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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 166

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  4. Capítulo 166 - 166 Altera part 3 fgo
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166: Altera part 3 fgo 166: Altera part 3 fgo Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_______________________________________________________ (Suculenciaaaaa).

.

.

Sin perder tiempo, su amante jadeo mientras Altera lo habia sujetado a la cama.

-Ya veo.

Muy bien, me aseguraré de que estés listo.

Aunque haya pasado un tiempo sin intimidad.

Se había acostumbrado a las exigencias que ella misma habia tenido en el pasado, una familia, imposible debido a su estatus.

Acercándose a Tn, cayó de rodillas en la cama frente a él, sin perder tiempo en agarrar su miembro para bombearlo hasta la máxima erección.

-No hay límite en cuanto a cuántas veces puedes llegar al clímax, ni a qué actos sexuales puedes resistir.

Simplemente, dilos claramente para que pueda proporcionártelos y listo.*Slurrpp* De igual forma tengo que ser yo la que tome las decisiones.

-!Eee-ehh Altera no podríamos tomarlo con calma-Se callo cuando sintió su polla ser apretada con demasiada fuerza y mirarla a los ojos, un brillo que prometía volver a los problemas que tuvo antes en vida.

-*suspiro* B-bien haz tu mejor esfuerzo, ahhh Altera.-.

Tras darle tan extraños ánimos, lamió la punta del pene de Tn antes de empezar a besarlo.

La polla se endurecía cada vez más con el tratamiento de Altera, sus dedos delicados pero firmes la sacudían mientras dejaba besos a lo largo y lamía su punta.

No pasó mucho tiempo antes de que Tn no pudiera soportarlo más y se pusiera una mano en la nuca, empujándola hacia su punta.

SSluuuurrpppppp slurrrrrpppppp slurrrpppp.

*gulp* *gulp* *gulp*.

*Tragar*.

-No te contengas y eyacula mas en mi boca si la necesidad llega-.

Con su lasciva propuesta hecha termino de tragar su semen para luego volver a su felacion y notar los temblores en su polla, abrió la boca de par en par y tomó su miembro en ella.

Lentamente, centímetro a centímetro, empujó la dura y cálida longitud en su boca, moviendo la cabeza y lamiendo su parte inferior.

Si el tamaño y el sabor la molestaron, no se notó mientras hacía todo lo posible por complacer a su amante hasta el orgasmo.

-Guuukkkk A-altera Aahhhhhhhh-.

Sin soltarle la nuca, intentó empujarla más abajo, pero ella aún no tenía la excitacion suficiente para hacerle una garganta profunda.

Decidida a que se corriera lo antes posible, Altera lo compensó moviendo la cabeza a mayor velocidad, succionando con vigor la longitud de su boca.

Su amante evidentemente disfrutó de su mamada, pues empezó a empujar la cadera hacia ella, follándola en la cara mientras su respiración se aceleraba y sus gruñidos se hacían más fuertes.

Su miembro erecto palpitaba en su boca, y ella sabía que no tardaría en llegar al clímax.

Se preparó para tragar su semen, suponiendo por el fervor de sus embestidas que, después de todo, acabaría en su boca.

Sin embargo, su amante tenía otros planes.

Al acercarse al clímax, Altera aparto la cabeza de su polla,Tn gimiendo ante la repentina ausencia de su boca húmeda y cálida mientras ella se agarraba al miembro para masturbarle hasta el clímax, explotándole en la cara.

La acción lo tomó por sorpresa, dándole solo un instante para cerrar los ojos mientras Tn sentia su quinto climax y Altera sentia el líquido cálido y pegajoso le salpicaba la cara.

Unos rastros blancos, completamente diferentes a los habituales, cubrían su rostro, corriendo por sus mejillas, sobre su nariz, a lo largo de los regueros de baba que se le escapaban por las comisuras de los labios.

La polla de Tn expulsó las últimas gotas de líquido blanco que cayeron sobre sus pequeños pechos, dejándose caer mientras jadeaba.

La mujer manchada se levantó, algo desconcertada por la ducha que había recibido.

« Mmmm Casi siempre se sentia mejor acabar dentro de mí».

Los deseos que ella quería satisfacer la eludían.

No queriendo perder el tiempo en algo que no entendería, procedió con su «deber de pareja».

«¿Eso es todo o necesitaba o acaso queria seguir?».

Algunas veces anteriores se había conformado con una sola eyaculación, mientras que otras había aguantado más.

Tn jadeo mientras su polla parecia seguir dura.

Altera miró felizmente o lo que podia describirse como feliz.

Altera parpadeo mirandolo parecía excitado al ver sus delicados rasgos cubiertos de su semen.Altera lo empujo en la cama y se sento sobre su sintura mientras Tn la tomaba por la cintura, acercándola más, y tomó uno de sus oscuros pezones en su boca.

-Parece que a le gustan mis pechos.

¿Pensé que habia abandonado ese habito tuyo?- .

Sus pezones comenzaron a endurecerse al sentir su lengua lamiéndolos, y no intentó reprimir los gemidos que le arrancaba.

Viejos recuerdos de las veces que hicieron su intimidad en cuevas o matorrales.

Tn tenia una peculiar afiliacion por sus pechos, parecia un infante en sus primeros dias.

-Ahhhhh~ Ahhhhh~ mmmm~ n-no chupes tan fuerta kyaaaaahhhh-.

A pesar de lo que creía la inexperta guerrera, Tn claramente no tenía ningún problema con la modestia de sus atributos, algo que dejó claro al agacharse para acariciar su respingón.

A pesar de su esbelta complexión, seguía siendo firme y flexible, y le llenaba la mano con agrado.

Extendiendo la otra mano hacia la parte más íntima de Altera, aquella con la que ella había provocado pero negado al público, acarició su entrepierna.

Ella soltó un gemido al tacto; el dedo rozándola la humedeció.

Ella se quedó quieta, sin quejarse.

-Ahhhh Debe querer aparearse Ahhhh- .

Sabiendo que pronto querría penetrarla, no ofreció resistencia cuando su amante la giró y la sentó en su regazo, sintiendo su miembro erecto asomar entre sus piernas.

Su mano bajó una vez más entre sus piernas, separando sus labios y metiendo un par de dedos en sus temblorosas entrañas.

Empujando dentro y fuera, frotando sus paredes aterciopeladas, su rostro se sonrojó mientras gemía lascivamente.

-Estoy hnnn…

ya mojada.

No tienes que Gukk…

preocuparte ahhhh por mí.

Haz lo que necesites para terminar-.

Claramente hablaba en serio, pero su propio cuerpo inconcientemente puso mas fuerza para impedir que Tn pudiera levantarse.

-E-esta bien, si lo tomas con calma.

-………Solo concentrate en tu labor como amante.

Dando unas cuantas sacudidas más con sus dedos, los sacó, asegurándose de frotarlos sobre su clítoris en el camino.

Agarró su polla para alinearla con su entrada, Altera se levantó de su regazo para ayudar.

Dejó escapar un gemido cuando su punta rozó contra sus cálidos y húmedos labios, dando paso a un gruñido cuando ella se bajó para empujarla dentro de ella.

Sin perder tiempo, una vez que sintió que su amante la había penetrado, se dejó caer de nuevo en su regazo, gimiendo mientras empujaba el miembro duro en sus profundidades.

No le importaban las bromas ni los retrasos, solo quería terminar con él.

Para ese fin, rebotó sus caderas en el regazo de su amante, hundiendo su polla más profundamente en su coño, sintiendo la habitación con los húmedos sonidos de su acto sexual.

Apoyando una mano en sus caderas, Tn comenzó a ayudarla con sus movimientos mientras empujaba sus propias caderas hacia arriba, ya habiéndose empuñado completamente dentro de ella.

Extendió la otra mano, la que había usado para tocarla, y mientras su boca se cernía sobre ella mientras gemía, metió sus dedos en su boca.

El repentino sabor ácido de su propia excitación tomó a Altera por sorpresa.

Pocas veces Tn desidia ser el que tomara el roll de amante predominante.

Sin embargo, ella tenía una idea de lo que él esperaba, así que comenzó a succionar sus dedos.

Pareció tener el efecto deseado, ya que su polla comenzó a palpitar dentro de ella mientras su respiración se volvía errática y sus gemidos y gruñidos más fuertes.

No pasaría mucho más tiempo hasta que volviera al clímax.

Una característica que siembre habia tenido era que había elogiado era su piel sedosa, y su amante parecía apreciarla también, ya que apretó su rostro contra la espalda de Altera, frotando su mejilla para sentir su suavidad.

Empujando frenéticamente, gruñendo desesperadamente, frotando sus dedos contra su lengua y su rostro contra su espalda, su amante se llevó al límite.

Sin embargo, Altera llegó primero.

Aunque había sido más proactivo, parecía que el cuerpo de la guerrera era más sensible de lo esperado.

Su coño se tensó alrededor de su pene mientras ella llegaba al orgasmo, sus gemidos amortiguados por los dedos en su boca.

Sintiendo su pene contraerse dentro de ella, Altera estaba preparada para sentir su semen llenándola por dentro.

Justo cuando estaba a punto de correrse, la agarró por las caderas para levantarla de su miembro, dejándola caer sobre su regazo antes de agarrar su miembro y bombearlo furiosamente hasta el final.

Nuevas líneas blancas se extendieron por su cuerpo, hasta sus pequeños pechos, bajando por su vientre y llegando a su entrepierna y muslos.

No dejó de bombear hasta que sintió que salía hasta la última gota, cayendo flácido hacia atrás en el sofá cuando terminó.

‘¿Por qué está tan decidido a acabar sobre mí en lugar de dentro de mí…?’ .

A ella no le importaba, ya que significaba que probablemente ya había terminado, pero no lo había hecho antes que él.

El fluido caliente se sentía pegajoso contra su piel, pero decidió no limpiarlo, ya que su sub-conciente parecía desearlo con tanta urgencia.

Levantándose de su regazo, se giró para observar su estado.

Él jadeaba pesadamente, con una sonrisa tonta en su rostro al ver los resultados de su orgasmo.

Todo el frente de su cuerpo estaba trazado con líneas blancas pegajosas, los patrones reales de su piel ya no eran discernibles.

-¿Estás satisfecho con nuestra sesion de amantes o necesitarás más servicios?-.

-*suspirar* P-podemos tomar un descanzo-.

-……..Mhp…..Sigo tenindo necesidades quizás te gustaría acabar sobre mi via anal de nuevo-.

Eso no iba a terminar pronto cuando ella comenzo a sujetar su cabello en una coleta.

.

.

.

(Fin suculencia).

Luego de recuperar varias horas de afecto con su antiguo amante, Tn estaba jadeando en su propia cama junto a Altera.

El aire de la habitación era pesado, cálido, impregnado de sudor y del aroma metálico de ella.

No recordaba con tanta claridad lo ruda, lo tenebrosa, lo devastadora que podía ser su amante cuando se entregaba a la intimidad.

Y aun así, el triste hecho lo atravesaba como siempre: nunca pudo darle hijos a Altera.

Ella nunca fue una humana común.

No compartía esa fragilidad, ese don.

Dar descendencia con un filósofo de piedras había sido una ilusión, una imposibilidad dolorosa.

Ahora, siendo Servants, ese defecto era definitivo.

Permanente.

Irrompible.

Él y Altera jamás tendrían lo más cercano a una familia.

Mientras acomodaba sus gafas con dedos temblorosos, la voz firme y tranquila de ella lo atravesó como una flecha.

—¿Qué haces despierto?

—preguntó, sin abrir del todo los ojos—.

¿O acaso… quieres más?

Tn se removió, nervioso.

—N-no.

Yo… solo estaba pensando en algo.

Nada importante.

Ella giró el rostro, clavando en él una mirada serena, pero con ese brillo extraño que siempre le hacía sentir desnudo incluso con ropa.

Altera se recostó de nuevo contra su pecho, murmurando casi con un dejo de aburrimiento.

—Jugar al amo y a la mascota fue… curioso.

Algo nuevo.

Pero… me aburrí rápido.

Tn gimió cansado, cubriéndose el rostro con una mano.

—¿Acaso… no harás nada más en todo el día?

—¿Por qué debería?

—respondió ella con calma, en un tono que no admitía reproche—.

Ahora que te tengo de vuelta… podemos repetir lo que hacíamos en vida.

Viajar de un lugar a otro.

Caminar entre ruinas, ciudades, montañas.Sesiones de amantes, aunque la reproduccion no este a nuestro alcanze.

Se incorporó ligeramente, sus dedos acariciando de manera distraída la correa en su cuello, como recordándole que seguía allí.

—Y esta vez, siendo Servant, la vejez no te afectará.

No habrá más fin.

No habrá más separación.

Tn la miró largo rato, en silencio, con un nudo en la garganta.

Las palabras de ella eran hermosas en su forma extraña, pero cargaban una sombra cruel.

Repetir lo que hicieron en vida.

Como si todo lo demás no importara.

Como si las esperanzas que alguna vez tuvo —de hijos, de un hogar, de normalidad— hubieran sido polvo desde el inicio.

—¿Repetirlo todo…?

—susurró él, apenas audible.

Altera inclinó la cabeza, con esa expresión enigmática que parecía ternura y dominación al mismo tiempo.

—Sí.

Esta vez… sin fin.

Tn tragó saliva.

Por primera vez en mucho tiempo, no supo si eso lo consolaba… o lo aterraba.

Altera se levantó de la cama.

Con un destello de luz, el brillo etéreo de su atuendo se desplegó sobre su piel y, como si nada hubiera pasado, toda la fatiga desapareció de su cuerpo.

—Podría salir fuera de Chaldea —comentó sin emoción, mirando hacia la pared como si sus ojos pudieran atravesar el acero y el hielo—.

Aunque estamos en el Polo de la Antártida, la barrera que cubre este lugar tiene varios kilómetros de radio.

Caminar alrededor, sobre la nieve… no sería imposible.

Giró su muñeca, y la correa se aflojó, cayendo sobre las sábanas.

—No la necesitarás.

—Su voz era seca, casi sin prestar demasiada atencion—.

Ya no tienes por qué alejarte de mí.

Tn frotó su cuello con un gesto cansado, sintiendo aún el ardor de la piel marcada.

Aunque la correa hubiera desaparecido físicamente, él sabía la verdad: debido a su leyenda con Altera, aquella cadena siempre estaría allí de una u otra forma.

El alquimista y su dama.

Una historia poco reconocida, un eco en los márgenes del mito, pero con suficiente fuerza para reclamar un lugar en el Trono de los Héroes.

Altera lo observó con una mirada distante, casi fría, pero al mismo tiempo cargada de posesión.

—Ya no hay civilizaciones que exterminar.

—Sus palabras cayeron como sentencia—.

Eso significa que estarás bien.

Tn soltó un suspiro, masajeando su cabeza.

—Lo único que quiero ahora es ducharme… y vestirme.

Altera lo miró fijamente.

Su expresión apenas cambió, pero el silencio fue tan pesado como un juicio.

—Un Servant no necesita esas cosas —replicó sin titubear—.

El hambre, el cansancio, incluso la suciedad… todo es irrelevante.

Tn bajó la mirada.

Sabía que discutir con ella era inútil.

—Puede ser irrelevante para ti… pero yo sigo disfrutando de esas cosas —dijo al fin, con un dejo de firmeza.Podris reprocharle lo del sexo pero si mencionara la palabra ella lo ataria a la cama y lo montaria de nuevo.

Por un instante, creyó que ella lo detendría.

Pero entonces, Altera inclinó apenas la cabeza, evaluándolo como a un soldado que había cumplido su deber.

—Has satisfecho mi deseo como amante.

—Sus labios pronunciaron aquellas palabras sin pudor, con la misma frialdad con la que dictaba un veredicto en batalla—.

Por eso lo permitiré.

Tn se quedó inmóvil unos segundos, sorprendido por la respuesta.

—¿Así que… tengo permiso para ser humano?

—ironizó, intentando esconder el cansancio tras un suspiro.

Los ojos rojos de Altera brillaron con intensidad, como brasas en la penumbra.

—No es permiso.

—Se inclinó apenas hacia él, su voz descendiendo a un susurro—.

Es una concesión que sólo yo puedo darte.Y….no somos humanos Tn.

Un escalofrío recorrió la espalda de Tn.

Sabía que, aunque ella hablara de libertad, su sombra lo seguía envolviendo.

.

.

Luego de la ducha —y de tener que sacar a Altera de allí antes de que decidiera iniciar otra de sus “sesiones” que acabarían destrozando el baño—, Tn y Altera estaban ahora frente a una de las grandes bodegas que conducía al exterior de Chaldea.

El aire se sentía más pesado, cargado de esa extraña tensión que siempre rodeaba a la guerrera.

Algunos Servants pasaron cerca, curiosos, preguntándose qué hacían ambos allí.

Sin embargo, bastó una sola mirada de Altera para que se alejaran en silencio.

La guerrera se detuvo frente a la puerta reforzada.

Sus dedos acariciaron el metal como si fuera un simple obstáculo de barro.

Tn la observó, nervioso.

—Podríamos… llamar al Maestro.

O a Da Vinci.

Ellos podrían abrir la puerta sin problemas… —dijo con cautela.

Pero sus palabras murieron en el aire cuando escuchó un crujido.

Altera, sin un ápice de esfuerzo en su rostro, había derribado la puerta de un solo golpe.

El metal se dobló como si fuera papel, la cerradura chirrió y cayó al suelo.

Ella miró a Tn con sus ojos rojos brillando en la penumbra.

—No hay necesidad de pedir permiso.

Tendremos nuestra caminata en la nieve.

El alquimista bajó la cabeza y suspiró.

—Siempre tan… directa.

—Murmuró apenas, siguiéndola con pasos pesados.

Era verdad.

Él había pasado décadas junto a ella, había aceptado sus peculiaridades, incluso había muerto a su lado.

La conocía demasiado bien: Altera seguía siendo tan difícil, tan inamovible como siempre.

Y aun así, aquí estaba de nuevo, siguiéndola como siempre lo había hecho.

Sin la correa en su cuello, Tn sintió una breve chispa de alivio, un pequeño respiro en medio de esa eterna cadena invisible que lo unía a ella.

Ambos salieron al frío.

La nieve cubría todo el horizonte, extendiéndose como un mar blanco sin fin.

El viento helado golpeó el rostro de Tn, obligándolo a encogerse bajo su abrigo improvisado.

—Hostias… —murmuró, frotándose los brazos—.

Es como caminar de nuevo en la peninsula iberica.

Altera caminaba a su lado, erguida, inmutable.

Sus ropas ligeras, su armadura incompleta, nada parecía afectarle.

Ni un temblor, ni una respiración acelerada.

—No sientes nada, ¿verdad?

—preguntó Tn con una mueca, mientras las ventiscas le azotaban la cara.

Ella giró apenas el rostro hacia él.

—El frío es irrelevante.

El cuerpo de un Servant no se doblega ante climas ni hambres.

Tn soltó una risa amarga.

—Claro, claro… siempre lo mismo contigo.

Para ti todo es “irrelevante”.

El hambre, el cansancio, el frío… incluso la muerte, ¿no?

Altera se detuvo de pronto.

Sus ojos lo atravesaron, intensos, como si esa frase hubiera tocado algo más profundo.

—La muerte no es irrelevante.

—Su tono fue bajo, pero firme—.

La tuya lo cambió todo.

…………..

Tn tragó saliva y desvió la mirada hacia la nieve.

Sintió un peso en el pecho que ninguna ventisca podía enfriar.

—Entonces… ¿por qué sigues tratándome como si fuera una cosa tuya?

—preguntó al fin, con voz quebrada—.

¿No aprendiste nada después de perderme?

El silencio se alargó.

La nieve seguía cayendo, el viento seguía rugiendo, pero entre ellos dos sólo quedaba esa tensión suspendida.

Altera dio un paso hacia él, y con un gesto suave —demasiado suave para lo que era ella— tomó su mano.

—Precisamente porque te perdí —susurró—.

Esta vez… no dejaré que nadie te quite de mí.

Ni siquiera tú mismo.

El corazón de Tn se estremeció.

Sabía que no era una promesa vacía.

Con ella, las palabras eran siempre se cumplian.

.

.

Caminaron en la nieve, el crujir bajo sus botas marcaba un ritmo lento pero constante.

El frío del viento golpeaba el rostro de Tn, aunque él estaba bien abrigado.

A su lado, Altera avanzaba como si nada; su andar era elegante, imperturbable, y ni siquiera parecía consciente de la temperatura.

Tn rompió el silencio con una pregunta que llevaba rato guardando.

—¿Qué hiciste… después de que yo fallecí?

—su voz salió más suave de lo esperado, casi temerosa.

Altera giró la cabeza, su cabello blanco brillando bajo la luz grisácea del cielo.

—Destruí todo lo que encontré —respondió con simpleza, como si hablara de recoger flores—.

Pero luego me cansé.

Me alejé de las civilizaciones, vagué un poco… no era lo mismo.

Me senté junto a una cascada y esperé.

Sola.

Hasta que desperté en el Trono de los Héroes.

Hizo una pausa, bajando la mirada.

—Después me encontré en Roma… dirigiendo una guerra contra Nero Claudius en una singularidad.

Luego, invocada aquí, en Chaldea.

Todo ese tiempo… sentí que me faltabas.

—Altera apretó los labios apenas un segundo—.

Sentí que estaba sola.

Tn tragó saliva, incómodo.

Él apartó la mirada hacia la nieve que se extendía como un mar interminable.

—Yo estuve en el Trono también… —susurró—.

Era como una gran casa, con una biblioteca inmensa.

Aunque el dueño… era extraño.

—¿El dueño?

—Altera alzó una ceja, curiosa.

—Un hombre llamado Howard… aunque no recuerdo bien su apellido.

Altera ladeó la cabeza.

Su voz se volvió un poco más afilada.

—¿Y acaso no… tuviste una amante ahí?

Tn se tropezó con un montículo de nieve y casi cae de bruces.

Se recompuso con torpeza y le gritó, ruborizado.

—¡Sólo he estado contigo!

¡Siempre contigo!

—Se ajustó las gafas con un gesto nervioso—.

No hubo nadie más.

Altera entrecerró los ojos, pero no dijo nada, simplemente reanudó su paso con la misma calma que antes.

—Por lo menos, aquí en Chaldea… tendremos algo parecido a una vida.

Y si nos lo negaran… —cerró los ojos, su voz cargada de un matiz solemne— entonces destruiría todo de nuevo.

Tn la observó en silencio.

Sintió una punzada en el pecho, mezcla de dolor y ternura.

Dio un paso más cerca y, con timidez, rodeó sus hombros con un ligero abrazo.

—…No quiero que estés sola otra vez —murmuró.

Los ojos de Altera se abrieron, brillando con un resplandor casi infantil por un instante.

Luego, con un tono tan directo como siempre, preguntó.

—¿Quieres tener sexo en la nieve?

Tn casi se atragantó con su propia respiración.

—¡Altera!

—bufó, apartando el abrazo con un rubor notorio—.

¿Podrías dejar de pensar en eso todo el tiempo?

Solo… disfrutemos la vista.

Ella lo miró fijamente, como midiendo si era en serio, y al final suspiró.

—Muy bien… pero luego no te quejes si cambio de idea.

Tn se llevó una mano al rostro, resignado, mientras caminaban juntos por el paisaje blanco.

.

.

Llegaron a una sección del bosque.

La nieve se acumulaba entre los troncos desnudos, pero la vida seguía presente.

Altera observó con atención los pequeños rastros de movimiento: aves que revoloteaban entre ramas, roedores que corrían sobre la nieve buscando semillas olvidadas.

Su expresión, normalmente tan fría y monótona, se suavizó apenas.

Tn, por su parte, se inclinó hacia el suelo.

Escarbó entre la nieve hasta encontrar algunas piedras, lisas y brillantes bajo la escarcha.

Las tomó en sus manos, cerró los ojos y, con un leve susurro de su hechicería como Caster, las moldeó en un brazalete de un brillo tenue.

Lo alzó y, con una sonrisa cansada pero sincera, se lo ofreció a Altera.

—Toma… para ti.

Ella lo sostuvo entre sus dedos pálidos, y por primera vez en mucho tiempo sintió un pequeño sobresalto en su pecho.

El corazón, que siempre le parecía dormido, palpitó con fuerza.

—Un regalo… —murmuró, con un tono que escondía sorpresa—.

Gracias….Amante.

Tn sonrió, bajando la mirada.

—Siempre fue así, ¿no?

—dijo con voz nostálgica—.

Antes tardaba días en tallar un brazalete con minerales.

Ahora… es más rápido.

Supongo que ser un Servant tiene sus ventajas.

—Lo recuerdo.

—Altera lo giró en su muñeca, como probando su peso—.

Solías cortarte las manos buscando las piedras correctas.

Y yo… no entendía por qué lo hacías.

—Porque quería verte sonreír.

encierta forma logre apreciarte….con el tiempo —respondió sin dudar.Ella siempre fue peculiar y aunque daba miedo, nunca le falto nada.

Por un instante, ella guardó silencio.

Luego, lentamente, se sentó junto a él, bajo un árbol cubierto de nieve.

La monotonía volvió a su rostro, pero su cuerpo la traicionó: recostó la cabeza en el hombro de Tn.

El alquimista se tensó un poco, pero luego exhaló y la dejó quedarse allí, inmóvil y silenciosa.

El frío del ambiente no importaba.

Los ojos de Altera se alzaron hacia lo alto, observando un nido en una rama cercana.

Una madre pájaro se inclinaba para alimentar a sus polluelos, que abrían los picos con un chillido ansioso.

La visión la atrapó por un instante.

Su mirada descendió lentamente hacia su propio abdomen.

—Nunca pude… —dijo en un susurro que apenas rompió el aire helado—.

No importa cuánto lo intenté.

Nunca pude darte descendencia.

Tn la miró de reojo, sorprendido.

—Altera….

—Soy una concha vacía del Titán Blanco.

—Apretó su propia muñeca con la otra mano—.

No soy compatible con la vida humana… ni con tu vida.

Durante mucho tiempo pensé… que te hacía infeliz por eso.

Tn bajó la vista, callado unos segundos.

Luego tomó con suavidad la mano de ella, la misma que apretaba con fuerza.

—¿Eso crees?

—su voz salió cálida, firme—.

Que lo único que quería de ti era… algo que jamás podrías darme.

Estaba loca…..

Pero era su loca.

Ella lo miró con esos ojos profundos, fríos como un glaciar.

—¿Acaso no es así?

Los humanos siempre buscan dejar herencia… dejar algo que los supere.

Yo no podía dártelo.

Yo solo podía destruir.

El alquimista soltó una risa seca y negó con la cabeza.

—Lo único que siempre quise… era a ti.

No a una “madre perfecta”, no a una “mujer ordinaria”.

—Se inclinó hacia ella con una sonrisa melancólica—.

Altera, eras suficiente.

Siempre lo fuiste.Yo solo era un chico aprendiendo en la sociedad.

Luego destruiste todo, pero me dejaste vivo.

El silencio volvió.

Ella bajó la mirada, con una expresión que rara vez mostraba: duda, casi fragilidad.

—…Tn.

Si lo dices así… entonces lo creeré.

Él le apretó suavemente la mano.

—Créelo, porque es verdad.

Ella volvió a mirar el nido y, por un segundo, el brillo de su mirada no fue bélico, sino… melancólicamente humano.

Era delirante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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