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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 139

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  4. Capítulo 139 - 139 Tanya part 2
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139: Tanya part 2.

139: Tanya part 2.

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_________________________________________________________________ Tal y como se prometió, los reclutas fueron despertados casi a patadas por Tanya.

Su voz cortante atravesaba la madrugada, aún oscura y fría.

A su lado, Visha observaba en silencio, con el mismo semblante severo, aunque sus ojos parecían menos crueles que los de su superior.

Los jóvenes soldados se levantaron torpemente, algunos todavía atontados por el sueño, otros con el miedo metido en los huesos, sabiendo que un error significaba un castigo brutal o incluso algo peor.

—De pie, parásitos.

—gruñó Tanya con tono gélido—.

Hoy aprenderán la diferencia entre un soldado y un cadáver.

Uno a uno comenzaron a vestirse apresuradamente, ajustándose los uniformes aún húmedos por el sudor del día anterior.

Tn también se levantó, manteniendo la calma mientras ajustaba su cinturón y aseguraba su arma.

No había lugar para dudas ni quejas, no con Tanya observando.

Una vez listos, cada recluta tomó su arma y marcharon hasta el pie de la montaña designada para el “ejercicio”.

Allí, Tanya, suspendida en el aire gracias a su poder, explicó la prueba con una sonrisa que helaba la sangre.

—Su objetivo es simple: sobrevivir.

Yo los estaré “acompañando” desde el cielo con ataques de artillería mágica.

Si creen que pueden huir de mi rango, inténtenlo.

Y en la cima… —señaló con un dedo hacia lo alto— …la teniente Visha los recibirá con una ametralladora.

Si logran alcanzarla, vivirán para ver el siguiente entrenamiento.

Algunos reclutas tragaron saliva.

Otros se persignaron en silencio.

—¡Comiencen!

—gritó Tanya, y en ese instante las explosiones comenzaron a caer del cielo.

El suelo tembló bajo sus pies mientras avanzaban cuesta arriba.

Rocas volaban, el aire se llenaba de polvo y humo, los gritos de los que caían heridos retumbaban entre los árboles.

El sonido metálico de las balas de Visha silbaba desde la cima, forzándolos a agacharse y buscar cobertura donde no la había.

Tn corrió junto a un grupo, esquivando la metralla, lanzándose detrás de una roca apenas lo suficientemente grande para cubrirlos.

Su respiración era rápida, su cuerpo ya tenso, pero sus ojos se mantenían enfocados, midiendo cada movimiento, cada explosión.

Tanya tenía un orden de ataque, tres explosiones y luego las balas caerian.

“Uno….dos….tres”.

Y correr los disparos solo eran dirigidos sobre sus cabezas, asi que solo matarian al que no estuviera agachado.

Algunos reclutas no tuvieron tanta suerte.

Uno cayó con la pierna atravesada por una esquirla, gritando de dolor.

Otro, más atrás, fue alcanzado directamente por una de las balas de Visha y rodó cuesta abajo, sin levantarse jamás.

Los que lograron avanzar lo hicieron a costa de sus fuerzas.

Cada metro ganado parecía un suplicio.

Tn, con el sudor pegado al rostro, jadeaba por aire, pero no se detuvo.

El sonido de Tanya riendo a la distancia, mientras lanzaba otra ráfaga de magia, lo obligaba a seguir corriendo, como si esa risa fuera la señal de una muerte segura.

Finalmente, después de horas de tortura, un pequeño grupo alcanzó la cima.

Exhaustos, con las ropas desgarradas, cubiertos de barro y sangre, se desplomaron apenas traspasaron la línea donde Visha bajó su arma.

Tn cayó de rodillas, respirando con dificultad, su pecho subiendo y bajando con violencia.

Miró hacia el cielo y vio a Tanya descender lentamente, con esa misma sonrisa maliciosa.

—Patético… —dijo ella, recorriendo con la mirada a los pocos sobrevivientes—.

Pero al menos algunos no murieron en el intento.

Eso ya es un logro.

Cuando los reclutas pensaron que por fin tendrían un descanso, Tanya dio la siguiente orden.

—Pasarán la noche en esta montaña.

Sin suministros.

Sin apoyo.

Lo que coman será lo que logren cazar o arrancar de estas piedras.

Si alguno baja antes del amanecer, lo ejecutaré personalmente.

El silencio fue absoluto.

Nadie se atrevió a protestar.

Tanya se giró hacia Visha y asintió.

Ambas comenzaron a descender por la ladera, alejándose, dejando atrás al grupo de jóvenes maltrechos.

La montaña, oscura y hostil, se alzaba sobre ellos.

El viento soplaba helado, arrastrando el olor a pólvora y tierra quemada.

La noche apenas comenzaba… y su verdadero desafío también.

Tn suspiró acomodándose el abrigo, el frío mordía con cada ráfaga de viento y la nieve amenazaba con caer durante la noche.

El silencio de la montaña era inquietante, interrumpido solo por las quejas de algunos reclutas.

Nadie tenía opción; las jóvenes comenzaron a improvisar un refugio con ramas y telas, mientras a los hombres se les pidió cazar.

No era una cuestión de género, sino de armamento: los varones portaban rifles pesados más adecuados para la caza, mientras sus contrapartes femeninas habían recibido armas más ligeras de apoyo.

—Podríamos encontrar un ciervo por aquí —murmuró Tn, ajustando la mira de su rifle.

Avanzaron en silencio hacia un área boscosa de la montaña.

Los árboles, altos y cubiertos de escarcha, parecían observarlos en su misión de supervivencia.

Tn se detuvo frente a un tronco robusto y decidió escalarlo.

Desde las alturas, tendría un mejor ángulo de visión.

Mientras tanto, los demás hombres se dispersaron en el suelo, buscando huellas o rastros de animales.

El joven acomodó el rifle en su hombro y empezó a explorar con la mira.

La paciencia era clave; cualquier movimiento en falso espantaría a la presa.

!AAAAAAKKKKGHHGHGHGHGHGHGH!

Sin embargo, un grito desgarrador quebró el silencio del bosque.

Tn giró de inmediato, llevando el arma a su hombro otra vez.

En la mira distinguió una escena brutal: una manada de lobos se abalanzaba sobre tres de sus compañeros, desgarrando carne y uniforme mientras ellos intentaban disparar en un pánico torpe.

—¡Mierda!

—escapó entre sus labios, y su corazón se aceleró.

No lo dudó.

Inspiró profundamente, apretó los dientes y dejó que el aire calmara su pulso.

Un disparo seco retumbó.

La bala atravesó el cráneo del primer lobo.

Otro movimiento rápido: segundo disparo, luego un tercero.

Su puntería era letal, precisa, como si el tiempo se ralentizara con cada disparo.

Los lobos cayeron uno tras otro, hasta que los últimos huyeron entre los árboles con gruñidos y chillidos.

Tn bajó del árbol apresurado, su respiración pesada resonando en la helada quietud.

Corrió hacia sus compañeros heridos, que estaban temblando, uno de ellos con un brazo desgarrado y la sangre manchando la nieve.

—Tranquilos, ya está… —dijo con voz entrecortada, aunque su corazón aún martillaba en su pecho.

Miró los cuerpos de los lobos.

Al menos cinco yacían muertos, y aunque la escena era grotesca, la realidad se impuso en su mente: carne era carne.

—Bueno… al menos tenemos algo que comer.

—murmuró, bajando el rifle mientras observaba las fauces aún abiertas de uno de los animales.

Un silencio incómodo se formó entre los reclutas.

Nadie quería ser el primero en decirlo, pero la pregunta flotaba en el aire.

Finalmente, uno de los jóvenes habló con un hilo de voz:.

—¿Los… lobos son comestibles?

Tn apretó los labios, mirando los cadáveres.

El hedor metálico de la sangre se mezclaba con el aire frío.

No era la carne más noble, pero era carne salvaje, y con la nieve cayendo a sus espaldas, no podían darse el lujo de ser selectivos.

—Si lo cocinamos bien… lo serán.

—respondió con firmeza, aunque por dentro tampoco estaba seguro.

Los demás lo miraron en silencio, y uno de ellos asintió.

No tenían elección.

Cargaron con los cuerpos pesados, arrastrándolos de regreso hacia el improvisado campamento.

Mientras tanto, Tn seguía sintiendo el pulso acelerado en sus venas.

No era la primera vez que mataba, pero había algo distinto en aquella mirada salvaje de los lobos: habían probado sangre humana.

Y él, aunque había salvado vidas, no podía evitar pensar que en aquella montaña la delgada línea entre depredador y presa estaba desapareciendo.

.

.

.

Llegaron al pequeño campamento.

Las mujeres habían logrado armar un par de carpas improvisadas con lo que llevaban en sus mochilas, y de inmediato notaron la ausencia de varios reclutas.

Ninguna preguntó en voz alta, pero todas lo sospecharon.

La confirmación llegó cuando vieron los cuerpos de los lobos arrastrados hasta el centro.

El silencio fue sepulcral.

Nadie quería comer aquella cosa, pero tampoco había otra opción.

Con manos temblorosas retiraron las pieles, colgándolas para secarlas, mientras otros cortaban la carne en tiras y la ensartaban en improvisadas brochetas de ramas.

El olor a grasa y sangre se mezcló con el humo de la fogata, volviéndose nauseabundo.

El sabor no era mejor: amargo, correoso, con un dejo metálico que hacía difícil tragárselo.

Pero era alimento, y más de uno, aunque lo masticaba con cara de asco, sabía que aquello los mantenía con vida.

Cuando terminaron de comer, el cansancio los arrastró directo a las tiendas.

Nadie era tan idiota como para intentar algo indebido en esas condiciones: Tanya podía aparecer de la nada y destrozarlos con un solo golpe, podían morir congelados si se quitaban los abrigos, y además ninguno tenía las fuerzas ni las hormonas para pensar en otra cosa que no fuera sobrevivir.

Dormían apretados, temblando bajo las mantas, el aliento formando pequeñas nubes en el aire helado.

El amanecer llegó con un frío aún más cruel.

Entre bostezos y quejidos, desmantelaron el campamento, guardaron las pieles y levantaron las armas.

Todos mantenían los rifles cargados, recordando demasiado bien lo ocurrido con la manada de lobos.

Nadie quería volver a ser sorprendido.

La bajada de la montaña fue lenta, tensa, con cada crujido de ramas alertando sus sentidos.

Hasta que, finalmente, el bosque se abrió y pudieron distinguir, a lo lejos, la silueta de Tanya Degurechaff esperándolos.

Junto a ella estaba Visha, siempre a su lado como una sombra leal.

Visha los observó llegar, su expresión pasando del alivio al horror al contar cuántos habían sobrevivido.

Se giró hacia su superior, la duda en sus labios.

—Mayor… ¿no cree que está exagerando con este tipo de entrenamiento?

—preguntó en voz baja, con cierto nerviosismo.

Tanya ni siquiera desvió la mirada de los reclutas exhaustos que descendían tambaleantes.

Su ceño estaba fruncido, sus ojos como cuchillas.

—¿Exagerando?

—murmuró, ajustándose el cuello del abrigo militar—.

Nuestros superiores no quieren un escuadrón de campesinos llorones.

Quieren resultados favorables.

Quieren estadísticas que brillen en los reportes, aunque el precio sea alto.

Visha tragó saliva, insegura de si debía insistir.

Tanya continuó, con un tono frío y desprovisto d ela vision normal de una vida—Si pretenden sobrevivir al frente, deberán demostrar que pueden resistir más que hambre y frío.

Esto… —señaló con el mentón a los jóvenes tambaleantes— …es apenas el calentamiento.

Ajustaré el calendario de preparación.

Si sobreviven a una semana más, tal vez valga la pena llamarlos soldados.

Mientras Visha guardaba silencio, incómoda, los reclutas finalmente llegaron a la base de la montaña.

Sus ojos reflejaban cansancio, pero también una chispa distinta: el inicio del temple que Tanya buscaba.

.

.

.

Los días pasaron y el escuadrón fue finalmente formado.

No eran tantos como los que habían iniciado el entrenamiento; las bajas, el hambre, las heridas y la disciplina de Tanya habían reducido el número a casi la mitad.

Sin embargo, lo que quedaba era más duro, más templado.

Tanya, al observarlos formados frente a ella, murmuró con satisfacción contenida.

—Al fin… un nuevo Escuadrón 203.

En sus manos sostenía el informe de su primera misión oficial.

Era simple en papel, pero brutal en ejecución: desestabilizar un búnker con artillería que bloqueaba una sección del bosque.

Los informes decían que ese búnker estaba enterrado profundamente, con cañones pesados que no dejaban avanzar a la infantería por tierra.

El 203 tendría que destruirlo o, al menos, forzar a los artilleros enemigos a replegarse.

En la tienda de campaña, Tanya ajustaba su uniforme, revisaba el núcleo de joya que amplificaba su magia y preparaba su fusil.

Murmuraba cálculos mentales de viento, altura y resistencia, cada detalle de la operación pasando como engranajes en su mente.

Pero entonces, una voz conocida y odiosa se abrió paso en su cabeza.

—¿De verdad no tienes ningún arrepentimiento, Major Tanya Degurechaff?

—retumbó el eco burlón del Ser X—.

¿No te disgusta usar a pobres hombres y mujeres como escudos para mantenerte lejos del frente?

Tanya apretó los dientes, sus pequeños dedos temblando de rabia.

—¿Arrepentimiento?

—gruñó, bajando la mirada—.

Yo no le debo nada a un farsante como tú.

No me arrodillaré.

No me humillaré con plegarias a un dios que se divierte lanzándome en medio de una guerra solo para satisfacer su sadismo.

El Ser X rió suavemente, una risa que no sonaba humana.

—Ah… parece que ni tu nuevo género ni tu nueva vida cambiaron tu comportamiento.

Si acaso, lo han empeorado.

Un adulto convertido en niña, con poder en sus manos y un ejército a sus pies.

Lo tuyo es soberbia, Degurechaff.

Soberbia que lamentable pecado, ahora que recordaba solo hbaia un hombre tan soberbio ue alcanzo el cielo y logro cambiar todo.

“Nerose…….”.

Tanya chasqueó la lengua y levantó su fusil, como si pudiera dispararle a la voz que resonaba en su mente.

—No me interesa tu juicio.

No me interesa tu fe ni tu condena.

Tengo lo que necesito: un escuadrón sólido.

Con ellos puedo cumplir las misiones, sobrevivir y asegurarme de que mis superiores me dejen en paz.

Eso es lo único que importa.

El silencio se extendió por un momento, hasta que el Ser X habló de nuevo, esta vez con un tono extraño, pensativo.

—Interesante… Yo, que puedo ver a través de todos los hombres y mujeres, que conozco sus corazones, sus miedos y sus pecados… encontré algo curioso en tu escuadrón.

Tanya frunció el ceño, incomodada.

—¿Y ahora qué jueguito traes?

El Ser X pareció ignorarla.

Su atención estaba puesta en algo más.

—Puedo leerlos a todos, Tanya Degurechaff.

Cada recluta que arrastras a tu lado, cada soldado quebrado o con miedo… pero entre ellos hay uno que me resulta distinto.

Las pupilas de Tanya se contrajeron.

—¿Qué…?

—Ese muchacho… —la voz del Ser X parecía susurrar con fascinación—.

Tn.

No puedo verlo con claridad.

Como si su alma estuviera cubierta por un velo que me impide escrutarla.

Es… anómalo.

Ni ángel, ni demonio, ni simple humano común.

Y eso me intriga.

Era el terceo que veia.

Por primera vez en mucho tiempo, Tanya sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

El tono del Ser X no era de burla ni de amenaza, sino de genuina curiosidad.

—¿Qué demonios estás insinuando?

—espetó, su voz vibrando de rabia y desconfianza.

El Ser X guardó silencio un instante antes de soltar un murmullo gélido—No lo sé… pero lo descubriré.

Y cuando llegue el momento, Major, serás tú quien me pida ayuda.

La voz se desvaneció, dejándola con el eco de sus propias respiraciones agitadas.

Tanya apretó los puños, maldiciendo entre dientes, pero esa inquietud no desapareció.

¿Qué tenía Tn que incluso el Ser X no podía ver?

Por fuera, el escuadrón esperaba órdenes.

Y entre ellos, Tn afilaba la mirada de francotirador, sin saber que algo más que la guerra había puesto los ojos en él.

Tanya respiró hondo y se tranquilizó.

Tn solo era una carta blanca para mantenerla viva y lejos del frente, nada más.

Se paró frente a su escuadrón con Visha a su lado y comenzó un discurso.

—¡Muy bien!

¡Se acabó!

—su voz, aunque salía de un cuerpo pequeño, rugía como la de un general experimentado—.

Ya me conocen, así que lo diré de la forma más sencilla posible.

Si nos toca morir, así será… pero si logramos la victoria, traeremos al Imperio la gloria prometida y la prosperidad.

¡Que el enemigo quiera nuestras vidas!

¡Pero que antes de tomarlas, tengan que pasar por un maldito infierno!

El eco de su grito resonó en los pechos de los reclutas.

El escuadrón entero alzó sus rifles en sincronía, una furia contenida que se transformaba en disciplina militar.

Tn, en medio de la formación, tragó saliva mientras ajustaba la mira de su fusil de largo alcance.

El miedo estaba ahí, como en todo soldado, pero se ancló en su deber: proteger a su patria, cumplir con su rol y no flaquear.

Con un silbido agudo, Tanya levantó el brazo y, en cuestión de segundos, alzaron el vuelo hacia el cielo gris.

El viento golpeaba sus rostros, el rugido de los núcleos mágicos llenaba el aire, y Tanya mantenía la mirada fija a través de los visores, observando cada detalle del terreno.

El búnker enemigo apareció ante sus ojos tras varios kilómetros.

Estaba incrustado en la ladera del bosque, reforzado con acero y concreto, y dos cañones pesados custodiaban la entrada, girando con letal precisión.

Había al menos dos artilleros visibles y posiblemente más en el interior.

—Bombardear no servirá —gruñó Tanya, analizando la situación—.

Esos bastardos reforzaron el techo.

Necesitamos abrirles la garganta primero.

Giró la cabeza hacia Tn, que flotaba unos metros más atrás con el fusil preparado.

—¡Francotirador!

—ordenó Tanya—.

Elimina a los artilleros en la entrada.

Cuando caigan, el resto del escuadrón abrirá fuego.

¡Nosotros seremos la distracción y yo me encargaré del golpe final!

Tn ajustó el rifle, su respiración se volvió lenta, medida, como si todo el bullicio del campo de batalla se apagara en sus oídos.

El viento soplaba fuerte, desviando la línea de tiro.

Tenía que esperar… solo unos segundos más… hasta que las ráfagas se calmaran.

Uno de los artilleros gritó órdenes desde la entrada, señalando el cielo.

En ese instante, Tn apretó el gatillo.

¡Bang!

El primer disparo cruzó el aire como un relámpago.

La bala impactó en la frente del artillero, arrancándole la vida al instante.

El segundo soldado apenas tuvo tiempo de reaccionar; se agachó buscando cobertura, pero Tn ya había corregido la mira.

¡Bang!

Un segundo disparo limpio atravesó el casco del enemigo.

Los cuerpos cayeron frente a la entrada del búnker.

—¡Blanco confirmado!

—anunció Tn, con la voz temblorosa pero firme.

—¡Ahora!

—rugió Tanya.

El resto del Escuadrón 203 descendió en picada, abriendo fuego con sus armas automáticas y lanzando granadas mágicas que explotaban en llamaradas sobre el búnker.

El enemigo respondió de inmediato desde el interior, disparando ráfagas hacia el bosque, pero la distracción estaba hecha.

En medio del caos, Tanya elevó su núcleo mágico, la energía dorada iluminando sus ojos con un brillo casi demoníaco.

—¡Degurechaff, entrando!

—gritó, y como un misil humano descendió hacia la estructura con la intención de destruirla desde adentro.

El combate acababa de comenzar.

________________.

(Bien ……no soy bueno con esto de las peleas pero meh lo yandere lo metere poco a poco, recordemos que literal estan en guerra, de que sire una yandere en guerra.).

Pondría imágenes suculentas de las waifus pero…..wattpad y los tards no me dejarían en paz 😑 así que ni modo.

Y como tengo que aclarar, la siguiente es ellen luego jeanne y asi sucesivamente, la lista es de quines se actualizaran,ya al final con gil fem dejare votaciones y la caja de sugerencias donde podran decir nombre de waifu que no este en la lista ok.

siguiente en llegar.

mordred parte 4.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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