Waifu yandere(Collection) - Capítulo 142
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- Capítulo 142 - 142 Kukulkan part 2 fgo
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142: Kukulkan part 2 fgo 142: Kukulkan part 2 fgo Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
¿Humanos, dioses?¿Acaso hay diferencia ante mis ojos?Guiar a los hombres fue mi propósito,mi razón, mi deber eterno…hasta que hallé algo distinto:un ave.
Un ave que en su mayor esplendor superó a los dioses mismos,y voló más alto que el sol.Pero fue derribada,arrastrada desde el cielo,como todo lo puro ante el filo del destino.
Y entonces, un humano…¡un maldito humano!Se atrevió a interferir,a robarme ese afecto que debía pertenecer solo a mi igual.Indigno, insolente,osó cortejar a la serpiente emplumada.
De su osadía solo guardo asco,de su sombra solo nace odio.
Ya no deseo guiar a la humanidad.¿Para qué enseñar al barro lo que nunca entenderá?No más consuelo, no más ternura.
Que ardan sus cielos,que tiemblen sus dioses,porque en este Lostbelt no hay salvador ni maestro.
Solo yo, Kukulkan.
Rey de este reino,reina eterna de un mundo que no arderá por siempre.
_____________________________________________________ Tn comía frutas, Kukulkan —o Kuku, como ella quiso que la llamara—, ya llevaba un tiempo viviendo con ella y Tepeu.
Estaba sentado, mirando al cielo y la naturaleza, tranquilo, mientras el sabor dulce aún quedaba en su boca.
Kukulkan, como siempre, iba al aire libre (sin ropa, ya que el concepto no existía aún).
Ella siempre estaba enérgica, moviéndose de un lado a otro, como si el mundo fuera demasiado pequeño para ella.
Le había prometido que lo llevaría por los reinos que había.
—Tn, hoy sí que iremos lejos, ¡te lo juro!
—dijo con una sonrisa amplia, los ojos verdes brillando de entusiasmo.
Justo ahora, lo tomó del brazo sin darle opción y lo llevó volando por la selva, riendo fuerte, como una niña que jugaba con su mejor amigo.
El viento golpeaba el rostro de Tn, que apenas podía mantener los ojos abiertos.
—¡Kuku… espera!
—protestó él, sujetándose como podía—.
¡Me vas a arrancar el brazo!
—¡No exageres, no eres tan frágil!
—respondió ella riendo, girando en el aire antes de descender.
Tepeu, que los observaba desde la distancia, bufó un poco y volvió a su cueva.
No tenía que preocuparse demasiado por Tn y Kukulkan.
Hasta donde lograba ver, ambos eran bastante fuertes como para cuidarse solos.
Volviendo con Kukulkan y Tn, esta aterrizó justo en medio de un gran prado.
Tn cayó al suelo, rodando un poco antes de detenerse, y se quejó con un leve gruñido.
—Auch… siempre me sueltas así… —murmuró, sobándose el costado.
La peli verde sonreía, mostrando sus dientes afilados, divertida con la escena.
—¡Vamos, no seas quejumbroso!
Este lugar es perfecto, tenemos que jugar y explorar.
Tn la miró unos segundos, luego levantó la vista hacia el cielo, donde se distinguían a lo lejos las capas de los reinos, cada una con sus colores y misterios.
—Kuku… quizás deberíamos calmarnos un poco y volver.
Ya es tarde, y Tepeu seguro piensa que otra vez me estás arrastrando a tus locuras.
Ella lo miró fijamente, sus ojos brillando con un fulgor casi infantil.
Se inclinó hacia él, sonriendo con emoción.
—¿Volver?
¡Ni lo sueñes!
Tenemos todo el tiempo del mundo para divertirnos juntos.
Tn suspiró, sacudiéndose el polvo de encima mientras se levantaba con calma.
—Siempre dices lo mismo… pero bueno, supongo que si no te sigo me vas a arrastrar de nuevo.
Kukulkan soltó una risa cristalina, casi salvaje, y dio una vuelta en el aire.
—¡Exacto!
Ahora sí, vamos a ver qué encontramos.
Se veía un poco de la primera exploración seria de Kuku y Tn en ese prado.
Tn iba caminando detrás de ella, observando cada paso curioso que daba.
Kukulkan caminaba con los brazos detrás de su cabeza, relajada, como si el mundo entero le perteneciera.
El cabello largo le cubría todo el cuerpo por atrás, ondeando suavemente con la brisa.Su cabello aveces se mecia mas de lo debido, mostrando un trasero suave y piel pristina,unos muslos gruesos.
El frio de la selva ponia los pesones de su pecho algo duros.La tierra bajo sus pies no molestaba.
Ambos miraban los plantas que brillaban en el cielo lejano y los pequeños animales que paseaban por el lugar.
Tn pensaba que seguía siendo raro.
No sabía exactamente por qué Kukulkan se comportaba de forma tan particular.
Su mente apenas tenía días de haber despertado y, aun así, ya había aprendido de manera rápida el idioma y varias cosas gracias a Tepeu.
Le gustaban especialmente las frutas dulces, eso lo tenía claro.
Se distrajo en sus pensamientos cuando Kukulkan gritó al ver un pequeño ajolote en un río cercano.
—¡Mira, Tn, mira!
—exclamó emocionada, arrodillándose junto al agua clara—.
¡Qué cosita tan tierna!
El animalito movía sus branquias, curioso, mientras Kukulkan reía encantada, casi como una niña que descubre un tesoro.
Siguieron durante horas caminando por una selva espesa.
Insectos, lagartos, aves y criaturas extrañas poblaban el entorno.
Había tantas especies para ver que Tn apenas lograba asimilarlas todas.
Sin embargo, su atención se centró más en algunas flores.
Se detuvo al encontrar una plumeria, Nikté o cacaloxóchitl, con su cáliz verde resaltando los pétalos blancos y rosados.
También vio copales y cuajiotes, árboles de corteza fuerte.
Con cuidado, arrancó una de las flores y llamó a Kuku.
—Kuku… ven un momento.
—Su voz sonaba tímida, insegura.
Ella se giró, ladeando la cabeza con curiosidad, y se acercó flotando con gracia.
Tn, sin decir más, le colocó la flor a un lado de su cabello, justo sobre la oreja.
—Te queda bien… —murmuró con un leve rubor en el rostro.
Kukulkan parpadeó sorprendida, y luego una gran sonrisa se formó en su rostro.
—¿De verdad?
¿Te gusta cómo me veo?
Ojos de un esmeralda unico,Cabello multicolor que caia en cascada detras de ella,un cuerpo suave y delgado,sus dientes colmillos en fila.
Tn asintió despacio.
Antes de que pudiera reaccionar, ella lo abrazó de repente con tanta fuerza que casi lo tira al suelo.
—¡Gracias, Tn!
¡Eres el mejor!
—rio, apretándolo contra sí, sus ojos brillando de alegría.
Tn tambaleó un poco, tratando de mantener el equilibrio.
—K-Kuku… espera, me vas a… ¡ahogar!
—dijo entre risas nerviosas, aunque no parecía molesto.
Ella lo soltó apenas un instante, para luego mirarlo de frente.
—Cuando me das cosas bonitas… siento que quiero abrazarte siempre.
Tn la miró en silencio por un segundo, todavía con la flor adornando su cabello verde.
Luego desvió la vista hacia el cielo.
—…Creo que contigo nunca habrá días tranquilos.
Kukulkan rio otra vez, dando un giro en el aire.—¡Exacto!
¿Y acaso no es mejor así?
-Es mejor asi supongo-.
Respondio Tn apenas poniendole atencion a la chica,continuaron hasta que la Noche empesaba a mostrarse.
-*suspira* Aggghh que fastidio, tener que caminar de regreso….espera, podriamos ir volando asi seria mas rapido-.
kuku menciona que podrian llegar si volaban y Tn Miro sus pies.Volar.
lo intento un par de veces pero era raro,miro a kuku que flotaba y SE movia lentamente en el aire mientras ella se posaba en una postural abrazando sus rodillas mientras lo miraba.Su cabello parecia cubrirla,Tn suspiro y penso en las aves.
Ellas tenían alas para volar, entonces una pequeña idea fluyó en su cabeza.
Por más que Kukulkan le dijera que volar era como nadar, él no lograba captar esa explicación, así que utilizó algo más convencional.
Tn suspiró de nuevo y concentró mana; un torrente de energía azul brilló en su espalda y dos alas rotas de cristal se formaron, parecían dar un reflejo como el agua bajo la luz de la luna.Cristal se formaran,parecian dar un reflejo como el agua.
-!Wow!
Yo tambien quiero unas!-.
kukulkan se aimo gritando que se miraban genial y se pregunto si ella podria hacer lo mismo y concentro Energia pero solo arrojaban rafagas de energia nuclear que irradiaba.
Ella gimio desepcionada,no pudo hacer alas,pero Tn las miro un segundo,entonces comenzo a volar.
-Mhp esto es mas natural.
Ya estaba al lado de kuku y menciona que vuelvan con Tepeu y kuku sonrie mencionando que hagan una carrera.
—¡Sí!
¡Una carrera!
—gritó Kuku con emoción, flotando hacia adelante como una flecha.
—¿Carrera…?
—Tn suspiró, mirando sus alas recién formadas—.
Apenas estoy aprendiendo….
—¡Eso lo hace más divertido!
—rió ella, dándole un pequeño empujón en el aire y adelantándose varios metros.
El aire nocturno rozaba sus rostros mientras las estrellas ya comenzaban a brillar sobre el cielo profundo.
Tn batió las alas de cristal, que dejaban un rastro de chispas azules como fragmentos de agua cayendo.
Cada movimiento lo hacía sentir más ligero, más libre.
—Kuku… espera, ¡vas demasiado rápido!
—dijo jadeando mientras trataba de alcanzarla.
—¡El que pierda será el que cocine mañana!
—gritó ella entre risas, girando en espirales juguetonas.
Tn la observó rodar y reír en el aire, su cabello largo extendiéndose como un cometa verde.
Por un momento, casi olvidó volar y sus alas se desestabilizaron, haciéndolo descender bruscamente.
Recuperó el equilibrio a duras penas, volviendo a ascender.
Ella, acercándose para volar a su lado unos segundos, guiñándole un ojo antes de adelantarse otra vez.
Ambos cruzaban el cielo iluminado por la luna, dejando tras de sí un contraste extraño: las alas cristalinas de Tn brillando como agua líquida congelada, y el resplandor radiante de energía que irradiaba de Kuku, aun cuando no lograba formar alas.
La selva abajo parecía un océano oscuro con destellos de luciérnagas.
Tn respiró profundo y sonrió, sintiendo que por primera vez no estaba simplemente “siguiendo” a Kuku, sino volando junto a ella.
—Kuku… gracias.
Ella volteó de repente, sonriendo ampliamente.
—¿Eh?
¿Gracias por qué?
—Por no dejar que me quede en el suelo.
Kuku rio fuerte, acercándose para darle un pequeño cabezazo amistoso.
—¡Tonto!
No pienso dejarte nunca atrás.
Con esas palabras, ambos se elevaron más alto, las estrellas mirándolos como testigos de su primera verdadera carrera en el cielo.
.
.
.
Tepeu salió de la cueva con el ceño fruncido, murmurando en voz baja mientras sus pesados pasos resonaban sobre las piedras húmedas de la entrada.
—¿Dónde se habrán metido esos dos?
—gruñó, olfateando el aire como si pudiera rastrearlos con el instinto de su especie.
El silencio de la jungla fue roto de golpe por un estruendo.
El viejo reptil levantó la vista justo a tiempo para ver dos destellos en el cielo nocturno: uno verde, que brillaba como una estrella caída, y el otro azul, resplandeciendo con un fulgor más frío y sereno.
Ambos descendían en una trayectoria caótica, sin control alguno.
—¡Por las plumas de Itzamná!
—rugió Tepeu, apartándose a un lado antes de que el impacto lo arrastrara consigo.
Kukulkan se estrelló primero contra el suelo, levantando una nube de polvo y hojas que volaron en todas direcciones.
Gimió como una niña que se había raspado las rodillas, agitando su cabello mientras trataba de levantarse.
Apenas unos metros más allá, Tn aterrizó con un golpe seco, rodando por la tierra antes de quedarse tendido de espaldas, mirando el cielo con los ojos entrecerrados como si todo el universo acabara de girar en su contra.
-Aprender a volar es una cosa…….aterrizar es el detalle-.Logro quejarse mientras toda su cabeza le daba vueltas.
Ambos intentaron reincorporarse al mismo tiempo, sacudiéndose la tierra y el lodo que los cubría.
Kukulkan tenía ramitas enredadas en el cabello y Tn un ala doblada como si fuera un abanico maltrecho.
La escena habría sido divertida de no ser por el gruñido de desaprobación que salió de la garganta de Tepeu.
—Imprudentes… —resonó su voz grave, más parecida al eco de una tormenta que a una simple reprimenda—.
¿Acaso creen que el cielo es su campo de juegos?
Si hubieran caído un poco más cerca, habrían hecho un agujero en mi cueva.
Kukulkan bajó la cabeza como una niña atrapada robando fruta, mientras Tn evitaba mirarlo directamente.
Aun así, la dureza del viejo saurio duró apenas unos segundos.
Con un suspiro largo, sacudió la cola y se dio media vuelta.
—Vamos, entren antes de que anochezca por completo.
Ya está lista la cena.
Las palabras fueron todo lo que Kukulkan necesitaba escuchar.
Apenas Tepeu terminó de hablar, la joven serpiente emplumada alzó la cabeza con una sonrisa traviesa y salió corriendo, dejando tras de sí un torbellino de jade.
—¡Comidaaaa!
—gritó con una mezcla de júbilo y hambre desbordada.
Tn, algo adolorido aún, tardó unos segundos en reaccionar, pero terminó siguiéndola con una sonrisa resignada.
Al entrar en la cueva, lo primero que vio fue a Kukulkan ya sentada frente a la fogata, devorando sin piedad grandes mazorcas de maíz, como si quisiera tragarse toda la cosecha en una sola noche.
Sus mejillas se inflaban como las de un roedor y apenas si se daba tiempo de respirar entre mordisco y mordisco.
Tepeu soltó un largo resoplido, como si esa escena fuese demasiado habitual para él.
—No sé por qué me esfuerzo en servir la comida con cuidado, si al final esta criatura solo conoce la palabra engullir.
Tn, intentando disimular la risa, se sentó en un rincón más tranquilo.
Frente a él había una cesta llena de frutas de colores vibrantes: guayabas, mameyes y tunas que desprendían un aroma dulce.
Sin dudarlo, tomó una guayaba y empezó a comer despacio, disfrutando del jugo fresco que se deslizaba por sus labios.
A él nunca le atrajo demasiado el maíz, prefería lo suave, lo dulce… lo que llenaba sin la necesidad de devorarlo con desesperación.
Kukulkan lo observó de reojo mientras seguía atiborrándose de maíz.
Había algo en la forma tranquila de Tn de comer que le daba cierta envidia; ella simplemente no podía contenerse cuando el hambre la dominaba.
Tragó, respiró hondo y masculló con la boca aún medio llena—¡Tepeu cocina mejor cuando está de mal humor!
—dijo con una sonrisa amplia, mostrando granos amarillos pegados a sus dientes.
Tepeu giró los ojos, mientras Tn soltaba una carcajada suave y, por primera vez en toda la jornada, la cueva se llenó de una calidez hogareña que hacía olvidar lo accidentado del día.
Tn bostezó suavemente cuando Kukulkán terminó de comer y, sin darle oportunidad de reaccionar demasiado, la serpiente emplumada se arrojó junto a él con una sonrisa pícara, enredando su cuerpo alrededor del suyo y atrayéndolo a un abrazo cálido.
La diosa suspiró satisfecha, como si aquel contacto fuera lo único que necesitaba para descansar.
—No pienses que te dejaré escapar esta noche… —murmuró entre dientes, hundiendo el rostro contra su cuello, su voz amortiguada pero cargada de posesividad.
Tn solo soltó un resoplido cansado, con un leve rubor en las mejillas.
—No planeaba huir… al menos no ahora —respondió en voz baja, dejándose llevar por el cansancio.
A pocos pasos de ellos, Tepeu observaba la escena en silencio.
El brillo tenue de la fogata se reflejaba en sus ojos ancianos, que se suavizaron al contemplar a los dos dioses abrazados sobre el tapiz.
Una sonrisa melancólica cruzó su rostro.
“Hace tanto… tanto tiempo que no veía algo así”, pensó para sí mismo.
El recuerdo de la antigua humanidad lo golpeó con fuerza, imágenes fugaces de templos, ciudades y hombres que miraban al cielo con fe y temor.
Todo aquello había quedado atrás, devorado por la extinción, reemplazado por los rugidos de los grandes reptiles que ahora dominaban la tierra.
Suspiró, apoyando el peso de su lanza en el suelo, como si le costara más de lo que debería mantenerse erguido.
—Buenas noches… —dijo finalmente, en voz queda, dirigiéndose a ambos, aunque ya dormían abrazados en el tapiz.
El silencio de la selva envolvió el lugar poco a poco, roto solo por el lejano canto de los insectos y el rugido distante de alguna bestia nocturna.
La hoguera chisporroteaba suavemente, iluminando las plumas iridiscentes de energia verde que Kukulkán desprendian se movían al compás de su respiración, y el rostro sereno de Tn que, poco a poco, cedía al sueño.
Tepeu se sentó más allá, junto a una roca, y con los ojos entrecerrados murmuró para sí—Quizá los hombres no están del todo perdidos… no, mientras existan dioses que aún sepan soñar.
Con ese pensamiento, dejó que la pesadez de la noche lo envolviera, aunque sus sentidos seguían atentos, como siempre, vigilando a las criaturas que pudieran rondar.
El sueño de TnEsa noche, mientras Tn descansaba bajo la tenue luz de la hoguera en la cueva de Tepeu, el silencio lo arrastró al sueño profundo.
Pero pronto no hubo calma.
Visiones lo asaltaron, imágenes que no parecían suyas, recuerdos de una era en la que él nunca había vivido.
El mundo estaba envuelto en oscuridad.
No existía el sol, ni estrellas.
Solo cavernas ardientes y mares hirvientes.
En medio de esa penumbra, un reino se alzaba: Ka’an, una ciudad hecha de piedra volcánica, iluminada apenas por la luz rojiza de la lava.
En lo alto, sobre un crisol colosal, yacía un hombre murciélago: Camazotz.
Su piel negra y brillante como obsidiana, sus alas extendidas como un manto de sombra.
Alrededor, miles de humanos con túnicas de hilo vegetal se lanzaban al fuego, uno tras otro, arrojándose al abismo como lluvia de carne y huesos.
El calor los consumía, pero sus almas se fundían en el cuerpo de su rey.
El crisol hervía y del interior surgía la carne inmortal de Camazotz.
Tn sintió el peso de las voces, miles gritando al unísono.
—¡Por nuestro rey!
¡Por Ka’an!
¡Que la oscuridad no consuma nuestra memoria!
El murciélago abrió los ojos.
Sus pupilas brillaban en azul fosforescente.
—He recibido vuestra vida… ahora yo soy eterno.
La visión cambió.
Un rugido desgarró la tierra, y un titán se levantó entre las sombras: ORT, la araña colosal, sus ojos como soles negros.
La criatura comenzó a tejer telarañas que devoraban la roca misma, arrastrando todo a su paso,cristales verdes surgian de la tierra, irradiaban tanta energia nuclear que era toxica, nada podia soportar eso.
Camazotz se alzó en el aire, pero el titán lo superaba.
Sus garras apenas lograban arañar la coraza alienígena.
ORT lo aplastó contra el suelo, desgarrándole las alas.
Y entonces… un canto atravesó la oscuridad.
Del cielo vacío bajó una ave luminosa, resplandeciente como cristal líquido: el espíritu de Hermes.
Sus alas eran fuego azul y sus plumas se deshacían en chispas de energía.
El ave gritó con voz de trueno.
—¡Murciélago de Ka’an!
Si luchas solo, perecerás.
¡Pero conmigo podrás resistir!
Camazotz lo miró con desprecio, jadeando sangre.—¡No necesito tu luz maldito pajaro!
Yo soy el campeón eterno….
ORT rugió, acercándose, y la araña abrió sus mandíbulas para devorar al rey murciélago.
Entonces el ave descendió en un vuelo imposible y, con su pico de fuego, arrancó los ojos del monstruo alienígena.
La criatura se retorció, cegada, su tela se deshizo en fragmentos de oscuridad.
Camazotz, aunque furioso, aprovechó.
—¡Entonces distrae a la bestia, espíritu, y yo arrancaré su corazón!
El ave se lanzó en círculos, cegando y hostigando al titán.
Sus alas destellaban como ríos de cristal líquido, y cada golpe que daba quemaba la carne de la criatura.
Entre tanto, Camazotz abrió sus alas mutiladas y trepó sobre el lomo del coloso, hundiendo sus garras en la coraza hasta alcanzar el centro ardiente.
Con un rugido inhumano, arrancó el corazón de ORT, una esfera candente que latía como un sol moribundo.
Camazotz lo levantó al cielo y gritó—¡Este será el fuego de Mictlan!
¡El sol que mi pueblo jamás verá, pero que nunca dejará de arder!
El corazón ascendió, y el cielo de Mictlan se encendió con un sol anaranjado.
ORT cayó dormido nuevamente en las profundidades.
El ave de Hermes, herida y deshaciéndose en fragmentos de luz, se posó a un lado del murciélago.
—Nuestra victoria no es eterna… el día llegará en que la araña despierte de nuevo.
Y entonces, otro deberá cargar esta llama.
Camazotz lo miró con los ojos enrojecidos por la locura.
—Que así sea.
Yo no moriré jamás… pero si tu llama debe renacer, que sea en otro cuerpo.
Que sea en alguien que herede tu voluntad.
La visión se quebró.
Tn despertó sobresaltado, sudando frío.
Su respiración era agitada, y todavía veía en sus manos la brasa azul del ave.
Kukulkan dormía cerca, enroscada sus brazos y piernas lo sujetaban, y Tepeu roncaba en lo profundo de la cueva.
Pero el eco de la voz del ave aún resonaba en su mente.
“La llama no murió… sigue viva.”.
__________________________________________ (Y bueno….kuku no es yandere a la primera asi que sera poco a poco 7w7 tenemos un par de décadas antes de que el rey dinosaurio sea escogido o que el inutil de tezca aparezca).
y wow mas de cien capitulos ininterrumpidos del fic…….que barbaro soy 7w7 aunque el lado derecho del cerebro ya duele XD en fin que les parece.
por cierto les gustaría mas fics yandere de tn o un oc.
Y para los que leen el fic de rwby tales sepan que ya casi tengo otro capitulo actualizado y será ESENCIAL.
siguiente en llegar.
blake parte 3.
yanagi parte 2.
renner overlord parte 1.
stelle parte 1.
gilgamesh fem parte 1.
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