Waifu yandere(Collection) - Capítulo 181
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- Capítulo 181 - 181 Nero Claudius part 4 fgo
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181: Nero Claudius part 4 fgo 181: Nero Claudius part 4 fgo Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
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El amanecer bañaba los aposentos con una luz cálida que no lograba suavizar el aire denso de la habitación.
El aroma de incienso y sudor se mezclaba con el perfume floral que impregnaba las cortinas.
Tn estaba postrado cerca de la cama de la emperatriz, el cuerpo aún marcado por la noche anterior.
Entre molesto y confundido, no podía dejar de pensar en lo que había hecho.
Pudo haber acabado con ella, poner fin a todo aquel tormento en un solo movimiento, pero no lo hizo.
Algo en su voz melosa, en las promesas susurradas, lo había detenido.
Nerón era adictiva.
Peligrosa.
Una serpiente disfrazada de diosa.
Era un delirio que mostraba la sensualidad y el peligro.
“Mmmm Ahhh~ umu”.
El sonido suave de un gemido rompió sus pensamientos.
Nerón despertaba entre sábanas de seda blanca y roja, su piel brillando bajo la luz matutina.
Lo miró con esos ojos esmeralda que parecían leerlo por dentro, y una sonrisa se dibujó en sus labios de un suave carmesí.
—Ah… mi querido bárbaro umu —murmuró con un ronroneo que le erizó la piel—.
Tan silencioso esta mañana.
¿Acaso estás arrepentido umu?.
La emperador no extrajo toda tu semilla~.
Tn no respondió.
Apenas gruñó cuando ella tiró con suavidad de la cadena unida a su cuello, obligándolo a acercarse un poco más.
Nerón lo observó con deleite, su mirada serpenteando entre deseo y poder.
—Me pregunto —continuó, jugando con el borde de la sábana—, si nuestra pequeña esclava termina con un hijo… ¿te gustaría verlo, quizás tenerlo umu?
El rostro de Tn se endureció.
Sus ojos, antes calmados, se abrieron con una mezcla de sorpresa y enojo.
—¿Qué demonios estás diciendo?
—murmuró con voz baja.
Nerón soltó una risa suave, musical.
—Tranquilo, umu~.
No te escandalices.
Solo pensaba en las posibilidades.
Tal vez incluso yo logre concebir… —Sus dedos rozaron su propio vientre con un gesto teatral—.
Un hijo de un bárbaro y la emperatriz de Roma.
Sería una historia digna de los poetas, ¿no crees?
—Eso… sería visto como una herejía maldita perra—escupió Tn, apretando los puños la asesina de tribus queriendo concebir hijos con un pagano—.
Tu consejo, tus nobles, todos le condenarían.
Las leyes romanas funcionaban para los bárbaros principalmente a través del ius gentium (derecho de gentes) pero eso no daba respeto solo una forma de atrasar la muerte.
—Oh, lo sé —respondió ella, acercándose aún más hasta quedar frente a su rostro—.
Y precisamente por eso me atrae la idea.
El escándalo… el caos… la idea de manchar la sangre imperial con la de un conquistado umu.
Sus palabras eran veneno envuelto en miel.
Tn lo sabía.
Y aun así, no podía apartar la mirada.
—¿Por qué haces esto?
—preguntó al fin, la voz temblando entre ira y cansancio—.
¿Por qué seguir con este juego?
Nerón sonrió, tan serena que resultaba inquietante.
—Porque puedo.
Porque tú me perteneces.
Porque Roma… me pertenece umu.
—Sus dedos se deslizaron por su mejilla con ternura falsa—.
Y mientras lo recuerdes, seguirás aquí, a mis pies, respirando el mismo aire que yo decida darte umu.
Él la miró, con odio y algo más profundo que no se atrevía a nombrar.
Su mente gritaba que debía matarla.
Su cuerpo, sin embargo, permanecía inmóvil, atrapado por su mirada y por las cadenas que no solo lo sujetaban al suelo, sino a ella.
Nerón volvió a recostarse con una sonrisa satisfecha.
—Umu… sí.
Quizás te deje ese hijo, bárbaro mío.
Si Roma me lo permite.
El silencio que siguió fue casi insoportable.
Tn bajó la cabeza, no por sumisión, sino porque no confiaba en lo que su rostro podía revelar.
En ese instante, comprendió que Nerón no solo quería poseerlo… quería quebrarlo.
-Mph de hecho tengo un poco de sed umu~.
¡Ay!
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Aprobechando su acercamiento Neron solo bajo su cabeza hasta su miembro.
La rubia Emperadora de Roma estaba de rodillas ante un hombre dandole placer.
El hombre gorgoteó algo incomprensible al principio, mientras la agarraba por los lados de la cabeza y la empujaba hacia fuera tratando de alejarla, pero ella se nagaba y succiono con mas fuerza.
Su lengua se aplanó hasta el fondo de su boca mientras la polla se deslizaba hasta el fondo de su estrecha garganta.
Ella lo miró y se deleitó con la mirada de deseo,lujuria y odio en su rostro mientras él la observaba con una mirada hambrienta.
El ex esclavo parecía el hombre más confundido del mundo mientras ella le servía el pene con todo el amor que podía.
“Gluuuckkkckckck glucckkkkkkk gluckckckckck”.
Sin embargo, no dejó que esto la detuviera ni la distrajera, pues sus manos seguían moviéndose y trabajando sobre su pene con su mano derecha y la izquierda metiendose dos dedo dentro de si misma.
Su mano suave, delgada y pálida resaltaba significativamente contra la piel de su pene.
Cada sorbo que hacia cerrando los ojos, apretando su mano en ocaciones cuando lo sentia temblar, cuerpo musculoso y poderoso cubierto de las cicatrices de la gloria y las batallas perdidas, marcas no de heridas, sino de los propios latigos que ella uso.
Y allí estaba ella, su recompensa por un trabajo bien hecho, una victoria su victoria, ella era Roma, todo le pertenecia.
“Gluckkkkkk glukkkckckckk gluckkkkk gluckkckckc”.
Nero se dejó apartar de la garganta profunda de la polla que estaba atendiendo, pero continuó lamiéndola y moviendo la cabeza de un lado a otro para seguir dándole a Tn un masaje de labios, los labios estirados mientras se esforzaba al máximo para encajar la polla demasiado grande que había visto colgando con tanta gracia no horas antes.
Se deleitó con la pura masculinidad de la habitación, mientras los aromas dominaban sus sentidos, y su lengua casi se quemó por el potente sabor del espeso y pesado líquido preseminal que había brotado de la punta de la polla que estaba chupando, mientras lo tragaba y sentía que se extendía como una ola de calor desde su cabeza, concentrándose directamente en su coño incluso mientras se extendía por su cuerpo.
Ella cambió el enfoque, su mano masturbandolo con mas fuerza para sacar su premio blanco para ir por su polla resbaladiza que acababa de terminar de chupar, mientras comenzaba a chupar, tomando su polla en su boca y dándole un baño de lengua tan completo como lo había hecho horas antes, sirviendo su polla con todo su amor, lamiéndola y asegurándose de dejarla impecable, escupiendo brillo a la polla, su mano áspera agarrando su largo cabello rubio, amontonándolo mientras comenzaba a follar su boca en serio, a diferencia del principio que se había obligado a hacerle una garganta profunda y luego le había permitido hacer lo suyo después, este estaba completamente dedicado a follar su boca bajo sus propios términos, y ella se rindió y se sometió a su lujuria.
Ella tragó, chupó y lamió su polla cuando entró en su boca, luego apretó los labios cuando se retiró, al mismo tiempo que sus manos continuaban su trabajo en otra parte, la mano derecha deslizándose sobre la polla resbaladiza, la fricción haciendo que su mano izquierda casi ardiera, una sensación de hormigueo se extendía a través de ella mientras la sensación de una gran polla casi la quemaba.
Nero maulló, solo un poco, mientras se apartaba y una vez más cambiaba de lugar, esta vez ambas manos cambiaban de objetivo, su izquierda iba hacia su propio pecho.
Ella no tomó su eje en su boca, en cambio, presionó su cara contra él, la punta en el aire, chorreando chorros de líquido preseminal, mientras metía en su boca, mientras Nero chupaba y lo lamía lo mejor que podía.
Lo chupó con más fuerza, y mientras llenaban su boca, sintió la increíble cantidad de semen acumulado, espeso y gelatinoso de un hombre que no había tenido un orgasmo en tiempo.
La polla bien lubricada que estaba atendiendo comenzo a palpitar y pulsar en sus manos, casi al unísono, coincidiendo no solo con los latidos del corazón de su dueña, sino también con los suyos, mientras la sincronicidad del placer comenzaba a superar dentro de los dormitorios privados.
Nero se apartó un poco, sintiendo el intenso y desesperado latido de la verga sobre su frente.
El enorme miembro casi parecía vibrar, tan cerca estaba su dueño de romperse.
Primero besó la punta, dándole un beso, luego chupo la punta, rebosante de líquido preseminal, saboreando la deliciosa golosina y usando toda su fuerza de voluntad para evitar aferrarse a su punta y succionar aún más fuerte.
Tirando más hacia atrás y soltando su polla que había estado acariciando, envolviendo sus brazos debajo de su pecho grande y abundante, acercándolos más, empujándolos hacia adelante y presentando su pecho y rostro, dándoles una mirada orgullosa y feliz mientras comenzaba a acariciar desesperadamente su polla con una mano libre,con gemidos de pasión coincidentes y simultáneos, su polla estallo en espesos y blancos flujos de amor caliente fundido, semillas espesas, blanquecinas, gelatinosas que explotaban desde su punta, disparándose como un géiser, sintiéndose tan caliente que casi quemó su piel cuando aterrizó, cubriéndola desde las puntas rosadas de sus pezones, por todo el valle de sus pechos, cubriendo la extensión gorda y carnosa de sus pálidos pechos, la parte superior del pecho y toda su cara.
-Ahhhhh~ mi sed fue saciada.
Cada chorro que salía de su polla que tenía delante era comparable, o incluso superior, a la eyaculación individual de un hombre inferior, porque el no era hombre inferior, era un barbaro, y era de los mejores entre ellos, los más grandes entre sus pares…
Y con su victoria, habían ganado muchas cosas, entre ellas la opción de convertirse en ciudadanos de Roma, o convertirse en la élite entre los gladiadores, o la elección que ella queria tomar: convertirse en el hombre del Emperador, convertirse en parte de su harén.
Que bien sonaba la idea y su semilla mientras la metia con sus dedos en sus labios.
Y mientras la emperatriz les sonreía, con la felicidad patente en su rostro al exhibir el atuendo del que más se enorgullecía, envuelta en el amor y el afecto de sus súbditos.
El sonido de los dedos de Nerón chasqueando resonó con autoridad en la habitación.
En un instante, varias sirvientas se apresuraron a entrar.
La emperatriz, sin molestarse en cubrirse del todo, señaló con un gesto perezoso hacia la joven esclava que aún yacía en la cama, exhausta.
—Llévenla a la recámara especial de las concubinas —ordenó con voz melosa—.
Ya ha cumplido su función por hoy.
Las mujeres obedecieron sin mirarla siquiera, como si aquel acto fuera parte de una rutina tan normal como respirar.
Levantaron a la esclava con cuidado y la sacaron del aposento.
Nerón observó la escena con una sonrisa que no mostraba compasión, sino satisfacción por su propio poder.
—Pobrecilla… —susurró, ajustando una de las pulseras doradas en su muñeca—.
Quizá algún día logre algo más que servir, si sobrevive lo suficiente umu.
Tn, que había permanecido en silencio todo ese tiempo jadeando por lo estimulante que fue la mamada de la emperador, alzó la vista con desdén.
—La tratas como si fuera un objeto.
Nerón rió suavemente, una risa tan ligera como vacía.
—¿Y acaso no lo es?
Todos en este palacio lo son.
Incluso tú, umu~.
—Se levantó con gracia y permitió que sus doncellas la vistieran con un traje escarlata bordado en oro, digno de una diosa.Mientras poco a poco limpiaban sus pechos y rostro de la semilla que los cubria.
Mientras los tejidos se deslizaban sobre su piel, ella se giró hacia Tn.
—Viste a mi consorte —ordenó a otra sirvienta—.
Que no luzca como un esclavo vulgar.
Lo vistieron con una toga blanca simple, sin adornos, pero limpia y elegante.
Aun así, la cadena del cuello permaneció, colgando apenas visible bajo el pliegue del tejido.
Nerón lo observó de arriba abajo, su sonrisa creciendo al verlo.
—Ah, magnífico.
Casi pareces digno de caminar a mi lado.
—No soy tu consorte grrr—masculló Tn, con el ceño fruncido.
Ella se acercó lentamente, deteniéndose justo frente a él.
Sus ojos verdes brillaron con diversión.
—Eres lo que yo diga que eres, mi bárbaro umu.
Hoy serás mi sombra.
Verás Roma como la ve una emperatriz umu.
Tn apretó los dientes, pero no respondió.
Sabía que cualquier palabra solo alimentaría su ego.
Nerón lo notó, y eso la complació aún más.
—¿Sabes?
—dijo mientras tomaba su brazo con delicadeza—.
Roma es una obra viva.
Sus calles, sus templos, sus gentes… todos son extensiones de mi gloria.
Verás los foros donde los senadores conspiran y tiemblan, las termas donde los nobles se purifican, los jardines donde el arte florece más que las flores mismas.
—Y también las calles donde mueren los pobres —replicó él en voz baja.
Ella lo miró de reojo, divertida.
—Oh, también eso.
—Su tono no cambió—.
La miseria es necesaria.
Sin sufrimiento no hay grandeza.
Roma no se sostiene sobre virtud, sino sobre sacrificio.
El fundador habia matado a su hermano para construir Roma.
Mientras hablaba, se detuvo frente al espejo de bronce y ajustó su corona.
Su reflejo parecía satisfecho.
—Hoy te mostraré mi Roma —susurró, girándose hacia él con una sonrisa de pura arrogancia—.
La Roma que conquistará el mundo, y tú… —pasó un dedo por su pecho, lento, tentador— …serás testigo de la grandeza que jamás podrás destruir.
Tn sostuvo su mirada sin apartarse.
—Roma caerá algún día —dijo con voz firme—.
Como todo imperio.
Como todo tirano.
Los dioses se encargaran de eso.
Ningun dios permitira la esclavitud de su pueblo.
Nerón rio, con esa mezcla de dulzura y locura que la hacía tan peligrosa.
—Tal vez… —susurró, inclinándose hasta que sus labios casi rozaron su oído—.
Pero no mientras yo respire, umu~.
El eco de sus palabras quedó suspendido en el aire, mientras ambos salían del aposento.
Afuera, el sol bañaba la ciudad de oro y polvo.
Roma despertaba, y con ella, el juego enfermizo entre el poder y el resentimiento continuaba.
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Pasear por Roma era una de las actividades favoritas de Nerón.
Le complacía recorrer las calles de su ciudad, ver su poder reflejado en cada piedra, en cada mirada que bajaba ante su paso.
Su guardia de élite marchaba junto a ella, imponentes figuras cubiertas con armaduras purpúreas y máscaras de hierro bruñido, como sombras metálicas de su voluntad.
Tn iba unos pasos detrás, el sonido de sus sandalias resonando contra el mármol.
El aire olía a incienso, vino y sudor; filósofos debatían en las plazas, sacerdotes libaban vino en nombre de sus dioses, y los trabajadores empujaban carros bajo el sol ardiente.
Todo era movimiento, ruido y vida… y, al mismo tiempo, esclavitud.
Personas de diferentes tribus servian casi como el ganado.
Nerón se giró brevemente, su sonrisa apenas visible bajo la sombra de su velo dorado.
—¿Ves, mi bárbaro?
Roma vive y respira por mí.
Todo esto existe porque yo lo permito umu.
Tn no respondió, solo siguió caminando.
No era ciego: veía la miseria entre la grandeza, las grietas bajo el oro.
—Podríamos ir al Coliseo —comentó ella con un tono travieso—.
Hoy habrá gladiadores, y creo que uno de ellos es un tracio muy hábil con la lanza.
Tal vez te recuerde a tus hermanos del norte.
……..Maldita ramera.
Él mantuvo la mirada al frente algunas venas en su cuello.
—Prefiero no mirar cómo se matan por entretenimiento.
—Oh, pero es arte, querido mío.
La muerte también tiene su belleza umu.
La caminata continuó hasta que un hombre viejo, harapiento y de barba descuidada, se cruzó en su camino.
Sus ropas estaban hechas jirones, y sus manos temblaban mientras extendía una palma hacia ellos.
—Por favor… una moneda, noble señora… por el amor de Cristo….
Las palabras cayeron como una daga.
Los guardias reaccionaron al instante, sujetando al hombre por los brazos con brutalidad.
Tn dio un paso al frente, pero una sola mirada de Nerón lo detuvo.
Ella levantó su mano con elegancia, el gesto suficiente para que todos se congelaran.
—Déjenlo —dijo suavemente—.
El mendigo temblaba, sin saber si había salvación o castigo en esa voz.
Nerón se acercó con lentitud, su vestido ondeando con el viento, su mirada recorriendo al anciano con curiosidad malsana.
—Qué curioso… aún hay quienes pronuncian ese nombre en mis calles.
Cristo, dijiste, ¿no?
—ladeó la cabeza, fingiendo ternura—.
Dicen que fue un hombre piadoso.
¿Tú crees en él?
—Creo en su amor… y en su perdón —balbuceó el mendigo, arrodillándose—.
Él salvará incluso a los poderosos… incluso a ti, señora.
Nerón rió suavemente, casi como una niña que escucha un cuento.
—Ah, qué dulces palabras.
El perdón umu… siempre tan prometido y tan vacío.
—Hizo una seña y uno de los guardias le tendió una bolsa de cuero con monedas—.
Sacó una sola moneda dorada y la sostuvo entre sus dedos.
—Te daré monedas, como buen emperador que soy —murmuró, dejándola caer al suelo frente a él—.
Pero tendrás que inclinarte y recogerlas con los dientes umu.
El anciano titubeó, y Tn sintió la furia subirle por la garganta.
—Basta.
No es necesario humillarlo —dijo con voz baja pero firme se acerco a ella,.
Nerón giró la cabeza hacia él, su sonrisa se congeló apenas un instante, y luego volvió la dulzura.
—¿No lo es?
Qué aburrido sería el mundo si no se nos permitiera divertirnos un poco umu.
El mendigo, temblando, obedeció.
Bajó la cabeza, tomó la moneda con los dientes, y Nerón se inclinó para susurrarle al oído—Dile a tu Cristo que le envío mis bendiciones… si es que te escucha.
Cuando se apartó, sus guardias lo soltaron, dejándolo caer sobre el polvo.
El hombre huyó sin mirar atrás.
Tn la observó con una mezcla de repulsión y tristeza.
—No hay gloria en aplastar a los débiles —murmuró Odin escupiria en los guerreros que se atrevieran a hacer eso.
Nerón se volvió hacia él, los ojos centelleando de placer perverso.
—Y, sin embargo, todos los imperios se alzan sobre ellos.
Roma no es distinta… y tú lo sabes.
El sol se reflejó en las cúpulas doradas de los templos, bañando la ciudad en luz ardiente.
Nerón continuó su paseo con paso triunfal, mientras Tn la seguía en silencio, preguntándose cuánto más tendría que soportar aquella máscara de poder antes de encontrar el momento de destruirla.
Nerón observó al mendigo alejarse con desdén antes de volver su atención a Tn.
Con una sonrisa curiosa, entrecerró los ojos.
—Dime algo, mi bárbaro… ¿acaso tú también crees en ese tal Cristo del que tanto hablan umu?
—su tono era ligero, casi burlón, pero sus ojos buscaban provocarlo.
Tn la observó con calma, su voz firme pero sin agresión.
—No lo conozco.
Pero he oído historias… dicen que sanaba enfermos, que devolvía la vida a los muertos.
—Ah, sí —rió ella suavemente—.
Historias tan dulces como absurdas.
Un dios que cura a los pobres, que abraza a los leprosos.
Qué tierno umu.
Pero dime, ¿acaso también castiga a quienes sirven a otros dioses?
Porque si es así, su amor debe ser tan cruel como el látigo de un centurión umu.
Tn mantuvo el silencio por un momento, y luego habló despacio.—Su dios parece querer gobernar sobre todos los demás.
Pero… el tuyo no es el único poder que existe, emperatriz.
La guardia de élite se tensó al instante.
Un leve sonido metálico llenó el aire cuando las manos tocaron las empuñaduras de sus gladii.
Nerón levantó una mano, ordenando silencio sin apartar la vista de él.
—¿Oh?
¿Acaso tus dioses del norte desafiarían a los míos?
—preguntó con una sonrisa que goteaba veneno—.
¿Podrían tus bárbaros dioses vencer al padre Júpiter, al sabio Marte o a la hermosa Venus?
—Sí —respondió Tn, su mirada fría como el acero—.
Mis dioses no son del mármol ni de muarles en tus paredes.
Son del trueno, de la guerra y del destino.
Odin, el Padre de Todo, ve lo que fue y lo que será.
Thor, el dios del trueno, aplasta a los gigantes y protege a los hombres.
Loki, el astuto, engaña incluso a los sabios.
Freyja y Freyr dan vida, amor y cosecha.
Y Tyr… —hizo una pausa—, Tyr perdió su mano para traer justicia al mundo.
Odin podria aplastar a ese tal Jupiter.
El valhalla se sasiara con la sangre impura de esos dioses.
El aire pareció vibrar entre ellos.
Nerón lo observó unos segundos en silencio antes de soltar una carcajada cristalina.
—Qué encantador umu—murmuró, acercándose con pasos lentos—.
Tus dioses suenan tan… salvajes.
Tan primitivos.
Pero dime, mi bárbaro… ¿de qué les sirvieron cuando Roma arrasó tus tierras umu?
—De lo mismo que sirven tus dioses cuando el fuego consuma tus templos —replicó él sin levantar la voz.
El brillo en los ojos de Nerón cambió; ya no era diversión, sino algo más oscuro, algo que la hacía respirar con más fuerza.
—Umu… tus palabras son como una daga, y aun así me fascinan.
Tal vez… —acercó su rostro al de él, tan cerca que su aliento cálido rozó su piel— …debería mostrarte qué tan fuerte es el poder de los dioses de Roma.
Tn no respondió.
La tensión era espesa como el incienso que ardía en los altares.
Finalmente, Nerón se apartó con un suave giro, su túnica ondeando como un fuego rojo.—Vamos, mi bárbaro.
Roma no se conquista con plegarias, sino con poder.
Y ese poder… me pertenece a mí.
Mientras reanudaban su camino, Tn pensó en silencio que los dioses —romanos o nórdicos— no tenían el control del destino.
Porque el suyo ya estaba decidido: algún día, esa mujer caería.
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(Bien…….Nero en su tiempo era un caso muy especial, Nerón organizaba orgías en Roma, ya que la idea de las orgías de Nerón se basa en exageraciones y acusaciones de historiadores como Suetonio y Tácito, quienes también le atribuyeron el incendio de Roma y otras fechorías aunque su fama ya era bastante mala.
Y sí se le conocían relaciones sexuales controvertidas y con personas de la misma condición, las descripciones de actos sexuales grupales desmedidos son probablemente sea un caso, similar a lo que ocurrió con Calígula o Mesalina, y el primero si se tiro a sus hermanas y posibles tias.
el punto es que…..le estoy dando trama romana a esto asi que si encuentran lo de esclavitud o suculencia en momentos, no se alarmen, no es que disfrute particularmente de suculencia mal hecha).
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