Waifu yandere(Collection) - Capítulo 128
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- Capítulo 128 - 128 Esdeath part 3 Akame ga kill
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128: Esdeath part 3 Akame ga kill 128: Esdeath part 3 Akame ga kill Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
_______________________________________________________________________________- La llegada a la capital fue marcada por el retumbar acompasado de cascos y botas contra las calles adoquinadas.
Los estandartes del Imperio ondeaban con orgullo, y a su paso, los civiles apartaban la mirada o se inclinaban, temerosos y respetuosos a partes iguales.
Esdeath, impecable como siempre, llevaba su uniforme perfectamente arreglado: el blanco inmaculado de su abrigo contrastaba con el frío gélido que parecía irradiar de ella, como si la misma nieve se hubiera rendido a su voluntad.
A su lado, Tn caminaba con el paso justo para no atrasarse ni adelantarse.
Pero cualquiera con un ojo entrenado podía ver el leve cansancio en el chico.
No era un agotamiento común; era el peso de convivir, día y noche, con una mujer cuya pasión era tan abrasadora como su frío era mortal.
Satisfacer las demandas de la general Esdeath —emocionales, físicas, sexuales, y todo lo que estuviera entre ambos extremos— era un desafío que solo un temerario o un condenado aceptaría.
No se trataba solo de soportar su fuerza sobrehumana, sino también ese frío que se filtraba hasta los huesos, incluso en los momentos más íntimos.
Aun así, él permanecía allí, como si la misma voluntad de Esdeath lo mantuviera unido a su lado más que cualquier cadena.
Fueron recibidos por una escolta de soldados que, tras un saludo marcial, los guió hasta las puertas del palacio imperial.
El eco de sus pasos resonó en los pasillos de mármol, impregnados con el aroma de incienso y un silencio tenso que solo se rompía por el roce de las botas.
Al llegar a la antesala del trono, Esdeath se detuvo y giró apenas el rostro hacia Tn.
—Espérame aquí —ordenó con su voz firme, pero con un destello en la mirada que solo él podía interpretar como afecto.
Tn asintió, sin palabras.
Las puertas se abrieron con un sonido grave, y Esdeath cruzó el umbral.
La Sala del Trono se iluminaba con la luz de los ventanales, reflejada en oro y mármol.
Allí, sentado en su enorme asiento, el joven Emperador parecía casi pequeño, envuelto en ropajes de lujo que lo hacían parecer más una figura decorativa que un gobernante.
A su derecha, como una sombra grotesca, el Primer Ministro Honest devoraba carne asada con una avidez repugnante, la grasa resbalándole por los dedos mientras sonreía con esos dientes amarillentos.
Esdeath, ajena a esa visión desagradable, avanzó y se arrodilló, inclinando la cabeza con la precisión de quien ha repetido este gesto ante figuras de poder, pero nunca ha permitido que tales figuras la intimiden.
—Informe de campaña: las fuerzas enemigas han sido derrotadas.
El territorio reclamado ahora está bajo el control del Imperio —su voz fue tan fría y cortante como el filo de su espada.
El Emperador, con un brillo infantil en los ojos, sonrió.
—Excelente, general Esdeath.
Como siempre, eres digna de admiración.
¿Deseas alguna recompensa?
La respuesta vino con una sonrisa casi imperceptible, pero que bastó para helar el aire.
—Solo deseo unos días de descanso… para estar con mi amante.-El corzaon palpito en su pecho, el leve carmesi atraveso sus palidas facciones.
El joven monarca asintió sin comprender del todo el peso de aquellas palabras.
—Concedido.
Disfruta tu descanso.
Mientras tanto, Honest dejó escapar una carcajada grave y húmeda, llevándose otro pedazo de carne a la boca antes de murmurar, lo bastante alto para que Esdeath lo oyera si lo deseaba.
—Pobre diablo el que tenga que lidiar con tal mujer….
El comentario no hizo más que reforzar esa sonrisa helada en el rostro de la general.
Honest notó la sonrisa de Esdeath y sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
La mujer le era útil, sí… pero solo por eso.
La toleraba únicamente porque era implacable en su trabajo: la general más poderosa que poseía el Imperio, y también su monstruo más temido.
Una mujer que podía aniquilar un ejército en cuestión de horas y volver al campamento sin una sola mancha de sangre en su uniforme, como si hubiera estado en un paseo matinal.
Había aprendido pronto que, si quería mantenerla en la capital y evitar que buscara su propio rumbo, debía encontrar formas de mantenerla entretenida.
Y aquello no era fácil.
Pasó gran parte de sus primeros días como Primer Ministro buscando amantes aceptables para ella.
El problema era que Esdeath era caprichosa y solo respondía de verdad a dos cosas: la batalla… y un afecto que ella misma consideraba “verdadero”.
Lo primero, podía dárselo en exceso: guerras, misiones suicidas, cacerías humanas, presas que pusieran a prueba sus límites.
Lo segundo, en cambio, resultó ser un desafío imposible.
Ningún hombre o joven sobrevivía demasiado tiempo a su lado.
Ni siquiera aquellos que también eran usuarios de Teigu pudieron escapar de su destino: todos, tarde o temprano, quedaban destrozados física o emocionalmente.El apetito de la mujer era mayor que el podia consumir en calorias.
La lista de requisitos que ella misma le había entregado lo dejaba claro.
Esdeath quería un amante que fuera fuerte, valiente, con un rostro puro y sonriente, además de ser más joven que ella y que no hubiera sido criado en la capital.
Para colmo, debía tener cierta inocencia… pero sin ser un cobarde.
Un equilibrio casi imposible de encontrar.
Honest había llegado a la conclusión de que aquel hombre ideal simplemente no existía.
Sin embargo, para su sorpresa, fue la propia Esdeath quien lo encontró… lejos de la capital, en unas montañas remotas.
Según sus propias palabras, el joven tenía lo que buscaba, pero carecía de la experiencia necesaria para estar a su altura, así que decidió “formarlo” ella misma.
El chico no llegó a la capital como un invitado, ni como un prisionero, sino como algo más inquietante: una criatura que ella misma moldearía desde cero.
Honest dejó de comer lentamente, dejando que el silencio se asentara en la sala del trono por unos instantes.
Con su habitual sonrisa complaciente, giró la cabeza hacia el emperador.
—Su Majestad… —dijo con voz melosa—, quisiera solicitarle un momento en privado con la general Esdeath.
El emperador, que estaba entretenido con una pequeña torre de dulces frente a él, parpadeó con curiosidad.
—¿Oh?
¿Y cuál es la razón?
Honest alzó una mano, restándole importancia al asunto.
—Solo unos papeleos, nada relevante.
Cosas de rutina.
El joven monarca asintió sin pensarlo demasiado, confiando ciegamente en su primer ministro.
Honest se puso de pie, acomodándose las mangas, y comenzó a caminar hacia la salida.
Esdeath, que permanecía de pie con las manos cruzadas a la espalda, lo siguió con pasos firmes y elegantes.
Mientras se alejaban, la voz del emperador los alcanzó por última vez—General, recuerde que Night Raid sigue siendo un problema latente.
Si va a tomarse un descanso, podrían aprovechar para atacar.
Esdeath no giró la cabeza ni respondió; apenas un ligero movimiento en la comisura de sus labios delató que había escuchado.
Para ella, esas advertencias eran innecesarias: sabía muy bien lo que hacía.
Empujó las grandes puertas y, al abrirlas, sus ojos se iluminaron con un destello particular.
Allí estaba Tn, tal y como le había ordenado: de pie, expectante, con la postura rígida.
El aire frío que siempre la acompañaba pareció intensificarse, como si su sola presencia marcara el territorio.
—Puntual… —murmuró Esdeath, sonriendo con un interés difícil de disfrazar.
Honest también lo notó, y aunque no dijo nada, por dentro soltó una carcajada muda.
La general había encontrado algo que realmente despertaba su atención… pero el pobre chico no tenía idea del tipo de infierno helado que le esperaba si no sabía manejarla.
Esdeath, con un tono que mezclaba dulzura y amenaza, comentó sin apartar la vista de Tn—Tendré… a lo mucho, cinco o siete días contigo.
Será como una cita prolongada.
Comeremos juntos, caminaremos… y tendrás el amor y afecto que tanto deseo darte.
Tn bajó un poco la mirada, ocultando bajo su semblante serio la mezcla de resignación y alerta.
No le quedaba otra opción: tendría que soportar el frío, tanto el físico como el que emanaba del corazón de la mujer que lo observaba como si ya fuera suyo.
Honest, disfrutando del momento, abrió el camino con un gesto teatral.
—Les dejaré a solas.
Disfruten su… “descanso”.
Las puertas se cerraron tras él, dejando a Tn y Esdeath en un pasillo silencioso, donde cada paso de la general sonaba como un preludio a algo inevitable.
.
.
Esdeath llevó a Tn a su habitación privada, un espacio amplio y decorado con un toque marcial, pero con pequeños detalles que revelaban que, en algún rincón de su mente, había intentado hacerlo más acogedor.
Quería que ambos se cambiaran para tener su cita: recorrer la capital como cualquier pareja, sin el peso del uniforme y sin la mirada de subordinados o enemigos.
Tn, aunque con cierta resignación, aceptó ponerse ropa menos militar.
Eligió prendas simples, sin adornos llamativos, algo que contrastaba con su porte acostumbrado.
Por su parte, Esdeath, tras unos minutos de duda, escogió un vestido sencillo, de un azul profundo que dejaba ver un ligero escote.
No era una mujer acostumbrada a vestirse así; los trajes de gala y vestidos no formaban parte de su vida cotidiana.
Aun así, había leído en ciertos libros que las novias y mujeres enamoradas solían vestir así en ocasiones especiales.
Quería que Tn la viera de una forma distinta, no solo como la general temida por todos.
Se colocó unos guantes de seda, repasando mentalmente cada gesto y modales que había aprendido gracias a la lectura.
La verdad era que Esdeath no tenía idea de cómo se comportaba una mujer “normal”.
Había crecido en su tribu, donde la ley del más fuerte dictaba la vida y la muerte, donde el frío y la constante lucha eran la norma.
Su infancia había estado marcada por la supervivencia, no por la delicadeza ni el romance.
Aquella dureza forjó en ella ligeros trastornos emocionales: una visión distorsionada del amor, un apego feroz y una tendencia natural a poseer lo que deseaba.
Pero en este momento, para ella, todo ese instinto salvaje se encontraba concentrado en una sola persona: Tn.
Si la naturaleza le había dado un corazón endurecido por el hielo, él era la única excepción capaz de derretirlo, aunque fuese un poco.
Y aunque su mente seguía trazando planes, estrategias y pensamientos posesivos, había algo genuino en su deseo de pasar ese día con él como una pareja común.
Mientras se observaba en el espejo, dio un pequeño suspiro.
No podía cambiar lo que era, pero al menos podía intentar mostrar una faceta distinta.
Después de todo, aunque jamás lo admitiría en voz alta, Esdeath también temía que, si Tn solo veía en ella a una cazadora implacable, terminaría por rechazarla.
Giró para mirarlo y, con una media sonrisa, comentó—Creo que estoy lista… aunque no prometo comportarme como una dama todo el tiempo.
Tn extendió su mano, murmurando con calma que estaba listo para seguirla.
Esdeath, con esa sonrisa segura que siempre llevaba, se inclinó levemente hacia él y le dio un beso fugaz en los labios.
—Perfecto —susurró—.
Salgamos, no me gusta hacer esperar nuestras… citas.
.
.
Ya en las calles, las miradas no tardaron en posarse sobre ellos.
Tn, con su figura, destacaba incluso entre los transeúntes más curiosos; y Esdeath, con su largo cabello azul como el cielo despejado, irradiaba una belleza tan hipnótica como peligrosa.
No había nadie en la capital que no la reconociera.
Ella iba del brazo de Tn, caminando con paso firme mientras sus ojos analizaban los puestos de comerciantes, las casas ordenadas y la actividad diaria.
La escena podría haber sido la de una cita normal… de no ser por los muchos guardias que discretamente mantenían la distancia, atentos a cada movimiento.
Algunos hombres, incapaces de ignorar la figura perfecta de la general, la observaron con evidente deseo; sin embargo, en cuanto sus mentes recordaban la reputación sanguinaria de Esdeath, aquellas fantasías se esfumaban tan rápido como habían aparecido.
Esdeath, divertida, se inclinó un poco hacia él.—Es gracioso… ver cómo se acobardan en cuanto sus instintos les recuerdan quién soy.
Tn no respondió de inmediato.
Solo se limitó a caminar a su lado, manteniendo un semblante neutral.—Lo que me sorprende es que no te moleste —comentó finalmente—.
Cualquiera diría que odiarías esas miradas.
—Oh, las disfruto —admitió ella con una leve carcajada—.
Es una forma de poder, y me gusta que sepan que no pueden tocar lo que es mío.
Poco a poco, sus pasos los llevaron fuera del corazón de la ciudad y hacia los barrios más marginados.
El cambio fue evidente: el pavimento limpio se transformó en calles polvorientas, las casas de piedra dieron lugar a chozas mal cuidadas, y el aire se llenó del olor agrio de la pobreza.
El crimen y la decadencia eran visibles en cada esquina: niños descalzos mendigando, hombres intercambiando bolsas de polvo sospechoso, y miradas desconfiadas observándolos desde las sombras.
Tn dejó escapar un suspiro.
—No me gusta este lugar… la corrupción apesta.
Esdeath apenas giró el rostro hacia él, con una expresión de indiferencia.
—Así es como funciona el mundo.
Los fuertes disfrutan, los débiles sufren.
Es simple.
Él guardó silencio, sabiendo que no cambiaría su forma de pensar.
En su mente, solo tenía claro que debía permanecer al lado de Esdeath… y no dejar que este paseo se convirtiera en algo más sangriento de lo necesario.
Siguieron su camino por las estrechas calles empedradas, charlando de forma ligera mientras el frío de la tarde se colaba por cada rincón.
Esdeath iba a su lado, su paso elegante y seguro, con esa sonrisa serena que escondía su naturaleza letal.
Sin embargo, su momento juntos fue interrumpido cuando un grupo de maleantes surgió desde las sombras de un callejón, cerrándoles el paso.
Las miradas de los hombres eran claras-oportunistas, codiciosas… y con una malicia nada disimulada.
Uno de ellos, con una cicatriz cruzándole la nariz, murmuró con un tono rasposo—Miren lo que tenemos aquí… dos tontos con ropa cara.
Esto será rápido.
Otro, más atrás, soltó una risa baja y desagradable—Aunque… la dama podría quedarse con nosotros un rato, para divertirnos.
Esdeath escuchó cada palabra sin perder su sonrisa, pero cualquiera que la conociera sabría que estaba acumulando una peligrosa calma.
Mantuvo la mirada baja un instante, como si reflexionara sobre si valía la pena mancharse las manos… pero esas últimas palabras encendieron algo en ella.
Estaba de exelente humor, tuvo sexo en el camino, recibio elogios de su ultima pelea, y tenia una maravillosa cita con su amado.
Tn soltó un suspiro, ya acomodándose las mangas de su chaqueta y dispuesto a intervenir.—Supongo que no nos van a dejar pasar en paz… —murmuró.
La violencia desmedida no seria bueno, mejor seria que los neutralizara y dejara en algun callejon.
Pero Esdeath no le dio ni un segundo.
Con un simple gesto de su mano, el aire se tornó gélido.
Una neblina helada se deslizó por el suelo, subiendo por las piernas de los maleantes antes de que pudieran reaccionar.
En cuestión de segundos, los cuerpos quedaron atrapados en bloques de hielo tan puros y transparentes que sus expresiones de sorpresa quedaron grabadas para siempre.
El silencio que siguió fue sepulcral.
Esdeath, con la misma calma que al inicio, suspiró.
Su mano se apreto cuando golpeo cada bloque e hielo rompiendolo, la sangre salpico el suelo con los pedazos rotos de los maleantes.
—La cita se arruinó… —dijo con voz suave, pero con un dejo de irritación que delataba lo molesta que estaba—.
Tn… necesito que me consueles.
Él la observó unos segundos.
Era una suerte que se hubiera limitado a congelarlos y no a destrozar media capital como en otras ocasiones.
Se acercó, colocó una mano en su cintura y la atrajo hacia sí, abrazándola con suavidad mientras su otra mano recorría lentamente su cabello, peinándolo con calma.
—No dejes que te arruinen el día —susurró él, en un tono bajo pero firme—.
Todavía podemos seguir con nuestra cita.
Ella cerró los ojos un instante, disfrutando del contacto, y una pequeña sonrisa volvió a aparecer en sus labios.
Aunque la temperatura a su alrededor seguía siendo peligrosa, en ese momento Tn sabía que ella se había relajado… al menos un poco.
Esdeath suspiró y murmuró, con ese tono frío pero no del todo ausente de calidez que a veces mostraba con Tn.
—Tendremos que volver… pero de camino compraremos algún postre.
No fue una propuesta, sino una declaración, y Tn asintió sin problemas.
Así lo hicieron.
Salieron de los barrios marginados, dejando atrás el hedor de la miseria y el eco de miradas desconfiadas.
En el mercado, Esdeath se detuvo frente a un puesto de dulces; su mirada azul, normalmente afilada como un filo de acero, se suavizó apenas al observar los pasteles cubiertos de azúcar.
Compró varios sin regatear, guardándolos cuidadosamente como si fueran un pequeño botín personal.
Era una mujer que apreciaba lo dulce y los pequeños placeres, aunque nunca lo admitiría abiertamente ante cualquiera.
El regreso al castillo fue tranquilo.
Los soldados apostados en las puertas se mantuvieron firmes, abriendo paso en cuanto reconocieron la imponente figura de Esdeath.
El eco de sus pasos resonaba en los pasillos de piedra, mientras ella ya estaba pensando en el momento de sentarse y disfrutar de sus golosinas.
Pero la calma se quebró al encontrarse con una presencia indeseable.
Syura.
El hijo ilegítimo —o, más crudo aún, bastardo— del Primer Ministro.
Tn lo reconoció de inmediato.
No porque tuviera trato con él, sino porque conocía su reputación, y francamente, le provocaba rechazo.
Era un joven extremadamente cruel, despiadado y sádico, que encontraba placer en acosar a civiles y asesinarlos de formas brutales.
Un pervertido asesino que disfrutaba abusando de mujeres como si fueran juguetes desechables.
El simple hecho de verlo le revolvía el estómago.
Incluso en la guerra habia limites y codigos, pero este desgraiado nunca mostro tener un limite que no fuera el de meter en problemas a su padre.
Syura sonrió al verlos, esa sonrisa falsa y arrogante que no intentaba disimular su podredumbre interna.
—Esdeath… —saludó, con una voz que pretendía ser amable, pero cuyo tono estaba impregnado de autosuficiencia—.
¿Cómo has estado?
Hace tiempo que no coincidimos.
Ella ni siquiera redujo el paso.
Ni una palabra, ni un gesto que indicara interés.
Lo ignoró como si fuera aire, como si no valiera ni el mínimo gasto de energía en responder.
Tn pasó a su lado.
Pudo sentir una especie de malicia envolviéndolo, casi como si Syura estuviera evaluándolo, midiendo algo que no le gustaba.
El chico de negro no dijo nada, pero el sentimiento era mutuo: no le caía bien y no pretendía disimularlo, aunque sí controlarlo.
Syura frunció el ceño un segundo, molesto por la indiferencia, pero su sonrisa volvió rápidamente.
—Hmph… algunos no saben apreciar la compañía que se les ofrece —murmuró con una risa baja, más para sí mismo que para ellos.
Esdeath, sin girarse, dejó caer una sola frase al aire—Y otros no saben cuándo no se les quiere cerca.
El silencio que siguió fue más pesado que cualquier discusión.
_____________________________________________________________________________________ (jjejejjejejej bien ya empezamos con el conflicto…para ser honestos esdeath ya estaba loca asi que trabajar con ella es relativamente facil).
Pondría imágenes suculentas de las waifus pero…..wattpad y los tards no me dejarían en paz 😑 así que ni modo.
(10 estrellas y al menos 6 opiniones sobre que les parece el cap).
Siguiente en llegar.
majin 21 3.
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