Waifu yandere(Collection) - Capítulo 176
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- Capítulo 176 - 176 Ais Wellenstain part 2 Danmachi
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176: Ais Wellenstain part 2 Danmachi 176: Ais Wellenstain part 2 Danmachi Tn sería tranquilo por naturaleza e influencia de su dios, pero como buen aventurero que se respete, haría una pelea de bar si así se requería.
Bell comenzó a levantarse lentamente, no quería que una pelea se causara por su culpa, pero Bete siguió gruñendo.
Su boca estaba sangrando, aunque el estruendo de Mama dejó algo en claro: nada de peleas en su bar.
Si tenían cuentas que saldar, lo harían afuera.
Tn suspiró, dejando que el poder fluyera de su cuerpo como si fuera un río contenido.
Finn se adelantó, inclinando la cabeza con un gesto educado hacia Mama.
—Perdón por el alboroto —dijo el líder de Loki Familia—.
No volverá a repetirse.
Tn simplemente dejó unas monedas de oro sobre la mesa como pago por la comida y se levantó, apartándose un poco del ambiente pesado que aún se respiraba.
Bell corrió tras él, con expresión entre disculpa y gratitud.
—¡Oye, espera!
—llamó, alcanzándolo cerca de la puerta—.
L-lo siento… no deberías meterte en problemas solo por mí.
El joven de cabello oscuro lo miró de reojo, y una pequeña sonrisa se formó en su rostro.
Levantó una mano y le palmeó suavemente el hombro.
—Alguna vez fui un aventurero principiante como tú.
Y si no fuera por veteranos amables que me tendieron la mano, probablemente hubiera muerto en mis primeras incursiones.
Sabe lo horrible que era ser pisoteado por niveles mas fuertes.
Bell abrió mucho los ojos.
—¿De verdad?
—Sí —respondió Tn, rascándose la nuca—.
Recuerdo cuando me perdí en los primeros pisos.
Mi dios tuvo que entrar a la mazmorra para sacarme de allí.
—suspiró con una risa nerviosa, gotas de sudor bajando por su frente al recordar aquella humillación.
Ya afuera, el aire fresco de Orario disipaba la tensión.
Bell parecía pensativo, pero también curioso.
—Oye… ¿y cuál es tu dios?
—preguntó al fin.
Tn se encogió de hombros y murmuró—Ren Fuji.
Bell parpadeó confundido.
—¿Ren… Fuji?
No lo había escuchado antes.
¿Es una familia nueva?
Tn sonrió de lado.
—Se podría decir que sí y no.
Llegó a Orario hace tiempo, no es raro que no lo reconozcas.
No le gustan demasiado las presentaciones pomposas ni la política de los dioses.Mhp ahora que lo pienso, jamas reclutamos a mas miembros.
Bell asintió, aún intrigado.
—Debe ser un dios muy especial para ti, si fue capaz de bajar a la mazmorra solo para ayudarte.
Los ojos de Tn se enturbiaron un momento, como si recordara algo lejano y doloroso.
—Especial es una palabra… incompleta.
—se giró hacia Bell y le palmeó de nuevo el hombro—.
Pero esa es una historia para otro día.
El albino asintió, sin insistir más, mientras ambos caminaban por la calle empedrada.
El ruido de la taberna quedaba atrás, y con él, la hostilidad de Bete.
—Gracias otra vez —dijo Bell con una sonrisa tímida—.
Ojalá pueda algún día devolver el favor.
—Ya lo harás, mocoso —respondió Tn, mirando al frente con calma—.
El truco está en sobrevivir lo suficiente para tener la oportunidad.
El eco de esas palabras acompañó a Bell, como un consejo y una advertencia a la vez.
Bell miró al chico alejarse mientras el albino sonreía.
Al parecer, aún quedaban personas amables en el mundo.
Una lástima que ya tuviera familia con un dios, de lo contrario lo invitaría a unirse a su pequeña familia con Hestia-sama.
Suspiró, resignado, y comenzó a caminar hacia donde vivía: una iglesia abandonada en pésimas condiciones, casi cayéndose encima de ellos.
Al abrir la puerta, no tuvo tiempo de reaccionar cuando fue derribado por un par de pechos que se estrellaron contra él con fuerza.
—¡Beeeell!
—la voz cantarina de Hestia resonó mientras lo apretaba entre sus brazos.
—¡D-diosa!
—el albino se sonrojó, luchando por respirar—.
B-buenas noches….
Hestia se apartó un poco, aunque mantenía una enorme sonrisa.
—Perdón, no pude evitarlo.
Te extrañé demasiado —rió suavemente—.
¿Cómo estuvo tu día?
Bell la miró con ternura y cansancio.
—Bien… bueno, más o menos.
¿Y el tuyo, diosa?
Hestia alzó la barbilla con orgullo, aunque sus mejillas se encendieron un poco.
—¡Genial!
Encontré trabajo de medio tiempo.
No es mucho, pero ayudará con las cuentas.
Y además… ¡la cena está lista!
Se levantó rápidamente y caminó hacia la cocina improvisada.
En una olla humeaba lo que parecían frijoles.
Bell sonrió con alivio: después de lo ocurrido en la taberna, no se esperaba un plato caliente esperándolo.
Ella sirvió dos tazones y los llevó a la pequeña mesa de madera astillada, invitándolo a sentarse.
—Anda, prueba antes de que se enfríe —le dijo, colocando el suyo frente a él.
Bell asintió y dio una cucharada, aunque enseguida bajó la mirada, como si algo le pesara en el pecho.
—Hoy en la mazmorra… —murmuró con voz baja—.
Un minotauro de los pisos inferiores escapó.
Casi me aplasta… si no fuera porque un aventurero lo derrotó antes.
Sus dedos temblaron un poco, apretando la cuchara.
—Terminé bañado en la sangre de la bestia.
Algunos se rieron de mí.
La sonrisa de Hestia desapareció al instante.
Su mirada se suavizó con tristeza, y dejó la cuchara a un lado.
—Bell… —dijo despacio, acercando una mano para tomar la suya—.
Me duele verte sufrir así.
No quiero que pienses que estás solo.
Su unico hijo aun no era lo bastante fuerte,pero la consolo que su habilidad de crecimiento demostraria que algun dia el podria defenderse solo.
El albino levantó la cabeza y, con un esfuerzo, sonrió.
—No estoy solo, diosa.
Hoy… alguien me defendió.
Los ojos azules de Hestia se abrieron con sorpresa.
—Eh…..¿Quién?
—Un aventurero.
No lo conocía… se llama Tn, creo.
—Bell hizo una pausa—.
Pero lo curioso es que mencionó a su dios.
Dijo que se llamaba Ren Fuji.
Hestia ladeó la cabeza, frunciendo el ceño.
—¿Ren Fuji…?
—repitió en voz baja, como si buscara entre sus recuerdos—.
No lo conozco.
¿Estás seguro de que es un dios?
—Él lo dijo con tanta naturalidad que no lo dudé .Sobre todo sentia su falna—respondió Bell, pensativo—.
Además, parecía… distinto.
Como si su presencia fuera más grande que la de otros aventureros.Me pregunto que nivel sera.
La diosa apretó sus labios, algo preocupada, aunque trató de sonreír.
—Sea quien sea, agradezco que estuviera ahí para ayudarte.
Pero Bell… prométeme que tendrás más cuidado.
No quiero que me asustes otra vez con historias como esa.
Bell asintió con fuerza, devolviendo el gesto con una sonrisa sincera.
—Lo prometo, Hestia-sama.
Ella suspiró, mirándolo fijamente con un cariño inmenso.
—Eres mi primer y único hijo en esta familia, Bell.
Y haré lo que sea para protegerte, aunque tenga que pelear con todos los dioses de Orario.
Declaro subiendose sobre la mesa mientras proclamaba eso, auqnue el pobre mueble templo ante su peso.
El albino se rió suavemente, aunque en el fondo sabía que sus palabras no eran solo una broma.
Afuera, la noche avanzaba silenciosa, mientras dentro de la vieja iglesia el calor de la comida y la compañía los envolvía en un respiro de paz.
Pero en lo más profundo de Hestia, el nombre “Ren Fuji” quedó grabado, como una semilla de duda y curiosidad que tarde o temprano buscaría respuestas.
.
.
Tn llegó a su propia iglesia, la cual estaba en condiciones aún mejores que la de Bell.
El techo tenía agujeros por donde se filtraba el viento nocturno y el olor a madera húmeda impregnaba el aire.
Frente a la entrada, observó una estatua de una mujer hermosa de cabellos largos y semblante sereno.
En la placa corroída se leía un solo nombre: Marie.
Su dios jamás le había explicado quién era exactamente esa mujer, ni por qué la iglesia estaba consagrada a ella.
Pero Tn, como siempre, prefirió ignorarlo de lo contrario Ren lo haria correr pisos abajo en la mazmorra.
Solo entró, dejando atrás el silencio pesado del exterior.
En el interior, como de costumbre, Ren Fuji estaba tirado de manera despreocupada sobre una de las viejas bancas de la capilla, con una botella a medio vaciar descansando en su pecho.
—Hm… ya volviste —murmuró Ren sin abrir los ojos—.
¿Cómo te fue hoy?
Tn suspiró, sacando una bolsa con monedas y dejándola sobre el altar improvisado.
—Bastante bien.
La mazmorra fue generosa.
Ren sonrió con un aire de burla, dejando escapar una risa baja.
—Heh, mientras vuelvas vivo, todo está bien.
El dinero no me importa tanto.
El joven se encogió de hombros, acostumbrado al desinterés de su dios.
Aunque esa despreocupación, en ocasiones, era lo único que le mantenía cuerdo.
.
.
Mientras tanto, en la posada de Mama Mia, el ambiente era muy distinto.
En uno de los cuartos privados, Rivera, la elfa de la familia Loki, trataba las heridas de Bete con magia de curación.
La luz verde brillaba suavemente sobre la mandíbula del semilobo, que aún escupía sangre entre gruñidos.
—Ese maldito… ¡Ese maldito aventurero me arrancó los dientes!
—rugió, golpeando la mesa con el puño.
Rivera chasqueó la lengua con molestia.
—Deja de moverte o nunca terminaré.
Tú te lo buscaste, Bete.
Finn, sentado con las manos entrelazadas, negó lentamente con la cabeza.
—No puedo creerlo.
Con solo un movimiento lo redujo al suelo.
Y era apenas… ¿nivel tres?
—su voz sonaba incrédula, aunque sabía bien lo que había visto.
—Je, eso lo hace más interesante —intervino Tiona, apoyando la barbilla en la palma mientras sonreía con malicia—.
¿Te fijaste, Tione?
Ese tipo tiene una fuerza bruta y hagallas para meterse con la familia.
Su hermana soltó una risa breve.
—Mm, sí.
Y no solo eso… había algo en la forma en que se movió.
Lo admito, se veía bastante sexy.
Bete gruñó con furia, mostrando los colmillos.
—¡¿Sexy?!
¡Ese bastardo me atacó por nada!
Rivera presionó su herida con más fuerza, obligándolo a gemir de dolor.
—Por algo habrá sido.
Y no fue “por nada”, tú empezaste.
Aprende a cerrar la boca antes de provocar a quien no debes.
La sala quedó en silencio un momento.
Ais, sentada apartada en una esquina, mantenía la mirada fija en su propia mano.
—No parecía tan fuerte… —murmuró con voz suave.
Todos voltearon hacia ella, pero la rubia no levantó la cabeza.
—Y aun así… —apretó su puño con firmeza—.
Bastó un instante para dejar a Bete en el suelo.
Finn suspiró.
—Ese aventurero no es alguien común.
Habrá que investigarlo.
La tensión flotaba en el aire mientras Bete rugía de nuevo, pero ni siquiera su rabia podía ocultar la verdad: Tn había dejado su marca en la familia Loki, y el eco de ese golpe resonaría mucho más allá de un simple altercado en una taberna.
Todos volvieron a su hogar, pero su diosa ya los esperaba.
Loki, como siempre, estaba sentada en la sala común de la mansión, piernas cruzadas sobre el sillón y un vaso de vino en mano.
Su cabello rojo brillaba bajo las lámparas, recogido en una coleta suelta que dejaba al descubierto su sonrisa traviesa.
Vestía su atuendo masculino habitual: vaqueros gastados y una camisa abierta que dejaba ver su abdomen plano.
—¡Oh, miren quiénes llegan temprano!
—canturreó al ver entrar a su familia—.
Pensé que se quedarían en la taberna hasta que el sol los echara a patadas.
Pero pronto su ojo pícaro notó algo distinto.
Bete caminaba gruñendo, con el ceño fruncido y los labios hinchados.
Bueno, eso no era raro.
Lo raro era ver a Finn con una expresión tensa, apretándose el pulgar derecho con disimulo.
Loki arqueó una ceja.
—Bueno, gruñón con cara de perro, eso no es nuevo… pero tú, Finn, ¿qué mosca te picó?
—se inclinó hacia delante, observando con cuidado—.
Estás como si hubieras tragado acerrin.
Finn suspiró.
Su “Intuición” ardía levemente aún, pero lo más inquietante era lo que no había sentido.
—Nada… solo estoy procesando lo ocurrido.
Lo extraño es que no sentí peligro cuando Bete fue derribado.
—¿Qué?
—Loki ladeó la cabeza, divertida—.
¿Derribado?
¿Por quién?
Antes de que Finn hablara, Ais intervino con su tono suave, sin levantar demasiado la mirada.
—Bete… se metió en una pelea.
Y perdió.
Un silencio incómodo llenó la sala.
Loki parpadeó un par de veces y luego estalló en carcajadas.
—¡JAJAJAJA!
¡El gran Bete, derribado JAJAJAJAJAJA ouch ouch mi estomago!
¿Y por eso andas con esa cara de perro apaleado, Finn?
Vamos, pasa todo el tiempo.
Riveria, con su porte elegante y voz fría, cortó la risa de la diosa.
—No es tan simple, Loki sama.
El que lo derribó… era un aventurero de nivel tres.
La sonrisa de Loki se congeló en su rostro.
Parpadeó lentamente, su ojo rojo brillando con interés.
—¿Un tres?
—repitió, casi saboreando la palabra.
Luego se recostó en su asiento, cruzando los brazos bajo el pecho—.
Ahora sí me dieron curiosidad.
Tiona se echó a reír, animada—¡Y no fue cualquier golpe, Loki!
Ese tipo se movió tan rápido que ni yo pude seguirlo.
Y lo mandó directo al suelo con un solo movimiento.
—Y le arrancó un par de dientes —añadió Riveria con tono seco.
—¡Eso no importa!
—bramó Bete, mostrando los colmillos recién regenerados por la magia de curación—.
¡Ese bastardo me atacó sin razón!
—Tú lo provocaste —cortó Riveria, helando el aire de la habitación.
Loki se rió entre dientes, sus ojos brillando como los de un depredador curioso.
—Un nivel tres que se pasea por ahí derrotando a mi lobo rabioso y encima pasa desapercibido por la intuición de Finn… jejeje.
Eso no es normal.
Para nada.
Curioso, podri ser una habilidad oculta o un regalo de su deidad patrona si es que tenia una.
Se levantó del asiento, estirándose con exagerada pereza.
—Bueno, chicos, parece que Orario tiene un nuevo juguete interesante.
¿Cómo dijiste que se llamaba, Ais?
La rubia dudó un instante, recordando la fugaz presentación en la taberna.
—Tn… eso dijo.
Su dios… Ren Fuji.
El como lo supo……simplemente tenia mejor oido que sus camaradas y no es como si el albino no hubiera habaldo en voz alta.
Loki se detuvo en seco.
El nombre le arrancó un gesto extraño, entre curiosidad y molestia.
—Ren… Fuji, ¿eh?
Ese nombre no me suena de nada.
—Chasqueó la lengua, sonriendo con picardía—.
Pero si levantó una iglesia en esta ciudad sin que yo lo notara… entonces hay gato encerrado.
Los ojos de Loki se iluminaron con un brillo peligroso.
—Quiero información sobre ese chico y su dios.
Todo lo que puedan conseguir.
Loki se paró sonriendo, dando un par de pasos hacia Ais con esa expresión juguetona y medio torcida que siempre le sacaba de quicio a Riveria.
—Mi pequeña Ais necesita consuelo después de ver a ese perro humillado —canturreó, estirando la mano como si quisiera palparle el pecho.
Riveria se interpuso, su tono gélido pero firme.
—Loki sama, compórtate.
No seas pervertida con ella.
Loki le gruñó como un gato al que le roban el juguete.
—Tch… siempre aguafiestas, elfa.Aunque tambien tienes buen pecho.
La elfa de verdad queria abofetearla.
—No soy aguafiestas, soy sensata Loki sama—replicó Riveria, sin perder la compostura—.
Si tanto deseas información sobre ese chico y su dios, ¿por qué no se la pides a alguien que realmente pueda obtenerla?
Loki arqueó una ceja, curiosa.
—¿Qué sugieres?
—El gremio —contestó Riveria con simpleza—.
Tienes tus influencias.
No somos espías ni asesinos, somos aventureros.
Si quieres datos, consíguelos de quienes se dedican a recopilarlos.
Loki bufó con fastidio, chasqueando los dedos como si aquello fuera obvio.
—Supongo que no se negarían a una diosa como yo.
—Sonrió con descaro—.
Y si se niegan, siempre puedo “persuadirlos” con mi encanto.
-Ni que fuera Freya sama-Murmuraron las amazonas entre ellas, su diosa no era la mas dotada o encantadora para ese tipo de cosas.
Riveria suspiró, ya cansada de su teatro, y dejó que la conversación muriera allí.
Ais, mientras tanto, se levantó sin decir nada.
La rubia pasó de largo, dirigiéndose a su habitación.
Al entrar, dejó Desperate en su estandarte, acomodando la espada con un gesto automático.
Luego, sus ojos se posaron en el espejo que tenía en la pared.
El reflejo le devolvió la imagen de una joven que era leyenda en Orario: fuerza, poder, habilidad.
Había alcanzado el nivel 2 en apenas un año, un récord que nadie había superado hasta ahora.
Su ascenso al nivel 6 era prueba de una determinación que ni los monstruos ni la muerte pudieron quebrar.
Y aun así….
—Un nivel tres… —murmuró, tocando el espejo con la punta de sus dedos—.
Ese chico, Tn, había demostrado en segundos algo que no lograba comprender.
¿Cómo alguien de tan bajo rango podía exponer de tal forma a Bete?
¿Qué secreto escondía?
Se mordió el labio, con un destello extraño en sus dorados ojos.
—¿Fue magia?
¿Un entrenamiento oculto?
¿O… fue su dios?
—su voz se hizo más baja, como si temiera que alguien la escuchara.
Las preguntas se multiplicaban en su mente, creciendo como espinas.
Un leve cosquilleo se instaló en su pecho: curiosidad, fascinación… algo muy parecido a una semilla de obsesión.
—Tengo que saberlo… —susurró Ais, apretando su mano en un puño frente al espejo—.
Tengo que ver con mis propios ojos qué es lo que lo hace diferente.
La campeona de Loki Familia, la mujer que nunca temía a nada, acababa de encender una pequeña llama peligrosa: la necesidad de conocer a un chico.
.
.
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-Algo la molestaba, diosa mía.
Ottar, el Rey Aventurero, el más fuerte de todo Orario, el único Nivel 7 existente, aquel que había alcanzado la cúspide del poder, estaba ahora arrodillado frente a lo que quizá podía considerarse la mujer más hermosa.
No la diosa más hermosa—sino la unica.
Freya.
La luz de la luna se filtraba por los ventanales de mármol y bañaba su piel nívea, casi desnuda, como si el pudor jamás hubiese nacido en ella.
Como diosa del amor y de la belleza, la ética o el descaro nunca habían sido una carga.
Los rumores hablaban de ella, de sus encuentros con bestias, con hombres, con dioses; y de los siglos en que permaneció encerrada en su Torre privada del placer, jamás aburrida, jamás saciada.
Pero esa noche, estaba pensativa.
Sus dedos, largos y delicados, jugueteaban con el borde de la copa que descansaba a su lado.
La sonrisa felina en sus labios se mezclaba con un gesto de frustración.
—Mi señora… —la voz grave de Ottar rompió el silencio, aunque no se atrevió a levantar la cabeza—.
¿Qué os inquieta?
Freya ladeó la cabeza, dejando que su cabello plateado cayera como cascada sobre su hombro.
Sus ojos, que parecían devorar mundos enteros, brillaron con un matiz de impaciencia.
—Hace poco encontré un alma tan blanca que me entretuvo, Ottar.
Ese pequeño aventurero que llaman “conejo”… cabello blanco, ojos rojos.
Tan frágil, tan ingenuo… y sin embargo, me divierte.
Se inclinó hacia adelante, dejando que el leve roce de su respiración alcanzara al guerrero arrodillado.
—Pero… —susurró, mordiendo su labio inferior con una excitación contenida—.
He visto otra.
Una que no se parece a nada.
No es diferente a la de los humanos, y aun así… hay algo en ella.
Una capa.
Una protección que no es falna, ni bendición de dios alguno.
Es estática, intocable.
Como si el tiempo mismo no pudiera arañarla.
*Sorber*.
Los ojos de Ottar se abrieron un poco más, aunque mantuvo la reverencia.
—¿Un enemigo?
—preguntó con tono seco, siempre preparado para protegerla.
Freya soltó una risita cristalina, de esas que helaban y quemaban a la vez.
—No, mi fiel Ottar.
No un enemigo.
Lo desconocido nunca es enemigo hasta que yo lo decido.
Se incorporó lentamente de su asiento, avanzando hacia él con pasos ligeros, felinos, hasta que la diosa estuvo a centímetros de su rostro.
Su mano rozó la mejilla de Ottar, con una ternura que nunca ocultaba su crueldad.
—Lo desconocido es lo mejor de todo.
Lo desconocido me excita más que cualquier banquete o guerra.
¿No lo comprendes?
Ottar apretó los puños, aún de rodillas, incapaz de apartarse.
—Mi señora desea… divertirse.
Freya rio suavemente, inclinándose hasta que sus labios quedaron junto a su oído.
—Exacto.
Y tú, mi querido Ottar… —mordió su propio labio con un gesto lascivo—, ¿acaso no gozas al verme así?
¿Al saber que incluso yo, que todo lo he tenido, puedo ser sacudida por la intriga de un alma velada?
Se apartó, girando sobre sí misma con gracia divina, y miró hacia el horizonte nocturno de Orario desde lo alto de la Torre de Babel.
—Encuentra a ese aventurero para mí.
Quiero verlo de cerca.
Quiero… tocar esa alma.
La orden quedó flotando en el aire, absoluta, inapelable.
Ottar inclinó aún más la cabeza, en una mezcla de sumisión y lealtad inquebrantable.
—Será como ordenáis, mi señora.
Freya sonrió.
En sus ojos, más que amor, brillaba la promesa de un juego nuevo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com