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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 152

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  4. Capítulo 152 - 152 Ais wallenstein Danmachi
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152: Ais wallenstein Danmachi 152: Ais wallenstein Danmachi Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Tn.

Aventurero: Nivel 3.

Magia:Absorción (robo).

Familia:Ren fuji (Momento eterno) ____________________________.

Tn se despertaba temprano, como de costumbre.

Se estiró con un leve bostezo, sacudiendo el cansancio de la noche, y bajó las escaleras de la vieja iglesia donde vivía con su dios.

El lugar no era grande ni ostentoso, pero tenía cierto aire solemne, como si el tiempo se hubiese detenido entre esos muros silenciosos.

Para muchos, vivir en una iglesia en desuso habría sido deprimente; para él, era simplemente hogar.

Allí lo esperaba Ren Fuji, sentado en su habitual banco frente a la capilla.

La luz de la mañana se colaba por los vitrales polvorientos, bañando la figura del dios en destellos de colores.

Como siempre, estaba demasiado relajado, con los codos apoyados en los respaldos y la mirada perdida en algún punto inexistente.

—Buenos días, Ren-sama —saludó Tn con cortesía.

Ren apenas levantó una mano, sin molestarse en erguirse.

—Mm… sí, buenos días.

Aquella reacción no sorprendía a Tn; su dios nunca había sido particularmente efusivo.

En el fondo, casi parecía un ermitaño indiferente al mundo, más preocupado por no hacer nada que por cualquier otra cosa.

Tn siguió de largo, encaminándose hacia la pequeña cocina al fondo de la iglesia.

Encendió el fogón y empezó a preparar algo sencillo para desayunar.

Aunque solo eran dos habitantes, el lugar estaba bien abastecido.

No tenían lujo, pero jamás les faltaba lo esencial: grano, frutas, carne seca, agua fresca.

Mientras cortaba pan y freía unos huevos, Tn dejó que su mente se distrajera con recuerdos.

A veces le costaba creer que hacía apenas unos años su vida era la de un joven común en una aldea pequeña y aburrida, sin sueños de gloria, sin ambiciones de convertirse en aventurero.

Todo cambió el día en que un dios apareció en su camino.

Lo recordaba con nitidez.

Estaba sentado en lo alto de un risco, mirando el atardecer como tantas veces lo había hecho, cuando aquel hombre de apariencia extraña llegó a su aldea.

Nadie sabía exactamente quién era, pero lo acogieron con hospitalidad.

Esa misma noche, una horda de monstruos atacó, y el desconocido mostró su verdadero poder.

Tn jamás olvidaría la visión: una guadaña surgió de su brazo, brillando con un fulgor oscuro, y en un solo movimiento cortó a las bestias como si fueran de papel.

Fue entonces cuando Tn, sin pensar, cayó de rodillas frente a él.

—¡Déjeme unirme a su familia!

—exclamó con un fervor que ni él mismo comprendía.

El dios lo observó, extrañado, y al final aceptó con un gesto de indiferencia.

Así, Ren Fuji se convirtió en su patrono, y el destino de Tn cambió para siempre.

Desde ese día, el muchacho se mudó a Orario junto a su nuevo dios.

Con la falna tatuada en su espalda, descubrió su habilidad única: la capacidad de absorber fuerza, ya fuera física o mágica, de cualquier ser vivo… incluso de los propios dioses.

Al principio no lo entendió del todo, pero pronto comprendió que aquello lo volvía especial, distinto a cualquier aventurero promedio.

El aroma del desayuno terminó por sacarlo de sus recuerdos.

Llenó dos platos y los colocó sobre la mesa, esperando a que Ren se dignara a levantarse.

El dios apareció minutos después, caminando con paso tranquilo, como si nada en el mundo pudiera apurarlo.

Mientras comían en silencio, Tn no pudo evitar fijarse en una pequeña pila de cartas acumuladas sobre el aparador.

Mensajes de otras familias, invitaciones, solicitudes.

Algunas venían de diosas famosas, otras de líderes de clanes influyentes.

Todas ignoradas.

Ren bebió un sorbo de café, hojeó una carta sin interés y masculló con su típico aire de fastidio—Tch… otra perra loca intentando arrastrarnos a sus juegos.

Qué fastidio.

No estaria pasando esto si Vash no haya fastidiado a Marie y hubieran hechado sus traseros del trono.

Tn suspiró.

Ya estaba acostumbrado.

Su dios era así: un ser que no buscaba gloria, ni riquezas, ni seguidores.

A veces Tn se preguntaba si era él el único en toda Orario que de verdad tenía la suerte o la desgracia de formar parte de la familia de Ren Fuji.

Pero para bien o para mal, esa era su vida.

Una vida tranquila, casi monótona, marcada por los descensos a la mazmorra, el salario suficiente para vivir y el extraño vínculo con un dios que prefería la quietud eterna a cualquier aventura.

Tn terminó su desayuno y, con una sonrisa leve pero sincera, se despidió de su dios dispuesto a marchar hacia la mazmorra para ganarse el sueldo del día.

Ren, sentado como siempre en su banca frente a la capilla, apenas levantó la mano en señal de despedida.

Sus ojos estaban entrecerrados, con esa calma perpetua que parecía imperturbable.

Tn suspiró con suavidad; aunque a veces le habría gustado un poco más de entusiasmo por parte de su dios, también sabía que esa tranquilidad era parte de lo que lo hacía único.

Ya fuera en las calles de Orario, el ambiente cambiaba por completo.

El bullicio de los comerciantes llenaba cada esquina.

Los mercaderes de frutas y armas saludaban a Tn con familiaridad al verlo pasar, devolviéndole un gesto amistoso, pues era un rostro conocido para ellos.

Aunque no perteneciera a una de las familias más prestigiosas, se había ganado un lugar entre la gente común gracias a su trato sencillo y honesto.

Cerca de la taberna de la Anfitriona de la Fertilidad, algunas de las camareras lo vieron y, entre risas, le lanzaron saludos coquetos.

Tn, como siempre, respondió nervioso, desviando la mirada con un rubor leve en las mejillas.

No es que las mujeres no le gustaran, al contrario, pero… nunca supo cómo reaccionar a esas atenciones.

Recordaba con ironía lo que su dios solía decirle mientras reposaba en los bancos de la iglesia: “Tener amantes solo trae problemas, así que mejor recuéstate y no pienses en esas tonterías”.

Tn solía creer que Ren solo exageraba un poco, o quizá hablaba desde alguna experiencia que nunca contaba, pero aun así aquellas palabras le habían quedado grabadas.

Dejó de pensar demasiado cuando cruzó los portones de la mazmorra.

Ese lugar siempre lo recibía igual: un silencio denso interrumpido por rugidos de bestias, el aire impregnado de magia y el suelo que vibraba como si la propia ciudad lo respirara.

Con paso firme, Tn comenzó a abrirse camino.

Los monstruos caían con relativa facilidad frente a él.

No necesitaba espadas forjadas ni conjuros elaborados: simplemente extendía su habilidad, absorbía su energía vital y mágica hasta marchitarlos, reduciéndolos a poco más que sombras antes de liberarla en un estallido devastador.

La primera vez que lo hizo, aquella sensación lo había asustado… pero con los años aprendió a controlarla, a usarla como herramienta para sobrevivir.

Avanzó con calma hasta llegar al Piso 18, la conocida Rivia, ese pequeño paraíso subterráneo donde los aventureros descansaban y recuperaban fuerzas.

Allí muchos se detenían, pero Tn solía ir más allá.

Para él, los pisos superiores eran un campo de entrenamiento constante.

No pocas veces se adentraba hasta el Piso 23 o incluso un poco más, arriesgándose por mejores cristales y recompensas.

Los bolsillos le pesaban de regreso, y aunque acumulaba riquezas suficientes, siempre destinaba el dinero a dos cosas en específico: la comida —porque le gustaba comprar los ingredientes más frescos y caros para su mesa y la de Ren— y los días de hospicio, semanas enteras en las que podía descansar sin tener que descender a la mazmorra.

Tn disfrutaba de esos momentos de tranquilidad, quizá porque, en el fondo, sabía que la paz podía ser tan valiosa como la gloria.

Al pasar casi todo un día en la mazmorra, Tn decidió regresar a la superficie.

El cansancio pesaba en sus piernas, pero la bolsa repleta de cristales era prueba de que había valido la pena.

Caminó con paso ágil hasta el gremio, donde la rutina lo esperaba.

Nada más entrar, se dirigió casi instintivamente hacia el escritorio de siempre.

—¡Eina!

—saludó con una sonrisa cansada, alzando la mano.

La mujer lo observó con el ceño fruncido, antes de dejar escapar un suspiro resignado.

—De nuevo tú aquí… —murmuró, apoyando una mano en la cadera.

—Perdón, perdón… —Tn se rascó la cabeza con torpeza—.

Estuve algo ocupado y… ya sabe, los pisos más profundos se comen el tiempo sin que uno lo note.

Eina negó con la cabeza, aunque sus labios esbozaron una leve sonrisa.

Lo conocía desde hacía tiempo y estaba acostumbrada a sus desapariciones repentinas, esas ausencias que podían durar días enteros.

Cuando volvía, lo hacía siempre con montones de cristales.

—Traes demasiado, como siempre… —dijo mientras empezaba a contarlos uno por uno, con la paciencia que la caracterizaba—.

¿Nunca has pensado en descansar más seguido?

Si supiera lo vago que es igual a su dios.

—Lo hago, lo hago —rió Tn, encogiéndose de hombros—.

Pero primero hay que trabajar duro para poder descansar a gusto.

Eina rodó los ojos.

Nunca había conocido en persona a su dios, pero por lo que Tn mencionaba, vivían solos en una iglesia levantada, según los rumores, por el propio dios ladrillo por ladrillo.

Una iglesia peculiar, conmemorando a una diosa que nadie recordaba demasiado bien.

Misterios que ella prefería dejar de lado.

Cuando terminó de contar, suspiró mientras le extendía una bolsa con su paga.

—Aquí está.

Y procura no volver a desaparecer tantos días sin avisar, ¿sí?

—Lo intentaré, se lo prometo —respondió Tn con una sonrisa antes de despedirse con una leve inclinación de cabeza.

Al salir del gremio, miró hacia el cielo teñido por el atardecer y murmuró para sí mismo, con un aire satisfecho—Hoy comeré en la Anfitriona de la Fertilidad.

Sí, creo que me lo merezco.

El pensamiento lo animó de inmediato, y caminó con paso ligero hasta la taberna.

Al llegar, pidió una mesa sin pensarlo dos veces y se acomodó, hojeando el menú con entusiasmo.

Su estómago ya rugía con fuerza.

No tardó en aparecer Mama Mia, quien lo saludó con su imponente presencia.No habia nadie que se atreviera a meterse con esa mujer.

—Vaya, pero si es el chico callado de la iglesia —dijo con voz grave, arqueando una ceja—.

¿Y cómo anda tu dios raro, eh?

Tn tragó saliva, algo nervioso ante la mujer que imponía tanto respeto.—E-Está bien, Mama Mia… Ren-sama siempre está bien.

Relajado, tranquilo, como siempre.

La mujer lo miró unos segundos, como midiendo si le decía la verdad o no, y luego soltó una carcajada breve.

—Jajaja, ya lo imagino.

Bueno, si está vivo y no da problemas, entonces todo marcha.

¿Qué vas a comer hoy, mocoso?

Tn levantó el menú y, sin pensarlo demasiado, dijo con una sonrisa ilusionada—Todo lo que pueda pagar con esto.

—Puso la bolsa de valis sobre la mesa.

—Heh… buena respuesta.

—Mama Mia chasqueó los dedos y gritó hacia la cocina—.

¡A preparar festín, que este aventurero viene con hambre de gigante!

Tn se relajó, dejando escapar una risa baja.

Aquella taberna tenía un calor humano especial, uno que siempre le hacía olvidar el peso de la mazmorra.

Mama Mia se alejó un poco mientras las camareras iban y venían entre risas y platos humeantes.

Aun así, no pudo evitar echar una mirada a aquel chico de la iglesia.

No conocía a su dios personalmente, pero sí había escuchado rumores: que vivían en una iglesia vieja, que supuestamente había sido levantada piedra por piedra por el propio dios, en memoria de alguna otra deidad que casi nadie recordaba ya.

Intrigante, pero nada que a Mama Mia le quitara el sueño.

Lo importante para ella era ver a Tn comer feliz, devorando los platos con una sonrisa sincera en el rostro.

Eso le sacó a la mujer una ligera curva en los labios, un gesto cálido que no solía mostrar tan seguido.

Sin embargo, pronto desvió su atención hacia otra mesa.

Allí, un muchacho de cabello blanco y ojos rojos comía en silencio, con movimientos tímidos, casi temblorosos.

Bell Cranel parecía fuera de lugar, como si la ruidosa atmósfera de la taberna lo sofocara.

Y no tardó en llegar el motivo.

La puerta de la Anfitriona de la Fertilidad se abrió de golpe y entró la Familia Loki.

El bullicio creció de inmediato: risas, pasos pesados, armas chocando contra la madera.

Entre todos, la voz de Bete Loga, el semilobo, destacó por encima del resto.

—¡Jajajaja!

¡No puedo creerlo!

Ese novato se empapó en sangre de minotauro y salió corriendo como un ratón asustado.

¡Qué espectáculo!

—rugió, golpeando la mesa con el puño mientras sus compañeros estallaban en carcajadas.

Bell palideció al escucharlo.

Sintió que su respiración se detenía en seco, los recuerdos del monstruo, del miedo, del fracaso, todo se agolpó en su mente.

Quiso levantarse, huir, desaparecer entre las sombras antes de que alguien más lo notara.

—Bete —intervino Finn, el capitán, con voz firme—.

Ya basta.

Ese minotauro solo avanzó a los pisos superiores por tu descuido.

Si no fuera por Ais, habrías tenido más que un “espectáculo”.

El semilobo chasqueó la lengua, restándole importancia, pero aun así siguió con su sonrisa de colmillos afilados.

—Tch, lo que digas, capitán.

Igual fue divertido.

Bell se incorporó de golpe, recogiendo sus cosas con manos torpes.

Quería irse antes de que lo señalaran, pero Bete lo olió, casi literalmente, y no dejó pasar la oportunidad.

—¡Ahí está!

¡El niñato del minotauro!

—gritó, riéndose a carcajadas—.

¡Mírenlo!

Apenas puede mantenerse en pie, jajajaja.

Las risas resonaron en la taberna, y Bell temblaba, sin poder responder.

Sus ojos buscaban una salida desesperada.

Fue entonces que una voz distinta, tranquila pero firme, cortó el bullicio.

—¿Podrían guardar silencio, por favor?

—dijo Tn desde su mesa, sin alzar demasiado la voz pero con una calma que contrastaba con la tensión.

El murmullo se apagó un instante.

Varias miradas se giraron hacia él.

Tn no había dejado de comer, simplemente los observaba con serenidad, como si lo que había dicho fuera lo más natural del mundo.

Bete arqueó una ceja, sorprendido por el atrevimiento.

—¿Y tú quién demonios eres para decirme qué hacer?

—gruñó, su tono cargado de burla.

Tn levantó la vista despacio, sin apartar la sonrisa serena.

—Alguien que solo quiere disfrutar de su comida en paz —respondió con sencillez.

El silencio que siguió pesó un momento.

Mama Mia cruzó los brazos desde la barra, evaluando la situación, lista para intervenir si el semilobo se exaltaba demasiado.

Bell, por su parte, lo miró con sorpresa y un destello de alivio.

Por primera vez esa noche, alguien había interrumpido las risas crueles.

Bete estaba furioso.

¿Cómo se atrevía un don nadie, un simple aventurero de tercera categoría, a decirle que guardara silencio?

Sus colmillos rechinaban, su ceño fruncido se marcaba más y más.

Mientras tanto, Tn permanecía tranquilo.

Aunque su placa lo marcara como un aventurero de nivel 3, eso era mera elección propia.

Había recorrido la mazmorra más de lo que muchos imaginaban, y conocía de sobra la naturaleza de los dioses y de sus familias.

No todos, claro, pero suficientes para entender las jerarquías que dominaban Orario.

Y aunque Bete fuera nivel 6, la experiencia de Tn lo superaba por mucho.

El semilobo se acercó, gruñéndole con el pecho inflado, dispuesto a demostrar su poder.

Mama Mia, desde la barra, ya estaba lista para intervenir; sus ojos seguían el intercambio con frialdad, como una bestia al acecho.

Pero entonces Tn habló de nuevo, con voz calmada y firme.

—Solo quiero disfrutar de una cena tranquila luego de un día entero en la mazmorra —dijo, levantando la mirada—.

Y no escuchar los ladridos de un idiota que se entretiene denigrando a aventureros de bajo nivel.

El silencio cayó como un manto sobre la taberna.

Las venas del cuello de Bete se marcaron de pura rabia, su respiración se volvió pesada.

Finn se levantó de golpe, consciente de que aquello estaba a punto de salirse de control, pero no llegó a tiempo.

Ais observaba en silencio, analizando cada gesto, mientras Bell contenía la respiración.

En un movimiento veloz, Bete avanzó hacia Tn.

Sin embargo, se detuvo en seco, tambaleando.

Sus piernas se sentían débiles, como si el suelo le hubiera robado toda fuerza.

Una tenue aura, casi imperceptible, se elevó alrededor del cuerpo de Tn.

—Ya que insistes… —murmuró Tn, con una serenidad perturbadora—.

Aunque sea rango 3, la fuerza que te acabo de quitar es más que suficiente para lidiar contigo.

Alzó la mano y la cerró con suavidad.

En un instante, el cuerpo de Bete fue sacudido por un golpe invisible.

Su cabeza salió disparada hacia atrás, la mandíbula resonó con un chasquido seco, y escupió sangre antes de caer al suelo con un gruñido de dolor.

El murmullo de la taberna se volvió un clamor ahogado.

Nadie había visto con claridad qué había pasado.

Nadie, excepto los aventureros de nivel 5 o superior.

Ellos sí lo entendieron: Tn se había movido con una velocidad tan monstruosa que apenas quedó un eco de su movimiento.

Cuando Tn abrió la palma de su mano, dejó ver dos dientes ensangrentados.

—Qué lástima —comentó con frialdad—.

Pensé que un lobo cuidaba mejor sus colmillos.

Un murmullo recorrió la taberna.

Los de nivel bajo se miraban confundidos, los de nivel alto fruncían el ceño, sorprendidos.

Mama Mia relajó los brazos, entendiendo que el chico no era tan inofensivo como parecía.

Bete, en el suelo, se retorcía, tocándose la boca ensangrentada.

—¡Bastardo…!

—gruñó entre dientes, intentando levantarse.

Pero Finn lo detuvo con un gesto brusco de la mano.—Suficiente, Bete.

—Su voz fue tajante, más severa de lo habitual.

Sabía que si continuaba, aquello no terminaría bien para ninguno.

En medio de la tensión, Ais se mantuvo inmóvil.

Sus ojos dorados no se apartaban de Tn, analizando cada detalle de aquel extraño aura, de ese poder que no correspondía a su rango.

Había algo en él que no encajaba con el resto de aventureros.

Algo que despertó una chispa de curiosidad en su interior.

Bell, por su parte, miraba a Tn como si hubiera visto a un salvador.

Alguien había tenido el valor de enfrentarse al semilobo por él, y lo había hecho con una calma que parecía inquebrantable.

El aire en la taberna seguía cargado, como si todos esperaran el siguiente movimiento.

_________________________________________________________________________ (solo dejare algo claro….ais no es la tipica yandere y le metere mmmm esencia y como su obra ni siquiera a finalizado tendre que improvisar advierto que ya planee su final………sera esencial).

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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