Waifu yandere(Collection) - Capítulo 116
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116: Belle (zzz) 116: Belle (zzz) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
(No se si les estén gustando las canciones……pero bueno ahí estan)———————————— -La atmósfera en la sala de juntas de Ocean Industries era espesa como humo sin fuego.
Las persianas electrónicas mantenían la luz natural al mínimo, y una proyección de la ciudad de Nueva Eridu titilaba lentamente sobre la pared del fondo.
La junta directiva, compuesta por trece ejecutivos de alto rango, estaba reunida en su sesión trimestral más crítica del ciclo.
Sin embargo, una sola cosa capturaba toda la atención:.
El asiento vacío.
Justo en el centro de la hilera frontal, un sillón acolchado de cuero blanco permanecía desocupado.
El nombre grabado en su placa de identificación era inconfundible:.
Tn — Heredero y Representante Directo del Fundador.
—“Esto es inaceptable.” —escupió un ejecutivo calvo con el rostro surcado de arrugas, su voz vibrando por la sala.
Era Hirsch Flandrin, responsable de la división de bioingeniería avanzada—.
“La ciudad depende de nuestros avances.
Las juntas no son un juego.
¿Dónde está ese mocoso esta vez?”.
Era la quinta reunion que se escapaba.
Un murmullo de aprobación recorrió la mesa.
Documentos fueron golpeados contra escritorios.
Proyecciones financieras se minimizaron con fastidio.
La tensión crecía.
—“Con el debido respeto,”—prosiguió Hirsch, afilando su voz como un cuchillo—, “creo que ya es hora de discutir una alternativa real.
Tn no es el hijo legítimo del fundador.
No lleva ni una gota de su sangre.
¿Por qué mantener esa farsa?”.
Entonces, el silencio cayó.
Todos los ojos se volvieron hacia la mujer al fondo de la sala.
Sentada con una compostura imposible de alterar, Koyanskaya, la secretaria ejecutiva personal del fundador y directora interna de operaciones, entrecerró sus ojos rosados como si acabara de ser molestada por un mosquito.
Se levantó lentamente, acomodando su traje blanco de corte impecable, y caminó hasta la cabecera de la mesa, donde solo el fundador solía sentarse.
El taconeo suave de sus zapatos se sentía como martillos sobre mármol.
Sonrió.
Una sonrisa peligrosa.
—“¿Terminó su pequeño berrinche, señor Flandrin~?”.
El ejecutivo se removió, pero no respondió.
—“Bien.” —Koyanskaya colocó una carpeta sobre la mesa y la abrió con calma—.
“El director Stampede Heydrich ha sido claro.
Tn es y será el heredero designado.
No hay discusión.
No hay votos.
No hay alternativas.
La decisión es final, inapelable y permanente.”.
—“¡Pero no es su hijo!
No es más que un—”.
—“Termine esa frase y le arranco la lengua~,” interrumpió Koyanskaya, sonriendo con los labios pero cerrando los ojos.
Una presión invisible pareció descender sobre la sala.
Varios ejecutivos se sentaron más rectos.
La mujer del cabello rosa nunca alzaba la voz, pero todos sabían que su posición estaba a un suspiro de la de Stampede, y que si alguien podía “desaparecer” un nombre del libro de accionistas, era ella.
—“¿Tienen idea de lo que Tn significa para Ocean Industries?” —continuó ella—.
“Mientras ustedes ven números y acciones, el director~ ve una inversión a largo plazo.
Una voluntad.”.
—“¿Y si desaparece?” —se atrevió a murmurar otro de los miembros.
Koyanskaya parpadeó.
Casi con diversión.
—“Entonces yo misma lo traeré de vuelta.
No importa si está escondido en las ruinas del Distrito 9 o en la habitación trasera de un club polvoriento.”.
Mientras tanto….
Muy lejos del mármol, la elegancia y las amenazas silenciosas de Ocean Industries, una vieja cortina amarilla temblaba con el viento que se colaba por la puerta entreabierta de un pequeño videoclub olvidado.
Random Play.
La pantalla estaba estática.
Una guitarra descansaba contra una pared con pósters de películas retro.
Y detrás del mostrador, Belle, con una sonrisa más grande que el sol de mediodía, sostenía una caja de membresía brillante.
—“¡Vamos, chico !
No seas tímido.
Te ofrezco una experiencia que ninguna corporación puede comprar.”.
Del otro lado del mostrador, Tn suspiró, con las manos en los bolsillos de su chaqueta.
Su mirada se desvió por la tienda antes de posarse en Belle otra vez.
—“¿Rentar una…
‘cita’?” —repitió, sin decidir si reír o salir corriendo—.
“Eso suena estúpido.”.
—“¡Estúpido no, inovador!” —replicó ella con el dedo levantado—.
“¡Marketing emocional!
¡Vínculo experiencial con paquete de películas, helado y sonrisa incluida!”.
Tn ladeó la cabeza.
¿Qué demonios hacía aquí en lugar de estar en esa aburrida junta directiva?
Ah, claro… escapando.
Y sin saberlo, escapando directo hacia una red mucho más compleja.
Mientras Belle trataba de promover su nuevo servicio, agitando un cartel improvisado con una caricatura de sí misma dibujada torpemente, su voz sonaba clara y enérgica, casi como si no le importara si su plan parecía ridículo.
—“¡Compra tres videocassettes y llévate una clase básica de bajo eléctrico!” —declaró, señalando con un dedo orgulloso a una estantería casi vacía.—“¿O qué tal el combo premium?
Renta una cita —osea, yo— y consigue una sesión de instrumentos personalizada.
Los precios varían según lo que quieras añadir.
¿Besos simples?
Tarifa extra.
¿Salidas a lugares públicos o ir a ver las luces del Distrito 5?
Tarifa premium.
¿Pagarme la comida en algun restaurante opcional?
¡Gratis!
Aunque es raro.”.
Tn solo parpadeó.
Sus ojos recorrieron lentamente el interior del local, notando el ligero polvo en los estantes, las cajas mal apiladas de películas ochenteras y, lo más llamativo, las guitarras colgadas al fondo.
Algunas eran eléctricas, otras estaban desentonadas, y había una con calcomanías de calaveras y corazones que le recordó vagamente a una pesadilla de la adolescencia.
Que tan mal estaba el negocio.
No era que estuviera interesado en la promoción.
Simplemente… había llegado al primer local que encontró tras escaparse de la torre Ocean Industries, y eso decía mucho de su humor.
Esa mañana aún lo tenía presente.
.
.
Flashback — Penthouse Heydrich, amanecer.
El aire olía a café de alta gama y perfume caro.
Las ventanas del piso 99 ofrecían una vista brutal de Nueva Eridu, pero nada en ese entorno le interesaba.
Lo único que recordaba con claridad era a Koyanskaya paseándose por el penthouse, vestida con lo mínimo legal y un aura de satisfacción peligrosa.
—“Ohhh, Tn~…
¿te has dado cuenta de que, si me porto bien, podría tener toda una camada de cachorros Heydrich algún día?” —dijo entre risas suaves, como si hablara de perros reales.—“Aunque bueno, si sigues huyendo de tus responsabilidades, tendré que domarte yo misma.
¿Vienes conmigo a la junta o prefieres que le diga a tu tutor que estás en modo salvaje otra vez?”.
La secretaria descarada se sirvio un baso de jugo, vestida solamente con una camisa blanca desabotonada, miro al chico frente a ella y Tn.
El solo se metio el pan tostado en la voca y se fue a su habitacion.
Era muy temprano para soportar a tan descarada mujer.
.
.
El solo recordar su tono cantado le revolvía el estómago.
Esa mujer no era humana.
O si lo era, lo disimulaba demasiado bien.
Así que escapó.
De nuevo.
Bajó por el elevador de servicio, cruzó a pie varios bloques, se camufló con una sudadera vieja y terminó entrando a un local aleatorio sin cartel iluminado, con olor a plástico viejo y nostalgia en VHS.
Random Play.
.
.
Presente.
—“¿Entonces qué dices, cliente~?” —Belle le guiñó un ojo mientras hablaba, apoyándose contra el mostrador—.
“¿Te animas a probar nuestro ‘Paquete Despecho’?
¡Dos horas de guitarra, algunas peliculas gratis y tal vez mimarte!”.
Tn se cruzó de brazos.
—“¿En serio haces esto?
¿Rentarte como…
novia?”.
—“¡Técnicamente soy una acompañante con contrato flexible!
No me subestimes.”.
—“¿Y la tienda sigue abierta con eso?”.
—“Oye, sobrevivimos a la inflación de los chips del año pasado.
Esto no es lo peor que hemos intentado.”.
Rentar a su hermano tampoco resulto cuando las unicas interesadas tampoco tenian el dinero para eso.
Y su shifu estaba igual de mal economicamente.
La sonrisa de Belle era luminosa, pero debajo de esa energía había algo más.
Una presión silenciosa.
Una necesidad oculta.
Tn la notó en la forma en que miraba de reojo el reloj sin querer hacerlo obvio.
En cómo su pie no dejaba de moverse bajo el mostrador.
Y en cómo sus ojos se iluminaron demasiado cuando él tocó una de las guitarras sin decir nada.
—“Esa fue mía.” —dijo ella suavemente.
—“¿Tocas?” —preguntó él.
Belle asintió con una sonrisa más honesta esta vez.
—“A veces.
Cuando no hay nadie en la tienda.
Cuando mi hermano se queda dormido y no hay clientes ni ruido.
Cuando me siento como…
como si fuera a desaparecer.”.
Tn no respondió.
Siguió mirando la guitarra.
Luego volvió la mirada a ella.
Belle le devolvió la mirada, esta vez sin guiños ni bromas.
—“Elige un cassette,” murmuró.
“Si no te gusta, te dejo ir.
No cobro.”.
Él dudó.
Entonces, eligió uno.
Una película vieja de ciencia ficción.
Nada especial.
Belle la escaneó, luego sonrió de nuevo, esa vez con un toque de picardía.
—“Te ganaste una clase de guitarra gratis.
Y media cita.”.
Tn entrecerró los ojos.
—“¿Media cita?”.
—“Ya veremos si te ganas la otra mitad.”.
Y aunque aún pensaba que era ridículo… no salió por la puerta.
Tn suspiró, resignado, y sacó su tarjeta.
Negra, sin límite de crédito visible.
La deslizó por el lector del mostrador y no dijo una palabra mientras la terminal pitaba con aprobación.
Belle casi gritó.
—“¡Al fin!
¡Agua caliente!
¡Adiós duchas heladas y calentar con gas!
¡Gracias, buen cliente!”.
Tendria para pagar la factura del agua…..Wise estara feliz.
Tn frunció el ceño mientras guardaba la tarjeta.
No comentó nada sobre la precariedad de las finanzas de la tienda.
Ni sobre el hecho de que probablemente acababa de pagar tres veces el valor real del paquete.
Lo importante era que podía desaparecer de la vista de Koyanskaya por unas horas más.
Y si eso costaba una “media cita” con una chica hiperactiva y con marketing dudoso, lo aceptaba.
Peor era enfrentar a la mujer del cabello rosa cuando estaba enojada.
O peor aún… cuando estaba exitada porque Su tutor estaba cerca.
Sólo el recuerdo le provocó un escalofrío.
Justo cuando estaba por girarse hacia la salida, sintió un tirón suave en su brazo.
Belle se le había pegado como una larva, abrazándole el brazo con una sonrisa traviesa sus pechos emvolviendo su brazo.
—“Ya tienes tu media cita~” —dijo, entornando los ojos—.
“Y eso me da permiso de hacer esto.”.
Tn parpadeó.
Su ceja tembló apenas.
Pero no se alejó.
Solo murmuró con resignación—“Está bien… Puedo usar esto para evitar a esa mujer unas horas más.”.
Belle rió.
Con una alegría tan pura que parecía ignorar —o fingir ignorar— la pesadez que arrastraba su acompañante.
Se acercó al letrero de la tienda y lo giró de “Abierto” a “Cerrado – Amor en proceso 💕”.
Tn se lo quedó mirando por unos segundos.
—“…Eso es innecesario.”.
—“¡Es marketing okey!
¡La próxima vez me compras el paquete completo!”.
Caminaron juntos por las calles de Sixth Street, el bullicioso corazón de una ciudad que nunca se dormía.
Las luces de neón reflejaban colores vibrantes sobre los charcos del pavimento, y el ruido constante de pantallas publicitarias y autos flotantes servía como fondo sonoro para el caos diario de Nueva Eridu.
La mayoría de la gente no les prestó atención.
Sólo eran otro par de jóvenes entre tantos.
—“¿A dónde vamos?” —preguntó Belle, balanceando su cuerpo mientras caminaba pegada a él.
—“Heladería.
Vi una cerca cuando entré al barrio.
Servían algo de mochi con helado de té negro.”.
Belle se iluminó.
—“¿Helado?
¡Heladoooo~!
¡Oh por los discos de vinilo de papá, no recuerdo la última vez que probé algo frío que no fuera café reciclado de máquina vieja!”.
Tn esbozó una leve sonrisa.
Apenas perceptible, pero real.
—“¿Siempre eres así con los clientes?”.
—“¿Eh?” —parpadeó ella.
—“Digo… ¿aferrarte al brazo, emocionarte por helado, y fingir que no estás desesperada por pagar las facturas?”.
Belle no se detuvo.
Ni se ofendió.
Sólo bajó el ritmo, miró al frente un momento, y luego dijo en voz más baja—“No siempre.
Solo con los que parecen aceptar”.
El silencio se deslizó entre ellos como una ráfaga suave.
Entonces Belle volvió a sonreír y saltó un poco en su lugar.
—“¡Además, tú eres especial!
No muchos clientes me miran como si de verdad fueran a pagar por algo de la tienda y estén considerando volver.”.
Tn resopló por la nariz.
—“No es tan diferente.”.
Finalmente llegaron a la heladería.
Un pequeño local con luces cálidas y olor a crema recién batida.
Al entrar, Belle miró el menú con ojos de niña frente a una caja de juguetes.
—“¡Voy a pedir dos bolas!
No, tres.
¡Una con mochi, otra con chispas de chocolate y…
¿tienen caramelo con sal marina?!”.
Tn, ya en la caja, miró de reojo al cajero con expresión de “No hagas preguntas, solo cobra”, y pagó sin discutir.
Cuando se sentaron en una pequeña mesa junto a la ventana, Belle comenzó a comer como si estuviera recuperando su animo con cada cucharada.
Tn la observó por unos segundos.
No dijo nada.
Pero en algún rincón silencioso de su mente, por primera vez desde hace semanas… no sentía el peso de las cadenas de Ocean Industries.
-“Ahhh~”.
Belle se metía otra cucharada de helado a la boca, gimiendo con un pequeño sonido placentero, casi musical.
—“Mmmmnn…”.
El sabor era suave, dulce, con notas intensas de vainilla cremosa y trocitos de caramelo que se derretían con un toque de sal.
Era casi indecente lo mucho que lo estaba disfrutando.
Dioses, cuánto le gustaban los dulces.
Pero pocas veces podía darse esos lujos.
En su interior, lo sabía: su tienda siempre estaba al borde del abismo.
Había semanas enteras donde no entraba ni un alma, y los únicos que pisaban Random Play eran fantasmas nostálgicos o proxies fracasados en busca de algo que ya no existía.
Maldición… Wise hacía casi todo.
Reparaba, negociaba, mantenía la contabilidad.
Y ella….
Ella se la pasaba jugando con guitarras, viendo películas por cuarta vez o escribiendo tonterías en sus cuadernos de ideas, masturbarse todo el dia.
Se mordió el labio inferior mientras se metía otra cucharada.
“Soy una carga.”.
Ese pensamiento se deslizó como un cuchillo por su cabeza.
La idea de las “citas alquiladas” había surgido en una noche especialmente dura, cuando cortaron la electricidad y se duchó con agua de lluvia recolectada en cubetas.
No era una prostituta.
No vendía su cuerpo.
Solo vendía…
tiempo, compañía, experiencias.
A veces una sonrisa, a veces una falsa ilusión.
Y sin embargo, no todos querían pagar por ella.
Aunque era linda —lo sabía—, no era una ídolo holográfica ni una modelo de renombre.
No tenía orejas de conejo ni cola de zorro.
En una ciudad saturada de filtros, quirófanos y mods de belleza, ella era demasiado…
normal.
Diablos incluso en canto era muy inferior a Astra Yao.
Miró al chico frente a ella.
Tn.
Comía su helado sin apuro, casi sin saborearlo, mientras revisaba su teléfono.
Belle lo observó con cuidado.
No lo hacía por coquetería, sino con esa mirada que usaba cuando analizaba películas o canciones: buscando pistas, señales, contradicciones.
Llevaba una ropa simple, pero de marca.
Nada ostentoso, pero notoriamente cara.
Su reloj no tenía logo, pero el brillo del cristal revelaba nanotecnología de pulso.
Y el teléfono… claramente no era un modelo de consumo masivo.
Belle sabía que ese chico no era común.
Lo había sentido desde que entró.
La forma en que miraba todo como si ya lo hubiera visto mil veces.
La forma en que hablaba con el tono de quien decide cosas importantes, pero desearía no tener que hacerlo.
—“¿Revisando mensajes de tu prometida secreta?” —preguntó con una sonrisa socarrona, apoyando el codo sobre la mesa.
Tn alzó una ceja, sin apartar la vista de su pantalla.
—“Estoy viendo las cámaras del penthouse.
Quiero saber si ya enviaron a alguien a buscarme.”.
Belle parpadeó.
—“¿Qué clase de vida tienes?”.
Tn bajó el teléfono lentamente y se encogió de hombros.
—“Una que no pedí.”…….Pudo jurar escuchar a cierto enano escupir en su tumba.
Hubo un momento de silencio entre ambos.
El tipo de silencio que se siente más que se escucha.
Belle ladeó la cabeza.
—“¿Entonces escapaste de casa?”.
—“Más bien de una prisión sin barrotes.”.
—“¿Y me usas para ocultarte?”.
—“¿Te molesta?”.
Belle negó con una sonrisa.
—“Mientras me pagues el helado, puedes esconderte en mi sótano también.”.
Tn rió.
Muy leve.
Apenas un soplo nasal.
Pero era la primera vez que ella lo escuchaba hacer ese sonido.
Por un segundo, Belle sintió una chispa encenderse en el fondo de su pecho.
No sabía por qué, pero la sensación fue cálida.
Quizás… solo quizás, esta cita falsa no sería tan falsa después de todo.
.
.
Terminaron de comer helado, Tn pagó y se fueron, continuaron con la cita visitando algunas plazas, parques, pequeñas tiendas artesanales.
Belle era demasiado optimista, como si el mundo no pudiera aplastarla aunque lo intentara, reía por cualquier cosa: una fuente que lanzaba agua a destiempo, una paloma torpe que se golpeó contra una banca, una escultura deformada.
Cada instante lo narraba como si fuera una aventura, con los ojos brillando de emoción.
Y Tn… bueno, Tn caminaba con las manos en los bolsillos, la mirada serena, atenta pero ajena, respondiendo con monosílabos o leves gestos.
Acostumbrado a la vida lujosa que Su tutor heydrich se aseguró de imponerle—como una obligación o castigo disfrazado de privilegio—, cualquier cosa común o “barata” había perdido sentido para él.
Koyanskaya también había ayudado a corromper su percepción.
Ella lo llevaba a clubes exclusivos, lo vestía con telas carísimas, lo hacía codearse con ejecutivos, políticos, mafiosos y lunáticos por igual.
Lo alimentaba con delicias preparadas por chefs que cobraban el salario anual de una familia entera.
Incluso lo ostentoso había dejado de ser impresionante.
Todo era un desfile de excesos, sin alma, sin pausa.
Recordó con molestia su último cumpleaños.
Koyanskaya, creyéndose graciosa, había hecho que Astra Yao cantara en vivo solo para él mientras las maids más vistosas de Victoria Housekeeping—Ellen Joe, Alexandrina Sebastiane y otras cuya sensualidad era más una herramienta que una virtud— le ofrecían un baile privado.
No porque él lo pidiera.
No porque lo deseara.
Sino porque a ella le parecía divertido humillarlo con placeres que no buscaba.
Tn parpadeó, alejando el recuerdo.
Koyanskaya era una mujer demasiado excéntrica como para que alguien la entendiera… mucho menos él.
Volvió a mirar a Belle, quien en ese instante compraba una pequeña flor hecha de alambre y tela, de las que vendían artesanos callejeros.
Se la ofreció con una sonrisa, como si acabara de encontrar un tesoro.
—Toma.
No eres tan feo cuando sonríes, deberías hacerlo más seguido —le dijo, sin temor.
Tn la miró unos segundos en silencio.
Tomó la flor.
No dijo nada.
Pero sí murmuró, apenas audible, cuando ella se giró a ver otra tienda—Al menos ella lo disfruta…
Y aunque no lo admitiría, ese pensamiento lo hizo seguir caminando un poco más lento… como si por primera vez en semanas, no tuviera tanta prisa por volver.
Caminaron algo más lento, sin prisa, disfrutando del aire tibio de la tarde.
Belle parecía particularmente contenta, sus pasos llevaban un ligero saltito y de vez en cuando giraba sobre sí misma mientras hablaba sobre sus animes favoritos y lo que esperaba del próximo episodio.
Sin embargo, su entusiasmo se detuvo de golpe al ver una tienda de electrónica.
Sus ojos se agrandaron al ver un par de audífonos over-ear tras el cristal.
El diseño era llamativo, con una estética de bangboo y acabados artesanales.
Se notaba que eran importados, probablemente de edición limitada.
El material brillaba con una calidad que hablaba por sí sola: no eran baratos.
Belle pegó la cara contra el vidrio, suspirando como si estuviera viendo una estrella inalcanzable.
Sacó su pequeña cartera y contó discretamente sus billetes.
No le alcanzaba, ni de cerca.
“maldita pobreza”.Una forma chibi de si misma lloraba en un rincon de su mente.
Tn la miró en silencio.
No dijo nada.
Simplemente entró a la tienda, ignorando la expresión atónita de Belle.
Fue directo, rápido.
Una breve conversación con el vendedor, una tarjeta deslizándose, una bolsa elegante extendida hacia él.
Cuando salió, traía los audífonos en mano.
Belle abrió la boca sorprendida, agitando las manos con nerviosismo.
—¡E-espera!
¡No hacía falta!
¡Eso es demasiado!
—exclamó, su rostro enrojecido mientras miraba el paquete.
—Eres mi cita —respondió Tn con voz neutra, como si aquello fuera lo más obvio del mundo—.
No hay problema.
Primera regla cuando tuviera pareja:Asegurate de ser cortes y conciderado.
Segunda regla:Si tu la invitaste o llevaste a un lugar mas te vale pagar por eso.
Tercera relga:No seas un idiota grosero pero tampoco un estupido migajro adulador.
Tres reglas que su tutor le habia explicado en caso de que tuviera novia…..o pareja.
Obviamente koyanskaya sugiria chicas de mas alto estatus o contratar “Trabajadoras especiales” .
(Nt:putas harry!!!!
putas.).
La chica dudó unos segundos antes de aceptar el regalo, aún abochornada.
Lo sostuvo con ambas manos como si fuera algo frágil, mirándolo con una mezcla de alegría y vergüenza.—Gracias… en serio.
No estoy acostumbrada a esto.
—Yo tampoco —respondió él, pero no se refería a los regalos.
Las siguientes horas pasaron entre más caminatas, bromas de Belle, paradas para ver vitrinas y una breve sesión en una tienda de peluches donde ella le obligó a tomarse una foto abrazando un dragón rosa enorme.
Al final, el sol ya comenzaba a bajar cuando ambos regresaron a la tienda donde Belle trabajaba.
Allí estaba Wise, su hermano mayor, acomodando unas cajas llenas de películas clásicas de terror.
Apenas los vio, resopló y la miró con desaprobación.—Así que por eso desapareciste —dijo sin girar del todo la cabeza—.
Dejas todo el trabajo y te largas.
—¡Ya gané el dinero de toda la semana, Wise!
—respondió Belle con orgullo, sacando un fajo de billetes y agitándolo como bandera de victoria—.
Y sin mover un solo dedo más.
¡Una cita de lujo, gracias!
Tn alzó una ceja pero no dijo nada.
Ya se estaba girando para irse cuando sintió la mano de Belle tomarlo del brazo con suavidad.
Ella le sonrió, su mirada brillando entre inocencia y un toque de picardía.
—Oye… —dijo, mientras sacaba su teléfono y le mostraba su número—.
En caso de que quieras… rentar otra cita.
¿Quién sabe?
A lo mejor la próxima vez también te regalo algo a ti.
Tn la miró en silencio, aceptó el número y le hizo una ligera inclinación de cabeza antes de marcharse.
No dijo nada más.
Pero mientras se alejaba, sintió el peso de la foto del dragón en su galería… y el número de Belle como una pequeña chispa inesperada que se prendía en su mundo gris.
Quizá… solo quizá, la próxima vez no iría por obligación.
Sino por curiosidad.
________________________________________________________________________________ Cada vez me canso un poco con el ritmo de 5k cada dia…….pero bueno hay que cumplir con lo que se promete.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com