Waifu yandere(Collection) - Capítulo 136
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136: Ellen Joe part 6 zzz 136: Ellen Joe part 6 zzz Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
Perdón esta porquería de app no me dejaba actualizar y el capitulo quedo congelado y dije hostias……..asi que tuve que esperar a subirlo hoy y como regalo por esta mamada de app subiré vapitulo doble asi que la siguiente es Jeanne y la subiré en un rato ok.
________________________________________________________ Biiiippppp.
biiipppppp.
Bipppp.
Ellen abrió los ojos con pesadez cuando la alarma sonó en la pantalla rota de su celular.
Eran las 6:00 a.m.
y el sonido metálico la hizo gemir de frustración.—Ugh… no quiero… —murmuró con la voz ronca, enterrando el rostro en la almohada.
Pero no tenía opción.
La escuela no iba a esperarla y mucho menos su beca.
Esa pequeña ayuda era lo único que equilibraba sus gastos y le daba algo de libertad, incluso si tenía que esforzarse más que todos los demás.
Suspirando, Ellen se incorporó y caminó con pasos arrastrados hasta la ducha.
El agua fría la obligó a despertar, aunque no le quitó la pereza.
Como de costumbre, se talló con demasiada fuerza la cola, tratando de convencer a su reflejo en la regadera de que no era algo de lo que debía avergonzarse… pero lo hacía igual.
—Tsk… como si desaparecieras con jabón —se quejó para sí misma, terminando rápido.
Apagó la regadera, se secó y se preparó con lo mejor que pudo sacar de su pequeño armario.
Frente al espejo rajado de su cuarto, ajustó la camisa y suspiró.
—Perfecto… la misma cara de zombie de siempre.
Antes de salir, tomó un sorbo de una cerveza sin alcohol que había quedado abierta de la noche anterior, arrugando la nariz por el sabor rancio, y luego mordió una barra de proteína para engañar al estómago vacío.
El camino a la escuela no fue distinto a los demás días: miradas fijas en su cola, algunos cuchicheos y risitas sofocadas.
Ellen agachó la cabeza, acelerando el paso.
—No los mires… no los escuches… —repitió en su mente como un mantra.
Al llegar al salón, lo primero fue colocar sus cosas en el escritorio y encender la tableta escolar.
Trató de enfocarse en las notas, pero el sueño casi la vencía.
—Miren, la rarita otra vez llegó temprano.
—Una voz chillona resonó detrás de ella.
Ellen cerró los ojos con fuerza.
Reconocía ese tono en cualquier lugar: Clara, una de las que siempre encontraba la manera de molestarla.
—Debe ser porque no tiene amigos con quién pasar el tiempo —añadió otra, riendo.
Ellen apretó el lápiz entre los dedos, sin voltearse.—Podrían callarse, ¿sí?
—susurró con cansancio.
Las chicas rieron más fuerte, disfrutando de la pequeña reacción.
—Ay, ¿te enojaste?
Perdón, no sabía que la princesita con cola hablaba.
Ellen respiró hondo, cerrando los ojos de nuevo.—Ignora… ignora… no vale la pena.
Cuando el profesor entró al salón, ella enderezó la espalda y forzó una sonrisa.
Era la única manera de mantener las calificaciones y demostrar, al menos en el papel, que nada de eso la afectaba.
.
.
.
Ellen terminó la clase como siempre: con la mejor calificación del grupo.
La voz del profesor mencionando su nombre y la nota fue suficiente para encender las miradas cargadas de odio y envidia de las demás chicas.
Ella fingió no verlas, guardó sus cosas y salió del salón con calma, aunque por dentro el cansancio emocional comenzaba a acumularse.
En la cafetería, tomó una bandeja con comida.
Al menos, ese era el único beneficio tangible de la escuela: no tenía que gastar dinero en comer allí.
Pero antes de poder siquiera sentarse, un golpe fuerte sacudió la bandeja y la comida se desparramó por el suelo.
*clank*.
—Ups.
—Un chico alto, del club de deportes, la miraba con una sonrisa cínica—.
Perdona, ¿te arruiné la hora de comer?
Tsk mosntruo horrible.
Los demás rieron con él, pero sus ojos brillaban de arrogancia.
—Ya es bastante malo que nos avergüences en el club de atletismo.
Nadie quiere competir cuando tú rompes todos los récords… ¿qué eres, un bicho con trampas bajo la piel?
Era estupido, este animal habia estado en la clase de atletismo y rompio demasiados records, estudiantes comunes no podrian hacer eso,solo los bichos raros mutantes podrian hacerlo.
Pero que una chica lo haya hecho………..maldita perra.
Que un hombre lo haga no lastimaria su orgullo, pero una mujer ganandole a todo el club masculino, eso ya era un insulto.
Ellen bajó la cabeza, apretando los labios.
Se giró para alejarse, resignada a no comer.
Pero entonces sintió cómo el aire cambiaba: el chico intentaba pisar su cola.
La movió con un reflejo veloz, y un golpe seco resonó en el comedor.
¡PAF!
El extremo de su cola lo había golpeado en la cadera como una bofetada.
El chico retrocedió con un quejido.
—¡Agh!
¿Qué demonios…?
-…..No me…molestes.
Ellen lo miró directamente, sus ojos carmesí destellando un brillo peligroso.
Sus dientes afilados asomaron apenas mientras un gruñido bajo escapaba de su garganta.
El chico dio un paso atrás, tragando saliva.
Pero en lugar de continuar, Ellen simplemente giró sobre sus talones y se marchó sin una palabra.
Subió hasta el techo de la escuela.
Allí, al menos, estaba sola.
Se dejó caer sobre el suelo áspero, sacó su teléfono de pantalla rota y suspiró.
El hambre le pinchaba el estómago, pero estaba demasiado cansada como para buscar solución.
De pronto, el zumbido de una notificación iluminó la pantalla.
Ellen parpadeó, y cuando leyó el mensaje, su corazón dio un brinco.
Era de Tn.
“¿Quieres salir a tomar un café conmigo y con Benny después de clases?”.
Ellen se quedó mirándolo, sus mejillas coloreándose apenas.
Una sonrisa pequeña, casi tímida, se formó en su rostro.
El pecho le latía fuerte, como si de pronto algo dentro de ella despertara.
Aunque esa plaga peluda tuviera que ir con ellos.
—Un… café… conmigo —susurró, acariciando la pantalla con el pulgar—.
Pero ese instante de paz se rompió cuando escuchó pasos detrás de ella.
Las mismas chicas de antes habían subido al techo, rodeándola.
—Vaya, vaya… ¿qué tenemos aquí?
—dijo Clara con voz burlona.
Ellen suspiró, sin ánimo para enfrentarlas.
Pero entonces, una de ellas se inclinó hacia su lado y notó la pantalla encendida del teléfono.
La mano de la chica se movió rápido y le arrebató el celular.
—¡Hey!
—Ellen se levantó de golpe, sus pupilas contrayéndose como las de un depredador.
La chica sonrió mientras miraba la pantalla.—¿Quién es este?
—dijo levantando el celular para que todas lo vieran—.
Wow… es guapísimo.
¿Cómo es posible que un simple animal como tú lo tenga en sus contactos?
Las demás rieron, murmurando entre ellas.
Ellen sintió cómo la sangre le hervía.
Su respiración se aceleró, las manos le temblaban.
—Devuélveme… mi teléfono.
—¿Y si no quiero?
—la chica ladeó la cabeza con una sonrisa venenosa—.
Tal vez le mande un mensajito yo… seguro prefiere hablar con alguien normal.
Las carcajadas la rodearon como cuchillas.
Ellen apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas casi se clavaron en sus palmas.
Ellen volvió a murmurar con la voz quebrada:—Devuélveme… el teléfono….
Las chicas siguieron riendo, ignorándola.
La que lo sostenía comenzó a deslizar los dedos por la pantalla, escribiendo un mensaje en tono burlón.
—¿Qué tal si le digo que deje de perder el tiempo con una cosa como tú?
Seguro me responde a mí.Mmm~ vaya que es sexi, supongo que caera con un par de fotos.
Antes de que pudiera enviar nada, Ellen reaccionó.
Su cuerpo se movió solo, como un instinto salvaje desatado: la embistió con un rápido movimiento, un tacleo fuerte que tumbó a la chica contra el suelo.
El golpe resonó en el techo y las demás se quedaron paralizadas un segundo.
Ellen, respirando agitada, recuperó el teléfono de sus manos con una furia que apenas lograba contener.
Las otras dieron un paso al frente.
—¡La agrediste!
—gritó una.
—Te vamos a acusar —añadió otra, mirándola con esa mezcla de miedo y superioridad.
Ellen abrió la boca, mostrando sus dientes, el brillo carmesí de sus ojos encendiéndose bajo la luz tenue del cielo nublado.
—¡Ustedes… fueron quienes me molestaron!
—Sí, claro —rió una con desdén—.
¿A quién le van a creer, eh?
¿A una cosa con cola y colmillos… o a cinco chicas inocentes que fueron atacadas?
El corazón de Ellen se detuvo un instante.
Sintió cómo la realidad caía sobre ella como una losa.
Lentamente, bajó la cabeza, ocultándose tras su cabello.
—Ya… me voy… —susurró—.
Solo déjenme en paz….
Pero la chica que aún estaba en el suelo, sobándose el hombro, levantó la voz con un veneno que le atravesó el pecho—No tan rápido.
Si no quieres que hablemos con los profesores… dame al menos una foto de ese chico.
El de tu perfil.
Oh……carajo.
Ellen se quedó rígida.
Su respiración se volvió entrecortada, los músculos de su cuello tensándose como si estuvieran a punto de romperse.
El temblor en sus manos era de pura ira contenida.
—No… —gruñó con voz baja.
—Pues entonces… —la chica sonrió con malicia—.
Mañana estarás en la oficina del director.
Un largo silencio.
El viento sopló sobre el techo, levantando mechones del cabello de Ellen.
Finalmente, contra su propio criterio, contra la dignidad que quería mantener, desbloqueó el celular y buscó una de las fotos de Tn.
Solo una.
Con rabia en la garganta, extendió el teléfono para que lo vieran.
Las chicas se inclinaron, miraron la pantalla y soltaron chillidos de emoción.
—¡Es muy lindo!
—No me lo creo, está fuera de tu liga.
—Seguro ni siquiera sabe que existes….
Entre risas y murmullos llenos de crueldad, se fueron caminando hacia la salida, como si hubieran ganado un trofeo.
Ellen se quedó sola en el techo.
Cerró los ojos, apretó los puños, y dejó escapar un suspiro largo, tembloroso, lleno de frustración.
—Idiotas… —murmuró, guardando el celular en su bolsillo.
Se recostó unos segundos contra la pared, tratando de calmar la rabia que aún le quemaba las venas.
Entonces sacó el teléfono otra vez, y con las manos temblorosas escribió un mensaje a Tn.
“Está bien.
Iré contigo y con Benny a tomar café después de clases.”.
Cuando presionó enviar, una débil sonrisa se formó en sus labios.
Por unos instantes, la idea de verlo parecía suficiente para sostenerla, incluso después de ese infierno.
.
.
.
Tn estaba en su sofá con Benny recostado encima de su cabeza, mientras escribía unas notas en su laptop.
De pronto, su teléfono vibró: un mensaje de Ellen.
Cuando lo leyó, sus ojos se abrieron de par en par.
Ella había aceptado salir con él.
—¡Sí!Ahuevoooo —exclamó levantándose de golpe.
Ese movimiento brusco hizo que Benny perdiera el equilibrio y cayera al suelo con un maullido ofendido.
—Perdón, campeón —dijo Tn riéndose nervioso, mientras ayudaba al gato a subirse de nuevo al sillón—.
Es que… ¡aceptó!
Su corazón latía un poco más rápido de lo normal.
No podía dejar de sonreír mientras iba a su habitación a buscar ropa adecuada para salir.
Se probó un par de camisas, dudó entre llevar algo formal o algo más sencillo.
Al final, optó por un atuendo limpio y casual, con chaqueta ligera, que no lo hiciera ver demasiado nervioso.
Tomó también su cartera, repasando en su mente los detalles de la cita.
Al pasar por su cuarto, se detuvo un momento frente a la pared donde colgaba una foto enmarcada.
La luz de la tarde entraba por la ventana, iluminando el rostro de sus padres.
Sonrió débilmente, con cierta melancolía.
—Sería bueno que estuvieran aquí… —murmuró, ajustando un poco el marco antes de salir.
Ya listo, fue a buscar a Benny, que lo esperaba sentado en la mesa como si supiera lo que ocurría.
El gato lo miró con sus ojos verdes y, tras un salto ágil, se acomodó en su hombro.
—Vamos, socio.
Hoy no estaremos solos.
Tn caminó rumbo al centro, hacia el café donde había planeado esperar a Ellen.
El atardecer teñía el cielo de naranja y púrpura, y sentía cómo cada paso aumentaba esa mezcla de ansiedad y alegría.
Mientras tanto, en el otro extremo de la ciudad, Ellen había llegado a su hogar.
Dejó caer su mochila sobre la cama, suspirando profundamente.
Estaba agotada, con hambre y el cuerpo lleno de pequeñas tensiones acumuladas durante el día.
Se miró en el espejo: su cabello revuelto, su uniforme arrugado.
Negó con la cabeza.
—No puedo ir así….
Se cambió con rapidez, escogiendo una blusa sencilla y limpia, junto con una falda que aún estaba en buen estado.
Tomó una pequeña bolsa y revisó dentro: apenas tenía unas cuantas monedas y billetes arrugados.
Frunció el ceño.
—Con esto… solo me alcanza para un café —se dijo a sí misma, tratando de convencerse de que era suficiente.
Suspiró, acariciando su propia cola como si buscara consuelo.
A pesar del cansancio y el hambre que la corroían, la idea de convivir con Tn la llenaba de un extraño calor en el pecho.
Cerró la puerta de su departamento y se dirigió hacia la plaza.
Cuando finalmente lo vio a lo lejos, de pie frente al café, con Benny sobre su hombro, Ellen sintió que sus piernas flaqueaban un instante.
Se obligó a sonreír, aunque sus ojos dejaban entrever el cansancio acumulado del día.
—Al menos… —murmuró para sí misma— voy a pasar un rato con él.
Eso basta.
Con un último respiro, se acercó a Tn, quien al verla levantó la mano con entusiasmo.
Estaban en un café llamado FIVES.
El lugar era acogedor, con luces cálidas colgando del techo y un aroma dulce a café recién molido mezclado con pan recién horneado.
Entraron y notaron a un chico en la caja, atendiendo el mostrador.
Su rostro llamó de inmediato la atención de Ellen: tenía un aire extraño, como si reflejara su propio cansancio.
El joven parecía agotado, con los párpados pesados, el ceño fruncido y un gesto de fastidio apenas disimulado; alguien que claramente necesitaba dormir con urgencia.
-Digan su orden….-.Murmuro apenas, estaba cansado y su empleado tuvo un lijero contra tiempo, tuvo que suplantarlo.Ademas deberia conseguir municion, los problemas vendrian pronto.
Tn, sin dudarlo, pidió dos cafés moka y un par de postres.
Ellen, al escuchar la orden, se tensó un poco, sus ojos fueron de inmediato al menú y los precios.
Su expresión se alteró, el nerviosismo evidente: aquello no era barato.
Estaba a punto de decir algo, de excusarse, cuando notó que Tn ya había pagado.
El chico de la caja, con una voz monótona y cansada, anunció—Dos mokas y pastelillos, mesa tres.
Colocó la bandeja con un movimiento casi automático, entregándosela a Tn.
Ellen bajó la mirada, un ligero rubor encendiendo sus mejillas.
Murmuró con la voz casi apagada—Y-yo… podía pagar mi café.
Tn la miró sonriendo, como si su respuesta fuera la cosa más natural del mundo.—El que invita paga, Ellen.
Hoy te toca disfrutar.
Benny, sobre su hombro, maulló con entusiasmo como si aprobara esas palabras.
El gato no dudó en saltar de golpe hacia una mesa cercana, estirándose con todo el descaro felino.
Eso arrancó una risita de Tn, que se sentó con Ellen en la mesa, justo al lado de donde Benny ya estaba enroscado.
La cola de Ellen salió por el espacio abierto de la silla, meciéndose con un movimiento leve e involuntario.
Tn, curioso, no pudo evitar fijarse en ella.
Tenía marcas: algunas parecían manchas que recordaban a tatuajes o stickers descoloridos; otras eran rasguños y pequeños cortes, como cicatrices pasadas.
La textura parecía contradictoria, una mezcla de suavidad y dureza.
Ellen notó la mirada de Tn y se tensó un poco, escondiendo la cola detrás de la pierna.
—N-no la mires tanto… —murmuró con voz baja, clavando los ojos en el postre.
Tn no respondió de inmediato, solo le dio un sorbo a su café.
Después, con suavidad, dijo—No es nada malo, ¿sabes?
Creo que… tiene su encanto.
Como tú.
El estómago de Ellen gruñó con fuerza en ese instante, rompiendo la tensión.
Su rostro se encendió de vergüenza, pero Tn contuvo la risa.—Je… creo que alguien tiene más hambre que ganas de hablar.
Ellen no soportó más la tentación: tomó el postre con cuidado y le dio la primera mordida.
La dulzura invadió su paladar, casi haciéndola cerrar los ojos de alivio.
No podía recordar la última vez que había probado algo tan rico.
Poco a poco, comenzó a comer con más entusiasmo, olvidándose del mundo por unos minutos.
Tn la miraba, apoyando la barbilla sobre su mano, con una sonrisa tranquila.
Benny ronroneaba en la mesa, acomodándose como si estuviera en su propio hogar.
Y por un instante, todo pareció simple, natural y… bonito.
Comieron y degustaron del postre y el café.
Ellen miraba a Tn, y en un momento casi imposible de ocultar, le regaló una pequeña sonrisa tímida.
Tn la sostuvo con dulzura, sin decir nada, simplemente disfrutando de la calma de compartir ese momento.
Benny, a su lado, parecía ir quedándose dormido, enroscado en la mesa como si todo lo que importaba en el mundo ya estuviera allí.
El ambiente era tranquilo, pero entonces algo cambió.
Ellen, sin darse cuenta, comenzó a sentir un cosquilleo extraño en lo profundo de sus instintos.
Era como si algo en el aire la llamara.
Un aroma invisible, imperceptible para cualquiera… pero no para ella.
Su lado tiburón se agitó.
Sus ojos se redujeron un poco, las pupilas volviéndose más finas.
Respiraba más rápido, un jadeo suave escapando entre sus labios.
La sensación era abrumadora, como un mar profundo rugiendo dentro de ella.
Los documentales que tanto había visto comenzaron a florecer en su memoria como voces lejanas:”Los tiburones tienen un sentido del olfato extremadamente agudo, permitiéndoles detectar concentraciones muy bajas de sustancias químicas en el agua, como sangre.
Pueden rastrear presas con una precisión sorprendente.”.
La voz del narrador Henry cavill se mezclaba con su mente, cada palabra más fuerte que la anterior.”Aunque el mito dice que huelen una gota de sangre a kilómetros de distancia, la realidad es distinta: pueden detectarla hasta unos cientos de metros.”.
Pero ahí estaba ella.
Tn estaba frente a ella, a solo un metro.
Y la potencia de ese aroma era devastadora.
Su corazón se aceleró, su respiración se agitó aún más.
El café ya no tenía sabor, el postre desaparecía de su mente.
Todo lo que había en la mesa era él.
Ellen se inclinó ligeramente hacia adelante, como si el instinto la empujara sin que pudiera evitarlo.
Una mezcla de hambre y algo más vibraba en su pecho.
Un rugido primitivo.
Tn, distraído acomodando la taza, levantó la mirada al sentir ese silencio denso entre ellos.
La vio diferente: sus ojos brillaban de una forma diagonal, y su respiración era irregular.
—E-Ellen… ¿estás bien?
—preguntó, con un hilo de preocupación en la voz.
Ella tragó saliva con dificultad.
Bajó la vista hacia sus manos, que temblaban apenas.
Quería responder, decir que sí, que estaba bien… pero sus colmillos asomaron sin permiso en una mueca nerviosa.
Benny, aún adormilado, abrió un ojo y soltó un leve maullido, como si sintiera algo raro en el aire.
Ellen cerró los ojos con fuerza, tratando de calmarse.
Su cola golpeó ligeramente la silla, como un latido salvaje.
“Contrólate… no aquí, no ahora.”.
El aroma de Tn seguía siendo un llamado insoportable, pero con toda su voluntad trató de contenerlo, de sonreír como si nada.
—S-sí… estoy bien —respondió, aunque su voz sonaba ronca, como un gruñido ahogado.
Tn inclinó la cabeza, sin estar convencido.—¿Segura?
Pareces… como si te faltara aire.Estas palida.
Ella se mordió el labio con fuerza.
Y esa fue quizá la peor idea: el sabor metálico de una pequeña gota de su propia sangre le recordó aún más lo que era.
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Pondría imágenes suculentas de las waifus pero…..wattpad y los tards no me dejarían en paz 😑 así que ni modo.
Y como tengo que aclarar, la siguiente es ellen luego jeanne y asi sucesivamente, la lista es de quines se actualizaran,ya al final con gil fem dejare votaciones y la caja de sugerencias donde podran decir nombre de waifu que no este en la lista ok.
jeanne gobernante parte 4.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com