Waifu yandere(Collection) - Capítulo 161
- Inicio
- Todas las novelas
- Waifu yandere(Collection)
- Capítulo 161 - 161 Pyrrha Nikos part 6 RWBY
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
161: Pyrrha Nikos part 6 (RWBY) 161: Pyrrha Nikos part 6 (RWBY) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
_______________________^________________.
Al despertar, Pyrrha no estaba del mejor humor… obviamente no lo estaba.
Se incorporó lentamente en su cama, observando alrededor: Ruby y Nora estaban casi cayéndose de sus camas, envueltas en un revoltijo de sábanas y almohadas.
Ren, en cambio, seguía durmiendo tranquilamente, con esa serenidad casi imperturbable que lo caracterizaba.
Pyrrha soltó un suspiro bajo, tomó su pergamino y lo desbloqueó con un gesto rápido.
Como todas las mañanas, entró a las redes sociales.
Y, como siempre, cambió a una de sus cuentas secundarias para revisar lo último sobre Tn.
Su rutina ya era mecánica: buscar publicaciones, leer comentarios, y comenzar discusiones con cualquiera que se atreviera a hablar de él con demasiada confianza o descaro.
No era su culpa… no, ella lo veía como una forma de proteger lo que amaba.
Si alguien decía algo fuera de lugar, ella respondía.
Si alguien lo insinuaba de manera vulgar, lo amenazaba.
Y si alguien se atrevía a publicar imágenes subidas de tono, las insultaba hasta que su cuenta era reportada y baneada.
No importaba.
Siempre podía hacerse otra cuenta.
Siempre.
Eso ya era parte de su rutina: levantarse, revisar, discutir, defender.
Sus dedos siguieron escribiendo con rapidez durante lo que parecieron horas, hasta que una voz suave y soñolienta la sacó de su trance.
—¿P-Pyrrha?
—Ruby la llamó, frotándose los ojos mientras bostezaba—.
¿Qué haces despierta tan temprano?
Pyrrha parpadeó, sorprendida, y bajó el brillo del pergamino como si la hubieran descubierto en algo indebido.
Alzó la vista hacia su compañera y forzó una sonrisa.
—No es nada, Ruby.
Solo… estaba revisando unas cosas.
Ruby entrecerró los ojos, aún medio dormida, y notó que el dispositivo de Pyrrha seguía encendido.
Ladeó la cabeza con un gesto inocente.
—Llevas horas mirando eso, ¿verdad?
—murmuró—.
Tal vez sería mejor que descansaras un poco más.
Hoy tendremos muchas clases, y… bueno, sería bueno tener fuerzas.
La sonrisa de Pyrrha tembló, apenas perceptible.
Ruby… Ruby tenía suerte de ser tan infantil, tan ingenua, como para no comprender la verdadera razón detrás de su vigilia.
—Gracias por preocuparte —respondió Pyrrha, con un tono demasiado dulce para ocultar la tensión interna—.
Pero estoy bien, de verdad.
Ruby bostezó otra vez y se dejó caer sobre su almohada, casi cayéndose de la cama otra vez.
—Está bien… solo no quiero que te canses.
En ese momento, Nora se desperezó con un gruñido y se levantó de golpe, tambaleándose directo hacia el baño, mientras tarareaba una melodía sin sentido.
Ren, por su parte, abrió los ojos lentamente, se sentó en silencio y comenzó a prepararse para su día de clases, sin decir palabra alguna.
Pyrrha bajó de nuevo la vista a su pergamino, sus dedos temblando un poco.
La sensación de hormigueo en su mano izquierda volvió, esa incomodidad que había sentido la noche anterior.
Cerró el dispositivo y respiró hondo.
No podía permitirse perder el control delante de sus compañeros.
Pero, en lo más profundo de su pecho, sabía que tarde o temprano Ruby notaría que algo no estaba bien.
Suspirando, Pyrrha se levantó de la cama.
Preparó su ropa de entrenamiento y sus armas, asegurándose de que todo estuviera en orden.
La rutina la tranquilizaba, aunque solo un poco.
Tenía decidido entrenar un poco antes de las clases, despejar su mente.
Al salir de la habitación, como era costumbre, muchos estudiantes la saludaron con respeto, incluso admiración.
Ella era la campeona de torneos, un nombre que imponía tanto como inspiraba.
Pyrrha devolvía sonrisas tensas, pero en el fondo, esas alabanzas no le importaban.
Solo una persona ocupaba su mente.
Se dirigió, casi sin pensarlo, hacia la habitación del equipo de Tn.
Una presión amarga le crecía en el pecho con cada paso.
Al llegar, levantó la mano y tocó la puerta.
Esperó.
Nadie respondió.
Tocó de nuevo, con más insistencia.
Pasaron unos segundos, y finalmente se escucharon pasos lentos.
La puerta se abrió y allí estaba Yang, la hermana mayor de Ruby.
Su cabello dorado estaba revuelto, y su cuerpo escasamente cubierto por lo que parecía ser solo una camiseta corta y ropa interior.
A los ojos de Pyrrha, era una provocación descarada.
Su respiración se aceleró un poco mientras la miraba fijamente, conteniendo las ganas de derribarla de un solo golpe.
En su cabeza, los pensamientos ardían como fuego: ¿Cómo podía esta rubia tonta andar así, compartiendo habitación con Tn?
¿Acaso planeaba seducirlo?
¿Acaso pensaba quitárselo?
Maldita perra.
Y si……….no.
Yang, con los ojos medio cerrados por el sueño, sonrió apenas.
—Oh… hola, Pyrrha —murmuró con voz adormilada—.
¿Se te ofrece algo?
Pyrrha tragó saliva.
Su voz tembló al salir, aunque intentó sonar firme.
—¿Está… Tn aquí?
Yang se recargó en el marco de la puerta, bostezando.—Nah, salió temprano a entrenar.
Weiss también.
Supongo que Blake sigue dormida… —sonrió con cierto orgullo y se frotó los brazos—.
Aunque yo tengo un poco de frío, je….
Se acomodo un poco la ropa interior en la parte trasera haciendo el sonido de “Link” por el ligero golpe en su trasero bien proporcionado.
Comenzó a cerrar la puerta lentamente, pero antes de que pudiera hacerlo, Pyrrha adelantó el pie y lo colocó en el umbral, bloqueando el movimiento.
Yang arqueó una ceja, sorprendida por la acción.—¿…Eh?
¿Pasa algo?
Los ojos verdes de Pyrrha brillaron intensos, fijos en la figura apenas vestida de Yang.
Su voz salió baja, contenida, pero cargada de veneno.—Sería mejor… que te vistieras.
Yang parpadeó, confundida.—¿Qué?
—Si sabes lo que te conviene… —continuó Pyrrha, apretando los labios— no deberías andar de esa forma en presencia de Tn.
Por un momento, la rubia se quedó callada.
Luego, una risa suave escapó de su garganta.
No era una carcajada fuerte, sino un sonido corto, burlón.—¿De verdad?
—alzó una ceja con un aire juguetón—.
¿Tanto te preocupa eso?
Digo… Tn es un chico grande.
Puede cuidarse solo.
Ademas- bajo un poco su blusa mostrando que no llevaba sosten- Podriamos tener un buen rato.
Pyrrha apretó los puños, sintiendo cómo el calor de su aura quería manifestarse, como un reflejo de sus celos.
—No entiendes… —murmuró, con un hilo de voz helado—.
Solo… cuídate de no pasarte de la raya.
Yang inclinó un poco la cabeza, con una sonrisa pícara.
—Vaya… nunca pensé que la “Invencible Pyrrha Nikos” fuera celosa.
Qué lindo.
Las palabras hicieron que la sangre de Pyrrha hirviera aún más, aunque contuvo el impulso de responder de inmediato.
Yang notó que Pyrrha tenía los labios apretados, la mandíbula rígida como si estuviera a punto de romperse.
Eso, lejos de detenerla, solo la animó a seguir con sus insinuaciones.
—Vaya, vaya… —rió suavemente Yang, con ese tono burlón que la caracterizaba—.
¿Sabes?
Creo que Tn y yo podríamos pasar un muy buen rato juntos.
Si tiene el cuerpo bien entrenado y apuesto que su polla podria llegar muy profundo dentro de mi Mmm~—Se inclinó un poco hacia adelante, bajando la voz con malicia—.
Y si yo fueras su novia… incluso podría probar el fetiche de compartirlo con chicas.
¿Te imaginas?
Yo haciendo que una chica afortunada me lama mientras Tn la destroza por atras.
Las palabras resonaron en la cabeza de Pyrrha como dagas.
Ella no conocía realmente la personalidad juguetona y vulgar de Yang, así que todo lo interpretaba como afirmaciones serias, como pruebas indiscutibles de que la rubia planeaba robarle a Tn.
El aire se volvió denso.
Pyrrha bajó la cabeza, sus hombros temblando.
Si hago algo… si me dejo llevar, podría meterme en problemas… pensó, apretando los dientes con fuerza.
Pero Yang, sin percibir el peligro, siguió hablando, su voz arrastrando el veneno de la burla.
—¿Qué pasa, Nikos?
¿Ya estás imaginando la escena?
Uff… yo creo que a Tn le encantaría tenerme encima.
Seguro no se resistiría.
*Wooosssh*.
El sonido seco retumbó en el pasillo.
La palma de Pyrrha había impactado de lleno en la mejilla de Yang, girándole el rostro hacia un lado.
El ardor en su piel fue inmediato, sus ojos abiertos por la sorpresa.
Pyrrha mantenía su brazo extendido, los dedos tensos, el pecho agitado.
Yang llevó lentamente la mano a su mejilla, y entonces sus iris lilas se encendieron, tornándose rojos como fuego.
—¿…Me acabas de golpear?
—su voz era un gruñido bajo, lleno de incredulidad y rabia.
Antes de que Pyrrha pudiera responder, Yang se arrojó contra ella, estrellándola contra el suelo del pasillo.
Ambas rodaron violentamente, sus cuerpos forcejeando mientras gruñían y se insultaban.
—¡Eres una perra loca!
—gritó Yang, tratando de sujetar los brazos de Pyrrha.
—¡Aléjate de Tn, zorra barata!
—escupió Pyrrha, luchando con toda su fuerza.
El ruido de los golpes y los insultos resonaba por el pasillo vacío.
Pyrrha intentaba mantener la compostura, pero sus celos habían roto cualquier límite.
Yang, por su parte, era temperamental y explosiva; la bofetada había sido un interruptor que encendió su furia.
Ambas rodaban por el suelo, con mechones de cabello cayendo sobre sus rostros, arañazos apareciendo en sus brazos, respiraciones entrecortadas y los dientes apretados.
Yang le sujetó el hombro y trató de inmovilizarla.—¡No tienes derecho a venir a mi habitación y ponerme las manos encima, princesa perfecta maldita perra!
Pyrrha logró girar la cadera y empujarla con fuerza, liberándose un instante para escupirle al rostro con rabia.
—¡No eres más que una buscona vulgar!
¡No dejaré que pongas tus manos en él!
Yang gruñó como un animal, sus ojos ardiendo.—¿Quieres guerra?
Pues la tendrás.
Ambas volvieron a chocar, rodando de nuevo entre gruñidos y golpes sordos, el pasillo convertido en campo de batalla de un odio nacido de celos y provocaciones.
Pyrrha tenía a Yang encima de ella, así que le estiró con fuerza el cabello dorado.
Yang gruñó, soltando un alarido de rabia mientras intentaba tomar el rostro de la pelirroja con ambas manos.
La campeona se arqueó con agilidad, aprovechando la apertura para darle la vuelta e intentar encerrarla en una llave al cuello.
Yang, sin embargo, movió su cabeza hacia atrás y le dio un golpe brutal en la frente, lo que desorientó a Pyrrha lo suficiente para que ambas rodaran de nuevo por el suelo, abrazadas, gruñendo como bestias.
Yang apretó los dientes, sonrió con malicia y aprovechó su ventaja.
Se lanzó hacia adelante, usando su busto como arma para ahogar a Pyrrha contra su pecho.
—¿Qué pasa, Nikos?
¿Así no eres tan fuerte, eh?
—se burló, jadeando y sudando mientras sentía a la campeona retorcerse bajo ella—.
Qué ironía, la gran campeona de Mistral… ¡asfixiada entre las chicas malas!
restrego el rostro de Pyrrha entre sus tetas causando que la campeona se estuviera ahogando.
Los gruñidos de Pyrrha se intensificaron, sus uñas arañando los brazos de Yang en desesperación.
La rubia rio confiada.
—Vamos, admítelo perra… ya gané….
El chillido que siguió retumbó en todo el pasillo.
Yang se apartó de golpe, llevándose las manos al pecho con los ojos casi llorosos.
—¡¡¿Pero qué demonios?!!
¡¿Me mordiste?!
—gritó con la voz quebrada entre rabia y dolor.Se cubrió instintivamente, doblada hacia adelante—.
¡Eso es trampa, maldita loca!
Reviso un poco su pecho y la desgraciada habia mordido justo debajo del pezon derecho.
Pyrrha se incorporó, el cabello enredado, la ropa desordenada y la respiración agitada.
Sus ojos verdes brillaban con un fulgor salvaje.
—¡No eres digna de Tn!
—escupió, con la voz temblando de celos y furia—.
¡Yo soy su mejor amiga!
¡Soy la única que merece estar a su lado… como posible pareja!
Yang resopló, aún sujetándose, con la furia grabada en sus ojos rojos.
—¿Posible pareja?
—rió con burla amarga—.
¡Eres una psicópata compulsiva!
¡Si Tn supiera la mitad de lo que escondes, saldría corriendo en la dirección contraria!
El grito de Pyrrha reverberó en el pasillo, cargado de rabia y dolor.
—¡¡¡CÁLLATE!!!
Se arrojó sobre Yang de nuevo, y la rubia respondió con igual fiereza.
Ambas rodaron otra vez, con golpes, arañazos y gritos que se mezclaban.
El eco de la pelea se extendía por los corredores, pero Blake, en la habitación, apenas se movió.
Medio despierta, miró el reloj con los ojos entrecerrados.
—Ugh… —murmuró somnolienta—.
Con ese ruido no se puede dormir… Voy a saltarme las primeras clases.
—Se dio la vuelta y cerró los ojos, dejando que los gruñidos del pasillo se volvieran un ruido de fondo.
El enfrentamiento continuó largo rato, hasta que finalmente la violencia se disolvió en cansancio y respiraciones jadeantes.
Pyrrha pudo jurar escuchar gemidos, pero por el bien de su ahora mente cansada ignoraria eso.
.
.
Más tarde, en la cafetería, Pyrrha entró con una bandeja de comida en las manos.
Caminaba con paso rígido, intentando aparentar normalidad, pero no podía ocultar su aspecto: un ojo morado, la armadura interior algo torcida y el cabello despeinado, aún con marcas de la pelea.
Algunos estudiantes giraron la cabeza al verla, cuchicheando en voz baja.
Pyrrha apretó los labios, ignorando los murmullos, y se dejó caer en una mesa vacía.
—Tn… —susurró para sí misma, con los dedos tensándose alrededor del vaso de agua—.
Todo esto… es por ti.
Pyrrha miró su comida, apenas tenía ganas de probarla, pero sabía que debía hacerlo de todas formas.
Tomó la cuchara con lentitud, probó el pudín y siguió comiendo, ignorando las miradas de los estudiantes a su alrededor.
El ojo morado apenas comenzaba a sanar gracias a su aura, pero dolía más la humillación que el golpe.
Sabía bien por qué todos la observaban: los rumores ya corrían por Beacon.
La campeona de Mistral, la orgullosa Nikos, había terminado revolcándose en el suelo con Yang Xiao Long como si fueran dos bravuconas de secundaria.
La memoria volvió a golpearla: Yang arrastrándose hacia su habitación para alcanzar sus guantes, Pyrrha abalanzándose sobre ella, el forcejeo torpe… y cómo, sin querer, le bajó un poco la ropa interior.
Pyrrha se había quedado petrificada por un instante, viendo el sonrojo de Yang, hasta que un pie se estampó contra su rostro.
Después, nada.
Despertó en medio del pasillo con un dolor punzante en la cara, mientras Yang había desaparecido en su dormitorio.
Ahora estaba allí, sola, con el cabello aún desordenado y la vergüenza corriendo por sus venas.
Los cuchicheos no ayudaban.
—¿Viste su ojo?
—murmuró una chica en la mesa de al lado.
—Dicen que una estudiante la dejó tirada en el pasillo… que horrible que haya tal violencia y que la propia campeona sufriera bullying—respondió otra, en voz demasiado alta.
—¿Qué pasa con los estudiantes apenas es el primer semestre?
Primero Cardin, ahora Pyrrha… ¿van a pelear todos?
La cuchara de Pyrrha se detuvo en el aire.
Apretó los labios, pero no respondió.
Lo último que quería era darles más motivos para hablar.
Con un suspiro cansado, dejó la bandeja a un lado y apoyó su frente en su mano.
“No soy una loca compulsiva… yo…” pensó, recordando las palabras de Yang.
Pero esa voz interna se quebró en cuanto recordó a Tn sonriendo con amabilidad en el entrenamiento.
Mientras tanto, en el campo de entrenamiento exterior, Tn corría sin descanso.
Weiss, con la frente cubierta de sudor, jadeaba detrás de él.
Sus piernas temblaban y su respiración era un suplicio.
—¡E-espera…!
—logró decir, alzando una mano—.
¡Detente un segundo… Tn…!
El chico ni siquiera parecía cansado.
Giró un poco el rostro y la miró con una leve sonrisa.
—¿Ya no puedes más, Weiss?
Apenas vamos por la sexta vuelta.
Weiss apretó los dientes, intentando mantener la compostura aunque sentía que se desplomaría en cualquier momento.
—¡No…!
—dijo con la voz entrecortada—.
Solo… solo me estoy regulando.
No todos… corremos como bestias salvajes como tú.
Tn rió suavemente y redujo un poco el ritmo para darle oportunidad de alcanzarlo.
—¿Sabes?
No tenías que venir.
Yo puedo entrenar resistencia solo.
—¡No digas tonterías!
—replicó Weiss, aunque su voz temblaba del esfuerzo—.
Si tú entrenas, yo entreno.
No voy a dejarte avanzar mientras yo me quedo atrás.
El chico la observó un segundo, con cierta sorpresa.
—Tienes un orgullo enorme… —murmuró, casi para sí mismo.
Weiss levantó la barbilla, aunque estaba a punto de desplomarse.
—Soy una Schnee.
No me rendiré aunque me muera aquí mismo.
—Espero que no lo hagas —respondió Tn con calma, alargando el paso lo suficiente para obligarla a seguir—.
Porque si caes desmayada, me tocará cargarte de regreso… y créeme, no será cómodo para ti.
Weiss lo miró con furia cansada.
—¡Ni se te ocurra cargarme!
Pero en su interior sabía que, si seguía así, ese sería exactamente el desenlace.
Weiss gritó de pronto, llevándose la mano al muslo mientras trataba de detenerse.
Su pierna cedió y su cuerpo tambaleó un instante antes de caer de rodillas al suelo.
—¡M-mi muslo…!
—jadeó, su mano bajando instintivamente hacia el trasero, intentando sostener el dolor.
El calambre la recorrió entera, haciéndola estremecerse.
Su respiración se volvió temblorosa y, aunque trató de mantenerse erguida, la siguiente oleada de dolor la derribó de espaldas contra el suelo.
—¡Weiss!
—exclamó Tn, deteniéndose de golpe y regresando hacia ella en una carrera corta.
Se agachó a su lado, con el ceño fruncido—.
¿Estás bien?
Ella apretó los dientes, casi con lágrimas en los ojos, pero mordió su labio inferior para no mostrarse débil.
—N-no es… nada… —dijo con voz quebrada, intentando levantarse de nuevo.
El intento fue inútil.
En cuanto apoyó el peso en la pierna, el calambre se intensificó y cayó otra vez con un gemido sofocado.
—¡Ahhh…!
Algo… algo me pasa… —jadeó, apretando la tela de su pantalón.
Tn se inclinó más, observando con seriedad.
—¿Puedo revisarte?
Weiss lo miró con los ojos abiertos, indignada.
—¡¿Qué?!
El rubor subió a sus mejillas al comprender lo que implicaba su petición.
Tn, sin inmutarse, esperó en silencio, dándole espacio para decidir.
Tras un momento de orgullo herido y dolor insoportable, Weiss desvió la mirada, sonrojada hasta las orejas.
—…Está bien…pero no hagas nada raro —murmuró con un hilo de voz.
Tn asintió y llevó sus manos con cuidado hacia la pantorrilla y luego al muslo de la joven.
Su toque fue firme pero atento, presionando suavemente hasta sentir los nervios temblar bajo la piel.
Weiss no pudo contener un grito agudo al sentir el dolor dispararse.
—KYYYYYYAAAAAAAA¡Ahhh!
¡C-con cuidado!
—chilló, cerrando los ojos con fuerza.
—Se desgarró… —murmuró Tn con calma, palpando la rigidez del músculo.
Weiss lo miró de golpe, incrédula.
—¡¿D-desgarré?!
¡¿Y por qué mi aura no lo cura, entonces?!
Y como sabes eso.
-……….No vas a torneos sin saber estas cosas primero.
Tn levantó la vista hacia ella, todavía concentrado en examinar la pierna.
—El aura sana heridas, cortes, golpes… cosas que representan una amenaza externa.
También te da resistencia.
Pero no puede corregir un desgarro de este tipo, porque es tu propio cuerpo el que se dañó.
—¡Eso no tiene sentido!
—gruñó Weiss, aunque el sudor en su frente mostraba lo mucho que sufría.
—Sí lo tiene —continuó Tn con voz paciente—.
Esto ocurre cuando un músculo se contrae demasiado o se somete a más tensión de la que puede soportar.
Correr así, sin calentar bien, estando fatigada o con cierta rigidez, provoca desgarros musculares.
El aura no lo reconoce como amenaza, porque técnicamente es tu cuerpo el que lo causa.
Recordo las primeras veces que los tendones de sus brazos quedaron inutiles por un par de dias.
Weiss lo miraba entre furia y vergüenza, pero el dolor no le daba espacio para discutir demasiado.
—¡Esto es ridículo…!
—jadeó, apretando el suelo con una mano—.
No… no pienso quedarme aquí tirada.
Tn la sostuvo suavemente por los hombros cuando intentó incorporarse otra vez.
—No vas a poder ponerte de pie, Weiss.
Si insistes, solo lo empeorarás.
Ella cerró los ojos con frustración, temblando.
El orgullo de una Schnee estaba siendo pisoteado por algo tan “vulgar” como un calambre llevado al extremo.
—Entonces… ¿qué…?
—preguntó en voz baja, apenas audible—.
¿Qué vas a hacer?
Tn respiró hondo, con un tono práctico y sereno.
—Lo primero es estirar el músculo y aliviar la tensión.
Luego, te cargo de regreso.
—¡¿C-cargarme?!
—repitió Weiss, abriendo los ojos de golpe, su rostro rojo como un tomate—.
¡Ni hablar!
—Pues decide —contestó él con naturalidad, comenzando a colocar su mano detrás de su rodilla—: ¿prefieres que te cargue o que te deje aquí tirada hasta que alguien te encuentre?
Y siendo asi te arrastraras de vuelta a la academia.
Weiss lo miró con la mandíbula apretada, debatiéndose entre la humillación y la realidad de su dolor insoportable.
______________________________________________ (Bien ya empezamos con los conflictos y uffffff lo que se vienen 7w.
que creen que haga la rubia ahora que lucho con la loquita y que creen que haga pyrrha ante todo eso.).
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com