Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Waifu yandere(Collection) - Capítulo 147

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Waifu yandere(Collection)
  4. Capítulo 147 - 147 Gilgamesh fem fgo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

147: Gilgamesh fem fgo 147: Gilgamesh fem fgo Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_________________.

Hace mucho tiempo, cuando las primeras civilizaciones humanas aprendían a levantar templos de barro y a escribir sobre tablillas de arcilla, la diosa Ninsun, sabia entre las sabias, se unió al rey mortal Lugalbanda.

De aquella unión nació un ser único, mitad divina, mitad humana: Gilgamesh.(Nt;se que sera fem Gilgamesh, pero que hueva tener que pensar en un nombre tan elaborado…….).

Una niña de cabellos largos como hilos de oro puro y ojos rojos como el rubí ardiente del desierto.

Desde pequeña fue prodigio entre los suyos: recitaba poemas con voz melodiosa, aprendía las tablillas de los escribas con solo mirarlas, bailaba con gracia frente a las sacerdotisas y cantaba himnos que parecían arrullar a los dioses mismos.

Uruk prosperaba bajo la sombra de su futuro esplendor.

El pueblo veía en ella no solo una heredera, sino un símbolo vivo de bendición.

Un día, mientras Gilgamesh paseaba por los jardines sagrados de Uruk, los rayos del sol se tornaron más brillantes de lo habitual.

Las flores se abrieron de golpe, y el aire se llenó de un calor reverente.

Era la presencia del dios Shamash (Utu para los sumerios), señor del Sol, la Justicia y el Orden.

Delante de la joven semidiosa apareció una figura tallada con resplandores minerales: piel que parecía hecha de mármol pulido y jade, venas como hilos de lapislázuli y ojos de un cristal dorado.

Una obra de arte viviente.

Shamash habló con voz profunda.

—Gilgamesh, hija de Ninsun y de Lugalbanda, tu bondad es vasta como los campos de Uruk, y tu espíritu es justo como mis rayos.

He visto en ti un corazón que ansía compañía verdadera.

Por ello, he creado a partir de las joyas de la tierra un ser único.

Su nombre será Tn.

Él será tu compañero más fiel, tu espejo y tu semejanza.

La niña abrió los ojos de par en par.

Por primera vez, sintió que alguien frente a ella no era súbdito, ni servidor, ni tutor.

Era un igual.

Gilgamesh sonrió radiante y, juntando las manos como si abrazara el propio sol, exclamó.

—¡Es hermoso!

¡Gracias,Lord Shamash!

Lo cuidaré mejor que a mí misma.

No será solo mi compañero… será mi mejor amigo.

Shamash asintió satisfecho y, con un destello, se desvaneció en el horizonte.

El recién creado Tn parpadeó lentamente, como si despertara al mundo por primera vez.

Sus ojos dorados se fijaron en la niña, y por un instante pareció no saber qué hacer.

Gilgamesh dio un paso adelante, levantó un dedo y lo señaló con alegría infantil.

—¡Lo primero que haremos será jugar!

—dijo con decisión.

Tn ladeó la cabeza, curioso.

Su voz era suave, como el eco de piedras al caer en un río:.

—¿Jugar?

No entiendo… ¿qué significa?

Gilgamesh rió, acercándose a tomar su mano brillante.

—Significa que a partir de hoy ya no estaré sola.

Ven, Tn.

Te enseñaré a correr, a reír, a mirar el cielo.

Y cuando canses, cantaremos hasta que la luna aparezca.

Los dos corrieron entonces por los jardines de Uruk, una semidiosa de ojos rojos y un ser hecho de gemas vivientes.

Aquel día, entre risas y pasos ligeros, nació el primer vínculo que marcaría toda la eternidad de Gilgamesh.

Era un regalo…….

Un regalo.

El dios del Sol había dado un regalo.

Creía que era justo, creía que aquello alegraría a la joven semidiosa… y no se equivocó.

Desde lo alto del cielo, Shamash observaba a su creación convivir con la princesa de Uruk: el ser hecho de minerales, resplandeciente y curioso, caminaba junto a Gilgamesh como si ambos hubiesen nacido el mismo día.

Las carcajadas de la niña llegaban hasta las nubes, y Tn —todavía aprendiendo lo que significaba ser humano— respondía con torpes gestos, pero siempre con una mirada brillante, como si cada instante junto a ella fuera un tesoro.

Shamash, viendo esto, meditaba en silencio.

Recordó cómo lo había formado.

El diseño de Tn no nació de un impulso repentino, sino de un propósito largamente concebido.

El dios había ascendido a la cima de una montaña bañada por su propia luz, donde los hombres jamás habían puesto un pie.

Allí, con manos divinas, comenzó a excavar la entraña de la tierra hasta hallar los minerales más puros: oro, turquesa, lapislázuli, ónix, cristal de roca.

Los fundió en el crisol de su poder solar, y mientras la lava ardía, empezó a tallar la figura de un ser humano.

Paciente, moldeó hombros firmes, manos suaves, un rostro sereno.

Los cabellos los forjó con hilos de plata y las venas con vetas de zafiro.

Cuando el cuerpo estuvo listo, aún faltaba lo más importante: la chispa de la vida.

Para ello pidió ayuda a la madre de todos, la gran Ninhursag, diosa de la creación y de las montañas fértiles.

Ella le entregó un corazón de jade, verde como los campos que florecen tras la lluvia, y Shamash lo colocó en el pecho de la escultura.

Con un rayo de sol lo selló, y así nació Tn, mitad joya, mitad carne, una creacion tan pura como la primera humanidad.

Ahora, ese ser corría junto a la niña semidiosa por los jardines de Uruk.

Shamash sabía que había hecho bien.

Gilgamesh había tomado a Tn de la mano desde el primer instante y le había enseñado lo que significaba vivir como humano.

—Mira, Tn —decía un día en la plaza, levantando una jarra de agua fresca—.

Esto es lo que beben los hombres cuando tienen sed.

¡Prueba!

Tn la observaba, titubeante, y al beber apenas unas gotas, sus ojos brillaban como si hubiese descubierto un secreto de los dioses.

Otro día, Gilgamesh lo llevó al mercado, rodeado de voces, perfumes y música.

—Estas son las frutas de mi pueblo —explicó ella con una sonrisa orgullosa—.

¡Son dulces como la miel!

Le dio un dátil, y Tn, al probarlo, la miró con una sonrisa tímida, como si ese pequeño sabor fuese la mayor maravilla del mundo.

Por las noches, mientras el viento soplaba sobre las murallas de Uruk, Gilgamesh lo arrastraba a las terrazas del palacio.

—¿Ves las estrellas?

—preguntaba señalando el cielo—.

Algún día las alcanzaré, y cuando lo haga… tú estarás conmigo.

Tn solo la miraba en silencio, pero en sus ojos de cristal dorado había algo inmutable: una devoción que ni siquiera los dioses podían quebrantar.

Y así, los días de la infancia de la Reina de Uruk estuvieron teñidos de risa, de enseñanza y de una amistad que pronto se tornaría en un lazo mucho más profundo, más ardiente… el primer amor que jamás se apagaría.

Era tan delirante todo esto.

Irreal, desconocido incluso.

Los días en Uruk se sucedían como las notas de una canción interminable.La niña de cabellos dorados, la promesa de la ciudad, se levantaba cada mañana con el sol bañando su rostro, y jamás lo hacía sola.

Junto a ella, siempre estaba Tn, su compañero quien parecía descubrir el mundo a través de los ojos de Gilgamesh.

A los ojos del pueblo, la imagen era como un presagio bendito: la futura reina paseando tomada de la mano con un ser que brillaba bajo la luz del sol como una estatua viva.

Los niños los seguían riendo, y los ancianos murmuraban oraciones a los dioses, agradeciendo tan extraño milagro.

Un día, Gilgamesh lo arrastró hasta el río Éufrates.

La corriente brillaba bajo el sol, y la joven semidiosa se quitó las sandalias, metiendo los pies en el agua.

—¡Ven, Tn!

—lo llamó con entusiasmo infantil—.

El agua está fresca, WAHAHAHAHA se siente maravillosa~.

El muchacho de jade la observó dudoso.—Si entro… ¿me romperé?

—preguntó con inocencia, tocándose el pecho.

Gilgamesh soltó una carcajada clara.—¡Claro que no!

El río no puede con nosotros.

¡Vamos!

Lo tomó de la mano y lo obligó a entrar.

Tn vaciló, pero cuando el agua rodeó sus pies, nada sucedió.

Al contrario: el reflejo del sol en el agua hacía que su piel brillara aún más, como si el río lo celebrara.

—¿Ves?

—dijo Gilgamesh con orgullo—.

Eres más fuerte de lo que crees.

Tn la miró por un largo momento, y asintió con una sonrisa torpe pero cálida.

Otro día, en el mercado de Uruk, Gilgamesh jugaba a esconderse entre las multitudes.

Los comerciantes la saludaban reverentes, pero ella solo reía mientras corría entre cestas de frutas y telas coloridas.

Tn la perseguía con pasos torpes, su cuerpo reluciente atrayendo las miradas curiosas de los ciudadanos.

—¡Aquí estoy!

—gritó ella desde detrás de un puesto de granadas.

Tn llegó jadeante (aunque su pecho de jade no necesitaba respirar) y la encontró.

Gilgamesh le puso una fruta en la mano.

—Prueba, verás que es dulce.

Él la miró inseguro.—¿Y si no me gusta?

—Entonces te daré otra —dijo ella con firmeza, como si ya tuviera todas las respuestas.

Tn mordió la fruta, y el jugo escarlata le manchó los labios.

Sus ojos dorados se iluminaron.

—Es… dulce y miel a la vez.Me gusta *nham*.

Gilgamesh rió con gusto.—¡Exacto!

Eso es vivir, Tn.

Sentir cosas nuevas.

En las noches, la semidiosa arrastraba a Tn hasta los techos del palacio.

El viento fresco agitaba su cabello dorado, y las estrellas se extendían sobre ellos como un manto eterno.

—¿Las ves?

—dijo señalando las constelaciones—.

Esos son los dioses vigilando.

Algún día, yo también estaré allá arriba.

—¿Arriba?

—repitió Tn, inclinando la cabeza—.

¿Quieres irte?

Gilgamesh lo miró de reojo, con una sonrisa misteriosa.—No quiero irme… quiero que me recuerden como alguien que tocó el cielo.

Tocar tan alto el cielo.

Tn la observó en silencio.

Sus labios se movieron apenas, como si dudara en hablar.—Si subes… ¿me llevarás contigo?

La semidiosa se giró de golpe, y con la determinación de una reina ya formada le tomó ambas manos.—¡Claro que sí!

Tú eres mío, Tn.

Nadie podrá separarnos.

Él parpadeó sorprendido, y una calidez desconocida creció en su pecho de jade.—Entonces… siempre estaré contigo.

Una promesa como esa era delirante.

Los años de infancia continuaron así, llenos de risas, juegos y descubrimientos.

Gilgamesh enseñaba, Tn aprendía.

Gilgamesh soñaba, Tn escuchaba.

Y entre ambos crecía un lazo que no se parecía a la simple amistad, ni al amor común de los hombres.

Era un destino compartido, una unión que ni siquiera los dioses podían ignorar.

Shamash, desde lo alto, lo sabía bien:Había creado un compañero.

Pero lo que veía ahora no era solo amistad.Lo que estaba naciendo en los jardines de Uruk… era el germen de un amor eterno.

.

.

.

En una ocasión, Gilgamesh fue llamada al salón de las cortesanas de su padre.

Era el día de un gran ceremonial en honor a los dioses, y luego se celebraría un banquete donde asistirían nobles, sacerdotes y guerreros de Uruk.

Las mujeres de la corte la rodearon, colocando sobre sus hombros telas finas de seda teñidas en rojo y oro, perfumándola con aceites de loto y adornando su cabello con cintas trenzadas.

La joven semidiosa, sentada en un banco de marfil, suspiraba con fastidio.

—Otra vez lo mismo… —murmuró, cerrando los ojos—.

Cánticos interminables, plegarias hipócritas, sonrisas falsas.

Era molesto, preferiria ir de cazeria.

Una buena gazela.

Una de las cortesanas la reprendió con voz suave—Princesa, debe lucir como corresponde a la hija de Lady Ninsun y Lord Lugalbanda.

Uruk espera que brille como estrella en la tierra.

Gilgamesh sonrió con ironía.

—Brillaré, sí… pero no con estos velos ridículos.

Lo cierto era que su estilo personal siempre había sido muy distinto.

Cuando podía elegir, usaba pantalones cortados que mostraban sus muslos firmes, un top ajustado que revelaba las marcas rojas de su linaje divino en la piel, y mantenía su cabello corto, libre, como símbolo de rebeldía.

Pero el protocolo exigía otra cosa: telas pesadas, joyas ostentosas y el cabello largo hasta la cintura.

Aún así, mientras la vestían, encontró un consuelo.

Pensó en Tn.

Él estaría allí, entre la multitud, mirándola con esos ojos dorados que siempre parecían comprenderla mejor que nadie.

Una sonrisa traviesa asomó en sus labios.—Al menos… si me aburro, podré burlarme de todo con él después.

Ya había pasado bastante tiempo desde que Shamash lo había entregado como regalo.

Lo que al principio era un ser extraño de minerales brillantes, ahora parecía casi humano.

Los juegos, las enseñanzas y los años al lado de Gilgamesh lo habían moldeado: su piel ya no tenía el brillo duro de la piedra, sino el calor tenue de la carne; su risa se había vuelto natural, y hasta caminaba con la seguridad de cualquier joven de Uruk.

Gilgamesh recordaba cada momento en que lo había instruido: cómo sostener un cuenco, cómo sonreír cuando alguien contaba un chiste, cómo bailar en las fiestas de la cosecha.

Todo lo había aprendido de ella.Y eso le llenaba el pecho de orgullo.

Cuando salió del salón, vestida con seda y coronada de flores, lo primero que buscó entre los asistentes fue su figura.

Tn estaba de pie, al fondo del corredor, con una túnica sencilla, pero sus ojos brillaban en cuanto la vio.

—¿Qué te parece?

—preguntó ella, girando un poco para mostrarle el vestido.

Tn la observó con atención, y luego sonrió con sinceridad.—Pareces… el sol mismo, bajando a la tierra.

Gilgamesh se rio suavemente y caminó hacia él, ignorando las miradas curiosas de los cortesanos.—El sol, ¿eh?

Quizás.

Pero no me gusta esta ropa, me hace sentir prisionera.Una ellesa como la mia deberia ser apresiada por todo el mundo.

Tn ladeó la cabeza.—Aun así, eres hermosa.

Siempre lo eres.

La semidiosa se detuvo.

Por un momento, el bullicio de la corte desapareció.

Lo miró con intensidad, y sus labios se curvaron en una sonrisa diferente, más íntima, más peligrosa.

—¿Solo yo?

Tn dudó, bajando la mirada.

—Sí… solo tú.

Ella soltó una risa baja y orgullosa.

—Bien.

Que nunca se te olvide, Tn.

Eres mío, y yo soy la única reina de tu corazón.

Lo dijo con tono de broma, pero en sus ojos brillaba algo más: una chispa de posesión, un fuego que, con los años, crecería hasta consumirla.

Esa noche, durante el ceremonial, Gilgamesh cumplió con lo que se esperaba de ella: danzó frente a los dioses, pronunció plegarias, compartió la mesa en el gran banquete.

Pero todo le pareció vacío, insípido.

Solo un momento tuvo sabor real: cuando sintió la mirada de Tn desde el fondo del salón, fija en ella como un faro en la oscuridad.

Y en silencio, lo juró en su corazón:Aunque los dioses me reclamen, aunque los hombres me adoren, solo tú eres mío.

Y jamás dejaré que nadie me lo arrebate.

.

.

.

Gilgamesh estaba recostada sobre un gran sofá cubierto de mantos suaves de lino teñidos en púrpura.

Sus largos cabellos dorados se deslizaban como un río sobre los cojines, mientras sostenía un racimo de uvas con una mano y dejaba que las sirvientas le abanicaran perezosamente.

Una de ellas, temblorosa, le ofrecía un cuenco con dátiles y miel, pero la joven monarca apenas prestaba atención.

Frente a ella, los sacerdotes se alineaban, uno tras otro, con sus túnicas blancas y rostros severos, recitando otra vez las quejas habituales.

—Vuestra majestad, la princesa de Uruk debería ser ejemplo de templanza, virtud y obediencia a los dioses.

Los rumores se extienden: que cabalga por los campos sin escolta, que hiere animales sin permiso de los cazadores, que se ríe durante las ceremonias…

esto no puede continuar.

Y ni mencionar el rumor de fornicar sobre el techo de un templo consagrado a la diosa Ishtar.

Gilgamesh giró apenas el rostro, masticando una uva con desdén, los ojos carmesí brillando con un aire de superioridad.

Ni siquiera disimuló el bostezo.

—Hmpf… ya me aburren con esas letanías.

¿Cuántas veces repetirán lo mismo?

—respondió con voz suave pero cargada de fastidio—.

¿No tienen otra plegaria que entonar?

Los sacerdotes intercambiaron miradas nerviosas, pero antes de que alguno pudiera replicar, Gilgamesh desvió su atención hacia Tn, que estaba sentado en un taburete bajo, observándola en silencio.

Al notar su mirada, él arqueó una ceja y preguntó con cautela.

—¿Qué tienes en mente ahora, Gil?

Se te nota inquieta.

La joven soltó una risita baja, dejando caer las uvas en el regazo de Tn con gesto juguetón.

—Quiero salir de cacería —dijo al fin, estirando los brazos como si sus músculos ansiaran movimiento—.

Una gacela ligera, un león si los dioses quieren probarme, incluso un toro salvaje… algo que me quite esta tensión del cuerpo.

No soporto seguir aquí, escuchando a estos viejos cuervos repitiéndome lo mismo.

Uno de los sacerdotes dio un paso adelante, escandalizado.

—¡Majestad!

¡Eso es indigno!

La cacería no corresponde a una princesa, y mucho menos a una que está destinada a ser la soberana de Uruk!

Las presas son para los hombres, para los guerreros, ¡no para usted!

Gilgamesh se incorporó lentamente, los ojos brillando con un fulgor peligroso, mientras una sonrisa arrogante curvaba sus labios.

—¿Ah, sí?

¿Y quién decidió eso?

¿Ustedes?

¿O los dioses?

—preguntó con una mezcla de dulzura y amenaza.

Luego señaló con un dedo a Tn—.

Él vendrá conmigo.

Siempre viene.

Tn suspiró, llevándose una mano a la frente.

Ya conocía ese tono; era la mezcla de capricho y decreto que lo arrastraba siempre a sus aventuras.

—Gil…

¿y si esta vez no?

¿Qué harás si te vuelven a castigar?

¿Quieres otra vez que los sacerdotes te hagan repetir los rituales hasta el amanecer?

Ella se inclinó hacia adelante, apoyando la barbilla en su mano y mirándolo con picardía, como si sus palabras no fueran más que música de fondo.

—¿Castigarme?

—rió suavemente, con esa dulzura peligrosa que mezclaba mimo y desafío—.

No me importa.

Mientras estés conmigo, nada me pesa.

¿Acaso no te divierte correr conmigo por los campos?

¿No disfrutas cuando dejamos atrás a todos esos guardias inútiles y cazamos con nuestras propias manos?-Se caerco un poco mas mencionado en su oido- Acaso no te gusta reclamarme en las praderas~.

Tn trató de no sonreír, pero lo recordaba bien: las carreras al amanecer, cuando la brisa les golpeaba el rostro, cuando Gilgamesh blandía una lanza demasiado grande para su edad y aún así abatía ciervos con una risa que parecía devorar el mundo.Descubrir que era el placer carnal.

El sacerdote mayor levantó las manos al cielo, exasperado.

—¡Es una blasfemia!

¡Los dioses verán con malos ojos que una princesa se ensucie con la sangre de las bestias!

Gilgamesh se levantó de golpe, apartando la bandeja de frutas con un ademán, y la sala entera se llenó de la autoridad natural que irradiaba.

—Entonces que miren —declaró con voz firme, la misma voz que un día sería la del rey que desafió al cielo—.

Que vean que Gilgamesh no será atada con cadenas de oro ni enterrada en ceremonias vacias.

Y si se ofenden, que vengan ellos mismos a detenerme.

Luego volvió a girarse hacia Tn, con una sonrisa dulce, casi infantil, como si nada de lo anterior hubiera ocurrido.

—Vamos, acompáñame.

Esta noche quiero correr bajo las estrellas, y no aceptaré un “no” por respuesta.

Tn la miró en silencio, atrapado una vez más en esa contradicción que era Gilgamesh: la soberbia de un dios y la ternura de una amiga que solo lo quería cerca, aunque el mundo entero se opusiera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo