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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 164

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  4. Capítulo 164 - 164 Artoria lancer and alter part 3 fgo
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164: Artoria lancer and alter part 3 fgo 164: Artoria lancer and alter part 3 fgo Artoria lancer y alter parte 3 fgo  Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_______________________.

El día llegó, gris y silencioso.

Tn se acomodó contra una pared rota de la cripta mientras sostenía el comunicador, dictando su reporte a Chaldea con voz cansada pero firme.

—Aquí Tn.

Confirmo que seguimos con vida y tenemos un aliado en esta singularidad… pero la situación es más grave de lo esperado.

El mundo fuera de Britania no existe.

Todo está en ruinas.

No hay humanos, y los animales que quedan son bestias deformadas.

Cu Chulainn, sentado con las piernas cruzadas, giró su lanza distraídamente entre los dedos, observando el filo como si conversara con él.

—Hmph… Entonces quizás lo que nos queda es movernos hacia las costas.

Tal vez Irlanda aún tenga algo que ofrecer —murmuró con un dejo de ironía—.

No estaría mal volver a casa, aunque sea una versión torcida.

Bedivere, que se mantenía de pie con la espalda recta, clavó sus ojos en el comunicador de Tn.

Su expresión era solemne, casi fascinada.

—Hechicería increíble… nunca pensé que un objeto así pudiera conectar distancias imposibles.

—Alzó la voz, hablando directamente al aparato—.

Pero sabed esto: mientras ella empuñe la lanza, cualquier intento de atravesar el corazón de Britania será castigado desde los cielos.

El ataque casi Omnidireccional que era capaz de ejecutar la gobernante de Camelot.

Era aterrador como podria bombardear cualquier parte de la isla.

Del otro lado de la llamada, se escuchaban las voces en tensión de Romani, Da Vinci y Olga.

El murmullo de máquinas y alarmas bajas servía como fondo.

—Escúchenme bien —dijo Da Vinci, golpeando suavemente la mesa de control—.

Tienen razón en algo: su campo de batalla no es sólo tierra.

Artoria tiene el control absoluto del continente, y su espíritu gráfico está más allá de lo sirviente comun.

Equivale a un poder divino… No hay garantías de que ni siquiera Airgetlám logre contrarrestar a la lanza sagrada.

Bedivere bajó la cabeza, sus dedos apretándose sobre el brazo de plata.

—Lo sé.

Rongomyniad no es un arma que deba blandirse contra mortales… es el pilar del mundo.

Y aun así, ella lo ha vuelto un instrumento de ruina.

Olga, con la voz rasgada pero severa, interrumpió.

—Si se mueven por las costas, ¿hay alguna posibilidad de que sobrevivan?

El caballero asintió, aunque su gesto fue sombrío.

—Sí.

Mi Rey no atacará el mar.

Al menos… no directamente.

Pero ya lo he intentado.

Está infestado de monstruosidades.

Y carecemos de embarcación.

Cu Chulainn soltó una carcajada, apoyando su lanza en el hombro.

—¿Eso es todo?

Una barca no es problema.

—Chasqueó la lengua con un brillo en los ojos—.

Tengo mis trucos, ¿saben?

Tal vez no sea un rider, pero armar algo que flote y abrirme paso a golpes contra bestias marinas… suena como un buen día de trabajo para mí.

Que recuerdos, ir de paseo en el mar matando criaturas para volver a casar y disfrutar de doncellas.

Tn, sin levantar la vista del comunicador, preguntó.

—Da Vinci, ¿hay más zonas que podamos explorar?

Algo que valga la pena si llegamos al mar.

La genio italiana, del otro lado, hizo un sonido pensativo, el tecleo de sus dedos sobre la consola acompañando sus palabras.

—Hm… según la lectura de la singularidad, sí.

Algunas islas pequeñas siguen en pie, y parte de Irlanda aún existe.

Son fragmentos, pero podrían ofrecer recursos o incluso refugios temporales.

Si logran llegar allí… quizá encuentren algo que incline la balanza.

Cu Chulainn sonrió, enseñando los dientes como un lobo.

—Entonces ya tenemos rumbo.

Yo me encargo del camino, ustedes agárrense fuerte.

Bedivere guardó silencio, observando la determinación del celta con mezcla de respeto y desconfianza.

Tn cerró el informe.

—Entendido.

Objetivo inmediato: llegar a la costa y asegurar una embarcación.

Les mantendré informados.

El comunicador emitió un pitido suave y la transmisión terminó.

Un silencio breve llenó la cripta.

El aire olía a tormenta cercana.

Sin más, Tn se subió a la espalda de Cú Chulainn.

El lancer apenas asomó la cabeza por la grieta de la cripta, sus ojos de cazador recorriendo el horizonte.

No vio nada, ni rayos ni siluetas de la fortaleza en movimiento.

—Aguanta, muchacho —gruñó con una sonrisa ladeada.

Y con un impulso feroz, salió disparado.

Sus pies golpeaban la tierra con fuerza, levantando polvo y ceniza, cada paso acompañado de un silbido cortante en el aire.

Bedivere corría a su lado, y aunque parecía más pesado por su armadura, se movía con una velocidad sorprendente, propia de un Sirviente.

Durante horas corrieron como espectros a través del paisaje muerto, con el cielo rugiendo arriba, pero sin que Artoria los castigara desde lo alto.

Finalmente, el olor a sal y el estruendo de las olas rompió el silencio.

Habían llegado a la costa.

Cú dejó a Tn suavemente sobre la arena húmeda, exhalando una carcajada al mirar el horizonte marino.

—¡Ja!

No está tan lejos como pensaba.

Unos diecinueve kilómetros… un paseo comparado con lo que esperaba.

El viento salado golpeó sus cabellos azulados.

Sus ojos brillaban con la emoción de la batalla inminente.

Se giró hacia Tn.

—Oye, maestro.

¿Sabes algo de hechicería de creación?

Tn, que todavía trataba de recuperar el aire tras el viaje a lomos del celta, lo miró con sorpresa.

—¿Creación?

—parpadeó—.

No soy un especialista, pero… sé un poco de alquimia.

Manipulación de minerales, transmutación básica.

¿Por qué?

Bedivere, siempre alerta, estrechó los ojos con cierta suspicacia.

—¿Qué estás tramando, Héroe de Ulster?

Cú soltó una carcajada relajada y se dejó caer sobre la arena húmeda, apoyando los brazos detrás de la cabeza.

—Nada malo, tranquilo, caballero.

Solo necesito unas cadenas bien resistentes.

¿Qué tan rápido puedes hacerlas, muchacho?

Tn entrecerró los ojos, evaluando sus reservas de energía.

Aunque debía suministrar maná a dos Servants, había logrado sostenerse gracias a las raciones de Chaldea.

—Con estas rocas de la costa, y algo de arena tratada… una o dos horas como mínimo.

Pero me costará mantener el flujo mientras trabajo.

Bedivere lo observó en silencio, antes de murmurar.

—¿Cadenas?

¿Pretendes enfrentar al Rey con simples ataduras?

El lancer giró la cabeza hacia él, aún tendido sobre la arena, con una sonrisa lobuna.

—Oh, no.

Estas no son simples ataduras.

No subestimes a un perro de caza.

Un cazador siempre prepara sus trampas.

—Chasqueó la lengua y se acomodó—.

Confía un poco, ¿sí?

Lo sabrán cuando llegue el momento.

Tn suspiró y se arrodilló sobre la arena.

Juntó las palmas, respiró profundo y comenzó a trazar círculos de alquimia en el suelo.

Los minerales de la costa respondieron con un brillo apagado, mientras poco a poco se transmutaban en eslabones oscuros, resistentes, que se retorcían en figuras de cadenas.

Bedivere se mantuvo de pie, vigilando el horizonte con la mano sobre la empuñadura de su espada.

Su voz sonó baja, cargada de duda.

—Espero que tus juegos, celta, no nos cuesten más de lo que podemos pagar.

Cú Chulainn, sin abrir los ojos, solo sonrió con sorna.

—Relájate, caballero.

Si todo sale bien… estas cadenas nos van a dar la única oportunidad que tenemos contra tu Rey.

Y el rumor de las olas acompañó el lento golpeteo metálico de los eslabones recién creados.

.

.

Cuando las cadenas estuvieron listas, Tn se las entregó a Cu, y este sonrió con una chispa de picardía en sus ojos.

—Mi maestra me enseñó un pequeño truco —murmuró, mientras daba un par de vueltas con las cadenas en el aire para probar su resistencia—.

Era una bruja despiadada, pero maldita sea, pero una buena maestra.

Bedivere arqueó una ceja, desconfiado.—¿Y qué piensas hacer exactamente con eso?

—Ya lo verás.

—Cu se encogió de hombros y, sin más explicación, se arrojó de cabeza al mar.

Bedivere se quedó con la boca abierta, mirando las olas cerrarse tras él.

—¿Acaba de… tirarse al agua infestada de bestias sin un plan?

Tn suspiró, frotándose el puente de la nariz.—No.

Créeme… tiene un plan.

Y lo odiarás.

El agua se agitó de pronto, y de las profundidades emergió una criatura descomunal, con mandíbulas enormes cubiertas de fauces dentadas.

Medía por lo menos diecisiete metros, y su rugido estremeció la costa.

Pero lo más sorprendente fue ver al lancer montado sobre su lomo, riendo como un loco mientras las cadenas, reforzadas con el sello de Tn, mantenían cerrada la monstruosa boca.

—¡WOOOHOOO!

—gritaba Cu, tirando de las cadenas como si domara a un toro en un rodeo—.

¡Así se hace en Ulster, maldita sea!

Bedivere se giró hacia Tn, con el rostro completamente descompuesto.—¿Qué clase de… locura es esta?

Tn le devolvió la mirada con la misma expresión de incredulidad.

—La clase de locura que funciona, aparentemente.

La criatura se retorció, provocando olas que azotaban la playa, pero Cu golpeó su cráneo con la lanza y la obligó a obedecer.

—¡Vamos, bestia!

Hoy serás nuestro transporte.

El lancer alzó la voz hacia la costa, con una sonrisa salvaje.

—¡Oye!

¿Qué esperan?

¡Suban, que este viaje no tiene segunda llamada!

Bedivere tragó saliva, aún inmóvil.—Esto es una blasfemia contra toda razón….

—Y contra toda seguridad marítima —añadió Tn, cruzándose de brazos—.

Pero no tenemos otra opción.

Ambos se quedaron mirando al lancer, que agitaba la mano invitándolos a subir mientras la criatura daba coletazos que levantaban espuma y viento como un temporal.

El monstruo rugió, sacudiéndose violentamente, pero las cadenas brillaron con el sello de Tn, resistiendo el tirón.

Cu Chulainn se inclinó hacia delante y volviio a golpear el cráneo de la criatura.—¡Quieto, bestia!

Hoy serás nuestra montura, quieras o no.

Bedivere dio un paso atrás, aún sin poder apartar la vista de la escena.

—Esto… esto desafía toda lógica.

Ningún caballero en su sano juicio…..No posiblemente Mordred lo hubiera hecho-Murmuro recordando como en la corte de camelot si existirian locos que repetirian lo mismo.

—Por suerte para nosotros —interrumpió Tn con un suspiro pesado—, él nunca estuvo en su sano juicio.

El lancer volvió a gritar, con una sonrisa desenfrenada.

—¡Vamos!

¿Quieren llegar a Irlanda antes del anochecer o prefieren quedarse aquí a rezar?

El oleaje se agitaba como si el mar mismo estuviera furioso por el ultraje, y cada movimiento de la criatura hacía que las cadenas resonaran con un chirrido metálico.

Bedivere miró a Tn, aún indeciso.—¿De verdad vamos a… montar eso?

Tn apretó los labios y se levantó lentamente.—Si sobrevivimos a esto, prometo que nunca más volveré a cuestionar la locura de un héroe céltico.

—Luego le lanzó una mirada severa a Bedivere—.

Y tú, prepárate para rezar todo lo que sepas, porque en cualquier momento esas cadenas podrían.

Bedivere suspiró y caminó con paso rígido hacia la criatura.

Tn lo siguió de cerca, mirando con recelo las escamas resbaladizas que parecían vibrar con cada movimiento del monstruo.

El ascenso no fue nada fácil; la bestia marina se sacudía con violencia, intentando librarse de sus nuevos pasajeros, pero Cu la golpeaba con la parte plana de su lanza, gruñendo entre dientes.

—¡Quieto, maldito pescado!

¡Yo mando aquí!

—rugió, sujetando las cadenas con una fuerza titánica.

Bedivere frunció el ceño mientras escalaba.—Esto es una herejía… montar sobre un engendro del mar como si fuera un caballo de guerra.

—Llámalo como quieras —contestó Tn, esforzándose por no resbalar—.

Yo lo llamo “mejor que nadar hasta Irlanda”.

Finalmente, lograron acomodarse.

Cu había atado las cadenas alrededor de su Gáe Bolg, que ahora servía como un timón improvisado.

Con un giro del arma, la criatura se lanzó a través del mar, abriendo olas a su paso.

El avance era moderado, pero constante, y con cada sacudida Bedivere abrazaba a Tn con más fuerza para evitar que se precipitara al agua.

—Si me aplastas un poco más, no voy a poder respirar —jadeó Tn.

—Prefiero asfixiarte a dejar que caigas al océano —replicó Bedivere, con una seriedad que rozaba lo absurdo.

Las olas golpeaban contra sus rostros, empapándolos sin tregua.

Cu, en cambio, parecía disfrutar cada instante, gritando con júbilo como un niño en plena feria.

—¡JAJAJA!

¡Esto sí que es vivir!

¡Navegar el mar sobre la espalda de un monstruo!

¡La shishou estaría orgullosa!

.

.

Desde Chaldea, Olga Marie se tapaba la cara con la mano libre, mirando con su único ojo sano la transmisión.

—Esto no puede ser real… ¡no puede ser real!

¡Es ridículo!

Da Vinci, en cambio, sonreía con genuino entusiasmo.

—¡Magnífico!

¡Un lancer que suplanta a un rider, usando cadenas y una lanza como arnés!

Esto es historia pura, querida directora.

¡Imagínalo en un lienzo, sería espectacular!

Y mas si contamos que los parametros de Cu no son los mejoros en montura.

Romani, casi con lágrimas de risa, agregó—Esto parece sacado de un anime de temporada.

¡Míralos!

¡Van rumbo a Irlanda montados en una bestia marina!

Solo falta la música épica de fondo.

—¡Basta!

—Olga golpeó la consola con rabia—.

¡Esto no es un espectáculo, es una operación seria!

.

.

De vuelta en la singularidad, Cu escupió agua salada y agitó la cabeza, sonriendo como un demonio.—¡Uff!

Menos mal que atrapamos uno de tamaño medio.

Los grandes son un infierno bajo el agua, no se ve nada y son más tercos que un toro.

Bedivere cerró los ojos, aún tenso.—Rezo para que sobrevivamos a tu… improvisación, sabueso de Ulster.

—¡Deja de rezar y disfruta el viaje, Sir “cara-larga”!

—le gritó Cu, mientras el monstruo avanzaba golpeando las olas con fuerza.

Tn, empapado y cansado de rebotar contra las escamas húmedas, murmuró para sí—¿Qué demonios hice para merecer esto…?

.

.

En Camelot, el Rey caído mantenía la mirada perdida, fija en el horizonte, pero en verdad vagaba dentro de sí misma.

Desde lo profundo de su corazón, ansiaba la derrota.

Ansiaba, aunque no lo admitiera en voz alta, que alguien le diera fin a su vida.

Sin embargo, la testarudez de un rey era un grillete que la mantenía en pie: no podía inclinarse, no podía ceder.

—Mi caballero fiel… no será suficiente —murmuró con voz apagada, recordando a Bedivere, el último que aún la servía en esta distorsión.

El nombre de aquel extraño maestro también acudió a su mente.—El joven Tn… un magus sin gloria ni linaje.

Ni siquiera él podrá alcanzarme.

Aun así, dentro de su espíritu resquebrajado, quedaba una fisura abierta.

Todo lo que aún conservara un atisbo humano recibiría de ella un amor profundo, sincero… pero la parte divina que la ataba a la lanza, a Rhongomyniad, rechazaba lo humano, lo condenaba como fango.

La dualidad la carcomía: amar y odiar, salvar y destruir, todo en un mismo corazón.

—¿Fue mi culpa…?

—su voz tembló apenas—.

¿Acaso pedí esto?

Solo quise salvar mi tierra, solo quise apartar a los bárbaros de Britania….

Un silencio gélido llenó la sala del trono, roto únicamente por el murmullo del viento a través de los vitrales destrozados.

—Y terminé destruyendo al mundo entero.

La visión se desplegó frente a ella.

Un privilegio del rey de la singularidad: contemplar a los intrusos que osaban cruzar sus dominios.

Allí, en las costas, vio a Tn, empapado, tambaleante, pero aún resistiendo junto a sus aliados.

Su corazón, contra todo lo que dictaba la lanza, palpitó un poco más fuerte.

—Un niño… ¿ese es el enviado?

—susurró, y por un instante en sus ojos brotó un brillo extraño, mezcla de ternura y odio.

Fue entonces cuando la idea surgió.

No de su voluntad, sino del Grial mismo, respondiendo al deseo reprimido en lo más profundo: su anhelo de ser derrotada.Un susurro se coló en el aire, invisible, inexorable:.

“Para quebrar a un sirviente divino… solo otro sirviente divino bastará.”.

Y así, en otra parte de Irlanda, el tejido de la realidad se desgarró.

Chispas de prana se arremolinaron en torno a un círculo improvisado.

La primera señal fue un resplandor ardiente, y después, mechones de cabello rojo ondeando con violencia.

Una figura emergió, sólida, fuerte, con la presencia de un guerrero de antaño.

La voz de aquel hombre resonó como un trueno en la costa húmeda—¿Quién osa invocarme en esta tierra extraña?

¿Quién reclama al hijo de un dios, al héroe de antaño?

Los ojos de Artoria, desde su trono, se abrieron con un destello de interés.—Entonces… ha comenzado.

.

.

El sirviente convocado en Irlanda abrió los ojos entre el humo del círculo todavía humeante.

Su primera palabra fue un suspiro cargado de anhelo:.

—Sita… ¿dónde estás, mi amada?

—murmuró el antiguo rey, como si buscara su reflejo en aquella tierra extraña.

A donde lo envio el grial ahora.

.

Mientras tanto, en el mar, Cu Chulainn rugía de emoción y adrenalina.

—¡Ja!

Ya puedo divisar Irlanda, maestro.

¡Nos queda nada!

—gritó, señalando la costa.

Pero Bedivere frunció el ceño, el brazo de plata palpitándole como una advertencia.—…Esto no está bien —susurró.

El mar estaba demasiado calmado, demasiado silencioso.

Solo unos kilómetros antes de tocar tierra, algo colosal emergió desde las profundidades.

Un golpe brutal los lanzó a todos al agua.

La criatura marina que habían usado como transporte fue engullida en un instante por un monstruo aún más grande, que surgió rugiendo desde abajo y desgarrando todo a su paso.

—GAAAAAAHHHHHH ¡Maldición!

—gritó Cu, saliendo del agua a manotazos mientras escupía sal.

Su mirada se endureció al reconocerlo—.

Oh, no… no puede ser….

Un nuevo impacto lo catapultó hacia los cielos.—¡Cu Chulainn!

—bramó Bedivere, apretando con fuerza a Tn contra su cuerpo para que las olas no se lo llevaran.

—¡Ggh… maldita sea!

—Tn levantó su mano, acumulando prana en su palma temblorosa y disparando un hechizo comprimido.

Una esfera azulada voló contra el monstruo, apenas rozando su piel antes de estallar como un petardo contra una muralla.

El monstruo soltó un gruñido gutural, más irritado que herido.

Bedivere apretó los dientes, el brillo plateado de su brazo asomando.

—¿Debo usarlo…?

Si lo libero aquí, podría hundirnos a todos….

De pronto, un grito desgarrador cruzó el aire.

Desde lo alto, Cu Chulainn blandía su lanza en un arco carmesí.

—¡Gáe Bolg!

El aire se partió en un instante.

El mar rugió con furia cuando el ataque descendió, perforando la bestia con violencia divina.

El estallido fue tan grande que la presión del agua los empujó de nuevo hacia la superficie.

Tn sintió sus reservas de mana vaciarse como si hubieran sido arrancadas de golpe.

Jadeó con la vista borrosa, mientras la conexión con Cu drenaba hasta la última chispa de energía.—Agh… mi… mana……aghh.

El cuerpo del monstruo se partió en dos, hundiéndose en el mar hasta que solo quedaron restos flotando en la espuma.

El silencio se impuso por primera vez en horas.

Ok……culpa de lancer pero eso seria algo que gritarle mas tarde.

Pasaron varios minutos hasta que los tres, agotados, lograron alcanzar la orilla de Irlanda.

Los tres jadeaban en la arena húmeda, empapados y heridos.

—Hah… ¡eso estuvo de locos!

—Cu se dejó caer de espaldas, riendo entre toses—.

¡Ni en Ulster me había tocado algo así!

Oh bueno…..si contamos la vez que me retaron a tirarme al lago desnudo o la vez del jabali mosntruoso.

Mmmmm ahora que lo pienso, porque aceptaba esos retos.

Bedivere lo fulminó con la mirada, empapado, todavía abrazando a Tn como si temiera que desapareciera entre las olas.

—¿Esto te parece un juego, sabueso?

Casi mueres ahí arriba.

Cu le guiñó un ojo, sangrando del labio pero sonriendo igual.

—¡Bah!

Morir no sería tan malo, pero ¿dejar al crío sin un guardaespaldas?

Eso sí sería una tragedia.

Tn se dejó caer de rodillas en la arena, respirando con dificultad.

—No… más monstruos marinos, ¿entendido?

Si vuelvo a montar uno, que sea… más pequeño….

Cu soltó una carcajada, dándole una palmada en el hombro.

—¡Lo admites!

¡Fue divertido hasta que nos emboscó ese pez bastardo!

Bedivere negó con la cabeza, mirando hacia la costa que se extendía ante ellos, oscura y cubierta de brumas.

—No bajen la guardia.

Si el mar estaba infestado… la tierra puede ser peor.

La voz del comunicador de Tn chisporroteó entonces, con Da Vinci y Romani gritándoles al unísono.

—¡¿Qué demonios fue esa descarga de mana?!

¡Los sensores enloquecieron!

—bramó Da Vinci.

—¡¿Siguen vivos?!

¡Respóndanme, por favor!

—pidió Romani con tono casi desesperado.

Tn alcanzó a acercarse el comunicador a los labios, todavía temblando.—Estamos… en Irlanda… pero apenas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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