Waifu yandere(Collection) - Capítulo 174
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- Capítulo 174 - 174 AkameAkame ga kill
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174: Akame/Akame ga kill 174: Akame/Akame ga kill Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
_________________________________________________ Noche en la base de Night Raid.
La luna bañaba la guarida con su luz pálida.
Afuera, el bosque estaba en silencio, como si incluso los animales temieran acercarse a ese lugar donde los asesinos del Imperio habían convertido su refugio.
La última misión había sido exitosa: una familia noble corrupta había sido eliminada, y en el camino habían encontrado a un posible nuevo recluta, un chico de pueblo llamado Tatsumi, al cual Leone, con su descaro habitual, ya le había robado el dinero.
Ahora el muchacho estaba inconsciente, tendido en un rincón de la base, mientras esperaban a Najenda para decidir qué hacer con él.
En la cocina, Akame masticaba en silencio un plato de arroz caliente, concentrada solo en su comida.
A su lado, Lubbock jugueteaba con uno de sus hilos de Teigu, distraído, mientras murmuraba—Un recluta más, ¿eh?
Espero que al menos sea interesante, porque últimamente todo se siente muy monótono…La base rebelde no, nos envia ninguna ayuda.
Bulat, frente a un espejo pequeño, peinaba con cuidado su cabellera brillante, y con una sonrisa tranquila añadió—Descuida si el chico tiene agallas y algo de fuerza, seguro nos vendrá bien.
Además, tener sangre nueva siempre anima al grupo.
Akame no respondió; solo siguió comiendo sin levantar la mirada, como si el resto de la conversación no existiera.
En ese momento, Sheele entró a la sala, sujetando un periódico con ambas manos, y con ese tono inocente y despreocupado que siempre tenía, comentó mientras releía los parrafos.
—Oigan, miren esto… La Capital está celebrando la llegada de su general más temida y de varios héroes del Imperio.
Están haciendo una lista de sus figuras más importantes….
Lubbock resopló con fastidio, recostándose contra la pared.
—Bah, seguro se trata de Esdeath otra vez.
Siempre es “la invencible general Esdeath por aquí” y “la diosa de la guerra por allá”.Tch seria un problema menos si ella estuviera muerta.
Bulat, en cambio, se inclinó un poco, curioso—Déjame ver, Sheele.
Es importante estar al tanto de nuestros enemigos.
Akame no mostró interés… hasta que sus ojos, rojos y afilados, captaron un nombre en la página.
Una línea que heló su sangre.
“El Imperio celebra al joven prodigio conocido como Tn, soldado de élite cuyo poder rivaliza con los generales.
Portador del Teigu ‘Elixir de Fuego’, ha demostrado ser un arma viviente al servicio de la Capital.”.
La exageracion en la propaganda del Imperio siempre fue muy grande.
Harian y dirian lo que fuera para mantener sus apariencias.
El ejercito no tenia muchos soldados de bune nivel, pero esa falta era compensada con numero y los pocos mosntruos que se hayaran en sus filas.
El palillo en la mano de Akame se detuvo.
Por un instante, se quedó inmóvil, como si su cuerpo se negara a aceptar lo que había leído.
El vapor de su arroz se elevaba, disipándose en el aire nocturno.
—…Tn… —murmuró, tan bajo que apenas fue audible.
Sheele ladeó la cabeza, confundida.
—¿Lo conoces, Akame?
Los ojos de la asesina permanecieron fijos en la tinta del periódico, aunque su expresión era tan dura como siempre.
Sin embargo, su silencio ya era una respuesta.
Lubbock arqueó una ceja, intrigado.
—¿Qué pasa?
¿Acaso ese tipo es alguien de tu pasado?
Porque la cara que pusiste no es la de estar leyendo sobre un enemigo cualquiera.
Bulat se giró, ahora más serio, y con voz grave preguntó—Akame… ¿ese nombre significa algo para ti?
Akame cerró los ojos por un instante, conteniendo el torbellino de recuerdos que amenazaban con salir.
Vio fugazmente un bosque, sangre, entrenamiento brutal… y a un niño que alguna vez había compartido el mismo destino que ella.
Cuando abrió los ojos, su mirada volvía a ser fría, pero en el fondo había una sombra de dolor.
—…Sí.
Lo conozco.
—se levantó lentamente, dejando el plato vacío sobre la mesa—.
Él… era uno de nosotros.
Otro niño que el Imperio moldeó.
Fue hace tanto……
Sheele entreabrió los labios, sorprendida.
—¿Entonces… es como tú?
Akame asintió levemente, pero no agregó nada más.
En el silencio que siguió, solo se escuchó el crujir del periódico en las manos de Sheele.
Finalmente, Akame se giró hacia el pasillo, como si necesitara alejarse de la conversación.
—Tengo que… pensar.
Bulat la observó marcharse con una expresión de preocupación.
—Si ese chico tiene el poder que dicen… y un vínculo con Akame… esto podría complicarlo todo.
Lubbock suspiró, intentando aliviar la tensión.
—Complicarlo, dice… Esto huele a problemas.
Grandes problemas.
.
.
Akame caminaba sola por el pasillo oscuro de la base, con pasos firmes pero silenciosos.
El eco de sus botas resonaba débilmente, como si acompañara el peso de los recuerdos que comenzaban a golpear su mente.
Cuando era niña, ella y su hermana Kurome habían sido vendidas al Imperio por sus propios padres.
No había habido llanto ni despedida cálida, solo el frío intercambio de manos y monedas, el abandono disfrazado de oportunidad.
Aquella decisión las lanzó al infierno.
La prueba en el bosque: un lugar infestado de bestias salvajes, donde de cien niños apenas sobrevivieron un puñado.
Akame aún podía recordar los gritos, las miradas suplicantes de quienes cayeron, y el silencio final cuando el bosque decidió quién viviría y quién no.
Luego vino el entrenamiento.
Ella, Kurome y otras niñas fueron moldeadas como armas humanas.
El Imperio les otorgó Shingus, armas sagradas diseñadas para rivalizar con los mismísimos Teigus.
Y con el tiempo, ambas fueron reclutadas en los temidos Siete de Élite, el grupo de asesinos predilecto del Imperio.
Pero no todo terminó allí.
El Imperio, insaciable en su crueldad, había experimentado con niños secuestrados, transformándolos en huérfanos modificados, carne de cañón que nunca conocería libertad.
Akame había cruzado miradas con muchos de ellos, algunos incluso lucharon a su lado, otros contra ella.
Y uno de esos recuerdos tenía ahora un nombre que el destino había traído de vuelta: Tn.
No debria ser posible….
No.
No.
No.
No.
No.
No.
Ella quemo todo.
Ella acabo con todos.
Ninguno escapo del fuego, la puerta hbaia sido cerrada con bigas de hierro.
Las propias ventanas eran de metal.Los pocos que salieron del fuego alcanzaron su espada.
Los pensamientos se agolparon, y cuando Akame bajó la vista, el pasillo ya no era de piedra, sino un río carmesí.
Sus manos estaban teñidas de rojo, goteando sin cesar.
La sangre corría por sus muñecas, chorreaba hasta sus codos y caía formando charcos que se extendían, cubriéndole los pies.
El olor metálico impregnaba el aire.
Rostros de sus hermanos huerfanos saliendo del barro carmesi.
Akame se quedó inmóvil, contemplando la ilusión.
Su pecho ardía con una mezcla de rabia y culpa.
—….
Entonces, una voz familiar rompió la pesadilla.
—Akame.
El tono fue despreocupado, casi juguetón, y la ilusión se quebró como vidrio.
Al girar la cabeza, vio a Leone, apoyada contra el marco de la pared, con los brazos cruzados y una sonrisa ligera en el rostro.
—¿Otra vez pensando demasiado?
—preguntó con suavidad, aunque sus ojos dorados tenían un brillo de comprensión.
Akame desvió la mirada, ocultando la tensión en su respiración.
—No… —respondió seca, aunque el temblor en sus dedos la delataba.
Leone chasqueó la lengua y se acercó con pasos lentos, dándole un golpecito en el hombro.
—Tú no eres buena mintiendo, ¿sabes?
Ese tipo de cosas no se borran fácil.
Yo no viví lo mismo que tú… pero cualquiera puede ver que esas cadenas aún te persiguen.
Nunca hubo secretos en el escuadron, todos eran unidos y luchaban por la misma causa.Lubbock era el cuarto hijo de una familia muy rica y de comerciantes.
Su fortuna le permitió dejar esa vida de opulencia para seguir a Najenda, a quien amaba en secreto, y unirse al ejército, llegando a formar parte de Night Raid.
Bulat fue parte del ejercito.
Ella misma alguna vez tuvo serios problemas.
Pero pudo seguir adelante.
Akame apretó los labios.
—El Imperio… sigue usándolos.
A los niños… a todos.
Pensé que… pensé que lo había dejado atrás.
Pero ahora… —se detuvo, cerrando los ojos.
El nombre que había leído volvía a quemarle en la mente—.
Ahora sé que uno de ellos aún vive.
Leone arqueó una ceja, sorprendida por lo serio en su tono.
—¿Uno de ellos?
¿Hablas del tal Tn?
—preguntó en voz baja.
Akame no respondió de inmediato.
Solo alzó la mano, mirándola como si aún estuviera cubierta de sangre invisible, y murmuró con una dureza que apenas escondía la tristeza—No puedo dejar que el Imperio siga reteniéndolo… aunque eso signifique que tenga que enfrentarme a él.
Leone suspiró y sonrió con amargura, poniéndose al lado de su compañera.
—Sabes, Akame… eres dura por fuera, pero en el fondo siempre quieres salvar a alguien.
Eso puede ser tu fuerza… je deberias relajarte un poco.
Akame miró a su compañera… o tal vez debería decir amiga.
Era extraño pensarlo así, porque en su vida no había habido muchas personas que pudiera considerar de esa manera.
Y sin embargo, en Night Raid todos se conocían bien.
No había secretos, no había mentiras.
Leone, que en su niñez había crecido en los barrios pobres de la capital, trabajando desde temprano en una casa de masajes.
Fue su coraje al salvar a unos niños de las garras de un noble lo que llamó la atención del Ejército Revolucionario, y así se convirtió en una asesina de sonrisa fácil pero corazón fuerte.
Mine, marcada desde pequeña por la discriminación y el racismo por ser mestiza.
Aquellas heridas invisibles la empujaron a buscar un lugar en el mundo, con la esperanza de que el Ejército Revolucionario le permitiera forjar un futuro mejor, no solo para ella, sino para todos.
Sheele, la torpe que vivió una infancia de soledad, siempre siendo vista como inútil.
Su vida cambió el día que, en un arrebato desesperado, mató a un hombre para proteger a su única amiga.
Ese acto la convirtió en criminal y, al mismo tiempo, selló su destino hasta encontrar un nuevo propósito en Night Raid.
Sí.
Todos ellos cargaban un pasado manchado, historias que compartían alrededor de la mesa o en noches silenciosas, como si con cada confesión construyeran un lazo imposible de romper.
Akame exhaló despacio y murmuró—Es raro… pensar que aquí, todos sabemos lo peor de los demás.
Y aun así… nadie juzga.
Leone sonrió de medio lado, apoyándose contra la pared.
—Pues claro.
—dijo con voz cálida—.
Eso es lo que nos hace diferentes al Imperio.
Ellos usan tu dolor para encadenarte.
Nosotros lo usamos para seguir luchando juntos.El mundo podra ser una mierda pero por eso lucharemos.
Haremos algo mejor.
Le dio un suave golpe y la chica mas baja solo sonrio un poco.
Leone y Akame caminaron un poco por el pasillo, hasta que la pelirroja de ojos rojos decidió retirarse a descansar, en silencio, esperando a que su jefa Najenda llegara más tarde para decidir qué hacer con el nuevo recluta, Tatsumi.
Leone la observó marcharse, con las manos detrás de la cabeza y una sonrisa tranquila, aunque sus ojos reflejaban cierta preocupación.
Mientras tanto, en la cocina, el ambiente era distinto.
Bulat y Lubbock estaban sentados frente a frente en la mesa, jugando a vencidas.
Sus manos apretadas crujían contra la madera, los músculos tensos, y la sonrisa confiada de Bulat contrastaba con la cara roja y temblorosa de su compañero.
En una esquina, Sheele seguía hojeando el periódico, sus gafas reflejando la luz de la lámpara, mientras murmuraba para sí misma.
—Akame… parecía tan triste….
Mine, que acababa de sentarse a su lado, cruzó las piernas y apoyó los codos en la mesa, respondiendo sin apartar la vista de la sala.
—Claro que está triste.
Entre todos nosotros… ella es la que sigue más atada a sus problemas pasados.
Sheele bajó la mirada al papel, en voz baja.
—Me preocupa.
Siempre carga todo sola… como si no quisiera que la ayudemos.
Bulat, que en ese instante estaba a punto de vencer a Lubbock, rió con fuerza y añadió.
—Akame lo maneja de forma distinta, chicas.
Sus problemas no son como los nuestros.
Son más… complicados.
Ella siempre carga con una parte que ninguno de nosotros puede comprender del todo.Solo hay que drle tiempo.
—¡Tsk…!
—gruñó Lubbock, sudando mientras su brazo temblaba bajo la fuerza de su compañero—.
¡Ya basta de hablar de ella!
¡Concéntrense en mí, que estoy a punto de…!
De pronto, su mano fue aplastada contra la mesa con un golpe seco.
Bulat sonrió con brillo en los ojos.
—Ganador otra vez.
—¡¿Q-qué demonios?!
—Lubbock retiró su mano adolorida, poniéndose rojo, pero más de frustración que de esfuerzo—.
¡Eso no fue justo, Bulat!
¡Ni siquiera estaba listo!
Mine lo miró con un deje de burla y se rió por lo bajo.
—Patético.
No me sorprende nada de ti, Lubbock.
El joven se levantó de golpe, señalando con el dedo hacia todos.
—¡Oigan, no se burlen!
¡Akame siempre fue rara, y ustedes lo saben!
Y más todavía cuando se trata de… ya saben… ese tipo de cosas.
Bulat arqueó una ceja, divertido.
—¿Ese tipo de cosas?
¿Quieres decir… sentimientos?
Sheele inclinó la cabeza, confundida.
—¿Pero Akame… siente cosas, verdad?
Mine suspiró, rodando los ojos.
—Claro que sí, torpe.
Solo que ella lo esconde.
Todo el tiempo.
Esa es su forma de vivir.
Hubo un silencio breve.
Lubbock, aún con la cara encendida, murmuró mientras se dejaba caer otra vez en su asiento—Aun así… es la única que cuando se pone seria… da la sensación de que nada ni nadie puede alcanzarla.
Es como si estuviera… en otro nivel.
Y no era exagerar decir que Akame era la mas fuerte entre ellos.Su Teigu Murasame una espada cuyo filo es un arma mortal que, con un solo corte, puede acabar con la vida de sus oponentes.
Bulat asintió, cruzando los brazos.
—Y por eso mismo… tenemos que estar listos.
Porque si el pasado de Akame vuelve a ella… no sabemos qué hará.
La sala quedó en silencio por un instante.
Incluso el crujir del periódico en las manos de Sheele sonó más fuerte.
Y en algún lugar del pasillo, Akame, recostada en su cama, apretaba los ojos con fuerza, intentando escapar de los ecos de un nombre que la perseguía: que clase de personas dejo Akame atras.
.
.
.
Mientras tanto, en el Imperio.
“¡Nnngh!
¡Ahhh ahhhh mas mas maaaaassssss!
¡Ah, me voy a correr!”.
Su coño revolotea y se contrae fuertemente alrededor de la polla del soldado, negándose a soltarla mientras todavía la folla hasta su orgasmo, prolongándola.
“¡Joder!
¡ahhhhh por favor glorioso soldado ahhhhh!”.
“¡Sí si si oooohhhhhh!
¡Por favor, nunca dejes de follarme!”.
PLattttt platttttt plattttt platttttt plattttt.
“¡Guhh, soy una perra!”.
PLattttttt platttttt plattttt plattttt.
Poniéndola de nuevo a cuatro patas, Tn fuerza su cabeza hacia abajo en el colchón y la embiste bruscamente una última vez bombeando su semilla directamente en su coño.
La mujer puede sentir la entrada de su útero abriéndose como invitando a las cuerdas de semen a pintar de blanco su interior y sus ojos se ponen bizcos mientras pasa por su tercer orgasmo por la fuerza con la que Tn la folla.
“Ahhhhhh muchhh~”.
.
.
Tn salía de una habitación designada al placer o a liberar estrés.
Como buen soldado, no requería de tal servicio; para él no era más que otra orden de su general, Esdeath.
El palacio había dispuesto aquellas habitaciones para los soldados de élite, un capricho del Primer Ministro que buscaba evitar que los guerreros más fuertes cayeran en la locura y masacraran a todos en el palacio.
No era un método que el joven emperador aceptara con gusto, pero al menos funcionaba en muchos.
En Tn, sin embargo, no.
Para él, entrar y salir era lo mismo.
El gusto, el afecto… todo eso se había marchitado hacía mucho tiempo.
De hecho todo era confuso, lo maximo que sabia eran palabras de un viejo libro y como los generales solo lo llaman en purgas.
Incluso, si no fuera porque había nacido y se había criado en las entrañas de la capital, la propia Esdeath lo habría reclamado como su amante.
Pero esas ideas no le interesaban o le pudieron interesar; no tenía tiempo ni espacio para ellas.
Caminó con paso firme por los pasillos fríos del palacio, rumbo a su habitación.
Pronto habría otra campaña, y como siempre, seguiría a su general sin cuestionar.
Su mente era un enigma incluso para él mismo.
El Imperio había hecho algo con su cabeza: recuerdos fragmentados, emociones anestesiadas, pensamientos que parecían no pertenecerle.
A veces sentía que caminaba vacío, un cascarón con órdenes grabadas a fuego.
En medio de su andar, una voz lo interrumpió—¿Ya sales de esas habitaciones otra vez tan rápido?
—.
preguntó un soldado de su escuadrón, un hombre robusto con una cicatriz en la frente, que lo miraba con media sonrisa burlona.
Tn apenas giró el rostro.
—No hay nada ahí que me interese.Ademas el servicio dentro no era obligatorio, soy libre si acabo rapido.
—Tch… siempre tan frío mocoso idiota.
No sé cómo lo haces,pero deberias aprobechar los buenos placeres, mujeres,comida, vino, Carajo incluso puedes admirar las tetas de Esdeath todo el timepo al estar en su servicio —comentó el soldado, encogiéndose de hombros mientras soltaba una gran carcajada.
—……….Aja —respondió Tn con calma, continuando su paso.
El hombre soltó una risa seca.
—Ya veo… así que realmente eres uno de los juguetes favoritos de Esdeath.
No me sorprende.
Las botas de Tn resonaron en las baldosas, sin detenerse.
—Cuidado con lo que dices.
No se tolerara insurgencias bajo el palacio.
Un silencio pesado se extendió.
El otro soldado tragó saliva y prefirió no insistir.
Al doblar el pasillo, la figura que lo esperaba lo hizo detenerse un segundo.
Era Esdeath misma, erguida como una diosa de guerra, su sonrisa helada grabada en los labios.
—Tn —pronunció su nombre como si probara un vino raro—.
Te busqué.
Necesito hablar contigo antes de la próxima campaña.
Él inclinó la cabeza con disciplina.
—General, ¿qué desea?
—Quiero ver hasta dónde llega tu lealtad…eres leal verdad~ —dijo Esdeath, con esa voz seductora y cruel que helaba la sangre.
Tn no respondió de inmediato.
Su mirada oscura la sostuvo por un instante.
—Mi lealtad ya la tiene, General.
Mi..… es todo lo que queda.
Esdeath sonrió, fascinada.
—Perfecto.
Entonces, vamos a ponerlo a prueba.
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