Waifu yandere(Collection) - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Rin tohsaka fate
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2: Rin tohsaka (fate) 2: Rin tohsaka (fate) La guerra del Santo Grial estaba en su apogeo, y la ciudad de Fuyuki se encontraba en medio de una lucha entre magos, cada uno dispuesto a todo para obtener el poder del Grial.
Rin Tohsaka, una de las competidoras más hábiles, no era ajena a los horrores de la guerra, pero incluso en medio de todo el caos, un incidente específico la había dejado marcada.
Era una noche oscura cuando ocurrió.
Rin se encontraba perseguida por un Servant enemigo, un espectro imponente que parecía querer destruirla sin importar el costo.
A pesar de sus habilidades, la situación había sido más difícil de lo que esperaba, y se encontró atrapada en un callejón sin salida.
“¡Demonios!” Rin maldijo en voz baja, mirando cómo su magia se agotaba rápidamente.
Estaba sola y vulnerable, sin la ayuda de su Servant, Archer, que se encontraba en otra parte de la ciudad.
En ese momento, un joven desconocido apareció de la nada, irrumpiendo en el callejón.
Era un chico aparentemente común, con una chaqueta gris y un rostro nervioso, pero decidido.
Sin pensarlo, se interpuso entre ella y el monstruoso Servant, sosteniendo un objeto contundente con las manos temblorosas.
“¡Vete, corre!” gritó el chico, sin entender del todo lo que estaba sucediendo.
“¡Te voy a proteger!” Rin, sorprendida por su valentía, frunció el ceño.
¿Qué hacía un civil en una guerra entre magos?
No era normal.
Pero antes de que pudiera protestar, el chico arrojó el objeto con tal fuerza que impactó directamente al Servant, distrayéndolo el tiempo suficiente para que Rin pudiera utilizar su magia y derrotarlo de un solo golpe.
El Servant desapareció en un estallido de luz, dejando solo el eco de la batalla en el aire.
Rin, aún en estado de shock, miró al chico con una mezcla de asombro y desconfianza.
¿Cómo había hecho eso?
¿Quién era él?
“Estás bien…
¿verdad?” preguntó él, con una voz llena de preocupación.
Rin asintió, tomando una respiración profunda para calmarse.
“Sí…
gracias”, dijo ella, sus ojos se suavizaron un instante antes de que se cruzaran nuevamente con los del joven.
“¿Por qué hiciste eso?
Este lugar no es seguro para alguien como tú.” El chico se encogió de hombros, con una sonrisa nerviosa.
“Solo…
no podía quedarme de brazos cruzados viendo cómo te atacaban.
No me importa si soy un civil.
Yo solo quería ayudarte.” Rin lo observó por unos segundos, estudiando cada uno de sus gestos.
Había algo en su rostro, una mezcla de inocencia y valentía, que la intrigaba.
No era alguien común, y eso la desconcertaba.
¿Qué lo había impulsado a arriesgar su vida por ella?
“¿Cómo te llamas?” preguntó Rin, sus ojos brillando con curiosidad.
“Mi nombre es Tn…
Tn Ishikawa.” El chico se sonrojó ligeramente al dar su nombre.
“¿Y tú?” “Rin Tohsaka”, respondió, sin esconder su tono autoritario.
“Pero no te confundas, no te estoy agradeciendo por nada.
Solo fue pura suerte que estuvieras aquí.” Tn solo sonrió, aunque Rin notó que había una especie de timidez en su expresión.
Eso la hizo fruncir el ceño.
¿Por qué me siento tan…
extraña al mirarlo?
— Las semanas pasaron después de aquel encuentro, pero algo en Rin no dejaba de obsesionarla.
Cada vez que veía a Tn, esa sensación inexplicable se intensificaba.
Lo encontraba…
*inquietante*, pero no podía dejar de pensar en él.
Era el tipo de chico al que nunca habría prestado atención en circunstancias normales, pero este evento había marcado un antes y un después.
No dejaba de preguntarse cómo un simple civil había logrado interponerse entre ella y su muerte, como si su presencia hubiera sido *destinada* a salvarla.
Una tarde, mientras caminaba por el campus de la escuela, lo vio de nuevo.
Estaba sentado en un banco, leyendo un libro, completamente ajeno a la existencia de los magos y las amenazas que acechaban sobre él.
Rin sintió una extraña presión en su pecho.
“Él es tan…
tan normal.” pensó, una sonrisa cruel curvando sus labios.
“Tan frágil y tan ajeno a todo lo que sucede alrededor.
Él no entiende lo que está en juego.
No sabe lo que es la magia…
ni lo que significa estar en una guerra como esta.” Decidió acercarse a él.
Quería hablarle, quería decirle algo, cualquier cosa, pero cuando se detuvo frente a él, la tentación de tocar su rostro, de rozar sus labios, la dominó.
“¿Tn?” llamó, su voz suave y cálida, mucho más de lo que había esperado.
El chico levantó la vista, sorprendido.
“¡Rin!
¿Qué haces aquí?” “Solo quería hablar”, respondió, casi susurrando.
“Me he estado preguntando…
¿por qué ayudaste aquella vez?
¿Por qué arriesgaste tu vida por mí?” Tn se encogió de hombros, como si fuera lo más normal del mundo.
“Porque no podía dejarte morir.
Eso sería…
horrible.
Y además, no soy el tipo de persona que se queda quieto cuando alguien está en peligro.” Rin sintió cómo una oleada de emoción invadía su pecho.
Pero no era la típica gratitud.
No, era algo mucho más profundo, algo que crecía y se retorcía dentro de ella, enredándose con sus pensamientos.
“¿Qué tan fácil sería…
mantenerlo cerca?
Protegerlo.
Asegurarse de que nunca más se aleje.
Para siempre.” La sonrisa en su rostro se volvió algo…
más peligrosa.
“Te agradezco mucho, Tn”, dijo, con un brillo inquietante en sus ojos.
“Pero…
quiero que sepas que a partir de ahora, nadie más tendrá la oportunidad de salvarte.
Solo yo.” Tn se quedó desconcertado por un segundo, sin comprender completamente las implicaciones de sus palabras.
“¿Qué quieres decir con eso?” Rin lo miró fijamente a los ojos.
“Nada.
Solo que…
a partir de hoy, te pertenezco.” El chico no entendió del todo la intensidad en sus palabras.
Pero Rin, en su interior, sabía que no podía permitir que nadie más se acercara a él.
Nadie más podría tenerlo.
Solo ella, Rin Tohsaka, sería quien lo salvaría, quien lo cuidaría.
Y, si alguien intentaba separarlos…
Entonces, no dudaría en destruirlos.
— Este fue el comienzo de algo que Rin no podría detener, una obsesión que, aunque silenciosa y oculta bajo una apariencia amable, comenzaría a apoderarse de cada rincón de su ser.
El amor de Rin Tohsaka, como su magia, podía ser muy, muy peligroso.
Durante las semanas siguientes, Rin Tohsaka no pudo dejar de pensar en Tn.
Su mente se había obsesionado con él, y aunque se esforzaba por mantener su fachada de persona fría y calculadora, cada pequeño gesto, cada mirada de Tn, cada palabra suya se le grababan en la mente con una intensidad creciente.
Él tenía que ser suyo.
Lo observaba desde lejos, siguiéndolo sin que él sospechara nada.
Rin, una maestra en el arte de pasar desapercibida, lo había convertido en su rutina diaria.
Le gustaba saber todo sobre él: las rutas que tomaba al regresar de la escuela, los cafés donde se detenía a descansar, las pequeñas decisiones que tomaba a lo largo del día.
Todo.
Cada movimiento era una pieza más en el rompecabezas de su vida que ella comenzaba a armar con meticulosidad.
“Es extraño, ¿verdad?
Cómo un civil como él puede ser tan…
tan interesante.” pensó Rin una tarde, observando a Tn desde una esquina de la calle, mientras él charlaba con un amigo sin darse cuenta de que ella lo veía.
“No sabe que estoy aquí.
No sabe que lo estoy cuidando.
Es tan…
tan vulnerable.” A Rin le gustaba la idea de protegerlo, de estar cerca de él, sin que él tuviera la menor idea de lo que realmente estaba sucediendo.
— Un día, mientras paseaba por las calles del centro de la ciudad, Rin vio a Tn sentado en un pequeño café, leyendo tranquilamente un libro.
La cafetería era un lugar común, pero esa tarde, algo la impulsó a entrar.
“Hoy es el día.
Hoy me acercaré.” Con una sonrisa suave, Rin se dirigió al café.
Sus pasos eran tranquilos, seguros, como si cada movimiento estuviera perfectamente calculado.
Entró al lugar, se acomodó en una mesa cercana a la de él y comenzó a observarlo en silencio, disfrutando del tiempo que pasaba sin que él lo supiera.
“Está tan…
tranquilo.
No sabe lo que se avecina.” Un suspiro escapó de los labios de Rin mientras sus ojos brillaban con un aire inquietante.
Miró al chico, tan ajeno a su presencia, tan distante de todo lo que ocurría en el mundo de la magia y la violencia que la rodeaba.
“Es tan fácil hacerle daño a alguien como él.
Pero no lo haré.
No lo necesito…
no si se queda conmigo.” Finalmente, después de unos minutos, Rin se levantó.
Con paso firme, se acercó a la mesa donde Tn estaba sentado.
Cuando él levantó la vista y la vio, una ligera sorpresa cruzó por su rostro, pero fue algo pasajero.
“¡Rin!” exclamó Tn, sonriendo con su típica expresión de sorpresa y cordialidad.
“No te esperaba aquí.” Rin sonrió de vuelta, pero esa sonrisa no era completamente genuina.
Era una sonrisa que escondía mucho más de lo que su rostro mostraba.
“Hola, Tn.
Pensé que sería una buena idea tomar un café contigo hoy,” dijo ella con voz suave, casi como si estuviera probando algo, como si estuviera observando su reacción.
Tn frunció el ceño, algo confundido pero sin sospechar nada.
“¿Yo?
¿Invitarme a mí?
No es necesario, ya sabes…
no soy tan importante.” “Claro que lo eres,” dijo Rin con un tono que parecía amistoso, pero sus ojos brillaban con algo más oscuro.
“A veces, las personas no se dan cuenta de lo importantes que son para los demás.
Pero todos tenemos un propósito.
Y tú…
bueno, tú eres importante para mí.” Tn no parecía notar el doble sentido en sus palabras, y continuó sonriendo.
“Eso es…
raro, pero gracias, Rin.
Es bueno saberlo.” Rin tomó asiento frente a él, sus manos delicadamente posadas sobre la mesa, pero su mirada seguía fija en Tn, observándolo con intensidad.
En su interior, algo comenzaba a crecer, una necesidad, un deseo insano de que él nunca, jamás, la dejara.
“Tienes que quedarte conmigo, Tn,” pensó, mientras observaba sus manos nerviosas sosteniendo la taza de café.
“No sabes lo que es el mundo real.
No entiendes lo peligroso que es.
No entiendes lo que sucedería si alguien te aparta de mí.
No dejaré que eso pase.
Nadie más tendrá derecho a estar a tu lado.” “¿Sabes, Tn?” Rin continuó, ahora con un tono más suave, casi como un susurro.
“La gente…
no siempre es lo que parece.
Todos tienen algo oscuro dentro, algo que ocultar.
Tú no sabes lo que hay detrás de mi sonrisa, y yo tampoco sé todo de ti.
Pero eso está bien, ¿verdad?” Tn la miró confundido, pero algo en su tono hizo que se sintiera incómodo.
“Sí, bueno, supongo.
No todos somos tan sencillos.
Pero…
no quiero que te preocupes por mí.
Yo soy solo un chico común.” “Eso es lo que te hace tan…
*interesante*.” Rin casi murmuró estas palabras, sus ojos brillando con un toque de locura que Tn no pudo captar.
“Eres tan frágil, Tn.
Tan…
*vulnerable*.” La palabra “vulnerable” quedó flotando en el aire, como un susurro peligroso.
Rin podía sentir cómo su corazón latía más rápido, cómo su cuerpo reaccionaba a cada palabra que decía.
“Si algún día me dejas…
si alguna vez intentas irte…
no te dejaré.
No lo permitiré.” El chico notó la extraña tensión en el aire y trató de cambiar de tema, evidentemente incómodo.
“¿Te gustaría hablar de algo más, Rin?” Pero ella no podía dejarlo ir tan fácilmente.
“Ya no puedes irte.
Ya no puedes alejarte de mí, Tn.
Ahora que hemos hablado, ahora que nos hemos conocido un poco más…
ya no tienes salida.” “Claro,” dijo Rin, tomando su taza de café y mirando fijamente a Tn con una intensidad tan profunda que casi le resultó dolorosa.
“Creo que en realidad no necesitas más tiempo para saber lo que quiero.
Ya lo sabes, ¿verdad?” Tn, todavía confundido, no entendía completamente la gravedad de la situación.
“¿Qué quieres decir con eso, Rin?” Rin sonrió, pero esta vez la sonrisa era pura oscuridad.
“Lo sabrás, Tn.
Lo sabrás en cuanto veas lo que soy capaz de hacer por ti.” — Rin abandonó el café esa tarde con la mente llena de pensamientos oscuros y oscilantes entre la realidad y su deseo.
Tn seguía siendo, en su mente, una presa fácil.
Un ser frágil que no sabía lo que estaba a punto de enfrentar.
Porque ahora, Rin sabía que su obsesión por él no podría ser detenida.
“Nunca me dejarás.
Y si intentas hacerlo…
te haré quedarte para siempre.” — Los días pasaron, pero la presencia de Rin en la vida de Tn no hizo más que intensificarse.
A medida que el chico se acostumbraba a su cercanía, algo más oscuro comenzaba a nublar la mente de Rin.
Ya no era suficiente con observarlo desde lejos o estar cerca de él en momentos casuales.
Ahora, ella necesitaba estar a su lado en todo momento.
Rin se volvió una sombra constante en su vida.
La seguía a todas partes, de forma tan sutil que Tn nunca llegó a notarlo.
Ya sea en el camino hacia la escuela o en la tienda, siempre estaba allí, a pocos pasos de él.
Como si no pudiera soportar que él estuviera solo, sin su protección.
“No quiero que hables con nadie más,” pensaba Rin cada vez que veía a alguna chica acercarse a Tn.
Cualquier gesto amable, cualquier conversación que él tuviera con otras mujeres, era suficiente para que una punzada de celos recorriera su pecho.
Un día, mientras Tn conversaba con una compañera de clase en el parque, Rin se escondió detrás de un árbol, observando cómo él sonreía tímidamente.
La chica había tocado su brazo, y la risa compartida entre ellos hizo que Rin apretara los puños, los dientes apretados.
“¿Quién se cree ella para tocarlo?” Rin pensó, una chispa peligrosa brillando en sus ojos.
“Es solo mío.
Nadie más tiene derecho a acercarse a él de esa forma.” Cuando Tn finalmente se alejó de la chica y se dirigió hacia su camino habitual, Rin lo siguió de cerca, sin que él sospechara nada.
“Si tan solo supieras lo que siento, Tn.
Si supieras lo que haría por ti.” — Con el paso de las semanas, Tn comenzó a acostumbrarse a la constante presencia de Rin.
Ya no se sorprendía al encontrarla esperándolo en la puerta de su casa o siguiéndolo a la tienda sin previo aviso.
Algo en su comportamiento, aunque extraño, lo hacía sentirse reconfortado.
Como si Rin fuera la única persona que realmente se preocupaba por él, que le ofrecía algo más allá de la simple amabilidad.
Fue en una tarde lluviosa que Rin, con una sonrisa que a Tn le pareció casual, lo invitó a quedarse en su casa.
“Solo por esta noche.
Será divertido.
Podemos ver una película, tomar algo caliente.
Y no te preocupes, no tengo ningún plan extraño,” dijo, y aunque su tono era ligero, Tn no pudo evitar sentirse algo inquieto, pero aceptó de todos modos.
Al llegar a su apartamento, Tn se sintió un poco incómodo, pero pronto se dio cuenta de que Rin no era tan mala compañía.
Ella le ofreció una manta y un lugar cómodo en el sofá.
El ambiente era cálido y acogedor, nada que sugiriera peligro.
A medida que pasaba el tiempo, la cercanía entre ambos se fue volviendo más natural.
“Solo vamos a dormir, nada raro,” le aseguró Rin mientras se acomodaba a su lado, acurrucándose un poco más de lo necesario.
Al principio, Tn pensó que era solo una muestra de afecto amistoso, pero pronto se dio cuenta de que Rin no se apartaba de su lado, incluso cuando se estaba quedando dormido.
La noche transcurrió en silencio.
Rin, sin embargo, no pudo dormir.
No podía.
“Este es el momento.
Este es el momento en el que él se quedará para siempre.” En la oscuridad de la habitación, su mente seguía trabajando sin descanso, observando cómo Tn respiraba suavemente mientras dormía a su lado, su cabeza descansando cerca de la suya.
Aquel pequeño gesto, ese abrazo casual en el sofá, era todo lo que Rin necesitaba para mantener viva su obsesión.
Cada segundo cerca de él, era un segundo más que no lo dejaría escapar.
“Lo amo tanto,” pensaba, acariciando suavemente el borde de su cabello mientras sus labios murmuraban en voz baja.
“Lo amo tanto que no lo dejaré ir, nunca.” Sus palabras eran susurros ininteligibles en la oscuridad.
Había algo incontrolable en ella, algo que ardía dentro de su pecho.
A pesar de que Tn no estaba consciente, Rin sentía cómo el amor que le profesaba la consumía completamente.
Cada vez que lo miraba, cada vez que lo sentía cerca, su necesidad de tenerlo se hacía más fuerte, más abrumadora.
“Nadie más se lo llevará.
Nadie.” Rin apretó un poco más su abrazo, sin que él lo notara.
Sus ojos brillaban con una pasión peligrosa, casi desesperada.
“Eres mío, Tn.
Eres solo mío.” — Tn, en su profundo sueño, no percibió nada de eso.
Para él, era solo una noche tranquila junto a una amiga.
Pero Rin, que se mantenía despierta, murmuraba palabras llenas de amor y posesión, sabiendo que, en su mente, ya no había vuelta atrás.
“Te protegeré.
Te amaré.
Y no dejaré que nadie más te toque, nadie más se acerque.” La obsesión de Rin ya no podía ser contenida.
“Te amo…
Tn.
Solo tú.” Los días transcurrieron con una sensación extraña en el aire.
Tn comenzó a notar algo distinto en su relación con Rin.
Aunque al principio la cercanía de la chica le parecía natural, algo en su actitud comenzaba a inquietarlo.
Era como si su presencia fuera más constante de lo que él estaba acostumbrado.
Ya no era solo que Rin lo invitara a su casa o lo buscara en los pasillos de la escuela.
Ahora, sentía que no podía hacer nada sin ella.
Siempre estaba cerca.
Siempre observando.
Un día, después de una clase en la que Rin lo siguió hasta el café donde solía tomar su café por la tarde, Tn no pudo evitar sentirse algo…
incómodo.
“Rin…” empezó, mirando hacia abajo mientras tomaba un sorbo de su bebida.
“¿Te has dado cuenta de que…
últimamente estás siempre cerca de mí?
No me malinterpretes, pero…” Rin lo miró fijamente, con una sonrisa dulce en los labios, pero sus ojos, ahogados por una intensidad peligrosa, lo hicieron dudar de que sus palabras fueran simples.
“¿Te molesta?” preguntó, con un tono tan suave que sonaba casi inocente, pero había algo en su mirada que lo hacía sentir incómodo.
Tn se ruborizó un poco, sin saber cómo manejar la situación.
“No es eso…
es solo que, no sé, últimamente me siento algo…
observado.” Rin se acercó un poco más, su rostro ahora tan cerca del suyo que podía oler su perfume floral.
“No tienes que preocuparte, Tn,” dijo suavemente.
“Solo quiero asegurarme de que estés bien.
Después de todo, eres muy importante para mí.” Tn no pudo responder, y aunque no lo dijo en voz alta, se sintió atrapado, como si cada palabra que Rin pronunciara le estrechara el espacio personal.
¿Por qué ella se veía tan…
obsesionada?
— Esa misma noche, mientras Tn regresaba a casa, Rin estaba sentada en su escritorio, rodeada de libros viejos y pergaminos.
Había decidido que necesitaba algo más.
Algo que fuera más allá de su propia fuerza de voluntad.
Quería tenerlo a su lado, de una forma que fuera…
irreversible.
Rin, como heredera de una antigua familia de magos, sabía que la magia no solo era poder o conocimiento.
Sabía que había hechizos que podían afectar la mente, hechizos que podían atar el alma de una persona a otra.
Y si bien ella siempre había mantenido un enfoque ético hacia la magia, en este caso, no iba a ser tan complaciente.
La bibliotheca de su padre, oculta en las profundidades de su casa, era un lugar donde pocos podían entrar.
Los textos que contenía no eran para los ojos de cualquiera, mucho menos para los de un civil como Tn.
Pero Rin sabía que necesitaba algo para asegurar su lugar junto a él.
Algo que hiciera que Tn nunca pudiera escapar de ella.
Con determinación, comenzó a pasar las páginas de los antiguos grimorios y tomos de magia arcana, buscando algo que pudiera sellar el destino de Tn.
Los hechizos de protección, los encantamientos para la unión…
pero al principio, todo parecía en vano.
“¿Por qué no encuentro nada que funcione?” Rin pensó, frustrada, mientras hojeaba un libro antiguo.
“Debe haber algo…
algo que lo ate a mí para siempre.” Finalmente, sus ojos se posaron en un viejo libro encuadernado en cuero negro.
No era un grimorio común.
Este tenía inscripciones en un idioma arcaico, y Rin sintió un estremecimiento al tocar la cubierta.
“Este es…
el hechizo que necesito.” El hechizo no era como los otros.
No era solo un encantamiento físico.
Era un vínculo mental, un hechizo que ataba el alma de la persona a la voluntad de quien lo lanzaba.
Rin sabía que este hechizo era peligroso, que traía consigo consecuencias profundas y que, si no se ejecutaba correctamente, podría destruir tanto a quien lo lanzaba como a quien era “atado”.
Pero también sabía que si todo salía bien, Tn nunca podría escapar de su lado.
“Lo haré.” Rin murmuró, decidida.
“Lo haré y nunca más me dejará.
Seremos uno.
Estaremos juntos para siempre.” — Los días siguientes fueron un torbellino de emociones y pensamientos oscuros.
Rin comenzó a imaginar lo que su vida con Tn sería.
Cada vez que lo veía, sus pensamientos se volvían más erráticos y posesivos.
Su mente, ya turbada por el hechizo que estaba preparando, se llenaba con visiones de su futuro juntos.
“Nos casaremos…
Viviremos en una casa solo para los dos…
nadie más podrá tocarnos…
nadie más podrá estar cerca de ti.” Rin sonrió ante la idea, aunque esa sonrisa era más bien inquietante.
“Todo será perfecto.
Tú serás mío para siempre.” En su mente, las imágenes se volvieron más claras.
Imaginaba despertar todos los días junto a él, ver su rostro, tocar su cabello, tenerlo siempre cerca, sin que nada ni nadie pudiera separarlos.
“Me cuidará.
Me amará.
Y yo lo protegeré.
Siempre.” Rin ya no veía su amor por Tn como algo ocasional o pasajero.
No era una simple atracción.
Para ella, él era su destino.
Un destino que ninguna fuerza en el mundo podría quebrantar.
La idea de que Tn pudiera alejarse de ella, siquiera por un segundo, le resultaba insoportable.
“Si alguna vez intentas irte…” pensaba con una sonrisa torcida.
“Te arrastraré de vuelta.
No importa lo que haga falta.
No dejaré que te vayas.” — En una noche particularmente fría, Rin se encontró en su habitación, mirando por la ventana.
Afuera, la luna estaba llena, y la luz plateada iluminaba la ciudad.
Mientras observaba, su mente volvía a Tn.
Cada vez que pensaba en él, su corazón latía más rápido.
“No me dejarás.
Te lo prometo.” En sus manos, el libro de magia y el hechizo se sentían más pesados.
“Lo haré pronto.
Sólo necesito que un día se quede aquí.
Y cuando lo haga…
no habrá marcha atrás.” En ese momento, Rin decidió que no importaba el precio que tuviera que pagar.
Su futuro con Tn estaba escrito.
La luna llena iluminaba la habitación de Rin, donde la atmósfera se volvía cada vez más densa, cargada de magia oscura y deseo.
Aquella noche había llegado el momento que tanto había anticipado, el momento en el que todo lo que había soñado se convertiría en realidad.
Rin estaba sentada frente a Tn, quien se encontraba en un estado extraño, casi ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor.
Sus ojos, antes brillantes y llenos de vida, ahora estaban vacíos, desenfocados, como si ya no pudiera ver el mundo que lo rodeaba.
Sus pupilas se dilataban lentamente, y su respiración era suave, como si estuviera en un trance profundo.
“Lo logré…” Rin susurró para sí misma, una sonrisa triunfante apareciendo en su rostro.
“Lo logré, Tn.
Ahora eres mío.
Siempre serás mío.” La joven hechicera había pasado días preparándose para este momento.
El hechizo de unión que había descubierto en los libros de su padre era peligroso, pero poderoso.
Y lo había ejecutado a la perfección.
A través de la hipnosis mágica, había conectado su mente con la de Tn, envolviéndolo en una esfera de control absoluto.
Ahora, él ya no era libre.
Ya no podía pensar por sí mismo.
Tn no era más que una sombra de la persona que había sido.
Rin lo había llevado a este estado con paciencia, hasta que sus órdenes se convirtieron en su única realidad.
Ya no había más dudas.
“Tn,” dijo ella, su voz tan suave que casi se podía sentir el peso del poder en sus palabras.
“¿Sabes cuánto te amo?
Te amo más de lo que las palabras podrían describir.
Y ahora, por fin, eres mío.
No hay nada que pueda separarnos.” Tn no respondía, pero su cuerpo seguía a las órdenes de Rin.
Cuando ella le pidió que se levantara, él lo hizo sin vacilar.
Cuando le ordenó que se acercara, lo hizo sin cuestionar.
Su voluntad había desaparecido, sustituida por el deseo de complacerla, de seguir sus instrucciones, sin importar lo que estuviera sucediendo a su alrededor.
Rin se levantó lentamente, acercándose a él con pasos seguros, como si estuviera caminando hacia una presa que finalmente había atrapado.
Sus manos temblaban ligeramente de emoción, pero su rostro seguía una máscara de calma.
“Finalmente…
ahora puedo tener todo lo que quiero.” Cuando Tn llegó a su lado, Rin levantó su mano y tocó su rostro con ternura, acariciando su mejilla.
A pesar de la expresión vacía en sus ojos, Rin sentía que había logrado algo que ninguna otra persona podría comprender.
Él era suyo.
Solo suyo.
Y no habría vuelta atrás.
La mirada en los ojos de Tn era distante, como si ya no estuviera allí.
Su mente se había desconectado del mundo exterior.
Todo lo que importaba ahora era ella.
“Te he dado todo lo que necesitas, Tn,” dijo Rin, su voz suavizada por una mezcla de amor y control absoluto.
“Y tú me das lo único que siempre he querido.
Tu corazón.
Tu cuerpo.
Tu alma.” Era un amor enfermo, posesivo.
La relación que Rin había creado con Tn no era más que una cárcel para él, pero en la mente de Rin, todo era perfecto.
Él había sido moldeado a su gusto, reducido a un instrumento de su voluntad.
Ya no existía libertad para él.
No la necesitaba.
Rin se acercó aún más, hasta que estuvo a centímetros de su rostro.
“Ahora que lo has entendido…
ahora que eres mío por completo…” susurró, su aliento cálido acariciando su rostro.
“Voy a asegurarte que nunca, nunca te alejes de mí.
Nunca podrás irte.
No hay lugar adonde huir.” Tn no dijo nada.
Ni un gesto, ni una palabra.
Solo permaneció en silencio, siguiendo las órdenes de Rin.
La joven hechicera cerró los ojos por un instante, respirando profundamente, como si estuviera absorbiendo el momento.
Había ganado.
Había logrado lo que había soñado desde el principio.
Ya no importaba el mundo exterior.
No importaban las consecuencias.
Nada importaba más que él.
“Lo logré…” De repente, Rin soltó un grito, uno lleno de euforia y desespero.
“¡LO LOGRÉ!
¡ÉRES MÍO, Tn!
¡POR FIN!” La intensidad de su voz llenó la habitación, un eco de locura y satisfacción.
En ese momento, Rin no podía contener la emoción, y una risa nerviosa escapó de sus labios.
“No hay nadie que nos pueda separar.
Te tengo.
Y lo más hermoso de todo…
es que lo sabes.
Tú lo sabes, Tn.” Tn solo permaneció inmóvil, su expresión vacía, su mente sumida en un sueño profundo.
Rin lo abrazó con fuerza, apretando su cuerpo contra el suyo, como si no pudiera soportar la idea de soltarlo ni un segundo.
“Nada ni nadie nos separará nunca más.” Rin murmuró, su voz ahora más suave, más íntima.
“Podremos vivir juntos para siempre, Tn.
Como siempre lo soñé.
Solo tú y yo.
Y nadie más.
Ni siquiera el tiempo podrá alejarnos.” Mientras su mente se sumergía en la obsesión más profunda, Rin comenzó a imaginar su futuro.
Su vida con Tn.
Viviría con él en su casa, en su propio mundo, donde nada ni nadie podría romper su vínculo.
No habría necesidad de palabras.
No habría necesidad de nadie más.
— Días pasaron, pero Rin ya no se preocupaba por el tiempo.
Lo único que importaba era él, Tn.
Ya no era un chico común.
Era su posesión, su amor eterno, su salvación.
Ya no había espacio para dudas o preguntas.
El hechizo estaba completo.
Él era suyo.
Siempre sería suyo.
Nada podía cambiar eso.
Y mientras el mundo seguía su curso, mientras el sol seguía saliendo y poniéndose, Rin permaneció junto a Tn, sonriendo con una felicidad extraña.
Su vida, por fin, estaba completa.
“Siempre juntos.
Para siempre.” — Fin.
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