Waifu yandere(Collection) - Capítulo 134
- Inicio
- Todas las novelas
- Waifu yandere(Collection)
- Capítulo 134 - 134 Miyabi hoshimi part 4 zzz
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
134: Miyabi hoshimi part 4 zzz 134: Miyabi hoshimi part 4 zzz Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
Delirio.
Me estoy volviendo loca,pero quizá solo es delirio,un deseo torcido que no busca amor,sino destrucción.
Un sueño…un sueño que despierta en míla sombra de la muerte,que me llama con su voz fría.
¿Él está conmigo por deber?¿O acaso porque le importo?¿Es real este lazo que tiembla en mis manos,o fue mentira desde el inicio?
Sangre…más sangre,un río que me cubre las huellas.¿Cómo fui capaz?¿Cómo me atreví a abrir con mis propias manosla puerta del abismo?
Si esto es locura,si esto es ilusión,que al menos el dolor me responda,pues en mi pecho ya no sési late vidao solo queda la muerte.
Es delirante.
________________________________________________________________________________________ (……..no estuve en clase de filosofía para no aprender poemas mamalones :v pero bueno como saben cada poema tiene en si un spoiler.
No se si alguien aparte del Robert se lea esa cosa).
________________________________________________________- Miyabi despertó de nuevo, su gato como siempre dormido sobre ella.
Lo apartó de su pecho con suavidad y se levantó.
Entró a su baño y, para su alivio, al parecer ya estaba reparado; la cerámica relucía nueva, los espejos intactos, como si nada hubiera pasado.
Sus orejas largas se movieron un poco, inquietas, y se inclinó hacia el lavabo para lavarse la cara.
El agua fría le devolvió una chispa de frescura y dejó escapar un suspiro prolongado.
Levantó la mirada hacia el espejo y observó sus ojos, ese rojo intenso que parecía siempre traerle recuerdos del pasado.
Murmuró para sí misma, apenas audible.
—Haré una cita… no puedo seguir ignorando esto.
Con ese pensamiento, se dirigió a la cocina y preparó su desayuno.
Encendió la radio mientras batía huevos y tostaba pan.
La voz del locutor llenó el silencio de la casa con el informe del día.
“Hey~ hey~ aquí con su locutor favorito, Alastor *toser* haham.
Los informes del día parecen ser bastante notorios”.
“Ataques de hollows en sectores bajos de Eridu… pandillas tomando control de calles enteras… tensiones entre facciones aumentando wow parece que la funeraria recibio cuerpos de una faccion, la policía identificará los miembros, pero parece ser que son los hijos de calydon… Y en otra noticia, la búsqueda de los hermanos Proxy continúa tras el robo de información de seguridad pública.”.
“En mas noticias, la famosa cantante Astra yao sufrió otro atentado, su representante se niega a dar testimonio jeje~ sigan sintonizados”.
El locutor pasó a reproducir música suave de ambiente, aunque las noticias solo eran desalentadoras.
“Sueño cuando era pequeñoSin preocupación, en el corazónSigo viendo aquel momentoSe desvaneció, desapareció”.
Miyabi sostuvo su taza de café caliente entre las manos, bebiendo lentamente mientras escuchaba.
A sus pies, su gato maulló de forma insistente, reclamando atención.
La mujer sonrió, un gesto extraño en medio de su rigidez habitual, y le arrojó una pequeña bola de estambre.
El felino enseguida se abalanzó sobre ella, rodando por el suelo con entusiasmo.
La escena la tranquilizó por unos instantes.
“Sé que no, sé que no, oh Sé que solo Sé que ya no soy, oy-oy-oy Mira, Sofía Sin tu mirada sigo Sin tu mirada, Sofía”.
Terminó de comer, se acomodó la ropa de trabajo y ajustó el cinturón con su katana maldita, aunque evitó mirar demasiado tiempo la empuñadura.
Tendría un día de oficina en la sección 6 y luego iría a ver a Tn.
Lo necesitaba más de lo que quería admitir; había pesadillas en su cabeza que no se disolvían ni con trabajo ni con cansancio físico.
“¿Y por qué no me dices la verdad?
EhSigo sin tu mirada Sofía, eh, eh, eh, eh¿Y por qué no me dices la verdad?”.
“Hey hey~ Su locutor Alastor y con ustedes ese fue el exito musical Sofia de Alva^*&(*^*&^*(968%*^9HVDGVJ”.
Justo cuando se disponía a apagar la radio, el sonido cambió.
Una distorsión la hizo fruncir el ceño: estática, un chirrido áspero que retumbó en los altavoces.
La voz del locutor desapareció de repente, reemplazada por gritos.
Gritos desgarradores.
Voces de hombres, mujeres, incluso niños.
No eran simples alaridos, eran lamentos que Miyabi conocía demasiado bien, ecos de recuerdos enterrados, voces de su clan, de batallas pasadas.
Su respiración se cortó, sus orejas se tensaron como si su cuerpo reaccionara al peligro.
“Sigan…….Sintonizados………le noc abaca”.
Y de pronto… silencio.
La programación normal volvió como si nada hubiese pasado.
Miyabi apagó la radio de inmediato, con un movimiento brusco, y se quedó quieta un instante, el corazón acelerado.
—…Ya basta —murmuró entre dientes, forzándose a tomar aire profundo.
Con pasos firmes, tomó sus cosas, ignorando la inquietud que aún le carcomía la mente, y salió de su casa rumbo a la estación.
.
.
.
Miyabi caminó por las calles ignorando a los peatones civiles que iban a su lado.
Sus rostros se desdibujaban en su visión, como manchas irreconocibles, incapaz de distinguir facciones.
En las pantallas holográficas de los edificios, los anuncios publicitarios parecían alterarse por breves segundos: sonrisas convertidas en muecas, cuerpos perfectos transformados en figuras macabras, masacradas.
Ella solo tarareó para sí, una melodía sin letra, tratando de no fijarse demasiado.
Al llegar a la estación, se reportó como de costumbre.
No había asignaciones de campo, solo papeleo rutinario y firmas interminables.
Pasó varias horas enterrada en documentos hasta que, finalmente, salió del departamento de seguridad pública.
Con el peso del deber cumplido, tomó rumbo hacia el edificio donde Tn atendía sus consultas.
Tocó la puerta y entró.
Tn ya la esperaba, sentado con su libreta lista, la mirada calmada.
Miyabi dejó su espada apoyada en la estantería —el acero maldito parecía latir bajo la luz tenue— y se acomodó en el sofá frente a él.
El hombre la observó unos segundos antes de preguntar.
—¿Cómo te has sentido en los días que no asististe a tus citas?
Miyabi apartó la vista.
Su voz salió en un murmullo.—Me duele la cabeza… mucho.
Intenté tener un día libre, pero no supe qué hacer más allá de caminar sin rumbo.
Tn anotó, el lápiz deslizando sin pausa.—¿No tienes amigos con los que puedas compartir tu tiempo?
Ella negó lentamente con la cabeza, sus orejas caídas reforzaban el gesto.
—No.
—El silencio posterior fue denso.
El psiquiatra inclinó apenas la cabeza, su tono neutro, profesional, pero no distante—¿Y probaste de nuevo con algún pasatiempo?.Recuerdo que te mencione practicar el origami o pintar figuras de 40k.
Miyabi presionó sus manos contra sus rodillas, recordando su intento torpe.
—Sí… volví a intentar con los videojuegos.
Pero no me gusta.
Me siento fuera de lugar… como si no pudiera encajar ni siquiera en algo tan simple.
Tn la observó con cuidado, escribiendo en su libreta antes de hablar de nuevo—No todos los pasatiempos son para todos.
Quizás lo importante no sea encajar, sino encontrar algo que realmente te haga sentir presente.
Miyabi no respondió de inmediato.
Sus ojos rojos se fijaron en un punto invisible frente a ella, mientras el eco de su propia mente susurraba voces distorsionadas, como si todavía escuchara la radio rota de aquella mañana.
-Miyabi hay algo que te este perturbando?-.Tn dejo de escribir para mirarla de frente.Noto leves movimientos y el como sus ojos parecian encojerse.
Tn preguntó con calma, sin apartar la mirada de Miyabi, si había algo que la perturbara en ese momento.
Ella tardó en responder, sus labios temblaron apenas y su voz salió débil, casi apagada—Voces… rostros… demasiado ruidoso….
Las palabras parecían pesadas, como si las arrastrara desde lo profundo de un pozo invisible.
Tn ladeó un poco la cabeza, evaluando lo que decía, y formuló otra pregunta con tono paciente—¿En esta habitación, aquí con nosotros, están esos problemas que acabas de mencionar?
Miyabi desvió la mirada hacia los rincones del cuarto.
El silencio era denso, interrumpido únicamente por un leve ruido sordo, como un zumbido constante de fondo.
No era molesto, pero era imposible no notarlo si uno prestaba atención.
Frunció el ceño, insegura, sus manos se entrelazaron con fuerza sobre su regazo.
—No… —murmuró— no hay nadie aqui….
Tn se levantó despacio de la silla, su sombra se proyectó larga por la tenue luz de la lámpara.
Enderezó la espalda y, con una tranquilidad que contrastaba con la confusión de Miyabi, pronunció—Entonces probaremos otro método.
Con un gesto sutil, se acercó a un viejo aparato de radio y lo encendió.
Explicó, mientras giraba con cuidado el dial, como si también estuviera educando a su paciente—Existen métodos psicológicos que emplean el sonido para influir en el estado de ánimo… la psicoacústica estudia cómo los sonidos afectan la mente.
Se ha utilizado en terapias… la sonoterapia, la música… incluso para reducir el dolor o inducir concentración.
Tras unos segundos, dejó que una melodía suave comenzara a llenar el espacio.
No era estridente, ni opresiva, sino ligera y armónica: un fragmento de Las cuatro estaciones de Vivaldi, que parecía fluir como agua transparente por la habitación.
Tn volvió a su sitio y, sentado frente a ella, preguntó con voz neutra, aunque cargada de intención—¿Cómo te sientes ahora, Miyabi?
Ella no respondió de inmediato.
Su mirada se perdió en algún punto del suelo, como si buscara un patrón en las sombras.
La melodía rozaba el ambiente, pero en su expresión solo había quietud.
Finalmente, murmuró con una voz plana, sin emoción clara—…Estoy sentada.
“Eso ya era un avanze”.
El silencio posterior fue extraño.
No había tensión, pero tampoco alivio.
El sonido de Vivaldi parecía flotar alrededor de ellos, sin encontrar un lugar donde asentarse.
Tn entrecerró los ojos, evaluando la reacción.
No la interrumpió de inmediato; comprendía que aquel tipo de terapia no funcionaba como un interruptor que encendiera emociones.
Quizá para Miyabi el simple hecho de notar que estaba sentada era, en sí mismo, un pequeño ancla a la realidad.
Mientras tanto, la música seguía su curso, con notas que evocaban estaciones cambiantes, como si la naturaleza misma quisiera colarse en aquel espacio cerrado.
Tn mencionó con calma que intentaba murmurar palabras al azar, buscando alguna que provocara una reacción en Miyabi.
—Quiero probar algo… —dijo, observándola con atención—.
Palabras al azar, sonidos, frases.
Solo para ver con cuál reaccionas.
¿Me das permiso?
Miyabi lo miró en silencio unos segundos, con sus ojos fríos, analíticos, casi desconfiados.—¿Y por qué quieres hacerlo?
—preguntó, arqueando una ceja.
Tn respiró despacio, como si midiera sus palabras.—En psicología, las palabras clave tienen un peso muy fuerte.
No solo son términos, sino detonadores.
A veces esconden memorias, emociones o incluso traumas.
Si algo está sellado dentro de ti… quizá reaccione con una palabra específica.
Ella entrecerró los ojos, procesando lo que decía.—Mente, comportamiento, emociones… cognición, desarrollo, aprendizaje, personalidad, percepción, motivación… —repitió como si probara las palabras una a una en su boca—.
Son conceptos muy amplios.
¿Crees que uno de esos pueda despertar algo en mí?
—No lo sé —admitió Tn, inclinándose un poco hacia ella—.
Pero si me dejas intentarlo, tal vez podamos descubrirlo.
Un silencio breve llenó el aire.
Miyabi suspiró y bajó la mirada.
—Hazlo… pero no esperes que algo cambie —murmuró con voz casi desafiante.
Tn asintió y comenzó a decir palabras simples, despacio, casi como si fueran piezas de un rompecabezas que intentaba encajar:—Rojo… azul… dorado… uno, seis, cuarenta y uno… memoria… corazón… vacío…salmon.
Nada.
El rostro de Miyabi permanecía sereno, aunque sus dedos apretaban levemente el borde de su ropa.
De pronto, Tn murmuró—Osae kirenai ai…(Amor desenfrenado).
Miyabi se tensó de inmediato.
Un cosquilleo extraño recorrió su espalda y su respiración se aceleró sin que pudiera controlarlo.
—¿…Qué fue eso?
—preguntó Tn en voz baja, notando la reacción.
Miyabi lo miró fijamente, como si por un instante hubiera perdido toda su compostura.
—No… lo sé… —susurró, apartando la vista—.
Pero… siento algo.
Como un peso… como si esa frase… estuviera grabada en mí.
Tn la estudió con seriedad.—¿Significa algo para ti?
¿Algún recuerdo, una emoción?
Ella se quedó en silencio, con las manos temblando ligeramente.
Finalmente, asintió despacio.
—Sí… aunque no sé por qué.
No entiendo de dónde viene… —sus labios apenas se movieron—.
Pero… esa frase me duele… y al mismo tiempo… me atrae.
Tn inclinó un poco la cabeza, murmurando—Entonces ya tenemos una pista.
Osae kirenai ai… “Un amor que no puede contenerse”….
Miyabi lo miró otra vez, con los ojos entre abiertos, vulnerables y tensos.
—¿Por qué justo esas palabras?
¿Quién… me las dijo antes?
El silencio se volvió denso entre ambos.
Tn meditó un poco, aún con las melodías sonando de fondo, y recordó que en sesiones anteriores Miyabi había mencionado que tenía un gato.
—Me habías contado que tienes un gato, ¿no es así?
—preguntó con un tono suave, casi como si quisiera confirmar un detalle trivial.
Miyabi asintió apenas.—Sí… lo tengo.
—¿Podrías mostrarme una foto?
—pidió Tn, inclinándose un poco hacia adelante con curiosidad.
Miyabi sacó su teléfono, deslizó la pantalla y le mostró una imagen.—Este es mi gato… —murmuró.
La fotografía mostraba a Miyabi abrazando con cariño a algo entre sus brazos, con una sonrisa leve en los labios.
Ella parecía convencida de que allí estaba su mascota, maullando en la imagen.
Pero Tn, al verla, no distinguió ningún animal.
Solo estaba ella, abrazando el aire.
No habia nada.
Eso……..era delirante.
—Es… un lindo gato —respondió con una sonrisa neutra, mientras rápidamente hacía una anotación en su libreta.
No se atrevió a decir nada más.
El detalle era demasiado delicado.
—¿Tienes más fotos de él?
—preguntó después, modulando la voz con interés genuino.
—Sí, claro.
Solo de mí y mi gato —dijo Miyabi, pasando varias imágenes.
Todas mostraban a la mujer en diferentes lugares: en el sofá, en la cocina, en la cama… siempre “acompañada” de su gato.
Las fotos estaban vacias de todo felino.
Tn asentía con calma.
—Se nota que lo aprecias mucho.
Eso es bueno, muy bueno.
—Pero en su mente, las preguntas se acumulaban: ¿Estoy viendo mal?
¿Es posible que ella alucine?
¿O acaso el error está en mí?
Mientras Miyabi continuaba mostrándole su galería, él ocultó cuidadosamente su inquietud, limitándose a seguir tomando notas.
Si era lo que sospechaba, confrontarla de golpe sería un error enorme.
—¿Cómo se llama tu gato?
—preguntó con amabilidad.
—Se llama Kuro… porque es negro y pequeño.
Siempre me sigue, siempre duerme conmigo.
—Los ojos de Miyabi brillaron por un instante con ternura sincera.
Tn asintió, guardando silencio unos segundos más, fingiendo normalidad mientras anotaba en letras pequeñas: “Ausencia de gato en todas las fotos.
Mantener observación.
Proceder con cautela.”.
Tn suspiró, bajando apenas la mirada hacia la libreta donde escribía con calma.
Su voz salió en un tono bajo, cansado pero inquisitivo—¿Alguien más sabe de tu gato, Miyabi?
La mujer parpadeó un par de veces, como si la pregunta la hubiese tomado desprevenida.
Se llevó un mechón de cabello detrás de la oreja y, tras unos segundos de silencio, murmuró con voz casi apagada—Nadie… nadie lo sabe.
Nadie me visita, Tn.
Mantengo mi trabajo aparte de mi vida personal.
Es lo mejor.
Así evito que me arrebaten lo poco que tengo.
El muchacho levantó la mirada, observándola con cautela.
Su rostro permanecía inexpresivo, pero en su mente la pluma corría sobre el papel.
—¿Y desde hace cuánto tiempo tienes a tu gato, Kuro?
—preguntó, como si fuese un dato más, algo frío, pero necesario.
Miyabi entrecerró los ojos, buscando en sus recuerdos.
Una sonrisa ligera se dibujó en sus labios, pero no era de alegría, sino de nostalgia.
—Desde que vivía sola en mi primer apartamento —respondió—.
Lo encontré en la calle una noche… después de haber arrestado a varios criminales.
Eran hombres horribles, lo recuerdo perfectamente.
Ese gatito estaba allí, temblando de frío, hambriento, mirando todo con esos ojos grandes.
No pude dejarlo ahí.
Lo llevé conmigo… y desde entonces nunca me ha dejado.
Sus palabras parecían sinceras, pero el tono, el brillo inquietante en sus ojos, delataba otra cosa.
Para cualquiera, la historia habría sonado enternecedora; para Tn, en cambio, cada frase era un indicio.
Apuntó todo lo mencionado con letra precisa, cuidada.
Era obvio que Miyabi padecía de alucinaciones severas, posiblemente esquizofrenia.
Los delirios y la manera en que hablaba de Kuro como si fuese una entidad inseparable, casi humana, reforzaban la idea.
Tn lo sabía bien: en general, las personas con esquizofrenia no eran más peligrosas que el resto de la población.
Muchos podían llevar vidas tranquilas, incluso productivas.
Pero, en casos como este… donde los delirios se mezclaban con un rol de autoridad y poder, el riesgo se transformaba en algo más oscuro.
Miyabi no era una civil cualquiera.
Ella era capitana de seguridad pública.
La simple noción pesaba como plomo en la mente de Tn.
¿Cuántas decisiones había tomado Miyabi en el campo bajo la influencia de sus visiones?
¿Cuántas operaciones de alto riesgo se habrían visto guiadas por esas voces internas, por esa convicción férrea que para ella era real?
¿Cuántas vidas dependían de una mujer que quizá no podía diferenciar entre su gato y un fantasma de su propia mente?
Tn alzó lentamente la vista de la libreta.
Miyabi lo miraba con una expresión serena, casi maternal, mientras sus dedos acariciaban un espacio vacío sobre su regazo, como si realmente hubiese un gato descansando allí.
El movimiento era suave, repetitivo, lleno de ternura… pero en sus manos no había nada.
El silencio en la habitación se volvió pesado.
La línea entre lo real y lo ilusorio parecía difuminarse alrededor de Miyabi, y Tn lo notaba con cada segundo que pasaba.
—Kuro siempre me protege… —susurró ella de repente, sin apartar la vista del vacío—.
Él sabe cuándo alguien me quiere hacer daño.
Nunca se equivoca.
Las palabras cayeron como cuchillas en la libreta de Tn.
Era evidente: Miyabi no solo veía al gato.
Confiaba en él.
Seguía sus advertencias, lo usaba como brújula moral y guía en su vida profesional.
Y para un capitán de seguridad pública, eso podía significar que cada sospechoso, cada criminal, incluso cada inocente, había estado a merced de una criatura inexistente.
Tn apretó el bolígrafo con fuerza.
El caso era más grave de lo que había anticipado.
Demasiado delirante.
Tn, con su voz tranquila pero firme, le mencionó a Miyabi que le daría algunos libros para leer, textos sencillos que podrían ayudarla a poner en práctica su interacción con otras personas.
—Sería bueno que tuvieras contacto con más gente, Miyabi.
Socializar, aunque sea poco, ayuda a que tu mundo no sea tan cerrado —dijo, hojeando sus notas.
Ella ladeó la cabeza, como si la propuesta le resultara innecesaria.
Sus ojos permanecieron fijos en él, brillando bajo la luz artificial del consultorio.
—¿Acaso mis citas aquí contigo no son suficientes?
—preguntó con un tono suave, casi inocente, pero cargaba una tensión sutil, como si temiera que la respuesta le quitara algo importante.
Tn suspiró, apoyando un instante la frente contra sus dedos entrelazados.
—Yo solo ayudo a las personas… hasta cierto límite.
Pero también necesitamos a otros cerca, vínculos más cotidianos, más simples.
No basta solo con mígo—explicó.
Miyabi lo observó en silencio.
Hubo un parpadeo lento en sus ojos, y entonces murmuró con una firmeza que parecía la de alguien que ya había decidido su vida.
—No necesito a nadie más.
Te necesito a ti… a mi gato… y mi trabajo.
Nada más.
Tn dejó escapar un suspiro resignado.
Notó que el tiempo de la sesión había terminado y se inclinó un poco hacia adelante.
—Lo dejamos aquí por hoy.
Te daré algo mas en la próxima cita —dijo con calma, preparando el cierre.
Pero antes de que pudiera levantarse, Miyabi fue quien se puso de pie primero.
Sus manos se apretaban entre sí con una tensión nerviosa, y sus mejillas estaban levemente encendidas, como si algo la hiciera temblar por dentro.
—¿Quisieras… ir a conocer a mi gato?
—preguntó de pronto, con una voz baja, casi un susurro que parecía escaparse de sus labios a pesar de ella misma.
Tn la miró con sorpresa.
Miyabi bajó la cabeza, como si quisiera esconderse, y murmuró en un hilo de voz—Me gustaría que me visitaras… te mostré parte de mí en estas sesiones, y quiero que conozcas también a Kuro.
Él es bueno, siempre se comporta.
Estoy segura de que le agradarías….
Era extraño verla así.
No era la mujer fría ni reservada de costumbre, sino alguien que titubeaba y parecía una niña que quería mostrar su tesoro más preciado.
Esa vulnerabilidad, por un instante, atravesó las defensas de Tn.
Él sonrió apenas, aunque con un matiz de tristeza en la expresión.
Sabía que aquello no era una simple invitación, sino una forma de aferrarse.—Está bien… abriré un espacio en mi agenda —respondió, con voz suave, aceptando sin querer la cuerda invisible que ella le tendía.
Los ojos de Miyabi brillaron con algo indefinible, mezcla de alivio y ansiedad, y sus labios se curvaron en una sonrisa pequeña y contenida.
——-_________________________.
Pondría imágenes suculentas de las waifus pero…..wattpad y los tards no me dejarían en paz 😑 así que ni modo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com