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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 143

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  4. Capítulo 143 - 143 Blake Belladonna part 3 rwby
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143: Blake Belladonna part 3 rwby 143: Blake Belladonna part 3 rwby Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_______________________________________________________________________ Moverse a la velocidad que iba Tn era una proeza que superaba a muchos cazadores.

Su clase de Jinete le daba una ventaja poco común: podía recorrer enormes distancias sin necesidad de estar pegado a su contratista, Blake.

La misión que le había asignado Sienna Khan era clara: llegar a un muelle e interceptar al escuadrón del Colmillo Blanco.

En aquel muelle, el motivo del escuadrón era simple: intercambiar suministros con los secuaces de Roman Torchwick.

El hombre, con su eterno cigarro y sonrisa socarrona, pretendía formalizar una alianza con los faunos.

A su lado estaba su enigmática acompañante, Neopolitan, una mujer pequeña de estatura que portaba su sombrilla como si fuese una espada envainada, observando en silencio los movimientos de Roman.

Pero la situación no era tan estable como parecía.

Roman, con sus habituales tretas, intentaba cobrar más de lo acordado por sus servicios.

Los faunos, indignados, comenzaron a murmurar entre sí, y el líder del escuadrón gruñó con furia ante la insolencia.

Retirarse parecía lo más sensato, pero estaban rodeados de maleantes de Roman, y el aire olía a conflicto.

Fue entonces cuando una nueva presencia se hizo sentir.

—¿Y ahora qué?

—murmuró Roman, mirando de reojo hacia el muelle, donde una figura se acercaba con paso firme.

Tn había llegado, caminando con la calma de un soldado en territorio enemigo, ajustando su gorra con un gesto casi solemne.

Sus botas resonaban contra la madera del muelle, y su sola aura hizo que tanto faunos como mafiosos bajaran el tono de sus discusiones.

Ver a los compatriotas faunos de Blake siendo rodeados por un grupo que parecía sacado de una mafia…

no era una visión aceptable para él.

Roman alzó una ceja, con su típica confianza.

—¿Y tú quién demonios eres?

—preguntó, entre curioso y molesto.

Luego, esbozó una media sonrisa mientras lo evaluaba de arriba abajo—.

Aunque…

debo decir que me gusta tu estilo.

El sombrero, el uniforme…

sublime.

Neopolitan, sin embargo, rodó los ojos y negó con la cabeza, como si ya conociera el patrón de su socio de encontrarle “clase” hasta al enemigo.

Tn se detuvo a pocos metros.

Su mirada era fría, esperando.

Y al posar los ojos sobre Roman, dejó escapar un comentario seco y despectivo—No soy gey.

El ambiente se tensó de inmediato.

Neo soltó una risita apenas audible, divertida por el golpe bajo, mientras Roman se encogió de hombros con un bufido.

No era la primera vez que su maquillaje le causaba ese tipo de comentarios.

Tn giró la cabeza hacia los faunos, que todavía lo miraban con recelo.

Algunos incluso gruñeron al verlo tan confiado.

Pero él levantó la voz con calma, sin necesidad de gritar, asegurándose de que todos lo escucharan:.

—Vengo en nombre de Sienna Khan.

El líder del escuadrón abrió los ojos sorprendido.

Roman, por su parte, chasqueó la lengua.

—¿Sienna, eh?

—su tono cargado de cinismo se quebró un poco al oír ese nombre—.

Entonces esto se volvió interesante.

—Si quieres seguir con este contrato —continuó Tn, caminando lentamente mientras su mano se deslizaba hacia el arma a su costado—.

Deja ir al escuadrón.

Con un movimiento casi imperceptible, desenfundó su Luger alemana.

El metal relució bajo la luz del muelle, y aunque ninguno de los presentes reconoció aquel diseño extraño y anacrónico, todos comprendieron de inmediato qué clase de arma era: una pistola.

El silencio se volvió pesado.

Los mafiosos tensaron los músculos, Neo inclinó apenas su sombrilla como un acto reflejo, y Roman…

Roman solo sonrió con esa sonrisa que nunca mostraba miedo, aunque sus ojos evaluaban al recién llegado con creciente interés.

—Vaya, vaya…

—susurró el criminal, dejando caer su cigarro al suelo y aplastándolo con la punta del zapato—.

Parece que esta noche acaba de mejorar.

Y en ese instante, todos supieron que las próximas palabras, o la próxima chispa, decidirían si el muelle se teñiría de sangre.

Tn contó lentamente cada uno de los mafiosos.

Al menos veinte.

Su Luger podía disparar ocho tiros antes de recargar, y aunque su habilidad superaba con creces a cualquiera de esos matones, los números eran una molestia.

A eso había que añadir los cinco faunos del escuadrón: debía asegurarse de que volvieran con vida, pues la misión que Sienna le encomendó no admitía errores.

Roman estaba a punto de hablar, con esa sonrisita irónica que siempre lo acompañaba, cuando de repente un frío metal se posó en su garganta.

El cañón de la Luger presionaba con firmeza bajo su barbilla, y lo más aterrador no era la cercanía, sino la sensación: su Aura no reaccionaba.

El arma estaba anulando la protección espiritual que lo mantenía con vida en cualquier enfrentamiento.

Los ojos de Roman se encogieron mientras tragaba saliva con dificultad.

Esa no era una amenaza vacía.

Si el desconocido apretaba el gatillo, moriría allí mismo.

Neopolitan, hasta ese momento relajada, tensó los músculos.

Su mirada se volvió seria, helada, y su sombrilla se alzó como una cuchilla apuntando directamente al corazón de Tn.

Su brazo temblaba, no de miedo, sino de una rabia contenida: nadie ponía a Roman en esa posición sin consecuencias.

Los demás mafiosos reaccionaron al instante, apuntando sus armas hacia Tn, rodeándolo como un enjambre listo para disparar.

El ambiente se cargó de electricidad, la tensión era casi insoportable.

Pero Tn no parpadeó.

Su voz fue baja, dura y sin emoción—Pueden irse… o puedo acabar con todos aquí.

El cañón de la Luger se hundió apenas un poco más en el cuello de Roman, como si reforzara la seriedad de sus palabras.

Roman dejó escapar una risa nerviosa, forzada.

Sus ojos se movieron de lado a lado, calculando, como si tratara de comprender qué clase de monstruo tenía delante.

—Heh… —soltó entre dientes—.

No pareces estar bromeando… pero dime… ¿qué hace un humano metido con los faunos?

Y si escuché bien… ¿Sienna Khan te envió?

Eso sí que es nuevo.

La risa se quebró en un suspiro.

Roman no confiaba en lo que oía, pero tampoco podía ignorar que la pistola contra su cuello anulaba lo que él creía inviolable: su Aura.

Tn, mientras tanto, meditaba con la calma de un estratega.

Podría barrer con esas tropas en un instante, eso lo sabía.

Podía convertir el muelle en un baño de sangre y garantizar que los faunos regresaran sanos.

Pero… el costo era claro: cada bala, cada maniobra, drenaría el mana (aura) de Blake.

Si usaba su Noble Phantasm, incluso una sola ráfaga, su joven Master podría colapsar en cuestión de segundos.

Y había otro problema.

Nada le aseguraba que esos faunos, una vez a salvo, no intentaran manipular a Blake para usarlo a su favor, o peor aún, traicionarla.

El Colmillo Blanco era una organización, no un ejército disciplinado, y la política interna podía volverse peligrosa.

Más aún: si había sido convocado a este mundo, ¿qué le aseguraba que otros Servants no habían sido invocados también?

Eso significaba que una guerra oculta podía estar gestándose, una que ni Blake ni los faunos sospechaban.

Roman, con la pistola aún en su cuello, esperó la decisión de Tn.

Neo, con su sombrilla temblando por la rabia, estaba a segundos de atacar.

Los mafiosos respiraban agitados, nerviosos pero listos.

Y Tn… con sus opciones claras, sabía que una sola palabra suya inclinaría la balanza hacia la diplomacia… o la masacre.

Tn suspiró, y el retroceso del martillo de la Luger hizo un sonido metálico, seco, que resonó más fuerte que cualquier grito en aquel muelle.

Roman sintió un nuevo escalofrío recorrerle la espalda; el sudor frío le empapaba la nuca.

Neopolitan tensó aún más su brazo, su sombrilla temblando mientras buscaba una apertura, pero el gatillo estaba ya demasiado cerca de disparar.

No era tonta: no había forma de mover un músculo sin que la bala le atravesara el cuello a Roman.

—Calma… o descontrol.

Ustedes eligen.

—repitió Tn con esa voz grave, casi militar, que no dejaba espacio para las dudas.

Los faunos intercambiaron miradas entre sí, desconcertados.

¿Ese hombre estaba realmente amenazando a Roman Torchwick?

El criminal más buscado de Vale, el mismo que todos temían por sus conexiones con el mercado negro y por su despiadada forma de manejar el contrabando de Dust.

Roman, con la sonrisa borrada, levantó apenas una mano en un gesto de paz.

—Muy bien… muy bien… —tragó saliva, forzando serenidad—.

Quizá podamos hablar de manera más pacífica, ¿no lo crees?

El líder fauno gruñó, dando un paso al frente, la tensión visible en sus colmillos apretados.—¿Pacífico?

¡Primero intentaste extorsionarnos para que nos uniéramos a ti!

¡Tu “trato” era una trampa!

Roman tragó de nuevo, nervioso, sin apartar la garganta del cañón que lo mantenía a un paso de la muerte.—Cierto… cierto… admito que los términos eran… complicados.

—su voz tembló un poco—.

Pero quizá podríamos… cambiarlos.

Sí, cambiar los términos del contrato.

Tn giró apenas los ojos hacia Neopolitan.

La pequeña criminal no parpadeó; su mirada era dura, calculadora, un intento desesperado de encontrar alguna grieta en el monstruo que tenían delante.Pero fue en ese instante cuando ambos comprendieron algo: ella lo estudió, y él le permitió hacerlo.

Y en ese silencio compartido, llegó el entendimiento.

Neo podía estar loca, sádica, incluso desquiciada.

Su vida había sido un espectáculo de violencia y dolor.

Pero lo que vio en los ojos de Tn era distinto: no era el descontrol de un criminal común, ni la violencia teatral de un mafioso.

Lo que vio fue disciplina, la de alguien que había convertido la matanza en un deber, en una maquinaria de guerra.

Y ese tipo de monstruo no negociaba… cumplía.

Tn apretó apenas el gatillo, no lo suficiente para disparar, pero sí para que el clic del metal helara la sangre de todos los presentes.—Podemos irnos.

—su voz fue un veredicto—.

Y luego volveremos para organizar los acuerdos que tengan pendientes.

Bajo mis condiciones.

Roman sintió que las rodillas casi le temblaban.

No era miedo común; era el instinto de alguien que sabía que, por primera vez en mucho tiempo, estaba completamente en manos de otro.—D-de acuerdo… —balbuceó, forzando una sonrisa que no convencía a nadie—.

Esperaremos.

Que Sienna nos dé su visto bueno… sí, eso suena justo.

El líder fauno gruñó de nuevo, pero se contuvo.

Tn acababa de cambiar la balanza de poder en esa negociación.

Y todos lo sabían.

Tn bajó lentamente su arma, el cañón aún humeante por el calor acumulado de la tensión, mientras los faunos se colocaban tras él como si instintivamente reconocieran en su porte la figura de un comandante.

Los mafiosos, en cambio, se reagruparon alrededor de Roman, quien se sobaba el cuello con fastidio, mirando de reojo a Tn con una mezcla de odio y precaución.

Neopolitan no apartaba los ojos de él, su semblante rígido como una máscara; el enojo seguía ardiendo en su mirada, pero por debajo, aún más oculto, había un destello de cautela.

—Vuelvan a su avión.

—ordenó Tn, con voz seca—.

Esperen a que Sienna decida qué hacer con ustedes.

Roman chasqueó la lengua, resentido, pero no replicó.

Sabía perfectamente que ese “humano” no era alguien a quien le convenía provocar dos veces.

Se limitó a asentir, aunque con una sonrisa torcida que no alcanzó a esconder su rencor.

—Claro, claro… lo que la dama quiera.

—masculló con sarcasmo.

Ambos grupos se separaron, cada cual por su lado, mientras Tn ajustaba su sombrero con un movimiento lento.

Los faunos, aún tensos, aprovecharon para acercarse a él.

Uno de los soldados con máscara improvisada rompió el silencio—¿De verdad… un humano fue enviado por Sienna?

—su tono era mitad incredulidad, mitad desconfianza.

Tn los miró, sus ojos brillando con una calma que resultaba incómoda.

—Soy un partidario de su causa.

—respondió, sin vacilar.

Los faunos se miraron entre sí, el recelo latente en sus gestos.

Para ellos, un humano leal a los faunos era una contradicción.

Y sin embargo, las palabras de Tn llevaban un peso extraño, casi magnético.

El carisma de nivel B, esa habilidad que lo convertía en alguien imposible de ignorar, suavizó el filo de sus dudas.

No lo entendían del todo, pero algo en su voz y en su porte disipaba la hostilidad, dejándolos más tranquilos de lo que habrían esperado.

Caminaron en silencio, rumbo de regreso a la base del Colmillo Blanco.

Los faunos no podían evitar notar el paso firme y disciplinado de Tn: no era un andar cualquiera, no era el de un mercenario ni el de un matón.

Era el de un hombre entrenado en filas, marcado por la rigidez y la confianza de alguien que había liderado tropas antes.

Su uniforme, sin embargo, los desconcertaba más aún.

Demasiado detallado para ser una simple prenda, demasiado solemne para un traje de combate corriente.

Y su arma….

El líder del escuadrón lo miró con cuidado.Aquel objeto metálico en la mano de Tn parecía sencillo, demasiado sencillo.

No tenía las piezas visibles de las armas modernas, ni la energía de la tecnología basada en Dust.

Y aun así, con ella había puesto de rodillas a Roman Torchwick, un criminal cuyo aura y astucia eran reconocidas incluso entre cazadores.

—No debería ser posible… —murmuró uno de los faunos, apenas audible para sus compañeros.—¿Qué cosa?

—preguntó otro.

—El aura.

Desde esa distancia, Roman pudo haber resistido… ¿o acaso… era un cobarde?

—la voz del fauno temblaba de confusión.

Nadie respondió.

Solo especulaban.

Pero todos lo sabían en su interior: ese “humano” no era un simple aliado.

Había algo más en él, algo que escapaba a su entendimiento.

Y mientras volvían al paso lento hacia la base, las botas de Tn golpeaban el suelo con el ritmo marcado de un tambor de guerra.

.

.

.

Sienna en su despacho estaba recostada sobre el sillón, la penumbra de la base iluminada apenas por las lámparas viejas de neón le daba un aire lúgubre a sus pensamientos.

Su garra metálica repiqueteaba con insistencia contra la mesa de hierro mientras meditaba en silencio.

Ese humano… apareció de repente, sin anuncio, sin invitación, ofreciendo su “alianza” como si una sola persona pudiera cambiar el rumbo de toda una causa que llevaba años arrastrando sangre, sudor y odio.

Casi había reído en su rostro.

El Colmillo Blanco no necesitaba de los caprichos de un hombre para sobrevivir.

Y sin embargo, aquí estaba, considerando sus palabras.

La razón era simple: astucia.

Ese extraño humano había demostrado algo que pocos mostraban ante ella: osadía y frialdad calculadora.

La mayoría temblaba ante la sola presencia de Sienna Khan, pero él… no.

Lo observó con cuidado, sus ojos felinos buscando alguna grieta en su confianza, pero solo encontró una serenidad peligrosa.

Sienna no confiaba en humanos, mucho menos en uno que pretendiera “cooperar” como si fueran iguales.

Pero había algo en él que la intrigaba lo suficiente como para no matarlo allí mismo.

Al final, había cedido.

Lo suficiente, al menos, como para permitir que se tejiera esa red.

Por eso mismo envió un escuadrón de faunos a reunirse con Roman Torchwick, un nombre que flotaba en rumores de baja estofa en los callejones de Mistral y Vale.

Un traficante, un ladrón, un charlatán… pero uno con conexiones en Atlas, y sobre todo, con acceso a lo que ellos necesitaban: armas, tecnología, Dust.

Nadie en Remnant vendería polvo a faunos rebeldes.

Nadie con algo de cerebro se arriesgaría a tenerlos como clientes.

Y cada robo que realizaban solo empeoraba la imagen pública del Colmillo, hundiéndolos más en esa categoría de “terroristas” que tanto odiaba.

Sienna entrecerró los ojos y apoyó la frente en su mano.

Era una humillación, de algún modo.

Tener que depender de un criminal humano, bailar en su juego a cambio de suministros, aceptar sus trabajos y sus condiciones.

No le agradaba en absoluto.

Pero también sabía que las revoluciones no se ganaban solo con ideales.

Se necesitaban armas, recursos, aliados.

Si Torchwick cumplía lo prometido, si ese misterioso humano que había aparecido de la nada resultaba ser tan útil como parecía, entonces la balanza podría inclinarse un poco más a favor del Colmillo Blanco.

—Un juego sucio, pero necesario —murmuró Sienna, dejando que el peso de la decisión se quedara en el aire como humo venenoso.

La puerta de la sala se abrió suavemente.

Uno de sus tenientes se inclinó y habló—Los hombres ya partieron.

Si todo sale como planeamos, Torchwick se reunirá con ellos esta misma noche.

Sienna no respondió de inmediato.

Observó las sombras en las paredes, como si buscara en ellas un presagio.

Entonces, con un suspiro lento, replicó—Que se aseguren de dejar en claro que no somos sus perros.

Si vamos a trabajar con él, será como iguales… aunque a ese tipo de hombres les encante creerse dueños de todos los que les rodean.

El teniente asintió y se retiró.

La líder del Colmillo Blanco volvió a quedar sola, con el zumbido de las lámparas y el eco de sus propios pensamientos.

Algo le decía que aquel acuerdo con Roman Torchwick sería un punto de no retorno.

…

Blake estaba sola en aquella sección apartada de la base, rodeada por cajas de polvo mal apiladas y viejas banderas del Colmillo Blanco colgando como recuerdos marchitos de una causa que había perdido rumbo.

El enlace mental que compartía con Tn vibró en su mente, una voz firme y disciplinada que rompió el silencio para notificarle que las negociaciones habían salido… un poco bien.

No era la victoria total, pero sí un avance.

De hecho, Tn llegó a declarar que el plan había dado su primer paso en la dirección correcta.

Blake dejó escapar un suspiro suave, apoyándose en una baranda metálica y dejando que su mirada se perdiera en las sombras de la sala.

—Podemos avanzar lento… —murmuró—.

Yo planearé desde las sombras, poco a poco.

Si quiero un cambio real, debo empezar aquí mismo… cambiar al Colmillo Blanco desde dentro, hacer que abandonen la violencia, que vuelvan al camino que mi padre soñó alguna vez.

Del otro lado del vínculo, Tn soltó un suspiro grave, el sonido de alguien que había visto demasiadas guerras.

—El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones, maestra.

No todos podrán seguir la senda de la no violencia.

Habrá quienes se opongan, quienes prefieran el derramamiento de sangre a la paciencia de una reforma.

Blake bajó la mirada, apretando con fuerza su propio brazo.

Lo sabía.

Cada palabra era cierta, y aunque le dolía admitirlo, llegaría un día en que tendría que manchar sus manos más de lo que estaba dispuesta.—Lo sé —respondió con voz baja, cargada de una firmeza melancólica—.

Y… cruzaré ese puente cuando llegue la hora.

Con esa promesa, le pidió a Tn que descansara, al menos un momento, tras la misión.

El vínculo se cerró lentamente, desvaneciéndose como un eco en su pecho, pero no sin antes dejar una sensación cálida.

La voz de Tn, incluso en lo frío de la disciplina, la reconfortaba de una manera que Blake no esperaba.

Sus ojos bajaron hacia su mano izquierda.

Allí estaban los sellos de comando, tres marcas carmesí que pulsaban débilmente con energía arcana.

Extendió los dedos y los acarició suavemente con la otra mano, como si fueran una joya o un tesoro íntimo.

Una sonrisa tenue curvó sus labios al pensarlo: al fin, tenía una manera de ayudar a su gente.

Ella sola no tenía el poder suficiente.

Ni con años de entrenamiento, ni con la fuerza de su semblanza.

Su sueño siempre parecía quedar lejano… hasta ahora.

Con Tn a su lado, con ese lazo que unía maestro y sirviente, Blake ya no estaba sola.

En ese instante, por primera vez en mucho tiempo, se permitió creer que la esperanza no era un sueño vacío.

_______________________________.

………Que cansado seguir el paso…….pero al menos hay votos……..a quien engaño solo vienen pocos para ver a sus viejas o a ver si hago suculencia…….no es como si las tramas que hiciera fueran tan novedosas cuando un cabrón con un fic de un jodido sistema chino de poder que ni siquiera invento o hizo el, gana una cantidad insana de vistas, pero bueno toca seguir.

_______________________ siguiente en llegar.

yanagi parte 2.

renner overlord parte 1.

stelle parte 1.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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