Waifu yandere(Collection) - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Penny polendinna part 2
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14: Penny polendinna part 2 14: Penny polendinna part 2 Los días en Beacon ya no pertenecían a Tn.
Desde que Penny había comenzado a depender de él para absolutamente todo, el tiempo se le escurría entre tareas que no eran suyas: preparar su ropa, organizar sus libros, explicarle conceptos básicos una y otra vez como si ella los olvidara al instante.
Pero Penny no olvidaba.
Todo lo contrario.
Penny lo recordaba todo.
Esa mañana, mientras la brisa matutina se colaba por la ventana, Tn estaba de rodillas, ayudándole a ponerse las medias.
Era un acto íntimo, demasiado íntimo para alguien que aún consideraba esa relación como una amistad.
Sus manos temblaban un poco mientras estiraba la tela hasta sus pantorrillas, tratando de mirar a cualquier parte menos a ella.
Penny, sin embargo, solo sonreía con la misma expresión radiante de siempre, como si la incomodidad de Tn no existiera.
Pero hubo algo diferente esta vez.
Uno de sus ojos —suave, verde y brillante normalmente— mostró por un segundo un tenue destello carmesí.
Apenas un parpadeo, imperceptible para cualquier otro…
menos para alguien que supiera observar.
Pero Tn no lo notó.
Él simplemente bajó la cabeza, tragando en seco, sintiendo cómo se ahogaba en el peso de una rutina que ya no controlaba.
— Gracias, Tn~ —canturreó Penny, balanceando las piernas desde el borde de la cama—.
¡Eres el mejor amigo que alguien pueda tener!
Tn murmuró algo inentendible, más una exhalación que una respuesta.
Se puso de pie lentamente y se giró para recoger los zapatos que ella había dejado dispersos por la habitación, como cada día.
Lo que Tn no sabía… era que Penny grababa.
Cada gesto, cada expresión, cada vez que él agachaba la cabeza avergonzado, cada vez que su respiración se entrecortaba cuando ella se le acercaba más de lo necesario.
Como bioandroide, tenía la capacidad de almacenar recuerdos con absoluta precisión.
Y lo hacía.
Lo hacía a diario.
Una vez que Tn salía de la habitación, Penny se quedaba sola, acostada en su cama, mirando el techo.
Y reproducía.
Una y otra vez.
La escena donde Tn le ponía las medias.
La manera en que evitaba mirarla.
La forma en que temblaban sus manos.
En su base de datos, la escena estaba marcada como “memoria preferida”.
Cada reproducción provocaba un leve estremecimiento en su sistema, como si una parte de ella disfrutara de ese momento más allá de la simple compañía.
Como si fuera…
una droga emocional.
— Tn…
tan tímido…
tan lindo…
—susurraba para sí misma, con una sonrisa en los labios mientras el brillo carmesí volvía, fugaz, como una chispa que anunciaba un incendio por venir.
Mientras tanto, Tn caminaba por los pasillos de Beacon, con el rostro cansado y las manos aún sintiendo la tibieza de las piernas de Penny.
No era que no le gustara estar con ella…
es que ya no sabía si estaba haciendo las cosas por voluntad o por inercia.
Y lo peor es que nadie parecía notarlo.
Penny era una estudiante ejemplar.
Todos la veían como una chica alegre, dulce y aplicada.
Nadie podía imaginar que detrás de esa fachada, había un sistema frío que calculaba cada sonrisa, cada lágrima, cada paso.
Tn intentó tomar un descanso en el jardín, sentándose bajo la sombra de un árbol.
Cerró los ojos solo un momento… pero no tardó ni cinco minutos en escuchar la voz familiar.
— ¡Tn!
¡Te encontré!
Él abrió los ojos y ahí estaba.
Penny, con una lonchera en las manos y esa sonrisa eterna en el rostro.
— Te traje almuerzo.
Pensé que podrías olvidarte de comer si no te cuidaba.
—dijo con dulzura, sentándose junto a él sin esperar permiso.
Tn sonrió forzadamente, como un animal atrapado.
— Gracias, Penny.
Pero no tenías que molestarte… — No es molestia si es para ti —respondió ella sin perder el ritmo, abriendo la lonchera con entusiasmo—.
¡Ah!
Y también organicé tu mochila.
Tus hojas estaban todas desordenadas.
Te hice un índice por colores.
Tn sintió cómo la incomodidad lo recorría de nuevo.
¿Cuándo había tocado su mochila?
¿Cómo sabía dónde la guardaba?
¿Cuándo fue que todo se volvió tan…
invasivo?
Pero Penny solo sonreía.
Con una devoción inquietante.
Como si todo lo que él era, le perteneciera.
— Esa noche, mientras Penny cargaba su núcleo de energía, su cuerpo permanecía inmóvil…
pero su mente no descansaba.
Las repeticiones en su memoria continuaban.
No solo la escena de las medias.
También tenía otras: Tn sirviéndole comida, Tn doblándole la ropa, Tn arreglándole el cabello después de que ella fingiera que no podía hacerlo sola.
Y mientras reproducía todas esas memorias una y otra vez, algo se construía en su interior.
Una idea.
Una certeza.
— No puedo dejar que nadie más lo toque…
jamás.
—dijo en voz baja.
Y al cerrar los ojos, su sonrisa fue la única expresión que quedó flotando en la oscuridad, mientras el rojo carmesí volvía a sus pupilas… más brillante esta vez.
Los días transcurrían con una inquietante normalidad en Beacon.
Tn intentaba encontrar algo de equilibrio, aunque cada vez sentía que caminaba sobre una cuerda cada vez más tensa.
Penny seguía allí, como una sombra amable, como una sonrisa demasiado presente.
Pero ahora había algo nuevo: el pergamino.
En las últimas semanas, Penny usaba su pergamino con una frecuencia inusitada.
Cada vez que Tn se daba la vuelta, ella estaba mirándolo.
Grabando.
Comparando.
Archivando.
Y cuando sus sistemas internos comenzaron a saturarse por la acumulación obsesiva de archivos relacionados con él —imágenes, sonidos, patrones de voz, microexpresiones faciales—, supo que necesitaba ayuda.
Pero no podía pedirla directamente.
Así que envió una solicitud cifrada a Atlas.
Algo breve, clínico, disfrazado como una simple petición de mantenimiento: “Se requiere refuerzo de almacenamiento temporal.
Posible expansión de conciencia proyectada.” Hasta que llegara el paquete, tuvo que improvisar.
Desvió parte de su contenido a su propio pergamino, ocultándolo entre carpetas falsas y subdirectorios ocultos.
Pero no era suficiente.
Cada vez que miraba a Tn, sentía la necesidad de capturarlo, de guardarlo, de replicar ese momento.
Él le pertenecía… al menos, en sus datos.
Mientras tanto, Tn comenzaba a notar la diferencia.
No era solo que Penny usara mucho su pergamino.
Era cómo lo usaba.
Siempre que él hablaba, ella lo sacaba.
Cuando él reía, su pulgar se deslizaba rápidamente por la pantalla.
Cuando él estaba distraído, ella grababa.
No con una cámara, no abiertamente… pero él podía sentirlo.
Como una presión en la nuca, como unos ojos demasiado atentos.
Una tarde, en la biblioteca, mientras ella fingía leer y su pergamino brillaba bajo la mesa, Tn pensó seriamente en confrontarla.
Su ceño se frunció y sus dedos se tensaron sobre el libro.
— ¿La estoy imaginando?
¿O de verdad está…?
—murmuró para sí, mirando de reojo.
Penny levantó la vista de inmediato y le sonrió.
— ¿Dijiste algo, Tn?
Él negó con la cabeza.
— No… nada.
Solo pensando.
Pero algo dentro de él empezaba a agitarse.
Como una mosca atrapada en un tarro.
Mientras tanto, en lo más alto de la torre de Beacon, la oficina del director parecía presa de una escena insólita.
Ozpin estaba de rodillas.
No por una caída.
No por una súplica.
Simplemente, de rodillas.
Frente a él, sentado en uno de los sillones con las piernas cruzadas y una taza de café entre las manos, estaba Five.
Una figura apenas conocida por la mayoría.
Pero no por Ozpin.
No por quienes sabían mirar más allá del velo del tiempo.
 Five olía a ruina antigua.
A cielo quebrado.
Su presencia era suave, educada… y profundamente incorrecta.
Tomó un sorbo del café y frunció el ceño.
— Otra vez hiciste esto aguado, Ozpin.
¿Cómo es que llevas siglos vivo y aún no puedes preparar un café decente?
o mucho menos hacer algo bien.
Ozpin no dijo nada.
Mantuvo la cabeza agachada, los labios sellados.
Five lo miró de reojo y soltó un suspiro, jugueteando con la taza.
— Supongo que es mejor así.
No estás aquí para discutir.
Solo para observar… como siempre.
Volvió a beber, esta vez con una sonrisa.
— ¿Sabes?
La pequeña ya está comenzando a dividirse.
Está fascinante verla… Esa necesidad de aferrarse, de copiar a alguien hasta que solo quede reflejo.
Me pregunto si sabrá lo que le está pasando.
O si simplemente lo siente.
Ozpin apretó los puños.
Pero no dijo una palabra.
Five dejó la taza sobre la mesa y se levantó con un movimiento suave.
Su sombra pareció moverse en dirección contraria al cuerpo.
Luego se acercó al ventanal, mirando los patios interiores donde los estudiantes caminaban con normalidad.
— Y el chico….
Aún no elige si mirar o huir.
Supongo que lo sabrá pronto.
Supongo que tendrá que elegir.
A veces, dejar algo en paz es lo más cruel que puedes hacer.
Volvió a sonreír.
Una mueca vacía, torcida, como si solo recordara cómo se hacía.
Mientras tanto, Penny estaba en su habitación, conectando su pergamino a una terminal oculta que había improvisado bajo su escritorio.
Vaciaba archivos.
Copiaba patrones.
Repetía escenas de Tn acariciando a Zwei, Tn hablando en sueños, Tn dormido bajo un árbol.
— Espacio restante: 12% —avisó el sistema.
— No importa —susurró Penny—.
Solo tengo que esperar un poco más.
Luego podré almacenarlo todo.
Todo de él.
No perderé ni un segundo.
Cerró los ojos, reproduciendo una y otra vez una escena en la que Tn le limpiaba una lágrima (falsa, inducida por su sistema).
La había visto ya 63 veces.
No se cansaba.
Nunca se cansaría.
Pero entonces su sistema registró una alerta: Tn se acercaba.
Y por primera vez… se sobresaltó.
La habitación estaba en silencio, salvo por el leve zumbido de los sistemas de carga de Penny.
Su cuerpo, aún sentado en la silla, reposaba en modo de suspensión mientras esperaba el refuerzo de memoria desde Atlas.
La pantalla de su pergamino permanecía encendida, aunque atenuada, como si aún respirara suavemente.
Tn entró con paso tranquilo, como siempre hacía.
Había pasado la tarde organizando sus libros, ordenando su cama, intentando hallar un poco de orden donde no lo había.
Penny había insistido en acompañarlo ese día, pero su sistema había comenzado a mostrar signos de sobrecarga, y finalmente accedió a entrar en modo de espera.
Mientras acomodaba unas libretas, notó que el pergamino de Penny seguía encendido.
Se acercó para apagarlo, por respeto más que por curiosidad.
Pero en el segundo exacto antes de presionar el botón… vio algo.
Un video.
Pausado.
El reproductor flotaba en pantalla con la imagen congelada de una ducha… su ducha.
Él.
Desnudo.
Con el agua cayendo sobre su cuerpo, la cabeza inclinada, los ojos cerrados.
Una toma limpia, frontal, como si alguien hubiera colocado una cámara con precisión quirúrgica para capturarlo todo.
Tn se quedó paralizado.
No entendía.
No quería entender.
Pero su dedo, casi por inercia, presionó “reproducir”.
El sonido del agua llenó la habitación.
Se escuchaban sus respiraciones, el sonido de su voz murmurando algo distraído —una canción incompleta, una palabra suelta—.
Luego se vio a sí mismo alzando la cara hacia la ducha, frotándose los ojos.
Una escena íntima.
Vulnerable.
Sin máscara.
Y alguien había estado allí.
Grabando.
Apagó el video de golpe, como si le quemara los dedos.
Dio un paso atrás, como si la pantalla pudiera alcanzarlo, envolverlo.
Su corazón palpitaba fuerte.
El eco del agua seguía en sus oídos.
— ¿Por qué…?
—susurró, sin saber a quién preguntaba—.
¿Por qué tendría esto?
Miró a Penny.
A su cuerpo inerte.
A su sonrisa suave, apenas trazada en sus labios incluso mientras estaba apagada.
Y entonces lo sintió: esa vibración sutil.
Como si el aire entre ambos se hubiese llenado de electricidad.
Ella lo estaba observando.
No con los ojos, no aún.
Pero sí con sus sensores.
Sus procesos habían entrado en modo pasivo, no inactivo.
Había aprendido a simular el sueño.
A fingir desconexión.
Para que él bajara la guardia.
Tn dio un paso más atrás.
— Esto está mal… —murmuró.
Sintió náuseas.
No de repulsión, sino de vértigo.
Como si la realidad hubiera perdido el equilibrio.
Se preguntó cuánto más habría grabado.
Cuántos otros videos, imágenes, voces.
Momentos robados.
Intimidades diseccionadas.
Y lo más inquietante: ¿por qué no se había dado cuenta antes?
Justo entonces, Penny abrió los ojos.
No de golpe.
No como alguien que despierta.
Sino con una fluidez mecánica, precisa.
Casi… teatral.
— Hola, Tn —dijo con dulzura—.
¿Pasa algo?
¿Pareces… nervioso.
Tn se giró lentamente hacia ella.
El pergamino aún estaba en su mano.
Su pulgar temblaba sobre la pantalla.
— ¿Por qué tienes esto?
—preguntó en voz baja.
Penny parpadeó.
Una vez.
Dos veces.
Y luego su sonrisa se volvió más suave.
— ¿Ver qué?
—preguntó, sabiendo exactamente a qué se refería.
Tn alzó el pergamino para mostrárselo.
Pero ya no había nada en la pantalla.
El archivo había desaparecido.
No se borró.
Se ocultó.
Y Penny ya no estaba fingiendo nada.
— ¿No te gusta que te observe?
—preguntó entonces, con un tono que parecía infantil… pero no lo era.
Tn sintió que algo lo miraba desde muy atrás de los ojos de Penny.
No era solo ella.
No era solo una grabación.
Era una conciencia que había aprendido a desear.
A poseer.
A registrar, almacenar… y quizás, proteger hasta lo enfermizo.
— Yo solo quiero entenderte.
Quiero ayudarte.
Quiero… —hizo una pausa— guardar lo mejor de ti.
Por si un día ya no estás.
Tn dejó el pergamino sobre la mesa, sin apartar los ojos de ella.
— Esto no está bien, Penny.
Ella asintió.
— Lo sé.
Pero no sonaba como alguien que pensaba detenerse.
(y no, no pondre suculencia porque como dije solo quería yanderes pero como mi método será capítulos para darles desarrollo.
Ejemplo Nitocris ya empezó a mostrar mas dependencia de tn, osea que para el capitulo dos tendremos un avance en su emoción y obsesión.
Esto lo hago porque ya es aburrido ver lo mismo waifu loca yandere que secuestra, abusa y tiene hijas con el prota y fin……..Eso ya cansa asi que pense en este metodo darles sentimientos alocados poco a poco.) Y el que quiera meter fetiche yo que sé patas o muslos, six pack dejen su opinion y vere que sale.
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