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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 198

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  4. Capítulo 198 - 198 Neferpitou Hxh
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198: Neferpitou Hxh 198: Neferpitou Hxh Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++  El eco de los gemidos resonaba en las profundidades húmedas del nido.

El aire estaba impregnado de sangre y carne, un calor sofocante que hacía vibrar las paredes cubiertas de quitina.

La Reina Hormiga Quimera se retorcía en su trono de carne y osamenta, el vientre hinchado como una montaña viviente.

En su interior, el futuro rugía.

Dos corazones palpitaban dentro de ella —dos Reyes.Uno sería Meruem, el destino absoluto de su especie “La luz que todo ilumina”.

El otro, su reflejo imperfecto, Tn, el gemelo que debía ser reserva, sombra y posibilidad.

“Mis hijos…” murmuró la Reina con voz temblorosa, el eco de sus palabras resonando por los túneles.“El mundo no está listo para ustedes… pero ustedes… están listos para devorarlo.Nuestra especie es el pinaculo de la evolucion”.

Un espasmo recorrió su cuerpo.La membrana translúcida de su abdomen tembló; dentro, algo se movía con fuerza.

El sonido era nauseabundo —carne desgarrándose, líquido cayendo, huesos crujiendo bajo el peso de la nueva vida.Una hormiga sirviente se acercó con una bandeja improvisada hecha de huesos humanos, sobre la cual reposaban esferas rojas y calientes.

Carne fresca.

“Mi Reina,” dijo la sirviente, agachando la cabeza, “traigo alimento… los nutrientes deben continuar.”.

La Reina giró apenas su cabeza, sus ojos vacíos y vidriosos brillando con un instinto maternal y predatorio al mismo tiempo.Tomó la carne entre sus pinzas y la devoró sin piedad, desgarrando con sus fauces.Su garganta vibró.Un rugido ahogado escapó de su pecho, entre sufrimiento y éxtasis.

“Aún no… aún no es suficiente.

Mis hijos… necesitan más…”.

A su alrededor, tres enormes capullos custodiaban la cámara.Dentro de ellos, los Guardianes Reales estaban por completarse: Neferpitou, Shaiapouf y Menthuthuyoupi.

La Reina los observó, exhalando con alivio.A través del dolor, una chispa de orgullo atravesó su mente desgastada.

“Cuando despierten… ustedes tres los protegerán.

Uno de ellos… gobernará el mundo.

El otro… lo preservará.

Así la especie no morirá nunca…”.

Otra contracción.El vientre se alzó y descendió, temblando como si una bestia interna buscara escapar.Los túneles se llenaron con un sonido húmedo, visceral.Las sirvientas retrocedieron, aterradas.

“¡Está llegando el momento!” gritó una de ellas.“¡La Reina está dando a luz!”.

La Reina cerró sus ojos y su mente se sumergió en la memoria ancestral que la había guiado desde el primer despertar de su especie.Sabía que este nacimiento sería diferente.Lo sentía en su médula.Una parte de ella… temía a lo que estaba por salir.

“Meruem…” susurró.“Y tú… el que no tiene nombre aún… serás mi repuesto, mi esperanza.

Si uno cae, el otro reinará.

Si el mundo lo destruye… tú lo reconstruirás.”.

Un estallido de líquido rojizo bañó el suelo.Del vientre abierto emergió la primera figura —pequeña, temblorosa, envuelta en una membrana brillante.

Un par de ojos rojizos se abrieron por primera vez.

Meruem.

El aire pareció doblarse alrededor de él, su mera presencia aplastando la voluntad de las hormigas cercanas.Era perfecto.Frío.Divino.

La Reina intentó hablar, pero su voz se quebró.Un segundo espasmo la recorrió.El dolor ahora era insoportable.

“Aún… queda uno…” jadeó.“Mi segundo hijo…”.

Del mismo vientre desgarrado emergió el otro —más pequeño, más débil, su piel aún pálida y blanda.El aura a su alrededor era tenue, pero viva.No tenía la grandeza de su hermano, pero sí una calma distinta, una chispa de introspección que parecía impropia de una bestia recién nacida.

Tn.

El segundo Rey.La sombra del trono.

La Reina lo miró con ternura quebrada.Una lágrima viscosa se deslizó por su rostro.

“Mi pequeño… tú serás la semilla… la raíz que no muere…”.

Meruem fue llevado por las sirvientas, envuelto en telas improvisadas el rey no estaba abriendo los ojos, rumbo a la superficie.

Tn quedó junto al cuerpo moribundo de su madre, moviendo débilmente su cabeza, buscando calor.La Reina lo acunó con sus últimas fuerzas, su voz desvaneciéndose.

“Sobrevive… aunque el mundo te odie… aunque tu hermano reine en la muerte… tú… vive…”.

.

.

En ese instante, muy lejos de allí, tres humanos se acercaban al territorio prohibido.Gon, Killua y Kite avanzaban entre la selva de NGL, con la tensión del cazador que siente al depredador acechando.

“Kite…” murmuró Killua, “¿de verdad crees que la Reina todavía está viva?”.

“Sí,” respondió el hombre, su mirada clavada en el horizonte.

“Y si lo está… el Rey también.

Si no la detenemos hoy, el mundo entero se hundirá.”.

Pero ninguno de ellos sabía…que no uno, sino dos Reyes habían nacido.Y que en las entrañas aún húmedas del nido, Neferpitou abría lentamente los ojos, su instinto ya marcado con un propósito:servir al más fuerte… o morir por protegerlo.

Las sirvientas hormiga cargaban con reverencia el cuerpo aún húmedo del recién nacido.Sus patas temblaban, el peso de la criatura apenas sostenido por su fuerza.El aire olía a sangre caliente y a reverencia.

Entonces, el recién nacido abrió los ojos.

Un par de esferas violetas, profundas y afiladas, se encendieron con una inteligencia ancestral.Su cola, como un látigo viviente, se movió sin aviso.El sonido fue rápido, húmedo, definitivo.

Las sirvientas cayeron partidas en dos.El líquido carmesí se mezcló con el suelo, y el silencio se hizo tan pesado que ni los insectos se atrevieron a murmurar.

El Rey se había levantado.

Su piel aún destilaba restos de fluido vital, su cuerpo resplandecía con una perfección monstruosa.Las sombras en los túneles parecían doblarse ante su presencia.Las hormigas quimera que lo vieron por primera vez se quedaron inmóviles, hipnotizadas por la magnificencia que emanaba de él.

“El… el Rey…” susurró una voz.

“¡El Rey ha nacido!”.

Como si esas palabras fueran un conjuro, decenas de hormigas acudieron, empujándose entre sí, llenando la cámara con una mezcla de miedo y adoración.El sonido de las patas resonaba como tambores rituales.

Y una a una, todas se arrodillaron.

Los líderes de escuadrón inclinaron la cabeza hasta tocar el suelo, incapaces de sostener la mirada de aquella criatura que acababa de nacer y ya irradiaba autoridad divina.

La Reina, mientras tanto, agonizaba.

Su vientre abierto palpitaba, su respiración se entrecortaba.

Algunas sirvientas, movidas por un reflejo instintivo, corrieron hacia ella.

Pero no alcanzaron a llegar.

La cola del Rey silbó nuevamente.

Un movimiento seco, limpio, y los cuerpos de las sirvientas cayeron decapitados, rodando hasta los pies del trono de carne.

“¿Qué hacen?”.

La voz del Rey era fría, pura y sin duda.“¿Por qué se mueven sin permiso?”.

Una hormiga dio un paso al frente, temblando.Era Colt, el único que se atrevía a hablar.

“Mi Rey…” balbuceó.

“La Reina… ella sufre.

Intentábamos socorrerla.”.

El Rey giró lentamente la cabeza, observando el cuerpo colosal de su madre.

Sus ojos se estrecharon.

“Ya cumplió su deber,” dijo con voz imperturbable.“Ha traído la luz al Rey.

No necesita más.”.

Hubo silencio.

Solo el sonido de la respiración rota de la Reina llenaba el aire.

Entonces sus ojos —esos ojos verdes, infinitos— se desplazaron.

Un cuerpo más pequeño, tendido sobre el suelo, con piel blanquecina y escamas suaves.Su rostro era más humano, sus cuernos apenas visibles.

Su aura era débil, pero persistente.

El Rey se acercó.

Cada paso era un decreto.

Cada exhalación, una sentencia.

“Otro… ¿qué es esto?”.

Tn lo miró desde el suelo, apenas consciente, los ojos aún nublados.

Intentó moverse, pero su cuerpo no respondía del todo la flata de nutrientes por el desgarro de su hermano.

El Rey lo observó, con un gesto de desdén.

“Un reino no necesita dos Reyes.”.

Alzó una pierna.

La sombra de su cuerpo cubrió a su hermano.El aire se tensó, las hormigas retrocedieron sin atreverse a mirar.

Y entonces… tres voces resonaron al unísono.

“Bienvenido, mi Rey.”.

“Su majestad aún no ha dado orden.”.

“Nya~ Qué interesante escena.”.

El aire se volvió pesado, saturado de Nen.Tres figuras emergieron de entre la penumbra.

El de alas translúcidas —Shaiapouf— descendió con elegancia y se arrodilló de inmediato ante el recién nacido.

El gigantesco de piel roja —Menthuthuyoupi— cruzó los brazos y asintió solemnemente hacia ambos Reyes.

Y la figura felina, de cabello rizado y ojos de rubí —Neferpitou— ladeó la cabeza con una sonrisa curiosa.

“Nya~ Dos Reyes nacidos del mismo vientre… eso es muy, muy extraño,” murmuró, inclinándose hacia un lado, observando primero a Meruem y luego al pequeño Tn.

“Aunque…” —sus ojos brillaron con malicia— “puedo sentirlo.

Solo uno de ustedes posee la fuerza del verdadero monarca.”.

El Rey bajó lentamente su pierna.No porque lo ordenaran, sino porque no lo consideraba necesario.Miró a Pitou en silencio.

“Tu intuición es correcta.

El destino no se divide.”Su mirada regresó hacia su hermano, que respiraba débilmente.“Este… no es mi enemigo.

Ni mi igual.

Es… una sombra.

La Reina quiso un repuesto, nada más.Lo conservare vivo por si necesito probar algo.”.

Tn abrió los ojos por completo.Su voz era apenas un susurro, pero cargada de una extraña calma.

“Que……que es este lugar….mis ojos duelen.”.

El silencio fue absoluto.

Neferpitou ladeó la cabeza, como una gata confundida por un juguete nuevo.

“Nya~ Habla, y tiembla.

Curioso… pero débil.Mmmm me pregunto si algo salio mal.”.

El Rey no respondió.Simplemente giró el rostro, observando las sombras del pasillo.

“¿Dónde está mi banquete?”.

“T-todo está preparado, mi Rey,” respondió una hormiga quimera, postrada.

“Las presas humanas han sido reunidas en la cámara del festín.”.

“Bien.”.

Meruem caminó con paso firme hacia la salida, su cola dejando rastros de líquido oscuro a cada movimiento.“Comeré.

El mundo debe conocer el sabor del Rey.”.

Tras él, las tres auras colosales lo siguieron.Solo Tn quedó en el suelo, envuelto en silencio.El cuerpo de la Reina exhaló su último suspiro.Sus ojos apagados se quedaron fijos en el vacío, y un último pensamiento se deslizó en el aire como un eco maternal.

“Vive… mi hijo menor… vive…”.

Y así, mientras la luz del día se filtraba por los túneles rotos, el segundo Rey respiró solo, entre cadáveres y silencio.

El mundo aún no sabía que, en esa caverna llena de sangre, había nacido una segunda voluntad real —una que no buscaba conquistar, sino preservar.

La tierra del nido temblaba con el eco del nacimiento de un Rey.

El cuerpo gigantesco de la Reina Hormiga Quimera se descomponía lentamente, su carne exudando un hedor dulzón y pesado.

A su alrededor, el caos reinaba.

El Rey Meruem ya se había marchado, dejando tras de sí una estela de muerte, mientras que su hermano —el más débil, el que no debía existir— permanecía en el suelo, aún temblando, su respiración irregular, los ojos entreabiertos.

Su mente era un remolino de voces rotas, memorias ajenas y un instinto confuso.—Preservar…

—murmuró Tn, su voz casi inaudible, ronca—.

¿Preservar qué?…

la especie…

la madre…

Sus dedos temblaron al intentar incorporarse.

La falta de nutrientes durante su gestación había dejado marcas en su cuerpo: su piel era pálida, con una textura más humana que la de su hermano, y sus cuernos eran pequeños, casi simbólicos.Mientras el eco de las pisadas de Meruem se perdía en la distancia, las hormigas quimera que quedaban se miraban entre sí, indecisas.

Algunas temían seguir a quien había asesinado a las sirvientas y a la Reina sin piedad.

Otras, movidas por el instinto de supervivencia, buscaron un nuevo propósito.

Colt cayó de rodillas ante el cuerpo sin vida de su Reina.Sus manos se aferraron al caparazón desgarrado, sus lágrimas mancharon la tierra.—Mi Reina…y-yo no pude portegerla Kgggg n-no pude protegerla de nuevo…

y ahora…

—murmuró entre sollozos.

Cuando levantó la vista, vio a Tn tambaleándose, intentando ponerse de pie.Sus ojos, débiles pero determinados, se cruzaron.—Tú…

eres…

—Colt apretó los puños— el segundo Rey…

Tn alzó la mirada con esfuerzo.—¿Rey…?

No…

yo…

no soy…

—sus palabras se quebraron.Porque rayos podia escuchar todo tan alto, le estaba doliendo la cabeza.

Pero Colt negó con firmeza.—Eres su hijo.

La reina te trajo al mundo.

Si el otro…

ha abandonado la razón, entonces tú eres nuestra esperanza.

—Se inclinó profundamente, golpeando el suelo con su frente—.

Por favor…

guíanos.

De los dos reyes que vio nacer el primero le aterro por su brutalidad.

A su alrededor, algunas hormigas mayores lo imitaron.

Tn los observó en silencio.

Su mirada era confusa, pero dentro de ella había algo… un eco de la voluntad de la Reina.—Preservar…

—repitió, con un hilo de voz—.

Si vivimos…

debemos hacerlo en paz.

No más matanzas…

no más hambre sin sentido.

Las hormigas se miraron entre sí, desconcertadas.Una de ellas habló con vacilación:—¿En paz…?

¿Sin devorar humanos…?

Pero…

¿qué comeremos, mi Rey?

Tn se quedó callado un largo momento.Luego miró el cuerpo de su madre, ya sin vida, y respondió con calma—Hay otras criaturas.

Bestias, animales.

No necesitamos la carne del hombre para sobrevivir.

—¿Y si los humanos especiales nos atacan?

—preguntó otra.

—Entonces…

hablaremos.

—Tn apretó el puño débilmente—.

Buscaré un lugar donde podamos existir…

sin miedo.

El instinto del mas fuerte era conquistar, el del otro era preservar incluso lo poco que existiera.

Mientras esas palabras se pronunciaban, en el otro extremo del nido, el Rey Meruem devoraba su banquete.

La sala estaba iluminada por antorchas y el aire cargado de sangre fresca.Delante de él, montañas de carne humana apiladas.Tomó un pedazo, lo probó…

y su rostro se torció en desagrado.

—…Esto sabe horrible.

—Su voz era fría y cortante.Una hormiga tembló ante sus palabras.

—M-mi Rey…

es carne fresca, como ordenó…

Meruem golpeó la mesa con su cola, destrozando la madera.—¡No!

No es la carne especial.

Quiero aquella…

—sus ojos se entrecerraron, su tono se volvió peligroso— la de los humanos superiores.

Aquellos que poseen poder…

los que luchan,aunque cuando estaba dentro de gestacion podia saborearla.

Neferpitou, sentada sobre el borde de una columna, ladeó la cabeza y soltó un suave “nya~”.—Ahh, entiendo, mi Rey.

Habla de los humanos excepcionales, los que brillan por dentro.

Shaiapouf, con una sonrisa reverente, añadió—Su Majestad busca la perfección incluso en el sabor.

Los humanos comunes carecen de propósito.

Los especiales…

poseen el néctar del talento.

Youpi, en silencio, simplemente cruzó los brazos.—Solo díganos a quién quiere que capturemos, y lo traeremos.

Meruem cerró los ojos, exhalando con impaciencia.—No necesito basura.

Quiero los más fuertes.

Los que desafían la naturaleza misma.

Mientras las órdenes del Rey eran acatadas con fervor, la distancia entre ambos hermanos crecía.Uno, Meruem, buscaba dominar y consumir.El otro, Tn, deseaba preservar y construir.

En el fondo de la caverna, Colt volvió a hablar—Mi Rey…

¿qué nombre desea portar?

Tn parpadeó, sorprendido por la pregunta.—¿Nombre…?

—miró el cuerpo inerte de la Reina—.

Ella me llamó…

el segundo.

—Entonces…

—Colt se arrodilló otra vez— desde hoy, Tn el Segundo Rey.

El eco del título resonó en la oscuridad.Y así, entre las ruinas del antiguo nido, nació una nueva voluntad.

El eco de los pasos de Tn resonaba entre los túneles húmedos del nido.

La tierra aún exhalaba el calor del nacimiento, un aroma agrio mezclado con sangre y barro.Su cuerpo, débil y entumecido, apenas le respondía, pero aun así se mantenía erguido.

Cada movimiento era un recordatorio del hambre y la fragilidad que lo acompañaron desde el vientre de la Reina.

A su alrededor, las hormigas quimera que quedaban lo observaban en silencio.

Algunas, con rostros humanos deformes y ojos compasivos, lo seguían a distancia; otras se arrastraban hacia la salida, huyendo del caos.

Sin la Reina, sin la estructura que las mantenía unidas, el nido entero se había convertido en un enjambre de incertidumbre.

—El aire…

está vacío —murmuró Tn, llevándose una mano al pecho—.

Madre…

todo esto…

¿se desmorona sin ti?

Colt, que lo seguía con respeto, bajó la cabeza.—Mi Rey, la Reina era nuestro corazón.

Sin ella, los lazos se han roto.

Algunos se han marchado…

otras hembras intentan crear sus propios nidos, pero…

—su voz vaciló— no poseen la capacidad de dar vida.

Carecen de su don.

Tn se detuvo.—Entonces morirán.

—Su tono fue suave, pero su mirada denotaba tristeza—.

No por debilidad…

un destino apropiado de desertores.

—Sí…

—respondió Colt con pesar—.

Sin su semilla, ninguna podrá traer descendencia.

Solo un Rey puede engendrar vida.

—Un Rey…

—repitió Tn, como si saboreara la palabra, sin orgullo—.

¿Eso es lo que soy?

¿Un título para llenar un hueco?

Colt levantó la vista.—Es más que eso.

La Reina le dio existencia por una razón, mi señor.

Tal vez…

para preservar lo que su otro hijo destruirá.

Tn guardó silencio un momento.

El eco distante de las voces y los pasos resonaban en los túneles: obreras que abandonaban sus puestos, soldados que desertaban, los líderes de escuadrón marchando en busca de su propio destino.El orden que la Reina había impuesto se derrumbaba, y con él, el sueño de una colonia perfecta.

.

.

Muy lejos de allí, Meruem se levantó del banquete.

Su cuerpo irradiaba poder; cada movimiento suyo provocaba que las hormigas cercanas temblaran.Su mirada se fijó en Neferpitou, quien jugaba distraída con un hueso humano.

—Tú.

—Su voz fue un filo—.

¿Dónde está la aldea más cercana?

—¿Nya?~ —Pitou inclinó la cabeza, curiosa—.

¿Va a cazar, mi Rey?

—Voy a verlos.

—Meruem caminó hacia la salida del nido contuvo su ira lo suficiente para no golpearla, la luz del exterior colándose entre los escombros—.

Quiero comprender por qué los humanos se creen tan especiales.

Y si merecen ser devorados…

o gobernados.

Shaiapouf se arrodilló, con un gesto reverente.—Majestad, su resplandor no debe ensuciarse con el polvo de esas criaturas.

Permítanos traerle a los mejores especímenes.

Meruem lo fulminó con la mirada.—¿Crees que la perfección se mide desde un trono?

—dijo con desprecio—.

No.

Se forja al ver el mundo con los propios ojos.

Youpi, silencioso como siempre, asintió.—Si es su deseo, lo acompañaremos.

Pitou sonrió ampliamente.—¡Nya~!

¡Qué divertido será!

Tal vez haya humanos con un aroma único…

uno digno de nuestro Rey.

Meruem no respondió.

Su cola se movía lentamente, como un látigo cargado de amenaza.—Veremos si el mundo es digno de mí —murmuró antes de desaparecer en la luz.

.

.

.

.

Mientras tanto, Tn caminó hasta el corazón del nido, donde aún quedaban restos del capullo real.Las paredes estaban cubiertas de una sustancia rojiza que latía débilmente.

Acarició con una mano la superficie agrietada y cerró los ojos.

—Madre…

todos se dispersan…

todos buscan algo…

—su voz era un susurro lleno de pesar.

Colt se arrodilló detrás de él.—Entonces eso haremos, mi Rey.

Crearemos un nuevo lugar.

Uno donde las hormigas quimera no necesiten sangre para existir.

Tn lo miró por encima del hombro.—¿Crees que eso es posible?

—Si la Reina soñó con un mundo para nosotros, su hijo puede hacerlo real —respondió Colt, con determinación.

Un tenue brillo recorrió el suelo, como si el nido respondiera al juramento.Las pocas hormigas que quedaban se reunieron en torno a Tn, arrodillándose.Algunas lloraban, otras solo temblaban, pero todas compartían un mismo deseo: sobrevivir.

Tn levantó la vista.—Entonces iremos al norte.

Allí…

podriamos tratar de negociar o adentrarnos en tierras propias.

Tal vez encontremos un lugar donde nuestra especie pueda vivir.

Y mientras sus pasos se alejaban, una sombra observaba desde lo alto del túnel: Neferpitou.Sus ojos felinos destellaron, la curiosidad brillando en ellos.—Nya~…

qué interesante…

—susurró—.

El “otro” Rey aún puedo sentirlo.

___________________________.

(Bien digamos que modifique el canon……descuiden ya pondre como pitou desarrollo su nen pero hice esto para que la trama no se jodiera al minuto 1).

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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