Waifu yandere(Collection) - Capítulo 172
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Capítulo 172: Olga discordia kuroinu
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
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Nombre: Tn Hoffmann (Agricultor o mayordomo).
Cargo militar: Miembro del batallón Dorado.
Raza:Demi hadou.
Hechiceria;Ewigkeit primera emanacion.
Reliquia:……….desconocida……..
Detalles de las tropas de Reinhard Heydrich:.
Ejército de los Muertos: Reinhard puede resucitar soldados que murieron durante la Segunda Guerra Mundial, incluyendo miembros de divisiones como la 8.ª SS-Caballería y la 36.ª SS-Granaderos.
Nivel de amenaza: Podrían derrocar Naciones modernas sin mucho esfuerzo.
División Panzer: También hay una división de tanques, equipada al menos con dos tanques Tiger II, que luchan junto a los soldados muertos.
Nivel de amenaza:Solo usuarios que pisen el terreno de Dios podrían detener eso.
Legión de Reinhard: Cuando Reinhard Heydrich desata su poder final, Du-sollst – Dies Irae, él eleva a toda su legión a su nivel, convirtiéndolos en “pseudodioses” que forman el ejército del Dios Hadou.
Mesa Redonda de Obsidiana: El núcleo de sus fuerzas lo forman sus subordinados de la Mesa Redonda de Obsidiana (o Mesa Redonda de Trece Caballeros de la Lanza Sagrada), un grupo que trabaja para lograr los objetivos de Reinhard en el mundo.
Fiel seguidor del Reich de Oro.
Estatus: Fallecido (dentro de valhalla).
Y ya hablando en serio……..en caso de que bueno los tards me jodan tengo la app web novel en caso de medida.
Ok cabe aclarar como costumbre mía por meter dos tramas las cuales me fascinan y estas son Shinza bansho (dies irae) y Lovecraft y en este caso sabemos que el autor de esta cosa es un desgraciado así que le daré un giro a muchas cosas, obviamente no abarcaré todo el mundo de Estoia, ya que bueno estoy haciendo yandere de Olga, esta cosa ya está medio planeada de principio a fin, la historia estará mezclada con referencias del anime ya mencionado que es dies irae y déjenme decir que no es color de rosa, pero al menos estará entretenido y muchos de los desgraciados en ese mundo recibirán castigo del brillo dorado.
Este tn en particular estará casi igual de Op que el tn de Blake, ya que ambos comparten algo en común. Los dos desquiciados pertenecen al ejército del Reich, por lo tanto, la hechicería ewigkeit está en ellos.
Sin más que decir, empecemos con esto.
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Alemania, 1970.
En lo profundo de un pueblo olvidado, una iglesia abandonada aún se mantenía en pie, sus vitrales rotos y su altar cubierto de polvo. Allí, entre las bancas vacías, solo habitaban tres presencias.
Una joven de belleza etérea, Rusalka Schwägerin, descansaba recostada sobre la madera agrietada, su cabello rosa cayendo como un velo brillante bajo la luz mortecina de la luna que se filtraba por las rendijas. En el atrio, de pie con una Biblia en las manos, Valeria Trifa leía en silencio, sus labios murmurando pasajes latinos que se confundían con el crujir del viento.
En otra banca, separado de ambas, permanecía Tn, inmóvil, con la mirada fija en el altar vacío. Esperaba, como todos ellos, el día glorioso en que su Señor Heydrich rompiera el silencio del Valhalla y descendiera para arrasar al mundo en luz dorada.
El aire estaba quieto… hasta que Tn lo sintió.Una vibración leve, un destello de hechicería. No era el rugido eterno del Ewigkeit, esa conflagración que podía consumir universos enteros, sino apenas una chispa. Una vela débil encendida en medio de una tormenta.
Lo lógico habría sido ignorarla.Pero Tn giró lentamente la cabeza hacia el vacío.
—Eso… no es de nosotros —murmuró, su voz grave resonando en la nave de piedra.
Valeria alzó apenas los ojos de su Biblia, arqueando una ceja.
—¿Interferencia externa? —preguntó, con un tono entre curiosidad y fastidio—. Aquí no debería existir nada más allá del resplandor de nuestro Señor.
Rusalka rió suavemente desde su banco, con esa musicalidad inquietante que la caracterizaba.
—Si es tan débil como dices, Tn, ¿por qué molestarte en prestarle atención? Una vela no puede competir con el sol.
Tn entrecerró los ojos. Había aprendido a no despreciar las anomalías. Aquello no era un simple eco: tenía dirección, propósito, como si lo llamara.
—Porque las brasas pequeñas —dijo con un dejo de solemnidad— son las que inician los incendios más grandes.
Valeria cerró la Biblia con un chasquido y caminó hacia él, el sonido de sus botas resonando contra el suelo vacío.
—¿Entonces piensas seguir esa flama?
—Sí —respondió Tn sin dudar, levantándose de la banca con un porte marcial—. No importa cuán débil sea… si desafía lo que existe aquí, debo verlo.
Rusalka ladeó la cabeza, apoyando su mejilla en la palma de la mano, mirándolo con fascinación.
—Oh… qué curioso. No esperaba que un soldado tan fiel al Dorado se desviara de su puesto por un destello insignificante.
Tn no le devolvió la sonrisa. Su expresión era severa, fría, marcada por la disciplina.
—Nada que se manifieste en Gladsheimr – Gullinkambi puede ser ignorado. Nuestro Señor juzgaría incluso lo más ínfimo. Y yo… no soy menos exigente que él.
El aire de la iglesia vibró por un instante, como si un murmullo de otro mundo hubiera contestado. Y allí, en ese lugar fuera del tiempo, Tn se dispuso a seguir la senda de aquella flama imposible, sin saber que lo guiaría hacia un mundo podrido por el abuso, la traición y dioses falsos.
El reino de Gladsheimr – Gullinkambi Fünfte Weltall,.
Niflheimr: Reino de sombras y oscuridad. Ocupado por quienes murieron por amor o locura. Está gobernado por Schreiber .
Muspelheimr: Reino del fuego. Ocupado por los mártires. Gobernado por Samiel .
Midgard: Reino de los humanos. Ocupado por quienes murieron en batalla. Gobernado por Machina .
Alfheimr: Reino de hadas. Ocupado por quienes fueron asesinados por amor. Un infierno en forma de paraíso, un hermoso jardín lleno de hierba y flores hasta donde alcanza la vista. Este es el lugar donde se guarda el cuerpo físico de Valeria Trifa .
Algunas de las 40 divisiones de las Waffen-SS que se manifiestan incluyen: Marsella: Reinhard invoca al as de la Luftwaffe durante la Campaña del Norte de África, conocido como la “Estrella de África”. Invoca las ametralladoras del Messerschmitt Bf 109 tras él, predice la posición futura del enemigo y lo derriba con precisión y potencia letales.
8.ª División de Caballería SS “Florian Geyer”:Invoca un muro de esqueletos debajo de su objetivo para crear un obstáculo y limitar su movimiento.
9ª División Panzer SS “Hohenstaufen”: Convocando más de cien descargas de tanques, devastando todo a su paso con proyectiles y explosiones.
12ª División Panzer SS “Hitlerjujand”: Reinhard, movilizando cientos de Panzerfaust, dispara al enemigo con un incesante ataque de ojivas.
24ª División de Montaña SS “Karstjäger”: Invoca numerosas minas terrestres y ojivas Panzerfaust para explotar sobre el enemigo.
36ª División de Granaderos SS “Dirlewanger”: Desde abajo, una horda de esqueletos lanza repentinamente innumerables bayonetas para atravesar al enemigo.
Eostia.
Las cosas para el reino de los elfos oscuros no podían ir peor.
Un nuevo grupo armado apareció en la escena de la guerra entre los humanos y los elfos oscuros. Esta facción no era un ejército ordenado ni honorable; eran mercenarios sin bandera, bandidos sin piedad, ladrones, asesinos, toda la escoria que había escapado de la justicia. Por sí solos no habrían representado un peligro serio… pero alguien había tejido un pacto imposible: hombres y monstruos, unidos bajo un mismo estandarte.
Ogro, duendes, cíclopes, minotauros, lobos y orcos marchaban junto a los mercenarios como si fueran camaradas de armas. Un espectáculo grotesco que helaba la sangre. La traición de algunos elfos oscuros solo empeoró la situación. El ejército de Kuroinu avanzaba como una marea negra, arrasando todo lo que tocaban.
Las murallas de la capital no resistieron. El fuego iluminaba la noche como si los bosques enteros hubieran sido convertidos en hogueras funerarias.
—¡No retrocedan! ¡Defiendan a su reina! —gritó un capitán elfo, espada en mano, mientras las criaturas monstruosas irrumpían por la brecha.
—¡Traidores! ¡Los malditos traidores abrieron las puertas! —vociferó otro soldado mientras veía cómo sus propios hermanos luchaban codo a codo con los mercenarios humanos.
La reina Olga Discordia contemplaba el campo desde la torre más alta. Sus ojos brillaban con ira y dolor. A su lado, su fiel amiga y general, Chloe, apretaba los dientes mientras blandía su arma ensangrentada.
—Majestad… no podremos contenerlos mucho más. —su voz temblaba, pero no por miedo, sino por rabia.
Olga respiró profundo, apretando su báculo con fuerza.—Chloe, no podemos rendirnos. No ante esa basura. Prefiero morir antes que ver a mi pueblo convertido en esclavos de esos animales.
Un rugido de júbilo resonó en la distancia, más fuerte que los gritos de los caídos. Desde lo alto de un caballo negro como la noche apareció Vault, el traidor humano, envuelto en una capa raída. Su sonrisa era torcida, podrida, reflejo de su ambición desmedida.
—¡Escuchen, ratas inmundas de los bosques! —clamó, alzando su espada manchada—. Hoy no luchamos por tierra, ni por oro, ni siquiera por poder. ¡Hoy conquistamos lo único que de verdad importa… sus mujeres!
Los mercenarios, orcos y demonios respondieron con carcajadas, aullidos y golpes de armas contra los escudos. La atmósfera se volvió aún más opresiva.
Chloe levantó su espada, insultándolo con voz firme—¡Cállate, bastardo! ¡Nunca tendrás a nuestra reina!
Vault solo rio con cinismo.
—Oh, pero ya la tengo, pequeña. Solo es cuestión de tiempo. Y créeme… será mucho más divertido cuando intente resistirse.
Los traidores elfos, aquellos que habían vendido su lealtad por promesas de poder y placeres carnales, se acercaron con desprecio hacia sus antiguos camaradas.
—¿No lo ves, majestad? —escupió uno de ellos, con los ojos encendidos por la lujuria—. ¡Tu reinado se acabó! Ahora disfrutaremos de lo que siempre nos negaste.
Olga los miró con frialdad, su voz como una daga—Cobardes… no son más que perros en busca de sobras. Y como perros… serán los primeros en ser sacrificados.
Las palabras encendieron la furia de Vault, pero en lugar de enfadarse, su sonrisa se ensanchó aún más.—Oh… me encantas, reina. Esa boca orgullosa será mil veces más deliciosa cuando suplique por misericordia.
Y con un gesto de su mano, ordenó el ataque final contra el corazón del reino élfico.
Fue una masacre unilateral.
Chloe, quien había sido brutalmente golpeada por una pandilla de ogros, apenas respiraba. Su cuerpo estaba destrozado, y sus ojos, antes llenos de fuerza y convicción, se encontraban nublados, quebrados en un estado de completa pérdida de cordura. Había sido reducida a un objeto, un simple juguete para la diversión grotesca de los monstruos quienes ya querian abusar de ella.
Vault, sentado en el trono robado, contemplaba la escena como si fuera un espectáculo privado. Su sonrisa torcida se ensanchaba con cada gemido roto de la guerrera caída. A su derecha, su asistente, un hombre delgado con mirada serpentina, se inclinó hacia él.
—Mi señor… debo admitirlo, jamás había visto a una mujer tan orgullosa caer tan bajo. Es… delicioso.
Vault soltó una carcajada gutural.
—¿Lo ves? Eso es lo que diferencia a un líder de los demás. No basta con matar al enemigo… hay que quebrarlo, hay que convertirlo en una burla viviente de lo que alguna vez fue.
En ese momento, cuatro mercenarios arrastraron a Olga Discordia, con cadenas en sus brazos y sin su báculo. Su andar era firme, aunque sus pies sangraban por las piedras del suelo. Sus ojos, incandescentes de ira, se clavaron en Vault con un odio que podría haber reducido a cenizas todo el salón, de no ser por las paredes de anti-magia.
Vault se levantó lentamente, regocijándose con su sufrimiento.
—Vaya, vaya… la reina de los elfos oscuros en mi salón. ¿No es esto un cuadro perfecto? —dijo, extendiendo los brazos como si estuviera presentando una obra de teatro.
Olga lo miró sin pestañear, sus labios apenas se movieron para soltar un murmullo cargado de veneno.
—Maldito traidor… cada gota de sangre inocente que has derramado será tu condena.
Él rio suavemente, caminando hacia ella con pasos medidos, disfrutando de cada instante.
—Siempre tan altiva… me encanta. Pero dime algo, reina —su tono cambió de golpe, más áspero, más cruel—, ¿alguna vez pensaste que una elfa oscura… podría engendrar hijos de un humano?
Las carcajadas de los mercenarios retumbaron en el salón. Olga apretó los puños con furia, sus uñas enterrándose en la carne de sus palmas.
—Jamás profanaría mi linaje con bestias como tú.
Vault la observó, inclinándose hacia ella hasta casi rozar su oído.
—Oh, no te equivoques, reina… no tendrás elección.
Los ogros comenzaron a rodearla, gruñendo con baba cayendo de sus fauces. Su respiración pesada llenaba la sala, un coro grotesco de lujuria y hambre. Olga, sin embargo, sonrió de manera extraña, como si hubiera recordado algo que ellos no podían comprender.
—¿De verdad creen que me arrodillaré ante esta parodia de imperio? —su voz resonó firme, como un eco de dignidad entre la podredumbre—. No, gusanos. Yo jamás seré de ustedes.
Un destello de magia iluminó el salón cuando ella extendió la mano, trayendo su báculo de vuelta con un tirón violento. Los presentes se sobresaltaron; los ogros, más supersticiosos, dieron un paso atrás.
—¡Recupero lo que es mío! —exclamó Olga con un rugido que hizo vibrar las paredes.
La energía se acumuló en su arma, y en un instante un rayo de pura oscuridad atravesó la sala. Los ogros a su alrededor cayeron achicharrados, sus cuerpos ennegrecidos aún humeando en el suelo.
Los humanos miraron con asombro. Y por un instante, Olga creyó haber recuperado la ventaja. Pero pronto, su cuerpo se desplomó, jadeando pesadamente, mientras el báculo rodaba lejos de su alcance.
Vault avanzó despacio, su sonrisa más ancha que nunca.
—Magnífico. Una jugada brillante, y sin embargo… un completo fracaso. ¿No lo sabías? Este castillo está hecho para que tus artes no funcionen contra los hombres. —se agachó para mirarla directamente a los ojos—. Puedes matar a cuantos monstruos quieras, reina… pero jamás podrás tocarme.
Ella apretó los dientes, el sudor frío resbalando por su frente. En el fondo de su ser, sabía que tenía una sola carta que jugar.
Colocó una mano en el suelo, comenzando a entonar con voz temblorosa pero firme—Tú que habitas en el más allá… tú que creciste en la guerra… tú que derrotaste a los monstruos y te alzaste como héroe entre héroes… escucha mi llamado…Bestia divina.
El aire cambió. Una energía violeta estalló en torno a su cuerpo, elevando chispas que iluminaron la penumbra del salón. Los mercenarios retrocedieron con miedo, incluso Vault entrecerró los ojos ante el poder que se desataba.
—¡Yo, Olga Discordia, emperadora de los elfos, pido tu divina presencia en mi ayuda! —gritó, con toda la fuerza que le quedaba.
Un círculo mágico gigantesco apareció bajo sus pies, runas desconocidas brillando como fuego líquido. La sala entera tembló.
Por un instante, Vault se quedó mudo, tragando saliva mientras su sonrisa se quebraba.—¿Qué… qué demonios es esto?
Pero un segundo después, el círculo estalló en una ráfaga de humo y… desapareció. El silencio cayó como una losa. No había héroe. No había salvación.
Los ojos de Olga se abrieron de par en par, incapaces de comprender lo que había sucedido. El eco de su invocación se desvanecía en el vacío.
Vault volvió a reír, esta vez con carcajadas más profundas, casi histéricas.—¡JAJAJA! Qué patético. Tu última esperanza, y ni siquiera los dioses te escuchan. —se inclinó sobre ella, sujetándola del mentón con violencia—. ¿Lo ves, reina? Nadie vendrá por ti. Nadie.
Los mercenarios comenzaron a corear, como lobos hambrientos alrededor de su presa.
Olga, jadeante, con lágrimas de rabia en los ojos, solo alcanzó a murmurar—…si ese es el caso… entonces que el verdadero dios juzgue este mundo.
Vault arqueó una ceja, confundido, justo antes de que una grieta luminosa apareciera en el suelo donde había estado el círculo.
Pero la maldita cosa solo solto el sonido de Puffff desapareciendo.
—¿Ves? Te lo dije —la voz de Vault se impregnaba de lujuria y malicia mientras se inclinaba hacia ella—. Estás en mi territorio, no eres nada más que una belleza virgen… y enseguida vas a dejar de serlo, por todos lados.
Olga Discordia abrió los ojos con horror, entendiendo que lo peor estaba a punto de ocurrir.
—P-por favor… ayúdame… —murmuró con la voz quebrada, tan baja que apenas fue un susurro, pero cargada de un deseo y desesperación tan grandes que atravesaban la realidad misma. Una lágrima brilló sobre su mejilla, un destello frágil en medio de la oscuridad.
De repente, una ráfaga de fuego blanco estalló frente a ella, un muro incandescente que la separó de Vault. El calor era tan intenso que los hombres más cercanos retrocedieron con los brazos en alto, gritando de sorpresa.
—¡¿Qué diablos es esto?! —rugió Vault, retrocediendo hasta su trono, incapaz de comprender lo que veía.
Los mercenarios desenvainaron sus armas, los ogros gruñeron con las manos apretando sus garrotes, pero ninguno se atrevía a cruzar el muro de llamas. Olga, por su parte, sintió cómo el corazón le latía con fuerza en el pecho, una chispa de esperanza reavivándose dentro de ella.
“¿Podría ser…? ¿De verdad… fui escuchada?”.
Las llamas fueron calmándose poco a poco, contrayéndose hacia un punto central. Las espadas tintineaban, las lanzas temblaban en manos sudorosas. Algo estaba naciendo de aquel fuego sagrado.
Cuando por fin las llamas blancas explotaron hacia los muros y desaparecieron, una figura solitaria se alzó en medio de la sala del trono.
Era humano a simple vista. El más joven de todos en la habitación, incluso más que algunos de los soldados rasos. Su cuerpo era alto, delgado pero marcado por músculos definidos. No portaba armas, y sin embargo imponía más que cualquier guerrero. Su atuendo, aunque semejante al de un noble, tenía ornamentos imposibles de ignorar: una calavera en la hebilla de su cinto y un extraño colgante que irradiaba un fulgor siniestro.
Pero lo que más impactó a todos fue su rostro. Su ceño estaba fruncido, la mirada perdida… como alguien que había visto demasiado, alguien cuyo espíritu cargaba tanto odio como propósito. Y su cabello, brillante, caía en desorden como una llama apagada.
Los cincuenta mercenarios que llenaban la sala se quedaron rígidos, desconcertados. Incluso los ogros parecieron contener la respiración. La figura simplemente los miró a todos, en completo silencio, como si ya conociera cada uno de sus pecados.
Olga jadeó, apenas logrando hablar entre lágrimas.—…¿un… soldado me escucho…?
El recién llegado giró apenas el rostro hacia ella, con una calma solemne.—Tu voz me llamó. Tu desesperación rasgó el velo. Felicidades.—su voz era grave, firme, resonando como si hablara desde un juicio eterno.Era en cierta forma nuevo para el este metodo de invocacion.
Vault apretó los dientes, golpeando el brazo de su trono.—¡Basta de tonterías! ¡Es solo un hombre! —bramó, tratando de mantener la compostura. Su voz retumbó entre los muros, pero no logró ocultar el ligero temblor que traicionaba su enojo y su miedo.
Uno de sus capitanes mercenarios dio un paso adelante, espada en mano.—¡Mi señor, ordene y lo destrozamos ahora mismo!
El joven soldado alzó la vista hacia él, y en ese instante, el capitán sintió cómo sus rodillas se doblaban. Una presión invisible, sofocante, lo aplastaba. Ninguna palabra fue pronunciada… solo la mirada del forastero bastaba para doblegarlo.
—No es un hombre común… —murmuró otro mercenario, retrocediendo involuntariamente.
Vault se levantó de golpe, señalando con furia.—¡Cállense, idiotas! ¡Rómpanle el cuello, ahora mismo!
Los cincuenta mercenarios gritaron y cargaron con sus armas hacia la figura, los ogros gruñeron y avanzaron como bestias en estampida.
El soldado del Valhalla ni siquiera se movió. Solo cerró los ojos un instante, respiró profundo… y abrió la boca con palabras que congelaron el aire.
—Juzgaré este mundo.
Un rugido etéreo resonó, y las calaveras de las hebillas, de los estandartes, de los ecos de guerra en los muros… comenzaron a brillar.
Los soldados se detuvieron.
-Soy Tn al servicio del Reich dorado- el dijo de manera solemne.
-Que diablos es eso de reich?- el hombre corpulento le pregunto, un momento después todo estallo en risas, incluso los monstruos de gran tamaño parecían reír, varias venas le sobresalieron por la frente y el cuello del enojo, pero antes de que pudiera hablar el líder de volvió a hablar -Eso no importa ahora, como muestra de respeto de hombre a hombre, te dejare ser el segundo en follarte a la perra elfo- el hombre dijo de manera casual.
Pero el significado hizo que los ojos de Tn se abrieran, y el rubor en su rostro desapareciera por completo para su color normal, sus ojos tan rápido como se abrieron se estrecharon de forma peligrosa, su ceño aumento de tamaño considerablemente.
-¿Qué has dicho?- el soldado le pregunto de forma peligrosa, cosa que el hombre ignoro.
-Lo que dije, no escuchaste bestia invocada, puedes ser el segundo en violar a esta perra, claro que primero debo ir yo y quedarme con su virginidad, después de todo me costó capturarla, no voy a decir que agujero usar, puedes usar la parte del cuerpo que quieras, pero no demores mucho, ya que los muchachos también deben tener su turno-.
El hombre declaro con una sonrisa torcida, las manos de Tn se apretaron fuertemente casi al punto de hacerse daño, él le dio una rápida mirada a ella quien parecía estremecerse en la desesperación por las palabras del hombre de armadura, cosa que lo enfureció, de un rápido movimiento estrella a los soldados en sus manos, todos se tensaron al verlo hacer la acción repentina,fue tan sorprendente como su aura se volvió mortalmente peligrosa, sus ojos se posaron en Vault quien lo miro sin temor.
-¿Quién eres?- volvió a preguntar con un tono peligroso.
Manos enguantada detuvieron a dos mercenarios que trataron de acercarse y Tn los levanto en el aire.Antes de estrellarlos contra la tierra misma destrozandolos.
La masacre sería en nombre de su señor.
….
Las botas de Tn resonaron pesadamente contra el suelo de mármol teñido en sangre mientras avanzaba con calma. El hedor de la pólvora, hierro y miedo se mezclaba en el aire. El ayudante de Vault, incapaz de sostenerse en pie, retrocedía arrastrándose como una rata acorralada, con la espalda chocando contra la fría pared de piedra.
Tn se detuvo a escasos metros, aún con sus manos enguantadas manchadas de sangre. Su expresión era severa, pero sus ojos, afilados como cuchillas, transmitían un odio más puro y peligroso que cualquier arma.
—Respóndeme —su voz retumbó como un trueno apagado—. ¿Por qué tanta hostilidad contra una mujer? ¿O es que tu “emperador” les enseñó que la cobardía es virtud?
El hombre tartamudeó, sus labios secos apenas articulando palabras—E-es… es la ley del Kuroinu… tomar lo que queremos… Vault lo ordenó… ¡yo solo obedezco!
Tn chasqueó la lengua con desprecio, inclinando la cabeza apenas.
—Obediencia ciega. Sí… conozco bien esa excusa. —Sus dedos se cerraron en un puño y el aire crujió como si la presión misma se deformara—. Pero yo no sirvo a un amo que se oculta tras mandatos miserables. Yo sirvo al Reich Dorado. A un dios que exige amor y gloria, no bajezas de ratas.
El hombre chilló, encogiéndose aún más.
—¡P-por favor, no me mates! ¡Solo cumplía órdenes!
El ceño de Tn se frunció aún más, y avanzó un paso que hizo que el suelo temblara bajo su aura.
—Tuviste una elección cuando escuchaste los gritos de ella —dijo señalando con el mentón hacia Olga, que observaba aún en shock, con lágrimas brillando en sus mejillas—. Y elegiste mirar. Elegiste callar. Eso te hace igual que ellos.
Los nacionalistas de Reinhard seran mosntruos, pero una clase completamente diferente de mosntruos.
El hombre rompió a llorar, golpeando el suelo con las manos en súplica.
—¡Misericordia! ¡Por favor, misericordia!
La mirada de Tn ardió como brasas, pero su tono se volvió extrañamente solemne.
—El Reich dorado enseña que la misericordia es amor… y el amor también es destrucción. —Levantó una mano enguantada, y una presión invisible alzó al hombre en el aire como si una garra lo apretara del cuello—. Yo te daré amor… el último que mereces.
Con un crujido seco, el cuerpo cayó inerte al suelo. Tn se giró hacia Olga, que lo miraba con una mezcla de terror y gratitud.
Ella tembló, sus labios por fin encontraron voz—…¿Por qué? ¿Por qué me salvaste?
Tn la observó fijamente, su aura asesina disipándose poco a poco. Su tono, aunque firme, se volvió casi cálido.
—Porque tus súplicas fueron escuchadas en el Valhalla. Porque alguien debe traer luz a este mundo ennegrecido… y yo soy el soldado de esa voluntad.
Olga bajó la mirada, lágrimas cayendo de nuevo, esta vez no por desesperación, sino por un alivio confuso que no lograba comprender.
Tn, sin apartar sus ojos de ella, murmuró—Quédate cerca de mí. Juro por mi Lord… que nadie volverá a poner una mano sobre ti.
.
.
Vault había huido apenas Tn comenzó la masacre contra las bestias en la sala del trono. El eco de la carnicería aún impregnaba las paredes cuando el joven soldado desvió su atención hacia la mujer frente a él. Olga Discordia, Reina y Emperatriz de los elfos oscuros, lo miraba con desconfianza.
Ese odio profundo hacia los humanos seguía ardiendo en su interior como un carbón incandescente. Pero había algo en aquel muchacho… algo extraño en sus palabras. No hablaba como un simple hombre. Se había declarado soldado del “Reich Dorado”, bajo la voluntad de un “Lord Heydrich”. Olga jamás había escuchado de un dios con tal nombre en Eostia. ¿Sería acaso un mensajero de alguna divinidad extranjera? ¿Un espíritu de guerra enviado por una voluntad mayor? Sus dudas se multiplicaban.
Estaba agradecida pero su cara y aura humana era casi repudio.
Chloe, por su parte, forcejeaba con su propio cuerpo adolorido para ponerse de pie. Había visto de primera mano cómo el extraño aniquiló a decenas en un parpadeo. Temblaba, pero no de miedo, sino de una esperanza confusa y frágil.
Tn dejó que su mirada recorriera la sala. El hedor de muerte y hierro lo abrumaba. Suspiró, encogiéndose de hombros con la naturalidad de un veterano de guerra, aunque en el fondo él sabía que era apenas un soldado, no un guía de civiles ni un estratega de cortes.
—…Su ropa —murmuró de repente, mirando a ambas, su ojo temblando con cierta incomodidad.
Chloe bajó la vista, nerviosa, su voz salió tartamudeada—E-estos… trapos… nos las pusieron a la fuerza… como… “trofeos”.
Tn exhaló despacio, como si en ese instante recordara a Rusalka y sus bromas pesadas con vestimentas ridículas. Por un segundo, un atisbo de humor amargo cruzó su rostro.
—Ya veo… —se rascó la frente, incómodo—. Esa clase de atuendos solo los usaría alguien como ella… para fastidiar a todo el mundo.
Dejó escapar un suspiro más profundo y volvió a ponerse serio.
—¿Tienen un plan de escape? —preguntó directo, como quien busca lo práctico en medio del caos.
Olga entrecerró los ojos, analizándolo. Su tono, aunque suave, cargaba desdén—¿Me preguntas a mí? ¿Por qué un soldado humano pediría consejo a una reina élfica?
Tn se cuadró, golpeó su puño derecho contra el pecho en un saludo marcial, con la disciplina de un guerrero que honra su rango.
—Porque soy un soldado. Mi deber es escuchar el consejo de quienes tienen un cargo mayor que el mío. Y vos misma os nombraste Reina y Emperatriz… eso la coloca por encima de mí en la jerarquía.
Olga quedó en silencio, sorprendida. Sus labios se entreabrieron, incapaces de soltar palabra por un instante. Chloe, a su lado, lo observó boquiabierta, con una expresión que oscilaba entre incredulidad y alivio.
La reina alzó la barbilla, sus ojos dorados ardiendo con una mezcla de orgullo herido y curiosidad genuina.
—Un humano… que reconoce mi autoridad… —su voz se tiñó de ironía—. O quizá no seas tan humano como aparentas.
Tn sostuvo su mirada, sin pestañear.
—No soy nada más que un soldado de mi Lord. Pero eso basta para que cumpla lo que se me ha encomendado.
El silencio entre los tres se cargó de tensión, hasta que Chloe, aún débil, preguntó con voz temblorosa:.
—¿Ese… Lord Heydrich… también escucha los ruegos de quienes no son humanos?
Los ojos de Tn brillaron un instante, y su respuesta fue grave, solemne—Él escucha a todos los que claman con verdadera desesperación. Humanos, demonios, bestias… no importa la sangre. Lo único que importa es la voluntad.
Olga cerró los ojos unos segundos, como si esas palabras resonaran más de lo que hubiera querido admitir.
Ella tembló entre el dolor, el alivio y la rabia. En toda Eostia no hubo dioses más allá de su amiga Celestine que alguna vez le extendieran la mano. Todos los demás solo la habían deseado por su poder o su belleza, nunca por lo que realmente era. Y, sin embargo, frente a ella ahora se erguía un ser que no le estaba pidiendo nada. Ni devoción, ni entrega, ni sumisión. Nada.
Olga respiró hondo, luchando contra el temblor en sus piernas, y poco a poco comenzó a levantarse. Su mirada se posó en Chloe, que se sostenía con dificultad.
—… Chloe… —su voz sonó ronca, quebrada pero firme—. Sin mi magia estamos en problemas.
Chloe asintió, aún jadeando, incapaz de sostenerse del todo, pero entendiendo el peso de la situación.—Lo sé… mi Reina… pero aún puedo caminar… aunque no sé cuánto tiempo más….
Olga apretó los dientes. Su orgullo y rencor siempre la habían impulsado, pero ahora debía aceptar que estaban superadas. Entonces alzó la vista hacia el hombre que había invocado.
—Sáquenos de aquí. Rápido.
Tn no dudó. Con la frialdad de un soldado y la obediencia que imponía el deber, dio un paso al frente.
—Orden recibida. —Su voz fue seca, militar, como un cuchillo que corta el aire. Sin más, se inclinó y tomó a ambas mujeres con sorprendente facilidad, como si no pesaran nada.
Antes de que Olga pudiera reaccionar, Tn se movió a una velocidad inhumana. El Ewigkeit se activó y el mundo a su alrededor se volvió un torbellino de luces deformadas y ecos de destrucción. Las llamas, los derrumbes, los gritos y la sangre quedaban atrás, arrastrados por el viento que levantaba a su paso.
El reino de los elfos oscuros estaba reducido a ruinas, asediado por demonios, bestias y humanos que no dejaban piedra sin romper. El caos era absoluto, una sinfonía de aniquilación.
.
.
Mientras tanto, Vault huía desesperado. Cada latido de su corazón era un recordatorio del monstruo que Olga había traído al mundo. No quería enfrentarse a esa criatura. No podía. No ahora.
—¡Maldita bruja…Maldita puta juro que hare que se ahogue con mi polla! —escupió entre jadeos, corriendo sin mirar atrás—. ¿Qué demonios has invocado?
Lo único que necesitaba era llegar a su ejército, reagruparse, planear cómo aplastar a Olga y destruir a ese ser que había aparecido de la nada.
Pero entonces el cielo rugió.
Una vibración profunda atravesó la tierra, y los demonios que corrían junto a Vault miraron hacia arriba con horror. Una sombra dorada se proyectó sobre ellos, creciendo y expandiéndose hasta cubrir todo el campo de batalla.
Vault alzó la vista… y lo vio.
Una lanza colosal, forjada en oro pero bañada en sangre ardiente, descendía desde las alturas como si el mismo Juicio Divino hubiera despertado para castigar a Eostia.
—No… no puede ser… —susurró Vault, paralizado de terror.
La lanza atravesó el cielo con un rugido ensordecedor y cayó directamente sobre el castillo de Olga.
El impacto fue apocalíptico. El suelo se quebró en grietas sangrantes, las torres estallaron como juguetes de cristal, y una ola de fuego y polvo cubrió todo el reino. El rugido de la destrucción ahogó cualquier grito, cualquier súplica.
Vault salió disparado por la onda expansiva, golpeando contra la tierra con violencia. Tosió, escupiendo sangre, su cuerpo hecho añicos, pero aún respirando.
—…No… no moriré aquí… —se arrastró entre los escombros, con la mirada fija en el horizonte—. ¡No moriré sin destruirte, a esa puta Olga!
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Mientras tanto, Tn sostenía a Olga y Chloe entre sus brazos, avanzando como un relámpago. La onda expansiva los alcanzó, pero su cuerpo resistió, cubriéndolas con su propia figura como si fueran un tesoro que debía proteger.
Olga, incrédula, lo miró de reojo.—¿Qué… qué eres tú…? —preguntó con un hilo de voz, con mezcla de temor y desconfianza.
Tn no la miró, sus ojos seguían al frente, fríos y decididos.
—Un soldado. Y los soldados no abandonan sus ordenes.
El corazon lleno del ewigkeit resonaria con el corazon oscuro de una elfa.
El silencio que siguió pesó más que la destrucción misma.
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