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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 126

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  4. Capítulo 126 - 126 Glynda Goodwitch part 3 rwby
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126: Glynda Goodwitch part 3 rwby 126: Glynda Goodwitch part 3 rwby Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_________________________________________________________________________________ La noche cayó, y con ella llegaron los primeros clientes.

El murmullo de las conversaciones se mezclaba con el ritmo constante de la música que el DJ hacía vibrar por todo el club.

Las luces de neón pintaban el lugar en tonos púrpura y azul, y Glynda, aunque aún se estaba acostumbrando, mantenía la compostura.

Apenas debutaría en su nuevo empleo, y su tarea sería simple: vigilar y mantener algo de orden.

—Será como en mi antiguo trabajo en la academia —murmuró para sí misma, dejando escapar una ligera risa mientras se acomodaba los lentes.

La misma joven que la había guiado hasta los vestidores esa tarde caminaba a su lado, actuando como su asistente.

La chica hablaba con soltura, señalando distintos puntos del local y explicando detalles sobre el funcionamiento del negocio.

Glynda escuchaba con interés mientras paseaban entre las mesas, sintiendo el pulso de la música bajo sus pies.

—Al parecer muchos respetan este club como para no causar problemas —comentó Glynda, notando que la clientela se comportaba con cierta disciplina inusual para un lugar así.

La asistente sonrió con un gesto algo cómplice.—Es gracias a los socios de Tn.

Glynda arqueó una ceja, intrigada.—¿Socios?

—preguntó, haciendo un gesto para apartarse del centro del salón—.

Vamos a unas mesas más lejanas, quiero escuchar menos el ruido.

Caminaron hacia una zona más apartada, donde el volumen de la música se sentía menos agresivo.

Allí, la joven prosiguió su explicación.

—Incluso los criminales temen meterse con el negocio de los clubes Arkadance.

—¿Y quiénes son esos socios tan… intimidantes?

—inquirió Glynda, cruzándose de brazos.

La asistente, de pronto, pareció ponerse algo nerviosa.

Un leve rubor subió a sus mejillas antes de responder.

—B-bueno… el proveedor de licor es un joven llamado Five Hargreeves.

Glynda captó de inmediato la mirada que acompañaba ese nombre.

Un brillo en los ojos, una respiración ligeramente acelerada.

Aquello le arrancó una pequeña sonrisa burlona.

—Ah… ya veo.

No es solo un proveedor para ti, ¿eh?

—comentó con un tono suave pero cargado de intención.

El amor joven era tan lindo……

lástima que ella paso por esa etapa hace mucho.

—¡N-no es eso!

—protestó la joven, aunque su rubor se intensificó—.

Es… complicado.

Glynda rió por lo bajo, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja.—Complicado siempre significa interesante.

La asistente desvió la mirada, intentando ocultar su nerviosismo.Glynda se rió un poco ante la ocurrencia de la joven y, apoyando los codos sobre la barra, giró su pergamino levemente que tenía entre las manos antes de seguir preguntando con curiosidad.

—¿Y qué otros socios más hay?

—su tono era relajado, pero había un ligero brillo de interés en su mirada.

La chica, con un sorbo rápido de su bebida antes de contestar, bajó un poco la voz como si fuera un secreto jugoso.

—Bueno… el patrocinador principal.

Un hombre bastante… temible.

Él maneja todo el dinero de los clubes ……H.P.

Lovecraft.

Se encogió de hombros y sonrió de forma nerviosa.—Pero eso es todo lo que sé, de verdad.

Glynda frunció el ceño, murmurando el nombre para sí—H.P.

Lovecraft… —lo repitió un par de veces, como si intentara buscarlo en su memoria.

Finalmente negó con la cabeza.

—No me suena.

—Tal vez sea mejor así —respondió la joven, mirando de reojo a la pista de baile.

Glynda siguió su mirada.

Allí, un grupo de jóvenes se movía con energía, riendo, alzando las manos al ritmo de la música, como si nada en el mundo importara más que esa noche.

Inconscientemente, Glynda apoyó su cabeza sobre una mano, observando en silencio, y un leve suspiro escapó de sus labios.

La chica notó el cambio en su expresión y preguntó—¿Le pasa algo?

Glynda parpadeó y volvió a mirar a su acompañante.—No… no me pasa nada.

—Se forzó a sonreír, aunque su voz sonó un poco distante—.

Solo que… esto es algo nuevo para mí.

El ambiente, el empleo… todo.

—Bueno… —la joven se inclinó hacia ella con una sonrisa cálida—.

Es agradable tener a una mujer adulta aquí conmigo.

Glynda arqueó una ceja, ladeando la cabeza.—¿Mujer adulta?

¿Y qué quieres decir con eso exactamente?

La chica abrió mucho los ojos y empezó a agitar las manos nerviosa.—¡No, no, no!

No quise decir que fuera… mayor ni nada así.

Solo… ya sabe, con experiencia….

Glynda soltó una carcajada suave y negó con la cabeza.—Tranquila, estoy jugando.

—Le dio un pequeño empujón en el hombro con un gesto cómplice—.

Aunque… debo admitir que esa forma de decirlo sí que sonó un poquito… comprometida.

—¡Ay, no me haga eso!

—protestó la joven entre risas—.

Ya bastante me intimida como para que ahora se burle.

—Intimido, ¿eh?

—Glynda alzó una ceja, divertida—.

Pues voy a tener que acostumbrarme a eso.

Puede que me guste.

Ambas se rieron, y aunque la música seguía vibrando por todo el lugar, para Glynda ese pequeño intercambio alivió un poco esa sensación de vacío que, hacía un momento, le había pesado en el pecho.

.

Para Glynda era algo extraño… muy extraño.

Ella jamás se permitía este tipo de comportamiento fuera de su papel como profesora y secretaria de Ozpin.

Siempre fue diligente, estricta, meticulosa en todo sentido.

La sonrisa, para ella, era algo que se utilizaba con medida; la risa, un lujo innecesario.

Bromear en el trabajo… impensable.

Y sin embargo, allí estaba, con un leve calor en las mejillas, recordando que había reído más de lo que debía y conversado de temas que nunca habría creído tocar.

No era solo el alcohol.

Era la compañía.

La joven con la que estaba, con tono animado, seguía hablando de las especialidades de los clubes nocturnos de la ciudad y cómo parecían aumentar en popularidad debido a “su gratificante uso” —palabras textuales de ella—.

—Te sorprendería cuántos maestros y cazadores visitan esos lugares después de misiones largas —rió la chica, agitando un dedo frente a Glynda—.

El cansancio y la soledad hacen maravillas con la moral… o la destruyen, depende de cómo lo mires.

Aunque la deprecion de los 40 ayuda bastante con eso.

Glynda arqueó una ceja, pero no sonrió.—Supongo que cada quien tiene… sus formas de relajarse.

—Claro —respondió la chica, inclinándose hacia ella con una sonrisa traviesa—.

Y tú, ¿cuál es la suya, profesora Goodwitch?

Glynda apartó la mirada y tomó un sorbo de su bebida antes de responder.—No soy profesora aquí.

Hoy… solo soy Glynda.

La chica asintió lentamente, como si entendiera más de lo que aparentaba.

Continuaron hablando, y en medio de la conversación, Glynda decidió lanzar una pregunta un poco más personal, casi sin pensarlo.

—¿Por qué Tn se ve tan… triste a veces?

—preguntó, cuidando que su voz no sonara demasiado inquisitiva.

La joven guardó silencio de inmediato.

Su mirada bajó hacia su vaso, y el aire entre ambas pareció volverse más denso.

—Hace… uno o dos años —comenzó con un tono mucho más apagado—, Tn tenía una pareja.

Una persona especial… o eso creía él.

Pero resultó que no era como esperaba.

Lo dejó, así… sin más.

Glynda frunció levemente el ceño.—Eso… debió ser difícil para él.

—Lo fue —afirmó la chica, con un suspiro—.

Estuvo deprimido por meses.

No hablaba mucho, no salía, y cuando lo hacía… parecía que estaba en otro mundo.Incluso Fi- *toser* Senor Five venia por el aveces para animarlo.

Glynda sintió un eco incómodo en su interior.—Entiendo… —murmuró, apartando la mirada—.

Supongo que… es parecido a mí.

La joven la miró con curiosidad.—¿Usted también…?

Glynda sonrió con amargura.—Fallidas citas en aplicaciones.

Gente que parecía… genuina, pero solo buscaba algo rápido o interés propio.

Y… bueno, trabajar tan cerca de Ozpin tampoco ayudó.

—¿Por qué?

—preguntó la chica, inclinándose, como si la historia fuera más interesante de lo que esperaba.

Glynda dudó, tomó otro trago y, por primera vez en la noche, su voz sonó más frágil.—Porque, al final… también fui desechable para sus intereses.

La chica no dijo nada por unos segundos, simplemente observándola con una mezcla de sorpresa y comprensión.

Luego, se inclinó un poco más, bajando la voz como si compartiera un secreto.—Entonces, usted y Tn tienen algo en común… saben lo que es que alguien importante les falle.

Glynda asintió lentamente, y por primera vez en la noche, sintió que esa conversación no era solo una pérdida de tiempo, sino un espejo.

.

.

.

Envidia.Deseo.Delirio.Dolor.

El dolor de la soledad es una experiencia emocional profunda y a menudo debilitante que surge de la falta de conexión social significativa o de la percepción de aislamiento.

Esta sensación puede manifestarse como tristeza, vacío, desesperanza, y afectar negativamente la salud mental y física.

La soledad no implica necesariamente estar solo físicamente; puede experimentarse incluso rodeado de personas.

Glynda bajó la mirada hacia su pergamino.Allí, en la pantalla, las aplicaciones de citas aún brillaban con sus íconos coloridos, casi como si la tentaran a abrirlas.

Apretó los labios, y con un gesto lento —como si cada movimiento pesara más de lo debido— comenzó a borrarlas una por una.

Un suspiro profundo escapó de ella.

Al alzar la vista, notó a la chica que, apoyada en la barra, observaba con una sonrisa tranquila la música del DJ.

Movía la cabeza al ritmo, ajena al resto del ruido, atrapada en esa pequeña burbuja de felicidad juvenil.

Glynda sintió el impulso de acercarse y soltarle un consejo: “No te apegues demasiado al amor, enfócate en tu carrera, en tu trabajo…el amor es incesesario, es estupid mostrar sentimientos que no ayuden en el trabajo”.

Palabras duras, de esas que tantas veces había lanzado sin dudar en la academia, cuando algún estudiante parecía perder el rumbo por una ilusión pasajera.

Pero se detuvo.

La chica era joven.

Enamorada, quizá.

Con ese brillo en los ojos que solo tienen quienes aún no han visto cómo se marchitan sus propias esperanzas.

La mujer tragó saliva.

Yo… ya no podría recuperar eso, pensó.

Y de pronto, su corazón se estremeció un poco, un tirón leve pero incómodo, como una cuerda vieja que se resiste a romperse del todo.

En el fondo, envidiaba a la muchacha.

Porque todavía conservaba la inocencia del amor.Algo que Glynda había dejado atrás hacía mucho tiempo, enterrado bajo años de disciplina, deberes y noches solitarias.

Algunas noches donde solo despertaba sola en la cama y el recuerdo leve de la insatisfaccion.

Sonrió, suave, como quien quiere ocultar un recuerdo doloroso.

—Diviértete —dijo al fin, inclinándose un poco hacia ella—.

Yo me encargaré de vigilar el club.

La chica parpadeó, sorprendida por la amabilidad en el tono.—¿En serio?

—preguntó, sonriendo—.

Gracias… jefa.

La palabra la hizo esbozar una sonrisa casi imperceptible.—Ve, antes de que cambie de opinión.

La joven se alejó hacia la pista, y Glynda la siguió con la mirada.

Sus pasos eran ligeros, casi flotaban sobre el suelo iluminado por luces de neón.

Y aunque ella mantenía su postura firme, las manos detrás de la espalda, por dentro no podía evitar sentir esa mezcla extraña de nostalgia y resignación.

El DJ cambió la canción a algo más movido.

La multitud reaccionó con vítores, y la muchacha ya estaba riendo con sus amigas, girando bajo los destellos de luz.

Glynda exhaló despacio.

Guardó el pergamino en su bolsillo y enderezó los hombros, como si con ello pudiera sacudirse cualquier resto de melancolía.

El club seguía latiendo a su alrededor, y ella estaba ahí, observando, asegurándose de que todo siguiera en orden… aunque por dentro, en silencio, se preguntara cuándo fue la última vez que había bailado sin pensar en nada más.

.

.

.

La fiesta continuó hasta bien entrada la madrugada.

El club, con su mezcla de luces rojas y doradas, todavía vibraba con los últimos acordes que el DJ lanzaba al aire.

Afuera, el frío nocturno se colaba por la entrada cada vez que alguien salía, y adentro, el olor a licor y perfume era más intenso que nunca.

Como siempre, cerraban tarde… a veces a las dos, otras a las cuatro de la mañana, dependiendo de cuánto aguantara la clientela.

—Uuff… creo que no puedo más… —bostezó la chica de cabello corto, cubriéndose la boca con una mano mientras recogía su bolso.

—¿Cansada ya?

—preguntó Glynda, acomodándose un mechón de su cabello rubio mientras se quitaba las gafas con un suspiro.

—Mucho… pero fue divertido —respondió la chica, sonriendo débilmente—.

Mañana te cuento cómo me fue con ese tipo que quería invitarme a bailar.

—Sí, claro… —Glynda la miró de reojo, cansada pero todavía con una pequeña sonrisa—.

Y ahora, a casa.

Es hora de cerrar.

La joven asintió, despidiéndose con un movimiento de mano antes de perderse entre las luces de la calle.

Glynda la siguió con la vista unos segundos, luego soltó un suspiro más largo y recogió sus cosas.

.

.

.

Al llegar a su hogar, la quietud fue un golpe extraño después de tantas horas de música y voces.

Se quitó los tacones en la entrada, liberando sus pies adoloridos, y dejó caer la ropa que le habían prestado sobre una silla.

El silencio de su apartamento se mezclaba con el zumbido del refrigerador.

Lo abrió y, sin pensarlo demasiado, sacó el recalentado de la noche anterior: pasta con un poco de pollo.

Lo metió al microondas, se sirvió un vaso de agua y comió en la penumbra de la cocina, sin encender la luz principal.

-……Sabe horrible-.Pero aun asi siguio comiendo.Dejo el plato en el levabajillas.

Después de la ducha caliente, se colocó una bata suave y, con el cabello aún húmedo, se dejó caer sobre la cama.

Planeaba dormir unas cuantas horas antes de volver a la rutina.

.

.

.

Mientras tanto, de vuelta en el club, la noche seguía teniendo vida propia.

Un golpe seco contra la puerta trasera hizo que Tn levantara la mirada.

Abrió y vio a Five, cargando varias cajas pesadas de licor y una bolsa con dispositivos nuevos para el DJ.

—Vaya… justo a tiempo —comentó Tn, recibiendo una de las cajas—.

Pensé que llegarías más tarde.

—Y casi lo hago —replicó Five con un gruñido, ajustándose la corbata mientras pasaba—.

Es un dolor de cabeza atravesar caminos llenos de Grimm.

Tn lo miró con detenimiento y notó varias manchas negras en la manga y el hombro de su chaqueta.

—Esas manchas… —arqueó una ceja—.

No me digas que volviste a hacer un desastre.

—… —Five se quedó en silencio unos segundos, luego soltó una media sonrisa sin humor—.

Digamos que unos cuantos dejaron de ser un problema.

No me pagan por dar explicaciones, ¿recuerdas?

Y reafirmando………acaso le pagaban por esto.Hasta donde recuerda el contrato se hizo a base de un favor.

Y cafe.

Mucho cafe.

Tn negó con la cabeza, cargando las cajas hacia el almacén.

—Pues con lo que traes, el DJ estará feliz.

¿Tienes más entregas esta noche?

—Sí —Five se estiró los hombros, como si el cansancio apenas le pesara—.

Haré más viajes a otros clubs.

Parece que esta ciudad nunca duerme.

—O se muere de aburrimiento si lo hace —respondió Tn, apoyándose en el marco de la puerta trasera—.

Cuídate ahí afuera.

Five se limitó a levantar la mano en señal de despedida antes de subir al camion y perderse en la oscuridad de la calle, dejando tras de sí el eco de sus pasos y el olor a pólvora que, de algún modo, siempre lo acompañaba.

.

.

.

Tn suspiró y cargó las últimas cajas de licor hacia la parte trasera del club.

El eco de sus pasos retumbaba en el pasillo vacío, interrumpido solo por el sonido de las botellas chocando levemente dentro del cartón.

Una vez terminó de acomodarlas en el almacén, cerró con llave y se marchó.

El aire nocturno estaba fresco, y aunque había pasado la mayor parte de la noche rodeado de ruido, la soledad de la calle se sentía… pesada.

Caminó a paso lento hasta su casa.

Al entrar, todo lucía como siempre: nada de lujos innecesarios, solo lo básico y funcional.

Tres habitaciones, una cocina amplia, una sala con un par de sillones y una mesa de centro que tenía algunos papeles y revistas apiladas.

En las paredes colgaban fotografías de diferentes etapas de su vida.

Una, junto a Five, ambos sonriendo de manera extraña después de un trabajo particularmente complicado.

Otra, con sus padres, mucho más joven y con una expresión que ya no recordaba cómo fingir.

Algunas de sus viajes a Atlas, con las calles nevadas y edificios imponentes.

Incluso había una de H.P., su socio, en un raro momento de tranquilidad.

Pero había otras que no podía evitar mirar con incomodidad.

Eran fotos de él con su ex pareja.

Se quedó frente a una de ellas, sin tocarla al principio, como si temiera que el simple contacto le hiciera más daño.

No entendía por qué todavía las tenía colgadas; en más de una ocasión había pensado en quitarlas, guardarlas en una caja, o simplemente destruirlas.

Y sin embargo, ahí estaban.

Sus dedos finalmente se posaron sobre una en particular.

En ella, su pareja aparecía con los ojos cerrados, dándole un tierno beso en la mejilla mientras él sonreía de una manera que ya no sabía reproducir.

Al mirarla, sintió un nudo en el pecho.

El recuerdo golpeó más fuerte de lo que esperaba.

—…La extraño —susurró, como si al decirlo en voz baja el dolor fuera menor.

Era más baja que él, bastante en realidad, midiendo apenas 1.47 metros sin tacones.

Recordó cómo solía bromear con su estatura, y cómo ella respondía con esa sonrisa silenciosa que lo desarmaba.

El cabello, mitad rosa y mitad marrón con mechones blancos en el lado rosado, caía sobre sus hombros con una naturalidad casi perfecta.

Sus ojos eran… únicos: podían variar entre marrón, rosa pálido y blanco, cambiando de color de manera independiente como si fuera un truco de magia privado que solo él conocía bien.

En su mente, la vio tal cual la recordaba: chaqueta blanca con interior rosa, pantalones marrones ajustados, guantes negros y esas botas blancas y negras con tacones altos que la hacían parecer un poco más alta de lo que realmente era.

Debajo de la chaqueta, un corsé marrón y varios collares que tintineaban cuando se movía.

Tn apretó los labios.

—…Trivia… —murmuró su nombre, apenas audible, como si se temiera que decirlo en voz alta pudiera invocar recuerdos que todavía no estaba listo para enfrentar.

Se recargó en la pared, cerrando los ojos por unos segundos, dejando que las imágenes vinieran una detrás de otra.

Aquella vez en la que salieron juntos y ella lo tomó del brazo sin previo aviso llevandolo a ese motel… la forma en que inclinaba la cabeza cuando lo miraba, como si lo estuviera estudiando… y el silencio cómodo que podían compartir sin sentirse incómodos.

Pero también recordó el final, la distancia, la frialdad que se coló poco a poco hasta que ya no quedaba nada.

El reloj de la sala marcaba las tres y media de la mañana.

Sin más, Tn dejó la foto de vuelta en su lugar, pasó de largo hacia la cocina y se sirvió un vaso de agua, intentando ahogar la sensación de vacío que le había quedado.

No estaba seguro si era peor seguir teniendo esas fotos o deshacerse de ellas.

Por ahora, no tenía fuerzas para decidir.

Tn bebió el agua lentamente, dejando que el líquido frío resbalara por su garganta antes de apartar el vaso y dejar escapar un suspiro largo, como si quisiera expulsar junto con él todo el peso que cargaba.

Habían sido meses enteros de una depresión densa, sofocante, como una neblina que no lo dejaba ver más allá del día siguiente.

Durante ese tiempo, Five, a pesar de que muchos lo consideraban un desquiciado egoísta —y no pocos lo tildarían también de un bastardo trastornado—, había estado ahí, comportándose de la manera más cercana a un buen amigo que él podía.

No era alguien de palabras dulces o gestos delicados, pero sus intentos eran genuinos a su manera.

Aún recordaba aquella tarde en la que, tras verlo hundido, Five le soltó con una media sonrisa cínica—Hazte una paja o te invito a unas mujersuelas, tú decides.

Era un comentario absurdo, descarado y grosero, pero que, viniendo de él, no tenía malicia.

Era su manera tosca de decir “quiero que te animes”.

Y aunque Tn no lo admitiera en voz alta, en ese momento le había sacado una leve risa.

Five era raro en muchos sentidos, con una lógica que solo él entendía, pero no se podía negar que, incluso en sus delirios, intentaba ayudar.

Aunque su asistente quisiera meterse en sus pantalones.

Tn se retiró a su habitación.

Empujó la puerta con desgano, observando el espacio medio oscuro, iluminado apenas por la tenue luz que se colaba desde el pasillo.

Sus pasos fueron lentos, casi arrastrados, hasta llegar a la cama.

Notó, como siempre, los dos muebles a cada lado.

El de la izquierda era especial: pertenecía a Trivia.

Encima, descansaba una fotografía enmarcada de ambos.

La imagen, inmóvil, parecía tener un peso invisible que siempre le apretaba el pecho cada vez que la miraba.

Suspiró, apoyando la mano sobre el mueble.

Cuando ella se había ido, se llevó la mayoría de sus cosas, pero dejó unas cuantas atrás… recuerdos mínimos, silenciosos, que él jamás movió de lugar.

No porque no pudiera, sino porque no quería.

Había algo……delirante en conservar ese rincón intacto, como si moverlo fuera traicionar un pacto silencioso que solo ellos dos entendían.

Se dejó caer sobre la cama, recostándose boca arriba y quedando inmóvil, con los ojos fijos en el techo.

El silencio lo envolvió, roto solo por el leve zumbido de la lámpara en la esquina.

La mente de Tn empezó a dibujar escenas, como si el pasado quisiera arrastrarlo.

Trivia estaría ahora mismo acostada sobre él, con su expresión tranquila, observándolo sin pronunciar palabra.

Era muda, sí, pero nunca necesitó hablar para comunicarse con él; sus miradas, sus gestos, sus caricias sutiles eran suficientes para decirlo todo.

La cama, ahora fría y vacía, parecía más grande que nunca.

Cerró los ojos y dejó que ese peso se posara sobre su pecho.

No podía seguir así eternamente, no si quería seguir respirando sin que cada recuerdo lo ahogara.

“Tal vez… tal vez debía avanzar un poco”.

Las palabras se escaparon de sus labios como un murmullo, apenas audibles para sí mismo.

Luego, el sueño lo empezó a arrastrar, no como un descanso placentero, sino como una marea lenta que lo empujaba a la deriva, con el eco persistente de lo que fue y lo que ya no estaba.

______________________________________________________________________________________ (Ok que les parece…..hare yandere a glynda poco a poco y sip…..ya sabran quien es la ex 7w7 y la cuestion es, quieren trama de venganza de una loquita enena y una loquita madura).

Pondría imágenes suculentas de las waifus pero…..wattpad y los tards no me dejarían en paz 😑 así que ni modo.

(10 estrellas y al menos 6 opiniones sobre que les parece el cap).

Siguiente en llegar.

maki 3.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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