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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 124

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  4. Capítulo 124 - 124 Atalanta part 3 fgo
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124: Atalanta part 3 fgo 124: Atalanta part 3 fgo Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

___________________________________________________________ Aquella noche, por primera vez desde que vivían juntos, Tn y Rin se abstuvieron de todo.

Nada de recargas, nada de caricias, nada de juegos bajo las sábanas.

Nada de sexo.

No porque no quisieran —la tensión aún flotaba en el aire, palpable, casi con vida propia— sino porque….

Atalanta estaba en la habitación de al lado.

Y aunque no lo dijeran en voz alta, ambos lo sabían: su Servant tenía un oído finísimo.

Lo último que querían era que escuchara algo que comprometiera su autoridad, dignidad… o voluntad de cooperar.

6 sellos de comando no aseguraban que la heroe los acribillara con flechas si lo encontraba necesario.

Aun así, Rin, acostada sobre el pecho de Tn, con su larga melena cayendo por su costado, no podía evitar hablar en voz baja, como si eso engañara las paredes.

—Me pregunto cómo serán los otros Masters esta vez… —murmuró, trazando círculos lentos con el dedo en su pecho desnudo—.

¿Habrá magos de la Torre del Reloj?

¿Asesinos?

¿Gente sin talento pero con buena suerte?

Tn la rodeó con un brazo por la cintura, suspirando suavemente.

—No lo sabremos hasta que empiecen los enfrentamientos.

O las muertes.

—Tsk… qué lúgubre suenas.

—Es una guerra, Rin.

No un torneo de magia amistoso.

Ella hizo un puchero visible incluso en la penumbra.

—Aun así… habría sido mejor tener un Saber.

Siempre dicen que son la clase más balanceada y fuerte.

Técnicamente, el Grial nos jugó en contra.

Tn soltó una breve risa por lo bajo.

—¿Balanceado?

Tal vez.

¿Fuerte?

Solo si el Master sabe lo que hace.

No todo se trata de clase.

Se trata de estrategia, sincronía… propósito.

—¿Ahora te crees Sun Tzu?

—No.

Solo soy alguien que ya está financiando la guerra.

Al menos déjame sonar útil.

Ella lo miró con los ojos entrecerrados, pero no discutió.

Bostezó en silencio y apoyó mejor su cabeza en su pecho, con una sonrisa apenas perceptible.

—Tonto.

—Lo sé.

Y así, con el murmullo del viento afuera y la luz de la luna colándose por la ventana, Rin Tohsaka se quedó dormida, abrazada al único idiota que estaba dispuesto a cargar con su mundo.

Tn cerró los ojos, sintiendo el calor de su cuerpo y el peso de lo que venía.

Pero al menos por esa noche… podía descansar.

.

.

Mientras tanto, en otra habitación de la casa…

Atalanta se sentaba sobre una cama simple, de sábanas bien extendidas y una frazada doblada al pie.

No la había tocado aún.

No tenía sueño.

Y, como buena cazadora, tampoco confiaba en descansar tan pronto.

La lámpara de escritorio iluminaba el cuarto con una luz suave y cálida, aunque ella no la necesitaba.

Sus ojos estaban hechos para ver en la oscuridad.

Sus sentidos percibían todo.

Podía oír los pasos suaves de la madera.

El crujido ocasional de la estructura antigua.

La respiración acompasada de Rin.

La de Tn.

Y, por supuesto, la energía.

Esa fuente cálida, pesada, envolvente.

Aquello que el joven llamado Tn parecía cargar en su interior… no era natural.

Era maná, sí, pero con una densidad que rayaba en lo maldito.

Como si algo lo hubiera impregnado desde antes de nacer.

Como si lo hubieran diseñado para sostener los probelmas a cuestas sin que pudiera elegir soltarlo.

Atalanta no lo entendía del todo.

Pero lo recordaría.

—Dos Masters… —susurró, apoyando el codo sobre su rodilla mientras entrelazaba los dedos—.

Eso no debería ser posible.

Una parte de ella aún creía que el Grial había cometido un error.

Otra parte… temía que no fuera así.

Que fuera deliberado.

Que esta guerra estuviera construida sobre otra lógica, una distinta.

Más cruel.

Más oscura.

Observó la pared frente a ella.

—¿Qué tipo de monstruo está detrás de este Grial… esta vez?

No esperaba respuesta.

No había estrellas sobre su cabeza.

No había árboles ni campos abiertos.

Solo concreto, madera, y las memorias de otras guerras.

De otras muertes.

Pero en medio de ese pensamiento, una imagen le vino a la mente:.

Niños corriendo.

Niños llorando.

Niños muriendo.

Sus puños se cerraron lentamente.

—No dejaré que vuelva a pasar… —murmuró.

Fuera quien fuera el enemigo, fuera cual fuera el deseo de los demás… ella protegería lo poco que quedara de inocencia en ese infierno que se avecinaba.

Y si eso significaba matar a todos los que impidieran ese propósito… lo haría.

Incluso si uno de sus propios Masters se convertía en obstáculo.

Pero por ahora, los observaba.

En silencio.

En espera.

Porque la cacería…

apenas comenzaba.

.

.

.

La luz tenue del amanecer se filtraba por las cortinas desgastadas del apartamento.

El silencio era casi absoluto, roto solo por el suave ronquido de Rin Tohsaka, aún envuelta en las sábanas, con el cabello revuelto y el cuerpo apenas cubierto por una camiseta grande que había tomado prestada sin permiso.

Tn se desperezó con cuidado, asegurándose de no despertarla.

Bajó al pequeño espacio que hacía de cocina, ya habituado a la rutina: hervir agua, preparar arroz, huevos, algo de té verde y si había suerte, pescado seco.

Movía sus manos con precisión automática, pero no dejaba de sentir esa sensación punzante…

esa presencia.

Ella estaba cerca.

Un leve cambio en la presión del aire, un roce invisible que activó sus sentidos como una alarma silenciosa.

Se giró apenas, sin sorpresa, y allí estaba.

Atalanta.

De pie en la entrada, como una sombra que se negaba a desaparecer, su mirada felina fija en él.

Su postura era recta, casi militar, pero sus ojos ocultaban algo más…

algo que se clavaba en Tn con una intensidad casi animal.

—¿Quieres desayunar?

—preguntó él, rompiendo el silencio con una voz baja, como si no quisiera despertar a Rin.

Atalanta no se movió ni un centímetro.

—No es necesario.

Los Servants no necesitamos alimento físico.

El maná que recibo de mis dos Maestros es más que suficiente.

La forma en que lo dijo, tan mecánica pero con una chispa de sutil disgusto, dejó a Tn incómodo.

Dos maestros.

Eso incluía a Rin.

Y también a él.

—Aun así, puede que te haga bien algo caliente.

Aunque sea por cortesía.

Ella no respondió.

Solo lo siguió con la mirada mientras volvía a centrarse en la olla.

Fue entonces cuando Rin bajó las escaleras, bostezando como si no tuviera preocupación alguna.

Llevaba solo una toalla mal colocada sobre los hombros, dejando más piel expuesta de la que debería en presencia de un espíritu heroico con impulsos salvajes y una mirada que no pestañeaba.

—Buenos días, esclavo —dijo Rin con sorna, mientras se sentaba sin cuidado en una de las sillas.

Golpeó la mesa con suavidad.

—¿Qué hay para desayunar?

Tn suspiró y dejó su propio plato sobre la mesa, apartando el de Rin con un gesto rutinario.

—Lo mismo de siempre.

—Itadakimasu~ —canturreó Rin, tomando los palillos y comenzando a comer con esa mezcla de elegancia y descaro tan propia de ella.

Atalanta se quedó parada, como una estatua.

No se sentó, ni se movió.

Solo observaba.

—¿Tienen alguna orden para mí esta mañana?

—preguntó finalmente.

Su voz sonaba obediente, pero había una tensión apenas perceptible.

No era una súplica, era una expectativa.

Como si su lealtad estuviera medida en cuán útil podía demostrar ser.

Tn la miró de reojo mientras dejaba la tetera a un lado.

—Queremos que busques información sobre los otros Maestros.

Identidades, ubicación, si están solos o tienen Servants activos.

Pero con precaución.

No sabemos cuántos enemigos podrías enfrentar aún…

o si alguien más nos está observando.

Sabian que al menos 5 de los siete servants fueron invocados.

Los 5 que estaban seguros y confirmados por ellos.

Atalanta asintió sin decir palabra.

Su silueta desapareció tras la puerta apenas un segundo después, como si se hubiera desvanecido en el aire, dejando tras de sí una sensación de vacío opresiva.

Rin alzó su tazón y se lo bebió de un trago, como si nada pasara.

—Tráeme más arroz —ordenó con naturalidad, extendiendo el cuenco vacío con la mano.

Tn lo tomó sin rechistar, pero no pudo evitar lanzar una mirada hacia la puerta cerrada.

Algo en la forma en que Atalanta lo había mirado esa mañana lo había inquietado más que cualquier combate.

No había sido solo vigilancia.

Había sido algo más.

Instinto.

Deseo.

O tal vez… posesión.

.

.

.

El viento golpeaba con fuerza el rostro de Atalanta mientras corría sobre los tejados de Fuyuki, su silueta difuminándose entre sombras y ráfagas de hojas secas que caían de los árboles.

La guerra ya había comenzado, y aunque no todos los Servants habían revelado su presencia, el aire estaba cargado de tensión.

Como una bestia cazadora, Atalanta avanzaba con los sentidos agudizados, oliendo el rastro del maná y escuchando los susurros ocultos del bosque urbano.

Era su deber proteger a su Maestro… pero, más aún, cuidar a los inocentes.

Los niños.

Siempre serían su prioridad.

Había visto demasiada sangre, demasiadas promesas rotas.

Aunque luchaba por la victoria, también patrullaba para asegurarse de que ningún infante terminara envuelto en el fuego cruzado de los héroes reencarnados.

Y si alguien se atrevía a hacerles daño….

Una sonrisa se dibujó apenas en su rostro.

No sería misericordiosa.

.

.

En la casa de los Tohsaka, Rin estiraba los brazos y se dejaba caer sobre el tatami con una sonrisa de triunfo.

El timbre escolar no sonaría ese día.

No habría clases, no habría que fingir una rutina normal.

Podrían concentrarse en lo verdaderamente importante: el Santo Grial.

“Qué alivio,” murmuró Rin mientras jugueteaba con una gema entre los dedos, su brillo carmesí reflejando la tenue luz del mediodía.

Observó de reojo al joven que yacía en el sofá, con una manta a medio cubrir y los ojos cerrados por el agotamiento.

Tn respiraba con lentitud, sudando apenas, como si una fiebre interna lo consumiera.

Su cuerpo aún no se adaptaba del todo al proceso.

—Espero que Atalanta encuentre algo útil… —susurró con voz cansada.

Rin sonrió de lado.

Su mirada no era cruel… pero sí era el tono que le daba escalofrios.

—Estoy segura de que lo hará.

Es muy diligente.

Pero por ahora, enfoquémonos en lo nuestro, ¿sí?

Extendió la palma y colocó una gema sobre su polla.

Una chispa oscura recorrió el cuerpo del joven, haciéndolo estremecer.

No era una transferencia de maná común.

Tn no poseía maná convencional.

Lo que fluía dentro de él era distinto, más denso, más antiguo, y profundamente maldito.

Era como beber acido en lugar de agua.

—Tu energía slurppppp es *chupar* extraña…slurrpppp —murmuró Rin, con un tono de admiración y codicia al mismo tiempo mientras metia la polla en su boca extrayendo lo que necesitaba—.

Pero si *sorber* consigo refinarla Slurrppppp… mis hechizos serán más poderosos que nunca Ahhh~.

Lamio desde la base hasta la punta.

Escupió en la punta de su pene y luego usó la mano para lubricar el resto.

Tras darle a Tn unas cuantas embestidas, que le provocaron un gemido, se inclinó hacia la punta y la lamió durante unos minutos.

Era un castigo por todas las veces que Tn había pasado por la abstiniencia de la noche anterior.

“Rin”, se quejó.

Miró esos hermosos ojos y decidió que ya había sido castigado suficiente.

Cerró los ojos mientras tomaba su cabeza con la boca.

Tn echó la cabeza hacia atrás y se apoyó en los codos.

Cerró los ojos y agradeció a los padres de Rin por haberla engendrado.

Rin, ajena a los pensamientos de su amante, decidió demostrar su habilidad empujando cada centímetro de su miembro hasta el fondo de su garganta, moviendo la lengua en una especie de danza para enriquecer la experiencia de su amante.

-R-rin ah~.

Slurrpppp slurpppp slurppppp slurppppp.

Lo oyó gemir su nombre mientras se retiraba, dejando un rastro de saliva en la cabeza.

Lo miró a los ojos y le dedicó una sonrisa entrecerrada, antes de agarrar la base de su miembro con la mano derecha.

Él parecía confundido, tan adorablemente confundido, que se apresuró a su siguiente movimiento.

Lo tomó en su boca y lo llenó de la mitad de su mano mientras lo bombeaba.

Sin embargo, tuvo que reconocerle una cosa: duró más de lo esperado.

Se apoyó en el codo izquierdo mientras usaba la mano derecha para sujetar la nuca de ella.

Ella lo soltó mientras él guiaba su cabeza, balanceándola hacia arriba y hacia abajo sobre él.

No mucho después, él se estremeció y explotó su semen en su boca.

Rin demostró su pericia al tragar mientras él le inyectaba su semen en la boca.

Al tragar, soltó su miembro con un pop húmedo .

No era fácil.

Su cuerpo rechazaba la pureza corrompida de esa energía, pero había aprendido a domarla poco a poco.

Era más poderosa que el maná normal, y mucho más estable una vez manipulada.

Además, no se quejaba.

Tn era un excelente novio… o como ella prefería llamarlo, su “inversionista personal de vida”.

—Solo Ahhh~ necesito un poco más slurrrpppp—dijo mientras el cristal absorbía la energía maldita, oscureciéndose hasta tomar un tono casi negro con vetas carmesí—.

Slurrpppp~ Con esto podré preparar las trampas *besar* necesarias para cuando vengan los demás Maestros.

Volvio a chupar solo la punta de la polla y uso su mnao libre para masturbarlo, sentia como palpitaba de deseo queriendo liberarse.

El tenue brillo oscuro que rin notaba por el rabillo del ojo.

Energia parecia provenir del estomago de Tn, misma energia que Rin estaba sacando por su polla y moviendola hacia su gema.

Todo en una sola accion.

Tn intentó moverse, pero sus músculos no respondían bien aún.

Su voz era un susurro débil.

—¿Esto… nos dará una ventaja?

Rin acarició suavemente su polla, sonriendo.

—Nos dará más que una ventaja, amor mío.*sorber* Nos dará la victoria.*Gemido* Y cuando ganemos… podré pedir cualquier deseo.

*besar* Podremos tenerlo todo.

Su tono final se tiñó de un matiz posesivo, casi enfermizo.Tn trato de hablar pero solo pudo soltar un leve siseo cuando Rin logro ahcerlo corrrse en su boca.

*tomar*.

—Ahhhhh~ Y si alguien intenta quitártelo… o tocarte…-su lengua lamio las ultimas gotas del semen lleno de energia maldita de la punta de su polla.

La gema que sostenía en la otra mano explotó entre sus dedos por la presión inconsciente que aplicó.—Se arrepentirá de haber nacido.

.

.

Mientras tanto, Atalanta se detenía en lo alto de un edificio, oteando el horizonte.

Había sentido algo.No una presencia enemiga… Sino una sensación conocida.

El corazón le latió con fuerza.

El maná de Tn había fluctuado.

Estaba usándolo de nuevo.

Gruñó entre dientes.

Rin le había prometido que no lo forzaría.

Que solo lo usaría con moderación.

¿Había mentido?

El instinto la empujó a regresar.

A correr de vuelta a la casa y arrebatarlo de las manos de la maga….

Pero se contuvo.

No todavía.

Apretó los puños.

—Si ella le hace daño…..

—murmuró con voz baja, temblorosa de rabia—.

No se lo perdonaré.

No importa que sea su Maestra.

Ella protegeria a los jovenes, ellos………ellos eran todo para atalanta.

El lobo dormido en su interior comenzó a abrir los ojos.

Espera……

Algo anda mal.

Que es.

Porque?.

Atalanta se quedó quieta, casi inmóvil, como si la misma tierra le impusiera silencio.

Su respiración era lenta pero cargada, y sus ojos, aún felinos, parpadeaban con desconcierto.

No sabía por qué se había comportado así hace unos instantes… esa breve pero poderosa oleada de violencia que la hizo casi lanzarse contra una figura ilusoria en los arbustos.

Su corazón palpitaba con una cadencia diferente, más bestial, más salvaje.

No era normal.

Ella lo sabía.

Y aunque su alma había estado ligada al ideal de proteger a los niños y castigar a quienes los dañaran, esto… esto era otra cosa.

Algo más oscuro.

Supuso, o al menos quiso suponer, que era por el maná extraño que emitía su maestro, Tn.

No era un maná común, ni siquiera parecido al de otros Masters que había sentido antes.

Era como una mezcla: cálida en su núcleo, pero rodeada por capas de densidad corrosiva.

Era como si su maná ocultara múltiples capas de emociones reprimidas, pactos rotos, y ecos de mundos que ella no podía comprender del todo.

Sin embargo, no podía negar el efecto que tenía en ella.

Su cuerpo, de forma casi imperceptible al principio, había empezado a adaptarse.

Sus sentidos se agudizaron aún más allá de sus límites.

Sus orejas, ya sensibles por naturaleza, ahora vibraban ante los sonidos más lejanos, como si pudiera oír el zumbido de los insectos entre las hojas.

Su cola se sentía más densa, más firme, como si pudiera utilizarla para mantener el equilibrio incluso en un combate en movimiento.

Y sus músculos, bajo la ropa de cazadora, se tensaban con una precisión refinada, desarrollados como los de una bestia alfa al borde del ataque.

No se trataba de una simple mejora.

Era una evolución.

Y con ella… venía una sed peligrosa.

Una necesidad de observar, de acechar, de proteger.

Pero también de poseer.

De pronto, un cosquilleo cruzó su nuca.

Alguien más estaba cerca.

Su instinto —ese nuevo instinto— rugió.

Alguien invadía su territorio.

En completo silencio, se deslizó por entre los árboles.

No hizo crujir una sola rama, ni siquiera el sonido de su respiración podía percibirse.

Era como un fantasma entre la maleza, aunque sus ojos brillaban con una luz verdosa que recordaba más a una depredadora en la penumbra que a una heroína.

Y entonces los vio.

Gracias a su aguda visión, no necesitó acercarse demasiado.

En un claro del bosque, junto a un pequeño estanque, se encontraban dos figuras.

Un chico, de cabello azul, rostro afilado y expresión eternamente irritada.

Lo reconoció por las descripciones y los registros: Shinji Matou, un Master de cuestionable habilidad y peor carácter.

El asco que Atalanta sintió fue inmediato, como un reflejo visceral.

“La Maestra Rin al menos me dio hojas con los rostros de los magus en la sona.” penso en las fotos que vio anoche, era lo mejor que tenia ya que no necesitaba dormir.

Pero lo que la hizo fruncir el ceño y erguir ligeramente las orejas no fue él… sino su Servant.

Una joven de estatura menuda, cabello negro atado en un moño alto, y una sonrisa tan animada como fuera de lugar para el campo de batalla.

Su cuerpo…Atalanta casi se escandaliza.

La joven apenas llevaba ropa.

Solo un top corto que parecía más una banda, una falda mínima, y vendajes decorativos.

Era casi ofensivo.

¿Cómo podía alguien llamarse guerrera y exponerse de esa forma?

—!Ushiwakamaru, clase Rider!—dijo la joven con un tono vivaz, claramente intentando agradar a su Master, quien no ocultaba su desprecio.

Shinji solo chasqueó la lengua.

—Genial… me tocó la pervertida del caballo……Como se supone que gane la guerra.

El esperaba un servant poderoso lleno de musculos o magia antigua, en cambio tenia a una joven idiota con estadisticas muy basicas.

Todo estaba por debajo de B o C lo uncio destacable era su agilidad.Su noble fantasma apenas llegaba a A.

Atalanta sintió un impulso involuntario de saltar y clavarle una flecha en la garganta.

No por la Servant —a la que aún no juzgaba por completo— sino por el desprecio en la voz de ese chico.

Esa forma de hablar de otro ser como si fuera basura.

Su maestro… jamás la trataría así.

Ella bajó la mirada, apretó los dientes.

¿Desde cuándo le importaba tanto cómo la trataba su Master?

¿Desde cuándo… ese vínculo la hacía sentir así de…

rabiosa cuando pensaba en que otra Servant pudiera acercársele?

Observó con más atención.

Ushi sonreía, como si ignorara el desdén de Shinji.

Hablaba animadamente, tratando de impresionarlo con sus logros, su linaje, sus historias de guerra.

Y sin saberlo, sin poder evitarlo… algo se retorció dentro de Atalanta.

No era celos.

No lo quería admitir.

No era posesividad.

O eso creía.

Pero si esa mujer… si esa criatura semidesnuda osaba acercarse a Tn con esa actitud alegre y confiada….

—No.

—murmuró Atalanta apenas audible.

Se giró, desapareciendo entre las sombras sin dejar huella.

Pero su mirada felina, ahora un poco más oscura, un poco más determinada… no olvidaría el rostro de esa Servant.

Porque en su interior, una voz antigua, dormida desde los días de la cacería, ahora susurraba con insistencia:.

“Los que se acercan a tu manada… deben ser advertidos.”.

Y si no entienden…Entonces, deben ser cazados.

______________________________________________________________________ (Nt:primer servant revelado y si, se que abran esperado a Medusa pero ya esta muy usada y diran oye no es guionazo hacer que atalanta los vea en el bosque y yo dire……literal shinji presumia tener un servant en la escuela asi que llevarla al bosque para saber que le toco, seria algo que el haria.

Y si ya se que muchos sabemos que shinji es escoria y fantaseba con su servant pero en este caso y sabiendo sus gustos, Ushiwakamaru es casi un repelente para el.).

Pondría imágenes suculentas de las waifus pero…..wattpad y los tards no me dejarían en paz 😑 así que ni modo.

y si veo otra mamada de j aqui…………perdere la maldita cordura porque se la chupan como a ningun otro, rule,fanart,fics,youtube,estoy siendo bombardeado por todos los flancos.

Siguiente en llegar (aclaro que esta es la lista en la que llegaran los capitulos les di mas de un dia para que se pusieran de acuerdo >:v).

nero 3.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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