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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 194

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  4. Capítulo 194 - 194 Mon3rt Arknights
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194: Mon3rt Arknights 194: Mon3rt Arknights Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Sin imagen de waifu……Los tatds fueron a quejarse con la app y bueno…..pero meh las subo a patreon y listo asunto arreglado, podría verlas ahi y las del precio…..casi menos de un dolar XD.

Sip dudo que se pueda poner imagen……..tards.

En fin disfruten de esta cosa.

Y como me gusta aclarar, no soy un experto en este lore asi que hago lo que puedo y como ese mundo le tienen mas miedo a epidemias que a su propia salud mental, creo que ya saben por donde me estaré llendo.

______________________________________.

Kal’tsit observaba en silencio el tanque principal del laboratorio.

El fluido turquesa que llenaba su interior se movía lentamente, ondulando como si respirara.

Dentro, una criatura semejante a una anguila cristalina flotaba en calma aparente.

Su cuerpo, traslúcido y cubierto de fragmentos de mineral verde oscuro, brillaba suavemente bajo las luces del laboratorio.Cada vez que giraba, su silueta proyectaba destellos en las paredes metálicas.

A su lado, sentada sobre una mesa, Mon3tr abría una bolsa de papas fritas con una mano y las comía sin disimulo.

El crujido rompía el silencio quirúrgico del lugar.

—*crunch* Hmph… —murmuró, con la boca medio llena—.

Esa cosa se ve rara.

Como un pez que intentó fusionarse con un espejo roto.De donde sacaron esa cosa.

Kal’tsit desvió apenas la mirada hacia ella, sin perder su serenidad característica.

—Esa “cosa rara”, como la llamas, es lo más cercano a ti que existe, Mon3tr.Y lo sacamos del océano.

Mon3tr detuvo el movimiento de su mano, parpadeó y mascó lentamente.

—¿Lo más cercano a mí?

—bufó, mirando de reojo el tanque—.

No lo creo.

Soy única.

Y eso no va a cambiar.

Kal’tsit esbozó una leve sonrisa.

No respondió de inmediato, como si le resultara divertido escucharla intentar mantener su orgullo.

Pero antes de que pudiera replicar, un golpe sordo retumbó en la sala.El agua se agitó.

La criatura dentro del tanque había embestido el cristal con su cuerpo luminoso.

Las runas de contención brillaron con fuerza.

Mon3tr dio un brinco hacia atrás, cayendo de la silla con un estrépito metálico.

—¡¿Qué demonios…?!

—gruñó desde el suelo, fulminando al tanque—.

¡¿Acaso quieres terminar como un arenque en mi plato, maldito pez radiactivo?!

El líquido dentro del tanque se movió con más fuerza, como si la criatura hubiera respondido.Kal’tsit suspiró y se inclinó hacia ella, dándole un golpe suave en la cabeza con una carpeta de datos.

—No discutas con Tn.

—¿Tn?

—repitió Mon3tr, incorporándose y frotándose el golpe—.

¿Por qué lo llamas así?

—Porque así lo catalogué —respondió Kal’tsit, ajustando sus guantes y volviendo a observar el tanque—.

“Tn”.

Es una designación del mineral acumulado, pero parece responder a ella.

Mon3tr se quedó unos segundos mirando el agua, observando cómo la criatura —Tn— se movía de un lado a otro.

El brillo de sus cristales la hipnotizaba un poco; era una luz que cautivaba un poco.

—¿Y qué va a hacer Rhodes Island con él?

—preguntó finalmente, con un tono más serio del que esperaba usar.

Kal’tsit permaneció callada un momento, el sonido de los monitores llenando el silencio.—Si tenemos algo de suerte —dijo al fin—, podría desarrollar una forma humana.

Su estructura no es de Originium puro ni biológica conocida… pero evoluciona.

Aprende.

Es… una posibilidad.

—¿Una posibilidad de qué?

—preguntó Mon3tr, cruzándose de brazos.

—De que deje de estar solo.Cuando lo encontramos no habia nada mas en ese ecocistema.Estaba saturado de infeccion que nada podria vivir ahi.

—susurró Kal’tsit, apenas audible.

Mon3tr frunció el ceño, sin entender completamente el matiz en la voz de la doctora.—…Voy a caminar un rato —dijo al fin, arrugando la bolsa vacía entre sus manos.

—Como gustes —respondió Kal’tsit, sin apartar la vista del tanque.

Mon3tr salió del laboratorio arrastrando los pies, y las puertas automáticas se cerraron tras ella.Por un momento, el silencio volvió.El tanque emitió un zumbido suave; burbujas ascendieron hacia la superficie.Kal’tsit acercó su mano al cristal y, con voz baja, dijo.

—Escuchaste todo, ¿verdad, Tn?

El brillo dentro del tanque se intensificó, y la anguila cristalina giró lentamente, acercándose al punto donde reposaba su mano.

Por un instante, el cristal pareció resonar con un pulso de luz.

Kal’tsit observó esa reacción con una mezcla de fascinación y tristeza.

—Sí… tú también estás aprendiendo —murmuró—.—Y cuando abras los ojos por primera vez…sera maravilloso.

El brillo de Tn se intensificó un segundo más antes de volver a calmarse, flotando en la quietud líquida del tanque.

Fuera del laboratorio, Mon3tr caminaba por los pasillos de acero, sin saber por qué el recuerdo de aquellos ojos verdes y sin forma le había dejado un nudo en el pecho.

El reloj marcaba las 02:17.

Los pasillos de Rhodes Island estaban sumidos en un silencio absoluto, apenas roto por el murmullo del sistema de ventilación y el zumbido eléctrico de las luces de emergencia.

Mon3tr caminaba descalza, con las botas colgando de una mano, dejando que el metal frío del suelo le robara el calor de los pies.

No podía dormir.

Su mente giraba en torno a una imagen que no lograba apartar: el brillo verde bajo el agua, los fragmentos de cristal flotando alrededor de aquella criatura.

Era como mirarse en un espejo deformado.Algo en ella la atraía… y le provocaba una incomodidad difícil de explicar.

Cuando llegó al laboratorio 03, el escáner ocular reconoció su presencia y las puertas se abrieron con un suave sonido neumático.Dentro, la luz era tenue; solo las pantallas de monitoreo seguían encendidas, mostrando ondas vitales que se movían con lentitud.

El tanque seguía allí.

El agua centelleaba, reflejando tonalidades verdes sobre las paredes.Mon3tr dejó sus botas en el suelo y se acercó en silencio, cruzándose de brazos.

—Así que… “Tn”, ¿eh?

—murmuró con una media sonrisa—.

Nombre corto.

Fácil de recordar.Se detuvo frente al cristal, inclinando un poco la cabeza.

—Me pregunto si entiendes lo que dicen de ti.

Que podrías ser “Normal”.

(Nt:no puedo decir humano porque dejaron de exstir como tal asi que tengo que usar lo que mejor que conosco,fauno,demihumano,terrano,humanoide ect.).

El interior del tanque permanecía en calma, pero los sensores mostraron una leve variación en el flujo energético.Mon3tr apoyó una mano sobre el vidrio.

—No tienes idea de lo que eso significa, ¿verdad?

Ser normal no es divertido.

Se siente demasiado.

Se duele demasiado… —suspiró—.

Créeme, no vale tanto la pena esta mierda.

Entonces, el agua se agitó.

Tn se movió con una velocidad repentina, acercándose al cristal hasta quedar justo frente a su rostro.

Mon3tr retrocedió medio paso, sorprendida.Los ojos —si es que podían llamarse así— de la criatura se abrieron, mostrando un brillo esmeralda intenso.

Durante un momento, no hubo sonido, pero Mon3tr sintió una vibración leve recorrer el aire.Como un murmullo sin voz.No en sus oídos… sino dentro de su cabeza.

“…Mon3tr.”.

La palabra no era clara, más bien una impresión, una idea que se materializaba con su nombre.

Mon3tr se quedó inmóvil.

—¿Acabas de… hablarme?

—preguntó con una mezcla de incredulidad y recelo.

El agua se onduló de nuevo, y la criatura flotó lentamente hacia arriba.

Los sensores parpadearon, detectando un pico de actividad neural.

Mon3tr, sin saber por qué, apoyó la mano otra vez sobre el vidrio.

Su piel percibió un pulso tibio.

“…Frío… tú… igual…”.

El mensaje era fragmentado, torpe, como si la mente de Tn buscara desesperadamente un lenguaje para expresarse.

Mon3tr frunció el ceño, sus labios se curvaron en una sonrisa leve.

—Frío, ¿eh?

—susurró—.

Sí, supongo que los dos lo somos.

El brillo en el tanque cambió de tono, pasando de verde a un azul tenue.

Por primera vez, Mon3tr no sintió miedo ni curiosidad, sino una extraña familiaridad.Como si esa criatura, sin voz ni forma definida, entendiera algo que ni ella podía decir en palabras.

—…Eres raro, ¿lo sabías?

—dijo finalmente, con un tono más suave—.

Pero me gustas más que la mayoría de los allegados aquí aparte de Kals.

El tanque respondió con un destello suave, casi como un latido.

Mon3tr dejó escapar una risa seca y giró sobre sus talones.

—No te acostumbres, “Tn”.

No soy buena compañía.

Dio unos pasos hacia la puerta, pero antes de salir, escuchó —o sintió— una última palabra resonar en su mente:.

“…Quedarte…”.

La puerta se cerró tras ella.

Y en la penumbra del laboratorio, Tn flotó en silencio, sus cristales resplandeciendo con una luz tenue, casi humana.

Tn se quedó solo en su tanque.

No podía hablar, no realmente.

Lo que había hecho aquella noche no fue más que un pensamiento materializado, un eco de su mente que rozó la conciencia de Mon3tr por accidente… o quizás por instinto.

Pero ahora, en el silencio del laboratorio, esa voz interior había desaparecido.Intentó reproducirla, proyectarla, pero no logró nada.

Solo burbujas ascendiendo y un zumbido apagado de los sistemas de contención.

No entendía por qué le había hablado a ella, ni por qué mencionó el frío.

Tampoco comprendía lo que buscaba.Solo sabía que quería salir.Que lo necesitaba.

En sus recuerdos nebulosos, el océano se extendía hasta el horizonte, inmenso y vacío.No había nada.

Ni vida, ni luz, ni calor.

Solo la presión y la soledad.

Había nadado entre restos metálicos, aguas densas, minerales flotando como ceniza… hasta que la luz artificial de Rhodes Island lo cegó, y las redes se cerraron sobre su cuerpo.

Desde entonces, Kal’tsit lo observaba día y noche.Sus ojos analíticos lo examinaban con una calma que rozaba la indiferencia.Mon3tr, en cambio, lo visitaba en las noches, apoyando la frente en el cristal, lanzando pequeñas bromas, a veces hablando sola.

Era la única voz que rompía su encierro.

Pero esa noche fue distinta.

El fluido del tanque dejó de brillar.

Los sensores emitieron un pitido breve, y Tn sintió cómo su cuerpo empezaba a perder flotabilidad.Descendió lentamente hasta tocar el fondo del contenedor.

Sus cristales dejaron de emitir luz; el color verde se opacó.

Una crisalidad traslúcida comenzó a cubrirlo, envolviendo su cuerpo con una textura parecida al vidrio líquido.

Pasaron los días.

Kal’tsit ajustaba los controles, monitoreaba su estado, registraba cada cambio molecular.Su voz, cuando hablaba con los demás doctores, era serena, casi distante.

—El sujeto “Tn” ha entrado en una fase de encapsulación espontánea —anotó una tarde, sin apartar la vista de las pantallas—.

Las lecturas energéticas son estables, pero su actividad neural disminuye.

No responde a estímulos externos.

Un asistente detrás de ella preguntó en voz baja—¿Cree que… está muriendo, doctora?

Kal’tsit no respondió de inmediato.Solo observó la crisálida que ahora cubría por completo la figura antes luminosa de Tn.Sus dedos rozaron el cristal del tanque.

—No… Es una crisalida.

Esta evolucionando.

Era increible al fin estaba evolucionando.

.

.

Aquella noche, Mon3tr entró sin permiso.

De nuevo.

Sus pasos resonaron en el suelo metálico.Llevaba el cabello suelto, una chaqueta ligera, y el mismo aire de fastidio que siempre, aunque sus ojos delataban algo más.

—¿Sigues dormido, pez raro?

—murmuró, acercándose al tanque.

El fluido era ahora oscuro, y en su interior solo se veía una forma difusa, inmóvil.—No te ves muy vivo que digamos……

Apoyó ambas manos sobre el cristal.No había respuesta.

Ni luz, ni movimiento.Solo la superficie lisa de la crisálida.

—Tch… —bufó, apartando la mirada—.

Ya te dije que ser normal no valen la pena, pero tampoco tenías que tomártelo tan en serio.

Carajo y si sus charlas ocacionaron que esa cosa rara se muriera.

Se quedó un rato más, sentada sobre la mesa de instrumentos, moviendo las piernas con impaciencia.Luego suspiró.

—Kal’tsit dice que estás “evolucionando”.

Pero… ¿evolucioanndo en qué, exactamente?

—¿A que alguien te saque de ahí?

—preguntó al aire.

—.

¿O a que te rindas?

Cerró los ojos por un momento.

Recordó aquella palabra, la primera que Tn le había dicho.“Frío.”.

—Yo también lo siento, ¿sabes?

—susurró, su voz bajando hasta casi quebrarse—.

Ese vacío que no se llena con nada….

—Pero tú… tú ni siquiera sabes lo que eres.

Ni quién eres.

Se levantó y colocó su mano otra vez sobre el cristal.—Así que escucha, Tn.

Si realmente estás ahí dentro, si puedes oírme… —murmuró con un tono bajo y firme—, más te vale despertar.

Porque si te atreves a dejarme sola, voy a arrancarte de ese maldito tanque yo misma.

El silencio respondió.

Pero justo cuando Mon3tr se dio la vuelta para irse, una línea de luz verde recorrió el interior del tanque, como una grieta que se abre lentamente.Mon3tr se detuvo.

Los sensores del laboratorio parpadearon.La crisálida vibró, emitiendo un sonido bajo, casi como un latido profundo.

Ella se acercó, los ojos muy abiertos.—…Tn.

El pulso se repitió.

Más fuerte.

El fluido del tanque comenzó a brillar otra vez, bañando el rostro de Mon3tr con una luz esmeralda.Y en su mente, una voz se formó —rota, débil, pero viva—.

El corazón de Mon3tr dio un salto.Una sonrisa torpe, casi incrédula, se formó en sus labios.

—Hah… supongo que al final no podías quedarte dormido, ¿eh?

Apoyó la frente contra el vidrio, sin darse cuenta de que algo dentro de sí también comenzaba a reaccionar: una sensación cálida, desconocida… y peligrosa.

—Entonces despierta, Tn —susurró con voz baja—.—Despierta de una vez.

La luz del tanque parpadeó una vez más, respondiendo como si hubiera entendido.

biippppp biiipppp bipppppp.

Los sensores del laboratorio comenzaron a parpadear frenéticamente.

Alarmas, luces rojas, un zumbido bajo recorriendo el suelo.

Antes de que Mon3tr pudiera siquiera abrir la boca, el tanque explotó con un rugido sordo que la bañó en el fluido brillante.

—¡AGH!

¡Maldita sea!

—tosió, limpiándose los ojos mientras el líquido goteaba por su rostro y su cabello—.

¡Kalt-sit!

*pluuutttt* *escupir* diablos se me metio en la boca ¡Tu cosa explotó!

¡Y me empapó!*escupir* aghghghhg maldicion que rayos es eso.

El vapor aún flotaba en el aire.

La habitación se volvió un mosaico de luces temblorosas, el olor metálico del originium líquido impregnando cada rincón.

Mon3tr parpadeó, tratando de enfocar la vista, hasta que su expresión cambió tres veces en un segundo: primero sorpresa, luego horror, y finalmente… vergüenza.

—…¿Qué… qué demonios…?

Frente a ella, entre fragmentos de cristal y humo, Tn ya no era una criatura marina.

De pie, tambaleante, un joven de piel pálida y húmeda trataba de mantenerse erguido.

Su cuerpo era delgado, casi etéreo, con leves brillos cristalinos en la piel.

Cabello largo, de reflejos azulados, pegado al rostro.

Los ojos… profundos, llenos de una curiosidad extraña.

Mon3tr se llevó una mano al rostro, cubriéndose por completo.

—¡Por todos los—!

¡Está desnudo!

¡Kaltsit, tu experimento está en pelotas!

El joven inclinó ligeramente la cabeza.

Su voz no era hablada, sino proyectada, resonando dentro de la mente de ambos.

—¿Frío…?

El tono era suave, casi infantil.

Mon3tr bajó un poco la mano, viéndolo temblar.

—…¿Frío?

No, no, no empieces a hablar en mi cabeza, eso es raro —bufó—.

¡Y ponte algo, maldita sea!

Antes de que pudiera acercarse, la puerta se abrió de golpe.

Kaltsit entró corriendo, bata ondeando, tablet en mano, la mirada pasando del tanque destruido a Mon3tr empapada… y finalmente al joven que intentaba cubrirse con una mano.

Se quedó en silencio tres segundos exactos.Luego exhaló.—…Por fin.

Al fin evolucionó.

Sonrió —una sonrisa sincera, inusual en ella— y se acercó sin miedo.

Se quitó la bata blanca y la colocó sobre los hombros del muchacho.—Tranquilo… no tienes por qué temer.

Has hecho lo que muchos creían imposible.

El joven la miró, sus labios moviéndose con torpeza.—¿Soy… T-t-t-…n?

Kaltsit asintió con suavidad.—Sí.

Eres Tn.

Y ahora… tenemos mucho que aprender de ti.

Mon3tr, aún roja hasta las orejas, chasqueó la lengua y se cruzó de brazos.—Sí, sí, aprende todo lo que quieras.

Pero la próxima vez, ¡avísame antes de que tus experimentos salgan desnudos de una pecera gigante!

Kaltsit la miró con una mezcla de resignación y diversión.—Mon3tr, ayuda a limpiar el área y trae una toalla.

Y por favor… trata de no comértelo por curiosidad.

—¡¿Qué?!

¡Yo no—!…*Bluuuughrhrhrhrh*.

Si lo probo.

Digamos que fluidos de diferentes quimicos en tu paladar no es la mejor idea.

Mientras ambas discutían, Tn observó sus propias manos, los reflejos cristalinos en la piel, el vapor escapando del tanque roto.

Y por primera vez desde que despertó, sonrió con curiosidad, como si comenzara a entender lo que era “existir”.

—Calor… susurró mentalmente.

Y Kaltsit, sin mirarlo, respondió en voz baja:—Bienvenido a Rhode island, Tn.

.

.

El laboratorio aún olía a ozono y fluido sintético.

Los drones de limpieza zumbaban mientras retiraban los restos del tanque destruido.

En el centro de la sala, Tn estaba sentado sobre una camilla metálica, cubierto apenas con la bata de Kaltsit.

Su cabello mojado goteaba lentamente, y su mirada se movía con una calma desconcertante, observando cada luz, cada movimiento, como si el mundo fuese completamente nuevo.

Kaltsit ajustaba unos monitores mientras tomaba notas en su terminal.—Ritmo cardíaco estable.

Temperatura corporal ligeramente inferior a la normal.

Actividad neural… fluctuante, pero coherente.

Fascinante.

Si activamos su cabeza que personalidad tendria.

—murmuró para sí.

Mon3tr, todavía empapada, se había sentado sobre una caja cercana, con una toalla alrededor del cuello y un gesto entre fastidiado y curioso.—Sí, fascinante… hasta que te baña en ácido brillante —resopló—.

¿Y qué vas a hacer ahora?

¿Abrirle la cabeza para ver cómo piensa?

Kaltsit no levantó la vista.—Nada tan primitivo.

Pero sí quiero entender cómo pudo reestructurar su biología.

Nunca habíamos visto una criatura de “Originium” desarrollar una morfología humana sin un vector de control externo.

Aunque saber que demonios en realidad era, causaba ciertos conflictos en sus estudios tendria que llamar al Doctor.

Tn los escuchaba.

O mejor dicho, los sentía.

No necesitaba entender del todo las palabras; bastaba con percibir los ecos mentales que desprendían su cerebro procesaba todo como si siguiera en el fondo marino.

Giró la cabeza hacia Mon3tr y la observó con cierta curiosidad infantil.

—Tú… me miras mucho.

Mon3tr casi se atraganta con su propio aire.—¡¿Qué?!

¡Yo no—!

No es por… eso, ¿vale?

Es que eres raro.

Y hablas en mi cabeza.

—Hablar… es difícil.

La voz resonaba como un pensamiento limpio, translúcido.

—Pero tú entiendes.

Mejor que ella.

Kaltsit detuvo su escritura por un segundo y levantó una ceja.

—¿“Mejor que yo”?

—preguntó con una leve sonrisa cansada—.

Qué rápido desarrollas preferencias.

Mon3tr giró la cabeza, ocultando un leve rubor.—No te hagas ilusiones, chico.

No estoy para cuidar crías recién salidas del tanque.

Tn ladeó la cabeza, curioso.—Pero… tú viniste.

De noche.

El silencio se volvió casi palpable.

Mon3tr lo miró con los ojos entrecerrados.—¿Qué dijiste?

—Escuché.

Tu voz.

Cuando dormía.

Decías… “qué aburrido es todo sin alguien que entienda.”.

Mon3tr lo miró boquiabierta.

Kaltsit por poco deja caer su tablet.

El chico no sonaba acusador.

Ni inocente.

Solo… honesto.

Kaltsit tosió y retomó el control de la conversación.—Impresionante.

Memoria psíquica retenida incluso en estado crisálido… Es probable que sus sentidos hayan captado vibraciones mentales.

No telepatía clásica, pero algo cercano.

Mon3tr no respondió; su mirada seguía fija en él, incómoda, pero intrigada.Tn extendió una mano temblorosa, los cristales de su piel brillando débilmente.

—Tú… calor.

—El frío… duele.

Pero tú… calor.

Por primera vez, Mon3tr no supo qué decir.

Bajó la mirada y resopló.—…Tch.

No te acostumbres, pez raro.

Kaltsit, conteniendo una pequeña sonrisa, se acercó con un estetoscopio.—No lo provoques demasiado.

Está aprendiendo emociones y asociaciones.

Es como un niño que acaba de despertar en un cuerpo que no entiende.Je me recuerda a ti.

Mon3tr cruzó los brazos ignorando como fue su encuentro con la neko.—¿Y qué vas a hacer con él?

Kaltsit la miró con ese brillo analítico habitual.—Observarlo, enseñarle… y si es posible, integrarlo.

Rhodes Island puede necesitar a alguien como él.

Tn ladeó la cabeza.—Integrar… ¿significa no estar solo?

Kaltsit le respondió con calma—Sí.

Significa que tendrás un lugar.

El chico asintió lentamente.

Pero su mirada volvió hacia Mon3tr, como si su mente aún no entendiera del todo a los humanos, pero hubiera encontrado en ella un punto de referencia.—Entonces… me quedaré.

Con calor.

Mon3tr apartó la vista, sus mejillas apenas rosadas.—…Haz lo que quieras, pero no me llames así.

Kaltsit suspiró, anotando algo más en su tableta.—Ya veo.

Empieza la fase dos: vínculo emocional espontáneo.

Y mientras los sensores marcaban estabilidad, el primer vínculo de Tn con el mundo humano comenzaba a formarse, cálido y peligroso a partes iguales.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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