Waifu yandere(Collection) - Capítulo 190
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- Capítulo 190 - 190 Cocolia Rand Hsr
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190: Cocolia Rand Hsr 190: Cocolia Rand Hsr Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
Y como sabrá esta cosa no será muuuuuy fiel a su canon ya que hsr es un montón de lore y cosas raras asi que me límite al propio mundo de cocolia con modificaciones.
Necesito un cafe.
__________________________________________________________________ Hacía frío.
Un frío que no pertenecía al mundo de los hombres.Todo moría, todo perecía.
Las calles de Belobog eran un cementerio de cristal; los muros, cubiertos por capas de escarcha, reflejaban una luz blanca y muda.
Las voces se habían extinguido bajo la nieve, y solo el viento susurraba el nombre de los caídos.
Una era de hielo había devorado Jarilo-VI.Tantas vidas se perdieron que los registros se convirtieron en plegarias.
Tantas ciudades colapsaron que los mapas ya no servían.
Y aun así, Belobog se mantenía en pie, como un corazón que se niega a dejar de latir, resguardado por el último hálito de la Preservación.
Cocolia caminaba entre las ruinas con un abrigo blanco que apenas resistía el gélido aire.Sus pasos la guiaron hasta la florería que solía visitar cuando era joven.
Las ventanas estaban rotas, y la escarcha se había adueñado del interior.
Entró sin pensarlo, apartando con la mano los cristales congelados de la puerta.
Dentro, el aroma de la muerte vegetal la recibió.
Las flores marchitas colgaban, convertidas en esqueletos frágiles, atrapadas en hielo.
Cocolia avanzó hasta el mostrador y tocó una maceta: una rosa azul completamente petrificada.
—Aún recuerdas cómo era el color, ¿verdad?
—susurró, con voz quebrada.El pétalo se deshizo entre sus dedos, cayendo en polvo.—“Todo se está perdiendo… hasta lo bello.
Su respiración formaba nubes heladas mientras miraba alrededor.
Ella era la Guardiana Suprema, la protectora del último bastión humano, pero en ese momento solo se sentía como una mujer cansada, culpable, que veía morir lo que amaba.
Fue entonces cuando lo oyó.
Un sonido tenue, un llanto.
Frágil, quebrado.
Un sollozo humano entre el ulular del viento.
Cocolia se volvió con rapidez.
Entre las ruinas de la tienda, envuelto en una manta desgarrada, había un niño.
Su piel estaba pálida, casi azul.
Sus ojos —dos fragmentos grises— temblaban como la llama de una vela a punto de extinguirse.
—¿Qué haces aquí, pequeño?—preguntó, agachándose con cautela.
El niño no respondió, solo apretó la manta contra su cuerpo, buscando un calor que no existía.
Cocolia miró alrededor.
Las calles estaban vacías, silenciosas.
No había padres.
No había nadie.
Solo el viento y el eco del hielo.
—¿Dónde están tus padres?
—insistió, aunque ya sabía la respuesta.
El niño la miró, sin entender del todo.
Su voz apenas fue un hilo—Se fueron… ..no se donde estan.
La Guardiana sintió una punzada en el pecho.
El deber y la compasión se mezclaron en ella, y sin pensarlo más, extendió los brazos.El niño vaciló, pero al ver su sonrisa —una sonrisa triste, pero cálida— se dejó levantar.
Cocolia lo sostuvo con delicadeza, sintiendo su fragilidad, su cuerpo apenas vivo.—Tranquilo, ya está… no dejaré que el hielo te reclame.
El pequeño la miró con un atisbo de curiosidad, como si no supiera si debía confiar.
Ella le apartó un mechón de cabello del rostro, sus dedos helados rozando su piel.—Tendrás un hogar.
Comida, abrigo… y un nombre.
¿Quieres uno?
El niño asintió lentamente.
Cocolia lo besó en la frente, y ese gesto —simple, maternal— pareció detener al invierno por un instante.
—Entonces serás Tn.
—susurró— Mi adorable caballero.
El calor que el mundo me arrebató.
El viento aulló afuera, pero dentro de la florería, una pequeña llama había nacido.
La mujer y el niño salieron juntos, caminando hacia la luz débil del Supramundo, dejando atrás las flores muertas.El hielo no perdonaba a nadie, pero esa noche, Belobog ganó una nueva esperanza… o quizá, el germen de su condena.
Pero era su delirio~.
.
.
.
Cocolia abrió los ojos.
El murmullo del viento quedó lejos, más allá de los muros reforzados del Supramundo.
La luz cálida de las lámparas bañaba el escritorio frente a ella.Había soñado con aquel día —la florería, el niño, el beso sobre su frente helada—.Un recuerdo hermoso, casi irreal.
El único momento en que su corazón, endurecido por el hielo y la responsabilidad, se había sentido humano.
Suspiró.
El calor de su oficina era una ilusión, una prisión de confort que ocultaba la desolación exterior.Sobre su escritorio reposaban informes, planos de distribución, mapas de racionamiento y reportes de incidentes.
Todo perfectamente ordenado.
Todo igual que el hielo: rígido, sin vida.
Se levantó, la capa verde cayendo por sus hombros como un manto de autoridad.
Su reflejo en el cristal le devolvió la imagen de una mujer distinta.El rostro seguía siendo bello, pero más severo; los años habían endurecido su mirada.Los treinta la habían alcanzado sin piedad, marcándola con la madurez de quien había tenido que cargar con un mundo entero.
Cocolia caminó hasta la puerta y la abrió.El aire tibio del pasillo la envolvió mientras su voz resonó con autoridad contenida.
—Tn~.
Unos segundos después, los pasos firmes se escucharon en el corredor.El sonido metálico de botas contra el suelo.
El joven apareció, alto, de hombros anchos, su silueta recortada contra la luz.Ya no era el niño que temblabo en sus brazos.
Era un hombre… su hombre.
Vestía pantalones blancos, una capa rasgada que le cubría solo un hombro y una correa cruzando el pecho desnudo, donde el hielo parecía negarse a tocarlo.
En su cuello, un fragmento de cristal azulado brillaba débilmente: una insignia que él llevaba como si fuera un relicario.
Su cabello, plateado por el frío, estaba recogido con descuido, y sobre su cabeza descansaban unas gafas para la nieve.
Cocolia lo miró de arriba abajo y sonrió con sutileza.—Mhp Has crecido… demasiado rápido.
Tn inclinó la cabeza con respeto, la sonrisa juvenil asomando.—¿Me ha llamado, Madre?
Esa palabra aún lograba ablandarle el alma.“Madre.” No “señora”, no “comandante”.Solo eso.La hizo estremeser mas de lo que penso.
Ella asintió y comenzó a caminar por el pasillo, sus tacones resonando como un metrónomo.
—Quería confirmar los informes sobre los ataques a los hangares de suministro.
La Legión Antimateria ha estado moviéndose al norte.
—Ah…Sí, lo sé.
—respondió Tn, siguiéndola de cerca—.
Me encargué del problema anoche.
Cocolia se detuvo y lo miró con leve sorpresa.—¿Tú solo?
Él asintió, con ese orgullo inocente que aún conservaba.—Eran diez, quizás doce.
Se movían entre los depósitos buscando el Geomarrow.
Les di una advertencia…-Hizo un gesto con la mano, imitando una explosión leve.—No la entendieron.
Chiquillo toper, madurado en altura, pero haberlo tenido solo retraso su percepcion.
Cocolia arqueó una ceja, conteniendo la risa.—¿Advertencia, dices?
—B-bueno… —sonrió, rascándose la nuca—.Supongo que fue más… definitiva.
Ella volvió a caminar, su expresión oscilando entre orgullo y preocupación.—Tn… algún día tendrás que aprender que la fuerza no siempre es la respuesta.Hasta cuando aprenderas mhp incluso Bronya es mas madura.
—Naaaaah no es el mejor metodo, pero fue eficaz.
—replicó él con ingenuidad, y por un instante su sonrisa recordó a la del niño que una vez rescató del hielo.
Cocolia se detuvo junto al ventanal principal de la fortaleza.
Más allá, Belobog se extendía como una joya congelada.
Las torres del Supramundo brillaban bajo la aurora, mientras el Inframundo permanecía oculto bajo una neblina azul.
—Eficaz, puede ser.
—susurró— Pero el hielo también es eficaz… y aún así, destruye lo que toca.
Un fragmento de hielo se materializo en su mano,la escarcha quemando su palma.
Tn se quedó en silencio, mirándola.Había algo en su voz… una tristeza, un cansancio que no comprendía.
—Madre, —dijo finalmente— el Stellaron no nos destruirá.
Mientras viva, lo protegeré.
A usted, y a Belobog.Hah cuente con ello.
Cocolia giró lentamente hacia él.
Su mirada brilló como el reflejo del hielo al sol.Levantó una mano y la apoyó en su mejilla, con un gesto suave.—Eres mi orgullo, Tn.
Mi espada… y mi esperanza.Lograras grandes cosas.
—Lo sé.
—susurró él, con una calidez que ella apenas recordaba sentir—.
Solo dígame a quién debo cortar, y lo haré.
La Guardiana Suprema sonrió, aunque en su interior una grieta invisible se abría.
Porque sabía que un día… esa espada que había forjado podría volverse en su contra.
Pero por ahora, no importaba.El hielo aún no había reclamado su corazón.
PEro….el jamas la dejaria.
Cocolia y Tn caminaron juntos por el amplio pasillo de la mansión, el eco de sus pasos resonaba entre los muros de mármol blanco y los vitrales que teñían la luz del amanecer en tonos azules y dorados.
Afuera, Belobog seguía cubierta de nieve, el frío cortante hacía vibrar los ventanales, pero dentro todo parecía tranquilo… demasiado tranquilo.
—Tn —dijo Cocolia, ajustando su abrigo de piel mientras miraba hacia la entrada principal—.
Hoy tengo una reunión con la clase alta.
Quiero que salgas a patrullar las calles, asegúrate de que todo esté en orden.
No quiero sorpresas mientras esté ocupada.
El chico asintió con una sonrisa leve, casi infantil, pero sus ojos brillaban con esa calma silenciosa que lo hacía diferente a los demás soldados.—Sí, madre Cocolia.
Patrullaré todo el distrito sur… y también revisaré los bordes del Fragmentum, por si acaso.
Tomó su espada —esa hoja extraña, de metal singular con un núcleo que parecía palpitar con una luz azul pálida— y se dispuso a correr hacia la salida.
Pero apenas dio tres pasos, escuchó la voz firme de ella.
—¿Tn… acaso no te estás olvidando de algo?
El muchacho se detuvo en seco.
Giró lentamente, con una expresión de ligera confusión… y luego, con el rostro algo sonrojado, regresó hasta ella.—Ah… cierto —murmuró, rascándose la mejilla.
Cocolia apenas alcanzó a cruzar los brazos antes de que él se inclinara y depositara un suave beso en sus labios.
Fue un gesto torpe, pero genuino.
Ella soltó una risita que solo Tn lograba arrancarle.—Perfecto.
Ahora sí puedes irte —dijo con un tono más cálido del habitual.
—Sí, madre —respondió él, más animado, y salió corriendo hacia la puerta, dejando un rastro de huellas húmedas sobre el mármol.
Cocolia suspiró cuando lo vio desaparecer tras el umbral.—Ese chico… —susurró, cruzando los brazos mientras observaba la ventisca tras los cristales—.
Necesita que lo mimen constantemente.
Una sonrisa imperceptible curvó sus labios.
Jamás lo admitiría en voz alta, pero había momentos en los que Tn le inspiraba una mezcla de ternura y… temor.No por su actitud era bastante simple a comparacion de otros, no era estupido pero si era notable que algo fallaba en su psique,pero ese no era el problema, sino por la espada que siempre llevaba consigo.
Aquella arma no pertenecía a ese mundo.
Recordó perfectamente el día que la encontraron.El hielo del Fragmentum se había fracturado con un rugido profundo, y en su interior yacía esa espada, congelada en una prisión de siglos.
Tn fue quien la tocó primero; el hielo se derritió como si la reconociera, y desde entonces nunca más se separó de ella.
Había visto su poder en combate.
Una sola estocada podía desintegrar a una bestia del Fragmentum… o a un soldado.
Y cada vez que la hoja brillaba, Cocolia sentía algo que no podía explicar: una vibración en el aire, un eco antiguo, como si aquella arma emanra tanto peligro como un ser……era imposible que fuera de un dios pero aun asi la probabilidad fue alta.
—“Esa espada…” —pensó, mirando sus propias manos—.
“Si alguna vez decidiera usarla contra mí… no duraría ni unos segundos.”.
Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.—Señora Cocolia, los representantes de la Corporación de Paz Interestelar ya han llegado.
Ella volvió a su expresión fría y autoritaria, ocultando la preocupación que le cruzaba el rostro segundos antes.—Hazlos pasar al salón principal.
Y dile al personal que prepare vino y bocadillos.
No quiero que noten que tiemblo por el frío… o por otra cosa.
Mientras los sirvientes se movían apresuradamente, Cocolia lanzó una última mirada hacia la ventana.
Allá afuera, entre la neblina, creyó ver la silueta de Tn saltando sobre un tejado cubierto de nieve, su espada brillando con una luz fantasmal.
Y en el fondo de su mente, una inquietud comenzó a germinar—“¿De verdad es mi soldado… o algo que vino del Fragmentum junto con esa maldita espada?”—.
Cocolia suspiró y dejó de mirar por la ventana.
La figura de Tn ya se había perdido entre la neblina blanca que cubría Belobog.
Por un instante, creyó ver su silueta desvanecerse como una sombra bajo los copos de nieve.
Cerró los ojos un momento y se obligó a apartar la vista; no podía permitirse distraerse con pensamientos tan… personales.
Mientras tanto, Tn silbaba suavemente al caminar por las calles.
Era un sonido simple, casi alegre, que contrastaba con el aire helado que se colaba por cada rendija de la ciudad.
Algunos ciudadanos lo miraban con asombro —otros con desconcierto—, preguntándose cómo podía andar tan tranquilo en pleno invierno sin más abrigo que un manto sobre los hombros.
—¿No tiene frío ese chico?
—murmuró una anciana mientras barría la nieve frente a su casa.
Tn se detuvo frente a ella y ladeó la cabeza, curioso.—¿Frío?
—repitió con un tono inocente—.
hah No, señora.
El frío es lindo… se siente como cuando mamá Cocolia me abraza, solo que…*pensar*.
La anciana parpadeó, confundida, pero antes de que pudiera decir algo, el muchacho ya había seguido caminando, con ese paso ligero que dejaba huellas profundas sobre la nieve.
Sus pensamientos eran simples, casi infantiles.
Mientras patrullaba, imaginaba en su mente dibujos hechos con crayones: figuras torpes y coloridas de él y Cocolia.
En esos dibujos, ella aparecía sonriendo, con los brazos extendidos, mientras él —más pequeño, con una espada enorme dibujada en trazos gruesos— se acercaba para abrazarla.
—Mamá Cocolia cuida de mí… y yo la cuido a ella —murmuró Tn para sí mismo, sonriendo.
A su alrededor, las calles estaban tranquilas.
Solo se oía el viento y el sonido de sus botas sobre el hielo.
A veces se detenía frente a una ventana, observando a las familias dentro de sus casas, compartiendo sopa caliente o risas.
Había algo que no comprendía del todo en esas escenas: ¿por qué ellos parecían tan felices sin Cocolia?
—Quizá… ellos tienen su propia mamá Cocolia —dijo en voz baja, como si esa idea le resultara lógica.
Continuó caminando hasta llegar a una zona más silenciosa, cerca de los límites del Fragmentum.
El aire allí era distinto, más pesado, vibrante, como si la realidad se retorciera bajo la superficie del hielo.
La espada que colgaba a su espalda comenzó a emitir un leve brillo azul.
Tn se detuvo, mirando el resplandor.—Shh… calma.
No hay nada malo —susurró, como si hablara con un amigo inquieto—.
Solo estamos cuidando a mamá, ¿recuerdas?
Un murmullo casi imperceptible pareció resonar en su mente, un eco distante, antiguo, imposible de descifrar.
Tn ladeó la cabeza, confundido, pero luego sonrió de nuevo.
—Sí, lo sé… si algo malo aparece, tú me lo dirás primero.
El viento sopló más fuerte, levantando copos de nieve y haciendo crujir las estructuras metálicas de la zona.
El Fragmentum estaba vivo, siempre moviéndose, respirando… y a veces, observando.
Tn levantó la vista hacia el cielo cubierto de nubes grises y murmuró—No se preocupen, Madre Cocolia.
Tn los cuidará a todos.
Nadie tocará Belobog mientras yo esté aquí.
Sus ojos brillaron con un destello azul reflejado en el filo de su espada.
Y aunque su sonrisa era cálida, en el fondo de esa expresión había algo extraño… algo que no pertenecía del todo a un ser humano.
Tn dejó de murmurar solo cuando notó algo moverse entre las ventiscas.
Figuras enormes, translúcidas, con cuerpos hechos de hielo cristalino avanzaban tambaleantes por la calle.
Los ojos de aquellas criaturas brillaban con un fulgor azulado, como brasas congeladas.
Golems del Fragmentum.
Tn sonrió.
Una sonrisa amplia.
Sus pupilas se dilataron y una mueca de emoción cruzó su rostro.—Heh… así que vinieron ustedes primero —murmuró, apoyando una mano sobre la empuñadura de su espada—.
Qué suerte… tenía ganas de jugar.
Los soldados apostados en una esquina levantaron sus lanzas.—¡Caballero lord Tn!
¡Espere nuestras órdenes!
—gritó uno de ellos.
Pero ya era tarde.
Tn había desaparecido de su posición en un estallido de nieve.
El primer golpe fue tan rápido que el aire silbó como una tormenta.
Su puño se hundió en la cabeza de un golem, y el sonido fue como el de un cristal quebrándose desde dentro.
Un segundo después, el cuerpo entero del monstruo estalló en pedazos, esparciendo fragmentos helados por el suelo.
—¡DARE DAREEEEE!
—rugió Tn, y su voz resonó en la calle como un trueno.
Saltó hacia otro enemigo, girando sobre sí mismo, y arrojó una lluvia de golpes tan veloces que solo se veían destellos de movimiento.
Cada impacto levantaba polvo helado, cada rugido del muchacho se mezclaba con el crujido de los cuerpos congelados al romperse.
En menos de unos minutos, todo había terminado.El silencio volvió, cubierto por el vapor de su aliento.
Tn se estiró el cuello con un chasquido.—Uf… fácil.Madre estara feliz—dijo, sobándose los hombros.
Luego miró la espada en su espalda y sonrió con cariño—.
¿Viste eso, Tyr?
No fue nada, ¿eh?
El filo de la espada emitió un brillo tenue, casi imperceptible, como si respondiera.Tn asintió varias veces, como si escuchara una voz.—Sí, sí, lo sé.
Dijiste que me contuviera.
Pero ellos empezaron primero, ¿no?
—rió suavemente—.
Mamá Cocolia va a estar contenta conmigo.Tu que piensas.
Los soldados, que apenas se atrevían a acercarse, se miraron entre sí, murmurando en voz baja.—…habla solo otra vez.
—Shuuuus dejalo.Dicen que cree que su espada le contesta.
—¿Y si sí lo hace?
¿Y si…?
Y si su lider de escuadron era un demente.
Tn giró la cabeza hacia ellos y sonrió, una sonrisa amable pero vacía.—No se preocupen, soldados.
Tyr solo habla conmigo.
No les va a decir nada malo… a menos que ustedes la hagan enojar.
Le creerian si no fuera por esa sonrisa que daba miedo del carajo.
El silencio fue inmediato.
Los hombres asintieron con rigidez, y Tn siguió su camino, silbando con tranquilidad, como si nada hubiese ocurrido.
El aire volvió a sentirse menos pesado.
Todo parecía calmarse… hasta que una voz femenina lo detuvo.
—Tn.
—Era firme, elegante, con un tono que mezclaba autoridad y decepción.
Tn giró la cabeza.
Hay….no.
Una joven de cabello gris largo y ojos grises, con una apariencia elegante y altiva.
Suele llevar un elegante vestido blanco con detalles dorados y azules, y botas negras hasta el muslo.
Su figura es esbelta y su estatura es de aproximadamente1.64 metros.
Su postura era impecable, su uniforme limpio, su mirada fría y analítica.
El contraste con la forma salvaje de Tn era casi doloroso.
—Ah… la señorita perfecta —dijo él con media sonrisa—.
Qué sorpresa verte fuera de tu torre.Como estas~.
Bronya cruzó los brazos.—Estás fuera de tu zona de patrulla.
Y el ruido que causaste se escuchó hasta el distrito central.
¿Era necesario destruir media calle?
Tn ladeó la cabeza, divertido.—¿Media calle?
Nah… fue menos que eso.
Además, los monstruos eran grandes.
Muy grandes.
Si los dejaba pasar, podrían haber lastimado a alguien.
—Tus métodos son… excesivos —replicó Bronya con frialdad—.
No puedes seguir comportándote como un niño cada vez que sales de la Mansión.
Tn rió suavemente, acercándose un poco más a ella.—¿Y tú no puedes dejar de sonar como mamá Cocolia cada vez que hablas?.Prufff littleeee sister ~ deja de imitar a madre.
Bronya frunció el ceño.—No compares nuestras posiciones.
—Oh, claro… —dijo él, bajando la voz y clavando la mirada en ella—.
Porque tú eres la hija perfecta.
La que todos admiran.
La que mamá Cocolia siempre escucha.
No malinterpreten a Tn, apreciaba a su hermana (adoptiva), pero detestaba la atencion que recibia.
Hubo un silencio.
La nieve cayó entre ambos.El brillo en los ojos de Tn se volvió extraño, casi amenazante por un instante, antes de que él diera un paso atrás y sonriera con esa inocencia que lo hacía parecer casi infantil.
—Pero no te preocupes, hermana —dijo finalmente, burlón—.
No voy a quitarte el luagr que tienes.
Solo me gusta verla sonreír.
Eso es todo.Jeje.
Bronya lo observó unos segundos más, sin responder.
Luego giró sobre sus talones.—Vuelve a tu puesto, Tn.
No hagas esperar a nuestra madre.
—Sí, sí… lo que digas, hermanita.
—Tn alzó una mano a modo de despedida, viendo cómo ella se perdía entre la nieve.
Cuando quedó solo otra vez, miró su espada y murmuró—¿Verdad que ella no lo entiende, Tyr?
Solo quiero que mamá sea feliz… aunque mmmm no se, deberiamos cambiar como lo haces…….sip tienes razon ellos estan mal yo estoy bien.
Todo tenia sentido.
El no tenia un problema consigo mismo, eran los demas eran quienes tenian un problema con el.
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