Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Waifu yandere(Collection) - Capítulo 115

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Waifu yandere(Collection)
  4. Capítulo 115 - 115 Tanya von Degurechaff
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

115: Tanya von Degurechaff 115: Tanya von Degurechaff Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Haber…..se que esta cosa es un adulto en cuerpo de niño…..pero no soy tan desquiciado para hacerle suculencia 😑 la relación tratare de hacerla lo más estable posible.Y obviamente le subiré un poco la edad como pase el tiempo porque me niego hacer suculencia de lolis…..jamás.

En fin veamos que tal queda.——————————————————-Ineficiencia… eso veía en el mundo,torpeza disfrazada de virtud.Y aunque mi mente, forjada en lo masculino,reniegue del romance, lo desdeñe…este cuerpo femenino que ahora habitose derrite con el toque del amor prohibido.

¿Es esta la locura que germina en mí?¿O un dios perverso me castigó,incrustando este sentimiento ardientecomo hierro candente en mi pecho?

Y aun así, entre la culpa y el temblor,hay un tenue consuelo:saber que el blanco de mi afectoes lo bastante joven para soñar,y lo bastante maduropara que esta depravaciónno me consuma del todo.

Tanya von Degurechaff………..

___________________________________________________________ Tanya no estaba teniendo un buen día.

No, en realidad, estaba teniendo un día miserable.

Sus dedos —delgados, tensos— tamborileaban con rabia contenida sobre la carpeta de informes mientras su mirada gélida recorría la sala de reuniones del Alto Mando.

—”Teniente coronel Degurechaff,” —tronó la voz ronca del general von Zettler— “no importa que los tanques enemigos hayan sido destruidos.

Las bajas de su escuadrón superan los parámetros tolerables.

Esta es la tercera vez que ocurre en menos de seis meses.”.

Tanya apretó los dientes.

Su mandíbula infantil tembló apenas.

El cuerpo de una niña de trece años apenas podía contener la furia hirviendo dentro del alma de un hombre adulto atrapado en una guerra sin sentido.

—”Mis órdenes eran eliminar la amenaza blindada, y eso se cumplió con eficacia.” —replicó con frialdad, conteniendo su lengua afilada— “La tasa de bajas fue resultado directo de la información táctica insuficiente.”.

—”¿Está responsabilizando al Departamento de Inteligencia?” —intervino otro coronel con tono indignado.

—”Estoy señalando hechos verificables, señor.” —sentenció Tanya con veneno suave.

Pero no importaba.

Había perdido.La sala se sumió en un silencio incómodo.

Luego, el martillazo final.

—”Se le asignará la tarea de reconstruir su unidad desde cero.

Tiene una semana para entrenar a los reclutas y llevar a cabo al menos dos misiones exitosas.”.

Hijos de perra, eso es explotacion infantil.Su ojo temblo ante lo mencionado, conteniendo su lengua para pregunta.

—”¿Y si no?”.

—”Primera línea.

Frente oriental.

Y sin apoyo aéreo.”.

Tanya no respondió.

No hizo falta.

Su leve inclinación de cabeza fue lo único que ofreció antes de retirarse con los labios apretados y los ojos brillando de furia reprimida.

Oficina del 203.º Batallón (o lo que quedaba de él)El olor a papel, tinta y humo impregnaba la habitación.

Tanya, aún con el uniforme manchado de barro seco, se dejó caer en su silla, exhalando con lentitud.

—”Bastardos incompetentes…” —murmuró entre dientes— “¿Pretenden que entrene a críos en una semana y haga magia?

¡Ja!

Yo no soy Ser-X.”.

El desgraciado podia estarse riendo ahora mismo de su miseria.

Su mano se movió con precisión sobre los documentos de posibles reclutas.

La mayoría eran campesinos, trabajadores industriales o desertores redirigidos por castigo.

Ninguno con talento mágico.

Ninguno con verdadero potencial.

Hasta que lo vio.

Nombre: Tn (apellido ilegible)Edad: 15Origen: Distrito agrícola de ElbingHabilidades mágicas: NulasObservaciones adicionales:.

Participante en torneos civiles de tiro.

Campeón juvenil.

Récord de disparo confirmado: 3.800 metros.

Arma: rifle de cerrojo modificado, sin estabilizador mágico.

Observación del instructor local: “Hice lo que me dijeron que hiciera, lo mejor que pude .”Palabras dichas por el chico luego de su tiro.

Tanya silbó, alzando las cejas.

—”¿3.800 metros?

¿Sin ayuda mágica?

¿Con quince años?…..Je…jejeje”.

Sus ojos brillaron un instante, ese tipo de brillo que tenía cuando veía una rendija para evitar el infierno de la primera línea.

—”Así que eres una joya escondida…

francotirador ¿eh?”.

Se echó hacia atrás en la silla, cruzando las piernas como si acabara de ganar una partida de ajedrez.

—”Con esto, podré quedarme en la retaguardia sin mover un dedo.

Ni siquiera necesito magos si tengo un demonio con mira telescópica…”.

Bastaba de atacar a distancia y mantener los problemas fuera,de ser asi de facil mantendria su trasero lejos de una proxima muerte.

Sonrió.

Una sonrisa afilada.

—”Bienvenido al infierno, chico.

O al cielo, si haces lo que te digo.~”.

Agregó su nombre al listado, junto con quince reclutas más.

No le importaban los demás.

Podían ser carne de cañón, escudos humanos o simplemente decorado.

Solo necesitaba unos cuantos informes de misión exitosos, algunas bajas aceptables, y mantenerse lo más lejos posible del frente activo.

Se recostó un poco más, satisfecha.

—”Vamos a ver, Tn…

si eres tan bueno como dicen, me vas a mantener viva y cómoda.

Y eso ya te hace más valioso que cualquier otro imbécil con una medalla.”.

.

Tanya firmó los documentos con precisión, una tras otra las hojas se sellaban con el sello oficial de la oficina del 203.º Batallón, ahora reducido a un nombre glorioso sin tropas que lo respalden.

—”Increíble…” —murmuró mientras cerraba el último expediente— “Estos papeles pesan más que un pelotón muerto.”.

Toda su maldita oficina llena de torres de papel que bien podian superarla en estatura.

Sin perder el tiempo, salió de su oficina con paso firme.

Se dirigió a su habitación personal en el cuartel general.

La ducha fue breve, el agua apenas tibia, pero suficiente para despejar la mugre del fracaso y el hedor de la sala de reuniones.

Se secó con disciplina, se peinó con meticulosidad, y se vistió con su uniforme recién planchado, con cada medalla en su sitio.

Si iba a reclutar carne fresca, más valía que pareciera invencible.

Mientras abotonaba su abrigo, escuchó los toques en la puerta.

—”Adelante.”.

Viktoriya Ivanovna Serebryakova —Visha, su inseparable ayudante— entró al paso rápido, con una carpeta bajo el brazo y expresión diligente.

—”Teniente coronel, los informes de los nuevos reclutas.

Todos están reunidos en el campo de instrucción número 4.

El clima es ideal, sin viento fuerte.”.

—”Perfecto.”.

Visha observó un momento a Tanya mientras caminaban por el pasillo en dirección al patio de entrenamiento.

—”¿Cómo se siente, mi teniente coronel?

Sé que la reunión fue dura…”.

Tanya chasqueó la lengua con desdén.

—”¿Cómo me siento?

Como si me hubieran arrastrado por un campo minado con una cuerda atada al cuello.

Esos estúpidos burócratas deberían aprender a distinguir entre fracaso táctico y éxito estratégico.

Pero claro, ¿qué esperar de dinosaurios con medallas ganadas por arrastrarse bajo escritorios?”.

Palabras suaves…….Visha sabia que su superior probablemente estuviera blasfemando peor.

Visha parpadeó.

Sabía mejor que contradecirla.

Tanya giró la cabeza apenas y añadió.

—”Ve preparando los uniformes del escuadrón 203.

Quiero a esos idiotas luciendo decentes para cuando griten, sangren o mueran en el barro.”.

—”¡Sí, señora!” —respondió Visha, ya corriendo en dirección al almacén.

.

Tanya pasó el resto del día haciendo un repaso de las nuevas incorporaciones.

Observó a un joven demasiado alto con manos temblorosas, a otro con cicatrices más emocionales que físicas, y a una chica con buena forma pero sin sentido de orientación.

La mayoría eran inútiles.

Carne de cañón.

Pero con suerte, bastarían para cumplir cuatro o seis misiones antes de desmoronarse.

El sol ya se estaba ocultando cuando llegó al campo de tiro.

Boom.

Un disparo seco, certero, perforó el silencio del ocaso.

Tanya se detuvo.

A lo lejos, en una sección delimitada del campo, un joven de estatura baja, cabello claro y uniforme desgastado se encontraba recostado sobre su estómago, su rifle apoyado en un pequeño bípode artesanal.

A 1500 metros, un blanco metálico temblaba con el eco del impacto.

—”Ese debe ser…” —Tanya entrecerró los ojos, observándolo— “Tn.”.

El chico se reincorporó con calma, recargando el rifle sin prisa, como si estuviera solo en el mundo.

Su postura era la de alguien acostumbrado a disparar durante horas, sin fallar, sin hablar.

Tanya silbó, un leve sonido de sorpresa e interés.

—”Vaya, no exageraban los informes.

Tienes un pulso más firme que muchos de mis ex magos de combate…”.

Tn se giró al escucharla.

La reconoció al instante.

Su espalda se irguió como si hubiera sido tocado por un rayo.

Saltó del suelo, saludó con torpeza militar, y gritó con toda la fuerza que le permitió el cuerpo.

—”¡Teniente coronel Degurechaff!

¡Es un honor!

¡Estoy a su servicio!”.

No tartamudeó, no bajó la mirada, pero sus orejas estaban rojas de nervios.

Tanya alzó una ceja.

Estaba acostumbrada a hombres que la subestimaban por su tamaño o su edad.

Pero este chico no cuestionó nada.

Ni su estatura.

Ni su rango.

Ni su rostro infantil.

Solo obedeció.

Jeje.Como debía ser.

—”Relájate, soldado.

No estás frente a un pelotón de fusilamiento… al menos, no hoy.” —dijo con una sonrisa burlona.

Tn bajó la mano, rígido.

—”Disculpe, señor *temblar* lady.

Solo intentaba mostrar respeto.”.

—”Lo hiciste bien.” —Tanya se acercó, deteniéndose a pocos pasos— “Así que tú eres el famoso tirador de Elbing.

3800 metros.

¿Es verdad o parte del folclore local?”.

—”Confirmado por tres observadores.

Utilicé un Mod.

91 restaurado, sin asistencia mágica.”.

—”Sin magia… Eso es aún más impresionante.”.

Tanya giró la cabeza, mirando al blanco impactado.

—”Vas a unirte al 203.º Batallón.

No como soldado común.

Como mi francotirador.

Personal.

Y si haces bien tu trabajo…”Pausó, clavando sus ojos azules en los de Tn.—”Te prometo algo mejor que medallas: sobrevivirás.”.

Tn tragó saliva.

A pesar del miedo, asintió con firmeza.

—”Haré todo lo posible, teniente coronel.”.

Tanya sonrió de nuevo.

Una sonrisa distinta.

No de burla.

No del todo.

Había algo más ahí.

Algo que aún no entendía… y que, en ese momento, ni siquiera ella sabía que estaba germinando.

Tanya se giró brevemente, cruzando sus brazos mientras esperaba que Tn la alcanzara.

El chico mantenía el paso, rígido, la espalda recta y la mirada al frente como un soldado bien entrenado.

No necesitaba decirle nada: la sola presencia de Tanya bastaba para imponer respeto.

Sin embargo, lo observó de reojo, calculadora.

Era pequeño, delgado, con los ojos firmes pese al temblor apenas perceptible en su mandíbula.

No era miedo.

Era contención.

Buen rasgo.

—Camina derecho.

No estás en un desfile, soldado —soltó Tanya con su tono agudo pero autoritario.

—¡Sí, señor!

—respondió él con un reflejo casi automático.

Ella apenas sonrió, no por cortesía, sino porque sabía reconocer la utilidad cuando la veía.

Con su escuadrón anterior reducido a polvo por incompetencia ajena, tener alguien como él a su disposición era una bendición inesperada.

Aunque aún no lo había decidido por completo, su puntería le había ganado el primer paso: ser útil.

Tn no cuestionó nada, ni su rango, ni su estatura, ni su voz extrañamente joven.

Había aprendido que hacer preguntas sobre superiores era invitar al desastre.

Y si bien Tanya era bajita, él ya conocía historias.

En los barracones, los más veteranos susurraban sobre tipos como Five Hargreeves, un tirador con una cuenta de cadáveres que superaba la población de un pueblo pequeño.

Decían que era una sombra con ojos de animal y una risa que anunciaba una masacre.

Jovenes soldados con un conteo de muertes en la guerra que sorprenderian a un veterano “enanos matones”.

Una definicion no oficial de desquiciados de estatura baja.

Así que, por principio, Tn no se metía con nadie por su tamaño.

Algunos monstruos venían en cajas pequeñas.

Tanya detuvo su paso al ver a Visha al frente de una mesa improvisada, entregando uniformes.

El viento movía ligeramente los estandartes colgados detrás de ella, y los nuevos reclutas hacían fila, algunos con más miedo que valor en los ojos.

Visha levantó la vista y sonrió al verla.

—¡Mayor Degurechaff!

Ya preparé los kits para los nuevos.

Este es el último lote, y los armamentos básicos están siendo verificados.

—Bien —respondió Tanya mientras se acercaba con Tn detrás—.

Este chico irá asignado al escuadrón 203.

Pónselo en su maldito uniforme antes de que el cerebro se le derrita pensando en el papeleo.

—¡Sí, señora!

—respondió Visha con su acostumbrada energía.

Tn dio un paso adelante, y Visha le entregó una bolsa con su uniforme, botas, y la identificación militar.

Mientras él revisaba en silencio, Tanya no lo miró directamente, pero sus ojos analizaban cada gesto: cómo revisaba las costuras, cómo contaba los botones sin decirlo, cómo acomodaba cada parte como si ya supiera la rutina.

“Automatizado”, pensó Tanya.

“Eso es bueno.

Sirve.

Puede durar.”.

—Tu entrenamiento comenzará mañana a las 0500 horas.

No me importa si no puedes dormir esta noche, —murmuró Tanya mientras se daba media vuelta—.

Si fallas un solo disparo…

te sacaré los ojos y se los daré a un soldado que sí pueda ver.

Tn tragó saliva, pero no tembló.

Sólo asintió.

—Sí, señora.

Tanya avanzó, pero antes de irse por completo, se detuvo un instante.

Su espalda aún hacia él, habló sin girarse—¿Cuál es tu nombre completo, soldado?

—Teniente en formación Tn (blahblabla), señora.

Ella repitió mentalmente ese nombre.

“Tn”.

Sonaba limpio, seco.

Cortante.

—Recuerda esto, Tn.

La utilidad no te da privilegios.

Te da tiempo de vida.

Y con eso, desapareció entre los gritos de los reclutas y el caos del nuevo escuadrón que nacía.

.

Cuando Tanya se fue, dejando tras de sí solo el eco de sus órdenes firmes y el sonido de sus botas alejándose, Visha tomó el control del grupo de reclutas.

Con una libreta en mano y una mirada seria, se colocó frente a ellos, su tono amable pero autoritario.

—Bien, escuadrón, escúchenme —dijo con una sonrisa que no alcanzaba del todo sus ojos—.

Necesitamos hacer un chequeo rápido.

Sé que no soy médica certificada, pero tengo el entrenamiento básico.

Y, sinceramente, no tenemos paramédicos de sobra.

Así que lo haré yo.

Unos guantes de latex sonaron mientras se los ponia con una sonrisa.

Un murmullo incómodo se extendió entre los reclutas.

Uno de ellos, un muchacho robusto con una cicatriz en la ceja, levantó la mano con timidez.

—¿No debería hacerlo un profesional?

—preguntó, visiblemente incómodo.

Visha no se molestó en reprenderlo, solo suspiró.

—Si tuvieras idea de lo que es un frente de batalla, sabrías que no hay tiempo para lujos.

Aquí no nos damos el lujo de esperar a que llegue un “experto”.

Si tienes algo roto o mal, más vale que lo sepamos ahora antes de que te conviertas en un cadáver inútil en medio del campo.

Así que, todos al fondo.

Uno por uno pasarán detrás de la cortina azul, se desvestirán y yo los revisaré.

Rápido y profesional.

No era una solicitud.

Era una orden.

Los reclutas se miraron unos a otros, tragaron saliva, y empezaron a formar una fila.

Cada uno pasaba detrás de la cortina, donde Visha, con profesionalismo militar, revisaba brazos, piernas, articulaciones, visión, audición, piel y cualquier otra anomalía que pudiera significar una debilidad.

Tocaba músculos, miembros,orificios, observaba cicatrices, preguntaba por antecedentes y hacía anotaciones rápidas.

Quien mostrara señales de debilidad, era marcado para observación médica posterior.

La vergüenza era irrelevante; la guerra no perdonaba la modestia.

Y no habia mucho destacable mas haya de un par de pechos que pudiera manosear.

Cuando fue el turno de Tn, este entró algo tenso.

Había intentado mantener la mirada en alto, disciplinado como era, pero estar medio desnudo frente a una superiora aún le resultaba incómodo.

Visha levantó la vista y lo examinó con una mezcla de rutina y leve sorpresa.

No dijo mucho, simplemente hizo lo mismo que con los demás: revisó músculos, articulaciones, reflejos, espalda, pecho y piernas.Sostuvo su miembro flacido levemente mirandolo antes de tomar sus notas.

—Hmm… al menos estás en buena forma —murmuró mientras anotaba en su libreta, sin levantar la vista—.

Ninguna deformidad visible, sin lesiones recientes, buena postura y sin temblores.

Eso es raro en los reclutas nuevos.

Estás más sano de lo que aparentas.

Tn no supo si eso era un halago o simplemente una anotación , así que se limitó a asentir en silencio contenidno el leve gemido mientras se vestía rápidamente.

Visha salió de detrás de la cortina unos minutos después, cerrando la libreta con un leve suspiro de cansancio.

—Está hecho.

Todos los que estén aquí fueron aprobados.

Duerman esta noche.

Mañana comienza lo verdadero.

Quiero verlos despiertos y listos antes del amanecer.

Si alguno no está en su puesto… Tanya sabrá.

Y no quieren decepcionarla, ¿verdad?

Los reclutas negaron rápidamente.

Tn sintió un nudo en el estómago: no por miedo, sino por esa sensación familiar de que su vida estaba a punto de cambiar… otra vez.

Todos se retiraron a la base del escuadrón para dormir, Visha se quitó los guantes de látex con un chasquido leve y dejó escapar un suspiro.

Recogió cuidadosamente los informes médicos, alineándolos con precisión antes de salir de la sala improvisada de chequeo.

El pasillo que la conducía a la oficina de Tanya estaba casi en penumbras, apenas iluminado por las lámparas colgantes que zumbaban con una energía tenue.

Al entrar, vio a su comandante sentada tras su escritorio, devorando un emparedado con expresión irritada.

Tanya Degurechaff mascaba con fuerza mientras hojeaba un pequeño informe logístico, murmurando entre dientes algo sobre incompetencia burocrática y raciones mal distribuidas.

Sin alzar mucho la vista, extendió una mano hacia Visha, quien se la llenó con el paquete de hojas.

—Informe médico de los reclutas, comandante —anunció Visha con voz calmada y profesional.

Tanya dejó el emparedado a un lado, tomó el documento y comenzó a leer con rapidez, sus ojos dorados desplazándose línea por línea.

Su ceño se frunció un poco al notar una columna adicional.

—¿Era estrictamente necesario apuntar la talla de pecho de las mujeres, Visha?

—preguntó con una ceja levantada, mirándola de reojo.

Visha se rió nerviosamente, llevándose una mano a la nuca.

—Ehhh… bueno, consideré que podría ser relevante para determinar balance, distribución de peso corporal y… posibles problemas de espalda —respondió, aunque ni ella se creía del todo su explicación.

Tanya suspiró y dejó caer el informe sobre el escritorio.

—Lo que sea… No hay problemas médicos graves, entonces.

—No, señora.

Todos están sanos, fuertes… y más o menos equilibrados —dijo con una sonrisa.

Tanya asintió, tomando un sorbo de su café frío.

—Perfecto.

Mañana a las 0500 los despertaré personalmente —dijo con voz firme y una chispa de crueldad en su tono—.

Quiero verlos temblar.

Los llevaré al campo de entrenamiento en la montaña.

Una semana completa de fuego, barro, explosiones y dolor.

Si sobreviven sin desmayarse, tal vez tengan derecho a llamarse soldados.

Les iba a golpear el lomo tan duro que aun muertos tendran que trabajar.

Visha tragó saliva, aunque ya conocía el estilo de entrenamiento de su comandante.

Lo había vivido en carne propia.Tenia azotes y temblores prueba de eso.

—¿Después de eso, señora?

—Después de eso… —Tanya sonrió de forma afilada— haré que cumplan dos misiones reales.

Si no mueren en ellas, los sellaré como escuadrón oficial y el alto mando dejará de molestarme con eso de “fomentar el patriotismo juvenil”.

Se recostó en la silla, satisfecha con su plan.

Luego volvió a tomar su emparedado y le dio otro mordisco como si estuviera devorando algo más que pan y carne.

—Y si alguno se quiebra antes de tiempo… mejor.

Así depuro basura desde el inicio.

Visha asintió con un gesto silencioso, salió de la oficina y apagó las luces del pasillo, dejando la puerta entreabierta.

La noche cayó definitivamente sobre la base.

Afuera, el viento helado comenzaba a azotar la zona montañosa.

Adentro, cada recluta dormía sin saber que en pocas horas, su infierno personal apenas comenzaría.

_________________________________________________________________________ aclaro que solo falta belle y ahi pondre votaciones…….quiero descanzo y apoyo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo