Waifu yandere(Collection) - Capítulo 153
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153: Lumine Genshin impact 153: Lumine Genshin impact Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
________________________________________________- Caminar por el bosque sería relajante para muchos.Para Varsha, en cambio, era un buen lugar para follar… aunque claro, solo en su excéntrica cabeza se mencionaba eso.
—Tch, menuda tontería…- murmuró, pateando una piedra con tanta fuerza que la convirtió en polvo al instante.
Su acompañante, Tn, iba detrás de ella en silencio, con un gesto resignado.
A cada paso se preguntaba por qué había aceptado ese trabajo.
No era más que un simple trabajador contratado por la casa Heydrich.
¿Su tarea?
Vigilar a Varsha Saverem Stampede, asegurarse de que no hiciera nada estúpido, y sobre todo, obedecer una orden que el propio hermano mayor —el doppelgänger— le había repetido hasta el cansancio.
“No intentes nada raro con ella.
Ni bromas, ni acercamientos, nada de sexo si se te insinúa.
Si lo haces, no lo contarás.
Y si ella hace algo extraño contigo… corre lo más rápido que puedas y grita mi nombre.
Solo así tendrás una mínima oportunidad de seguir vivo.”.
Tn apretó los dientes al recordarlo.
Vaya maldito trabajo.
Ser niñero de una mocosa presuntuosa que podía matarlo de un solo golpe… ¿qué clase de seguro cubría eso?
—Mooouuuuu!
¡No es justo!…-refunfuñó Varsha en voz baja, cruzando los brazos.
—¿Qué cosa no es justa ahora?
—preguntó Tn, aunque sabía que probablemente no quería saber la respuesta.
—Que me prohíban ir a fiestas… ¿tú lo entiendes?
¡Fiestas!
¡Es inaceptable!
Una cosa es que no me dejen visitar a Shav… o a Savh…..Ni a Papa o al tio Nerose mmmmm a cuántas personas me prohibieron ver, pero que me tengan como una niña castigada….
Se detuvo de golpe, su cabello moviéndose con un chasquido.
Miró a Tn con una sonrisa traviesa, como si se le ocurriera algo peligroso.
—Dime, ¿tú irías conmigo a una fiesta, verdad?
Tn tragó saliva.
—E-en el contrato no decía nada de fiestas.
Solo de… caminar.
Caminar y vigilar.
Varsha soltó una risa suave, divertida.—Ay, Tn… siempre tan obediente.
Por eso me caes bien.
El joven prefirió no contestar y se limitó a observar cómo Varsha se agachaba, recogía algo brillante entre la hierba y lo levantaba.
Era una espada, antigua y cubierta de símbolos que parecían moverse en la superficie del metal.
Tn dio un paso atrás.
—Oye, Varsha… ¿seguro que deberías tocar eso?
—Seguro, seguro……Creo que hermano edgy dejo un monton de estas cosas dispersas —canturreó ella, y luego blandió el arma con un grito que hizo vibrar el aire.
La hoja tocó el suelo y, en un destello instantáneo, una enorme grieta de espacio se abrió bajo sus pies, iluminando el bosque con destellos iridiscentes.
Tn se quedó helado.
—¡¿Qué demonios hiciste?!
Varsha solo ladeó la cabeza y, con un tono infantil, murmuró—Ups.
El suelo se quebró bajo ellos y la grieta los absorbió como un torbellino.
El bosque desapareció de golpe, tragado por la oscuridad.
.
.
Oscuridad.
Era todo lo que Tn lograba percibir mientras caía por la grieta.
El vacío lo envolvía en un remolino sin fin, dándole tantas vueltas que empezaba a marearse.
El estómago se le subía a la garganta, los huesos parecían crujir con la presión, y su única idea coherente era que aceptar ese trabajo había sido la peor estupidez de su vida.
—¡¡¡AAAAH, MALDITA VARSHA!!!
—alcanzó a gritar antes de perder el aire y sentir cómo el mundo giraba de nuevo.
El impacto llegó de golpe: cayó de bruces sobre un suelo húmedo y pastoso.
Un crunch desagradable le recorrió el cuerpo y soltó un gemido.
—Ugh… perfecto, tierra en la boca… genial… —masculló, escupiendo barro.
Con esfuerzo se levantó, sacudiéndose la ropa.
No reconocía el lugar.
Era un bosque, sí, pero no era el mismo bosque donde estaba con Varsha hace apenas un instante.
Los árboles eran más altos, más frondosos, y el aire… distinto.
Fresco, cargado de un aroma extraño a hierbas y flores que jamás había olido.
—Varsha… ¡¡¡VARSHA!!!
—gritó varias veces, pero solo obtuvo de respuesta el eco lejano de su propia voz y el crujido de insectos nocturnos.
Un sudor frío le recorrió la nuca.
—Oh, diablos… oh, diablos… —se repitió en voz baja, intentando no entrar en pánico.
No solo estaba perdido en un bosque desconocido, sino que además había perdido de vista a Varsha.
Y conociéndola, probablemente ya se habría metido en tantos problemas —y camas ajenas— que, al final, de alguna manera terminarían culpándolo a él por no vigilarla.
Se dejó caer sobre una roca y se pasó las manos por el rostro.
—Tal vez debí aceptar una de sus insinuaciones… aunque solo fuera para que se callara un rato… —resopló con amargura, una felacion por parte de la chica sonaba muy tentador.
Luego negó con la cabeza.
—No, no, no es momento para lamentaciones.
Inspiró profundamente, intentando ordenar sus pensamientos.
Medidas de supervivencia, paso uno: no perder la calma.
Paso dos: buscar civilización.
Estando con personas tendría más seguridad que quedándose solo en medio de lo desconocido.
Levantó la vista.
El cielo todavía conservaba un tono azulado, con la luz del atardecer filtrándose entre las copas de los árboles.
—Bien, tengo unas horas antes de que oscurezca… si me quedo aquí me comerá lo que sea que habite en este lugar.
Se puso en marcha, siguiendo el instinto de que debía encontrar un río o un sendero.
Mientras avanzaba, el bosque emitía sonidos inquietantes: crujidos en la maleza, pasos leves que nunca lograba ver, y el canto de criaturas extrañas que no reconocía.
Su corazón latía rápido, pero no dejó de andar.—Civilización… civilización… aunque sea un granjero… un pueblo… una maldita posada… algo.
Fue entonces cuando, entre los árboles, distinguió una luz débil.
Al principio pensó que era un reflejo del sol, pero al enfocar mejor notó una pequeña fogata encendida.
A su lado, dos siluetas humanas parecían discutir animadamente.
El alivio y la desconfianza lo golpearon al mismo tiempo.
—¿Gente?
…Ojalá no me quieran asar vivo.
Esas historias de Five sobre nativos canibales lo dejo muy mal luego de que el trastornado chico contara sobr eeso durante una cena.
Con pasos lentos, Tn se acercó a la fogata, levantando una mano para llamar la atención.—¡Oigan!
¡Disculpen!
Estoy… estoy perdido.
Las figuras se giraron hacia él.
Una era pequeña, flotaba en el aire y lo miraba con ojos redondos, sorprendida.
La otra… era una chica rubia, de mirada dorada, que lo observó en silencio con expresión cautelosa.
La flotante habló primero, con una voz chillona y directa—¡¿Quién eres tú?!
¡¿Y de dónde saliste, raro?!
Tn parpadeó, incrédulo.
—…Genial.
Ya estoy tan loco que hasta los bichos me hablan.
La rubia entrecerró los ojos y se puso de pie, apoyando la mano en la empuñadura de su espada.—No es un “bicho”.
Ella es Paimon… —dijo con un tono frío, midiendo cada palabra—.
Y yo soy Lumine.
Tn tragó saliva.
Por primera vez en su vida, sintió que las advertencias sobre “no meterse con gente peligrosa” estaban a punto de cumplirse.
Tn miró otra vez a la pequeña criatura flotante.
Sus ojos la recorrieron de arriba abajo: cuerpo diminuto, un traje extraño y adornos demasiado brillantes.
En su cabeza, la conclusión fue obvia.
—Sip…Parece un bicho —murmuró, medio en serio, medio para ocultar lo nervioso que estaba.
—¡¿Bicho?!como te atreves —chilló Paimon, inflando las mejillas como un pez globo enojado—.
¡Paimon no es un bicho, es Paimon!
Tn levantó las manos en señal de paz.
—Vale, vale… mi error.
Perdón, Paimon.
—Luego se volvió hacia la rubia—.
Yo soy Tn.
Aun así, Lumine lo seguía observando en silencio, con una mirada que lo analizaba como si intentara leerle el alma.
No había hostilidad, pero sí cautela.
Tn sintió un escalofrío bajo esa mirada dorada, como si estuviera siendo pesado en una balanza invisible.
—Estoy perdido —murmuró finalmente, rascándose la nuca.
Tragó saliva y añadió—: No sabría cómo llegué aquí exactamente… ¿hay algún pueblo cercano?
Paimon flotó en círculos, pensativa, antes de contestar—Bueno… íbamos camino a Mondstadt, ¡es una ciudad grandota!
Seguro allí encuentras a alguien que te ayude.
Tn arqueó una ceja.
—¿Mondstadt?
…Ajá… ¿y ustedes no vienen de algún pueblo?
Lumine, que había permanecido junto a la fogata, habló al fin.
Su voz era tranquila, pero cargada de un peso difícil de describir.
—Soy una viajera.
No pertenezco a este mundo… —se detuvo un instante, y sus ojos brillaron con una tristeza contenida—.
Estoy buscando a mi hermano.
Tn abrió la boca, sorprendido.—…Eso es… curioso —dijo en voz baja.
Lumine lo miró directamente.—¿Curioso cómo?
El chico suspiró, se dejó caer sobre el suelo y talló con fuerza la nuca, como si intentara ahuyentar un mal recuerdo.
—Digamos que yo estaba con una mujer… demasiado desequilibrada.
Jugaba con cosas que no debía.
Y terminó abriendo un portal frente a mí.
Lo último que recuerdo es caer dentro… y luego despertar aquí.
Lumine se tensó de inmediato, poniéndose de pie con rapidez.
—¿Un portal?
—preguntó, sus ojos fijos en él.
—Sí —asintió Tn con firmeza—.
Un agujero en el aire mismo.
Como si el espacio se hubiese partido en dos.
Y eso era lo menos raro que ella podia hacer.
Hubo un silencio extraño.
Paimon parpadeó varias veces, confundida, pero Lumine se giró hacia ella, con un brillo repentino en sus ojos.
—¿Y si esa mujer… podría ayudarme a buscarlo?
—¿Eh?
—Paimon casi dio un salto en el aire—.
¡¿De verdad crees que alguien capaz de arrojar gente a portales sería de ayuda?!
Lumine no contestó de inmediato.
Sus labios se apretaron apenas, como si aquella idea se le hubiera clavado en el corazón.
Luego volvió a mirar a Tn, esta vez con un interés distinto, más intenso.
—Dime… —su voz bajó un tono, más personal—.
¿Puedes llevarme hasta esa mujer?
Tn se encogió de hombros con una mueca amarga.—Si supiera cómo, créeme que ya lo habría hecho.
Ella cayó en otra dirección.
Yo… me quedé solo en este lado.
El brillo en los ojos de Lumine se apagó apenas, sustituido por una determinación helada.—Entonces iremos juntos.
—Su sentencia no sonó como una propuesta, sino como una decisión tomada.
Paimon lo miró horrorizada.—¡¿Juntos?!
¡Lumine, ni siquiera lo conocemos!
Lumine, sin apartar la vista de Tn, contestó en voz baja pero firme—Es un viajero… igual que yo.
Y quizás la mujer que menciona puede ayudarnos.
El fuego chisporroteaba suavemente en la pequeña fogata mientras la brisa nocturna agitaba las hojas de los árboles, creando un murmullo inquietante a su alrededor.
Tn miró a Lumine de reojo, aún procesando lo que acababa de pasar.
La mano que ella le había extendido aún la sentía en su mente, cálida, pero al mismo tiempo cargada de algo extraño, como si hubiese más peso en el gesto que una simple invitación a viajar juntos.
—Buscar a Varsha no debería ser tan difícil… ¿verdad?
—se dijo en voz baja, aunque no con mucha convicción.
La simple idea de rastrear a la mujer lo cansaba mentalmente.
Varsha no era exactamente discreta: fiestera, ruidosa, lujuriosa y con un don natural para atraer problemas como un imán.
Lo lógico era que en ese mismo momento estuviera montando un escándalo en algún burdel improvisado o metida en una pelea absurda.
Pero sus pensamientos se deshicieron cuando Lumine, con una mirada fija y penetrante, lo interrumpió—¿Estás dispuesto a ayudarme?
—preguntó, su voz tranquila pero con una seriedad que desentonaba con la calma del bosque.
Tn suspiró.
Sabía que no podía decir que no, no solo porque estaba perdido en un mundo extraño, sino porque en el fondo entendía la soledad que desprendía esa chica.
—Supongo que es mejor estar acompañado que solo… Además, yo no tengo idea de cómo funciona este mundo.
—Se encogió de hombros.
Paimon, que flotaba inquieta alrededor, ladeó la cabeza con su típica expresión curiosa.
—Oye, oye… ¿esa mujer puede abrir portales?
¿Entonces dónde podría estar ahora?
Tn se quedó pensativo unos segundos, rascándose la nuca.
Finalmente murmuró—Conociéndola… probablemente donde haya algo que le llame la atención.
Una fiesta, un espectáculo… algo así.
Lumine lo observó con atención, sus ojos dorados reflejando las llamas de la fogata.
Había algo casi depredador en la manera en que lo analizaba, como si intentara leer no solo sus palabras, sino también lo que no decía.
—¿Qué clase de mujer es ella?
—preguntó con suavidad, aunque en el aire había una tensión extraña.
Un escalofrío recorrió la espalda de Tn.
Evitó su mirada y prefirió no responder directamente.—… Mejor no saberlo —dijo en voz baja.
Paimon dio una pequeña vuelta en el aire, bostezando.
—Ya es de noche.
No deberíamos caminar por ahí, incluso con Lumine usando su poder elemental.
¡Los monstruos se vuelven más agresivos!
Lumine dejó escapar un suspiro, como resignada, y se dejó caer sobre el tronco junto al fuego.
Se quedó mirando las llamas, perdida en sus pensamientos.
El silencio que siguió fue pesado: la oscuridad rodeaba el claro del bosque y cada crujido de ramas parecía acercar sombras invisibles.
Tn tragó saliva.
Se preguntaba si realmente había tomado la mejor decisión al quedarse con ellas.
.
.
El silencio solo estaba roto por el crujir del fuego y los sonidos nocturnos del bosque, hasta que un gruñido repentino interrumpió la calma.
Tn giró la cabeza y vio a Lumine, que desviaba la mirada con las mejillas sonrojadas.
—¿Fuiste tú?
—preguntó con una media sonrisa.
Ella asintió apenas, encogiéndose un poco de hombros, con una expresión que no solía encajar en alguien tan serena como la viajera.—No hemos comido nada en todo el día… —murmuró con voz baja, casi como si le avergonzara admitirlo.
Intento pescar…….y solo consiguio a Paimon.
Tn rebuscó en los bolsillos de su abrigo hasta dar con algo olvidado en el fondo: un pequeño paquete con barras de chocolate envueltas en papel brillante.
Las sostuvo frente a Lumine y, con un encogimiento de hombros, dijo—No es gran cosa, pero servirá.
Son dulces, pruébalo.
Los ojos dorados de Lumine se abrieron con curiosidad mientras tomaba la barra.
Rasgó el envoltorio con cuidado y el aroma dulce del cacao se esparció en el aire.
La expresión de la chica cambió de inmediato, sus pupilas parecieron iluminarse en el reflejo del fuego, y por un instante toda la dureza de una viajera errante desapareció, dejando ver algo inocente, casi infantil.
—¿Esto… esto es comida?
—preguntó, incrédula.
—Comida chatarra… —contestó Tn, divertido—.
No es muy nutritivo, pero sabe bien.
Diablos era lo mejor, benditos los inventores del chocolate.
Lumine le dio un pequeño mordisco y luego otro, cada vez más ansiosa.
Para cuando se dio cuenta, la barra había desaparecido por completo entre sus manos.
Cerró los ojos un momento, disfrutando del dulzor que le llenaba la boca.
—Es… delicioso… —murmuró, con una sonrisa suave que parecía escapársele sin querer.
Pero esa expresión se borró al instante cuando notó un tirón en su brazo.
Paimon la sacudía con los ojos brillantes.
—¡Oye, Lumine!
¡Dame un poco!
¡Yo también quiero probar!
Lumine la miró de reojo, pero lo único que quedaba en sus dedos era un envoltorio vacío.
Bajó la mirada, un tanto avergonzada, mientras Paimon inflaba las mejillas como un globo.
—Ya… ya me lo comí todo —confesó en voz baja.
Paimon giró bruscamente hacia Tn, cruzando los brazos en el aire como una niña exigiendo justicia.
—¡Tú tienes más, ¿verdad?!
¡Dame uno!
Tn exhaló con un suspiro resignado.
Sacó otra barra, la partió en dos y le ofreció una mitad a la pequeña flotante.
—Aquí tienes… pero mastica, ¿sí?
—¡Gracias!
—respondió Paimon, y se lanzó al chocolate como si fuera un tesoro, devorándolo con tanta prisa que apenas dejó que el sabor la alcanzara.
Tn observó la escena en silencio, pero notó algo extraño.
Lumine no apartaba la vista de él, sus ojos seguían sus movimientos como si cada detalle le resultara importante.
La expresión de satisfacción que había mostrado con el chocolate aún permanecía, pero ahora mezclada con un matiz distinto, uno que Tn no supo leer del todo….
El fuego crepitó, y por un instante, él sintió que la oscuridad alrededor se hacía más densa.
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Mientras tanto.
En el Gran Santuario Narukami, la calma nocturna se extendía entre los cerezos en flor.
La brisa acariciaba las ramas, esparciendo pétalos sobre las escaleras de piedra.
Varsha estaba sentada en un cojín frente a una pequeña mesa baja, con una taza de té en las manos.
Bebió un sorbo y dejó escapar un suspiro, relajada.
—Hacía tiempo que no disfrutaba de algo que no fuera licor —murmuró, con una sonrisa satisfecha.
Frente a ella, la Gran Sacerdotisa Yae Miko mantenía su porte elegante, sirviendo el té con un aire de tranquilidad casi burlona.
—¿Está disfrutando de su estadía, mi invitada del cielo?
—preguntó con su tono seductor, sus orejas de kitsune temblando apenas.
Varsha levantó la vista, arqueando una ceja.—Sí… y le agradezco que me haya dejado quedarme.
No todas hubieran sido tan amables.
Yae dejó escapar una risita ligera, tapándose los labios con una mano.
—Oh, no me malinterprete… no suelo dejar entrar a cualquiera.
Pero usted… —la miró de arriba abajo con curiosidad felina—, usted es diferente.
Varsha no pudo evitar mirarla detenidamente.
Había algo hipnótico en esa kitsune, en cómo se movía y sonreía.
Recordó el momento en que cayó de golpe sobre un cerezo, confundida y aturdida, y cómo las sacerdotisas habían corrido alarmadas.
La más impactada había sido Yae, aunque en lugar de rechazarla, la había invitado a quedarse.
Desde entonces, ambas se observaban con creciente curiosidad.
La escena dio un giro inesperado cuando Yae tomó uno de los libros eróticos escritos por ella misma, lo abrió en una página marcada y lo extendió hacia Varsha.
—Dígame… ¿le gustaría leer algo de mi creación?
—preguntó con un brillo travieso en la mirada.
Varsha dejó la taza de té y tomó el libro.
Lo hojeó con interés, leyendo algunas páginas.
Tras un rato, arqueó la boca en una sonrisa juguetona y negó suavemente con la cabeza.
—Mmm… no está mal, pero le falta más suculencia —comentó sin tapujos.
El gesto de Yae se congeló un instante, ladeando las orejas.
—¿A qué se refiere exactamente?
—preguntó, entre intrigada y desconfiada.
Varsha se levantó lentamente, rodeando la mesa baja con pasos tranquilos hasta acercarse demasiado a Yae.
Se inclinó hacia ella, sus labios rozando el oído de la kitsune mientras le susurraba algo.
Los ojos de Yae se abrieron con sorpresa, sus mejillas se tiñeron de un leve rubor y llevó una mano a cubrirse la boca, disimulando su reacción.—Mi, mi… tiene usted una imaginación desbordante… —murmuró, con la voz un tanto más grave que antes.
Varsha se irguió, mostrándole una sonrisa descarada.—Imaginación no, querida… solo experiencia.
Y parece que acabo de encontrar una buena amiga.
La tensión entre ambas quedó flotando en el aire, cargada de curiosidad y picardía, mientras los pétalos de cerezo caían a su alrededor como un telón silencioso.
Ambas sabian reconocerse.
Dos mosntruos en piel humana.
Que se llevaran tan bien era delirante.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com