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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Yang xiao Long part 3
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17: Yang xiao Long part 3 17: Yang xiao Long part 3 Yang se había arrastrado de regreso a su cuerpo como una sombra que vuelve al caparazón.

En completo silencio, trepó la litera hasta su lugar sobre Blake.

No encendió la luz.

No hizo ruido.

Solo se envolvió en la oscuridad, aferrándose a esa prenda que se había vuelto su única fuente de consuelo.

La camisa de Tn aún conservaba su aroma, una mezcla de madera suave, tinta y un toque de polvo de entrenamiento.

Yang se acurrucó alrededor de ella, como si fuera una barrera entre su mente y el mundo.

Pero el sueño no llegó.

No podía dormir.

No después de ver a Pyrrha fuera de su habitación.

No después de imaginarse todo lo que pudo haber pasado si ella no hubiese estado allí.

Apretó la camisa con más fuerza.

Su mente no dejaba de maquinar.

“¿Qué le iba a decir?

¿Pensaba confesarle algo?

¿Pensaba tocarlo?” No podía soportarlo.

Finalmente, el agotamiento la venció y cayó en un sueño superficial, quebrado por imágenes fragmentadas y sus propios susurros desesperados.

Pero cuando abrió los ojos, se encontró con algo peor que cualquier pesadilla.

Un rostro.

Justo sobre el suyo.

—Buenos días…

—dijo Ruby, con el ceño fruncido y la cabeza inclinada como un gato curioso—.

¿Por qué estás abrazando una camisa?

Yang se incorporó de golpe.

Instintivamente, intentó ocultar la prenda bajo las sábanas, pero ya era demasiado tarde.

—¡No es nada!

¡Nada importante!

Ruby no se movió.

Seguía mirándola, desconcertada.

Weiss, aún en pijama, se giró desde su escritorio al escuchar el alboroto.

—¿Qué estás haciendo con una camisa?

Esa no es tuya, ¿verdad?

Yang no respondió.

Blake se sentó lentamente en su cama, restregándose los ojos.

Frunció el ceño, olfateando ligeramente el aire.

—Ese olor… —murmuró—.

No es tu perfume, Yang.

Huele a…

alguien más.

Ruby entrecerró los ojos, procesando lentamente todo.

Luego señaló, inocentemente.

—¡Es el aroma de Tn!

¡¿Estás durmiendo con su camisa?!

Fue lo último que dijo antes de que Yang, con una reacción repentina, la empujara con fuerza fuera de la litera.

—¡NO SE METAN EN MIS ASUNTOS!

Ruby soltó un grito suave y cayó sobre su colchón con un quejido.

Weiss dio un paso atrás, sorprendida.

Blake la observaba en completo silencio, pero había una alerta en sus ojos dorados, algo que no había estado allí antes.

Yang respiraba con fuerza, su pecho subiendo y bajando mientras sostenía la camisa contra sí como si fuera un escudo… o un trofeo.

El cuarto quedó en un silencio denso.

La tensión se podía cortar con un cuchillo.

Yang bajó la mirada lentamente, evitando las miradas de las demás.

—No tienen idea de lo que significa para mí —dijo en voz baja, pero con una convicción tan profunda que heló la habitación.

Weiss cruzó los brazos, tensa.

—¿Te estás escuchando, Yang?

Estás actuando como si…

como si fueras dueña de él.

Blake no dijo nada, pero seguía observando.

Siempre observando.

Como si ya hubiera empezado a entender algo mucho más oscuro.

Yang volvió a tumbarse en su litera, de espaldas a todas.

No dijo una palabra más.

Solo apretó la camisa con fuerza, dejando que su respiración se calmara poco a poco.

Pero en su interior, su mente seguía girando.

“Nadie entiende.

Nadie sabe cuánto lo necesito.” La idea de Pyrrha, Velvet, Ruby… todas ellas seguía clavada como astillas en su pecho.

Una tras otra.

Insistentes.

Insoportables.

Esa noche, Yang no fue a cenar.

No habló con nadie.

Solo escribió en su pergamino, revisando las fotos que había tomado de Tn.

Una y otra vez.

Aumentando el brillo, ajustando los encuadres, memorizando sus gestos.

Y en una hoja aparte, comenzó a hacer una lista.

“Personas que se interponen.” En la cima, el primer nombre escrito con una tinta firme y marcada fue: “Velvet.” Debajo, apenas unos segundos después: “Pyrrha.” Y en el margen, con rabia contenida: “Ruby (¿sospecha algo?)” Yang respiró hondo.

Su sonrisa no tenía rastro de alegría.

Era algo mucho más frío, más controlado.

“Tn… No te preocupes.

Yo me encargaré de todo.” “Nadie nos separará.” Yang se sentó sobre su cama, las piernas cruzadas, el pergamino flotando frente a ella con la pantalla iluminada.

Su lista de rivales era corta por ahora… pero no por eso menos peligrosa.

1.

Velvet — Tier bajo.

Tímida.

Admiración superficial.

Poco riesgo, pero no debe subestimarse.

2.

Pyrrha — Tier medio-alto.

Campeona.

Carisma.

Contacto frecuente con Tn.

Peligrosa por impulso emocional.

3.

Ruby — Hermana.

Puede sospechar.

Si insiste, podría volverse un obstáculo real.

Yang acarició el borde del pergamino con una sonrisa ausente.

“Solo tres…

puedo manejar tres.” Pero en su mente, ya se tejían estrategias.

Control.

Vigilancia.

Eliminación suave.

Mientras tanto, afuera, el sol de la mañana aún no había alcanzado su punto más alto.

En el patio de entrenamiento, Tn se ejercitaba como de costumbre.

Respiraba de forma pareja, el sudor marcando líneas en su piel mientras hacía flexiones, abdominales y movimientos que había adaptado con su propio estilo.

Pero algo le incomodaba.

Era como una sensación punzante en la nuca.

La constante certeza de que alguien lo observaba.

Se giró.

Nadie.

Solo el suave viento de la academia y las risas lejanas de algunos estudiantes.

Volvió al ejercicio, pero no pudo evitar mirar a su alrededor otra vez.

Notó un detalle extraño: su cuarta toalla había desaparecido.

—¿Otra vez…?

—murmuró, frunciendo el ceño.

No era la primera vez.

Pero esta vez estaba seguro de que la había dejado colgada.

Desde una esquina alta del edificio, ocultándose tras un pequeño muro, Yang sostenía su scroll en modo grabación, con el zoom ajustado justo al nivel del abdomen marcado de Tn.

Cada gota de sudor, cada contracción de sus músculos, cada inhalación… Ella suspiró, casi con deleite.

“Perfecto.

Natural.

Mío.” Pero entonces escuchó pasos.

Pyrrha.

La campeona caminaba con nerviosismo.

Tenía las manos juntas, apretándolas como si intentara detener la temblorosa voluntad que la empujaba hacia Tn.

Sus mejillas estaban levemente sonrojadas.

Era evidente que llevaba varios minutos debatiéndose consigo misma.

Yang entrecerró los ojos, con el dedo aún sobre el botón de grabar.

Pyrrha lo observaba.

El modo en que sus ojos se detenían en su espalda.

Cómo se mordía ligeramente el labio inferior.

Cómo daba un paso y luego retrocedía.

No.

No lo permitiría.

Con la precisión de un depredador, Yang bajó por el lado del muro y apareció detrás de Pyrrha.

Silenciosa.

Casi fantasmal.

Cuando la pelirroja dio otro paso hacia Tn, sintió de pronto una mano firme posarse sobre su hombro.

Pyrrha se sobresaltó, girándose.—¡Oh (carajo)!

Yang…

qué susto me diste.

Yang no dijo nada al principio.

Guardó su scroll en silencio, sus ojos ocultos por su flequillo, su respiración controlada.

Pyrrha notó que su agarre era más fuerte de lo necesario.

—¿Estás bien?

Yang levantó la mirada, y su voz, cuando habló, fue apenas un susurro.

Pero no había duda en su tono.

Era una orden.

—Aléjate de Tn.

El rostro de Pyrrha se congeló.

Sus ojos se abrieron como si no hubiera escuchado bien.

—¿Q-qué?

Yang se acercó un poco más.—No lo mires así.

No te acerques.

No lo toques.

Él no es para ti.

Pyrrha retrocedió medio paso, su pecho subiendo y bajando con más fuerza.

Miró a Yang con desconcierto, como si intentara entender si era una broma.

—Yang… ¿qué estás diciendo?

—su voz temblaba.

La rubia sonrió.

Una sonrisa suave, pero helada.—Solo cuido lo que me pertenece.

Pyrrha no supo qué responder.

La idea de pertenencia, de amenaza…

todo era tan directo, tan crudo, tan fuera del carácter alegre y explosivo que conocía de Yang.

—¿Esto es una broma?

—¿Crees que lo es?

Pyrrha retrocedió un paso más.

Miró de reojo a Tn, que seguía entrenando, ajeno a la conversación a pocos metros de distancia.

Yang se acercó aún más, sus labios apenas a centímetros del oído de la campeona.

—No te metas, Pyrrha.

No sabrías lo que provocas si lo haces.

Y créeme… no querrás averiguarlo.

El tono de su voz no era de amenaza directa.

Era peor.

Era como una advertencia que ya había sido decidida, como si el veredicto estuviera sellado.

La campeona se quedó paralizada.

Yang dio media vuelta y se alejó sin mirar atrás, desapareciendo por el camino de los arbustos como si nunca hubiese estado allí.

Pyrrha se llevó una mano al pecho, sintiendo su corazón latir con fuerza.

“¿Qué demonios fue eso…?” Pero en algún lugar dentro de ella, lo sabía.

No fue una advertencia común.

Fue la señal de que algo oscuro se estaba gestando.

Y en lo alto, desde un nuevo ángulo del edificio, un scroll aún grababa.

Yang no había perdido un segundo de lo que Pyrrha había hecho.

Tn no sabía que lo protegían.

Pero Yang sí lo sabía.

Y lo haría.

A cualquier costo.

La habitación del equipo JNPR estaba inusualmente silenciosa.

Desde que Jaune fue expulsado —por incompetente, por su mentira, por ser considerado una carga—, solo quedaban tres.

Pyrrha cerró la puerta tras de sí con un leve clic, y el sonido pareció resonar demasiado fuerte en el ambiente cargado.

Avanzó hacia su cama y se sentó, rígida, con las manos sobre sus rodillas.

Nora, sentada en el suelo con un cepillo en la mano y Ren dormitando cerca, la observó con el ceño fruncido.

—Pyrrha, ¿todo bien?

Estás…

como, blanca.

Más blanca que Weiss cuando pisa barro.

No obtuvo respuesta.

Pyrrha tenía los ojos perdidos, la mandíbula apretada, los dientes marcando presión contenida.

“Soy la campeona de Vale…” “He vencido monstruos.

Guerreros.

¡He ganado torneos!” Y sin embargo… una sola frase susurrada por Yang había hecho que su cuerpo se congelara.

Como si le hubieran arrancado la voluntad de las entrañas.

Aquella mirada.

Ese susurro tan lleno de posesividad y veneno.

“¿Cómo permití eso…?” Nora parpadeó, acercándose más.

—¿Pyrrha?

La pelirroja respiró hondo, con fuerza.

Luego se levantó bruscamente de la cama, sus ojos ahora firmes, furiosos.

Levantó la mano.

CLANK.

Su escudo y su lanza volaron desde el armario, atraídos por su Semblanza, impactando en sus manos con una precisión furiosa.

Ren se sobresaltó, despertando con un quejido ahogado.

Nora retrocedió un poco, confundida.

—¿Qué estás haciendo?

Pyrrha alzó la cabeza, su melena cobriza brillando con el reflejo de la tenue luz del atardecer.

—Si Yang quiere discutir sobre Tn……yo estaré encantada de hacerlo.

Mientras tanto, en la habitación de RWBY, Yang jadeaba suavemente por la risa contenida.

Sentada en su cama —ahora cerrada por una cortina que mantenía alejadas a las demás—, veía el video en su scroll por décima vez.

La cámara se detenía con zoom en el abdomen de Tn, su cuerpo trabajando con fuerza y gracia.

Cada respiración, cada gota de sudor.

Yang había editado el video, añadiendo música suave de fondo y pequeños corazones animados que flotaban en la esquina.

Abrazaba la toalla con fuerza, la nueva “adquisición” que había logrado robarle a Tn aquella mañana.

Aún tenía el leve aroma del sudor, del jabón…

de él.

Yang frotó su mejilla contra la tela con una sonrisa idiota.

“Perfecto.

Más perfecto que ayer.” Pero sabía que debía ser cuidadosa.

Las otras chicas ya comenzaban a sospechar.

—¿Por qué tienes tantas toallas de chicos?

—preguntó Weiss desde su cama, sin siquiera levantar la vista del libro.

—¿No puedes simplemente comprar una?

—agregó, molesta—.

¿O al menos dejar de robar como un mapache rubio?

Yang rodó los ojos.—¿Y tú no puedes dejar de ser tan gruñona?

Blake, que estaba en el escritorio, cerró lentamente su libro.

Se quedó en silencio un momento…

luego se llevó una mano a la nariz.

—Huele…

raro aquí —susurró.

Yang se puso tensa.—¿Raro cómo?

Blake olfateó otra vez, pero no dijo nada.

Su rostro se volvió rojo.

Un pequeño sonido escapó de su garganta, como un gemido disimulado.

Giró lentamente en su silla, fingiendo que nada había pasado, pero sus orejas se movían nerviosas.

Yang la observó con ojos entrecerrados.

“¿Ella también lo reconoce…?” Blake intentó cambiar de tema, sacando comida seca de su cajón, pero el rubor en sus mejillas y la forma en que evitaba mirar a Yang no pasó desapercibido.

Yang sonrió.

Una nueva sospechosa.

No estaba en la lista…

pero ahora sí lo estaría.

“Te tengo en la mira, gatita.” En otro punto del campus, Pyrrha ya caminaba en dirección al dormitorio de RWBY.

Cada paso era más firme.

Su lanza brillaba a la luz del crepúsculo.

“No me intimidará otra vez.

No me quedaré de brazos cruzados.” Tn era más que un compañero.

Era alguien que la hacía sentir humana… real.

Y no dejaría que una chica celosa y desequilibrada se lo arrebatara con amenazas vacías.

Aunque algo en su corazón temblaba.

Algo le decía que enfrentarse a Yang no sería solo una pelea… Tn salió del gimnasio con la camiseta aún pegada a la piel por el sudor, su cuerpo marcado por el ejercicio constante y metódico de cada día.

Aunque no tenía equipo, su progreso en las misiones en solitario lo colocaba por encima del promedio.

Muchos decían que si no tenía compañeros era por elección… otros murmuraban que era porque nadie se sentía a su altura.

Él, por su parte, simplemente disfrutaba del silencio.

Aquel atardecer, mientras regresaba por los pasillos del campus, escuchó un sollozo.

No era un grito, ni un llanto escandaloso… era un llanto contenido, escondido, como si la persona que lo emitía no quisiera que nadie lo oyera.

Curioso y alerta, siguió el sonido.

Y ahí, en un rincón entre dos edificios, donde la sombra del muro cubría el suelo como una manta triste, la vio.

Velvet Scarlatina, la tímida fauno conejo, estaba arrodillada, su rostro hundido entre las manos.

A su lado, una libreta completamente destrozada.

Las hojas estaban esparcidas, desgarradas, y algunas llevaban frases horribles, garabateadas con odio.

“Conejo asustado.” “Apestas, fauno de segunda.” “Deberías estar en una jaula.” Tn se detuvo un instante.

La injusticia de lo que veía despertó un ardor frío en su pecho.

Se acercó sin hacer ruido, recogiendo una hoja del suelo.

—¿Velvet…?

—murmuró con suavidad.

Ella levantó la cabeza despacio, sus orejas gachas y temblorosas.

El llanto había enrojecido sus ojos.

—¿Q-qué…?

—intentó decir, pero se le quebró la voz.

—¿Estás bien?

Silencio.

Luego, un susurro tembloroso.

—No… Tn asintió, no condescendiente, sino con comprensión.

Se agachó junto a ella y le ofreció una mano.

—Ven.

Te invito un helado.

Velvet lo miró, confundida, pero la ternura honesta en los ojos de Tn la tranquilizó.

No fue una invitación por lástima.

Fue un gesto… humano.

Minutos después, ambos estaban en un pequeño puesto del campus.

Tn sostenía un barquillo doble, y Velvet, aún en silencio, mordía su helado de vainilla con chocolate.

Sus orejas seguían bajas, pero ya no lloraba.

—¿Sabes quién lo hizo?

—preguntó él, sin rodeos.

Ella negó con la cabeza.

—Alguien…

alguien lo dejó mientras entrenaba.

Cuando volví, todo estaba roto.

—Tu libreta… —Tenía mis dibujos.

Los que nunca muestro.

Era lo único mío… lo único que decía “yo”.

Tn apretó los dientes con fuerza.

—Voy a encontrar al responsable —dijo, sin titubear—.

Te lo prometo.

Velvet lo miró, como si no pudiera creer lo que escuchaba.

Luego, muy despacio… sonrió.

Una sonrisa frágil.

Casi infantil.

—Gracias, Tn… — Lo que ninguno de los dos sabía, sin embargo, era que en una azotea cercana, una silueta observaba.

Yang.

Sus ojos eran fuego.

En su mano, las hojas arrancadas.

En su otra mano, su scroll con la cámara activada.

Su ceño se frunció al ver a Velvet reír por un instante junto a Tn, incluso mientras aún secaba las lágrimas.

Aquello no era compasión.

Era cercanía.

Una semilla de intimidad que, si crecía, podía convertirse en algo más.

Yang no permitiría eso.

“Primero Perra peliroja.

Ahora la coneja.” Se llevó los dedos a la boca y mordió la uña con violencia.

No.

Velvet no era una rival fuerte.

Pero…

a veces, los débiles eran los más peligrosos.

Porque nadie los veía venir.

(de verdad les gusta mi estilo de yandere o aun siguen prefiriendo a leyendas como lo fue dandelion y pepepino…….es imposible llegar a esas leyendas T-T pero no puedo dejar que el yanderismo caiga) (y no, no pondre suculencia porque como dije solo quería yanderes pero como mi método será capítulos para darles desarrollo.

Ejemplo Nitocris ya empezó a mostrar mas dependencia de tn, osea que para el capitulo dos tendremos un avance en su emoción y obsesión.

Esto lo hago porque ya es aburrido ver lo mismo waifu loca yandere que secuestra, abusa y tiene hijas con el prota y fin…….)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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