resonando suavemente contra los techos del templo Yunkui, como un susurro persistente que envolvía todo en una calma melancólica.
A lo lejos, el sonido de los monjes entrenando se había extinguido, y ahora solo quedaban los ecos apagados de la noche y el murmullo del viento entre los árboles de bambú.
Yixuan avanzó por el pasillo de madera con pasos silenciosos.
Su cabello aún algo húmedo por la lluvia pegaba a su cuello, pero no le prestó atención.
Tenía la mente nublada, llena de pensamientos.
Aquel chico…
Tn… era diferente.
No en un mal sentido, pero tampoco en uno claro.
Su actitud, su mirada llena de una mezcla entre cansancio y sospecha… Le recordaba vagamente a sí misma, en los días antes de encontrar refugio en aquel lugar sagrado.
“Solo le dare algo de tiempo para costumbrarse”.Murmuro notando su habitacion.
Empujó suavemente la puerta corrediza de su habitación, dejándose caer sobre el tatami con un suspiro pesado.
Iba a desatarse el cabello cuando un golpeteo rápido la alertó.
La puerta se deslizó a un lado y Belle irrumpió como un torbellino de energía, con los ojos iluminados por una mezcla de emoción y curiosidad.
—¡Chifu!
¡chifuuuuu!
—exclamó corriendo hasta su lado—.
¿Dónde está el nuevo chico?
¿Va a quedarse?
¿Puedo hablarle mañana?
¿Crees que juegue shōgi o le guste el mochi?
Yixuan alzó una ceja, divertida por el entusiasmo de su joven alumna.
—Está descansando —respondió con voz tranquila—.
Ha tenido un día largo, Belle.
También para ti es hora de calmarte un poco.
—Pero es que… ¡por fin alguien de mi edad!
—insistió Belle, casi lanzándose a su lado con una sonrisa radiante—.
Todos los demás son tan…
tan serios.
¡Solo quieren entrenar y meditar!
¡Y ni siquiera me dejan jugar con ellos!
Yixuan soltó una pequeña risa y acarició la cabeza de Belle con ternura, sus dedos deslizándose por su cabello.
—Eres demasiado imperactiva, Belle… pero uno necesario, supongo.
El templo sería muy aburrido sin ti.
—¡Eso lo sé!
—replicó orgullosa, hinchando un poco las mejillas antes de acurrucarse cerca—.
Aunque… creo que mi hermano no está muy contento con el nuevo chico.
Yixuan cerró los ojos por un segundo, dejando que la calma del momento se asentara.
—Wise… —susurró, abriendo de nuevo los ojos y mirando al techo—.
Puede que no le agrade la idea de compartir su lugar.
O quizás… simplemente no se siente cómodo con otro chico nuevo en el templo.
—¿Celoso?
—preguntó Belle con picardía.
—No creo que sea celos —respondió Yixuan con suavidad—.
A veces… los cambios nos hacen sentir inseguros.
Pero eso no significa que sean malos.
Solo… que tenemos que adaptarnos.
Belle asintió, mordiéndose el labio inferior.
Luego, miró a Yixuan con una mirada algo más seria.
—¿Tú crees que el chico esté triste?
—Sí —respondió sin dudar—.
Aunque no lo diga.
Me sorprende que te percataras.
El silencio llenó la habitación durante unos segundos.
Belle se acurrucó más junto a su maestra, cerrando lentamente los ojos.
—Entonces… le daré mochi mañana.
El dulce ayuda….
Yixuan sonrió, sin decir nada más.
Afuera, la lluvia continuaba cayendo, como si lavara los pecados del mundo en silencio.
-Belle creo que deberias ir a tu…….
*Roncar*.
Yixuan dejó escapar un suspiro resignado mientras miraba a Belle, ya completamente dormida a su lado, con el rostro plácido pegado contra su brazo.
Aquel torbellino de energía se había apagado tan rápido como llegó, dejando tras de sí una sensación cálida… y un poco de agotamiento.
—Mocosa impredecible… —murmuró Yixuan en voz baja, esbozando una sonrisa cansada.
Con cuidado, se movió para no despertarla, se deshizo de su vestimenta exterior y se colocó una yukata liviana, luego apagó la lámpara de aceite.
El leve resplandor de la luna filtrado por las cortinas envolvía la habitación en una penumbra tranquila.
Se recostó junto a Belle, sintiendo la respiración tranquila de la niña, y cerró los ojos finalmente.
Mientras tanto, en otra parte del templo, Tn seguía despierto.
Tendido sobre el suelo, con el futón intacto a un lado, el chico observaba el techo de madera con expresión vacía.
El calor del lugar se sentía extraño, incómodo.
Como si fuera algo robado.
Pero no podía negar que había dormido mejor que en cualquier otro rincón de Eridu.
Sus pensamientos giraban como hojas atrapadas en un remolino.
“Trick Star…” pensó.
Aquel poder lo había salvado más de una vez, pero últimamente sentía que algo estaba cambiando.
Bajo presión, bajo miedo real, la habilidad se activaba con más precisión… y más fuerza.
Sin embargo, el costo era evidente: un dolor punzante detrás de sus ojos, una sensación de vértigo, de sangrado que nunca llegaba a manifestarse.
“¿Ese fue su límite… o apenas el comienzo?”No tenía respuesta.
Pero por ahora, necesitaba descansar.
Cerró los ojos, dejando que el peso de la noche lo empujara lentamente al sueño.
No soñó con nada agradable… pero al menos, esa vez, no despertó sobresaltado.
Cuando los primeros rayos del sol cruzaron las ventanas de papel, Tn abrió los ojos con lentitud.
La luz dorada iluminaba la habitación con suavidad.
Parpadeó un par de veces, sintiéndose algo mareado… hasta que notó algo extraño.
Unos ojos azules muy grandes lo estaban observando de cerca.
Inquietantemente cerca.
—…¿Qué carajos…?
Quiso moverse, pero en cuanto bajó la mirada, notó otro detalle: había peso sobre su pecho, sus piernas y hasta su costado.
Como si un cuerpo entero estuviera encima de él.
—¡¿QUÉ…?!
—jadeó con sorpresa, tensando los músculos.
Sobre él, una chica de cabello azul corto, con puntas ligeramente anaranjadas, lo miraba con la cabeza ladeada como si examinara un animal curioso.
—¡Hola!
—dijo con voz clara y aguda—.
¡Tú debes ser el nuevo chico!
¿Tú duermes en el suelo?
Qué raro.
Yo me llamo Belle.
¿Y tú?
Tn parpadeó, aún aturdido.
La chica no solo lo había despertado invadiendo todo su espacio personal, sino que además hablaba como si fuera completamente normal treparse encima de alguien.
—…¿Qué demonios estás haciendo encima de mí?
—gruñó él, sin moverse demasiado por temor a hacer algo indebido.
—¡Estoy dándote los buenos días!
—respondió Belle, animada—.
Y también estaba viendo si dormías comodo.
¡Y sí!
¡Sí lo haces!
Aunque porque esta parte esta dura.
oh diablos……….
Tn dejó caer la cabeza contra el suelo otra vez, cubriéndose los ojos con el brazo.
—Esto va a ser una pesadilla… ¿verdad?
Belle sonrió más ampliamente, sin bajarse.
—¡No, tonto!
Es solo el primer día.
¡Y va a ser muy divertido!
Tn empujó a Belle lejos de él mientras se levantaba.
La chica se talló la cabeza por el golpe y murmuró con molestia—Eres muy amargado….
Tn la miró sin entenderla del todo.
Sus palabras eran simples, pero su tono… ¿molesto?
¿burlón?
¿juguetón?
No podía leerla con facilidad.
Suspiró, pasándose una mano por el rostro.
Miró su ropa: la toga tosca que le habían dado al llegar, y debajo, las vendas ceñidas a su cuerpo.
No era que le disgustara… pero la toga lo hacía sentir torpe, extraño, como un prisionero.
Con un movimiento seco, Tn se quitó la toga, dejándose solo las vendas.
Se sentía más libre, más ágil.
Era así como prefería estar: cubierto, pero sin exceso.
Aquella tela sobrante era una barrera innecesaria entre él y su movilidad.
Belle se sonrojó un poco al verlo.
—Eres… bonito —comentó con una sonrisa, cruzándose de brazos tras la puerta entreabierta.
Tn la miró fijo, sin reaccionar.
Luego, como si no tuviera energía para discutir, simplemente murmuró—Sal de aquí.
Ella soltó una pequeña risita mientras se daba la vuelta.
—En la repisa hay ropa para ti.
Te estaremos esperando en el desayuno —canturreó con ligereza, antes de cerrar la puerta detrás de ella.
Tn se quedó quieto.
La habitación en silencio.
La palabra resonó con eco extraño en su cabeza:”Desayuno”.
Desayuno….
Su estómago gruñó otra vez.
No recordaba la última vez que había escuchado esa palabra.”Desayuno” no era solo comida.
Era… hogar.
Rutina.
Algo que se daba por hecho cuando vivías con gente.
Algo que habías perdido cuando el mundo que conocías se rompía en pedazos.
Se quedó allí, sin moverse, observando la puerta cerrada, sintiendo cómo aquel lugar comenzaba, lentamente, a oler distinto al miedo.
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