Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Waifu yandere(Collection) - Capítulo 169

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Waifu yandere(Collection)
  4. Capítulo 169 - 169 Yi Xuan part 4 zzz
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

169: Yi Xuan part 4 zzz 169: Yi Xuan part 4 zzz Golpear, golpear y golpear una y otra vez.

Tn repetía cada movimiento contra el maniquí móvil, cuyas extremidades giraban en rotación al contacto con sus golpes.

El sonido seco de la madera retumbaba en el patio de entrenamiento.

Sus nudillos estaban rojos, sus músculos tensos, y el sudor bajaba por su frente hasta empapar las vendas que aún acostumbraba llevar.

El tiempo había pasado.

Meses, en los que su vida se había vuelto una rutina: aprender con su maestra Yixuan, ayudar a servir comida a los necesitados en el templo, combatir contra los seres etéreos que aparecían de tanto en tanto… y soportar un poco a Belle.

—¡Ya casi lo tienes!

—gritó la muchacha desde la entrada, sonriendo con energía.

Tn no respondió, siguió golpeando con precisión.

Pero Belle, siendo Belle, se acercó hasta él y, sin previo aviso, se subió a su espalda mientras reía.

—¡Oye, moshi~ moshi~ gigante!

—canturreó, abrazándolo fuerte y dándole un ligero beso en la mejilla—.

¿No estás cansado ya?

Tn gruñó, frunciendo el ceño.

—Belle…Bájate.

—Su voz salió grave, molesta, aunque no del todo en serio.

Belle solo rio más, aferrándose como una quisquillosa.

—¡Eres una montaña!

¿Sabías que mides casi el doble que yo?

¿Cómo puede alguien crecer tanto solo comiendo onigiris y ramen del templo?

—Lo abrazo con mas fuerza del cuello con sus delgados brazos, no es como si su fuerza pudiera hacerle algo.

Tn se enderezó de golpe, quedando completamente recto.

Belle chilló por sorpresa, quedando colgada de su espalda como si fuese un saco de arroz a punto de caer.

—Eres insoportable —suspiró él, quitándosela con cuidado y dejándola en el suelo.

Belle infló las mejillas, fingiendo estar molesta.—Pues claro que soy insoportable, ¿qué otra diversión tengo?

Todos los demás son unos flojos… ¡Y tú eres el único que me hace caso!

Ah…

claro todos los demas la echaban de las salas cuando hacía travesuras o se pasaba con las palabras.

Tn la miró de reojo mientras se limpiaba el sudor con una toalla.

—Yo no te hago caso.

Solo te aguanto.

—¡Es lo mismo!

—rió Belle, siguiéndolo mientras él caminaba hacia la sombra de un árbol.

Ella lo observó en silencio por unos segundos, notando su cuerpo alto y definido.

A pesar de su edad, Tn había desarrollado un físico poderoso, una presencia que imponía sin proponérselo.

Belle, sonrojada, murmuró bajito.

—…Además, no está nada mal verte así, ¿sabes?

Tn arqueó una ceja.—¿Qué?

—¡Nada, nada!

—rió nerviosa, llevándose las manos detrás de la cabeza—.

Solo que… ya casi es hora de comer.

El estómago de Tn gruñó con fuerza, como si confirmara sus palabras.

Él resopló, rindiéndose.—…Bien.

Pero no intentes robarme la comida.

—¡Prometido!

—respondió Belle con una gran sonrisa, aunque sus ojos brillaban traviesos, delatando que pensaba hacer justamente lo contrario.

Juntos comenzaron a caminar de regreso al comedor, la voz alegre de Belle llenando el aire, mientras Tn solo suspiraba resignado, preguntándose cómo había terminado rodeado de personas tan extrañas… pero, en el fondo, con una pizca de alivio de no estar solo.

Llegaron al comedor principal, donde algunos miembros ya estaban en pleno almuerzo.

El murmullo de voces se mezclaba con el sonido de platos y palillos.

Belle fue a por las bandejas, sirviéndose generosamente la comida, mientras Tn se dejaba caer en una mesa lateral.

—…Gracias por la comida —murmuró, apenas audible, antes de empezar a comer con hambre contenida.Aunque comio con paso lento, su maestra ya lo habia golpeado lo suficiente para aprender modales.

Belle regresó enseguida y se sentó a su lado, sonriendo como si aquella fuese la mejor parte de su día.

Sin embargo, pronto notó las miradas de varias monjas del templo.

Algunas cuchicheaban entre ellas, otras se sonrojaban disimuladamente.

La razón era evidente.

La ropa de Tn era poco más que unos pantalones ajustados, una chaqueta corta abierta y sin camisa debajo.

Su porte estaba a la vista: torso definido, brazos fuertes, piel marcada por entrenamientos y cicatrices que parecían contar su historia.

Belle frunció el ceño un segundo, aunque en seguida bajó la vista para no dar señales de celos.—…¿Te están mirando?

—preguntó con fingida indiferencia.

Tn levantó la vista del bol de arroz.—¿Y?

—masticó con calma—.

Que miren lo que quieran.

Je no es que puedan tocar.- Cerro un ojo mientras levantaba un poco la tela de su costado izquierdo.

Belle se sonrojó y desvió la mirada, sus mejillas ardiendo.

“No las culpo… yo también miro demasiado”, pensó, casi babeando.

Al fin y al cabo, era una chica joven y saludable, y enamorarse de un chico guapo era parte natural de crecer.

Pero aún así, no podía evitar inflar las mejillas con molestia.

—Idiotas… —susurró para sí, sin darse cuenta de que Tn la escuchaba.

—¿Qué dijiste?

—preguntó él, arqueando una ceja.

—¡Nada!

—respondió rápidamente, dándole un sorbo nervioso a su sopa.

Mientras tanto, algunos varones del templo observaban a Tn con cierto desdén.

No lo veían como alguien especial, a pesar de lo imponente de su físico.

Para ellos, la habilidad de “cambiar de lugar” objetos o personas no era más que un truco barato, una artimaña útil solo para… robar.

Uno de los aprendices, sentado no muy lejos, murmuró lo bastante alto para que se escuchara—Ahí está el ratero otra vez.

Apostaría a que ya planea cambiar su plato por el mío.

Varias risitas se alzaron.

Belle apretó los palillos con fuerza, fulminándolos con la mirada.—¡Cállense!

—gritó de golpe, sorprendiendo a todos.

El comedor quedó en silencio unos segundos.

Tn, en cambio, no se inmutó.

Continuó comiendo como si nada hubiera pasado.

—…No les hagas caso —dijo con calma entre bocados—.

No mienten del todo.

Belle lo miró incrédula.—¿¡Cómo que no les haga caso!?

¡Te están insultando en la cara!

Tn sonrió de lado, mostrando uno de sus colmillos afilados.—No es un insulto si es verdad.

—Levantó un dango con los palillos y, sin previo aviso, lo hizo desaparecer de su plato para hacerlo aparecer justo en frente de Belle—.

Mira.

La muchacha parpadeó sorprendida antes de que sus ojos brillaran con emoción.—¡Dame eso!

—dijo riendo, atrapando el dulce en sus labios como si fuera un premio.

El resto del comedor murmuró, algunos aún molestos, otros confundidos.

Belle, sin embargo, lo miraba fascinada, como si ese pequeño truco fuera lo más increíble del mundo.

—Eres increíble, ¿lo sabías?

—susurró ella, inclinándose un poco hacia él.

Tn solo suspiró, encogiéndose de hombros mientras seguía comiendo con calma.—…Soy práctico.

Eso es todo.

Pero Belle sabía que detrás de esa indiferencia había algo más, y sin poder evitarlo, sintió que su corazón latía con fuerza cada vez que lo miraba.

.

.

.

Luego de la comida ambos solían caminar un poco por el templo y estudiar su caligrafía, aunque Belle prefería estudiar otra cosa.

A veces conversaba con Wise sobre salir a buscar otro tipo de aprendizajes, algo que no se limitara solo a la escritura y al estudio religioso, pero siempre recordaba lo que había pasado la última vez.

La caída de la Antigua Eridu todavía pesaba en su memoria: habían perdido a su primera maestra en aquel caos, y el recuerdo de ese día seguía clavado como una espina en su corazón.

El mundo allá afuera era demasiado peligroso, lo sabía bien.

Solo gracias a Yixuan habían sobrevivido y encontrado un nuevo hogar en el templo Yunkui.

Y hablando de Wise… Belle recordó a su hermano.

Él seguía sin caerle bien Tn.

No era difícil notarlo; cada vez que coincidían, Wise parecía endurecer la mirada y fruncir los labios, como si algo en el chico lo incomodara más de lo que estaba dispuesto a decir.

Ella no entendía por qué, pero Tn tampoco parecía darle importancia.

Su vida se había vuelto rutina: entrenar, comer, ayudar en lo que podía y repetir.

El sonido de una voz firme interrumpió sus pensamientos.

—Tn.

Belle.

—La voz de su maestra, Yixuan, retumbó con calma pero con la autoridad que siempre la acompañaba.

Ambos dieron media vuelta y vieron a la mujer caminando hacia ellos.

Tenía el porte sereno de quien siempre estaba en control de todo, sus pasos medidos y seguros.

Su estatura rondaba el metro setenta y cinco, y aún así, al pararse frente a Tn, tuvo que alzar un poco la cabeza para mirarlo directo a los ojos.

—Escuché que te saltaste el entrenamiento especial de espada —dijo con un tono suave, pero cargado de intención.

Oh…..no.

Tn silbó entre dientes, desviando la mirada hacia un costado.

Sus hombros, anchos y firmes, se encogieron un poco como si intentara minimizarse frente a la atención de su maestra.

Belle no pudo contener una risita.

—¿Así que al chico grande no le gusta entrenar con espada?

—bromeó, picándole las costillas con un dedo mientras lo miraba con picardía.

—Hmph… —gruñó Tn, apartando la mano de Belle con un movimiento rápido pero sin brusquedad—.

Prefiero otro tipo de arma.

Yixuan arqueó una ceja, cruzando los brazos.

—¿Otro tipo de arma?

—repitió, interesada pero con un matiz de reproche en su voz—.

Aquí no es cuestión de preferencias, Tn.

Una espada es la base de la disciplina, el camino del temple y la primera lección para forjar el espíritu.

Belle se cruzó de brazos y sonrió como si disfrutara ver a Tn regañado.

—Vamos, maestra, no sea tan dura.

Si quiere, yo lo obligo a practicar hasta que le guste.

Tn giró apenas la cabeza hacia ella, clavándole una mirada entre cansada y molesta.

—No me obligas ni a comer despacio, menos vas a hacerme blandir un palo.

La carcajada de Belle resonó en el pasillo, y Yixuan negó con la cabeza, aunque un atisbo de sonrisa se dibujó en sus labios.

—Quizás aún no entiendes lo que significa, pero llegará el momento en que no tendrás opción.

Hasta entonces… seguiré insistiendo.

La tensión se disolvió un poco cuando Belle, con tono travieso, agregó—Pues yo digo que le queda mejor una lanza enorme.

¿Se imagina?

Con su altura, parecería un guerrero salido de una leyenda.

Tn suspiró, pero esta vez no discutió.

Yixuan meditó un poco en silencio, con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados, hasta que finalmente habló.

—Bien… si tanto les incomoda la espada, entonces ambos pueden seguirme.

Buscaremos un arma acorde para cada uno de ustedes.

Belle se rascó la cabeza con una risita nerviosa.—E-eh Maestra… usted sabe que yo practico más con talismanes, ¿no?

No soy muy buena con cosas que pesen demasiado.

Tn murmuró por lo bajo, con los brazos detrás de la nuca—Los puños son mejores.

Nunca te fallan.

Yixuan soltó un suspiro largo, uno de esos que dejaba claro que estaba acostumbrada a lidiar con las testarudeces de sus alumnos.

Dio media vuelta y continuó su camino por el pasillo del templo, sus pasos firmes resonando en las losas antiguas.

Los dos estudiantes se miraron entre sí y, sin más, la siguieron.

El recorrido los llevó hasta una cámara enorme iluminada por antorchas incrustadas en las paredes.

En el centro, sobre un pedestal de piedra tallado en forma de fauces de dragón abiertas, descansaba una espada solitaria.

La reliquia del templo: la espada Qingming.

Belle se detuvo de golpe y un escalofrío le recorrió la espalda al verla.—Ugh… qué mal rollo da esa cosa… —murmuró, frotándose los brazos como si sintiera frío.

Yixuan apenas le dedicó una mirada y siguió caminando con calma, ignorando la sensación ominosa que desprendía el arma.

Tn, en cambio, se quedó observándola con detenimiento.

La hoja brillaba como si estuviera viva, y aunque era hermosa, también transmitía un aire de maldición, como si la historia de quienes la habían blandido aún permaneciera atrapada en su filo.

—Todo Gran Maestro del templo Yunkui debe usar la Qingming —explicó Yixuan, sin detenerse—.

Es hermosa… y también está maldita.

Tn arqueó una ceja, pero no dijo nada, y los tres continuaron hasta llegar a una gran pared forrada con soportes metálicos.

Frente a ellos se desplegaba un arsenal impresionante: espadas de diferentes longitudes, lanzas brillantes, hachas macizas, cuchillos curvos y armas cuya forma parecía más ritual que práctica.

—Elige un arma, Tn —aclaró Yixuan, con el tono de alguien que daba una orden más que una sugerencia.

Tn asintió, avanzando lentamente y recorriendo con la mirada cada opción.

Mientras tanto, Belle decidió probar suerte.

Sus ojos se iluminaron al ver una espada corta con empuñadura dorada.

—¡Oh!

Esta se ve bonita, justo de mi tamaño —dijo con entusiasmo, estirando la mano.

Pero en cuanto la tomó, el peso la venció.

Sus piernas temblaron, perdió el equilibrio y terminó cayendo de espaldas con un golpe seco contra el suelo, mientras la espada se le escapaba de las manos y rebotaba junto a ella.

—¡Auch!

—gimió, frotándose la espalda.

Tn, que ya la había visto venir, no pudo evitar reírse.—Jajaja… te lo dije, no sirves para eso mira tus bracitos que puedes sujetar.

Te va a romper la muñeca antes de que lo levantes.

—¡Cállate!

—protestó Belle, roja de vergüenza, mientras intentaba reincorporarse.

Tn ya había dejado de prestarle atención.

Entre todo el armamento, algo captó su mirada: un bastón de tres secciones, un sansetsukon.

Lo tomó con firmeza, notando cómo las cadenas que unían las secciones producían un sonido metálico al moverse.

Lo giró con las manos, primero lento, tanteando el equilibrio y el peso, y luego con más confianza, ejecutando algunos movimientos básicos que parecían naturales en su cuerpo.

El arma era grande, pesada, pero Tn la hacía girar como si fuera parte de sí mismo.

Sentía cómo cada golpe podía tener la contundencia de un martillo y al mismo tiempo la fluidez de una serpiente.

Una sonrisa ligera, casi imperceptible, se dibujó en su rostro.

—Este sí… —murmuró para sí mismo—.

Firme.

Pesado.

Y golpea como un padre ebrio.

Belle lo observaba con los brazos cruzados y un puchero en la cara.—Hmph… presumido.

Solo porque te queda bien no significa que seas bueno con eso.

Yixuan, en cambio, lo miraba con atención, con esa serenidad que ocultaba siempre una evaluación profunda.

—El sansetsukon no es un arma común… —comentó lentamente—.

Requiere coordinación, paciencia, y disciplina.

En manos de alguien torpe, puede ser más peligroso para sí mismo que para su enemigo.

Tn dejó de moverlo y la miró directo, sin vacilar.—Entonces tendré que aprender rápido.

Yixuan asintió despacio, como si aprobara esa determinación silenciosa.—Muy bien.

Desde ahora, ese será tu camino.

Belle suspiró exageradamente, alzando las manos.—¡Genial!

Entonces yo me quedo con mis talismanes.

Mejor me mantengo a distancia mientras este bruto se pone a romper paredes con su palo gigante.

Tn giró el sansetsukon una vez más y sonrió apenas, como si le gustara la idea.

Tn miró a Belle con una sonrisa pícara y, moviendo un poco el sansetsukon, soltó en tono de broma—Mi palo podría romper otras paredes, ¿sabes?

Yixuan frunció el ceño sin entender la referencia, pero Belle sí lo captó de inmediato.

Su rostro se tiñó de rojo hasta las orejas.

—¡Idiota!Baka ¡No pienses esas cosas!

—le gritó, dándole un manotazo en el brazo.

Tn estalló en una carcajada, disfrutando de la reacción exagerada de la chica.

Mientras tanto, Yixuan solo suspiró, negando suavemente con la cabeza.

Aun así, una sonrisa leve apareció en su rostro, como si en el fondo disfrutara de verlos interactuar de esa manera.

—La juventud… siempre tan desbordante.

Pero también prometedora —murmuró para sí misma.

Salieron juntos de aquella sección del templo, el eco de sus pasos resonando en el pasillo.

Tn llevaba su nuevo arma colgada a un lado de la cadera, moviéndose con firmeza a cada paso.

Belle, con los brazos cruzados, lo miraba de reojo de manera insistente, aún avergonzada por la broma, pero sin poder ocultar cierta curiosidad y admiración.

Cuando estaban a punto de separarse, Yixuan levantó una mano, deteniendo a Tn.—Espera.

El joven giró la cabeza con una ceja arqueada.—¿Sí, shishou?

La mujer lo observó con esa calma propia de un maestro, pero había algo más, una seriedad que se filtraba en su tono.—Aunque hayas escogido un arma que se adapte a ti, me gustaría que también aprendieras un poco de la espada.

Tn ladeó la cabeza, intrigado.—¿La espada?

¿Por qué?

Si ya tengo esto —dijo, tocando el sansetsukon con orgullo.

Yixuan mantuvo la mirada fija en él, sin parpadear.—Porque es tradición.

Y porque la espada enseña más que solo cortar.

Enseña precisión, control y… responsabilidad.

El chico la observó unos segundos, notando que no era una simple sugerencia.

Después de un silencio, suspiró y sonrió con un gesto algo travieso.—Bueno, si mi querida shishou me lo pide tan bonito, ¿cómo podría decir que no?

Belle se llevó la mano a la cara, avergonzada.—Otra vez con las bromas… ¡Eres insoportable!

Yixuan negó suavemente con la cabeza ante su actitud, pero no pudo evitar que sus labios se curvaran en una sonrisa discreta.—Mañana al amanecer.

Te enseñaré lo básico.

No llegarás lejos sin disciplina.

—Entonces nos vemos temprano —respondió Tn, inclinando la cabeza de manera respetuosa, aunque sus ojos brillaban con entusiasmo contenido.

Con eso, se marchó hacia su habitación.

Yixuan lo siguió con la mirada hasta que desapareció en el pasillo.

Cuando quedó sola, sus pasos la guiaron nuevamente hasta la cámara sellada, donde descansaba la espada Qingming.

La miró con atención, sus facciones suavizándose en una expresión casi melancólica.

La hoja brillaba bajo la luz de las antorchas, fría, eterna y cruel.

Yixuan apretó los labios antes de hablar en un susurro.—La verdadera razón por la que quiero que aprenda… es porque quizás algún día deba empuñarte.

Apoyó la palma de su mano contra la vitrina, dejando escapar un suspiro pesado.

—Si algo me pasara, él… podría ser el sucesor.

Aún es joven, pero tiene la fuerza, el corazón… y la voluntad.

Un recuerdo fugaz pasó por su mente: aquel niño famélico y lleno de cicatrices que llegó al templo, y el hombre joven y alto que era ahora.

Su corazón palpitó un poco más rápido de lo normal, obligándola a apartar la mano de la espada y a cerrar los ojos.

—Es sorprendente… lo rápido que creció.

Sonrió con ternura, aunque sabía que ese sentimiento debía guardarlo solo para sí misma.

La espada Qingming brilló con un destello tenue, como si escuchara y se burlara de sus pensamientos.

.

.

.

En otro lugar, una joven fauno tigresa soñaba con la gloria.

Ju Fufu había crecido en el asentamiento de los tigres Thiren, un clan orgulloso y antiguo que ya casi no existía.

De niña, solía ver viejas películas de artes marciales que aún conservaban en rollos y proyectores oxidados, quedándose embelesada con las figuras que allí aparecían: el actor legendario Cang Huang, cuya fuerza parecía capaz de partir montañas, y la heroína ficticia Hu Weiwei, que con su gracia y coraje se enfrentaba a ejércitos enteros.

—“Algún día… yo también seré así” —solía decir Ju Fufu, mientras intentaba imitar las patadas y los movimientos frente a un espejo roto.

Pero la realidad había sido cruel.

Durante la Caída de la Antigua Capital, un Hollow, compañero del temido Hollow Zero, apareció y devoró su asentamiento.

Aquella criatura etérea arrasó con todo lo que amaba.

Los rugidos de su gente, los cánticos de guerra de los Thiren, se apagaron en cuestión de horas.

Los poderosos Etéreos que emergieron después aniquilaron al 98% de los suyos.

Cuando despertó, cubierta de cenizas y sangre, apenas quedaba nada.

Fue gracias a los místicos del Templo Yunkui que ella, aún niña, sobrevivió.

Aquella noche se juró a sí misma que no solo viviría, sino que algún día sería tan fuerte como los héroes que había admirado en las películas de su infancia.

Ahora, casi a sus veinte años, entrenaba cada día con una intensidad feroz.

Sus uñas felinas estaban gastadas de golpear madera y roca, y sus pies curtidos de repetir patadas hasta sangrar.

Frente a la luna llena, en el patio de su alojamiento, Ju Fufu golpeaba el aire con un rugido que retumbaba en su pecho.

—¡Yo seré la próxima Gran Maestra del Templo Yunkui!

—gritó, jadeante, con sus ojos amarillos brillando—.

¡Ese será mi camino… aunque tenga que luchar contra todos para lograrlo!

Una de las monjas que pasaba por allí, mayor y cansada de verla entrenar hasta la madrugada, se detuvo a observarla.—Fufu… ¿no crees que exiges demasiado de ti misma?

—preguntó con voz cansada.

La joven tigresa apretó los colmillos y negó con la cabeza, limpiándose el sudor del rostro con el dorso de la mano.—¿Exigirme?

No.

Estoy reclamando lo que el destino le quitó a mi gente.

Los Thiren no serán recordados solo como víctimas.

¡Seré yo quien lleve nuestro nombre a la cima otra vez!

La mujer mayor suspiró, aunque en sus ojos se notaba un atisbo de respeto.—Eres terca como un tigre… aunque supongo que eso ya está en tu sangre.

Ju Fufu sonrió con determinación, mostrando sus colmillos felinos en un gesto orgulloso.—Algún día, cuando todos pronuncien el nombre del Templo Yunkui, también pronunciarán el mío.

¡Ju Fufu, la tigresa maestra mas genial de toda la historia de la religion!

Levantó los puños al aire, y en el reflejo de sus ojos brillaban tanto los recuerdos dolorosos de su pasado como la llama ardiente de su ambición.

Y su primer paso seria conseguir la legendaria espada sagrada Qingming.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo