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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Jeanne darc alter part 3 fgo
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20: Jeanne darc alter part 3 (fgo) 20: Jeanne darc alter part 3 (fgo) Jeanne Alter apretó los dientes con furia contenida, su mirada ardía con llamas negras que parecían devorar el mismísimo aire.

—¡Escúchenme bien, Hijos de puta de Chaldea!

—gruñó, apuntando con su lanza hacia ellos—.

Si no encuentran la forma de dejarme con él… entonces arrastraré esta Singularidad al abismo conmigo.

Pero si me obedecen… si me lo entregan… les daré el Grial, y permitiré que estabilicen este mundo.

El silencio se volvió insoportable.

Incluso el rugido lejano de Níðhöggr se detuvo un instante, como si el dragón sintiera el peso de sus palabras.

Ritsuka tragó saliva, incapaz de responder de inmediato.

Mash intercedió, bajando su escudo con cautela, sus ojos firmes pero teñidos de duda.

—…¿Qué harás con él?

—preguntó con voz baja—.

¿Realmente crees que puede vivir así… contigo?

Jeanne no respondió.

Solo bajó la cabeza, la sombra de su cabello ocultando su expresión.

Pero su puño, cerrado con fuerza, temblaba.

No de debilidad.

De deseo.

De hambre.

De obsesión.

Base de Chaldea – Sala de mando.

El equipo de regreso apareció entre luces etéreas.

La atmósfera era tensa.

El informe fue transmitido de inmediato a Romani y Leonardo da Vinci, que se sumieron en una discusión cargada de incertidumbre.

—Esto es una locura… —murmuró Da Vinci, apoyando su mano en la mesa—.

No podemos traerlo aquí.

Tn no es un espíritu heroico.

No pertenece al Trono.

Es… un civil.

Un simple aldeano.

Ni siquiera es parte de nuestra línea temporal.

Su alma no tiene “peso histórico”.

Romani se pasó una mano por el rostro, agotado.

—Y no podemos dejárselo… Jeanne Alter está desquiciada.

Lo destruirá a su manera.

Y si se lleva el Grial con ella, perderemos esta Singularidad.

Tal vez algo más singularidades sin ese grial… Entonces, una voz interrumpió el debate, tranquila pero firme.

—¿Y si no necesita estar completo para ser salvado?

Todos voltearon.

Cu Chulainn [Caster], apoyado en el umbral con una sonrisa astuta, alzó una runa flotante entre sus dedos.

—Metamos su alma en esto.

Un sello rúnico de contención.

Puede almacenar una consciencia no heroica sin corromperla.

Lo he hecho antes con fragmentos de sabiduría divina.

No es tan diferente.

Da Vinci alzó una ceja, interesada.

—¿Y luego?

—Luego… le hacemos un cuerpo artificial.

No un Servant.

Un recipiente de alma, modelado para él.

Como lo hicimos con ese homunculo.

Algo… intermedio.

Romani lo miró, incrédulo.

—¿Estás diciendo que creemos un cuerpo humano para alguien que no tiene historia?

—Estoy diciendo —Cu Chulainn respondió— que si queremos romper la regla sin romper el universo… necesitamos ser creativos.

Y nadie dijo que un héroe necesitaba ser recordado para ser importante.

Sala de Ingeniería Espiritual, Nivel Beta.

El corazón de Chaldea latía con fuerza mientras comenzaban los trabajos.

El alma de Tn, observada a través de fragmentos etéreos, flotaba suspendida sobre un círculo de sellado rúnico.

Dormía.

Silencioso.

Como si ignorara que su existencia pendía de un hilo.

Da Vinci tomaba notas frenéticamente, midiendo cada impulso mágico, cada fluctuación de espíritu.

—Tiene una frecuencia extraña… no parece completamente humana.

Hay algo más en su alma.

Romani asintió, preocupado.

—¿Tal vez una marca?

¿Un residuo de algún contrato?

Quizás por eso Jeanne está tan obsesionada… quizás ella no solo lo ama.

Tal vez lo necesita.

Cu Chulainn se acercó al círculo, murmurando runas antiguas que danzaban en el aire como llamas azules.

—Esto… no va a ser fácil.

Da Vinci sonrió de lado.

—Nada nunca lo es en Chaldea.

Mientras tanto… en las ruinas de la catedral.

Jeanne Alter se arrodilló junto al cuerpo adormecido de Tn, que yacía aún debilitado, ajeno al caos que lo rodeaba.

Ella acarició su cabello con una dulzura retorcida, como una madre cruel o una amante vencida por su deseo.

—Pronto, estarás a salvo.

Te construiré un mundo donde no tengas que sufrir.

Solo quédate… a mi lado.

Las llamas del Grial crepitaban detrás de ella.

Y el cielo temblaba, como si supiera que su tiempo se estaba acabando.

El alma de Tn descansaba, sellada dentro del pequeño cristal rúnico suspendido en la sala de ingeniería espiritual.

Da Vinci había diseñado el cuerpo artificial con una precisión quirúrgica: no era fuerte, ni resistente… pero estaba vivo.

Era humano, al menos en apariencia y fragilidad.

Un alma sin historia… en un cuerpo que desafiaba a los recursos que tenian.

—No es perfecto… —admitió Da Vinci, observando los resultados—.

Pero es suficiente para mantenerlo con nosotros.

Ahora solo falta lo más importante: su vínculo.

Jeanne Alter, al fondo, entregó el Grial.

Lo lanzó con desprecio a los pies de Ritsuka.

—Ya tienen lo que querían —masculló—.

Pero si no lo traen ahora… si no lo invocan ya… Sus palabras se quebraron, y su mirada se volvió hacia la distancia, como si temiera perder algo que ni siquiera sabía cómo nombrar.

Ritsuka asintió, dando la orden.

—Invóquenla.

Instalaciones de Chaldea – Cámara de Invocación.

La luz de la invocación crepitó como una estrella naciente.

Jeanne Alter emergió del círculo, su armadura oscura reconfigurada para Chaldea, su estandarte ondeando suavemente.

Pero su rostro no mostraba alegría ni respeto.

Miró a Ritsuka con repulsión.

—No quiero un contrato contigo.

Mash parpadeó, sorprendida.

—¿Pero por qué…?

Da Vinci, que ya lo había previsto, intervino con naturalidad.

—Entonces, tal vez quieras un contrato con alguien más.

Jeanne la miró con recelo.

Da Vinci sonrió, como si le hablara a una niña que se negaba a admitir sus sentimientos.

—Tn está aquí.

Su cuerpo ya puede recibir tu vínculo.

No lo matará.

No tienes que estar separada de él.

Por un segundo, la máscara de Jeanne se resquebrajó.

Los ojos de la “Bruja de Orleans” se llenaron de una luz que no era odio ni furia… sino esperanza temblorosa.

Y sin decir una palabra más, salió corriendo.

Enfermería de Chaldea.

El ambiente era tranquilo, iluminado por la luz blanca y pulcra del recinto médico.

Tn yacía allí, con su cabello alborotado sobre la almohada, el pecho subiendo y bajando con lentitud.

Dormía en paz, una paz frágil, como si el mundo no pudiera tocarlo aún.

La puerta se abrió de golpe.

Jeanne irrumpió, jadeando, con el corazón golpeando en su pecho como un tambor de guerra.

Y al verlo ahí… tan quieto, tan vivo… su armadura tintineó mientras se dejaba caer a su lado.

—Tn… Su voz ya no tenía la dureza de la oscuridad, ni el eco del miasma.

Solo vulnerabilidad.

Se arrojó sobre él, pero con cuidado.

Acarició su mejilla, sus dedos rozando con devoción.

Su aliento temblaba mientras le murmuraba palabras al oído.

—Voy a quedarme contigo.

No más muros.

No más dolor.

Te prometo… que esta vez no te haré daño.

No dejaré que el veneno me aleje de ti.

Esta vez… haré el contrato.

La magia se manifestó como una brisa cálida.

El círculo de sellado se activó suavemente, reconociendo el vínculo no como un pacto de poder… .

Una suave luz dorada envolvió la escena, y por un instante, Jeanne Alter no fue una bruja.

No fue una villana.

No fue una maldición.

Fue solo Jeanne.

Una mujer enamorada de un muchacho al que nunca debió tocar.

Pero que el destino, torcido como era, le había ofrecido una segunda oportunidad.

El contrato se selló.

Y Tn… aún dormido, sonrió por primera vez desde que llegó a Chaldea.

Sala de Observación – Instantes después.

—No pensé que lo lograría —admitió Romani, observando los monitores—.

Jeanne… sin el miasma, puede que el chico no muera por envenamiento.

Da Vinci apoyó una mano sobre la pantalla, contemplando la escena.

—No es otra persona.

Es la misma.

Solo que por fin… puede ser ella misma.

Y Tn… le ha dado ese derecho.

Aunque no lo sepa.

Mash, detrás de ellos, observaba en silencio.

El mundo parecía un poco más brillante, aunque fuera solo por un momento.

La rutina en Chaldea marchaba con normalidad.

Servants y personal se sumergían en las tareas diarias: entrenamientos, expediciones de farmeo, limpieza de datos anómalos en nuevas singularidades.

Romani ajustaba las estrategias, Mash acompañaba a Ritsuka a cada destino y Da Vinci trabajaba en nuevos dispositivos para mejorar la sincronización mágica.

Pero al fondo, en una de las habitaciones aisladas de la zona médica, lejos de las cámaras, algo se deformaba.

Jeanne Alter mantenía la puerta cerrada.

Bloqueada que incluso Da Vinci miraría con cejas fruncidas.

La habitación estaba limpia, decorada con mantas oscuras, pequeños peluches con forma de dragones… y una única cama, ancha y reforzada con correas de cuero grueso.

Allí, atado con los brazos extendidos y piernas inmóviles, estaba Tn.

Su cuerpo se movía apenas.

Respiraba con suavidad, pero algo estaba mal.

Su piel tenía un leve tono grisáceo.

Sus labios estaban secos.

Y sus ojos… aunque abiertos… estaban nublados.

Fijos en un punto más allá de las paredes.

Jeanne entró con una bandeja humeante.

El olor de la comida era dulce, empalagoso.

Como si algo más se estuviera cocinando bajo la superficie.

—Hora de comer, mi diablillo dormido —susurró con dulzura.

Se sentó a su lado, tomando una cuchara y soplando el contenido antes de acercarla a los labios entreabiertos de Tn.

—Aah… así, buen chico… muy bien… Él tragó, lentamente.

Un hilillo de vapor salió de su boca al hacerlo.

No dijo nada.

Su mirada no reaccionó.

Solo obedecía, como si algo invisible lo envolviera.

—¿Ves?

No necesitas salir ahí fuera.

Todos esos humanos… esa escoria… te lastimarían.

Yo te cuido.

Solo yo —murmuraba, acariciándole la mejilla con el dorso de los dedos—.

Te baño, te visto, te alimento… eres mío.

Mi estrella caída.

Ella hablaba mientras le limpiaba la comisura de los labios con una tela de encaje.

—Ellos no entienden lo que eres.

Una joya.

Un alma virgen… como una página en blanco que solo yo puedo escribir.

¿No lo entiendes, Tn?

No eres nadie.

Pero conmigo… conmigo lo serás todo.

Lo besó en la frente.

Sus labios estaban fríos.

Tn no podía pensar con claridad.

Algo en la comida… en el vapor… en las palabras de Jeanne… lo mantenía adormecido.

A veces soñaba con un cielo blanco.

Con voces que no conocía.

Con una lanza……..no podía recordar.

A veces, pensaba que no debía estar ahí.

Que su alma quería gritar.

Pero luego Jeanne le hablaba, le cantaba.

Y todo eso se desvanecía como humo.

Su mente se hundía, una y otra vez, en la comodidad de no tener que decidir.

De solo existir.

De ser cuidado.

Atado.

Callado.

Mientras tanto, en los pasillos de Chaldea, Mash comenzó a notar la ausencia de Jeanne Alter.

Era extraño que no estuviera en los entrenamientos.

Más aún que no dejara ver a Tn.

Ni siquiera Da Vinci podía leer el estado vital completo del muchacho.

—¿No les parece raro?

—preguntó Mash en la cafetería, mirando a Ritsuka y Romani—.

Jeanne ha desaparecido de los registros.

Y Tn… ya no aparece en los escaneos de actividad.

Romani frunció el ceño.

—Eso es preocupante.

Muy preocupante.

Tal vez… deberíamos investigar.

Habitación de Tn.

Jeanne se acostó a su lado, abrazándolo.

Sus brazos rodeaban su cuerpo como una serpiente tranquila.

La oscuridad de su alma ya no le quemaba.

Ahora, simplemente lo envolvía, lo arrullaba.

Ella cerró los ojos, pegando su frente a la de él.

—Dormiremos juntos esta vez… como en mis sueños.

Nada podrá separarte de mí, Tn… nada.

Pero algo, muy lejos, comenzó a vibrar.

Un sello debilitándose.

Una voz…

llamando.

Y Tn, en lo más profundo de su inconsciencia, sintió una lágrima correr por su mejilla.

Una lágrima que no sabía por qué caía… ni de quién era.

El pasillo temblaba ligeramente mientras Mash, seria y tensa, guiaba a sus aliados por la zona médica sellada.

Tras días sin señales claras de Jeanne Alter ni de Tn, había decidido actuar.

Y no lo haría sola.

—Gracias por venir —dijo Mash, mirando a los tres Servants que la acompañaban.

Aquiles, con sus brazos cruzados y el brillo dorado de su armadura brillando a pesar de la luz artificial, asintió sin decir palabra.

Santa Martha, en su hábito blanco con azul y su lanza al hombro, mantenía una expresión serena, pero sus ojos estaban afilados.

Cú Chulainn (Caster) chasqueó la lengua, leyendo los residuos mágicos del aire.

—Mala vibra.

Oscura, enfermiza.

Aquí pasó algo más que aislamiento voluntario.

Mash se detuvo frente a la puerta reforzada.

Golpeó tres veces.

—Jeanne.

Soy Mash Kyrielight.

Exijo una respuesta inmediata.

Silencio.

Aquiles frunció el ceño, flexionando los músculos.

—No hay respuesta.

¿Rompo la puerta?

Mash dudó… luego asintió.

—Hazlo.

De una sola patada, Aquiles destrozó la puerta.

El marco tembló, astillas volaron, y el grupo entró con precaución… hasta que lo vieron.

Tn seguía atado.

Sus brazos, extendidos y marcados por las correas.

El cuerpo sin apenas fuerza.

Sus ojos, bajos.

Oscuros.

Sin luz.

Aún conservaba los sellos de comando en la mano, como recordatorio cruel de que tenía voluntad…

pero no la usaba.

Mash se cubrió la boca, horrorizada.

Martha dio un paso adelante, sintiendo un nudo en el estómago.

La habitación estaba cargada de un calor antinatural, casi sofocante.

—Dios…

Zeus—susurró Aquiles, corriendo hacia él para soltar las correas—.

¿Qué demonios le hizo?

Cú Chulainn se acercó más despacio.

Tocó la frente de Tn, murmurando un hechizo de diagnóstico.

—Lo ha estado alimentando con niebla mágica… sedantes, fármacos ilusorios, alquimia negra.

Todo mezclado.

Esto… esto es cautiverio, carajo esta drogado.

Mash apretó el escudo, sintiendo su corazón latir con fuerza.

—¿Dónde está ella?

Santa Martha no respondió.

Ya estaba dentro del baño, empujando la puerta… solo para encontrar a Jeanne Alter saliendo de la ducha, envuelta apenas en vapor y una toalla, con una sonrisa serena como si nada estuviera mal.

—¿Qué estás haciendo?

—gruñó Martha—.

¿Te volviste loca?

Jeanne la miró con una calma inquietante, peinando un mechón de su cabello húmedo.

—Lo cuido.

Como tú cuidarías a alguien que amas.

¿Qué tiene de malo?

—¡Eso no es amor, bruja arpia!

—rugió Martha—.

¡Está atado!

¡Dro-ga-do!

¡Y posiblemente profanado!

—¿Y qué si lo está?

—susurró Jeanne, sus ojos empezando a brillar con flamas negras—.

El mundo lo habría roto.

Yo solo lo hice suave.

Le di una jaula cálida.

Le di afecto.

Martha dio un paso más.

—¡Vas a responder por esto, Jeanne!

¡Ya basta!

—Sí… ya basta.

—Jeanne sonrió con una paz antinatural.

Luego, chasqueó los dedos.

¡BOOM!

El baño estalló en llamas negras, una explosión demoníaca que cubrió todo de humo abrasador y fuego espiritual.

Martha fue lanzada hacia atrás, chocando contra la pared con fuerza.

El calor llenó el cuarto en segundos.

—¡¡Martha!!

—gritó Mash, corriendo a ayudarla.

—¡¡Tn se está sobrecargando!!

—gritó Cú Chulainn—.

¡Esta loca le esta absorviendo el mana que este cuerpo apenas tiene!

Aquiles protegía el cuerpo semiinconsciente de Tn con su escudo, mientras la habitación empezaba a crujir.

Las paredes se retorcían bajo la presión de la magia.

De las llamas emergió Jeanne Alter, envuelta en su manto oscuro, con su estandarte envuelto en llamas violetas, los ojos bañados en lágrimas negras.

—¡No lo dejaré ir!

¡Él es mío!

¡Mi luz en este mundo de odio!

¡¡MI MILAGRO!!

Cú Chulainn levantó su bastón.

—¡Esto ya no es sentimentalismo mujer loca!

¡¡Es una maldita intervesion de pareja!!-el celta sudo frio cundo se dio cuenta que los niveles de santo grafico, lo superaban.

Mash apretó los dientes.

—¡Tenemos que salvar a Tn… aunque eso signifique enfrentarla!

Las alarmas sonaron como aullidos metálicos en todo Chaldea.

Luces rojas parpadeaban, el sistema automático de defensa desplegaba barreras mágicas, y los trabajadores evacuaban secciones enteras del complejo.

Romani Archaman, aún en bata de laboratorio, escupió el café que bebía al ver los monitores.

La imagen que parpadeaba frente a él parecía sacada de una pesadilla.

—¿Pero qué demonios…?

En pantalla, Jeanne Alter danzaba entre el fuego, deslizándose con una gracia endemoniada mientras limpiaba el suelo con tres Servants de combate.

Su estandarte ardía como una antorcha, y sus ojos brillaban con odio absoluto.

A cada paso que daba, las paredes se ennegrecían.

Mash volaba como un muñeco, arrojada por los muros de acero reforzado.

Cada impacto hacía temblar la estructura.

—¡Váyanse al demonio bastardos!

—gritó Jeanne, liberando una explosión de llamas púrpuras que forzó a Hans Christian Andersen, Nitocris y Paracelso a lanzar barreras conjuntas.

—¡No la dejen moverse!

¡Contención triple!

—ordenó Nitocris, extendiendo su bastón.

—¡Por que carajos me involucran a mi!

¡Es una maldita loca!

—gritó Hans, conjurando un muro de papel sagrado que fue destrozado de un golpe por la lanza de Jeanne.

Cú Chulainn trató de frenar a Jeanne con una trampa rúnica, pero la bruja la ignoró con un simple paso, rompiendo las runas con su pie descalzo mientras reía.

—¡Nadie me lo quitará!

¡¡Nadie más va a tocarlo!!

En otra sala, Da Vinci tecleaba frenéticamente entre pantallas, monitoreando la temperatura, los sistemas de contención, y la ubicación de los Servants disponibles.

—¡Está corrompiendo el sector médico y la zona de descanso A!

¡El fuego no es normal, tiene componentes mágicos!

—gritó.

—¡Tenemos que sellarla!

—respondió Romani, pálido—.

¡Encerrarla en el sótano!

¡Antes de que rompa más sectores!

Mientras tanto, Aquiles sujetaba a Tn, envuelto en una sábana, corriendo por los corredores como un relámpago.

—¡Aguanta, amigo!

¡Te sacaré de esto!

Tn aún no reaccionaba.

Su cuerpo se mantenía inerte, pero un leve brillo blanco se extendía por su cuello, como si algo en él estuviera despertando lentamente.

—¡ AGGGHGHHHhh Vuelve aqui!

—gritó Jeanne desde el fondo del pasillo.

Aquiles giró justo a tiempo para esquivar una lanza de fuego que explotó a centímetros, lanzándolo a través de una ventana reforzada.

—¡Maldita sea, no la dejo atrás ni dos segundos!

En otra ala, Martha se levantaba con dificultad, el cuerpo chamuscado, pero el corazón firme.

—No puedo permitir que Jeanne siga así…

Está fuera de control.

No es su culpa, ¡pero tampoco es libre de consecuencias!

Mash, magullada pero en pie, se unió a ella.

—Tenemos que resistir… hasta que Senpai traiga a mas.

Las llamas se extinguieron de golpe, como si alguien hubiera presionado un interruptor divino.

El aire ardiente se tornó pesado y denso.

Jeanne Alter se quedó inmóvil en medio del corredor carbonizado, su pecho subiendo y bajando con respiraciones entrecortadas.

Frente a ella, Aquiles estaba de pie, con Tn envuelto en una sábana, aún débil, pero con los ojos abiertos.

Jeanne dio un paso hacia adelante, pero no atacó.

Sus manos temblaban ligeramente.

—…Lo tienes tú —susurró, su voz era la de una bestia en duda—.

No quiero… dañarlo.

Aquiles entrecerró los ojos.

Aún sudaba por el calor, pero se mantuvo firme.

—Entonces muévete del camino.

Ella no respondió, solo bajó ligeramente su estandarte.

Parecía confundida… vulnerable.

—¡Aquiles, al sótano!

¡AHORA!

—gritó da Vinci desde el comunicador—.

¡Tenemos el búnker listo!

Es el único lugar donde puede ser contenida sin daño colateral.

¡Rápido!

El corredor tembló.

—Con gusto —susurró Aquiles, sonriendo con un brillo desafiante en los ojos.

Y salió disparado.

La fricción de su carrera abrasó el suelo de mármol, dejando un rastro verde a través de los pasillos.

Jeanne gritó, recuperando su agresividad, y comenzó a perseguirlo con su estandarte en llamas, golpeando muros, techos, puertas y a quien se cruzara.

—¡NO LO LLEVES LEJOS DE MÍ!

—rugió, mientras su cuerpo era un vendaval de destrucción.

Astolfo, valiente y tonto como siempre, apareció en una esquina con los brazos abiertos.

—¡Jeanne, por favor, calma—!

¡POM!

El impacto fue seco.

Astolfo salió volando como una flecha rosada, rebotando contra tres paredes y cayendo en una pila de cajas médicas mientras gritaba “¡Todo sea por el amor…!” antes de desmayarse.

Aquiles zigzagueaba como una estrella fugaz entre estallidos y fragmentos de metal fundido.

—¡Da Vinci, ya estoy cerca!

¡Prepárame la trampa!

—¡Ya está abierta!

¡Solo manténla dentro del círculo!

Romani miraba desde la sala de control, tragando saliva mientras las cámaras mostraban la destrucción total de cinco corredores, dos laboratorios, una enfermería y el rincón favorito de Fou.

—Esto va a costar millones… —murmuró.

Al llegar al sótano, las puertas blindadas ya estaban abiertas.

Runas, circuitos mágicos y barreras de prana vibraban en el aire.

—¡Vamos, cariño, solo un pasito más!

—se burló da Vinci por el altavoz.

Aquiles entró, y justo cuando Jeanne iba tras él… ¡BOOM!

Una trampa de energía se activó, sellando el círculo con un murmullo.

El estandarte de Jeanne chocó contra la barrera, y la bruja rugió como un lobo herido.

Trató de romperla con hechizos, con fuego, con furia pura… pero nada funcionó.

Estaba atrapada.

—¡Tn…!

¡Tn, por favor…!

¡No me encierres otra vez…!

Aquiles dejó a Tn en una camilla preparada, con varios hechiceros y médicos rodeándolo con miedo y precaución.

—Está segura.

Por ahora —dijo él, con los brazos cruzados.

Tn giró lentamente la cabeza hacia Jeanne.

Sus labios apenas se movieron, pero todos lo escucharon.

—…Déjame respirar.

Y con eso, las luces del sótano parpadearon, como si el corazón de Chaldea hubiera dado un salto.

Jeanne cayó de rodillas, derrotada.

No por los sellos.

Sino por esas palabras.

Desde el centro de control, da Vinci suspiró profundamente y se recostó contra el respaldo de su silla.

—Dios mío… ¿cuánto café necesitaré para limpiar esto?

Romani asintió con lentitud, aún en shock.

—Y el presupuesto para reparar… Fou lloriqueó desde un rincón.

—Fou….

(aun no se acaba 7w7) (de verdad les gusta mi estilo de yandere o aun siguen prefiriendo a leyendas como lo fue dandelion y pepepino…….es imposible llegar a esas leyendas T-T pero no puedo dejar que el yanderismo caiga) (y no, no pondre suculencia porque como dije solo quería yanderes pero como mi método será capítulos para darles desarrollo.

Ejemplo Nitocris ya empezó a mostrar mas dependencia de tn, osea que para el capitulo dos tendremos un avance en su emoción y obsesión.

Esto lo hago porque ya es aburrido ver lo mismo waifu loca yandere que secuestra, abusa y tiene hijas con el prota y fin……..Eso ya cansa asi que pense en este metodo darles sentimientos alocados poco a poco.)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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