Waifu yandere(Collection) - Capítulo 13
- Inicio
- Todas las novelas
- Waifu yandere(Collection)
- Capítulo 13 - 13 Esdeath akame ga kill
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: Esdeath (akame ga kill) 13: Esdeath (akame ga kill) En medio del crudo invierno, cuando el viento del norte rasgaba la tierra y los estandartes del Imperio se alzaban entre cadáveres y humo, él marchaba.
Tn, joven soldado de rostro sereno y mirada vacía, caminaba entre filas como uno más… pero no lo era.
Su piel, en especial su cuello, era blanco como la nieve recién caída, casi inhumano.
No parecía sucio nunca, ni siquiera después de días en la batalla.
Algunos decían que era una bendición, otros un mal augurio.
Para Esdeath, era simplemente bello.
Era uno de los pocos a quienes la temida General Esdeath llamaba por su nombre, sin apodos ni títulos.
Eso ya causaba murmullos entre los soldados.
Pero lo que verdaderamente inquietaba a todos era la forma en que ella lo miraba.
No con la frialdad que usaba para ejecutar prisioneros ni con el desprecio con que trataba a sus subordinados.
No… a Tn lo observaba con una calma peligrosa.
Como si fuera algo valioso.
Algo que nadie más tenía derecho a tocar.
—Descansa, Tn —le decía ella, cuando los demás debían entrenar hasta el agotamiento—.
Tú necesitas estar perfecto para mí.
Él no entendía por qué.
Era un soldado común, decente, con algo de técnica, sí, pero lejos de destacar entre los asesinos, torturadores y fanáticos que conformaban sus filas.
Aun así, ella lo mimaba, lo llamaba a su tienda privada, lo alimentaba con lo mejor, y hasta lo cubría con su propio abrigo cuando el frío apretaba.
Tn nunca se atrevió a rechazarla, pero en su pecho siempre vibraba una alerta muda.
No era amor lo que Esdeath le ofrecía.
Ni siquiera deseo.
Era algo más profundo… como si lo hubiera elegido para llenar un vacío que ni ella misma entendía.
—¿No es extraño que la muerte se sienta atraída por alguien que apenas se defiende de ella?
—murmuraba él a sí mismo, mientras observaba el reflejo de su cuello en una charca congelada—.
No soy especial… y sin embargo… Una noche, mientras dormía en su litera, la encontró de pie junto a él, mirándolo como si fuera un diamante perdido en el fango.
—Tn… ¿crees en el destino?
Él no respondió.
Sólo giró su cabeza, evitando su mirada.
—Yo sí —continuó ella, sentándose junto a su cama—.
Creo que las almas más puras necesitan alguien que las proteja… alguien como yo.
Tn tragó saliva.
En su mente, una palabra flotaba con eco persistente: jaula.
Una cárcel vestida de afecto, tan gélida como la mujer que la construía alrededor suyo.
Sabía que con Esdeath, no se escapaba.
Nadie lo hacía.
Y sin embargo… cada día, algo dentro de él se resistía.
La noche en el campamento del Imperio era un abismo de silencio y frío.
Solo las antorchas parpadeaban débilmente, luchando contra la brisa gélida que serpenteaba entre las tiendas.
Tn, acostado junto a Esdeath en su enorme lecho de pieles, esperaba a que ella se durmiera.
No sabía exactamente a dónde iría, no tenía un plan.
Solo quería alejarse.
Algo dentro de él se resistía a ese destino… a ella.
Se movió con el sigilo de un animal acosado, deslizando con cuidado el borde de las mantas y girando el cuerpo hacia el lado opuesto.
Pero en cuanto sus pies tocaron el suelo helado, una escarcha fantasmal cubrió su piel al instante, trepando como raíces de hielo desde sus tobillos hasta sus rodillas.
—¿A dónde crees que vas?
—la voz de Esdeath resonó en la penumbra.
Tn sintió su piel estremecerse.
Lentamente, miró hacia atrás… y allí estaba ella, despierta, con una mirada vacía, carente de todo calor humano.
No había ira ni reproche en sus ojos, solo la certeza de que él no debía irse.
—Yo… —trató de hablar, pero su garganta se cerró al ver la sombra de una sonrisa en sus labios.
Esdeath se incorporó ligeramente, apoyando un codo en la cama, con el largo cabello azul deslizándose sobre su piel desnuda.
—Duerme —ordenó en un tono suave, pero definitivo—.
Ahora.
Tn sintió que todo su cuerpo temblaba.
No era exactamente miedo lo que lo paralizaba… era algo más profundo, más visceral.
La certeza de que enfrentarla no serviría de nada.
Como un autómata, obedeció.
Se deslizó de nuevo bajo las mantas, y antes de que pudiera siquiera acomodarse, Esdeath lo atrapó entre sus brazos.
Su agarre era firme, pero no agresivo, como si asegurara una posesión valiosa.
Tn apretó los dientes cuando sintió su aliento en la piel de su cuello, su respiración cálida en contraste con el ambiente helado.
—Hueles… como la nieve fresca en la mañana —susurró Esdeath, aspirando profundamente su aroma—.
Me gusta ese olor.
Tn cerró los ojos.
No respondió.
No se movió.
Sabía que cualquier reacción podría interpretarse de maneras que no quería explorar.
El corazón de Esdeath latía lentamente, en un ritmo extraño, controlado.
Como si no tuviera prisa… como si supiera que el tiempo estaba de su lado.
Fuera de la tienda, el viento aullaba como un lobo sin descanso.
Dentro, el silencio era peor.
Tn se preguntó, una vez más, qué era realmente para ella.
¿Un juguete?
¿Una obsesión?
¿O simplemente… una posesión preciosa que nunca dejaría escapar?
Y lo más aterrador no era su respuesta.
Era que quizás, Esdeath tampoco lo sabía.
La mañana se arrastró como una bestia herida sobre el campamento imperial.
La escarcha colgaba de las cuerdas de las tiendas, y el aliento de los soldados se dibujaba como vapor de almas en pena.
Dentro de la tienda principal, donde el frío parecía detenerse por respeto o temor, Esdeath aún no se había movido.
Sus ojos se abrieron lentamente, fríos como cristales tallados, y su primer instinto fue sentir si él seguía allí.
Y sí.
Tn aún dormía entre sus brazos.
Sin decir palabra, lo abrazó con más fuerza, apretándolo suavemente contra su pecho.
Su aliento recorrió su cuello pálido, y una sonrisa casi imperceptible se formó en sus labios.
—No cambiarás —murmuró para sí—.
No dejaré que el mundo te ensucie.
Mientras sus dedos recorrían la línea de su espalda con una lentitud casi reverente, recordó el momento exacto en que lo encontró.
Fue durante una campaña brutal en el norte, en una aldea tan remota que ni siquiera aparecía en los mapas del Imperio.
La nieve caía sin tregua, y las casas estaban cubiertas de sangre y fuego.
Y allí, entre los restos calcinados, lo vio.
Un niño de ojos apagados, con la ropa hecha jirones y el cuerpo cubierto de hollín, pero con un cuello blanco como el marfil bajo la sangre ajena.
Estaba sentado sobre el cadáver de alguien, tal vez su madre, tal vez nadie… pero sonreía.
No con alegría.
No con esperanza.
Era una sonrisa silenciosa, casi resignada, como si aceptara el fin del mundo sin miedo.
Ahí fue cuando lo supo.
—Eres mío —había dicho entonces, mientras el resto de su escuadrón saqueaba y mataba—.
Ya estás roto… pero eres hermoso.
Tenía todo lo que ella deseaba.
Más joven, sí, pero no un niño indefenso.
Tenía ese aire de potencial oculto, esa promesa de convertirse en algo grande.
Y lo más importante: era solitario, callado, con la mirada de alguien que ya no pedía nada.
No necesitaba convencerlo… solo tenía que protegerlo.
Desde entonces, lo llevó a todos lados.
Entrenó en el ejército bajo su sombra, bajo su mando.
Nunca permitió que lo ensuciaran con misiones crueles o trabajos menores.
Él debía ser preservado.
Como un diamante blanco entre las ruinas.
—Nadie más te tocará —susurró ahora, en la penumbra de la tienda—.
Aunque me odies… aunque trates de huir.
Yo soy la única que puede tenerte.
Tn no dijo nada.
Fingía dormir, con la respiración controlada, como si su cuerpo no escuchara lo que su alma gritaba.
El calor de Esdeath no era calor humano.
Era una llama fría, una prisión hecha de hielo y deseo.
Él no recordaba del todo la sonrisa que mostró ese día.
Tal vez fue real… tal vez no.
Pero desde entonces, su vida fue una cadena invisible, una cadena hecha de caricias suaves, de órdenes disfrazadas de ternura, y de un nombre pronunciado con una dulzura que hería más que cualquier grito.
Y mientras el sol apenas comenzaba a filtrarse por la entrada de la tienda, Tn pensaba en algo cada vez más constante: ¿Quién sería yo si ella no me hubiera encontrado?
Y más aterrador aún… El sol apenas se alzaba sobre el horizonte nevado cuando Esdeath, aún envuelta en mantas y pieles, habló con voz perezosa pero firme.
—Tn… tráeme carne.
Quiero algo fresco, caliente… algo que hayas conseguido tú mismo.
Tn la miró desde el rincón donde terminaba de ajustarse el uniforme.
Su voz fue suave, medida.
—Nuestras reservas no alcanzan ni para un escuadrón, general.
No hay excedentes.
Ella giró el rostro y clavó sus ojos helados en los suyos.
No con furia, sino con esa paciencia letal que usaba cuando no aceptaba excusas.
—No te pedí que revisaras las reservas.
Te pedí que cazaras.
Hay bosques, hay ríos.
Hay vida… aún.
Tráeme algo con sabor a sangre.
Él asintió, sin más palabras.
No podía decirle que no.
No se lo decía nadie.
Y además… salir de esa tienda, aunque fuera por unas horas, se sentía como respirar tras días bajo el agua.
Los murmullos comenzaron apenas cruzó el límite del círculo de oficiales.
—Ahí va el diamante de la general… —¿Quién le dio permiso de andar solo?
—Si no fuera por esa cara, estaría limpiando botas.
Tn escuchó todo, pero no reaccionó.
Las palabras eran solo ecos.
No lo odiaban a él, no realmente.
Odiaban lo que Esdeath proyectaba sobre él.
Su cercanía.
Su favoritismo.
Su obsesión.
Y, en el fondo, su intocabilidad.
El bosque al este del campamento estaba cubierto de una capa espesa de nieve.
El silencio aquí era distinto.
Más puro.
Más real.
Tn se agachó cerca de una pequeña hondonada, donde unas aves de plumaje gris rascaban la nieve en busca de semillas congeladas.
Se movió con calma, respirando lento, y lanzó un cuchillo con precisión.
Una, dos, tres… tres cuerpos cayeron sin gritos.
Más al norte, un río rompía el paisaje blanco como una cicatriz viva.
Allí, con manos frías y mirada vacía, atrapó tres salmones de vientre rojo.
Los degolló con una piedra afilada.
La sangre manchó el hielo como tinta en un lienzo.
El agua fría mordía sus dedos, pero no se detuvo.
Cazó.
Cortó.
Preparó.
Todo con la misma expresión contenida.
Como si cumpliera un ritual, una orden escrita en su piel.
Y entonces, regresó.
La tienda de Esdeath era cálida como una prisión alfombrada.
Ella estaba sentada en su trono improvisado, sin uniforme, con una copa de vino entre los dedos, cuando él entró.
No necesitó anunciarse.
Ella ya sabía que era él.
Siempre sabía.
—¿Lo conseguiste?
—preguntó, sin mirarlo directamente.
Tn colocó con cuidado el pescado limpio, las aves desplumadas y un pequeño cuenco de agua fresca.
Todo sobre una bandeja cubierta de piel.
—Aquí está.
Aún está tibio.
Solo entonces ella lo miró, y algo en su expresión cambió.
Su sonrisa no era de satisfacción, sino de deleite.
—Perfecto… tú sí sabes cómo hacer feliz a tu general.
Ella probó un trozo crudo de pescado con los dedos, saboreándolo como si fuera un manjar imperial.
Luego lo miró con intensidad.
—¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti, Tn?
Él no respondió.
—Que incluso cuando estás lejos… sigues obedeciéndome.
No es por miedo.
No es por deber.
Es porque, en el fondo, sabes que me perteneces.
Tn sintió un escalofrío.
No por sus palabras, sino por la certeza con que las decía.
Como si el mundo entero no pudiera contradecirla.
Como si su voluntad fuera ley.
Y mientras ella comía lentamente, saboreando cada trozo como si fuera una ofrenda, Tn permaneció de pie.
Silencioso.
Inmóvil.
Como una estatua en su altar.
(y no, no pondre suculencia porque como dije solo quería yanderes pero como mi método será capítulos para darles desarrollo.
Ejemplo Nitocris ya empezó a mostrar mas dependencia de tn, osea que para el capitulo dos tendremos un avance en su emoción y obsesión.
Esto lo hago porque ya es aburrido ver lo mismo waifu loca yandere que secuestra, abusa y tiene hijas con el prota y fin……..Eso ya cansa asi que pense en este metodo darles sentimientos alocados poco a poco.) Y el que quiera meter fetiche yo que sé patas o muslos, six pack dejen su opinion y vere que sale.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com