Waifu yandere(Collection) - Capítulo 130
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130: Vivian zzz 130: Vivian zzz Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
____________________________ Vivian no estaba teniendo un buen día.
Definitivamente estaba enojada, y no se molestaba en ocultarlo: sus labios se mantenían apretados, su ceño fruncido como una línea tensa, y la mano que sujetaba su sombrilla “Vuelo de Ceremonia” temblaba con un agarre tan fuerte que el cuero del mango se marcaba contra su piel.Había sido rechazada, una vez más, por su Lord Phaethon… o mejor dicho, por Wise, a quien su corazón había decidido coronar con ese título.
La excusa había sido la misma de siempre: “Tengo que trabajar en la tienda de música y videocasetes, no es un buen momento”.
Vivian podría haberlo tolerado, incluso fingir que entendía… si al menos le hubiese permitido quedarse, observando desde un rincón.
Pero no: con esa calma distante que le corroía los nervios, Wise le había dicho que sería mejor que se fuera a descansar si no pensaba comprar nada.
A cada paso que dio alejándose de la tienda, Vivian pasaba su lengua por sus colmillos, imaginando por un instante el tacto tibio y perfecto del cuello de Belle.
Una mordida, apenas una probada, y sería feliz… aunque Belle parecía más interesada en chicos.
Lo supo desde la primera vez que entró en su habitación y vio los pósters en la pared: Shawn Mendes, Alan Walker, Harry Styles, algunos modelos con sonrisas estuoidas.
Todo masculino.
Todo… ajeno a ella.
Suspiró con un deje amargo.
También había depositado algo de fe en su hermano, Wise, pero él tampoco mostraba interés.
Y ahora ya no importaba.La frustración había calado tan hondo que el resto del camino a su residencia lo recorrió sin ver nada, guiada por la inercia de sus pasos.
Al entrar, dejó la sombrilla apoyada en la pared y sacó el teléfono, marcando un número privado que ya conocía.
La voz al otro lado era neutra, profesional, casi mecánica.
—Servicio especial.
¿Requisitos?
—preguntaron.
Vivian apoyó la frente contra el marco de la puerta, dejando que el cabello le cubriera parte del rostro mientras sus ojos se entornaban con una sombra oscura de placer anticipado.
—Chico o chica, da igual… que sepan escuchar y aguantar.
Trabajo como pareja o acompañante temporal —respondió, y sus labios se curvaron apenas—.
Y que no se quejen si… me desquito un poco.
Hubo un silencio breve en la línea.
—¿Conoce las condiciones?
Si se estropea el producto, hay que pagar —advirtió la voz.
Vivian sonrió, y por un segundo su tono fue casi meloso.—Si lo rompo… lo compro.
Al colgar, se dejó caer en el sofá, hundiéndose entre los cojines.
La decisión estaba tomada: si los Proxy no querían su devoción, entonces la recibiría otro.
No alguien especial… al menos no todavía.Pero tal vez, con el tiempo, ese “acompañante” podría ser moldeado, como la seda de su sombrilla, hasta encajar perfectamente en el hueco que los demás habían dejado vacío.
Monotonia.
Vivian tenía la mirada fija en el techo, inmóvil, escuchando el eco de sus propios pensamientos.
Cuando requería “servicios especiales”, siempre acudía a la misma agencia.
En Nueva Eridu, ese tipo de negocios no eran precisamente extraños: la ciudad era un lugar horrible y estresante, y los ricos —o los suficientemente solventes— a menudo se encontraban al borde del colapso.
La agencia ofrecía lo que ellos llamaban “productos humanos”: personas que, habiendo perdido recursos, hogares o familias por culpa de los Hollow, firmaban contratos temporales para ponerse al servicio de clientes.
Compañía, asistencia, compañía íntima… o simplemente ser el blanco donde el cliente pudiera descargar su frustración.
Vivian no era millonaria, ni mucho menos rica, pero tenía capital suficiente para darse ese pequeño lujo de vez en cuando.
Para ella, no se trataba de lujo, sino de un mecanismo de supervivencia.
Unas cuantas mordidas, un poco de presión, gritar quejas que nadie más escucharía… no importaba.
Lo esencial era que, por unas horas, alguien estaría obligado a soportarla.
Reflexionó mientras jugueteaba con la cadena de su sombrilla.
No era la primera vez que contrataba el servicio; normalmente pedía chicas, intentando recrear gestos o conversaciones que pudieran darle pistas sobre cómo acercarse a Belle.Incluso el servicio de mujersuelas era algo……rutinario.No negaria el leve placer y la emocion, quien diria que ponerles una peluca y hacerles decir el nombre Belle seria tan estimulante.
Pero esa ruta parecía un fracaso inevitable, y no tenía intención de repetir decepciones.
Un golpe seco en la puerta la sacó de sus pensamientos.
Tres toques, pausados, mecánicos.
Vivian se levantó con un movimiento rápido y fue a abrir.
Un chico, no más alto que ella, con el cabello ligeramente desordenado y un porte contenido.
La timidez parecía colgar de sus hombros como un abrigo invisible.
Perfecto, pensó, sintiendo que la comisura de sus labios se curvaba apenas.
—Adelante —dijo, haciéndose a un lado con un gesto elegante de su sombrilla.
El chico entró, mirando el interior de la residencia con cautela.
No parecía saber dónde poner las manos ni hacia dónde dirigir la mirada.
Vivian cerró la puerta tras él con un suave clic, y ese sonido resonó en su cabeza como el inicio de una sinfonía privada.
Mientras lo guiaba hacia la sala, su mente ya trazaba planes: un par de horas de charla para medir su resistencia, unas cuantas preguntas “inocentes” para descubrir sus puntos débiles… y, por supuesto, pequeñas pruebas para ver cómo reaccionaba bajo presión.
—Siéntate —indicó, señalando el sillón frente a ella mientras servía dos copas de vino—.
Hoy vamos a conversar… y tú vas a escuchar.
La manera en que lo dijo no dejaba espacio a discusión.
.
.
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Los primeros minutos fueron un aluvión de quejas, un torrente verbal que Tn apenas podía seguir.
Nombres desconocidos, apodos que no le decían nada, rostros que él no podía asociar a ninguna persona real.
Pero no importaba: su trabajo no era entender, sino estar ahí, recibirlo todo.
Y entonces vino el ataque.
Los ojos de Vivian se tiñeron de un rojo intenso, su respiración se volvió errática.
Fue un instante: un paso, un agarre firme en su hombro, y colmillos que perforaron la piel.
Tn soltó un jadeo, más por la sorpresa que por el dolor.
El forcejeo duró lo suficiente para que su pulso se acelerara, pero no tanto como para romper la calma que ella mantenía en el fondo.
Unas cuantas mordidas, el sabor de la sangre alimentándola, y su cuerpo relajándose mientras se apartaba.
Vivian se limpió la boca con el dorso de la mano, observando al chico.
Estaba agitado, el pecho subía y bajaba rápido, pero seguía estable.
Exactamente como quería.
Se acomodó la ropa desordenada con un gesto casi elegante, como si nada hubiera pasado, y retomó su diatriba de quejas.
La voz volvía a ser melosa en algunos momentos, para luego transformarse en un filo cortante al recordar una ofensa, una mirada, un comentario que la irritaba.
Las horas pasaron sin que Tn protestara.
El tiempo del contrato se cumplió, y Vivian hizo el depósito sin ceremonias.
Lo acompañó a la entrada, donde él, con voz baja, dijo—Gracias por contratar los servicios de la agencia.
Ella simplemente suspiró, más tranquila, como si hubiera liberado un peso invisible.
—Hasta la próxima —dijo sin mirar atrás.
Cerró la puerta y se adentró en la cocina.
El sonido de la goma del refrigerador cediendo rompió el silencio.
Dentro, colgadas en el estante superior, varias bolsas de sangre hospitalaria se balanceaban levemente.
Tomó una, la mordió con los colmillos y bebió sin prisa.
—Molesto ser vampiro… —murmuró, pero no le dio importancia.
Con la otra mano, desbloqueó su teléfono.
La pantalla se iluminó, revelando un carrete saturado de imágenes: fotografías robadas, capturas, algunos videos cortos.
Wise.
Belle.
Los Proxy.
Sus queridos Phaethon.
Sus amos.
Un dedo recorrió la galería, deteniéndose en una imagen de Belle riendo en algún festival.
Vivian la observó en silencio, sintiendo esa punzada dulce y dolorosa que ya le era familiar.
—Lástima… que nunca me llamarán… —susurró, más para sí que para nadie.
Aferró la bolsa de sangre con más fuerza, y en su mente ya comenzaba a trazar un plan para la próxima vez que contratara al chico.
Tal vez, solo tal vez… podría moldearlo.
.
.
.
Tn iba caminando por la acera con pasos pesados, una mano masajeando el cuello donde al menos cuatro mordidas ardían bajo la piel.
Sentía una debilidad ligera pero persistente, resultado directo de la extracción de sangre.
Suspiró, dejando escapar el aire como si pudiera expulsar junto con él la tensión acumulada.
Recordar cómo esa mujer se había abalanzado sobre él no ayudaba a calmarlo.
Primero una mordida, luego otra, y otra… hasta que perdió la cuenta.
Al final, tuvo que dejarla hacer, sabiendo que el contrato exigía cumplir con los “requisitos” del cliente mientras no pusieran en riesgo su vida.
Aun así, lo dejó de lado.
Al menos le pagaban bien, bastante bien, incluso.
Y en Nueva Eridu, ese era un milagro que no se podía despreciar.
Mientras cruzaba la calle, su mente volvió, sin querer, a cómo había terminado trabajando para la agencia.
Los ataques de los Hollow habían sido una constante en su vida, pero aquel último había sido devastador.
No todos podían luchar contra esas criaturas, y los que sobrevivían muchas veces quedaban marcados o contagiados.
Él tuvo suerte… relativa.
Su distrito entero había quedado reducido a cenizas, las calles convertidas en un cementerio improvisado de metal retorcido y polvo gris.
Con todo destruido, conseguir empleo era casi imposible.
Y la idea de unirse a una facción… no, eso no era para él.
Las facciones siempre acababan igual: peleas internas, rivalidades, discusiones eternas sobre quién tenía el control.
La agencia, en cambio, ofrecía algo más simple: servicios para personas con dinero.
Acompañar, escuchar, entretener, o servir de válvula de escape.
El filtro de clientes reducía un poco las posibilidades de encontrarse con casos extremos, aunque no eliminaba del todo el riesgo.
La sesión con Vivian, por ejemplo… no había sido lo peor que le había tocado.
No había hecho nada vergonzoso, nada humillante.
Solo escuchar quejas y soportar mordidas.
Aunque esas mordidas eran otra historia: dolían, sí, pero había algo más.
Tn no podía negarlo, aunque lo pensara a regañadientes: la mujer era hermosa.
Una belleza elegante, casi hipnótica, envuelta en ese aire de peligro que parecía inseparable de ella.
Claro, también estaba completamente loca… pero eso, en Nueva Eridu, no era precisamente raro.
La capitana de fuerza y seguridad publica tenia esquizofrenia.Los defensores del templo religioso alababan una espada que mataba al usuario.
-Tsk….estamos tan jodidos.Pero bueno al menos podre dormir bien aunque deberia comprar vendas, me duele el cuello.
Ajustó el cuello de su chaqueta, ocultando las marcas, y siguió caminando hacia el alojamiento temporal que la agencia le había asignado.
Mientras lo hacía, no podía evitar una sensación incómoda: algo le decía que esa no sería la última vez que vería a Vivian.
Tn llegó al alojamiento, un lugar que parecía más un hotel de lujo venido a menos que un complejo residencial.
Pasillos alfombrados, iluminación cálida, y un olor a desinfectante que intentaba disimular el aroma persistente de los Hollow-repellent que usaban en todas las entradas.
Aunque sonara a estafa al menos eso calmaba la situacion.
La agencia siempre invertía en el cuidado de sus “productos”, como los llamaban, y sabían mantenerlos en condiciones óptimas para que los clientes repitieran el servicio.
Dejó la chaqueta sobre el sofá y buscó vendas y un pequeño frasco de desinfectante en el botiquín de la cocina compartida.
El protocolo era claro: cualquier herida debía tratarse de inmediato para evitar infecciones… o algo peor.
La saliva de un vampiro podía ser peligrosa, y aunque él ya había trabajado con algunos, prefería no confiarse.
Aplicó el desinfectante sobre las mordidas, sintiendo el escozor recorrerle el cuello y los hombros.
Mientras limpiaba la última marca, su mente regresó inevitablemente a lo ocurrido horas antes.Las primeras mordidas de Vivian habían sido rápidas, casi mecánicas… hasta que empezó a hablar.
—No sirvo para nada… —susurró ella entre dientes, con la voz cargada de veneno hacia sí misma.La presión de sus colmillos aumentó, y Tn sintió el calor de la sangre correr.
—Siempre igual… siempre sobro… ¿por qué…?
—seguía, con la respiración agitada.
Se separó apenas para lamer la herida, mirándolo con los ojos inyectados en rojo, y añadió con un hilo de voz—Ni siquiera soy digna de estar cerca de ellos….
Morder.
-!PORQUE!
Morder.
-!ESAS PERRAS SIEMPRE ESTAN CON ELLOS!
Morder.
-!Y QUE SI NO TENGO UN TRACERO GRANDE…..*Morder*..sniffff yo s-soy suficiente *morder* no necesitan a nadie mas.
Porque los visitaban siempre, porque siempre estaba alguna mujer ahi, porque ellos nunca la necesitaban.La zorra de pelo rosa endeudada de Demara siempre iba, la oficial inutil de tracero grande siempre tenia excusa para estar ahi.
Tn había contenido el impulso de apartarla; no era parte de su trabajo juzgar o responder, y además… esa mezcla de vulnerabilidad y rabia en su voz lo había dejado desconcertado.
Ahora, tirado en el sofá, no podía sacarse de la cabeza esa escena.
Normalmente no prestaba atención a las excentricidades de los clientes.
Escuchar quejas, soportar caprichos o aguantar comportamientos extraños era parte del trabajo.
Pero Vivian… Vivian era distinta.
No solo estaba molesta con los demás.
Estaba molesta consigo misma.
Lo había notado en la manera en que, entre mordida y mordida, se lanzaba insultos que parecían atravesarla más que cualquier rechazo externo.
Y luego, sin pausa, volvía a hundir los colmillos, como si en cada mordida intentara arrancar de raíz algo que no podía soportar.
Tn frunció el ceño.
No era su problema, ni debía involucrarse.
El contrato era claro: cero relaciones personales, cero vínculos emocionales.
Los clientes eran clientes, nada más.
Y sin embargo… algo en la intensidad de Vivian lo había dejado intranquilo.
Se acomodó mejor en el sofá, cerró los ojos y trató de no pensar más en ella.
Al fin y al cabo, era solo una clienta más.
Y si tenía suerte, no volvería a verla en un buen tiempo.
Pero en el fondo, una parte de él sabía que esa suerte probablemente no iba a durar.
.
.
.
Vivian soltó un leve gemido de emoción al abrazar con fuerza la funda de almohada dakimakura de su Señor Faetón.
Estaba recostada en su cama, envuelta en las sábanas oscuras, con la mirada perdida en los ojos impresos sobre la tela.
Murmuraba su amor eterno a aquella figura, aunque fuera una imagen falsa; para ella, en su mente, no había diferencia.
También tenía otra almohada dedicada a Belle, junto con pósters, tazas, colgantes y otros objetos que llevaban las caras de los Proxy’s.Incluso un consolador aunque tuvo que agregarle varios centimetros extra, su lord Faeton la desepciono un poco en ese sentido.
Acarició con la yema de los dedos la línea impresa de la mandíbula de Faetón, y depositó un beso sobre la tela.
Sus colmillos amenazaron con asomar; quería morder, quería dejar marca… pero se contuvo.
Rasgar la funda sería como herir al propio Faetón, y eso era inaceptable.
Aun así, el recuerdo de un sabor distinto persistía en su paladar.
La sangre de Tn.
Vivian cerró los ojos y lo recordó todo: la calidez, el matiz dulce con un fondo metálico único, la manera en que había corrido por su lengua con una suavidad casi aterciopelada.
No era la sangre común que obtenía de bolsas hospitalarias, ni la de los clientes ocasionales que servían más como distracción que como verdadero placer.
No… esta era distinta.
El tipo de sangre más raro: Rh nulo, “sangre dorada”.
Algo tan escaso que solo un puñado de personas en el mundo lo poseía.
Casi imposible de conseguir… y ella lo había probado por segunda vez en toda su vida.
Su respiración se aceleró, abrazando con más fuerza el dakimakura.
—Tn… —susurró, como probando el nombre en su lengua—.
¿Cómo voy a dejarte ir ahora?
Se giró boca abajo, hundiendo el rostro en la almohada, y empezó a reír suavemente, un sonido que era una mezcla inquietante de ternura y delirio.
—No eres Faetón… no, claro que no… —murmuraba, acariciando la tela como si fuera piel—.
Pero eres mío.
Mi tesoro raro… mi pequeño lujo privado.
Nadie más te probará, nadie más te tocará.
Ni siquiera ellos… —sus ojos se encendieron con un brillo peligroso al pensar en Belle y Wise—.
Solo ellos.
Abrió los ojos y miró el techo, una leve sonrisa torcida formándose en su rostro.
Ya no era solo una cuestión de desahogo o conveniencia.
Ahora, él tenía algo que ella no estaba dispuesta a perder.
—Voy a quedarme contigo… aunque tenga que comprarte cada día de tu vida —susurró, antes de besar la almohada con un suspiro satisfecho.
Existen cuatro tipos principales de sangre humana, determinados por la presencia o ausencia de ciertos antígenos en la superficie de los glóbulos rojos: A, B, AB y O.
Pero ella había probado en una ocasión la sangre dorada.
Fue muy especial en una fiesta de convivio entre su especie.
Se sirvieron pocos tragos de tal manjar y ella obviamente quería volver a probarla lástima que era tan rara y escasa que solo los vampiros de elite podrían costear eso.
-Ah~ solo otra mordida.
Su vista se nublo por un instante, estaba tan enojada en esa sesion que se olvido de degustar del sabor mas concentrado en las zorras que se acercaban a sus amos.
-Porque nunca me ven a mí…
que me hace falta-.
Soltó la almohada a su lado y se levantó las sabanas cayeron de su cuerpo revelando su piel suave su cabello púrpura cayendo hasta cubrirle su trasero que aunque pequeño era compensado con buenos muslos Vivian aprecio sus atributos y si bien carecía de los grandes pechos de Demara no estaba tan alejada como para complacer a su Señor Faetón.
-…..Snifff solo esperén lores Faeton’s y-yo…los complaceré-—.
Era delirante desear algo, pero que era el placer.
Sin tener que sufrir un poco, tener que negarse al clímax para llegar a ese maravilloso cielo.
_______________________________________________________________________________________ (Nt:vivian es un vampiro asi que escribiré a un vampiro como se debe >:v).
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