Waifu yandere(Collection) - Capítulo 118
- Inicio
- Todas las novelas
- Waifu yandere(Collection)
- Capítulo 118 - Capítulo 118: Herta part 2 honkai star rail
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 118: Herta part 2 honkai star rail
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
_____________________________________________________________
Tiempo atras.
Años atrás, en uno de los sistemas más remotos bajo jurisdicción de la Corporación Interastral, se llevó a cabo una cumbre de eruditos organizada por el Instituto de Investigación Cósmica. Reunía a los más distinguidos expertos en diversos campos: astrofísica, biomecánica, teoría de la inmortalidad, medicina regenerativa y automatización psicoorgánica. Era una mezcla de genios, ególatras y oportunistas.
Entre todos ellos, una figura captaba la atención incluso sin abrir la boca: Herta. Sentada con las piernas cruzadas sobre una silla giratoria, con su característico sombrero ladeado con arrogancia, sostenía una tableta de datos repleta de fórmulas que solo ella comprendía completamente. Su aspecto juvenil contrastaba con la frialdad en su mirada. No había enviado una marioneta esta vez -como solía hacerlo-, sino que había decidido honrar el evento con su presencia física. No por respeto, claro, sino para asegurarse de que sus palabras generaran reacciones inmediatas… y para regodearse en ellas.
Durante su exposición habló sobre avances en transferencia de conciencia, sistemas de manipulación mecano-biológica y la reconstrucción cerebral artificial. Con cada palabra, su tono era altivo, su seguridad apabullante. Algunos de los eruditos tomaban nota, otros disimulaban bostezos o intercambiaban miradas cansadas. Uno incluso se retiró a mitad de la charla, murmurando que prefería hablar con una IA que con una “niña con complejo de diosa”.
Nadie la aguantaba de no ser por sus aportes.
Cuando finalizó, se acomodó nuevamente en su asiento como si hubiera hecho una obra de caridad. Se estiró un poco el cuello y miró a su alrededor esperando la siguiente exposición -o algún intento fallido de rebatirla-.
Entonces, el organizador tomó la palabra, su voz resonando por la sala con una nota de entusiasmo inusual.
-A continuación, me complace presentar a un nuevo participante en la comunidad científica del sistema: el doctor Tn Mengele -dijo con énfasis-. Especialista en cirugía adaptativa, neuroingeniería molecular y… eh, podríamos decir que también un prodigio.
Varios en la sala levantaron la mirada con interés renovado. Un prodigio era siempre una moneda de dos caras: o una decepción mediática, o una amenaza real al status quo.
Herta alzó apenas una ceja. “¿Mengele?”, pensó. “Qué nombre tan… pomposo.” Sin molestarse en ocultar su desdén, cruzó los brazos y soltó un bufido audible que hizo voltear a los más cercanos.
-Prodigio, ¿eh? -murmuró con sorna mientras se ajustaba el sombrero-. Veremos cuánto de eso es talento y cuánto es publicidad reciclada.
Sus ojos, ahora atentos, observaron la figura que avanzaba hacia el estrado. Tn no era particularmente llamativo, pero su andar era firme, metódico, con la precisión de alguien que había diseccionado más cosas de las que había estrechado manos. Su bata estaba impoluta, su rostro inexpresivo, casi clínico.
Cuando empezó a hablar, no hubo presentaciones elaboradas, ni florituras retóricas.
-Mis estudios actuales se enfocan en la estabilización de tejido vital sobre núcleos inorgánicos. La última prueba fue aplicada sobre un corazón parcialmente mecánico con retención intacta.
Planos fueron mostrados en la pantalla.
No pidió atención. La extrajo.
Herta se irguió en su asiento. Las palabras eran sencillas. Los conceptos no.
Tn continuó, presentando modelos de reemplazo de médula nerviosa con estructuras de cristal orgánico, explicando cómo había resucitado funciones cognitivas completas en sujetos declarados clínicamente muertos por más de 11 minutos. Su tono era plano, pero sus resultados, brutales. No buscaba agradar. Solo mostrar. El impacto era su argumento.
Herta, por primera vez en mucho tiempo, dejó de mirar su tableta. Su pie, que antes se movía impaciente, ahora estaba quieto. Sus labios se apretaron con una mezcla de irritación… y genuina atención.
-Interesante -murmuró para sí, luego chasqueó la lengua-. Aunque eso no explica cómo lidia con la pérdida de identidad en núcleos parciales… a menos que…
Se detuvo.
¿La estaba tomando en serio?
Lo odiaba.
Y al mismo tiempo…
Lo quería estudiar.
O tal vez… competir.
Tal vez ambos.
-…y si se logra estabilizar la presión intracardíaca con esta microbomba de energía adaptativa, se puede mantener al paciente con una autonomía de 91.3 horas incluso sin red de soporte -dijo mientras las imágenes holográficas flotaban alrededor suyo, cada una proyectando resultados casi imposibles de refutar.
Preguntas empezaron a llover. Críticas, dudas, observaciones técnicas. Tn respondió a todas con calma, sin desdén ni inseguridad. La sala que había estado dormida minutos atrás ahora lo escuchaba con genuina atención. Algunos inversionistas ya murmuraban entre sí, contemplando patrocinios, contratos, asociaciones.
Otros, los más oscuros, se preguntaban si permitir que un genio tan joven viviera sin vigilancia no sería una amenaza futura.
Matar o desaparecerlo antes de que fuera un problema.
Desde su asiento, Herta permanecía en silencio, su mentón apoyado en una mano. No solía guardar silencio por mucho tiempo, pero esa vez no se sentía obligada a hablar. Algo en él le resultaba fascinante. No su juventud ni sus ideas. Sino esa extraña serenidad. Ese silencio tranquilo. No buscaba agradar, ni impactar. Solo dejaba que su conocimiento hablara por él. Y eso, en una sala llena de egos inflados, era más raro que una supernova negra.
Al terminar, otro especialista subió. El murmullo volvió, y Tn descendió del estrado con la misma calma con la que había subido. Guardó sus datos holográficos, recogió su maletín y se dirigió a una de las filas traseras, donde el personal técnico y algunos invitados especiales estaban ubicados. Se sentó, cruzó las piernas, y siguió escuchando la exposición del siguiente participante.
Pasaron horas.
Finalmente, cuando la última intervención terminó y la sala empezó a vaciarse lentamente, Tn se levantó, listo para marcharse. Su plan era tomar el primer riel estelar rumbo al centro médico orbital de Helix-9. Sin embargo, antes de llegar a la puerta principal, varios individuos lo interceptaron.
-Doctor Mengele, ¿tiene un momento? -preguntó un hombre vestido con los colores de la Corporación Kaltus-Marrow, un consorcio de ingeniería biológica-. Estaríamos muy interesados en hablar de inversiones… y colaboración.
-No queremos quitarle mucho tiempo -añadió una mujer de rostro sensual y ojos brillantes-. Solo una conversación privada. Hay un salón reservado justo en el anillo superior.
Tn se detuvo. Observó a los tres, luego al pasillo que llevaba a su transporte, y con una ligera inclinación de cabeza aceptó.
Desde su asiento, Herta observaba todo. Entrecerró los ojos. No porque sintiera celos. Sino porque no le gustaba la idea de que otros lo notaran antes que ella. Aquel joven no era un cretino. Era una sinfonía suave… y su curiosidad comenzaba a encenderse.
-Hmm… interesante -murmuró, ocultando una sonrisa tras su mano.
Y por primera vez en años… decidió cambiar sus planes.
.
.
No queria ir, pero seria grosero rechazarlos sin que pudieran hablar primero.
Tn suspiró, un gesto breve y medido, luego pidió con voz serena pero firme que lo guiaran. Los tres representantes -dos hombres de traje rígido y una mujer de vestido entallado y sonrisa afilada- lo condujeron por uno de los pasillos del complejo. El eco de sus pasos era apagado por las alfombras, y el aire tenía ese aroma a recintos cerrados donde se firman contratos demasiado peligrosos para ser legales.
Al llegar a la sala privada, las formalidades se deshicieron con rapidez. Se sirvieron dos copas de vino -que él no aceptó- y tras intercambiar miradas entre sí, los inversionistas fueron claros. Querían financiar sus proyectos médicos, sí… pero no sin condiciones. Exigían exclusividad, acceso total a sus avances, patentes, desarrollo de aplicaciones armamentísticas y, por encima de todo, su lealtad incondicional. Básicamente, pretendían monopolizar cualquier idea o tecnología que saliera de su mente, asegurándose de que perteneciera solo a ellos. Era un contrato dorado por fuera y podrido por dentro.
Tn escuchó con expresión neutra. Al terminar, apoyó su maletín junto a la silla y frunció apenas el ceño.-¿Es esto una broma? -preguntó en voz baja, sin levantar el tono-. ¿O creen que soy tan ingenuo como para aceptar semejante cadena disfrazada de oro?
La mujer soltó una risa suave, sensual y afilada como una cuchilla.-No es una cadena, joven doctor. Es un trato justo. Un genio como tú necesita protección… y si no aceptas… bueno -cruzó las piernas con elegancia medida-, no podemos garantizar tu seguridad.
El aire pareció tensarse por un instante.
Una rosa negra, de pétalos como obsidiana, floreció de la nada sobre la mesa, como invocada por el gesto casual de su mano. La conversación se congeló. Los tres observaron en silencio esa flor imposible.
Tn, con calma mecánica, alzó un dedo.
La mujer parpadeó… y entonces su sonrisa se borró. No por miedo, sino porque su boca ya no estaba. En su lugar, piel lisa y perfectamente unida. Como si nunca hubiera tenido labios, ni dientes, ni lengua. Su expresión de sorpresa fue lo último que conservó antes de soltar un sonido asfixiado.
Los dos hombres se levantaron abruptamente, retrocediendo con terror visible.
-“God Hand” -susurró Tn, como si pronunciara una sentencia, mientras se abotonaba el cuello de su abrigo sin mirar a los presentes-. Un toque, y lo que no sirve se reescribe.
El silencio fue total, excepto por el leve jadeo de la mujer, cuyos ojos ahora estaban desbordados de lágrimas mudas.
Tn tomó su maletín sin prisa, sus pasos de salida igual de firmes que su llegada.-No estoy para perder el tiempo con tiburones mal vestidos que creen poder controlar a quien no entienden. Les dejo una advertencia simple: No me busquen. No me persigan. No intenten usarme.
Miró por sobre su hombro mientras se abría la puerta.-Porque si lo hacen… no tendrán ni siquiera lengua para gritar auxilio.
Y con eso, se marchó, dejando la sala en un mutismo aterrador, una mujer sin boca, y dos hombres que ya no veían a un joven médico… sino a una fuerza de la naturaleza vestida de gala.
Afueras, alguien lo esperaba. Una figura delgada, de cabello lizo y ojos como cristal.-¿Fue necesario todo eso? -preguntó Herta, fingiendo aburrimiento, pero estudiándolo con genuina curiosidad.
Tn no respondió de inmediato, solo se detuvo a su lado. -Si no entiendes el lenguaje de los buitres,te comen vivo.
Herta soltó una risa breve.-Tal vez tú sí seas interesante, después de todo.
Herta se rió un poco mientras estiraba su mano enguantada con elegancia, esperando lo que cualquier otro joven científico habría hecho: besarla con reverencia, como muestra de admiración o respeto. Pero Tn solo observó la mano extendida con neutralidad, sin emoción alguna, y en vez de acercarse, simplemente la sostuvo con la yema de sus dedos y preguntó en tono directo.
-¿Qué quieres?
La sala se volvió silenciosa por un instante. Herta abrió los ojos, sorprendida. Nadie la había recibido así antes, sin una gota de adoración o protocolo. Tosió levemente, como si necesitara reacomodarse a esa extraña interacción, y se presentó con una sonrisa que ya no era tan confiada.
-Soy Herta. La mayor genio conocida. La mente más brillante de toda la vida conocida.
Tn asintió. No se impresionó. No vaciló.
-Quizás seas el mejor genio. Pero no en mi campo.
Sutilmente su briah se liberaba listo en caso de tener mas molestias.
La respuesta fue tan simple como una cuchilla. Herta parpadeó, casi confundida por la falta de halago, y arqueó una ceja con tono provocador.
-¿No te sientes… celoso de verme? ¿Ni siquiera un poco emocionado?
Tn desvió la mirada por un segundo hacia una de las vitrinas donde yacían planos holográficos, y volvió a mirarla con la misma calma gélida.
-¿Celoso? No. No me interesa competir en un área que no es mi especialización. Y sobre excitarme… -dejó escapar una risa seca, carente de calidez- ¿Por qué lo haría? En la junta había al menos una docena de mujeres igual o más bellas que tú. Y la belleza es efímera. La información, en cambio, permanece.
Herta se quedó en silencio.
No era una mujer débil. Sabía lidiar con arrogancia, con aduladores, incluso con saboteadores, pero Tn era otra cosa. No se trataba de un desafío… sino de una completa indiferencia hacia el juego que ella dominaba. Nadie la ignoraba sin consecuencias, y sin embargo, ahí estaba él, mirándola como si fuera simplemente otra ecuación resuelta.
Y, en un giro irónico que ni ella pudo prever… eso le gustó.
-Interesante -susurró para sí misma, bajando la mano con suavidad-. Muy interesante.
Tn ya se había vuelto hacia una de las consolas para revisar algo en su pad de datos. No volvió a mirarla. No por desprecio, sino porque ya no era relevante en ese instante.
Herta lo observó por un momento más, mordiéndose levemente el labio inferior. Nunca le gustaban los fáciles.
Ahora tenía algo que deseaba entender.No conquistarlo.Desentrañarlo.Como a un artefacto perdido del universo.
Y en su mente… ya empezaba el juego.
Tn dejó de revisar sus datos mientras caminaba hacia el riel levitante, las luces azules del suelo marcaban el camino con un suave zumbido eléctrico. Su rostro seguía impasible, incluso cuando detrás de él resonaron pasos ligeros y apresurados. No se molestó en girarse; ya sabía quién venía.
-Al diablo… -murmuró Herta para sí, ajustándose el lazo de su abrigo. Aquel chico extraño, frío como una plancha de acero, había despertado algo en ella. Y no, no era solo curiosidad científica. Aunque, si lo analizaba bien… tal vez sí lo era. ¿Cómo alguien podía tener tan poca reacción ante su presencia? Eso simplemente no cuadraba con su teoría de atención gravitacional de genios en espacios sociales cerrados. Necesitaba seguirlo. Por ciencia. Por datos. Por… algo más que no quería admitir.
Ademas la estupida junta durarian varios dias.Dias que no pensaba quedarse de todos modos.
El tren flotante llegó con un silbido casi elegante y se detuvo suavemente. Las puertas se abrieron con un susurro hidráulico, revelando el interior de lujo minimalista. Tn entró sin dudar, y justo cuando uno de los asistentes se acercó para avisarle que su camerino ya estaba listo, Herta aprovechó el momento y se apoyó con total desdicha en su hombro pegando sus pechos en la espalda del hombre.
Algunas diran que es acoso, peor en su mentre fribola era solo seguimiento inocente.
-Oh, qué bien -murmuró Herta, con una voz cargada de dulzura artificial-. Espero que el camerino sea lo bastante grande… para los dos~.
El asistente, un joven con uniforme impecable y mirada programada para evitar escándalos, parpadeó con visible tensión. Tn no dijo nada, ni se inmutó siquiera por el contacto. El joven asistente rápidamente revisó su tableta con dedos temblorosos, revisando el sistema de reservas internas.
-Disculpe, señorita, pero el camerino está reservado solo para una persona -respondió, con educación.
Herta sonrió, una sonrisa que bordeaba lo travieso y lo inquietante. Tomó la tableta con una rapidez que no le esperaban y, sin romper el contacto visual con el asistente, la partió por la mitad como si fuese de papel.
-Ups -dijo con fingida inocencia, dejando caer los pedazos al suelo acolchonado del vagón-. Parece que ahora sí es para dos personas.
El asistente se quedó de piedra. Miró a Tn como esperando una orden o una negativa, pero el joven simplemente se ajustó los guantes sin decir nada. Eso, más que una afirmación, era una sentencia. No iba a oponerse. Y eso le bastaba a Herta.
-Gracias por su comprensión -añadió ella, guiñando un ojo al muchacho petrificado antes de tomar asiento al lado de Tn.
El tren arrancó con un movimiento elegante, deslizándose por los rieles magnéticos que atravesaban la ciudad laboratorio. Afuera, la ciudad de ciencia brillaba con neones violetas y estructuras flotantes.Su camino al cielo comenzaba.
-¿Siempre eres así de… poco expresivo? -preguntó Herta después de un momento de silencio, mientras jugaba con un mechón de su cabello. Estaba acostumbrada a provocar reacciones. Sin embargo, con Tn, todo era una pared de mármol.
-¿Siempre invades espacios ajenos con tanto descaro? -replicó Tn, sin mirarla.
-Touché. -Rió levemente y cruzó las piernas-. Me recuerdas a un autómata que programé una vez. Eficiente, brillante… pero sin chispa. Sin fuego. Sin ambición.
Tn lo pensó un segundo y respondió, tranquilo:.
-Y acaso me importa.Yo que tengo que hacer para que te diviertas No tengo tiempo para la vanidad ni para las teatralidades.
-Awwww~ Y sin embargo me dejas quedarme aquí -susurró Herta, con media sonrisa-. ¿Eso no es una contradicción?
-No. -Él giró levemente el rostro hacia ella-. Solo que esto era menos molesto que hicieras un escandalo. Sabia qu eno te irias aunque te dijera no.
Y no planeaba usar “God hand” con ella, dudaba que pudiera modificarla tan rapido antes de que atacara.
Herta se quedó en silencio un momento, con una sonrisa que, aunque burlona, tembló apenas perceptiblemente. No sabía si se sentía desafiada o atraída. Tal vez ambas.
-Entonces vamos a divertirnos, “experimento”.
Y mientras el tren seguía avanzando, entre dos genios que jugaban con fuego y hielo, el silencio se volvió tan cargado como una cámara de vacío antes del estallido.
-Mmmm~ y dime a donde iba este riel.
Tn suspiró, levantándose con desgano mientras abría una vitrina de metal reforzado con sellos magnéticos. Sus dedos recorrieron el interior hasta encontrar una botella pesada, de vidrio oscuro, con etiquetas escritas en un idioma gptico. Un whisky viejo. Muy viejo. Si iba a tener que tolerar la compañía de una mujer descarada como Herta, prefería hacerlo con los sentidos un poco entumecidos por el alcohol. No era masoquista… solo realista.
Podría haberla expulsado. Podría haber usado God Hand y reducirla a un recuerdo nebuloso. Pero no lo hizo. Por dos razones.
La primera, Herta aún no había hecho nada que justificara un ataque directo. Podía ser molesta, invasiva, y completamente ególatra, pero aún no había cruzado la línea.
Y la segunda… No conocía con exactitud el alcance de sus habilidades. Tn era precavido por naturaleza. Desconocía qué clase de mecanismos defensivos tenía la genio, si sus cuerpos muñeco podían reaccionar al instante, o si su campo de manipulación era lo suficientemente potente como para contrarrestar sus ataques. Un movimiento en falso podría terminar en una catástrofe.
Vertió el licor en un vaso corto con movimientos precisos. El líquido ámbar reflejaba la tenue luz artificial del camerino privado. No dijo nada mientras tomaba el primer sorbo, sintiendo el calor bajar por su garganta.
-¿Y no me ofrecerás un poco? -preguntó Herta con una sonrisa que mezclaba curiosidad e impertinencia, mientras se sentaba de lado en el borde del sofá, cruzando las piernas con una gracia casi teatral levanto un poco el vestido,dejando ver una piel clara y cremosa.
Tn la miró. Por un instante, pareció debatirse entre la lógica y el deseo de ignorarla… pero terminó sirviéndole un vaso. No por cortesía. Solo para que no siguiera hablando.
Herta tomó la copa entre sus dedos enguantados y levantó el cristal hacia la luz.
-Un licor antiguo. Interesante… gracias -dijo con voz melosa-. No suelo beber, pero un trago ocasional no me cae mal. Estimula ideas nuevas… o algo así.
-Si terminas embriagada, no pienso cargarte -respondió Tn sin mirarla, bebiendo otro sorbo.De hecho si se embriaga podra hecharla mas facil de su camerino.
“Muy buena idea”.
-Oh, no te preocupes -rió Herta-. Tengo un sistema de purificación en mi hígado. Puedo borrar la intoxicación con un comando si me canso.
“Carajo”.
-Claro que sí…
El silencio se asentó un momento. No incómodo, pero sí cargado de esa tensión densa entre dos entidades que aún no decidían si eran aliados, enemigos, o algo entre medio. Herta, sin embargo, parecía disfrutar del ambiente. De hecho, observaba a Tn con una mezcla de análisis y entretenimiento. No lo veía como un igual… pero tampoco como un simple espécimen.
-¿Sabes? -murmuró de pronto, meciendo su copa-. Me pareces raro… No eres como los típicos hombres que babean por una oportunidad de sentarse a mi lado o en casos especificos meterse entre mis faldas.
-¿Y por eso decidiste meterte a mi camerino sin permiso? -replicó él.
-No tenía nada mejor que hacer. Y no todos los días uno se topa con un ente que parece existir fuera del marco lógico de nuestra realidad… ¿Eres un experimento? ¿Un error? ¿O simplemente un prodigio mal ubicado?
-No soy de tu propiedad ni tu rompecabezas.
Herta sonrió, encantada con la resistencia.
-Todavía.
Tn apretó los dedos contra su vaso. El whisky ya no sabía tan bien.
Tn vació el resto de su vaso de whisky con un suspiro cansado, el cristal haciendo un suave clic al posarlo sobre la mesita del camerino. Se quitó el abrigo con un movimiento lento, dejando a la vista solo su camisa blanca abotonada. El corte de la prenda acentuaba su figura, elegante pero discreta.
-Saldré un momento -dijo sin mirar a Herta, su tono seco, como si no esperara objeción alguna.
-¿Eh? Espera, ¿adónde vas tan deprisa? -Herta giró hacia él, pero al alzar la mano para detenerlo, la puerta ya se cerraba con un clack.
Se quedó sentada, sola en el camerino, con su copa en mano. Sus dedos delgados jugaron con el borde del vaso, y tras un suspiro resignado, se lo llevó a los labios y lo bebió de un solo trago. Su expresión cambió de inmediato.
-Ugh… qué asquerosamente amargo -se quejó, arrugando la nariz mientras dejaba la copa a un lado-. ¿Cómo puede beber esto como si fuera agua?
Miró la puerta cerrada por un largo instante. Tn era extraño, eso era evidente. Pero no solo eso: lo que más le llamaba la atención era el suceso anterior, cuando la boca de aquella mujer simplemente desapareció. Como un chasquido de realidad distorsionada.
-Esa habilidad… -murmuró para sí-. No fue física. Tampoco elemental. ¿Qué clase de “Camino” sigue?
Se puso de pie, caminando lentamente por el camerino mientras pensaba en voz alta, como si buscara pistas entre las sombras de lo cotidiano.
-No es Conservación, no es del tipo que protege nada. Caza… tal vez, aunque no lo vi disfrutar del conflicto. Destrucción… mmm, podría ser, pero no parece impulsado por el caos, sino por algo más metódico… ¿Nihilidad? Esa… podría encajar.
Sus dedos se cruzaron detrás de su espalda mientras caminaba de un lado al otro como si su mente fuera una pizarra de teorías.
-O tal vez… ¿y si ni siquiera sigue un Camino convencional? -Se detuvo y sonrió con una mezcla de fascinación y molestia-. Me gusta cuando algo no tiene explicación inmediata. Pero también me molesta. Mucho.
(Nt:pinche mujer amargada XD).
En su mente, recordaba con nitidez el instante en que aquella mujer gritaba, y de repente, solo había silencio. Una anomalía en las leyes de la existencia misma.
-Ese “truco”… eliminar un punto de expresión tan fundamental… ¿será una distorsión de espacio? ¿Manipulación conceptual? No parece magia común. Me vendría bien para silenciar a varios idiotas de la estación.
Se acercó al vaso vacío, lo giró entre sus dedos, y murmuró.
-¿Tn… qué eres exactamente?
La puerta se abrió sin aviso, y Tn volvió a entrar, ahora con el cabello algo desordenado por el viento exterior. En su mano sostenía algo: una pequeña caja con un broche brillante. Herta lo miró alzando una ceja.
-¿Eso es para mí? -preguntó, con tono juguetón pero con la mirada fija en él como si intentara leer entre líneas.
Tn simplemente dejó la caja sobre la mesa sin responder de inmediato.
-Es un inhibidor de sonido. Pensé que te vendría bien… para tus experimentos.
Herta parpadeó. Por un momento, su expresión se suavizó.
-No es tan elegante, pero aprecio el detalle, aunque de donde lo sacaste si puedo preguntar.-lo tomo entre sus dedos y sonrio-Es mejor borrar una boca -bromeó-, pero supongo que es más práctico.
-Tú lo dijiste -respondió Tn, girándose para tomar otro vaso.
-¿Y tú? -dijo ella de repente, con tono serio-. ¿Sigues algún Camino?
Tn se detuvo, sin mirarla.
-No. Los Caminos son para quienes aceptan una guía.
-Entonces… ¿vas solo?
-No. Yo trazo el mío. -Se giró ligeramente, mostrando media sonrisa sin humor-. No todos necesitamos un sendero para saber a quién destruir.
Herta se quedó callada. Esa respuesta… era peligrosa. Pero también interesante.
-Eres más entretenido de lo que pareces, Tn.
-Y tú más insistente de lo que me gustaría -replicó él, aunque sin verdadera molestia en la voz.
Ambos se quedaron en silencio por un momento, compartiendo el aire cargado de misterio y humo de alcohol.
Una cosa era segura para Herta: quería saber más. Aunque eso significara jugar con fuego.
(Nt:ok para los que no saben que es el briah o el poder de tn les dejare esto).
Die Ewigkeit (エイヴィヒカイト, Eivihikaito) es uno de los muchos elementos principales de Dies irae. Se trata de una hechicería creada por Karl Ernst Krafft con la intención de fusionar espiritualmente a un Ahnenerbe con su portador, otorgándole así capacidades sobrehumanas. Esta es una forma de hechicería que poseen la mayoría de los personajes de Dies irae.
La mayoría de las hechicerías utilizan la fuerza vital como combustible, y era bastante común que los hechiceros de la antigüedad usaran la sangre o incluso el alma de un ser vivo (en particular, el alma humana) para potenciar su arte. El fenómeno de un Ahnenerbe eligiendo a su portador y buscando almas como sustento no era infrecuente desde la antigüedad. Sin embargo, estos casos siempre terminan con dichos portadores destruidos por la atracción hacia su propia Reliquia. En otras palabras, poseer una Reliquia no ofrece prácticamente ningún beneficio.
La Ewigkeit busca reformar esto. Su creación permite a quien la posee establecer una relación simbiótica con ella. Al tomar una gran cantidad de almas, quien la posee también se fortalece. Obtiene una fuerza vital equivalente a la cantidad de vidas que devoró, lo que aumenta enormemente sus capacidades físicas y dificulta su muerte. Esto lo convierte en un Apóstol.
Aunque esencialmente los hace inmortales y sobrehumanos, eso no significa que un grupo de humanos equivalente al número de almas devoradas pueda matar a un Apóstol. Poseer cien almas significa tener cien veces más fuerza vital que una persona normal. Por lo tanto, la fuerza de un Apóstol es fundamentalmente diferente a la de un humano; por lo tanto, ni siquiera el armamento militar más potente puede hacerles daño. Poderes y habilidadesAdemás de la ya mencionada capacidad de devorar almas y la mejora física que conlleva, Ewigkeit también otorga al usuario muchos otros poderes. Ewigkeit permite a un Apóstol sentir y detectar almas a grandes distancias, incluso en sus características. Sus ataques infligen daño tanto espiritual como físico, obligando al receptor a defenderse en ambos frentes. Además, les permite regenerarse si han sido heridos o incluso reformar su cuerpo instantáneamente si ha sido destruido, hasta que no quede rastro alguno, siempre que su alma permanezca intacta.
Debido a los pensamientos y emociones que conforman una Reliquia Sagrada, los ataques de un Apóstol también exhiben propiedades esotéricas. La historia superpuesta que posee una Reliquia actúa como un veneno mortal que mataría inmediatamente a una persona común e inhibe la regeneración. Además, daña la esencia misma del ser humano: su alma. Independientemente de la ausencia de dolor y del estado físico, con el más mínimo contacto puede matar a cualquiera. Por lo tanto, ni siquiera los espíritus incorpóreos pueden sobrevivir al ataque de un Apóstol.
Sin embargo, este poder tiene sus defectos. Como se mencionó anteriormente, el principio más básico de Die Ewigkeit es absorber el alma de otros seres. Absorber el alma de otros seres significa absorber toda la información almacenada en su alma, incluyendo sus recuerdos, emociones y experiencias personales. Toda esta información sobrecargaría tanto la mente como el cuerpo de un Apóstol débil de corazón y cuerpo. Si bien un Apóstol puede usar esta enorme cantidad de información para sus propios fines, se requiere una capacidad de procesamiento extremadamente alta para manejar tal cantidad de información simultáneamente. Por lo tanto, esta habilidad es casi inútil en el curso de una batalla, ya que uno se arriesgaría a perder incluso su propia identidad en el torbellino de información (a menos que se trate de alguien con un ego enorme, como Reinhard, o alguien completamente loco, como Schreiber).
Además, un Apóstol tiene un límite en la cantidad de almas que puede contener en un momento dado. Llevar más almas de su capacidad máxima sobrecargará su cuerpo, como si el vino se derramara de una copa ya llena. Dado que un Apóstol posee una cantidad limitada de almas, debe usarlas eficientemente para no agotar su energía. En circunstancias en las que un Apóstol se queda sin almas y no tiene los medios para reponerlas, no se vuelve más sobrehumano que una persona común, como en el caso de Wilhelm Ehrenburg cerca del final de Dies irae: Entrevista con Kaziklu Bey.
Niveles de Die Ewigkeit.
AssiahEl primer nivel de la fórmula Ewigkeit, la característica que indica que la Reliquia del Alma se ha manifestado desde el alma del usuario. En este rango, es física y algo inestable, a la vez que otorga al usuario un conjunto de habilidades menores. También otorga un cuerpo más resistente, pero aún puede ser eliminada al golpear áreas vitales como el corazón y el cerebro. La función de una Reliquia Sagrada varía de un individuo a otro.
YetzirahEl segundo nivel de la fórmula Ewigkeit, cuando la Reliquia Sagrada finalmente comienza a mostrar sus rasgos particulares. La Reliquia Sagrada ahora es estable y puede ser convertida en arma. Su cuerpo se fortalece a niveles sobrehumanos, y ya no puede ser asesinado a través de sus áreas vitales, ni su cuerpo se atrofia por el envejecimiento, aunque su alma continúa haciéndolo.
BriahEl tercer nivel de la fórmula Ewigkeit, que permite que el deseo más profundo del usuario se haga realidad. Hay dos tipos diferentes de Briah: Gudou (cuando el deseo se comprime hacia adentro, es decir, hacia uno mismo) y Hadou (cuando el deseo se comprime hacia afuera, es decir, hacia los demás). Dicho deseo otorga al usuario una habilidad relacionada con él, al menos en cierta medida. Cuando el usuario tiene un deseo Hadou, su habilidad alterará su entorno, mientras que un deseo Gudou lo alterará a sí mismo, aunque existen mezclas de ambos, como es el caso de Wilhelm.
AztiluthEl nivel final y definitivo de la fórmula Die Ewigkeit, cuando el usuario se convierte en un Dios completo y comienza a pintar sobre la realidad con su propia Ley, convirtiendo el universo/multiverso en un lienzo. La habilidad otorgada por su deseo se amplifica a niveles mucho mayores (por ejemplo, Schreiber puede eludir el concepto mismo de velocidad para ir más rápido que su enemigo), y los usuarios son capaces de manipular la realidad a nivel conceptual, además de ser literalmente universos andantes, con una simple gota de su sangre que pesa más que una estrella de neutrones. La diferencia entre Hadou y Gudou aún existe, ahora en la forma de Dioses Hadou y Gudou. Sin embargo, no todos son capaces de alcanzar Atziluth, ya que es un derecho que se determina al nacer.
Pondría imágenes suculentas de las waifus pero…..wattpad y los tards no me dejarían en paz 😑 así que ni modo.
(10 estrellas y algunas opiniones sobre que les parece el cap).
Siguiente en llegar (aclaro que esta es la lista en la que llegaran los capitulos les di mas de un dia para que se pusieran de acuerdo >:v).
zhu yuan.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com