Waifu yandere(Collection) - Capítulo 177
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- Capítulo 177 - 177 Sienna Khan part 2 Rwby
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177: Sienna Khan part 2 Rwby 177: Sienna Khan part 2 Rwby “Una vez más”.
Solo avanzaré, aunque el universo me azote,solo seguiré, aunque el suelo se rompa.¿Qué es la ira?
¿Qué es la furia?Más que brasas que en mi pecho explotan.
Si el universo entero se alza contra mí,si los cielos me niegan su luz y su fe,no me arrodillo, no caere,pues aún puedo ponerme de pie.
Lucharé contra todo, contra todos,con sangre, con alma, con voz rota.Acompañado o solo en mi sombra,mi paso no se quiebra, mi fe no se borra.
Una vez más, me alzaré del polvo,una vez más, levantaré la mirada,porque mientras respire, mientras arda,ningún destino podrá dictar mi batalla.
.Muzan (magsarion) ____________________________________.
La aeronave llegó a Menagerie bajo la cobertura de la noche.
Apenas descendió en la pista improvisada, cubrieron la cabeza de Tn con una bolsa de tela áspera y lo arrastraron fuera del transporte.
Nadie de los civiles se enteró del cargamento humano que traían consigo; para la mayoría de los faunos en la isla, aquello era simplemente otro regreso de guerreros del Colmillo Blanco.
Algunos simpatizaban en silencio con sus acciones radicales, otros en cambio preferían la neutralidad, temiendo que los problemas del continente se extendieran a su hogar.
El escuadrón llevó a Tn hasta su base oculta, un conjunto de salas excavadas en la roca y reforzadas con tablones y metal robado.
Lo dejaron tirado en un suelo húmedo, con la bolsa aún cubriéndole la cabeza, mientras uno de los superiores se apresuraba a notificar a Sienna Khan.
La líder del Colmillo Blanco sonrió apenas escuchar el informe.
Finalmente tenían una carta poderosa, un as bajo la manga para presionar tanto a Atlas como a las compañías de polvo.
Se levantó de su trono improvisado —una silla reforzada y decorada con pieles de grimm— y decidió ver personalmente al rehén.
Cuando entró en la sala, lo primero que vio fue a un par de faunos pateando al joven en el suelo, insultándolo entre risas.
—¡Levántate, Schnee bastardo!
—escupió uno, dándole una patada en el costado.
—Tus riquezas no te salvarán aquí —añadió otro, empujándole la cabeza contra el suelo.
Sienna gruñó con furia, sus orejas felinas inclinándose hacia atrás.
—¡Basta!
—ordenó con voz cortante.
El látigo de Cerbero tintineó a su costado mientras avanzaba—.
No lo quiero muerto, aún lo necesitamos vivo.
Los faunos se apartaron a regañadientes, aunque uno de ellos no pudo evitar sonreír con soberbia.
Quitaron la bolsa de la cabeza de Tn, revelando su rostro pálido, sudoroso y marcado por lágrimas de dolor.
Jadeaba, con la pierna herida aún sangrando bajo la venda improvisada.
Sienna se agachó, observándolo con calma.
Sus ojos dorados se fijaron en sus facciones: no había duda, era un Schnee.
—Sí… definitivamente tienes el rostro de esa maldita familia.
—Su tono era frío, pero en el fondo vibraba una cierta satisfacción.
—¿Qué… qué quieren de mí?
—logró murmurar Tn con la voz rota.
—Lo mismo que ustedes nos han negado por generaciones… respeto.
Justicia.
—Sienna ladeó la cabeza, analizando cada gesto de debilidad en su rehén.
Entonces sus ojos se posaron en la herida de la pierna y frunció el ceño—.
¿Qué le pasó?
Un miembro del escuadrón dio un paso adelante.—Tuvimos que usar la fuerza para transportarlo, líder.
Se resistió… —explicó, con una sonrisa orgullosa que no pasó desapercibida.
Sienna lo observó en silencio por unos segundos.
Luego suspiró con evidente disgusto.
En un solo movimiento, desató el látigo de Cerbero y lo hizo chasquear.
Las tres cuchillas rasgaron el aire y cortaron el rostro del fauno insolente, que cayó hacia atrás gritando de dolor.
*Latigazo*.
—¡Agghghghgh Líder, yo…!
—Silencio —interrumpió Sienna, su voz como acero—.
No toleraré indisciplina en mis filas.
Si quiero a este muchacho vivo, lo quiero vivo.
Si digo que nadie lo toca sin mis órdenes, NADIE lo toca.
¿Quedó claro?
El resto del escuadrón asintió con un “¡Sí, líder!” tembloroso, mientras el castigado se retorcía en el suelo, sangrando por la mejilla.
Sienna se incorporó, volviendo a fijar la mirada en Tn.—Eres valioso, Schnee.
No lo olvides.
Tu vida, ahora, es moneda.
Y yo decido cuándo se gasta.
Tn apretó los dientes, sintiendo cómo la mezcla de miedo y rabia le quemaba el pecho.
No era un cazador entrenado, ni un guerrero, pero lo que sí sabía era que cada segundo que pasara en Menagerie lo convertía en un peón en un juego que nunca quiso jugar.
Sienna, al verlo en silencio, sonrió apenas.—Descansa… lo vas a necesitar.
Muy pronto tendrás que “hablar” con Atlas en nuestro nombre.
—Se giró, el látigo aún goteando con la sangre del castigado, y salió de la sala con paso firme.
El eco de su autoridad quedó suspendido en el aire, mientras Tn permanecía tirado en el suelo, temblando, consciente de que su destino ya no le pertenecía.
Sienna volvía a su sala con el ceño apretado, cada paso resonando sobre las pieles que cubrían el suelo.
Cuánta insurgencia surgía en sus filas últimamente: a veces los comandos ignoraban sus órdenes; otras, actuaban de formas que ella nunca había fomentado.
Y, por encima de todo, la inclaudicable tentación de aliarse con mafias y bandas en los continentes fuera de Menagerie.
Si bien esas alianzas traían recursos, también habían convertido al Colmillo Blanco en algo que Sienna detestaba: no solo un grupo de liberación, sino mercenarios a sueldo.
Esa imagen, pensó, era combustible para el odio que Atlas y sus aliados usarían contra ellos.
Entró en su cámara privada y dejó caer el manto.
Su pergamino brilló con notificaciones: informes de campo, peticiones de armas, coordenadas de envíos de polvo, solicitudes de fondos desde distintas ramas.
El brillo de la pantalla resaltaba una grieta en su ceño; alguien había planeado mal, o alguien había sido demasiado ambicioso.
Una fauno oveja, su ayudante de confianza, se adelantó con respeto.
Sus manos estaban limpias pero sus ojos mostraban la fatiga de quien ha visto demasiadas batallas.
—Líder —dijo—.
Informes de la flota de reconocimiento: algunos grupos piden apoyo logístico.
Otros envían mensajes sobre la “moneda” que trajimos de Atlas.
Dicen que podríamos usarlos para… negociar.
Sienna no respondió de inmediato.
Se acercó a la ventana y miró el mar negro que rodeaba la isla, pensando en corrientes, mareas y en cómo maniobrar a favor de la marea sin convertir su causa en un negocio vil.
Al fin, se volvió.
Sus ojos eran fríos como la hoja de un cuchillo.
—Apoyos logísticos se ganan con disciplina, no con dinero —murmuró—.
Si nuestras ramas se convierten en bandas por cuenta propia, estamos perdidos.
Quiero lealtad, no contratistas.
La oveja asintió con rapidez.—¿Y el rehén?
—preguntó en voz baja—.
Los interrogatorios están listos.
Tenemos a los hombres preparados para sacarle lo que sabe sobre rutas, correos y cuentas.
Sienna dejó caer el pergamino sobre la mesa y se acercó al mapa que lo acompañaba.
Sus dedos siguieron las líneas que marcaban a Atlas, a los depósitos de polvo y las rutas marítimas.
Su mente ya calculaba.
—Déjenlo en el calabozo —decidió con voz firme—.
Que no lo vean, que no lo toquen los generales sin mi permiso.
Pero no lo dejen morir por orgullo o por rabia.
Necesitamos algo más valioso que una cabeza en la pica: necesitamos acceso.
La oveja frunció el ceño, algo sorprendida por la crudeza del plan.
—¿Desea que… que rastreemos cuentas?
¿Que investiguemos a la familia a través de sus intermediarios?
—Exacto.
—Sienna clavó sus ojos dorados en la ayudante—.
Llamaré a los interrogatorios.
Que empiecen con los métodos suaves: hambre, frío, el peso de la soledad.
Después intensificamos si no hablan.
Quiero registros —bancarios, de exportación, comunicaciones— todo.
Si los Schnees poseen empresas fachada o cuentas en el extranjero, los encontraremos.
Y si hay quienes traicionaron la causa por dinero, que sirvan de ejemplo.
Hay una pausa, apenas un silencio limitado por el murmullo del mar contra los acantilados.
La oveja baja la voz—Líder…
algunos dicen que usar a un Schnee como simple “moneda” mancilla la sangre de nuestra lucha.
Que corremos el riesgo de perder el apoyo de los moderados.
Sienna sonrió, no con ternura sino con una certeza fría.
—La política exige sacrificios y decisiones con filo.
No me interesa la opinión de los moderados si con eso aseguramos el avance de nuestra gente.
Pero tampoco permito que el Colmillo Blanco se convierta en un mercado de ladrones.
Quien traicione esa línea quedará colgando en la plaza, para que todos entiendan el precio de la desobediencia.
La oveja tragó saliva, la lección clara.—Lo haré, líder.
Ordenaré al equipo de interrogación.
Y reforzaré los patrullajes en las rutas de contrabando.
Sienna recogió el látigo que colgaba junto a la pared —el mismo de Cerbero, con sus tres cuchillas— y lo enrolló con calma alrededor de su mano.
Sus ojos se ablandaron un instante cuando recordó al rehén sobre el frío suelo, pero fue solo un microsegundo.
Luego, su mirada volvió a la dureza que la caracterizaba.
—Que nadie más toque a ese muchacho, —dictó—.
Y cuando me traigan lo que quiero, elegiremos qué pedir.
Justicia para los nuestros.
Y… si algo queda, que el apellido Schnee pague su parte.
La oveja asintió y se retiró.
Sienna se quedó sola, mirando el mapa.
En su mente, trazó el siguiente movimiento: negociaciones, presión pública, golpes quirúrgicos que dejaran a Atlas tambaleando sin convertir a Menagerie en target mundial.
Sus manos cerraron el mapa y la determinación la llenó.
El rehén no era ya solo un símbolo.
Era la llave a puertas que hasta entonces habían permanecido cerradas.
Y ella, Sienna Khan, no dejaría que esa llave se rompiera en manos inexpertas.
.
.
Tn escuchó el sonido de los grilletes cerrándose con un chasquido metálico, apretando su piel enrojecida.
Lo dejaron colgado, con las manos en alto, encadenado a un viejo gancho incrustado en la piedra.
Los faunos con máscaras de Grimm no dijeron una palabra; solo lo empujaron dentro de la celda y cerraron la reja tras de sí.
El eco del cerrojo resonó en el aire húmedo, impregnado de óxido y sal.
Un par de pasos más suaves se quedaron al otro lado.
Una guardia.
La celda estaba casi a oscuras, apenas iluminada por una antorcha en el pasillo.
El olor a madera vieja, hierro y sudor era penetrante.
La fauno que debía vigilarlo se movió finalmente, entrando a la celda con un gesto de aburrimiento.
Sus ojos amarillos se reflejaron en la penumbra.
Iris.
Su piel, en parte cubierta de escamas verdosas, brillaba tenuemente bajo la antorcha.
Tenía una sonrisa torcida en el rostro.
—Vaya, vaya… —su voz era áspera, casi siseante—.
Un Schnee.
Nunca creí que tendría el privilegio de ver a uno colgado como un cerdo listo para despellejar.
Tn apretó los dientes, respirando con dificultad.
Apenas podía mantener la espalda recta por el dolor de su pierna herida.
—¿Quieres… que te aplauda por eso?
—replicó con un hilo de sarcasmo en su voz.
Iris rio bajo, casi como un siseo prolongado.—Oh, no.
No necesito tus aplausos.
Me basta con ver cómo tiemblas cada vez que apoyas el peso en esa pierna rota.
—Se acercó lentamente, dejando que sus uñas, alargadas y afiladas, rasparan la mesa donde descansaban los instrumentos de tortura.
Ganchos oxidados, látigos de cuero agrietado, barras de hierro—.
No tenemos la tecnología de Atlas… pero la imaginación sobra aquí~.
Tn tragó saliva, su semblanza de glifos latía débil en su interior, incapaz de manifestarse con la aura debilitada.
—¿Qué… qué quieres de mí?
¿Dinero?
¿Un rescate?
Iris ladeó la cabeza, mostrando las escamas en su cuello con cierto orgullo.—Lo que yo quiero… es ver hasta dónde puede gritar un Schnee antes de romperse.
Pero no te equivoques… —alargó una uña y la deslizó contra la mejilla de Tn, apenas dejando un rasguño superficial—.
No soy tan estúpida como para matarte.
La líder te necesita vivo.
Yo solo… me aseguraré de que recuerdes dónde estás.
Tn cerró los ojos, intentando no dejar que el miedo lo delatara.
—¿Y eso… te hace sentir mejor contigo misma?
¿Torturar a alguien encadenado?
Por un instante, Iris se detuvo.
El siseo de su respiración se volvió más profundo.
—Me hace sentir justicia.
Porque mientras tú crecías con lujos y sirvientes, mi gente comía raíces, mis padres morían cazando peces que nunca volvían por los Grimm marinos.
Mientras ustedes se bañaban en tinas de oro con agua caliente, nosotros… nos hundíamos en barro apenas comiendo de la basura, respirando su miseria.
—Clavó sus ojos brillantes en él, llenos de odio contenido—.
Así que sí, Schnee.
Si puedo arrancarte aunque sea un gemido de dolor, es un pequeño equilibrio en la balanza.
Se giró hacia la mesa y tomó un hierro frío, todavía sin calentar.
Lo levantó lentamente frente a él.—Relájate.
Esto es solo… la primera noche.
Tn sintió que el estómago se le encogía, la sangre bombeaba con fuerza en sus sienes.
Sus labios resecos temblaron, pero no permitió que la voz se quebrara.—Tch no te acerques… A-alejate de mi de lo contrario yo-….*golpe*.
Iris sonrió, mostrando un destello de colmillos su mano se sintio tan bien con solo el primer golpe.—Oh… —se inclinó peligrosamente cerca de su rostro—.
Eso es lo que todos dicen… hasta que empiezan a rogar.
La antorcha titiló, y el sonido metálico del hierro al chocar contra la mesa llenó la celda.
Afuera, el mar golpeaba los acantilados de Menagerie.
.
.
.
Sienna terminaba de organizar el mapa sobre la mesa de guerra, atendiendo al mismo tiempo las llamadas internas de la organización.
Cada punto rojo marcado en el pergamino representaba una ruta de tráfico, un envío interrumpido o un pequeño avance.
Apenas podía darse un respiro cuando su ayudante se acercó y, con voz baja pero preocupada, le mencionó que estaban teniendo problemas con el schnee.
El ceño de Sienna se frunció con fuerza.
—¿Problemas?
—gruñó, apartando el mapa con brusquedad—.
Apenas han pasado unas horas desde que lo trajeron, ¿y ya se están quejando?
La ayudante asintió, insegura.
Con un movimiento de su capa, Sienna se levantó y bajó con paso firme hacia el calabozo, seguida de cerca por la otra.
El aire allí abajo era pesado, olía a humedad y hierro oxidado.
Al fondo, la luz débil de una celda estaba encendida.
Cuando entró, la escena se desplegó frente a ella: Tn colgado de los grilletes, con la cabeza baja, su respiración pesada y la ropa superior rasgada, mostrando golpes recientes y algunos rasguños.
Al otro lado, en lugar de estar vigilando con rectitud, Iris, la fauno reptil, estaba distraída mirando su pergamino.
El brillo en sus ojos mostraba satisfacción, como si hubiera disfrutado de lo que había hecho.
Al verla, Iris se incorporó bruscamente y se puso firme.
—¡Hi Líder!
Sienna cerró los ojos un segundo, notando cómo un tic involuntario agitaba su párpado.
Su voz, cuando habló, fue gélida, cada palabra cayendo con un peso calculado.
—Dije… específicamente… que esperaríamos a los interrogatorios para sacarle todo lo útil que tuviera.Entiendes.
I-n-t-e-r-r-o-g-a-d-o-r-e-s.
Cruzó la celda con pasos silenciosos, felinos, hasta quedar frente a Iris.
—¿Y tú lo golpeaste solo porque sí?
Iris tragó saliva, pero se obligó a mantener la voz firme.
—Líder… lo hice porque se lo merece.
Él y su familia nos han hecho sufrir durante generaciones.
Nuestros camaradas trabajaron hasta la muerte en esas malditas fábricas Schnee.
Al menos— —sus ojos se desviaron hacia Tn, que no levantaba la cabeza.Mostrando una sonria ante el calor que sus nidillos sintieorn al golpearlo y tal vez la leve ecxitacion en su sona intima— —al menos uno de ellos pagará por lo que hicieron.
El sonido de la bofetada resonó en las paredes de piedra antes de que Iris pudiera reaccionar.
El golpe la hizo girar el rostro con violencia.
Sienna la había abofeteado sin piedad, y la furia contenida en sus ojos quemaba más que la herida en la mejilla.
—¡Nadie rompe mis órdenes!
—rugió Sienna, sujetándola del cuello del uniforme y empujándola contra la pared—.
¡Nadie!
¿Me entiendes, Iris?.Grrrr suficnete tengo con los lugartenientes haciendo lo que quieren.
Iris tembló, la máscara de enojo se quebró en segundos.—S-sí, líder….
Sienna la sostuvo un segundo más, para dejar claro el mensaje, antes de soltarla con desprecio.—Si vuelves a desobedecerme… te juro que yo misma te colgaré de los pies en la plaza del pueblo y dejaré que los cuervos se encarguen del resto.
Iris bajó la cabeza, derrotada.—No volverá a pasar….
Sienna la ignoró, girándose hacia Tn.
El muchacho apenas alzó la mirada, mostrando un ojo amoratado y un hilo de sangre seca en la comisura de los labios.
Ella entrecerró los ojos, observándolo con atención.
—Aún no es tu turno de hablar, Schnee —murmuró Sienna, como si hablara consigo misma más que con él—.
Pero cuando lo sea… asegúrate de tener algo interesante que contarme.
Porque si no, Iris tendrá lo que quiere.
Y créeme… será mucho peor de lo que acabas de sentir.
Un silencio espeso cubrió la celda, roto únicamente por la respiración irregular de Tn y el repiqueteo de los grilletes al moverse ligeramente.
Sienna se inclinó y tomó a Tn del mentón con una mano firme, obligándolo a mirarla.
Sus dedos eran cortos y fuertes; el tacto, brusco.
Los ojos de Tn—un azul pálido, casi inerte—se fijaron en los de ella.
Sienna apretó los labios y dejó escapar un sonido corto, como si algo amargo le hubiera rozado la garganta.
—Vaya… —murmuró, susurrando más para ella que para él—.
Tienes facciones suaves.
Si no fueras Schnee, podrías servirme de consorte.
Alguien con quien calmar ciertos… impulsos cuando la guerra se ponga fría.Un bune sexo luego de toda esas juntas~ Mmm no suena mal.
Casi escupió la última palabra.
Fue un pensamiento tan peligroso que pareció avergonzarla por un segundo; se soltó el mentón y se limpió la mano con la manga del abrigo como si ese gesto borrara la tentación.
—Pero no lo eres.
—la declaración no era un reproche, sino una sentencia—.
Eres un apellido.
Y un apellido pesa más que la carne.Sobre todo del mayor esclavista de una especie.
Hizo una pausa, observando la forma en que su pecho se elevaba con cada respiración contenida.
Sus ojos dorados se suavizaron apenas una fracción antes de endurecerse.—No tendrás comida hasta que empieces a suplicar.
Déjalo ahí hasta que te doblen.
Que sientas el hambre en cada hueso.
Es un método sencillo y…
eficaz.
Y no es como si los recursos abundaran para permitirse eso.
Eran tan malditamente pobres que alimentar prisioneros seria pesimo.
Tn cerró los ojos.
La idea de suplicar le revolvía el estómago, no por orgullo sino por impotencia: ¿qué prometía su ruego y ante quién?
¿Ante unos captores que ya habían decidido su valor?
Dudaba que la sumisión le ganara clemencia.
Pero resistirse no era un plan mejor; no tenía fuerzas para pelear ni recursos para huir.
Aun así, prefería mantenerse entero por dentro, aunque el cuerpo doliera.
Sienna se enderezó y, sin moverse demasiado, dejó escapar una línea que encendió algo en la celda—Me sacaré de esto lo que pueda.
No sólo quiero un rehén… quiero acceso.
Si vales algo, será por lo que puedas abrirnos: cuentas, rutas, contactos.
Tn tragó saliva, consciente de lo mucho —o lo poco— que realmente sabía.
Sabía, porque alguna vez había intentado ayudar en las oficinas por curiosidad y necesidad: el código de seguridad de la mansión, las claves más básicas para la apertura de ciertos habitáculos, y las ubicaciones de algunas casas de vacaciones registradas a nombre de la familia, esos nombres falsos que nadie revisaba.
Sabía que Whitley estaba cada vez más metido en los asuntos de la empresa; que Jacques firmaba, pero Whitley movía números y contratos.
Eso era todo.
No sabía cifras secretas ni los movimientos de la bolsa, pero conocía puertas y llaves, y a veces eso era suficiente para un grupo con las uñas afiladas.
—¿Qué sabes del control de seguridad de la mansión Schnee?
—preguntó Sienna con voz baja, inclinándose de nuevo, esta vez con interés profesional.
Tn tragó otra vez, el filo del dolor en la pierna recordándole dónde estaba.
Sus palabras salieron entrecortadas—El… panel principal tiene un código… es un sistema antiguo… cuatro digitos repetidos con dos adicionales si… si tienes acceso físico a la sala de control, se puede… abrir sin ruido.
También hay habitaciones registradas como “casa de campo” en la documentación de la compañía.
No son accesos en línea, son físicas —nombres a terceros, contratos en paraísos—.
Whitley firma algunos permisos.
Cociderando su secuestro, apostaria que su familia ahora estaria protegida por el propio ejercito de Atlas, asi que deci informacion no les causara perdidas.
Colmillo blanco no seria tan estupido para ir contra ellos.
Y hasta donde recuerda la mansion no tenia informacion util.Jacques siempre fue meticuloso con eso.
Sienna escuchó, sin intención de mostrar emoción.
Cada dato era una chispa.—Whitley, hm.
Interesante.El ultimo hijo schnee —Miró la penumbra, calculando—.
Entonces no eres totalmente inútil.
Tal vez no entiendas las cuentas, pero conoces puertas.
Bueno al menos eso es algo.
Sus dedos rozaron el mapa junto a la reja, marcando mentalmente puntos que podrían ser explotados.
Luego se incorporó y, con una voz que cortaba el aire como acero fino, dictó órdenes a su asistente que esperaba en el pasillo—Que nadie le traiga comida.
Que se refuerce la guardia por la noche.
Y prepara a los interrogadores —su voz perdió resto de ternura—.
Cuando venga la hora, yo haré las preguntas.
Y si es cierto lo que dice… entonces tendremos opciones.
Si miente o no sirve… lo haremos un ejemplo.
La asistente asintió, saliendo sin una palabra.
La puerta de la celda se cerró con un chirrido seco.
Sienna se quedó un momento observando la figura encadenada de Tn, un soldado que no había elegido su bando, una llave con herrumbre.
Por un instante, no fue la líder ni la guerrera: fue simplemente una estratega, midiendo ventajas.
—Recuerda esto, Schnee —lanzó ella, sin esperar respuesta—.
Nadie regala nada en la política.
Si quieres vivir, tendrás que darme algo que valga más que tu.
Tn, con la mandíbula apretada, guardó silencio.
Afuera, el viento rompía olas contra las rocas de Menagerie.
_________________________________.
Five;……..profesor tenemos un problema.
Howard(yo): cual es.*escribiendo mas yandere y trama de fondo de hadou*.
Five:Los fans del Rubio cobarde nos tiraron una historia y tenemos reportes en la cuenta.
Howard:….ok y lo raro *sigue escribiendo suculencia con Medusa mana transfer*.
Five:Que esta vez apuntaron a las canciones, la cafetera no responde y por alguna razon la pc cayo del sistema.
Aparte que los lectores no descubrieron tres constantes de las historias de zzz y no comentaron.
Howard: Que…*dejo de escribir* ….como que no comentaron >:v y que es eso que otro conocido volvio a cometer herejía.
Five:yep dijeron que el rubio es el mejor héroe de la ficción.
*mientras tiene a una infinidad de verdaderos gallos que si son heroes y están en la ficción*.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com