Waifu yandere(Collection) - Capítulo 182
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182: Maki zenin part 4 jjk 182: Maki zenin part 4 jjk Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
Mitra toda feliz haciendo su masacre universal.
Sin saber que el muzan chibi va detrás para hacerle el harakiri y liberar a la humanidad.
Se me reinicio la laptop pipipipipipi y tuve que esperar a que se arreglara y dije ok escribo en mi telefono………es muy tardado escribir ✍️ de ese modo y dije ok deja descanso y cuando mi laptop este lista a escribir y como buen técnico la apague y encendí y funciono ahuevo.
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El duelo de intercambio se llevaría a cabo en un extenso bosque donde ambos grupos de estudiantes lucharían entre sí, enfrentándose y exorcizando maldiciones de categoría 4 que se manifestaban en los alrededores.
La atmósfera estaba cargada de tensión, pero también de emoción.
Era el momento de medir fuerzas, demostrar estrategias y comprobar cuánto habían crecido desde su último entrenamiento.
Tras el pequeño incidente en el que Satoru Gojo, con su típica sonrisa despreocupada, reveló que Yuji Itadori seguía con vida —cuando todos creían que había muerto—, las reacciones fueron variadas.
El director Yaga ya podía sentir el dolor de cabeza que eso traería a los altos mandos, mientras Utahime se sujetaba el puente de la nariz, frustrada.
—De verdad, ese hombre no conoce la palabra prudencia… —murmuró Utahime con un suspiro exasperado.
—No te preocupes tanto, Utahime-san, los resultados son lo que cuentan —comentó Gojo con tono burlón, ajustándose la venda sobre los ojos.
—¡Resultados mis polainas!
Casi causa una crisis entre escuelas —replicó Yaga, cruzando los brazos.Se estaba conteniendo para no golpear a Gojo.
Pero, dejando atrás la discusión de adultos, los verdaderos protagonistas ya estaban en movimiento.
El equipo de Tokio, conformado por Nobara Kugisaki, Megumi Fushiguro, Maki Zenin, Tn, Panda, Toge Inumaki y el recién reaparecido Yuji Itadori, se reunió en círculo mientras Maki trazaba un mapa improvisado sobre el suelo.
—Escuchen bien idiotas que no lo repetire —dijo Maki con tono firme—.
Tenemos una ventaja de coordinación, pero ellos tienen más experiencia en trabajo conjunto.
Megumi, tú te encargarás de Noritoshi Kamo.
Conoces su tipo de técnica, así que mantén distancia.
—Entendido —asintió Megumi, serio.
—Panda, tú vas por Mechamaru.
Sé que te encantan los tipos mecánicos.
—Heh, algo así.
Veremos si ese tipo aguanta mis golpes —respondió el panda con una sonrisa confiada.Estaba emocionado por encontrarse con el droide de la escuela rival.
—Yuji, tú te ocupas del grandote, Aoi Todo.Yuji tragó saliva al escuchar ese nombre.
—¿Ese no es el tipo que le pregunta a todos por su tipo de chicas?
—Sí.
Prepárate para una paliza… o una conversación muy incómoda —intervino Nobara con una sonrisa burlona.
Maki continuó, mirando a Tn y luego a Inumaki.—Tn, tú y yo iremos tras Mai y Momo.
Y tú, Inumaki, te encargarás de distraer a Miwa.
No uses demasiada energía, solo mantenla lejos.
Inumaki levantó su pulgar.
—Salmon —confirmó con su habitual brevedad.
Tn observó a Maki, notando la tensión en sus ojos.—¿Estás segura de querer enfrentarte a tu hermana?
—preguntó con tono tranquilo.
—No se trata de querer —respondió ella, levantando su lanza—.
Es algo que tengo que hacer.Le mostrare a esa cretina como se usa la energia maldita.
Nobara resopló, cruzando los brazos.—Bueno, cuando termines con tu drama familiar, asegúrate de dejar algo de acción para los demás, ¿sí?
Maki la miró por un segundo, apenas sonriendo.—Eso depende de qué tan rápido corras, Nobara.
El silbato resonó en el aire.
—¡Comienza la competencia!
—anunció Gojo con entusiasmo, haciendo un gesto teatral antes de que Utahime le diera un golpe.
En un instante, los equipos se dispersaron.El bosque cobró vida con explosiones, gritos y la presencia de maldiciones deformes que acechaban entre los árboles.
Las ramas crujían bajo los pasos, y el viento se mezclaba con el zumbido de energía maldita.
Maki avanzó entre los árboles con Tn a su lado, ambos moviéndose en silencio.
La tensión entre ellos era palpable, pero no por desconfianza, sino por lo que se avecinaba.
—No la subestimes —murmuró Maki, sin voltear.
—¿Hablas de tu hermana o de las otras chicas?
—bromeó Tn, intentando aligerar el ambiente.
—De las dos —respondió ella secamente, aunque una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
A la distancia, un destello metálico surcó el aire.
Un disparo.
Tn apenas alcanzó a girar el rostro antes de que Maki interceptara la bala con su lanza, el impacto resonando en el aire.
—Te dije que no la subestimes —repitió Maki, alzando la mirada.
En una rama cercana, Mai Zenin sostenía su revólver, apuntando con precisión.
—Sabía que vendrías por mí, hermana —dijo con una sonrisa helada—.
No podías resistirte, ¿verdad?
Tn dio un paso al frente, mirando entre ambas.—Bueno… parece que el reencuentro familiar acaba de empezar.
Tn suspiró, dejando que la energía maldita fluyera por su cuerpo.
No era tan impresionante ni abrumadora como la de los hechiceros de alto rango, pero su control y densidad eran más que suficientes para opacar las reservas casi inexistentes de Mai Zenin.
El aire a su alrededor vibró con una tensión contenida, mientras una ligera bruma oscura emanaba de sus manos.
—No pierdas el ritmo —murmuró Maki, ajustando su agarre en la lanza.
—Jamás lo haria —respondió Tn, sonriendo apenas.
Sin previo aviso, ambos se lanzaron hacia adelante con una sincronía perfecta, el suelo cediendo bajo sus pies por la fuerza del impulso.
Maki fue la primera en llegar, su lanza cortando el aire en un arco preciso.
Mai disparó casi al mismo tiempo, una bala silbando entre los árboles.
El impacto resonó cuando el arma de Maki bloqueó el proyectil con una chispa brillante de energía.
Desde lo alto, Momo Nishimiya flotaba sobre su escoba, observando la escena con atención.—Objetivo visualizado —murmuró, preparando su megáfono encantado—.
¡Mai, tienes dos aproximándose desde el suroeste!
Pero no alcanzó a terminar la advertencia.
Desde el suelo, varios clavos con energía maldita salieron disparados, apenas visibles hasta que fue demasiado tarde.
—¿Qué demonios—?!
—gritó Momo, girando su escoba para esquivar los proyectiles.
Uno pasó rozándole el muslo, arrancándole un quejido de dolor.
—¡Tsk!
¡Esa maldita chica de las muñecas!
—bufó, al ver abajo a Nobara Kugisaki levantando su martillo con una sonrisa triunfal.
—¡¿Qué pasa, brujita?!
¿No puedes volar sin que te tiren del cielo?!
—gritó Nobara, riendo mientras preparaba más clavos.
Momo se vio forzada a elevarse más, perdiendo momentáneamente la vista de Mai.
Mientras tanto, en tierra, la batalla se intensificaba.
Maki avanzó cubriendo a Tn, desviando cada bala que su hermana disparaba con precisión quirúrgica.
Cada impacto resonaba como un trueno entre los árboles.
—¿Cuántas balas malditas te quedan, Mai?
—gritó Maki entre ataques—.
Vas a necesitar más si quieres rozarme.
—¡No te preocupes por eso, hermana!
—respondió Mai con una sonrisa tensa, recargando su revólver—.
Solo necesito una buena oportunidad para poner fin a esto.
Tn no perdió tiempo.
Su brazo derecho comenzó a brillar con una luz azulada, cubriéndose de energía maldita concentrada.
La presión a su alrededor aumentó, moviendo el aire como una onda invisible.—Es mi turno —dijo, su voz baja pero cargada de poder la energia llenando cada vena del brazo.
Flexionó las piernas y saltó, impulsándose con fuerza hacia el cielo antes de girar sobre sí mismo y extender su brazo al frente.
La energía se comprimió en un punto antes de liberarse en una explosión cinética que cortó el aire con un rugido ensordecedor.
El ataque atravesó árboles, rocas y el escondite donde Mai se encontraba parapetada.
La tierra tembló cuando la técnica impactó, levantando una cortina de polvo y escombros.
Mai apenas alcanzó a reaccionar, saltando hacia atrás en el último instante mientras su cobertura era pulverizada.
Rodó por el suelo, jadeando, con una mirada de puro desconcierto.
—¿Qué demonios fue eso…?
—susurró, apretando el arma.
Tn aterrizó a unos metros, agachado, su brazo humeando por el exceso de energía liberada.—Uffff esto cansa—dijo con calma, alzando la vista hacia ella—.
La próxima vez, no fallaré.
Maki avanzó lentamente, su sombra proyectándose sobre la figura de su hermana.
—Ríndete, Mai.
No quiero tener que romperte algo —le advirtió.
Mai apretó los dientes, su respiración pesada.—Siempre tan arrogante… igual que padre —.
escupió, levantando el arma con manos temblorosas.Tn dio un paso al lado de Maki, preparando otra descarga.
—Creo que se acabó la charla de familia —dijo, con una sonrisa leve—.
¿Lista para terminar esto?
Maki asintió, su mirada fija en su gemela.—Más que lista.
Mai abrió los ojos de golpe, con furia y desesperación reflejadas en ellos.
Apretó el gatillo una y otra vez, disparando cada bala que tenía.
Las detonaciones resonaron en todo el bosque, los casquillos cayendo al suelo con un tintineo seco.
Pero Maki se movía como una sombra, desviando cada proyectil con su lanza en movimientos veloces y precisos.
Las chispas iluminaban brevemente su rostro decidido, hasta que con un gruñido lanzó su arma hacia adelante con toda su fuerza.
*corte*.
El impacto fue brutal.
La lanza se clavó en el muslo derecho de Mai, inmovilizándola contra el suelo.—¡Agh!
¡Maldita sea!
—gritó Mai, apretando los dientes mientras intentaba zafarse.
Maki avanzó sin detenerse, su mirada encendida con una mezcla de ira y determinación.—Deja de resistirte, Mai.
Ya perdiste —dijo con tono frío, levantando el puño lista para noquearla.
Mai sonrió con ironía a pesar del dolor, levantando el revólver una última vez.
—No tan rápido,perra… —susurró, presionando el gatillo.
La bala, cargada con su energía maldita restante, voló directo hacia el rostro de Maki.
Pero el tiempo pareció detenerse cuando Maki alzó una mano y la atrapó con dos dedos, el aire vibrando por el impacto.
—¿Eso era todo?
—gruñó, sujeta la bala humeante antes de dejarla caer al suelo.
Sin dudarlo, dio un paso al frente y, con un movimiento seco, golpeó el cuello de Mai con el dorso de la mano.
La menor perdió la conciencia al instante, su cuerpo desplomándose en el suelo húmedo.
Tn se acercó, observando la escena con un suspiro.—Eso fue… más violento de lo que esperaba.
—Es mi hermana —respondió Maki, sacando la lanza de su muslo con un tirón y limpiándola del barro y sangre—.
Tenía que hacerlo yo.
El sonido de ramas rompiéndose interrumpió el momento.
Desde entre los árboles, Nobara apareció arrastrando a Momo Nishimiya por el cuello de la camisa.
La pequeña hechicera rubia estaba llena de moretones, con el rostro hinchado y la ropa sucia.—Mira lo que encontré, —dijo Nobara con orgullo, levantando a su presa—.
No se cayó sin pelear, eso sí.
Tn la observó con una mezcla de sorpresa y leve miedo por la sonrisa casi loca que Kugisaki tenia.
—¿Qué le hiciste?
—Nada que un poco de sentido común y unos cuantos martillazos no arreglen —replicó Nobara con una sonrisa desafiante.
Maki la miró con aprobación.
—Buen trabajo.
Recuperemos energías, debemos reunirnos con los demás antes de que esto empeore.
—Sí, porque si me encuentro con el grandulón ese de Kyoto, prefiero tenerlos de respaldo —dijo Nobara, sacudiéndose el polvo.
Tn asintió y ayudó a Maki a levantar el cuerpo inconsciente de Mai.
—Será mejor movernos rápido.
Tn soltó una leve risa, observando cómo Momo intentaba levantarse.
—¿Qué haremos con ellas?
—Las dejaremos aquí.
No están en condiciones de seguir —dijo Maki, guardando su lanza—.
Debemos reunirnos con los demás antes de que esto se complique.
—Entendido —respondió Tn, mirando hacia el norte, donde podía sentir los rastros de energía de Yuji y Megumi.
.
.
.
Mientras el equipo de Tokio se reorganizaba, en la sala de observación los profesores miraban el desarrollo del evento a través de los monitores de energía maldita proporcionado por los cuervos de MeiMei.
El ambiente era tenso.
Yoshinobu Gakuganji, el anciano director de Kyoto, observaba las pantallas con el ceño fruncido.
La orden había sido clara: eliminar al recipiente de Sukuna.
Pero Itadori Yuji seguía vivo, corriendo y peleando junto a sus compañeros.
—Increíble…
ese chico debería estar muerto —murmuró, golpeando el bastón contra el suelo.Utahime Iori cruzó los brazos, su mirada severa fija en él.
—No puedo creer que en serio sigas esas órdenes, DIrector Gakuganji.
¡Estamos hablando de un estudiante, no de un monstruo!
El viejo bufó con irritación.—¿Y qué crees que es?
Ese muchacho alberga al Rey de las Maldiciones.
Si Sukuna despierta por completo, será el fin de todos nosotros.
—Y aún así… —Utahime apretó los puños— …no tienes derecho a usar a tus alumnos como asesinos.
El director desvió la mirada.—Las órdenes vienen de los altos mandos.
Ellos no tolerarán que ese chico viva.
Un leve silencio se impuso entre ambos hasta que Gojo Satoru, apoyado contra la pared con sus manos en los bolsillos, soltó una carcajada.
—¿De verdad pensaron que podrían matarlo tan fácil?
—dijo, con una sonrisa confiada—.
Mientras yo esté aquí, ninguno de ustedes tocará a Itadori.
Gakuganji lo miró con desdén.—Tarde o temprano, ni siquiera tú podrás protegerlo, Satoru.
Gojo giró el rostro apenas, su sonrisa ensanchándose.—¿Eso crees?
—susurró, su tono ligero pero lleno de amenaza—.
Entonces será divertido verlos intentarlo.
El silencio que siguió fue tan pesado como la tensión acumulada en el aire.
Afuera, en el bosque, los estudiantes seguían luchando, sin saber que detrás de su enfrentamiento había un juego mucho más oscuro y peligroso moviéndose entre las sombras.
Satoru Gojo observaba las pantallas con su sonrisa característica, una mezcla entre diversión y cálculo.
Aunque a primera vista parecía despreocupado, nadie que lo conociera de verdad podía llamarlo un idiota.
Sabía perfectamente cómo funcionaban los altos mandos, conocía cada una de sus intrigas, sus miedos y la hipocresía que gobernaba la jerarquía de la hechicería.
Si no fuera por la preocupación que tenía por sus estudiantes, hace mucho los habría eliminado a todos en una sola noche.
Pero Gojo no era un simple destructor.
Había entendido que borrar el sistema no lo cambiaría; solo engendraría otro igual de corrupto.
Por eso se convirtió en profesor, no por obediencia, sino para construir desde adentro una generación que no repitiera los errores del pasado.
Una generación de hechiceros fuertes, pero también inteligentes, con la voluntad y la conciencia necesarias para crear un mundo distinto.
—Un plan lento, pero firme… —murmuró para sí, con una sonrisa suave—.
No puedo cambiarlo todo solo, pero puedo enseñarles cómo hacerlo.
Cruzó los brazos, observando las pantallas que mostraban los distintos combates.
Su mirada se detuvo en un grupo en particular: Maki, Tn y Nobara, avanzando por el bosque con coordinación impecable.
—Vaya… —dijo con tono juguetón—.
Maki está enojada, puedo verlo desde aquí.
Pobre Tn, seguro terminará con más golpes que maldiciones exorcizadas.
Utahime, que aún permanecía cerca, lo miró con el ceño fruncido.
—¿En serio te estás riendo mientras los mandan a pelear contra otro grupo de estudiantes?
Gojo giró la cabeza con una sonrisa ladeada.—Vamos, Utahime, es parte del entrenamiento.
Además, si no los dejo experimentar la presión, ¿cómo aprenderán a manejarla cuando realmente estén frente a una maldición?
Ella suspiró, llevándose una mano a la frente.—Eres imposible, Satoru.
Gojo desvió la mirada hacia otra pantalla donde Yuji Itadori luchaba contra Aoi Todo.
Ambos se movían con velocidad brutal, pero lo curioso era que, entre los golpes, reían y hablaban.
—¿Qué… demonios están haciendo?
—Utahime preguntó, incrédula.
Gojo soltó una carcajada.—Hablando de chicas, por lo que parece.
Mira esa sonrisa de Yuji.
Todo lo está evaluando… a su manera.
En el monitor, Aoi lanzó un golpe demoledor que Yuji apenas logró esquivar.
—¡Vamos, hermano!
—gritó Todo, con una sonrisa enorme—.
¡Dime!
¿Qué tipo de mujer te gusta?Yuji, jadeando, bloqueó otro ataque antes de responder con total sinceridad—¡Las chicas altas con un gran trasero!
El silencio que siguió en la sala fue abrupto.
Utahime lo miró con incredulidad, mientras Gojo soltaba una carcajada tan fuerte que casi se caía de la silla.—¡Sí!
¡Así se habla, Itadori!
—dijo entre risas—.
Definitivamente es un chico con buen gusto.
—¡Eres un idiota, Gojo!
—replicó Utahime, completamente roja de vergüenza.
—Ah, vamos, Utahime.
No me digas que no tiene razón —le guiñó un ojo con descaro—.
Además, mira esa energía, esa pasión… Es lo que lo mantiene en pie.
Utahime solo bufó, rindiéndose ante su cinismo.
Pero mientras Gojo reía, su mente seguía trabajando en silencio.
Miró los rostros de sus alumnos en las pantallas: Megumi, disciplinado y frío; Nobara, temeraria pero brillante; Maki, desafiante incluso ante su propio destino; Yuji, el chico que cargaba al mismo demonio que todos temían; y hasta Tn, un joven que, aunque no destacaba tanto, mostraba un corazón inquebrantable.
—Poco a poco… —susurró Gojo, con una sonrisa más serena esta vez—.
Si ellos crecen, si se vuelven más fuertes que nosotros… entonces quizá el mundo maldito que tanto odio empiece a cambiar.
Utahime lo miró de reojo, sorprendida por su tono.—¿Lo dices en serio?
Gojo asintió sin apartar la vista de las pantallas.—Sí.
Esta generación… podría ser la que termine lo que nosotros nunca pudimos empezar.
El reflejo de su sonrisa se perdió entre las luces de las pantallas, mientras los jóvenes seguían combatiendo.
Por un instante, el hombre más fuerte del mundo no se vio como un monstruo o un prodigio, sino como un maestro que realmente creía en sus alumnos.
.
.
.
Las hojas del bosque se estremecieron violentamente cuando la cortina descendió como una gigantesca ola oscura.
El aire se volvió denso, cargado de una energía tan pesada que casi podía sentirse en los huesos.
Maki se detuvo en seco, con su lanza lista, frunciendo el ceño.
—Esto no es parte del evento… —murmuró, apretando con fuerza el mango del arma.
Nobara, aún jadeante tras su enfrentamiento con Momo, miró hacia arriba con una expresión de molestia.
—¿Qué demonios pasa ahora?
¿Otra trampa de los de Kioto?
Tn, que avanzaba junto a ellas, sintió el escalofrío recorrerle el cuerpo antes incluso de verlo.
La presión espiritual que caía desde el cielo era abrumadora, casi como si el propio aire intentara aplastarlos.
—No… —susurró, con los ojos entrecerrados—.
Esto no viene de los estudiantes.
Esto es algo… más pesado.
Maki giró hacia él.
—¿Pesado?
¿Qué quieres decir con eso?.
Su percepcion de energia maldita era menor al promedio.
Antes de que pudiera responder, una vibración recorrió el suelo.
En la distancia, un estruendo sacudió los árboles.
Ramas gruesas y retorcidas comenzaron a brotar del suelo como lanzas vivas, arrancando la tierra y derribando troncos.
El olor a savia y podredumbre llenó el aire.
Mientras tanto, en otro punto del campo, Inumaki había dejado a Miwa inconsciente recostada contra un árbol.
Ajustó su bufanda y miró hacia el horizonte.
—“Mayonesa”… —susurró en su lenguaje sellado, pero sabía que nadie lo oiría a esa distancia.
Corrió hacia el origen del disturbio.
A pocos metros, Megumi y Kamo Noritoshi se enfrentaban, respirando con dificultad.
Ambos giraron la vista al sentir la perturbación.
El usuario de sangre fue el primero en hablar—Eso… no parece hechiceria humana.Al menos no a ese nivel.
Megumi se incorporó lentamente, sudando.
—No lo es.
Esa energía… no puede venir de un exorcista.
Una explosión sacudió el suelo.
Las raíces negras atravesaron el edificio cercano, levantando polvo y piedra.
De entre los escombros emergió una figura alta, de piel rugosa como la corteza de un árbol.
Su cabeza era una amalgama de flores podridas y ojos cerrados con dos tallos saliendo de ellos, y sus brazos se extendían como ramas negras.
—Qué desagradable… —susurró Kamo, retrocediendo un paso.
Megumi extendió su mano hacia el suelo, activando su técnica de sombras.
—Divine Dogs… salgan.
—Las bestias emergieron rugiendo desde la oscuridad, listas para atacar.
La maldición habló con una voz grave, resonante, como si los árboles mismos la acompañaran—¿Por qué protegen a los humanos?
Ellos corrompen la tierra, destruyen el equilibrio… deben marchitarse.
Megumi entrecerró los ojos.
—Genial.
Encima habla.Espera.
Eso no hablo.
Kamo preparó una lanza hecha de su propia sangre, girándola en el aire.
—Entonces no hay nada más que hablar.La escuchamos perfectamente en nuestra cabeza.
Hanami sonrió, una sonrisa que se abría como una grieta en la madera.
—Intenten, entonces, hacer florecer la muerte.
El suelo explotó en una maraña de raíces.
Megumi se lanzó hacia un costado, sus perros corriendo a morder los brazos de la maldición.
Kamo saltó hacia atrás, lanzando proyectiles de sangre endurecida.
A la distancia, Maki, Nobara y Tn llegaron a la escena, observando el caos.
—Eso es… —dijo Nobara con el ceño fruncido.
—Una maldición de grado especial.
—Maki apretó los dientes—.
Justo lo que faltaba.
Tn desenvainó su arma, su expresión volviéndose seria.
—Entonces no tenemos opción… si dejamos que esa cosa siga viva, nadie saldrá de aquí.
Nobara sonrió con su usual confianza.
—Perfecto.
Estaba empezando a aburrirme.
El aire tembló mientras las raíces de Hanami se extendían por todo el campo.
Entre gritos, polvo y energía maldita desbordante, los estudiantes de ambas escuelas se preparaban para un enemigo común… sin saber que aquel encuentro sería solo el preludio del verdadero horror que se avecinaba.
El aire se volvió una tormenta de energía cuando la cortina se materializó sobre el bosque.
El cielo se tiñó de un tono opaco, casi como si el día hubiera sido devorado por la noche.
Desde la base de observación, los profesores se miraron entre sí con alarma.
—¡Esa no es una barrera normal.Una maldicion no puede usar barreras de cortina!
—gritó Utahime mientras la presión espiritual aumentaba.
Gojo ya había desaparecido.
En un abrir y cerrar de ojos, el hechicero más fuerte del mundo había recorrido cientos de metros, dejando solo una estela de polvo y hojas flotando.
Su figura se detuvo justo frente a la barrera, con su característico aire despreocupado, aunque sus ojos —ocultos tras la venda— brillaban con atención.
Intentó entrar.
Una fuerza invisible lo lanzó varios metros hacia atrás.
Cayó de pie, pero el eco del impacto resonó con un boom ensordecedor.
—Oh… —Gojo parpadeó y luego sonrió de lado—.
Así que está hecha solo para mí.Se tomaron todas las molestias.
Utahime, jadeando, llegó detrás de él, seguida de Yaga y el anciano Gakuganji.
Ella extendió la mano, nerviosa.
—¡Gojo, espera!
Si entras sin pensar podrías—.
Antes de que terminara la frase, Utahime atravesó la barrera sin resistencia.
Gojo la vio desaparecer del otro lado.
Guardó silencio unos segundos… y estalló en risa.
—¡JAJAJA!
¡No puedo creerlo!
¡Esto es personal!
¡Una barrera diseñada solo para mantenerme afuera!
—Se sujetó el estómago de tanto reír—.
¡Qué detalle tan lindo!
Alguien ha invertido demasiado tiempo pensando en mí.
Gakuganji frunció el ceño.—Esto no es un juego, Satoru.
Gojo sonrió y se giró hacia él.—Por eso mismo, director anciano, les dejaré el resto.
Yo buscaré la entrada.
No puedo arriesgarme a forzarla sin saber cómo reaccionará.
No quiero que explote y mate a todos dentro.
Las técnicas de barrera, varían en complejidad desde simples cortinas que ocultan a los hechiceros de los no hechiceros, hasta las avanzadas expansiones de dominio, la manifestación más poderosa de una barrera.
Las barreras reconocen únicamente a los seres con energía maldita, ignorando objetos y edificios inanimados.
El problema era que desconocia que implantaron en esta y que mecanismo pusieron dentro.
Yaga cruzó los brazos.
—Entonces será mejor que te apures.
Nuestros estudiantes siguen ahí.
Gojo levantó el pulgar.
—Tranquilo, sensei.
No pienso perder a ninguno de ellos.
.
.
Dentro del bosque, la situación era caótica.Kamo fue lanzado brutalmente a través de varias paredes, dejando marcas de sangre en su trayecto.
El polvo se levantó y su cuerpo cayó entre los escombros.
—Tch… —gruñó, escupiendo sangre—.
Maldición….
Hanami avanzó lentamente, cada paso acompañado del crujido de las raíces moviéndose bajo la tierra.
Su voz sonaba como un bosque entero susurrando.—La sangre contamina la tierra… los humanos son una plaga.
Megumi, jadeante, emergió de su sombra empuñando varias armas: cuchillas, lanzas, incluso un kusarigama.
Cada una, reforzada con energía maldita, se rompía al primer contacto con los brazos del enemigo.
—No puede ser… —pensó—.
Su defensa es demasiado alta…Tal ves tenga que us-!
Una raiz lo golpeo enviandolo contra una pared.
Nobara lanzó una serie de clavos en un rápido movimiento, recitando su encantamiento.
Pero antes de que los proyectiles impactaran, raíces brotaron del suelo y envolvieron el cuerpo de Hanami, como un escudo viviente.
Los clavos rebotaron sin causar daño alguno.
—¿Tampoco eso?
—exclamó Nobara con frustración.
Tn apareció junto a ella, moviéndose a gran velocidad.
Golpeó con fuerza, pero Hanami levantó su brazo y bloqueó el ataque sin esfuerzo.El impacto hizo temblar el suelo.
—Tch carajo… —murmuró Tn, retrocediendo con dificultad—.
Maldicion si apenas podria con una de grado 1.
Maki apareció por un costado, saltando entre raíces.—¡Tn, abajo!
—gritó mientras lanzaba su lanza con precisión.
El arma surcó el aire… pero Hanami la tomó sin esfuerzo.
La giró con un movimiento fluido y, antes de que Tn pudiera reaccionar, lo golpeó con su propio filo, enviándolo a volar varios metros.
El impacto levantó polvo y tierra.
Tn rodó por el suelo, dejando un surco profundo antes de detenerse.
—¡Tn!
—gritó Nobara, corriendo hacia él.
Maki frunció los dientes, recuperando su posición.—Maldición… —susurró, con los músculos tensos—.
Maldito perro Grrrrr te hare pedazos y quemare lo que quede.
Hanami observó la escena en silencio, su tono sereno pero frío.
—¿Por qué luchan?
Quiero matarlos.
Solo quiero que la humanidad deje de destruir la vida.
Megumi se reincorporó, su sombra vibrando detrás de él.—Entonces tendrás que destruirnos primero.
Hanami inclinó la cabeza, y por un instante, un pétalo rojo cayó desde su cuerpo.—Si eso es lo que desean… que florezca su final.
El suelo tembló.
Raíces enormes brotaron en todas direcciones, y los jóvenes hechiceros se separaron instintivamente para esquivarlas.
Fuera de la barrera, Gojo observaba con las manos en los bolsillos, su sonrisa relajada… pero sus ojos, ocultos tras el vendaje, destellaban con intensidad asesina.
—Tengan cuidado, chicos… —murmuró, casi en un suspiro—.
Papá viene en camino.
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(Ufffffff nada como la buena trama de jjk y ok diran oye y el yandere y pues como dije metere esta cosa hasta el incidente shibuya y obviamente hice cambios porque me aburri un poco como siempre en cada fic de jjk es la misma wea cuanod se trata del festival de lucha.
pasa excatamente lo mismo,pero jejejejej le metere cosas que no esperan o bueno tal vez si esperan……no soy un genio en esto de escribir).
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com