Waifu yandere(Collection) - Capítulo 19
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19: Leonardo da vinci part 2 (fgo) 19: Leonardo da vinci part 2 (fgo) Las puertas del taller de Da Vinci se cerraron con un leve chasquido metálico.
Los engranajes crujieron al encenderse, tubos de vapor silbaron, y las luces colgantes parpadearon brevemente antes de estabilizarse.
Ahí, rodeada de bocetos antiguos, artefactos arcanos y planos de invenciones jamás completadas, Leonardo se sumergió en su tormenta mental.
—Tiene que haber una forma… —murmuró para sí misma, apartando torpemente una pila de papeles—.
Un radar espiritual que rastree patrones de pinceladas, de pigmentos…
algo que lo identifique.
Su mano tembló levemente al abrir una caja forrada de terciopelo azul.
Dentro, envuelto con sumo cuidado, se encontraba el cuadro.
El único regalo que Tn le dejó.
Una pintura que desafiaba las leyes de la forma y el color:Estrellas cayendo sobre un mar de tinta, constelaciones que se movían cuando uno no miraba directamente, y en el centro…
un punto blanco, solitario.
El Vacío.
Da Vinci lo sostuvo como quien carga un corazón aún latiendo.
—Fuiste cruel al dejar esto atrás… Pero no más cruel que yo, por no comprenderte.
Se sentó frente a la mesa de invocación, colocó el cuadro en el centro, y encendió los sellos de proyección astral.
A su lado, varias piezas mecánicas comenzaron a ensamblarse solas: una esfera con brazos articulados, una antena que giraba con sonidos metálicos, y una aguja de cristal que reaccionaba al maná.
El Radar.
No rastrearía cuerpos.Rastrearía santos graficos.
Huellas del alma.
Mientras calibraba los circuitos, su mente vagaba entre memorias.
—“Pinta lo que no puede decirse, Vinci.” —“¿Y tú?” —“Yo solo pinto para no desaparecer.” Una lágrima cayó sobre el marco del cuadro, pero Da Vinci la limpió con rabia.
—¡No!
¡No ahora!
¡No mientras aún pueda hallarte!
Cruzó conexiones, activó núcleos mágicos, y el radar emitió su primer pulso.
Una onda vibró a través de los planos espirituales.
Silencio.
Esperó.
El cuadro comenzó a brillar suavemente.
La pintura se agitó como si respirara.
—¡Funciona!
La aguja de cristal giró.
Primero de forma errática, luego lenta… firme…Señalando una dirección.
Una coordenada dentro del Trono.
Un desierto envuelto en niebla azulada.
Una torre invisible a los ojos de los dioses.
Da Vinci sonrió con una mezcla de orgullo y dolor.
—Te tengo… Pero entonces, una grieta se formó en el suelo del taller.No era física.
Era espiritual.Como si algo desde el otro lado hubiese sentido el radar, y respondiera.
Una voz suave, apenas un susurro, habló desde el lienzo: —“No me busques.” —“No me hagas volver.” Da Vinci tembló.
El cuadro…
había cambiado.
La estrella blanca del centro se había apagado ligeramente.
—¿Qué…?
Y en ese instante entendió.
Tn no estaba escondido por monotonia.
Estaba huyendo.
No de Chaldea.
No del mundo.
De sí mismo.
Da Vinci se quedó en silencio.
Apretó el cuadro contra su pecho, cerró los ojos, y susurró como si pudiera alcanzarlo a través del eco de los planos.
—Ya no me importa si no quieres regresar.
Te encontraré igual.
La Cámara de Invocación estaba en penumbra, iluminada solo por los tenues reflejos místicos que emanaban de los círculos grabados en el suelo.
Las líneas mágicas vibraban con una tensión latente mientras Da Vinci colocaba el cuadro de Tn con sumo cuidado al centro del círculo, rodeado de artefactos alquímicos, cristales de resonancia y fragmentos de constelaciones codificadas en papel antiguo.
Romani, resignado pero nervioso, se mantuvo cerca de la salida, cruzado de brazos y con la frente perlada de sudor.
Había visto a Da Vinci jugar con magia antes… pero nunca así.
Ritsuka, aún confundido por la actitud de la genio, intentó intervenir una vez más, apenas alzando la voz.—¿No deberíamos consultar esto con el sistema?
¿Y si es un error?
¿Y si Tn no es compatible como Servant?
Da Vinci no respondió con palabras.
Se volvió lentamente hacia él.
Su expresión era sombría, los ojos entrecerrados y una sonrisa tan ausente como cruel.
La mirada no era la de la Da Vinci que todos conocían: era la de un genio cruzando la línea de la obsesión.
—Tn…
—murmuró, como si el nombre tuviera un eco sagrado— no es un simple Servant.
Él fue mi estrella guía.
Mi colega.
Mi razón.
Se acercó a Ritsuka y, en voz baja, apenas un susurro cargado de rabia contenida, dijo—Sería mejor que te vayas antes de que esta invocación te haga pedazos por accidente.
No todos los fantasmas son amables.
Ritsuka retrocedió, tragando saliva, sintiendo cómo la temperatura del aire descendía con rapidez.
Romani lanzó una mirada preocupada, pero sabía que detener a Da Vinci sería inútil.
No ahora.
—Que el Trono escuche mis plegarias…
—Da Vinci se arrodilló, colocando una mano sobre el círculo mágico—.
Que este cuadro, testigo de las estrellas, sea mi ancla.
Que la memoria olvidada regrese.
Que el eco del genio perdido responda a mi llamado.
La habitación vibró.
El aire chisporroteó con maná comprimido.
Los cristales parpadearon con un color blanco antinatural, y el cuadro comenzó a brillar con una luz tenue.
—Ven, Tn…
—dijo Da Vinci con una mezcla de ruego y mandato—.
Si tu alma aún observa las estrellas, respóndeme.
Y entonces…
el círculo se encendió con una intensidad jamás vista.
Pero no hubo rayo.No hubo forma.
Solo una figura borrosa, una sombra alta y delgada que parecía flotar entre galaxias.
Una voz suave y profunda, con la serenidad de un astrónomo y el cansancio de un mártir, surgió del aire.
—¿Leo… eres tu?
Da Vinci palideció.
Sus labios temblaron.
—Tn… ¿estas…..aqui?
La figura no respondió de inmediato, solo extendió una mano hacia el cuadro…
y en ese instante, la invocación tembló violentamente.
Alarmas comenzaron a sonar en Chaldea.
El sistema no reconocía la entidad.
Algo estaba interfiriendo.
Algo no debía haber sido tocado.
Romani gritó.
—¡Esa presencia… no es estable!
¡¡Leonardo, estás rompiendo el límite de invocación!!
Pero Da Vinci ya no escuchaba.
Su mirada solo estaba fija en él.
En su amigo.
En su estrella perdida.
Y el Trono, por primera vez en mucho tiempo, titubeó.
(Momentos antes de la invocacion) Tn se encontraba en la Torre del Trono de los Héroes, un lugar que ya no consideraba su hogar, sino una prisión interminable de recuerdos y ecos distorsionados.
En las paredes de la torre, las constelaciones y las figuras astronómicas que había pintado durante su tiempo allí seguían hablando de un pasado perdido.
Pero en ese momento, su mirada estaba fija en una pintura distinta, una obra en la que había trabajado durante días, la imagen de Da Vinci.
El retrato de su amiga, la que siempre había considerado más que una compañera de investigaciones, la que había tocado su alma a través de la ciencia y las estrellas.
El “Rosario de Da Vinci”, lo llamaba él en su mente, un conjunto de estrellas y códigos mezclados en un cuadro que representaba tanto el genio como la soledad de su existencia.
Mientras sumergía el pincel en los colores del universo, la sensación de desconexión del mundo real se apoderó de él.
El tiempo pasaba de manera indiferente en ese lugar extraño, y sus pensamientos se desvanecían lentamente en el rincón de su mente.
De repente, un tirón fuerte, como si algo o alguien lo estuviera llamando desde más allá de la Torre, rompió su concentración.
El eco de una voz familiar lo atravesó como un susurro entre la niebla, pero aún así, la reconoció al instante.
“Tn… ¿$%^^DF^&H?” Era la voz de Da Vinci.
Un estremecimiento recorrió su columna vertebral.
¿Cómo era posible que esa voz atravesara las distorsiones del Trono?
¿Cómo había llegado hasta él, después de tanto tiempo?
Su corazón, aunque ya endurecido por la soledad, se aceleró.
No… no puedo.
No debo… pensó para sí mismo.
La invocación era un camino peligroso, una rendición de la que no había vuelta atrás.
Sabía que los Espíritus heroicos eran llamados por el deseo de los humanos, pero nunca había imaginado que él mismo, un hombre de ciencia, un erudito, sería arrastrado a este juego.
Pero mientras cerraba los ojos y se preparaba para rechazar la llamada, la palabra de Da Vinci resonó nuevamente en su mente, clara como la primera estrella de la noche.
“Tn… ven a mí.” Fue en ese momento cuando su resistencia comenzó a desmoronarse.
La sola idea de no responderle, de no reunirse con la persona que había sido su compañera, su amiga, lo hizo sentirse más vacío de lo que había estado en años.
No podía ignorarla, no podía dejar que la distancia siguiera separándolos.
Con un suspiro, aceptó la llamada.
El aire alrededor de él cambió, volviéndose denso y pesado, como si el espacio mismo lo absorbiera.
Las estrellas y los sueños que había pintado en la Torre comenzaron a desvanecerse, y el suelo bajo sus pies se disolvió en un torbellino de luz.
Su cuerpo fue arrastrado por la fuerza de la invocación, desintegrándose en el éter para reformarse nuevamente.
Cuando Tn se materializó en la Cámara de Invocación, todo a su alrededor se sintió…
extraño.
Inmediatamente, algo se le clavó en el pecho.
La sensación de que algo importante se había alterado, algo que no debía haber sido tocado.
Pero al mirar al frente, la familiar figura de Da Vinci se alzó ante él, aún envuelta en misterio y arte.
El color y la vida de su ser se reflejaban con la intensidad que recordaba, pero algo en su mirada era diferente, más sombrío, como si llevara un peso mucho mayor que antes.
“Leo…” La voz de Tn fue suave pero con duda.
¿Era realmente ella?
¿Era la misma mujer que conoció en su vida anterior, antes de que todo cambiara?
La preguntó en un susurro, casi sin creerlo.
Estaba tan confundido que ni siquiera sintió el impacto de la invocación como lo haría un Servant común.
De repente, el sistema de Chaldea reaccionó.
Las alarmas comenzaron a sonar, un tono grave de alerta llenó la habitación, y los monitores comenzaron a parpadear.
Algo no estaba bien.
La invocación de Tn había afectado los sistemas de Chaldea de manera imprevista.
Romani apareció en la puerta, con cara de preocupación, mientras observaba la figura de Tn en medio de la habitación.
—¡Esto no puede ser!
—exclamó—.
La invocación no debería haber afectado el sistema de esta manera.
Algo está…
está mal.
Pero Da Vinci, su rostro ahora sombrío y decidido, se acercó lentamente hacia Tn, extendiendo su mano.
—Tn…
—murmuró, casi como si susurrara un nombre sagrado—.
Has vuelto.
Ahora, no habrá nada que nos separe.
La conexión entre ellos, aunque rota por el tiempo y las distancias, permanecía intacta.
Sin embargo, las sombras del Trono, que se habían agazapado en el pasado de Tn, pronto comenzarían a salir a la luz.
Tn apenas había terminado de presentarse con voz neutra y cansada.
—Tn.
Clase Caster.
Respondí al llamado de mi colega… —cuando la mano de Da Vinci se aferró a su muñeca con firmeza, sus dedos cálidos y decididos, como si temiera que él pudiera desvanecerse si no lo sostenía con fuerza suficiente.
—¡Vamos!
—dijo Da Vinci, con una sonrisa radiante que no dejaba espacio a réplica—.
Nada de análisis.
Eso puede esperar.
Ahora eres mío.
Digo, mío científicamente hablando, claro.
Y sin decir más, lo arrastró fuera de la cámara de invocación, ignorando por completo las protestas de Romani, las preguntas de Ritsuka, y el pitido residual de las alarmas que poco a poco comenzaban a apagarse.
Tn simplemente se dejó llevar, con la misma resignación tranquila que había sentido tantas veces antes.
Era un déjà vu…
de cuando ella lo arrastraba por las calles húmedas y llenas de niebla de Venecia, con sus túnicas manchadas de pintura, sus risas como música, y sus ideas imposibles convertidas en realidad.
—Aún no has cambiado —murmuró Tn, sin molestarse en resistirse—.
¿Sigues arrastrando a la gente como si fueran tus maniquís de prueba?
—¡Claro que sí!
Y tú sigues siendo igual de difícil de encontrar.
¿Sabes cuánto tiempo estuve buscándote?
¿Y lo mucho que me costó conseguir ese cuadro?
—contestó Da Vinci sin girarse, avanzando con determinación por los pasillos de Chaldea, con un paso ágil y emocionado.
Algunos Servants se detenían en sus actividades para verlos pasar.
Xuanzang abrió un ojo desde una meditación y susurró algo sobre “un aura antigua… y algo más”.
Nursery Rhyme miró desde una esquina y sonrió tímidamente al ver a Da Vinci tan emocionada.
Hasta Karna, siempre sereno, alzó una ceja, intrigado por la expresión exaltada de la científica.
—¿Quién es ese?
—preguntó alguien.
—No tengo idea, pero Da Vinci parece feliz —respondió otro.
Tn se dejó arrastrar, sus pensamientos girando lentamente mientras recorrían los pasillos.
El mundo era más frío que como lo recordaba, pero Da Vinci… ella estaba igual.
La sonrisa, los ojos chispeantes, la forma en que sus ideas ya estaban diez pasos por delante de lo que decía.
Eso lo tranquilizaba.
Como si, a pesar del tiempo, al menos una estrella en su firmamento se hubiera mantenido en su lugar.
Cuando llegaron al taller, Da Vinci pateó la puerta con el talón y la abrió de par en par.
Dentro, papeles, planos, cristales, mecanismos, piezas de armaduras y pinturas estaban esparcidos por doquier.
Era un caos… pero uno meticulosamente organizado a su manera.
—Bienvenido al santuario del genio —dijo con los brazos extendidos—.
Tu hogar está donde yo esté, y ahora estás aquí.
Tn parpadeó lentamente y dijo con voz baja: —Todavía recuerdas eso.
—¿Cómo olvidarlo?
Me lo dijiste mientras me enseñabas las constelaciones en aquella noche absurda en Florencia.
“El hogar es donde me permites ver las estrellas.” —respondió Da Vinci, mientras preparaba rápidamente una taza de café y otra de té, porque no recordaba si él aún bebía lo mismo.
Tn miró alrededor, observando los planos colgados, las fórmulas, las pinturas a medio terminar.
Caminó hasta una mesa donde estaba el radar, aún parpadeando, y su cuadro, el Rosario, apoyado en una repisa.
Lo tomó entre sus manos con cuidado, como si se tratara de un fragmento de sí mismo.
—Has cuidado bien de él.
—Lo restauré tres veces.
Romani casi lo quemó una vez.
Ritsuka lo colgó al revés.
Pero yo siempre lo protegí.
Porque era tuyo —dijo Da Vinci, sentándose frente a él, ya con una libreta y pluma en mano.
—¿Y ahora qué harás?
—preguntó Tn, dejando el cuadro en su lugar—.
Me has traído… ¿para qué?
Da Vinci apoyó el mentón en su mano y sonrió como una niña que ha conseguido el último componente de su invención soñada.
—Para todo, Tn.
Para investigar los ecos del Trono, para entender por qué el sistema casi colapsa… para hablar, para recordar… para pintar estrellas juntos otra vez.
Y bajando la voz, añadió.
—Y tal vez… para que esta vez, no desaparezcas sin decir adiós.
Tn no dijo nada.
Solo se sentó frente a ella, en ese santuario de genialidad y locura.
Había sido arrastrado mil veces por Da Vinci… pero nunca había sentido que cada paso valiera tanto la pena como ahora.
—Deberíamos hacer un contrato —dijo Da Vinci de pronto, mientras jugaba con un bolígrafo entre sus dedos.
Su voz fue casual, pero en sus ojos brillaba esa mezcla de travesura y cálculo que Tn conocía demasiado bien.
Tn no respondió de inmediato.
Sus ojos se mantenían fijos en su taza de té, que ya estaba casi fría.
Finalmente, alzó la mirada con calma.
—¿Tan pronto?
—¡Por supuesto!
No quiero (que Ritsuka se quede contigo.) Que desaparezcas en el torno.
Eres mío, después de todo —respondió Da Vinci con una sonrisa casual mientras cerraba un ojo y observava a tn.
Sin disimular, estiró la mano y tomó la suya, apretándola con ternura fingida mientras recitaba el breve ritual que sellaría el vínculo.
En su otra mano aparecieron lentamente los tres sellos de comando, rojos y brillantes, como tatuajes recién dibujados sobre su piel.
—Tres sellos… bonitos, ¿verdad?
—murmuró mientras acariciaba la línea curva de uno de ellos con los dedos, como si fueran una joya invaluable.
Tn no dijo nada.
Solo volvió a tomar su taza con la otra mano y bebió, dejando que el calor del líquido contrastara con el frío absoluto de los pasillos de Chaldea.
Su mirada vagó por las paredes del taller… blancas, grises, insípidas.
Inertes.
Sin alma.
—Estas paredes necesitan color —dijo como si hablara consigo mismo—.
Todo aquí parece un monasterio.
Da Vinci lo escuchó y solo sonrió más.
Sabía lo que eso significaba.
Significaba que, en su mente, Tn ya estaba pensando en quedarse.
Mientras tanto, en la sala de observación, Romani examinaba los datos de Tn en la consola.
Las gráficas aún se estabilizaban, pero algo era claro: aquel no era un Servant común.
Sus parámetros no eran sobresalientes en fuerza o agilidad, pero como Caster… sus circuitos mágicos eran extraordinariamente profundos.
Y había algo más.
—No está nada mal —dijo para sí mismo, deslizando los registros—.
Su rango de EX en creación artística y comprensión simbólica es ridículamente alto.
Y… ¿esto?
¿Manipulación de conceptos visuales?
Nunca había visto eso en un Servant.
—¿Quién es exactamente?
—preguntó Ritsuka, acercándose, aún desconcertado por toda la escena.
Romani se quitó las gafas un momento y suspiró, como si tuviera que explicar una tragedia.
—Un pintor y científico del Renacimiento.
No tan conocido como Leonardo, pero igual de brillante en su campo.
Decían que veía el mundo con ojos que nadie más tenía.
Pintaba cosas que aún no existían, teorías que parecían alucinaciones… y por eso, la Iglesia lo llamó hereje.
Ritsuka frunció el ceño.
—¿Lo ejecutaron?
—Sí —respondió Romani, bajando la voz—.
En Florencia.
Fue quemado por “blasfemia visual” y “ciencia corruptora”.
Pero según registros perdidos… antes de morir, lo único que pidió fue que entregaran su cuaderno a una colega.
A Da Vinci.
Ritsuka se quedó en silencio, mirando el monitor donde la imagen de Tn —ahora registrado oficialmente como “Caster: Tn”— aparecía junto a Da Vinci en el taller.
—¿Y qué relación tenían?
Romani se cruzó de brazos.—Difícil decirlo.
Pero si me preguntas… Da Vinci nunca volvió a pintar después de que lo ejecutaran.
Ambos miraron en silencio cómo, dentro del taller, Tn se acercaba a una de las paredes.
Tomó una tiza que encontró cerca y, sin decir palabra, comenzó a trazar líneas suaves.
Era una estrella, luego un río, luego una figura humana envuelta en constelaciones.
Da Vinci, sentada detrás, lo observaba como si su alma hubiera regresado al cuerpo.
Y en silencio, entre trazos y recuerdos, el taller volvió a respirar.
(de verdad les gusta mi estilo de yandere o aun siguen prefiriendo a leyendas como lo fue dandelion y pepepino…….es imposible llegar a esas leyendas T-T pero no puedo dejar que el yanderismo caiga) (y no, no pondre suculencia porque como dije solo quería yanderes pero como mi método será capítulos para darles desarrollo.
Ejemplo Nitocris ya empezó a mostrar mas dependencia de tn, osea que para el capitulo dos tendremos un avance en su emoción y obsesión.
Esto lo hago porque ya es aburrido ver lo mismo waifu loca yandere que secuestra, abusa y tiene hijas con el prota y fin……..Eso ya cansa asi que pense en este metodo darles sentimientos alocados poco a poco.)
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com