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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 120

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  4. Capítulo 120 - 120 Jalter part 6 fgo
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120: Jalter part 6 fgo 120: Jalter part 6 fgo Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

____________________________________________________________________________________ Jeanne Ruler había escuchado todo.

Cada susurro, cada gemido, cada palabra impura saliendo de los labios de su contraparte corrompida.

Sus mejillas estaban teñidas de un rojo encendido, no solo por la vergüenza, sino por la rabia sorda que crecía en su pecho.

—¡Qué descaro…!

¡Qué…

inmoralidad!

—se murmuró a sí misma mientras apretaba su báculo con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.No podía permitir que semejante libertinaje fuera ignorado.

Ella era una Santa, una mártir por Francia y por la humanidad.

Escuchar esa…

provocación había sido una prueba a su temple.

—No puede ser…

que me haya afectado —dijo para sí, más como súplica que como afirmación.

Con la mirada baja y la respiración agitada, Jeanne giró sobre sus talones y se marchó del sótano, la barrera todavía vibrando con los ecos de las palabras impías de su alter ego.

.

.

Sala médica de Chaldea – 20:43 horas.

La habitación estaba silenciosa, apenas interrumpida por los leves pitidos del monitor de signos vitales.Tn comenzaba a despertar.

Sus ojos, opacos, se abrieron lentamente.

Pero no había enfoque, ni brillo.

No había miedo, ni esperanza.

Solo vacío.

De no ser porque los estudios lo muestran…..bien pudo tener muerte cerebral.

Sus pupilas dilatadas se movían perezosamente, como si buscaran algo…

sin saber qué.

Como un títere sin hilos.

Una muñeca de trapo abandonada.

Martha, sentada a un lado de la cama, lo observaba con el ceño fruncido y una expresión de tristeza.

En su regazo descansaba un platito con pasteles olvidados.

—Hola, Tn…

—murmuró, con voz suave, casi temiendo asustarlo—.

¿Puedes oírme?

Él parpadeó.

No respondió.

Solo volvió la cabeza hacia ella… muy lentamente.

—¿Sabes dónde estás?

Nada.

Da Vinci entró en ese momento, con sus guantes ya puestos y su tableta flotando a su lado.

Su expresión era más seria de lo habitual.

—¿Cómo está?

—preguntó Martha, girando hacia la genio inventora.

Da Vinci escaneó el cuerpo artificial de Tn, observando sus patrones de maná, las ondas cerebrales, y la forma en que su alma estaba anclada al receptáculo.

Su rostro perdió color poco a poco.

—No es bueno —dijo con suavidad, pero sin adornos—.

Su cerebro…

o al menos lo que queda de su integridad mental…

está completamente fundido.

Está funcional, pero…

—¿Pero qué?

Da Vinci se cruzó de brazos.

—Emocionalmente, está disociado.

Su alma fue forzada a vivir semanas, quizá meses, como prisionero…

objeto de afecto y violencia emocional por parte de Jeanne Alter.

Estuvo atado, manipulado, dependiente de ella para comer, dormir, existir.

En la singularidad y aquí.

Carajo se lo dieron en bandeja de plata solo para tener el grial.No se preocuparon cuando vieron las letras minusculas en el contrato.

—¿Eso lo destruyó…?

—murmuró Martha.

Da Vinci suspiró, bajando la mirada.

—Sí.

Para ponerlo en palabras simples…

todo lo que hacía de él un ser humano funcional, fue deshecho.

Su conciencia está ahí, pero como una brasa cubierta por cenizas.

Quizá vuelva a sí mismo…

pero pasará mucho tiempo.

Y no sin ayuda.

Martha bajó la cabeza.

Se sentía impotente.

No podía golpear a la bruja encerrada.

No podía sanar el alma de este muchacho.

Y verla así, con los ojos vacíos, sin siquiera saber si reconocía su nombre… era desgarrador.

—Lo vigilaré.

No dejaré que vuelva a estar solo —susurró con determinación—.

No otra vez.

Da Vinci asintió.

—Bien.

Al menos hasta que su flujo de maná se estabilice… tenemos que asegurarnos de que Jeanne Alter no reciba más de su energía.

Eso podría hacerla más fuerte, o peor… abrir la barrera.

Y con eso, Da Vinci se retiró, dejando a Martha sola con Tn… y con la promesa silenciosa de que lo cuidaría, aunque él ya no pudiera agradecerle.

Porque en ese instante, más que un Master, más que un joven traído por azar, Tn parecía… solo un sobreviviente.

‘Moshi moshi’.

Tn movía lentamente la cabeza de un lado a otro.

No sabía por qué lo hacía… solo lo hacía.

Como si un impulso invisible guiara su cuello en vaivén, sin intención, sin objetivo.

Martha lo observó en silencio.

Ese pequeño gesto, tan simple, tan vacío, le dolió más que cualquier herida visible.

Pensó en abrazarlo… pero no se atrevió.Hasta que un leve sonido la interrumpió.

—¿Eh?

El estómago de Tn gruñó suavemente, exigiendo alimento con una timidez tan humana que por un segundo, Martha sonrió.

—Bueno, eso suena como alguien que todavía está en este mundo —murmuró con dulzura.

Rebuscó en los bolsillos de su hábito.

Aún tenía algunas golosinas que había “tomado prestadas” de la cocina, chocolates envueltos y un par de caramelos de leche.

Sacó uno, desenrolló el envoltorio y se lo ofreció con una sonrisa.

—Aquí tienes, cariño.

Esto te va a gustar.

Tn no la miró.

No reaccionó.

Martha se inclinó un poco más, acercando la golosina a sus labios, pero Tn no abrió la boca.

En su intento de hacerle probarla, terminó restregando parte del rostro con el chocolate.

—¡Ay no, no, no!

Perdón, perdón… —exclamó nerviosa, sacando un pañuelo y comenzando a limpiar su mejilla con rapidez, con movimientos torpes pero cuidadosos—.

No era mi intención, ya basta de que te traten como muñeco…

Pero Tn… aún no se movía.

Ni una queja, ni un parpadeo.

Martha respiró hondo, pensativa.

Entonces tuvo una idea.

Con ambas manos libres, se llevó un trozo de dulce a su boca y lo masticó exageradamente, como si fuera una maestra frente a un niño pequeño.

—Mira, así.

Mmm… dulce, sabroso, ¿ves?

*Nham* *nham*.

Lo repitió una vez más, esta vez abriendo la boca lentamente y señalándola.

Y… entonces, algo ocurrió.

Tn imitó el gesto.

Abrió la boca con lentitud.

Torpemente.

Y metió la golosina en ella.

El corazón de Martha casi se detuvo.

—Eso es… sí, muy bien —murmuró, conteniendo las lágrimas—.

Puedes hacerlo… tú puedes…

Mientras masticaba con lentitud, los ojos de Tn aún estaban apagados, pero ese acto… fue suyo.

No por hambre, no por deseo… sino por imitación.

Como un niño.

Y entonces, Martha comprendió algo vital.Tn no iba a mejorar solo con magia o medicina.Necesitaba aprender otra vez.

Desde lo más básico.Cómo reaccionar, cómo sentir, cómo confiar.Y si ella tenía que ser su maestra, su cuidadora, su refugio… lo haría sin dudar.

Era una santa despues de todo.

—De acuerdo, chico —susurró, sentándose de nuevo a su lado—.

Empezaremos por lo simple.

Comer, luego hablar… y luego, cuando estés listo, me dirás tu nombre con orgullo.

Tn ladeó la cabeza otra vez.

Pero esta vez… parecía un poco menos vacío.

.

.

Martha siguió probando con los dulces, llevándolos a su boca primero, luego a la de Tn, esperando cada vez una pequeña reacción, aunque fuera mínima.

Sonrisas forzadas, gestos grandes y dulces suaves de leche, todo para que el chico reaccionara.

A veces él abría la boca con lentitud, a veces simplemente dejaba que el dulce se quedara en su lengua, sin tragar de inmediato.

Pero aún así, era algo.

Estaba por intentar otra vez con una galleta cuando la puerta de la enfermería se abrió con fuerza.

—¡¿QUÉ ES ESTO?!

—la voz estruendosa de Nightingale llenó el cuarto como una explosión que le helo la cadera a Martha.

Antes de que Martha pudiera reaccionar, la imponente berserker ya la había alcanzado por detrás y le tomó un puñado de cabello, tirando ligeramente hacia atrás con una expresión de juicio clínico mezclada con amenaza pura.

No era odio, pero su mirada era intensamente desaprobadora.

—¡Nada de dulces para los pacientes!

¡Le cortaré las piernas si lo intoxicas con azúcar, insensata!

¡La diabetes es un enemigo silencioso y letal!

*Agarrar*.

—¡¿QUÉ TE PASA, ESTÁS LOCA?!

—gritó Martha, forcejeando para liberarse—.

¡Solo estoy cuidándolo, no lo estoy matando!

Nightingale no parpadeó.

—No eres médico.

Yo cuido de los pacientes.

Yo los salvo.

Yo decido lo que entra en sus bocas, estómagos y venas.

El azúcar destruye los órganos internos.

Una trampa dulce para una muerte segura.

Diabetes tipo 2:El consumo excesivo de azúcar, especialmente a largo plazo, puede llevar a la resistencia a la insulina y eventualmente a la diabetes tipo 2.

Enfermedades cardiovasculares:El azúcar puede aumentar los niveles de triglicéridos y colesterol en sangre, factores de riesgo para enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.

Siguio delirando sin soltar a Martha.

En ese momento entró Asclepius.

El joven y eternamente cansado médico cerró la puerta detrás de sí con un suspiro profundo, observando la escena con el estoicismo de quien ya estaba acostumbrado a este tipo de problemas.

Llevaba todo el dia en la maldita ala medica.

—…¿Otra vez?

—preguntó con voz neutra.

—¡Me está arrancando el cabello!

—chilló Martha mientras seguía medio colgada de la mano de la berserker.

Asclepius se acercó, ajustando el borde de su túnica.

—Nightingale, está bien que coma algo dulce —dijo con tranquilidad—.

Su sistema está absorbiendo mana lentamente, pero su actividad cognitiva necesita estímulos suaves.

Las respuestas básicas, como el gusto, son un buen comienzo.

Y además…

no tiene signos de resistencia a la insulina.

Nightingale lo miró fijamente.

Durante unos largos segundos, el cuarto se quedó en silencio, mientras su expresión parecía procesar cada palabra…

y después soltó lentamente a Martha, que cayó al suelo con un quejido.

—Hmph.

Muy bien —dijo finalmente la berserker—.

Pero si sufre un colapso pancreático, tendre que abrir su pecho y proceder a rrancar todo para luego coserlo.

—Los homúnculos no tienen páncreas del todo funcional, Florence —replicó Asclepius, sin molestarse en ocultar el fastidio.Los procesos de lamujer aunque valorados……estaba loca.

Martha se levantó lentamente, sobándose el cuero cabelludo.

—Está loca… está completamente loca….

Asclepius se agachó junto a Tn y revisó las constantes vitales, sacando un par de herramientas de diagnóstico.

Tras varios minutos en silencio, observando con atención cómo el chico movía los labios y masticaba una pequeña galleta con torpeza, asintió ligeramente.

—Está mejorando… lento, pero mejorando.

El daño es principalmente neurológico, emocional.

—Se volvió hacia las dos mujeres—.

Físicamente su cuerpo se está adaptando.

Pero su mente… ha sido moldeada, deshecha y reconstruida por la fuerza.

Lo han convertido en algo… obediente.

Vacío.

Obviamente tendrian que tenerlo mas tiempo en enfermeria y si no mejoraba………

Era mejor buscar opciones.

Martha bajó la mirada.

—Sí… ya lo había notado.

No responde si no lo imitas.

Como si esperara instrucciones de todo.

Pero… al menos ahora come.

Eso es algo, ¿verdad?

Asclepius cerró los ojos y asintió con serenidad.

—Sí.

Eso es un comienzo.

Y cada pequeño gesto…

es un avance.Aunque tendriamos que verlo con un especialista en esa area.

Cuantos servants pueden presumir de ser psicologos….Romani quedaba descartado, aun seguia limpiando el desastre de la Avenger.

Mientras tanto, Tn seguía masticando lentamente, con la mirada fija en la galleta entre sus dedos, como si no supiera si debía comérsela, lanzarla o simplemente… sostenerla para siempre.

-Mmmmm, haber esot ya funicona….

Proteínas: Carnes magras (pollo, pescado, pavo), huevos, lácteos descremados, legumbres (frijoles, lentejas, garbanzos), tofu.

Asclepius revisó algunas cosas en su tablilla, los datos de Tn eran estables.

Ritmo cardíaco, actividad cerebral mínima pero presente, reflejos levemente activos… una mejora leve, pero mejora al fin.

Tras apuntar un par de notas más, cerró el archivo y habló con voz seca pero profesional.

—Le daremos comida sólida.

Algo más nutritivo que dulces y golosinas.

—Se giró hacia Florence—.

Ve a la cafetería, que preparen lo que anoté.

Nada pesado, pero que pueda estimular sin abrumar.

Florence asintió con firmeza.

Tomó las notas, las leyó, murmurando los ingredientes con detenimiento y luego, sin más palabras, salió de la enfermería marchando.Posiblemente derribe algunos servants.

Asclepius se quedó un momento en silencio.

Luego miró de reojo a Martha, que aún estaba junto a Tn, sentada en una silla baja.

Sus manos estaban entrelazadas sobre su regazo, y sus ojos se mantenían fijos en el rostro casi inexpresivo del joven.

—Puedes quedarte… o puedes irte.

Haz lo que te plazca, Santa.

Martha dudó por un momento.

Pero al final, respiró hondo y alzó la mirada con algo de decisión.

—Quiero su tutela… —dijo, con un tono que era más suave de lo usual en ella—.

No puedo dejarlo solo.

Sé que es difícil… sé que muchos pensarán que no vale la pena, pero si no lo cuido yo… ¿quién lo hará?

Era una santa despues de todo.

Asclepius la observó fijamente.

Vio convicción, una llama no fanática, sino determinada.

Tal vez por eso, tras un leve bufido resignado, asintió.

—Puedes ser su tutora, sí.

Pero no estarás sola.

Otros servants colaborarán.

Médicos, mentalistas, quizás incluso algunos divinos.

Este chico está lejos de una recuperación sencilla.

Martha asintió sin vacilar.

—Lo entiendo.

Y sin que ninguno de los dos lo supiera… alguien escuchaba.

Una presencia flotaba más allá de los pasillos, oculta entre las sombras suaves del sistema de cámaras.

Nadie la detectó.

Nadie siquiera notó el cambio de temperatura, o la esencia seductora y venenosa que se filtraba en el aire.

Kama.

En su forma adulta, sensual y envuelta en una vestuario poco inaporpiado que revelaba más de lo que cubría, la clase Asesina, La representante de mil amores estaba sentada entre los sistemas de comunicación desactivados de Chaldea, lamiendo una fruta que no existía con una sonrisa tentadora.

—Un maestro roto, incapaz de sentir nada… —murmuró con placer—.

Y una ex-Santa que se volvió bestia por amor… qué deliciosa combinación.

-Ahhh~.

Sus ojos brillaron con un fulgor lujurioso, peligroso, casi maternal.

Sus dedos trazaban círculos en el aire, moldeando lentamente lo que parecía un patrón místico: no era hechicería, era instinto puro.

Kama no necesitaba hacer magia para manipular corazones, solo debía existir.

Dejarlos caer en tentacion.

Hacer que imploren por el placer.

—¿Quién cuidará del pobre y adorable Tn…?

¿La santa?

¿La loca encerrada en el sótano?

¿O quizás… una diosa del amor que entiende lo que realmente desea el alma?

-Ah~.

Su voz se desvaneció con un eco, y su cuerpo desapareció entre los cables, desmaterializándose con elegancia.

Pero dejó atrás algo… una sensación.

Un calor extraño.

Una presión sutil que comenzaba a despertar algo dormido en Tn.

En la enfermería, el joven movió ligeramente los dedos.

Apenas un estremecimiento en la sábana.Martha no lo notó.

Asclepius tampoco.

Pero Kama sí.

Y sonrió mostrando los dientes.

.

.

Sin que nadie la notara, Kama descendió al sótano.

Su silueta etérea se deslizó entre las sombras sin perturbar barreras ni alarmas, como si la misma oscuridad la acogiera.

Sus pies no hacían sonido al tocar el suelo; su mera presencia parecía borrar su rastro del mundo físico.

Era un susurro del deseo, un eco del amor distorsionado.

Jalter estaba tirada en el suelo.

Su mirada perdida, fija en el techo sucio y manchado por su propio aliento y sudor.

Llevaba días sin dormir bien, y su cuerpo sentía el castigo y masturbarse todo el tiempo ayudaba un poco.

Luego se quejaba de manchars eo oler raro.

Escuchó pasos.

No levantó la cabeza, solo sonrió con desdén.

—Vaya, otra vez tú, ¿eh?

—escupió con sarcasmo—.

¿Vienes a darme otro de tus sermones, santa degenerada?

¿Qué vas a decirme ahora?

¿Que soy una pecadora?

¿Que debo arrepentirme mientras tú miras a mi chico con los mismos ojos sucios?

o a escucharme gemir~ su nombre.

Pero se quedó callada.

Esa presencia no era Jeanne.

Abrió un ojo y lo primero que vio fue un par de piernas esbeltas y desnudas hasta la cadera.

Su mirada subió lentamente, bordeando la figura femenina envuelta en velos púrpura, piel bronceada que relucía como aceite bajo la tenue luz.

Cabello blanco, ojos que destilaban deseo y burla.

La mujer sonreía con la misma gracia que una serpiente antes de atacar.

—Tú no eres Jeanne…

—gruñó Jalter, incorporándose un poco, su cuerpo tensándose, mientras se cubria le pecho y su entrepierna con su armadura.

Kama hizo una leve reverencia, burlona.

—Cierto.

No soy esa mojigata.

Soy Kama.

Assassin class…

y diosa del amor, en sus formas más puras y más…

—se inclinó un poco hacia adelante, su voz se volvió un susurro cálido como miel—…

impuras ah~.

Jalter frunció el ceño.

Su piel se erizó.

No por temor, sino por irritación.

—Lárgate.

No me interesa lo que tenga que decir una zorra semidesnuda con título de diosa.

—escupió con odio, usando cada sílaba como un dardo venenoso.

Kama rió suavemente, sin molestarse.

—¿Zorra?

Quizás.

¿Pero tú no lo eres?

—ladeó la cabeza—.

Después de todo, yo no tuve atado a un pobre niño campesino durante semanas, alimentándolo a cucharadas mientras lo convertía en tu muñeco personal.

No me hables de moral, querida~.

Eso hizo que Jalter se callara.

Un silencio incómodo reinó por un instante.

Kama aprovechó para dar un paso más cerca de la barrera, su voz más suave ahora.

—Vi a tu pequeño…

Tn…

en la enfermería.

Tan frágil, tan perdido.

Me pareció…

adorable.Mmmm~.

El rostro de Jalter se tensó de inmediato.

Sus ojos se abrieron como platos, y la rabia se encendió en su pecho como una antorcha.

—No te le acerques…

—murmuró con voz ronca, que temblaba por la ira contenida.

—Ah, pero no soy la única que se le acerca.

—Kama sonrió con dulzura venenosa—.

La santa lo cuida todos los días…

lo alimenta, le habla.

Jeanne va a rezar por él.

Quién sabe…

tal vez incluso piense en redimirlo con caricias suaves y oraciones al oído Mmmm~ imagina darle asesoramiento oral~.

¿Cuántas más lo miran?

¿Cuántas más desean poseer lo que tú crees que es tuyo?

El ojo de Jalter tembló.

Un tic involuntario cruzó su ceja.

Luego su puño se cerró.

—¡¡¡DIME QUIÉNES SON, MALDITA…!!!

—rugió mientras lanzaba un puñetazo directo a la barrera, que estalló en luz al absorber el impacto.

Kama solo se rió, caminando en círculos frente a la jaula.

—Martha…

Jeanne…

y tal vez más.

¿Tal vez Florence?

¿O esa pequeña loca-diosa Ishtar?

¿Quizás alguien del equipo médico masculino se enamore de su sonrisa vacía?

Awwwww el amor yaoi siempre me fascina aunque~, verlo ser rompido y tomado por un hombre mas grande tal vez un bersekrer hay hay~ que imaginacion tengo.

Sin duda tengo por donde empezar.

Jalter jadeaba, su cuerpo ardiendo de rabia.

Las venas de su cuello se marcaron, sus dedos chispeaban con fuego negro.

La idea de otros tocando lo que ella protegía, lo que ella moldeó con sus manos…

era intolerable.

Kama se detuvo, cruzando los brazos bajo el busto.

Su voz se volvió más gélida.

—Te lo van a quitar, Jalter.

Lo están arreglando.

Le están devolviendo el alma.

Y cuando eso pase, tú serás solo un recuerdo difuso de un mal sueño.

cae.

cae.

cae.

cae.

Jalter gritó.

No era un grito de guerra ni de dolor.

Era un rugido de pérdida, una voz desgarrada que salía del fondo de su pecho vacío.Iba a matar a esa perra y arrancarle la garganta.

Jalter golpeó la barrera, una y otra vez, con una furia que hacía vibrar incluso las paredes del sótano.

Su piel se desgarraba, sus nudillos crujían.

La sangre oscura y humeante se estampaba en los muros mágicos, carbonizándose al instante.

—¡¡¡ALÉJATE DE ÉL, PERRA!!!

—gritó, jadeando, mientras el dolor recorría sus brazos como fuego vivo.

Kama no hizo más que reír.

Esa risa era dulce, musical… pero detrás de cada nota había veneno.

—¿Tan fácil es encenderte?

—murmuró Kama, girando sobre sí misma como en un baile burlón—.

¿De verdad crees que puedes evitarlo, querida Jeanne alter?

Existen miles de formas de seducir…

de corromper…

Y créeme, tengo todas en mi repertorio.

Se acercó lentamente a la barrera, lo suficiente como para que Jalter pudiera ver claramente el brillo en sus ojos.

—¿Y si me lo quedo yo?

—susurró con una voz cargada de intención—.

Solo por diversión, claro.

Para ver cómo reacciona.

¿No sería lindo verlo aferrado a mí, pidiendo afecto con esa vocecita rota que le dejaste?

Jalter apretó los dientes, gruñendo como una bestia enjaulada.

—Si lo tocas…

si siquiera lo miras…

¡¡Juro que voy a arrancarte la lengua y alimentar con ella a Tamamo perra witch!!

Pero Kama solo sonrió más.

—Ah, sí.

Esa furia tuya es tan encantadora.

—Se llevó un dedo a los labios—.

Aunque, si soy honesta…

no estoy sola en esto.

Tal vez podría pedirle ayuda a Ishtar, ¿sabes?

Ella es toda una joya en estos juegos de posesión y capricho.

O quizás a Quetzalcóatl…

siempre tan amable, tan maternal.

Seguro le encantaría la idea de “salvar” a un chico como Tn.

Los ojos de Jalter brillaron con más oscuridad.

No…

no podían quitárselo.

No debían quitárselo.Le costó tanto.

Tanto trabajo.

Tantas noches.

Tantas lágrimas, risas, amenazas susurradas al oído.

Moldearlo.

Amoldarlo.

Convertirlo en suyo.

Todo, para que ahora esas… esas… ¡esas rameras celestiales vinieran a deshacer su obra!

—¡¡¡ÉL ES MÍO!!!

—bramó Jalter con desesperación—.

¡¡MÍO!!

¡¡NO PUEDEN TOCARLO!!

¡¡NO PUEDEN TENERLO!!

¡¡LO MATARÉ ANTES DE QUE LO HAGAN!!

La voz se quebró.

Ya no era solo furia.

Era miedo.

Miedo a perder su único rincón de consuelo.

Su única compañía.

Su propósito.

Kama, por su parte, simplemente suspiró con deleite.

—Ahh…

lo fácil que es molestarte.

¿Sabes?

No estoy haciendo esto por él.

Ni por ti.

Solo quería verte retorcerte.

Y lo estás haciendo a la perfección.

Se dio media vuelta.

—Gracias por el espectáculo, Brujita.

Me ha hecho el día.

—Hizo un gesto como si soplara un beso, sin realmente hacerlo—.

Tal vez vuelva más tarde… si me aburro.

O si decido tomar lo que tanto valoras solo para verlo romperse otra vez.Tal vez lo deje entrar en mi divina vagina y montarlo frente a ti Ah~.Eso…eso suena una exelente idea~.

Y sin más, Kama desapareció entre sombras y niebla púrpura.

Jalter se quedó sola.

Sus manos rotas colgaban a los lados.

Su mirada, fija en donde antes estaba Kama.

Su pecho, agitado.Su mente, hecha pedazos.

La visión que tenía de una vida tranquila, lejos de todos, solo ella y Tn…

esa fantasía se deshacía como ceniza.

No se lo iban a permitir.

Pero ella tampoco lo permitiría.

Aunque tuviera que incendiar Chaldea otra vez.

Aunque tuviera que matar a cada diosa, santa o bestia.

Tn era suyo.

Y nadie lo tocaría.

*llorar*.

-Me…..vengare.

_______________________________________________________________________________ Pondría imágenes suculentas de las waifus pero…..wattpad y los tards no me dejarían en paz 😑 así que ni modo.

(10 estrellas y algunas opiniones sobre que les parece el cap).

Siguiente en llegar (aclaro que esta es la lista en la que llegaran los capitulos les di mas de un dia para que se pusieran de acuerdo >:v).

…….de verdad me esfuerzo por exprimir lo que queda de mis neuronas, pero dejando mi estado mental, el capitulo de tn x chel se actualizara pronto asi que jejejeje vayamos a ver el mundo de los europeos jolines 7w7.

yanagi zzz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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