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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 135

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  4. Capítulo 135 - 135 Belle part 2 zzz
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135: Belle part 2 zzz 135: Belle part 2 zzz Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_____________________.

Quise sacarte una sonrisa,solo eso…un gesto simple, un destello breve,y mira dónde terminé.

Pensé que sería divertido,yo solo pensé…pero este juego se volvió delirante,y ahora no sési todo lo que creció entre nosotrossea un bien… o un veneno.

Las palabras pesan,las miradas queman,y mi duda me devora en silencio.

Supongo que dejarmeya no será una opción, ¿verdad?Porque en este lazo extraño,ni siquiera sé si fui yo quien cayó,o si fuiste túquien nunca quiso soltarme.

—.

___________________________________________________________________ Cuando Tn volvió al penthouse sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

No necesitaba entrar del todo para saber quién lo estaba esperando.

El cabello rosado era visible desde el sofá, perfectamente cuidado, brillando bajo la luz cálida del salón.

Y más arriba, aquellas orejas de zorro, erguidas con esa quietud felina que presagiaba problemas.

Tn trató de caminar con pasos suaves, casi en puntillas, dirigiéndose directamente hacia las escaleras que llevaban a su habitación.

Si tenía suerte, podría encerrarse antes de que ella lo notara.

Pero la suerte nunca estaba de su lado.

—Tn~… —la voz aterciopelada de Koyanskaya lo atravesó como un hilo invisible, firme y peligrosa—.

Ven aquí.

Resignado, el chico se detuvo en seco.

Giró lentamente y avanzó hacia ella, como si caminara a la fuente de sus problemas.

Sus ojos dorados lo esperaban, examinándolo de arriba abajo con ese brillo inquietante, entre la burla y el juicio.

—Faltaste de nuevo a la junta —murmuró, con un tono tan suave que dolía más que un grito.

Tn se encogió de hombros.

—No me gusta ir a ese lugar tan aburrido —respondió con voz apagada, desviando la mirada.

Koyanskaya suspiró, recostándose en el respaldo del sofá, sus colas agitándose como serpientes perezosas.

—No sé por qué te comportas de esa forma.

Vash se ha esforzado en darte una vida de lujo y sin problemas.

Cualquier chico de tu edad mataría por vivir aquí… y tú solo lo desperdicias.

Te has malcriado un poco, ¿no lo crees?

Tn apretó los dientes y giró la cabeza.

No soportaba ese tono, no soportaba la forma en que lo trataba como a un niño, como si fuera un problema en lugar de una persona.

—Vash siempre se hará cargo de eso —dijo de pronto, más cortante—.

Y tú también podrías hacerlo.

No veo por qué tengo que ser yo.

Eso sí llamó la atención de Koyanskaya.

La mujer entrecerró los ojos, enderezándose lentamente.

El aire alrededor de ella se volvió más pesado, cargado con ese peligro sutil que siempre irradiaba cuando algo la irritaba de verdad.

—Algún día serás el CEO de Ocean Industries —replicó, su voz ahora seria, sin rastro de juego—.

Y tendrás que tomar las riendas quieras o no.

No eres un invitado aquí, Tn.

Eres el heredero.

Aunque la idea de hacer mas le era mas encantadora.

“!No koyanskaya mala, no es momento para eso!”.

El chico se mantuvo en silencio.

Su respuesta fue darle la espalda.

—¿Dónde estuviste?

—preguntó Koyanskaya, esta vez con un filo helado en el tono.

Tn no respondió.

Simplemente continuó su camino y subió las escaleras sin mirarla.

Sus pasos retumbaban contra la madera, cada uno más firme que el anterior, hasta perderse tras la puerta de su habitación.

Koyanskaya se quedó en la sala, observando el punto vacío donde él había estado.

El silencio se estiró, roto solo por el suave batir de su cola contra el sofá.

Sus labios se curvaron en una sonrisa peligrosa.

—Ese mocoso… necesita una reprimienda —susurró, sus ojos dorados brillando con una malicia contenida.

La idea de cómo castigar a Tn comenzó a tomar forma en su mente.

Y cuando Koyanskaya imaginaba, nunca era algo simple ni inocente.

Ella se levantó del sofá con gracia felina, el taconeo de sus botas resonando en el mármol del penthouse.

Con un par de llamadas rápidas, Koyanskaya comenzó a ajustar los engranajes de su plan.

Si el mocoso no quería prestar atención, entonces rebajaría sus privilegios.

No podía tocarlo directamente sin que Vash se molestara, claro… pero limitar su libertad era otra cosa.

Unos horarios impuestos, menos margen en la tarjeta de crédito, y quizá ciertos accesos restringidos dentro de la empresa.

Nada grave, nada que Vash considerara un castigo… pero suficiente para que Tn entendiera que no podía hacer lo que quisiera.

-Hola~ mmmm si, soy yo.

Aja…aja, perfecto.

Numero de tarjeta 4000-345-9867-fecha limite solo con la clave de seguridad……Alfa cain, perfecto, le agradezco por eso-Colgo la llamada mientras iba a la cocina, comeria algo de pollo y volveria a su habitacion, estar todo el dia en oficina hacia que le dolieran sus delicadas orejas.

.

.

.

Mientras tanto, en el piso de arriba, Tn se había dejado caer sobre su cama.

Se colocó los nuevos audífonos, aún oliendo a material recién sacado de la caja, y dejó que la música lo aislara del mundo.

Su pecho subía y bajaba con un ritmo irregular: estaba enojado.

Pero no podía culparse por sentirlo.

Él nunca pidió nada de lo que tenía.

No quería formar parte de Ocean Industries, ni de reuniones, ni de esas fiestas donde todos lo veían como un adorno o un heredero artificial.

Lo suyo, lo que era su vida, había sido solo cuestión de suerte.

El recuerdo le llegó con fuerza, casi doloroso: un niño más en un orfanato mugriento de Eridu, con ropa raída y hambre constante, esperando que la siguiente noche no fuera la última.

Ser huérfano en la ciudad era una sentencia.

Algunos caían en los barrios bajos, donde la miseria los devoraba.

Otros terminaban en facciones criminales, como las Liebres Astutas, que cazaban niños desesperados para volverlos herramientas.

Pero a él, un día, lo eligió.

Vash apareció, con su sonrisa extraña disfrazado de hombre.

Un empresario excéntrico, demasiado rico, demasiado despreocupado… y, por mero capricho o quizá altruismo mal entendido, adoptó a un mocoso cualquiera.

A partir de ahí, todo cambió.

Tn no podía negar que su vida mejoró.

Pasó de la mugre al mármol, de la basura al lujo.

Pero lo que nunca tuvo fue una familia real.

Vash era… raro.

Siempre lo había sido.

Su manera de mostrar afecto era a través de regalos carísimos, fiestas exageradas, viajes que parecían más caprichos que atenciones.

Lo peor era cuando trataba de llenar huecos con excesos que Tn nunca había pedido: autos deportivos, comidas en restaurantes que parecían museos, bailes privados que rozaban lo ridículo.

Y luego estaba Koyanskaya.

Estricta, arrogante, con un aire venenoso que impregnaba la casa.

Una mujer que no parecía tolerar a nadie, salvo porque Vash lo exigía.

Tn lo sabía: ella no lo soportaba en realidad, solo lo toleraba como una orden más.

Y aunque a veces jugaba al papel de madre sustituta, había momentos en los que sus colmillos se asomaban y dejaba claro lo que era: alguien peligrosa, alguien que nunca sería familia.

Tn suspiró pesadamente, hundiéndose en las sábanas.

Cerró los ojos, intentando que la música lo llevara lejos de ahí.

Pero en el fondo, una idea incómoda lo mordía: ¿qué pasaría el día que Vash ya no estuviera?

.

.

.

Seccion de barrios humildes de Eridu.

Mientras tanto, Belle estaba en su casa, que también era su tienda Random Play.

El lugar siempre se sentía como un collage extraño: a medio camino entre hogar, garaje y videoclub.

La joven tenía aún en sus manos la bolsa con los audífonos caros que Tn le había regalado.

Su corazón temblaba un poco cada vez que los miraba, como si no terminara de creerlo.

Sonrió con calidez al acariciar la caja brillante, saboreando la emoción de un lujo que nunca se habría podido permitir por sí sola.

Entró al local y encontró a Wise, encorvado sobre varias cajas llenas de películas viejas.

Él levantó la vista apenas la escuchó entrar y arqueó una ceja.—¿Dónde estabas?

—preguntó con su tono serio de siempre.

Belle ocultó la bolsa tras su espalda, aunque no demasiado bien, y contestó con una sonrisa traviesa—Mi nuevo negocio de “rentar una pareja” funcionó.

Y mira, ¡ahora tenemos dinero suficiente para pagar las facturas!

Wise se quedó mirándola, ladeando la cabeza.

Luego, en un suspiro pesado, preguntó—Belle… no habrás hecho nada indebido, ¿verdad?

La chica infló las mejillas, molesta.

—¡Claro que no!

Solo tuve una cita, ¿ok?

Caminamos, comimos helado y hablamos.

Ya está.

¿Por qué siempre piensas lo peor?

¡Deberías estar feliz, porque al fin tendremos agua caliente otra vez!

Su hermano negó con la cabeza, resignado, y volvió a lo suyo.—Bueno… mientras no termines metiéndote en problemas, está bien.

-Tonto-.Ella sintio su ojo derecho temblar un poco, porque clase de perosna su hermano la tomaba, no era una prostituta y menos una criminal.Bueno……casi.

Eran proxys que algunas veces robaban informacion de seguridad publica o companias.

-Ve a la cocina te traje de cenar meintras no estabas.

Ella suspiro caminando a la cocina comedor compartido, miro su cena.

-….yey……tendre que recalentarla primero.

La cena fue tan humilde como de costumbre: una caja de pizza barata que ambos compartieron en el sofá, con un par de refrescos tibios.

Encendieron el viejo reproductor y, como ritual, pusieron una de sus películas favoritas de acción en VHS.

Las imágenes llenaron la pequeña sala con destellos naranjas y ruidos metálicos, pero el silencio entre ellos era cómodo, familiar.

Al cabo de un rato, Wise giró un poco la cabeza hacia su hermana.

—¿Y bien?

¿Quién fue el que te contrató?

Belle, que mordía distraída una rebanada de pizza, sonrió con disimulo.—Un chico… algo guapo y agradable, aunque con un aire misterioso mmmm creo que era un emo aunque no se miraba raro y olia bien.

Y, bueno, tenía bastante dinero.

Tanto, que me regaló estos… —dijo levantando la bolsa de los audífonos de edición especial con orgullo.

Wise casi se atragantó con su refresco.

“Bloorrgrrhrhgh”.

*escupir*.

—¿¡Qué!?

¡¿Un cliente te regaló eso?!

Belle rió, divertida por la reacción.

—Lo sé, lo sé, es una locura… Pero ¿qué puedo decir?

Fue generoso.

Y yo soy hermosa~.

Wise frunció el ceño, aún desconfiado, pero la sonrisa inocente de su hermana lo desarmó.

Al final, solo suspiró y se recargó contra el sofá, murmurando—Solo ten cuidado, Belle… El mundo no siempre es tan simple como en tus películas favoritas.

Ella lo miró un momento, en silencio, y luego apretó con fuerza la bolsa contra su pecho.

No iba a admitirlo, pero algo en esas palabras resonó dentro de ella.

Siguieron viendo la película, los destellos de las explosiones iluminando el pequeño cuarto como si fuera un cine barato.

Entre bocado y bocado de pizza, Wise la miró de reojo y preguntó con calma.

—¿De verdad piensas seguir con eso de “rentar pareja”?

Con todas esas promociones que inventaste….

Belle no despegó los ojos de la pantalla, aunque sus dedos jugueteaban nerviosos con la caja de los audífonos.

Murmuró casi para sí misma—Es un buen negocio, aunque algo tardado.

No todos los clientes pueden pagar la tarifa… y los que sí… —se estremeció un poco, recordando algunas miradas incómodas—, bueno, son hombres que dan cierto asco.

Se nota lo que realmente quieren, aunque sonrían como si fueran caballeros.

El silencio se alargó un segundo, roto solo por los disparos en la televisión.

Belle continuó—Además, no tenemos muchas más opciones.

Solo vendemos videocassettes, algunos instrumentos y, cuando hay suerte, canciones propias.

Y el otro negocio… —su voz se volvió un susurro, casi como si temiera que las paredes escucharan— el de robar información… está estancado.

Wise giró la cabeza hacia ella con un gesto serio.

Belle, sin embargo, siguió mirando la pantalla, con una mueca amarga.

—Ocean Industries reforzó los servidores.

Bloquearon todos los proxies, reforzaron los cortafuegos.

Entrar es casi imposible… —hizo una pausa, y suspiró—.

Así que el dinero escasea.

Mucho.

La chica se abrazó las piernas y apoyó el mentón en sus rodillas.

Sus ojos brillaban con un dejo de emoción cuando murmuró—Pero le di mi número a Tn… y parecía feliz.

Tal vez me contrate de nuevo.

Wise frunció el ceño, incómodo.

No le gustaba nada la idea de que su hermana dependiera de un extraño para sobrevivir, menos si ese extraño podía significar problemas.

Pero al mismo tiempo, sabía que Belle tenía razón: no había demasiadas salidas para ellos.

—¿Y si resulta ser un imbécil más, Belle?

—preguntó, con tono áspero.

Ella lo miró, ofendida, y replicó con firmeza—No lo es.

Lo sentí diferente, Wise.

No me trató como los demás… y, bueno… hasta me regaló estos audífonos.

Su sonrisa, aunque pequeña, fue sincera.

Wise suspiró, rendido ante la terquedad de su hermana, y volvió la vista a la pantalla.

—Está bien… —murmuró finalmente—.

Si resulta ser como lo describes, tal vez… tal vez no sea tan mala idea.

Belle apoyó la cabeza en el respaldo del sofá, con una leve sonrisa soñadora.

Afuera, la ciudad de Nueva Eridu seguía rugiendo con luces y neones, pero en el pequeño mundo de los dos hermanos, solo quedaba la película, la pizza fría y la tenue esperanza de que algo en sus vidas pudiera mejorar.

.

.

.

Volviendo al penthouse, Koyanskaya estaba recostada en su enorme cama, rodeada de cojines de seda, mientras devoraba un plato de pollo frito con la elegancia torcida de alguien que podía permitirse ser vulgar en privado.

En la pantalla que ocupaba casi toda la pared desfilaban cifras: acciones, porcentajes de Ocean Industries, movimientos de mercado.

Entre un bocado y otro, pasaba las uñas recién pintadas por la tableta de control, observando cómo los gráficos cambiaban de color.

Un gesto perezoso, y en cuestión de segundos redactó el castigo para Tn.

Una notificación directa a su teléfono, clara y concisa: restricciones en horarios, límites en la tarjeta de crédito.

Nada que lo pusiera en peligro, pero lo suficientemente molesto como para que aprendiera a no escapar de sus responsabilidades.

Si el mocoso se quejaba, ella solo tendría que sonreír con esos colmillos afilados y recordarle que podía quitarle uno de sus autos de lujo.

Problema resuelto.

La kitsune dejó el plato vacío a un lado y estiró sus piernas, admirando el trabajo de su pedicura bajo la tenue luz neón que entraba por los ventanales.

Sus pies eran perfectos, cuidados, casi una obra de arte.

Más perfectos que cualquier intento torpe de ser madre.

Porque, en el fondo, Koyanskaya lo sabía: no tenía ni la menor idea de cómo comportarse como tal.

Ser madre no estaba en su naturaleza.

Ella misma había nacido huérfana, arrojada a un mundo cruel y adoptada por otro espíritu heroico solo por unos pocos años.

Nikitich fue lo más cercano que tuvo a una figura materna, un recuerdo que aún despertaba un leve dolor en su pecho… pero nunca aprendió nada de aquello que pudiera aplicar en su propia vida.

Y ahora, le habían pedido algo absurdo.

Que cuidara de un humano.

Que se comportara como madre para ese mocoso escapista.

Una burla del destino.

Sus orejas de zorro se agitaron, irritadas.

Odiaba a los humanos, siempre los había odiado: frágiles, egoístas, patéticos en su ambición.

Y aun así tenía a uno viviendo bajo su techo, como si fuera su hijo adoptivo.

Vash había sido el responsable de esa locura.

Él había decidido que el niño tenía potencial, que valía la pena criarlo.

Koyanskaya lo toleraba solo por él.

Por Vash.

Nada más.

Dejó escapar un suspiro y, con un movimiento rápido, apagó las gráficas de la pantalla.

El silencio llenó la habitación, roto solo por el eco de sus propios pensamientos.

Se recostó de lado, abrazando una almohada, y su mirada dorada brilló con un rastro de enojo contenido.

—Mocoso malcriado… —susurró, con un deje de ternura que ella misma no notó—.

Algún día, si sigues así, te vas a romper contra este mundo.

Y aun así, contra todo instinto, parte de ella quería evitarlo.

.

.

.

Tn, aunque seguía escuchando música con sus nuevos audífonos, sintió la vibración en su teléfono.

Una notificación apareció en la pantalla: las nuevas “reglas” de Koyanskaya.

El chico frunció el ceño.

Suspiro largo, algo molesto.

No era un gran problema; al final, nunca lo dejarían en la calle.

Las restricciones eran solo un capricho de la kitsune.

Limitarle la tarjeta de crédito, cortar uno de sus viajes o quitarle algún auto de lujo… ese era el máximo castigo que podía esperar de ella.

Nada realmente grave.

Tn bloqueó la pantalla con desinterés y, casi por inercia, revisó otro mensaje guardado: el número que Belle le había dado.

Una ligera sonrisa se dibujó en sus labios.

Hacía tiempo que no sentía la necesidad de salir a pasear sin un chofer, sin fiestas planeadas o sin los excesos que Koyanskaya y Vash ponían en su camino.

Quizá, pensó, sería bueno volver a esa tienda improvisada y caótica, “Random Play”.

La idea lo tranquilizó un poco.

Tal vez aprender un instrumento le serviría como pasatiempo… o, mejor aún, como excusa perfecta para mantenerse lejos de Koyanskaya y sus sermones.

Según sabía, la industria apenas convocaba cinco reuniones al mes, y el resto era trabajo que recaía en empleados y ejecutivos.

No había necesidad real de su presencia.

Solo le presionaban porque “debía acostumbrarse al futuro”.

Un futuro que él no pedía.

“Mejor iré un rato con Belle.” El pensamiento se volvió más sólido cuanto más lo repetía.

Recordar cómo ella y su hermano batallaban con los problemas económicos no le cayó del todo bien.

Tn, acostumbrado a lujos ridículos, no podía evitar sentir un leve malestar: el contraste era demasiado grande.

Tal vez podría ayudarlos un poco… aunque para eso tendría que ser cuidadoso.

Si llegaba con dinero de más o con regalos exagerados, Belle podría sentirse incómoda.

Se incorporó de la cama, quitándose los audífonos y guardando el teléfono en el bolsillo.

Caminó hacia el ventanal de su habitación y miró la ciudad de Eridu desde lo alto.

Luces, caos, pobreza en los barrios bajos y torres de riqueza que parecían tocar el cielo.

Un mundo desigual, que él había aprendido a ignorar.

Pero por primera vez en mucho tiempo, pensó que tal vez valdría la pena pisar el suelo real.

Con una sonrisa pequeña y casi imperceptible, decidió que al amanecer pasaría por la tienda de Belle.

Esta vez no como el “mocoso millonario” de Ocean Industries, sino como un cliente más.

_____________________________________________________________________ Y como tengo que aclarar, la siguiente es ellen luego jeanne y asi sucesivamente, la lista es de quines se actualizaran,ya al final con gil fem dejare votaciones y la caja de sugerencias donde podran decir nombre de waifu que no este en la lista ok.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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