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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Ruby Rose rwby
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18: Ruby Rose (rwby) 18: Ruby Rose (rwby) Tn=Yn Tu nombre Your name.

La tarde en Beacon estaba teñida por una calma inquietante.

Los estudiantes paseaban por los pasillos, algunos conversaban, otros se apresuraban a sus clases.

Pero entre ellos había un chico que destacaba, no por su apariencia, sino por la manera en que se deslizaba con cautela, evitando la mirada de los demás.

Tn era su nombre, un fauno lobo, con orejas puntiagudas y cabello blanco, pero lo que más destacaba era la falta de sus ojos, vacíos y ciegos.

Un desajuste que, lo hacía aún más vulnerable ante el cruel juicio de la sociedad de Beacon.

A pesar de su discapacidad, Tn tenía una habilidad peculiar: telequinesis.

No era nada extraordinario, pero le servía para mantenerse a flote, moviendo objetos cercanos con una leve presión mental.

Sin embargo, su falta de visión era un impedimento constante.

En un mundo lleno de jóvenes que se entrenaban para ser los mejores cazadores, la ceguera era una desventaja difícil de sobrellevar.

Y no solo eso: siendo fauno, era considerado un “marginal”, una palabra que llevaba consigo un peso profundo, que lo relegaba aún más al ostracismo.

En medio de su recorrido, sin previo aviso, una piedra fue lanzada con fuerza hacia él, chocando contra su pierna.

Inmediatamente, el chico perdió el equilibrio, tropezando y cayendo al suelo con un sonido sordo.

Un par de risas se levantaron detrás de él.

Entre ellas, una risa conocida.

“¡Mira quién tropezó!

El ciego fauno”, dijo Jaune Arc, con una sonrisa burlona en su rostro.

Tn no respondió.

Su rostro se arrugó, pero más por la incomodidad que por la rabia.

No quería crear conflicto, no con ellos, no con nadie.

No tenía fuerzas para ello.

Pero, en su mente, las palabras de los demás resonaban con el eco de todas las burlas que había soportado a lo largo de los años.

“Déjenlo, basta”, dijo una voz suave, inesperada.

Una mano tocó su hombro, y Tn, que estaba a punto de levantarse, se congeló por un momento.

La voz era clara, gentil, pero también llena de firmeza.

Al girarse ligeramente, escuchó el suave sonido de pasos acercándose, y aunque no podía verla, la voz era inconfundible.

Ruby Rose.

La joven cazadora, conocida por su energía y su ternura, era la última persona que Tn esperaba que le dirigiera la palabra.

“¿Estás bien?”, preguntó Ruby, con una sonrisa cálida.

Tn dudó, su mente llena de desconfianza.

No confiaba en las personas, especialmente en aquellas que no comprendían lo que era ser un fauno, mucho menos un fauno como él, ciego y marginado.

Había aprendido a desconfiar, a mantener la distancia.

A pesar de la oferta, no aceptó su mano.

No la tomó, y sin decir una palabra, se levantó lentamente, con una ligera presión de su mente empujando el suelo para impulsarlo de nuevo.

Su postura era torpe, vacilante, como si cada paso fuera una carga.

Pero no quería ser el centro de la atención, no quería mostrar debilidad.

Ruby se quedó allí, observando cómo se alejaba.

Un nudo se formó en su garganta, y no podía dejar de sentir una mezcla de tristeza y culpa.

Sabía que, aunque las intenciones de Tn no lo dijeran, él estaba solo, siempre solo.

Nadie se acercaba a él, nadie le ofrecía una mano sin juzgarlo, sin pensar en su ceguera o su raza.

Y aunque Ruby había intentado hacer lo correcto, sabía que eso no cambiaría el hecho de que, para Tn, los demás solo eran una fuente constante de dolor.

—Lo siento mucho…

—murmuró Ruby, para sí misma.

Pero no estaba dispuesta a dejarlo ahí.

Ruby no era del tipo que se rendía tan fácilmente.

Sabía que, tal vez, no ahora, no en ese instante, pero tarde o temprano, algo tendría que cambiar.

La pregunta era: ¿cómo podía acercarse a alguien que no confiaba ni en su propia especie?

Tn se alejó por los pasillos, una sombra que se desvanecía en la distancia.

Ruby lo miró por un momento, apretando los puños.

Podía oír las risas detrás de ella, pero no les prestó atención.

Su mente estaba ocupada con ese chico fauno, ese joven que había sido marcado por el destino, que había caído no solo en el suelo, sino también en el abandono de todos aquellos que deberían haberlo apoyado.

La respuesta a su dolor y su soledad estaba más allá de los muros de Beacon, y Ruby estaba decidida a descubrirla.

Tn caminaba lentamente por los pasillos de Beacon, evitando el bullicio de los demás estudiantes.

Su cuerpo se movía con precisión, guiado más por el eco de los sonidos que por la vista, que le era completamente ajena.

Su lugar favorito en la academia era un rincón apartado, un pequeño espacio en el jardín donde las rocas y las plantas salvajes creaban un refugio casi perfecto.

Aquí, lejos de las miradas, era capaz de pensar con claridad, de calmar su mente turbulenta.

Se sentó en el suelo, levantando una pequeña piedra con su poder telequinético.

La giraba entre sus manos invisibles, disfrutando de la sensación de control, aunque solo fuera sobre algo tan insignificante.

Este era su pequeño ritual de meditación, un intento por encontrar algo de paz en medio del caos que era su vida en Beacon.

La ceguera, su raza, su naturaleza…

Todo eso se le mezclaba en la mente y, a veces, se volvía pesado de cargar.

Había sido aceptado en Beacon no por méritos propios, sino por los hilos invisibles que alguien había movido a su favor.

Al principio, pensó que era solo una formalidad, que al final su presencia allí sería una mera anécdota más.

Sin embargo, tras un tiempo de haber llegado, un rumor había llegado a sus oídos: el nombre de la persona que lo había “empujado” a la academia, alguien llamado Howard Phillips.

No sabía quién era, ni por qué lo había hecho.

El nombre sonaba humano, demasiado humano, pero lo dejó de lado, decidiendo que era irrelevante.

Si alguien había hecho eso por él, aunque fuera por motivos que nunca entendería, no valía la pena hacer demasiadas preguntas.

Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por un sonido a lo lejos.

Al principio, pensó que era el viento, o tal vez alguna criatura del bosque, pero algo en la vibración de los pasos lo alertó.

Aquella cadencia no era de alguien que simplemente pasara por allí.

Se detuvo, su oído afinado escuchando con más atención.

Sus orejas de fauno se movieron ligeramente, como dos pequeños receptores de sonido.

“Ruby…” murmuró para sí mismo, sabiendo exactamente de quién se trataba.

La voz, la forma de caminar, el ruido constante de su energía… todo lo dejaba claro.

Ruby Rose no había ido lejos.

No le sorprendió que ella lo hubiera seguido.

Ruby era, de alguna manera, incapaz de dejar a alguien en su dolor sin intentar ayudar, incluso si eso significaba meterse en lugares donde no era bienvenida.

Tn había sentido su presencia antes, en el mismo momento en que ella había tocado su hombro, y aunque no quería aceptarlo, algo en él había percibido esa chispa de bondad genuina.

Algo que rara vez encontraba en los demás.

Ruby, sin embargo, no sabía nada de lo que Tn estaba viviendo, de lo que él cargaba.

Para ella, los faunos eran solo una especie más, una que no entendía completamente, pero que no dudaba en defender cuando era necesario.

Aún así, la idea de que alguien como él fuera marginado en Beacon la confundía.

Ella, que había crecido con una visión bastante idealizada de la academia, no podía comprender cómo algo tan injusto podía seguir ocurriendo allí.

—Lo encontré… —Ruby murmuró mientras se acercaba.

Su voz era suave, casi cautelosa, como si no quisiera molestar.

Tn no respondió de inmediato.

En lugar de eso, se quedó allí, con los ojos vacíos, mirando en dirección a donde creía que Ruby estaba.

Sintió cómo su energía se acercaba, su respiración ligera pero acelerada, como si estuviera luchando contra sus propios pensamientos.

—¿Te molesta si me quedo aquí?

—preguntó Ruby, tomando la iniciativa antes de que Tn pudiera protestar.

Aunque su tono era amigable, había una pequeña sombra de inseguridad.

Sabía que él no confiaba en ella, y probablemente tenía sus razones.

Tn suspiró, sin levantar la vista.

El silencio entre ellos era palpable, como una barrera invisible.

Sin embargo, no dijo nada.

A veces, el silencio era todo lo que podía ofrecer.

Ruby, viendo la falta de respuesta, dio un paso más cerca, sintiendo que su curiosidad se iba tornando en una necesidad de comprender.

No quería que él estuviera solo, no de esa manera.

Pero también comprendía que no podía forzarlo a abrirse.

Solo quería que supiera que había alguien dispuesto a escucharlo, si decidía hablar.

—No entiendo por qué lo hacen —murmuró Ruby, mirando al suelo con frustración.

No quería incomodarlo, pero su necesidad de expresar su confusión era más fuerte que su miedo.

—No entiendo por qué te tratan así.

Te escuché antes, y… no creo que nadie aquí deba ser tratado como un paria solo por… bueno, por ser diferente.

Yo, por ejemplo, no soy perfecta.

Vengo de una familia complicada, pero… eso no me hace menos.

¿Por qué los demás no pueden ver lo mismo?

Tn levantó lentamente la piedra que estaba manipulando con su telequinesis, observándola en silencio.

La imagen de Ruby, con su mirada llena de comprensión, se plasmaba en su mente.

A pesar de todo su dolor y su desconfianza, algo dentro de él sintió que tal vez, solo tal vez, podía confiar en ella.

—Porque… —dijo Tn finalmente, su voz baja, casi imperceptible—.

Porque soy ciego.

Porque soy un fauno.

Porque la gente tiene miedo de lo que no entiende.

Ruby no dijo nada más en ese momento.

En lugar de eso, se sentó cerca de él, sin hacer ruido.

Quería que supiera que su presencia no era una molestia, que ella no estaba allí para juzgarlo, sino para ser su apoyo.

Sabía que las palabras no siempre eran suficientes, pero tal vez, el solo hecho de quedarse allí, en silencio, sería lo que necesitaba.

Tn permanecía sentado, con la espalda encorvada y las manos descansando sobre sus rodillas.

Sentía la presencia de Ruby cerca, pero no la miraba.

No porque no quisiera, sino porque simplemente no podía.

En su mundo sin imágenes, lo que existía era una mezcla de sonidos, vibraciones, aromas… y aura.

Era una percepción extraña, una especie de visión interna, como si el alma de cada persona se reflejara ante él como un color puro flotando en el vacío.

La mayoría de las personas tenían una tonalidad gris: indiferencia, simpleza, monotonía.

Algunos, los que lo molestaban, irradiaban un negro sofocante, denso y punzante, como si la oscuridad misma brotara de ellos con cada palabra cruel.

Había visto ese negro en Jaune, en Cardin, y en otros más.

Pero había algo distinto en Ruby.

Cuando se concentró en ella por primera vez, no vio gris, ni púrpura, como solían ser las auras amables.

No.

Ruby Rose emanaba una estela plateada.

Era como si su aura flotara con una calma etérea, reflejando una pureza y una intención sincera que Tn no recordaba haber percibido jamás.

No había odio, no había miedo, no había lástima.

Solo… una especie de brillo suave, como el reflejo de la luna sobre un lago tranquilo.

Eso lo desconcertó.

Ruby, mientras tanto, lo miraba en silencio, sin saber qué hacer.

Su deseo de acercarse era genuino, pero también entendía que Tn era una muralla de silencios.

No era como sus otros compañeros, no reaccionaba con emoción ni con cortesía.

Parecía que cada palabra que salía de él lo agotaba.

Sin embargo, había algo en él que la mantenía ahí, algo que no podía explicar.

—Tn… —dijo en voz baja, esperando una respuesta que no llegó.

El fauno, por su parte, se incorporó lentamente.

Estaba acostumbrado a moverse por sí mismo, a no depender de nadie.

Pero en su intento de levantarse, su equilibrio falló por un segundo: una raíz sobresalía del suelo y su pie la rozó.

Su cuerpo tambaleó hacia el frente.

En ese instante, Ruby se movió.

Su semblanza la convirtió en un borrón de pétalos rojos, un destello entre los árboles.

En menos de un segundo, estaba a su lado, sujetándolo con ambas manos, con la fuerza justa para impedir que cayera sin hacerle daño.

Tn se tensó.

No por la caída, sino por el contacto inesperado.

Su sentido del olfato, siempre agudo como todo fauno lobo, fue invadido de inmediato por un aroma suave y reconfortante: una mezcla entre rosas frescas y galletas horneadas.

Era un olor que no se parecía a nada que hubiera percibido en Beacon.

Había algo hogareño en él… algo que evocaba memorias que él ni siquiera sabía que tenía.

Pensó, sin querer, Ruby huele… bien.

—¡Lo siento!

¿Estás bien?

—preguntó Ruby rápidamente, aún sosteniéndolo.

Tn asintió levemente, incómodo por la cercanía pero sin apartarse de inmediato.

Por un momento, simplemente permanecieron así, ella sujetándolo con firmeza y él tratando de entender por qué, por primera vez en mucho tiempo, no sentía rechazo hacia el contacto humano.

—No tienes que hacerlo solo —dijo Ruby, con un tono que mezclaba timidez y honestidad.

—Sé que…

probablemente no confías en nadie, y tienes tus razones.

Pero si necesitas a alguien…

aunque solo sea para sentarte en silencio o…

no sé, compartir galletas…

yo puedo estar ahí.

Tn se quedó en silencio unos segundos más, pero esta vez no fue el silencio de alguien que ignora, sino el de alguien que escucha, que procesa, que…

considera.

Finalmente, con voz baja y áspera, murmuró.

—No estás rota…

como ellos.

Eres distinta.

Ruby lo miró, confundida.

—¿Rota?

¿Quién?

—Los que son molestos—respondió él, sin dar más contexto.

—Tú… no.

Tú eres…

plateada.

Ruby no entendió del todo sus palabras, pero sonrió.

Porque entendía el fondo.

Lo estaba aceptando.

A su manera, en su lenguaje.

Y eso era más de lo que había esperado ese día.

—Entonces…

¿puedo seguir viniendo?

—preguntó con una sonrisa suave, casi infantil.

Tn no respondió con palabras.

Solo asintió levemente y se soltó de su agarre.

Luego, con pasos cuidadosos, comenzó a caminar hacia el borde del claro.

Ruby lo siguió, pero a una distancia respetuosa.

Y así, sin más palabras, comenzaron una extraña danza de acercamiento.

Entre silencios, entre auras y aromas, entre una chica que quería ser amiga…

y un chico que había olvidado lo que era tener una.

La tarde comenzaba a caer sobre Beacon, tiñendo los ventanales con una luz cálida y anaranjada.

Ruby caminaba por los pasillos con paso pensativo, todavía procesando su breve pero intensa interacción con Tn.

Había algo en él, más allá de su ceguera o su raza fauno, que la había conmovido.

No era lástima.

Era… respeto, quizás.

Curiosidad, también.

Y esa estela plateada que había sentido en él, una forma de “verlo” que no entendía del todo, pero que la marcó.

Empujó la puerta de su habitación, entrando sin hacer demasiado ruido.

El equipo RWBY estaba ya en su rutina vespertina.

Weiss estaba acostada en su cama, sosteniendo un libro de historia de Remnant con la misma expresión estoica con la que resolvía cualquier dilema lógico.

Blake estaba recostada contra la pared, deslizando el dedo sobre la pantalla de su pergamino, y Yang acababa de salir de la ducha, secándose el cabello rubio con una toalla mientras tarareaba algo sin mucho ritmo.

—¿Qué tal la tarde?

—preguntó Yang con su tono habitual, aunque no esperaba respuesta inmediata.

Ruby simplemente caminó hasta su cama, con la mente en otro lugar.

Se sentó sobre las sábanas con un suspiro silencioso.

Pero justo cuando estaba por quitarse las botas, Blake alzó la mirada desde su pergamino y frunció el ceño.

—¿Ruby…?

—dijo de repente— ¿Por qué hueles raro?

—¿Eh?

—Ruby parpadeó, girándose hacia Blake— ¿Raro cómo?

Blake se sentó un poco más recta, sus orejas de fauno moviéndose levemente al captar el aroma con más claridad.

Entre sus sentidos más agudos, el olfato era uno de los más finos.

—No mal…

solo…

distinto.

Como a…

flores, pero también a…

tierra húmeda y…

¿galletas?

Ruby enrojeció un poco, recordando el momento en que sostuvo a Tn para evitar que cayera.

¿Habrá sido eso?

pensó.

La cercanía, su aroma, el momento compartido.

Era extraño pensar que eso pudiera dejar una huella perceptible.

—Oh… quizás fue porque…

bueno, ayudé a un chico a no caerse —dijo al fin, encogiéndose de hombros con una pequeña sonrisa—.

Es ciego, así que tropezó.

Solo lo sostuve.

Supongo que me quedó un poco de su aroma…

Blake ladeó la cabeza, intrigada.

—¿No será el fauno ciego, verdad?

Tn.

Ruby asintió, y al hacerlo, Blake se quedó en silencio por unos segundos.

Sus ojos ámbar bajaron al suelo, como si buscara en su memoria una pieza faltante.

Weiss, que había estado escuchando todo desde su cama, intervino sin levantar la mirada del libro.

—¿Un estudiante ciego en Beacon?

¿Cómo puede siquiera completar las misiones o entrenar con los demás?

Eso suena… imprudente.

—Weiss —Ruby la miró con un dejo de reproche—, no todos los combates se ganan con los ojos.

Tn tiene una Semblanza.

Algo como telequinesis.

—Aun así —insistió Weiss, cerrando su libro con un leve clack—, Beacon no es un lugar para cargar con debilidades.

Este no es un internado de caridad.

—Y tú no eres la directora, Schnee —dijo Yang con tono despreocupado, saliendo del baño con la toalla ahora colgada en los hombros, su cabello aún húmedo cayendo sobre su espalda.

Weiss frunció el ceño, pero se mantuvo en silencio.

Yang caminó hacia su cama, pasando al lado de Ruby.

Olfateó el aire de forma dramática y luego sonrió con picardía.

—Ah… así que ese era el aroma.

¿Era de ese Tn?

Porque, honestamente… —giró los ojos hacia el techo, pensativa— para ser un chico ciego, es bastante lindo.

Ruby se quedó congelada por un instante, sin saber cómo responder.

Blake levantó una ceja con curiosidad, y Weiss simplemente suspiró como si ya hubiese perdido el control de la conversación.

—¿Qué?

No me miren así —siguió Yang con una sonrisa traviesa—.

Estoy diciendo lo que todas piensan y nadie dice.

Tiene ese aire misterioso, reservado… y las orejas de lobo le quedan bien.

—Yang… —Ruby murmuró, aún más roja— ¡Solo lo ayudé a no caerse!

Yang soltó una risa suave, divertida, y se dejó caer de espaldas sobre su cama.

—Lo que digas, pequeña hermana.

Pero si alguna vez quieres que te ayude a acercarte más a él…

ya sabes, para que no sigas oliendo solo a galletas…

me avisas.

Ruby le lanzó una almohada que Yang esquivó con agilidad.

Blake observaba todo en silencio, aunque en su mirada había una sombra de seriedad.

No era por Tn en sí, sino por lo que su presencia representaba.

Sabía lo que era ser diferente, ser juzgada antes de abrir la boca.

Y aunque Tn era callado y rehuía a los demás, había algo en su forma de estar…

que le recordaba demasiado a ella misma, en los días oscuros.

Y mientras Weiss murmuraba para sí algo sobre “reglas básicas de admisión” y Yang comenzaba a bromear con que Ruby ya tenía “un lobo protector”, Ruby se tumbó en su cama y miró el techo.

Pensando en esa estela plateada.

En la forma en que Tn no se había apartado de su contacto.

En cómo, por un instante, dos mundos tan distantes… se rozaron.

(momento cuando ruby se fue) El claro quedó en silencio una vez que Ruby se marchó.

Solo el susurro del viento entre las hojas llenaba el aire.

Tn se quedó ahí un momento más, sentado, inmóvil, con los sentidos atentos al entorno.

Su mente, sin embargo, no estaba en los árboles, ni en el crujir de la tierra.

Estaba en la imagen difusa —o más bien, en la sensación— de una chica de aura plateada que había cruzado el umbral de su mundo por un breve instante.

Suspiró con lentitud.

Tal vez… tener una amiga no sea tan terrible, pensó.

Aunque la palabra le sabía extraña en la boca mental.

“Amiga”.

Nunca había usado ese término con propiedad.

No porque no quisiera… sino porque nunca se le permitió.

Con paso cuidadoso, Tn se levantó.

Su andar no era vacilante, pero sí medido.

Tocaba levemente las paredes con los dedos de su mano derecha mientras con la izquierda, a través de su semblanza, guiaba pequeñas piedras que mantenía siempre consigo.

Las enviaba hacia esquinas o pasillos para recibir una respuesta sutil en el eco, una vibración, un roce, un obstáculo.

Así conocía el espacio.

Beacon era un laberinto para alguien como él.

No por su estructura, sino por lo que representaba: indiferencia.

A pesar de sus habilidades, a pesar de su esfuerzo, aún era visto con recelo, como un error administrativo, un alumno que no debía haber pasado la selección.

‘Ese tal Howard debia de ser importante para que lograra meterme aqui’ Y eso quedó claro cuando, doblando un pasillo, se cruzó con la profesora Glynda Goodwitch.

Ella se detuvo al verlo, los brazos cruzados, el gesto severo y calculador.

Aunque no dijo nada al principio, su aura era una línea recta, tensa, y fría.

Tn lo sintió de inmediato un gris casi metálico.

—¿Te has perdido, señor…?

—preguntó con voz controlada, como si ya anticipara una respuesta molesta.

Tn se detuvo, levantando apenas el rostro en su dirección, aunque sus ojos vacíos no podían verla.

—No.

Solo voy a mi habitación —respondió sin emoción, sin tono desafiante, pero tampoco servil.

Glynda lo observó con dureza por unos segundos más, tal vez esperando que pidiera ayuda.

Que mostrara alguna señal de vulnerabilidad.

Pero no lo hizo.

Tn no iba a rogar, y mucho menos a alguien que lo miraba como una estadística inconveniente.

—Entonces continúa, por favor —dijo al fin la profesora, antes de marcharse sin un saludo ni despedida.

Tn siguió su camino sin volver el rostro.

Dejó caer una piedra al suelo y la hizo rodar hacia el siguiente cruce.

Al escucharla chocar contra una pared lejana, supo que iba bien.

Otra piedra flotó de su bolsillo, girando en el aire hasta colarse por debajo de una puerta cercana: no era su cuarto.

Siguió buscando con paciencia, usando su semblanza no solo como arma, sino como bastón invisible, como mapa viviente.

Cuando finalmente llegó a su habitación, suspiró.

El espacio era desordenado, pero en su propio lenguaje, estaba “ordenado”.

Las cosas importantes —tareas con marcas táctiles que había creado con cuidado, hojas con inscripciones que podía leer con los dedos— estaban donde debían estar.

Lo demás… era ruido.

Cerró la puerta tras de sí y dejó que la piedra que lo había guiado flotara de vuelta a su palma, como un pequeño animal leal regresando a casa.

Se sentó en el borde de la cama y se quitó los guantes.

Sus dedos, curtidos por el entrenamiento, recorrieron una hoja de papel escrita con patrones elevados.

Era una lectura para la clase de Estrategias de Combate.

Ya la conocía de memoria, pero el acto de tocarla le daba cierta tranquilidad.

Sin embargo, esa noche, algo había cambiado.

Por primera vez en meses, su mente no se enfocaba solo en sus rutinas.

En su aislamiento.

En sus estrategias de defensa.

Pensaba en Ruby.

En su voz cálida, en su gesto sincero, en su aroma a rosas y galletas.

Era un pensamiento suave, casi culpable, pero no desagradable.

Y mientras se recostaba en su cama, sintiendo el leve crujir de las sábanas, una sonrisa —apenas perceptible, casi una grieta en su máscara habitual— curvó sus labios.

“Ruby…” pensó.

Y por primera vez en mucho tiempo, se permitió cerrar los ojos y no pensar en cómo sobrevivir mañana, sino en cómo, tal vez, solo tal vez… alguien lo vio realmente hoy.

(de verdad les gusta mi estilo de yandere o aun siguen prefiriendo a leyendas como lo fue dandelion y pepepino…….es imposible llegar a esas leyendas T-T pero no puedo dejar que el yanderismo caiga) (y no, no pondre suculencia porque como dije solo quería yanderes pero como mi método será capítulos para darles desarrollo.

Ejemplo Nitocris ya empezó a mostrar mas dependencia de tn, osea que para el capitulo dos tendremos un avance en su emoción y obsesión.

Esto lo hago porque ya es aburrido ver lo mismo waifu loca yandere que secuestra, abusa y tiene hijas con el prota y fin……..Eso ya cansa asi que pense en este metodo darles sentimientos alocados poco a poco.)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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