Waifu yandere(Collection) - Capítulo 196
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196: Lumine part 2 Genshin impact 196: Lumine part 2 Genshin impact Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos..
__________________________—- Despertar con una pequeña criatura dormida sobre el pecho no era, precisamente, la forma ideal de empezar el día.
Tn abrió un ojo, algo aturdido, solo para encontrarse con el rostro dormido de Paimon a escasos centímetros del suyo.
La diminuta figura loli flotaba apenas, roncando suavemente, pero en algún punto de la noche había terminado usando su torso como cama.
—…¿En serio?
—murmuró Tn, con resignación.
Con cuidado, la apartó, pero Paimon murmuró entre sueños algo sobre “dulces” y “comida” antes de seguir roncando.
El ruido fue suficiente para despertar a Lumine, que se giró lentamente sobre su costado.
Su cabello rubio se esparcía como una cascada dorada sobre el suelo cubierto de hojas, y sus ojos se entreabrieron, aún somnolientos.
—¿Qué sucede?
—preguntó con voz suave, mientras se incorporaba.
—Nada grave… solo tu compañera aérea usando gente como colchón —contestó Tn, con un tono seco.
Paimon, flotando somnolienta en el aire, se frotó los ojos con un puchero.—¡Moooouuuuu No me dejaste dormir bien, Tn!
¡Tu pecho es demasiado duro!
—No sabía que eso era culpa mía —bufó él, estirando los brazos.
Lumine soltó una leve risa al ver la escena, pero enseguida su expresión se volvió seria.
Se puso de pie y sacudió su vestido de viaje, el polvo del bosque cayendo en diminutas nubes.—Deberíamos continuar.
Si no salimos pronto, anochecerá antes de que lleguemos a algún punto seguro.
Tn asintió, recogiendo su abrigo y ajustándose.—¿A dónde exactamente?
—A Mondstadt —respondió Lumine con decisión—.
Es la ciudad de la libertad.
Tal vez allí encuentre alguna pista sobre mi hermano.
O… —lo miró brevemente, con un dejo de interés en la voz— quizás esa “Varsha” de la que hablaste.
Si puede abrir portales, podría ayudarme a encontrarlo.
Tn se detuvo un instante, encogiéndose de hombros.—No lo sé… Varsha hace las cosas a su manera.
Es más probable que abra un portal a una taberna que a otro punto en el mundo.
Paimon dio una vuelta en el aire, cruzando los brazos.—¡Aun así deberíamos buscarla!
Si puede abrir portales, ¡eso nos ahorraría muchos problemas!
Tn soltó una risa cansada, sin humor.—Yo solo quiero volver a casa, entregar mi renuncia, y olvidarme de la familia Heydrich.
No me pagan lo suficiente para seguir a una lunática.
Lumine lo observó un segundo más de la cuenta, su mirada se suavizó apenas, pero no dijo nada.
En cambio, se giró hacia el camino cubierto de niebla.—Entonces busquemos juntos lo que queremos —dijo finalmente—.
Yo a mi hermano, tú tu camino de regreso.
Tn suspiró, resignado.—No sé si eso fue una orden o una propuesta, pero supongo que no tengo muchas opciones.
Paimon levantó una mano al aire, entusiasmada.—¡Entonces es oficial!
¡El equipo Tn-Lumine-Paimon parte hacia Mondstadt!
—Preferiría un nombre menos… infantil —replicó Tn, mientras comenzaba a caminar.
Lumine sonrió levemente, observando su espalda mientras avanzaba.
Algo en ese chico despertaba una calma extraña en ella, un calor que no recordaba sentir desde hacía mucho.
Mientras el sol nacía entre los árboles, un brillo dorado bañó el bosque, y sin darse cuenta, Lumine murmuró para sí—Tn… No te me pierdas también.
.
.
El camino hacia Mondstadt fue más largo de lo que Tn imaginaba.
Entre colinas verdes, campos de flores y el sonido constante del viento, la silueta de la ciudad comenzó a elevarse a la distancia: murallas de piedra, molinos y un enorme árbol sobre una colina.
El aire olía a vino y cosechas del reino.
Apenas cruzaron el último tramo del bosque, una voz alegre los detuvo.—¡Eh!
¡Ustedes!
¡Bienvenidos a Mondstadt, la Ciudad de la Libertad!
—gritó una joven de cabello castaño oscuro, ondeando una mano con energía.
Llevaba una chaqueta roja con una capucha grande, botas altas, un lazo que parecía orejas de conejo, y unas gafas doradas sobre la cabeza.
Su sonrisa era tan brillante como el sol.—Soy Amber, ¡la única y mejor Outrider de los Caballeros de Favonius!
—dijo con orgullo, llevándose la mano al pecho.
Paimon se adelantó flotando.—¡Hola!
¡Yo soy Paimon, y estos son Lumine y Tn!
¡Estamos de viaje!
Amber inclinó la cabeza con curiosidad.—¿Viaje?
¿De otra nacion, o… de otro reino?
Lumine intercambió una mirada rápida con Tn, quien solo se encogió de hombros.—Digamos que un poco de ambos —respondió Lumine, con una sonrisa leve.
Amber rió suavemente.—Bueno, ¡mientras no sean del tipo que causa problemas, Mondstadt les dará la bienvenida!
Tn, sin embargo, no parecía prestar demasiada atención.
Miraba las murallas, los molinos, las casas de piedra y madera, todo con un gesto ambiguo entre curiosidad y desconfianza.—Parece… medieval —murmuró—.
No he visto una ciudad así desde….
—¿Desde cuándo?
—preguntó Amber, ladeando la cabeza.
Tn guardó silencio unos segundos antes de responder, ajustando la correa de su abrigo.—Desde el siglo XVIII.
Amber parpadeó un momento, algo confundida.—¿Siglo… qué?
Paimon se llevó una mano a la mejilla.—¡Tn viene de un lugar muy raro!
¡Dice que hay máquinas voladoras, y que la gente usa luces sin fuego!
Amber soltó una carcajada incrédula.—¡Eso suena loco!
Pero he escuchado a los eruditos de Sumeru hablar de cosas parecidas… Supongo que Teyvat todavía guarda muchos lugares interesantes.
(Nt: se que genshin no es tan atrasado pero paimon se refiere a los aviones literalmente).
Tn bufó suavemente.—Interesantes, sí… o dolores de cabeza.
Depende de quién los mire.
Amber lo observó con una mezcla de simpatía y curiosidad.—Tienes una forma muy curiosa de hablar, Tn.
Pero bueno, si acaban de llegar, los llevaré a la ciudad.
Los Caballeros de Favonius pueden ayudarlos a orientarse.
Lumine sonrió, asintiendo.—Gracias, Amber.
Buscamos información sobre… alguien perdido.
Y quizá sobre otra persona que puede abrir portales.
—¿Portales?
—repitió Amber, sorprendida—.
Eso suena como algo de magia avanzada… No he visto nada así, pero quizá Jean o Lisa sepan algo.
Mientras Amber caminaba delante, Tn la seguía con las manos en los bolsillos, observando cada rincón con atención.
Los molinos giraban con el viento, y las campanas del reloj resonaban a lo lejos.
Todo parecía demasiado tranquilo, demasiado “puro” para su gusto.
—Así que, ¿la única exploradora de los Caballeros, eh?
—preguntó con tono neutral.
Amber giró con una sonrisa confiada.—¡Exacto!
¡Y la mejor!
—Vaya —murmuró Tn, sin emoción aparente—.
No parece un trabajo fácil.
Amber se rió.—Tampoco lo es.
Pero alguien tiene que cuidar las fronteras.
Además… —lo miró de reojo— tengo buen ojo para saber quién se pierde fácilmente.
Tn levantó una ceja.—¿Lo dices por mí?
—¡Por todos los viajeros!
—respondió ella, riendo.
Lumine los observaba desde atrás, en silencio.
Algo en la forma en que Amber sonreía le causaba una ligera incomodidad, un cosquilleo molesto en el pecho.
No entendía por qué.
Paimon voló entre ellos, hablando animadamente.—¡Amber, Amber!
¿Crees que podríamos probar la comida de Mondstadt?
¡Lumine y yo no hemos comido nada decente en días!
Amber sonrió con calidez.—Por supuesto.
Conozco una taberna que hace el mejor estofado de jabalí de todo Teyvat.
¡Les encantará!
Lumine solo asintió con una sonrisa tenue, aunque su mirada se mantenía fija en Amber… más tiempo del que hubiera querido admitir.
.
.
Amber los condujo a través de las calles empedradas hasta una taberna de madera que desprendía el cálido aroma de pan recién horneado, cerveza y especias.
Un letrero colgante rezaba “El Gato Tostado”, y al abrir la puerta, una ola de música, risas y voces llenó el aire.
Paimon, con los ojos brillando como si hubiera visto un tesoro, exclamó con un chillido de pura emoción:—¡Huele delicioso!
¡Tn, Tn, mira!
¡Hay pastelitos, carne asada, sopa!
¡De todo!Waaaaaaahhhhhh.
El chico suspiró, caminando tras ella con una calma que contrastaba con la euforia de la pequeña flotante.
Lumine se acomodó el cabello dorado, observando el lugar con curiosidad.
Había pasado tanto tiempo viajando que la sensación de un sitio tranquilo resultaba extraña.
Amber los condujo hasta una mesa junto a la ventana.
—Siéntense, por favor —dijo con una sonrisa amable mientras agitaba la mano para llamar a una camarera—.
Aquí siempre atienden rápido… bueno, cuando Venti no está causando problemas.
Tn alzó la vista, notando a un chico de aspecto relajado y cabello verde-azulado, recostado sobre una mesa con varias botellas vacías a su alrededor.
Roncaba suavemente, con una sonrisa tonta en los labios.
—Déjame adivinar —murmuró Tn, apoyando la barbilla en una mano—.
¿El vago con el laúd?
Amber soltó una risa leve.
—Exactamente.
Ese es Venti, nuestro… hmm… bardo local.
No trabaja, bebe más de lo que debería y vive endeudando la taberna.
Barbara, la hermana de lady Jean, siempre termina pagándole las cuentas.
Tn bajó la mirada a su abrigo, palpando los bolsillos con un dejo de esperanza.
Al sacar unas monedas, la luz del sol reflejó el metal blanco con vetas grisáceas.
Lumine las observó con interés.
—¿Eso no es…
plata?
—preguntó—.
Brillan distinto.
—Oricalco —respondió Tn con desgano, dejando que una moneda rodara sobre la mesa antes de detenerla con el dedo—.
Moneda de mi….Nacion.
Servía para pagar libros, materiales o comida… cuando había trabajo.
Amber tomó una de las monedas y la giró entre los dedos, frunciendo el ceño.
—Nunca había visto nada parecido.
Aquí usamos moras —dijo mientras sacaba una del bolsillo, una moneda dorada con el símbolo de Mondstadt grabado—.
Y me temo que esto… —devolvió la de Tn— no servirá aquí.
Tn exhaló un suspiro largo, hundiendo los hombros.
—Genial… varsha me lanza a otro lugar sin previo aviso, pierdo mi empleo y ahora ni para pagar un panecillo.
Perfecto.
Lumine, cruzando los brazos, trató de mantener la calma.
—Yo tampoco tengo moras.
La comida no me hace falta, así que no suelo cargar dinero.
—¡Paimon sí necesita comer!
—gritó la pequeña, señalando con dramatismo el plato vacío frente a ella— ¡Y Paimon está a punto de morir de hambre!
¡De verdad, de verdad!
Amber soltó una risita nerviosa y levantó las manos.
—Está bien, está bien.
Invito yo —dijo, intentando no parecer apurada—.
Consideren esto una bienvenida a Mondstadt.
Tn la miró con un gesto cansado pero sincero.
—Gracias… aunque espero poder devolvértelo pronto.
Amber sonrió, apoyando un codo en la mesa.
—No te preocupes.
Solo prométeme no convertirte en otro Venti, ¿sí?
Desde la otra mesa, el bardo se movió un poco, medio dormido, murmurando entre sueños—¿Quién… me llamó… deuda…Barbara~ hiipp quitate ese vestido hipp~ te mostrare a que dios le rezas hiippppp~?
Paimon lo miró con los ojos muy abiertos y susurró—¿Ese es el famoso Genshin del Viento…?
Tn arqueó una ceja.
—¿Ese borracho?
No puede ser en serio.Es acaso alguien importante.
Amber apartó la mirada, riéndose con cierta incomodidad.
—Ehm… bueno… digamos que Mondstadt tiene su propio estilo de héroes.
Lumine se llevó una mano a la frente y susurró —Esto va a ser más complicado de lo que pensaba.
Y así, mientras la comida llegaba y el sol descendía lentamente sobre Mondstadt, Tn no podía evitar preguntarse qué más le depararía este nuevo mundo… y si la misteriosa Varsha había planeado todo aquello desde el principio.
Tn suspiró, hundiendo la cuchara en el plato.—Naaaah… —murmuró con fastidio—, no eres tan lista como para planear todo esto.
Si me mandaste aquí, fue puro accidente o… una de tus malditas borracheras.
Amber lo oyó y soltó una risita mientras removía su propio estofado.
—¿Así que la “gran invocadora” que mencionaste no es tan sabia como parecía?
—Sabia no… —replicó Tn, alzando una ceja—.
Es una ninfómana loca con suerte increible.
Lo raro no es que me haya traído aquí, sino que no haya explotado medio bosque en el proceso.
Amber casi se atraganta de la risa.
—Vaya descripción….
La conversación se interrumpió cuando una camarera se acercó con varios platos humeantes.
El aroma del estofado llenó el aire, y Paimon prácticamente saltó sobre el tazón.
—¡Se ve increíble!
¡Huele aún mejor!
—gritó mientras abrazaba el plato con ambas manos diminutas.
Amber alzó la cuchara y sonrió.
—Buen provecho, viajeros.
—Buen provecho —repitió Lumine con calma, probando apenas una cucharada.
Tn asintió sin decir palabra, comiendo con cierto apetito acumulado.
Paimon, en cambio, no se contuvo: bebió todo el caldo de un solo trago, se limpió la boca y jadeó satisfecha.
—¡Ahhh, Paimon podría vivir aquí para siempre!
¡Comida gratis, aire fresco y Hilichurlian que no nos atacan!
El comentario pareció invocar al destino.
Un rugido ensordecedor partió el cielo, haciendo vibrar las ventanas de la taberna.
Los cubiertos cayeron, los clientes gritaron, y la luz del día se oscureció bajo una sombra colosal.
—¿Pero qué demonios…?
—Tn se levantó de golpe, mirando hacia la plaza.
Amber corrió hasta la puerta y la abrió de par en par.
El viento arremolinado casi la hizo caer.
En lo alto del cielo, una figura enorme y azul batía sus alas, generando torbellinos que arrancaban tejas y levantaban polvo.
—¡Es Dvalin!
—gritó Amber con el rostro tenso—.
¡El Dragón del Este!
¡Stormterror!
Lumine retrocedió un paso, el brillo de sus ojos dorados reflejando la inmensidad del dragón.
—¿Ese es… el protector de Mondstadt?
¿Por qué está atacando?
—No lo sé!
—respondió Amber, sujetando la mano de Tn y tirando de él—.
¡Vamos, cúbranse!
Sin dudarlo, se arrojaron hacia la fuente central, hundiéndose detrás del borde de piedra mientras un rugido estremecía el suelo.
Una ráfaga de viento los empapó.
El agua se levantó en chorros mientras Paimon gritaba—¡No quiero morir así, empapada y con hambre otra vez waaaaaahhhhhhhh LUMINE HAZ ALGOOOOOOO WAAAAAAHHHH TN AYUDA A PAIMON!
Tn miró hacia arriba tratando de quitarse al hada molesta, el viento empujando su cabello hacia atrás.
—¿Qué clase de mundo tiene dragones sueltos volando sobre pueblos?No deberian ahber no se ASESINOS DE DRAGONES —gruñó, cubriéndose el rostro.Donde estaban los malditos paladines caza dragones.
—Bienvenido a Mondstadt —respondió Amber con ironía, mientras un destello azul surcaba el cielo.
Entonces, entre la tormenta de viento y el caos, una voz resonó con serenidad entre el ruido—Eso es suficiente, Dvalin.
Una figura avanzó desde una calle lateral.
Era un joven de cabello azul oscuro, elegante incluso en medio del desastre.
Su capa ondeaba con el viento y su mirada —un solo ojo visible, de tono bígaro con pupila de diamante— se alzó hacia el dragón.
—Superior Kaeya… —susurró Amber, aliviada.
El joven alzó la mano con calma, su guante brillando con energía helada.
De su palma emergió una ráfaga de cryo que atravesó el aire, impactando contra una corriente de viento del dragón y desviándola hacia el cielo.
Dvalin rugió, enfurecido, pero tras un instante giró y emprendió el vuelo hacia las montañas, dejando una estela de remolinos tras de sí.
El silencio volvió lentamente a la plaza.
Tn se incorporó, empapado y con expresión incrédula.
—¿Ese tipo… le acaba de gritar a un dragón y funcionó?
Bien alguien fuerte al cual apegarse.
Amber suspiró, sacudiéndose el agua del cabello.
—Kaeya es así.
Siempre aparece cuando todo se descontrola.
El joven se acercó, sonriendo de lado.
—Vaya bienvenida para nuestros visitantes —comentó con voz suave pero afilada—.
¿De dónde vienen, exactamente?
Tn bufó.
—Del infierno, aparentemente.
Kaeya arqueó una ceja.
—Ah, entonces se sentirán como en casa.
Mondstadt puede ser… igual de caótico.
Lumine cruzó los brazos, mirando al cielo donde el dragón había desaparecido.
—Si ese era Dvalin, algo muy grave está pasando.
Amber asintió con firmeza.
—Debemos avisar a Lady Jean.
Y rápido.
Tn los observó un momento, sintiendo cómo el aire frío le erizaba la piel.
En su mente, una sola idea resonaba con fastidio resignado“ maldita seas… ¿en qué clase de lío me has metido ahora?”.
Ninguno de ellos notó al bardo de cabello verde y sonrisa soñadora que los observaba desde el tejado más alto, tocando una melodía suave con su lira.
Las notas se entrelazaban con el viento, llevando una calma artificial al aire tras el paso del dragón.
Sus ojos, sin embargo, seguían fijos en el grupo que se alejaba: la viajera, el muchacho extraño con mirada cansada, y la pequeña criatura flotante que discutía incluso cuando respiraba.
—Ah… los vientos traen nuevos rostros a Mondstadt —susurró Venti con voz ligera—.
Y quizá, nuevas historias…..Supongo que tnedras que perdonarme vieo amigo, arreglar los problemas con Big blue son mi prioridad-.Se disculpo con el cuerpo que tenia.
Mientras tanto, abajo, Amber caminaba rápido por las calles empedradas, guiando al grupo con paso decidido.
Tn iba detrás, con las manos en los bolsillos y expresión de desconfianza.
—¿Seguro que no podemos simplemente… alejarnos de todo esto?
—dijo Tn, rompiendo el silencio—.
Mira, no soy un cobarde, pero no pienso jugar a ser héroe.
Ese dragón podría convertirnos en cenizas sin despeinarse.
Amber volteó, un poco ofendida.
—¡Dvalin no es un monstruo cualquiera!
Es el Dragón del Este, protector de Mondstadt… bueno, lo era.
Si está actuando así, debe haber una razón.
Lumine miró sus manos, apretando los dedos.
—Razón o no, si está sufriendo, deberíamos ayudarlo —dijo con firmeza, aunque su voz tembló ligeramente—.
Y… tal vez, si ayudo aquí, encuentre alguna pista sobre Aether.
Tn suspiró y bajó la mirada.
—…No me malinterpretes.
Entiendo tu motivación, Lumine, pero a mí solo me pagaban por cuidar a una lunática y no tengo manera de luchar contra esa cosa.
Dejo las cosas ocultistas en casa asi que estaba tan indefenzo como un civil.Aunque si podria conseguir las cosas que necesitaba.
Los instrumentos de ocultismo para hechizos incluyen una variedad de herramientas como varitas, athames (dagas rituales), pentáculos, calderos y campanas, cada una con un propósito simbólico o funcional en la magia.
Estas herramientas pueden representar los elementos (tierra, aire, fuego, agua), y se usan para enfocar la energía en rituales como la invocación, la adivinación o la meditación.
Paimon soltó un bufido, flotando frente a su cara.
—¡Paimon cree que eres un aguafiestas!
¿Y si ese dragón regresa mientras estás comiendo o durmiendo, eh?
—Entonces correré más rápido que tú, bicho volador —respondió Tn con media sonrisa.Espera, esa tiara, podria servirse para el ocultismo.
Amber negó con la cabeza, intentando mantener la calma.
—Miren, no tienen que luchar.
Déjenlo en nuestras manos, ¿sí?
Iré a buscar a Kaeya y a Lady Jean, y juntos veremos cómo calmar a Dvalin.
Mientras tanto, puedo dejarles un lugar seguro.
—¿Seguro?
—repitió Tn, arqueando una ceja.
Amber asintió con determinación.
—La Gran Iglesia de Barbatos.
Es el templo principal dedicado al Dios Anemo.
Allí pueden descansar, y Barbara se encargará de atenderlos.
—Suena… bien —aceptó Tn al fin, encogiéndose de hombros—.
Si hay un techo, agua caliente y nada que intente comerme, firmo donde sea.
—¡Y comida!
—añadió Paimon emocionada—.
¡Paimon vota por eso!
Amber sonrió al verlos más animados y los condujo por las calles adornadas con banderas verdes y flores blancas.
La ciudad aún se recuperaba del susto, pero el viento suave parecía querer reconfortarla.
Finalmente, llegaron a la gran iglesia.
Los enormes vitrales reflejaban tonos celestes, y el aire olía a incienso y pureza.
En el altar, una joven estaba acomodando flores, su voz suave llenando el lugar con un canto.
Amber levantó una mano.
—¡Barbara!
La joven se giró con una sonrisa amable, su cabello rubio ceniza bailando al moverse.
—¡Amber!
Qué gusto verte.
Oh… ¿y ellos?
—preguntó, mirando a Lumine, Tn y Paimon.
—Son viajeros —explicó Amber—.
Han tenido un encuentro cercano con Dvalin y necesitan descansar.
Barbara dejó a un lado su cesta de flores y se acercó.
—Entiendo.
Si Dvalin ha vuelto a atacar, entonces la situación es grave… —miró a Lumine con curiosidad—.
Tú… sientes el viento, ¿verdad?
Lumine parpadeó, sorprendida.
—¿El viento?
—Sí.
Barbatos, nuestro dios, bendice a quienes tienen alma libre.
Tú tienes ese aire —dijo Barbara con dulzura antes de mirar a Tn—.
Y tú… no tanto.
Tn arqueó una ceja.
—¿Eso se supone que es un cumplido o una observación?
Si una sacerdotiza determinaba de alguna forma su nulo apego a la magia, entonces necesitaba con urgencia esos intrumentos.
Amber rió por lo bajo.
—No te lo tomes mal, Tn.
Barbara siempre dice lo que siente.
Barbara sonrió apenada.
—No era mi intención sonar grosera.
Pero… hay algo extraño en ti, como si el viento no pudiera tocarte del todo.
Tn bajó la mirada, pensativo.
—Créeme, eso tiene una explicación muy larga y llena de traumas.
—¡Paimon puede confirmarlo!
—dijo la pequeña, flotando frente a Barbara—.
¡Este tipo está maldito o algo así!
—Gracias por la sutileza, Paimon —replicó Tn con sarcasmo.
Amber cruzó los brazos.
—Bueno, Barbara, ¿puedes cuidarlos un rato mientras regreso por Jean?
—Por supuesto —asintió Barbara con una sonrisa radiante—.
Están a salvo aquí.
Descansen, el viento de Lord Barbatos los protegerá.
Tn suspiró y se dejó caer en un banco, apoyando los codos en las rodillas.
—Eso espero.
Lumine se sentó a su lado, mirando los vitrales.
—Tranquilo, Tn.
Tal vez no sea tan malo estar aquí.
Él la miró un momento y luego murmuró, con una leve sonrisa cansada—Sí, claro… hasta que aparezca borracho cabalgando ese dragón, preguntando por algo.
Amber se rió sin poder contenerse, mientras Barbara lo miraba confundida.—¿Eh?
¿Es… tu amiga?
—Digamos que… es la razón por la que estoy atrapado aquí.
—Tn miró hacia las altas torres de la iglesia, el eco del viento resonando como una promesa lejana—.
Y conociéndola, no tardará mucho en encontrarme.
Barbara los había dejado solos en el interior silencioso de la iglesia, y el eco de sus pasos se perdió entre los vitrales teñidos de azul.
Amber ya se había marchado rumbo al cuartel de los Caballeros de Favonius, dejándolos en aquella calma que se sentía extrañamente densa después del caos del dragón.
Paimon, flotando inquieta frente a la gran estatua del dios Barbatos, la observaba con atención, inclinando la cabeza a un lado y a otro.
Sus pequeños ojos se entrecerraron mientras murmuraba para sí misma—Esa estatua… ese rostro… Paimon lo ha visto antes.
¿No es igual al bardo ebrio que dormía en la taberna?
—Se llevó un dedo al mentón, pensativa—.
Hm, aunque supongo que no sería raro… algunos dioses caminan entre los humanos, ¿no?
Su voz se volvió más baja, casi reverente.—Los Arcontes… los siete que gobiernan Teyvat… cada uno con su elemento, su historia, su carga… Aunque la mayoría vive lejos, en Celestia.
—Suspiró y flotó hacia arriba—.
Pero Paimon se pregunta… ¿qué pasaría si uno de ellos simplemente decidiera esconderse entre nosotros?Espera ese bardo era de verdad el.
Lumine no respondió.
Estaba sentada al lado de Tn, mirando las luces que entraban por los vitrales.
El reflejo verde y dorado bañaba el rostro del chico, que parecía sumido en sus pensamientos.
—¿Qué tienes?
—preguntó ella con suavidad, notando su expresión ausente.
Tn se encogió de hombros, apoyando los codos en las rodillas.
—Nada grave.
Solo que… aunque quiera ayudar, estoy prácticamente desnudo sin mis herramientas.
—¿Herramientas?
—repitió Lumine, ladeando la cabeza.
—Sí.
—Tn suspiró y la miró de reojo—.
De donde vengo, existen instrumentos de ocultismo.
Cosas… que canalizan energía, o controlan la magia.
Dagas rituales, varas, círculos, sellos… sin eso, cualquier invocación o defensa es un riesgo.
—Hizo una pausa, bajando la voz—.
Estoy más expuesto que una persona común.
Lumine lo observó con curiosidad sincera.
—¿Y no puedes crearlas otra vez?
—Podría intentarlo —respondió él, cruzando los brazos—, pero necesitaría materiales específicos.
Plata purificada, hierro, madera de tejo o de olivo, y sobre todo un espacio sellado.
—Sonrió con ironía—.
Y no creo que la iglesia esté muy feliz de que monte un altar improvisado aquí.
Los cristianos seguian teniendo ataques de panico por eso.
Paimon, que había vuelto a flotar cerca, giró sobre sí misma.
—¿Un altar?
¡Eso suena sospechoso!
Paimon no quiere que te exorcicen ni nada raro, ¿eh?
Tn rodó los ojos.
—No haré ningún pacto con demonios, si eso te preocupa.
Solo intento no morir si otro dragón decide aparecer.
Lumine lo miró un largo momento.
—…Puedo ayudarte a encontrar los materiales —dijo de pronto, con voz firme.
Él la miró, sorprendido.
—¿Ayudarme?
¿Por qué?
—Porque si realmente puedes crear herramientas que nos protejan, entonces vale la pena.
—Lumine sonrió apenas—.
Además… no quiero que estés desprotegido.
Tn parpadeó, algo incómodo ante el tono de su voz.
—Eres… demasiado amable para alguien que apenas me conoce.
Lumine desvió la mirada, fingiendo observar los vitrales.
—Digamos que… me recuerdas un poco a alguien.
—Sus ojos dorados brillaron bajo la luz—.
Alguien a quien también quiero proteger.
Paimon los miró a ambos con sospecha, flotando entre ellos.
—¿Qué están mirando así?
¡Paimon siente que se está perdiendo algo importante!
Tn tosió para romper la tensión.
—Nada, bicho.
Solo estamos planeando cómo no morir.
—¡Bicho tú!
—reclamó Paimon, inflando las mejillas.
Lumine soltó una risita apenas audible, cubriéndose los labios con una mano.
Por un momento, la pesada atmósfera del santuario pareció disiparse, dejando solo un pequeño respiro de calma entre los tres.
Afuera, sin embargo, el viento soplaba con un tono distinto.
En los tejados, una figura de capa verde sonreía mientras observaba la iglesia desde la distancia.
—Interesante… —murmuró Venti, ajustando su lira—.
Un viajero fuera de lugar, una viajera perdida y una pequeña chispa de destino cruzando sus caminos.
Qué melodía tan curiosa podría salir de esto.
Su sonrisa se amplió.—El viento parece tener planes para ellos.
____________________________________________________________________________ (Ok…..me rindo genshin tiene un lore enorme asi que hare que estos dos viajen un poco por las rutas canónicas y luego fucked los dejare en algún lugar con lumine haciendo lo suyo yandere).
Y si este tn es como jonh constantine y luego hablaré un poco mas sobre el mundo de donde lo sacaron.
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