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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 193

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  4. Capítulo 193 - 193 Talulah Arknights
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193: Talulah Arknights 193: Talulah Arknights Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

OK ok ok no saben como me rompi la cabeza con este personaje porque para empezar yo no soy un fan haserrimo de su franquicia, se lo basico,conozco algunos personajes y eso es todo, asi que me fui un poco lejos de su ruta canon, porque básicamente está tipa era una especie de revolucionaria antagonista con una vida que……bueno fue triste.

Así que me plantee varios escenarios desde tn siendo parte de su revuelta o del bando contrario pero luego me dije ok eso suena algo cliché asi que metele tu estilo.

Así que…….en vez de que talulah llegara a a Iva y su esposa……..hacer el rol de mentor alejado del peligro por el momento.

Para empezar ella deseaba una cosa.

Ver infectados comunes viviendo en una vida sencilla y tranquila capaces de tomar decisiones por voluntad.

Algo como Nerose satanael,educar a todos.

Que mal le salio.

Asi que bueno espero y entretenga………no sería lo mejor pero es algo novedoso que quiero probar, una utopía, una utopía de plata tal y como el tercer cielo profetizó.

_____________________________________________________________________________ ¿Por qué estaba en el suelo?

¿Por qué su costado ardía tanto…?

El aire era pesado, el polvo flotaba entre las ruinas como humo de incienso, y el cielo gris cubría todo con un silencio sepulcral.

Talulah no sentía ya las piernas.

Su sangre —espesa, oscura— se mezclaba con el barro y el fuego que aún devoraba los escombros.

Todo le dolía.

Cada respiración era un gemido contenido.

Había perdido.

Sus aliados la habían dejado atrás, su causa se había desmoronado, y los que habían prometido luchar hasta el final se rindieron al miedo o al poder.

Ella solo… quería algo tan simple.Que los infectados fueran tratados como personas.Que su gente pudiera mirar el sol sin ser cazada como una bestia.

Pero el mundo, cruel como siempre, decidió recordarle que los sueños son cadenas para los débiles.Sus párpados caían, pesados.

El frío comenzaba a treparle por el cuello.Solo entonces vio algo.

Una silueta que se movía entre el humo, calmada, serena.Un brillo pálido en medio de la devastación.Una voz.

—Pequeña criatura… —murmuró el joven mientras se arrodillaba junto a ella—.

Qué lástima verte así.

Talulah apenas alcanzó a distinguir su rostro.

No parecía de una raza específica del todo.

Su piel tenía un matiz casi luminoso, y sobre su cabeza flotaba un halo quebrado, como si una parte de él se hubiera apagado.

Su cabello, blanco y suave como la ceniza, caía hasta los hombros.

Y sus ojos… eran de un azul demasiado puro para pertenecer a alguien de este mundo.

Tn.

Así se llamaba.

Un hombre de un sector lejano, un erudito de las razas mezcladas, un “Sankta diferente”.

Nadie sabía de qué reino provenía.Con cuidado, la tomó en brazos.

Su cuerpo era ligero, casi frágil.

Caminaron entre los restos de una ciudad muerta, los pasos de Tn resonaban como si los dioses lo siguieran en silencio.

—¿Qué… haces…?

—susurró Talulah, apenas consciente—.

No… tienes que… ayudarme.

—Tengo que hacerlo —respondió él, apenas contemplando el panorama—.

Si aún hay vida, debo protegerla.

No importa de dónde venga.

No era un altruista pero dejar morir a alguien pudiendo ayudarlos.

Indirectamente el seria el responsable de eso.

—Perdí… a todos… —sus palabras se quebraron—.

No queda nada….

—Mph.

Entonces empezaremos de nuevo —dijo con calma—.

Es curioso como esta este sitio, como fue que quedo asi para empezar.

Por lo que puedo ver ahi varios infectados por aqui.

La llevó hasta una mansión antigua, medio oculta entre un camino angosto oculto apenas por la porpia naturaleza.

Era su refugio, apenas funcional, antes perteneciente a Rhode island, organizacion paramilitar.No era lo mas moderno pero el basurero aun funcionaba.

Allí la recostó en una camilla blanca.

El sonido del metal y el cristal se mezclaba con su respiración débil.

Mientras Tn limpiaba sus heridas, sus manos se movían con la delicadeza de un ángel,el equipo medico aun funcionaba lo bastante bien para tratar heridas graves.

Talulah, entre sueños y fiebre, lo observaba.

Ese rostro sin odio.

Esa voz sin reconocerla.

Era un eufemismo no reconocerla, Líder y portavoz del Movimiento de la Reunión.Su cara es buscada por el gobierno que acaso este hombre no la reconoce.

—¿Por qué… me ayudas?

—preguntó, débilmente.

Tn la miró con serenidad ajusto un poco el equipo antipresion y administrando suero.—Porque me serias util—susurró—.

Tengo una meta en mente.Seria mejor empezar por algo.

—Tch… planeas usarme —murmuró ella, cerrando los ojos.

—No.

—Él la cubrió con una manta—.

Solo te ayudare.

Ahora guarda silencio en lo que reparo esto.Ten un poco de fe.

Ella lo miró entonces, entre el delirio y el asombro.—¿Fe… en qué?

-No lo se, es algo que apenas quiero implementar.En un mundo que aún puede ser limpio.

Un mundo sin dolor.

Un Cielo Plateado… donde nadie deba arder por Oripatia.

Un trueno resonó afuera, haciendo temblar los ventanales.

Talulah quiso responder, pero su cuerpo cedió al sueño.

Lo último que vio antes de caer en la oscuridad fue la figura de Tn, de pie a su lado habiendo preparado todo el equipo medico.

Por un instante, pensó que había muerto y que lo que veía era un ángel que venía a juzgarla.No sabía aún… que ese mismo ángel pronto le enseñaría un nuevo tipo de fe.

Tn retiró con cuidado los fragmentos de tela rasgada que cubrían el cuerpo de Talulah.Su costado estaba abierto, la piel ennegrecida por las quemaduras, y en ciertas zonas el tejido se mezclaba con cristales oscuros: restos del Originium.

El aire en la sala olía a metal, a sangre y a desinfectante.

El joven se colocó guantes y un cubrebocas antes de continuar.

La habitación —una de las tantas salas médicas del antiguo complejo militar de Rhode Island— estaba iluminada por una luz amarillenta, parpadeante.No tenía el mejor equipo, pero servía.La precisión dependía más del pulso que de las máquinas.

Mientras trabajaba, su mente divagó.

¿Cómo había llegado a esto?

¿Cómo había terminado auxiliando a una mujer que, a todas luces, pertenecía a los grupos insurgentes del norte?

La respuesta era simple, pero no menos profunda.Él no ayudaba por bando, ni por política, ni por deber.

Lo hacía por principio.

Había llegado a Terra como observador, un estudioso de los ecosistemas arruinados, de las civilizaciones que habían colapsado bajo su propio peso.Y lo que encontró fue un mundo hermoso en ruinas.

Un mundo donde los hombres se habían vuelto dioses de sí mismos, y los dioses, meras excusas para justificar la crueldad.Un mundo donde el conocimiento era pecado y la compasión, debilidad.

Por eso, cuando encontró aquella mansión médica abandonada en los alrededores de Rhode Island, la reclamó como suya.No como laboratorio, sino como refugio.Un lugar donde las heridas del cuerpo y del alma pudieran curarse, aunque fuera lentamente.

—La piel se está regenerando —murmuró mientras aplicaba un ungüento plateado sobre el costado de Talulah—.

Responde… incluso en este estado.

El cuerpo de la draco tembló bajo sus manos, su respiración se agitó.Sus ojos se entreabrieron un instante, revelando un tono ámbar intenso, como fuego vivo.

—¿Dónde… estoy?

—susurró con voz ronca.

Tn la miró sin interrumpir su trabajo.—En el mismo lugar de antes —respondió—.

Nadie vendrá a buscarte aquí.

—¿Quién… eres?

—Crei haberme presentado.

Deberias seguir durmiendo —dijo, con una serenidad tan extraña que parecía mentira—.

—No entiendes… —tosió sangre, apretando los dientes—.

Nada puede repararse.

Todo está podrida desde dentro… todo está condenado.

—Las cosas condenadas son las únicas que merecen ser salvadas.

—Tn limpió los residuos de Originium con un paño—.

Las demás no lo necesitan.

Talulah guardó silencio.

Su mirada se perdió en el techo resquebrajado, las sombras moviéndose con la luz.

Podía sentir la calidez de sus manos, y eso la confundía.

Nadie había tocado su piel infectada sin temor o asco.

—No tienes miedo… —murmuró ella, débilmente.

Tn levantó la mirada, y por un instante, su halo proyectó una sombra blanca sobre la pared.

—El miedo es una forma de rendición —dijo despacio—.

Y yo… ya me rendí una vez.

No lo haré otra vez.

—¿A qué… te rendiste?

—preguntó ella, con un hilo de voz.

El joven dejó el bisturí sobre la mesa, pensativo.—A la ignorancia.

A creer que el mundo está condenado solo porque la gente se niega a cambiar.

Que era el mundo para empezar.

El mundo se llama Terra y fue creado en un futuro distópico y apocalíptico, como ocurrio> Nadie lo sabe.

Todo se caracteriza por la existencia del Originium, un mineral que causa catástrofes naturales y una enfermedad progresiva llamada oripatía, pero que también potencia las “Artes” (magia).

La mayoría de los habitantes de Terra tienen rasgos animales (kemonomimi) y la sociedad está marcada por la persecución de los infectados con oripatía.

Y nada era amable.

El Originium es una fuente de energía y catalizador para las Artes, pero es tóxico y causa la oripatía al entrar en contacto directo o prolongado.

Esto ha llevado a la creación de ciudades nómadas para escapar de las catástrofes causadas por el mineral.Rhode island estaba mas ocupado en darle la ara al gbienro que en proteger todo lo que puede.

El silencio volvió a llenar la habitación.Solo se oía el zumbido de una vieja máquina de monitoreo y la respiración irregular de Talulah.

Tn volvió a cubrirla con una manta y susurró—Descansa.

Los ojos de Talulah se cerraron otra vez.Entre la fiebre y el delirio, creyó oírlo murmurar algo más.

.

.

Tn salió de la habitación en silencio, cerrando la puerta con un leve clic.

El aire del pasillo estaba frío, denso, impregnado del olor metálico del desinfectante.

Se detuvo un instante, apoyándose contra la pared y cubriéndose la boca con la mano.

Suspiró.

Sabía que no tenía los medios para propagar su filosofía.

Ni dinero, ni influencia, ni seguidores.Solo un ideal… y una voluntad que no sabía morir.

—“Si comienzo con una sola chispa…” —murmuró— “…tal vez, con el tiempo, arda lo suficiente para iluminar el mundo.”.

Caminó lentamente hasta llegar a la vieja mesa de trabajo.

Sobre ella descansaban planos, cuadernos desgastados, frascos con restos de Originium y un revólver semidesarmado.El acero del arma reflejaba débilmente la luz del atardecer que se filtraba por una ventana rota.

Tn se sentó y empezó a limpiar el arma con movimientos precisos.

Era una pieza única, mejorada por su propia mano.

No tenía Artes, ni dones divinos, ni sangre de héroe.

Solo aquel revólver y un ideal.

—“Los dioses usan el fuego o los cielos…” —susurró mientras giraba el cilindro del arma— “…yo usaré las ideas.”.

A su alrededor, los planos hablaban de un sueño imposible: un refugio autónomo, una ciudad donde humanos e infectados convivieran bajo un mismo sol, sin persecuciones, sin miedo.

Una utopía plateada.

Sus dedos se detuvieron al pasar sobre una hoja cubierta de anotaciones.

Un dibujo circular, complejo, representaba la Barrera, esa cúpula invisible que envolvía el cielo de Terra.

—“El falso cielo…” —dijo en voz baja, apoyando los codos sobre la mesa—.

“La muralla más perfecta jamás construida.

Nadie puede atravesarla… ni siquiera mirar más allá.”.

Su mirada se perdió entre los esquemas.Se decía que la Barrera había sido creada para proteger el planeta de fuerzas externas, pero nadie sabía quién la erigió, ni por qué.

—¿Qué había afuera…?

—preguntó al aire, más para sí mismo que para alguien real—.

¿Qué era tan terrible como para encerrar a toda una humanidad bajo un techo?

El viento se coló por las grietas, moviendo suavemente las páginas de su diario.En una de ellas había escrito, con tinta seca:.

“El pecado original no nació del hombre… sino del límite que se le impuso.”.

—Quizá… —reflexionó en voz baja— no fue para protegernos.

Quizá fue para contenernos.

Sus dedos se cerraron con fuerza sobre el mango del revólver.

Esa idea le obsesionaba desde que llegó a Terra.El falso cielo no era un escudo… era una prisión.Y si eso era cierto, entonces la utopía no debía construirse dentro de la Barrera, sino más allá de ella.

—“Si el mundo teme al exterior…” —murmuró, su voz casi un rezo— “…entonces allá afuera debe estar la verdad que todos olvidaron.”.

Horas meditando mientras limpiaba el arma, era monotono,era lo que le quedaba en mano.

El sonido de pasos lo interrumpió.

*click*.

El arma se ensamblo y cargo casi por puro reflejo.

Giró lentamente, y vio la silueta de Talulah, apoyada en el marco de la puerta, envuelta en una manta.Su mirada era cansada, pero curiosa.

—¿Estás… hablando solo?

—preguntó con un leve tono irónico.

Tn sonrió apenas.

—Cuando nadie más escucha, uno debe hablarse a sí mismo ……No es tan raro o si.—respondió, apenas bajando el arma.

Talulah entró despacio, observando los planos esparcidos.—¿Esto es… lo que haces aquí?

—Intento comprender el cielo —dijo él, alzando la vista hacia el techo agrietado—.

Y lo que hay más allá de él.

—¿El cielo?

—Talulah arqueó una ceja—.

Lo único que hay allá arriba es la Barrera.

El límite.

—Exacto.

—Tn colocó el revólver sobre la mesa—.

El límite… y lo que lo sostiene.

Ella lo miró con curiosidad.—¿Y qué esperas encontrar si lo cruzas?

Tn guardó silencio un momento antes de responder, con voz serena—La razón de por qué este mundo sufre.

Talulah lo observó sin saber qué decir.Había algo en sus palabras… algo en su calma.No hablaba como un loco, ni como un idealista.Hablaba como alguien que sabía que la tristeza del mundo no era un accidente, sino una estructura.

Él tomó el cuaderno, lo cerró con cuidado, y añadió—Y si descubro quién puso esa estructura… lo destruiré.

El silencio que siguió fue denso, casi sagrado.Talulah, sin entender por qué, sintió un estremecimiento recorrerle el pecho.Por primera vez desde que todo se derrumbó, creyó escuchar algo parecido a esperanza.

Tn dejó sus herramientas sobre la mesa con un movimiento lento y preciso.

La luz rebotaba en el metal, haciendo que las sombras se alargaran en la habitación.

Se volvió hacia la camilla donde Talulah yacía envuelta en la manta, y lo que vio no fue solo una herida; vio la rígida postura de alguien que todavía no se había rendido del todo.

—¿No deberías estar descansando?

—preguntó Tn, como si hablara conociendola, ligero defecto de estar solo durante demasiado tiempo.

Talulah lo miró con los párpados entrecerrados y respondió, con voz áspera por la fiebre y la costumbre de no conceder fragilidad: —Nunca he estado mucho tiempo en cama.

Y menos sin saber quien carajos esta en el mismo techo que yo.

Tn sonrió por debajo del cubrebocas, un gesto mínimo y sin altas melodramas.

Guardó el paño con el que había limpiado el Originium y se apoyó en el borde de la mesa quitándose la mascarilla del rostro.

Parecía cómodo en la quietud, como si la soledad fuera su territorio natural.

—¿Qué haces aquí?

—Talulah lo observó con esa mezcla de curiosidad y desconfianza que siempre habían tenido los que vivieron cazados—.

Esta mansión… era una base de Rhode Island.

¿Por qué no la abandonaste?.Acaso eres de su escuadron.

Él la miró de reojo, y por un instante sus ojos perdieron la serenidad para volverse prácticos, calculadores.

—Naaaah.

Aproveché que la base aún tenía cosas útiles —contestó—.

Equipo, libros, medicinas.

Y una ubicación.

Es un buen lugar para empezar.

Talulah tragó saliva, entrecerrando los ojos como quien intenta leer un mapa en la oscuridad.

—¿Tu nombre?

—preguntó.

Esperaba, de algún modo, que el desconocido la reconociera.

Tn se inclinó, como si aquello fuera una formalidad que había olvidado.

—Perdona.

Me llamo Tn.Creo que debi mencionarlo cuando te traje-miro el reloj de la pared-Mhp Apenas 7 Horas paras ser exactos.

Ella murmuró su propio nombre, probándolo en la lengua de otro como si quisiera medir su peso.

Talulah.

Quedó en el aire.

Esperó la reacción: reconocimiento, rechazo, curiosidad afamada.

Tn parpadeó apenas y luego asintió, como quien confirma un dato en un cuaderno.

—Talulah —dijo—.

He oído algo sobre ti.

Tu nombre tiene cierta… fama.No la mejor que podria esperar.

Oh y vaya que sabia quien era, medio gobierno la buscaba,.

Ella arqueó una ceja con mordacidad.

—¿Fama?

¿De qué?

¿De quemar graneros?

Tn no se ofendió.

Su mirada cambió, no de ira, sino de una preocupación curiosa; de curioso a sereno de nuevo.

—Podrías matarme si quisieras —murmuró, casi en juego—.

En tu estado lo podrías hacer.

No es que espere que lo hagas.

Pero si vas a hacerlo, te pediría que fuese rápida.

Hubo un sonido en la garganta de Talulah que podría haber sido una risa.

Fue corta, amarga, y casi le regaló un gesto que parecía humana.

—Eres raro —dijo—.

¿Para qué te serviría alguien así como yo?

Tn se apoyó con ambas manos sobre la mesa y dejó que la luz marcara las líneas de su cara.

Sus palabras, cuando llegaron, fueron templadas por la frialdad del razonamiento.

—Tengo algo en mente.

No es un plan de guerra.

No todavía.

Es un plan para construir.

Un lugar donde los infectados ya no sean cazados por ser lo que son.

Un refugio, después una ciudad.

Gente que aprenda a convivir en vez de ocultarse.

Necesito personas que sepan resistir y que no se dobleguen ante la realidad cuando esta sea puesta bajo presion.

Talulah se incorporó con esfuerzo, apoyando una mano en la camilla.

El fuego en su mirada volvió, leve, como una brasa que no termina de apagarse.

—¿Y yo qué soy en tu plan?

—preguntó—.

¿Alguien que adorne tus sueños?

¿Una figura para provocar miedo entre los habitantes y las patrullas?

Tn negó con calma.

—Pruffff diablos no.Eres alguien que conoce lo que es la lucha continua si tomamos en cuenta que dirigiste una facción.

Alguien que puede enseñar a otros a no ceder cuando todo se desmorona.

Yo solo estoy aprendiendo esta diminuta meta.—no la academia ni los discursos—es lo que hace que la gente actúe.

Además… —hizo una pausa, y por primera vez su voz tuvo algo parecido a afecto— …tienes algo que yo no poseo: Artes.

Yo tengo ideas, mapas y paciencia; tú sabes pelear.

Juntos podemos convertir los planos en hechos.

Talulah estudió su rostro.

Esa mezcla de calma absoluta y convicción le resultaba extraña, casi insoportable.

Pero había algo más: no había lástima en su mirada.

No era un benefactor que limpiase su conciencia ayudándola por compasión.

Era alguien que pensaba en términos de utilidad y propósito, y eso, de algún modo, era más peligroso —y más honesto— que la compasión.

—¿Y qué quieres que haga primero?

—gruñó, la voz quebrándose en recelo y anticipación.

Tn buscó en un cajón y sacó un pequeño cuaderno, gastado en el lomo.

Lo abrió en una página marcada con tinta seca.

Había esquemas, nombres, anotaciones sobre rutas seguras y poblados que se podían atraer, no conquistar.

—Primero, sanar —dijo—.

Necesito que estés en pie.

Que no te consuma la fiebre.

Después, quiero que me enseñes a ver las calles como tú las vez.

Que me muestres dónde la gente puede esconderse sin que lo sepan.

Y más adelante… quiero que estés a mi lado cuando pidamos a la gente que nos siga.

Talulah tomó el cuaderno con dedos temblorosos.

Pasó la yema por los trazos y leyó una palabra escrita en un margen: Reunión.

El nombre mordió su memoria como una herida abierta.

Un ruido, una historia, viejos recuerdos que aún olían a humo.

—Reunión —repitió—.

Eso es lo que llamaban a mi gente… antes.

Tn cerró el cuaderno con delicadeza, como si guardara un tesoro o un peligro.

—Entonces empieza a llamarlos de nuevo —dijo—.

Empieza por los que perdieron el lenguaje para decir su nombre.

Enséñales el tuyo.

Enséñales el mío.

Si crees en algo, no lo guardes como remordimiento.

Haz que sea una orden.

Talulah sostuvo su mirada un largo rato.

En su pecho, algo cambió: no era exactamente esperanza, era más bien una decisión.

Un juramento contra el abandono que le habían hecho.

Sentía la idea como un hierro caliente: molestaba, quemaba, pero podía usarse.

Se inclinó y, con voz baja, casi ceremoniosa, articuló la primera promesa.

—Si vas a construir un mundo que no me ahorque de nuevo… —su dedo se posó en el cuaderno, marcando la página— …haré que nadie se atreva a tocarlo.

Si alguien intenta destruir lo que hagas… lo haré arder.

Tn no pudo evitar una ligera sonrisa, tan tenue que pareció una sombra.

No la corrigió.

En lugar de ello, deslizó hacia ella un vendaje limpio, un símbolo sencillo pero íntimo.

—Entonces quédate —dijo—.

Quédate a mi lado.

Aprende.

Y cuando llegue la hora, enseña.

Talulah aceptó el vendaje con la misma naturalidad con la que un soldado recibe una orden.

Lo sostuvo entre las manos y, en ese gesto, se selló un pacto sin palabras.

Algo más profundo que un acuerdo militar: una alianza forjada en la necesidad y en la promesa de un mañana que ambos imaginaban posible.

Mientras Tn volvía a su mesa y retomaba los planos, Talulah se recostó y miró el techo como quien mira al cielo a través de una reja.

La madrugada se acercaba.

Afuera, el viento traía el olor de la ciudad quemada y, en su interior, una nueva corriente comenzaba a circular: una mezcla de devoción, utilidad y una posesión que aún no sabía cómo nombrar.

Un nuevo cielo……

Tercer cielo sonaba apropiado.

_______________________________________________________.

(YYYYYYY corte…..uffff no saben como me rompi la cabeza con esta……como dije no soy un experto en esta franquicia asi que me ire por mi estilo e integracio y si notan a este Tn filosofico,bueno….ese mundo esta mas que jodido y qu emejor manera de arreglarlo creyendo que aun se puede arreglar,es cmo tener a charlie en el infierno,solo que este no estan estupido para pensar que todos escucharan lo que tenga que decir,paa eso esta su Draco waifu para que la escuchen a ella 7w7).

Talulah tiene la habilidad de usar sus Artes de Fuego para lanzar bolas de fuego y enfocar ataques de espada llameante, causando daño de artes a los enemigos.

En su forma de jefe, también puede lanzar un ataque de área llamado “Corona estelar” y un ataque de daño que aumenta con el tiempo, llamado “Aliento ardiente”, además de aumentar drásticamente su defensa y resistencia al caer por debajo de la mitad de su HP.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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