Waifu yandere(Collection) - Capítulo 202
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- Capítulo 202 - 202 Jalter part 8 Fgo
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202: Jalter part 8 Fgo 202: Jalter part 8 Fgo Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
____________________________________.
Pasaron horas en las que nadie notó nada raro.Cada Servant estaba perdido en su propia rutina, en sus misiones, en sus charlas o entrenamientos.Nadie recordaba —o quizás nadie quería recordar— que en los niveles inferiores de Chaldea había una Avenger suelta.
Una mujer que respiraba odio, fuego y venganza.
Jalter abrió lentamente los ojos.
En la penumbra, el silencio era casi un alivio.Llevaba tanto tiempo esperando ese momento que ya no sabía si estaba soñando o despierta.El eco lejano de pasos sobre el suelo metálico le recordaba una sola verdad:Chaldea había roto su trato.
—El trato era simple… —murmuró, su voz rasposa, quebrada por la ira contenida—.
Yo les daría el maldito Grial… y ellos me dejarían quedarme con Tn.
Eso fue lo que pactamos.
Su mirada se oscureció, las brasas en sus ojos ardiendo con furia silenciosa.
—Pero no… no les gustó cómo lo tenía.
—una sonrisa torcida cruzó su rostro—.
No les gustó que estuviera… roto.
Que dependiera de mí.
Que me buscara a mí.
Así que me encerraron… Así que rompieron el trato.
El fuego se agitó en su palma.—Muy bien… entonces romperé algo yo también.
La Avenger alzó la cabeza, escuchando.
Nada.
Ni un alma cerca.Tamamo Cat no había traído su comida en horas.
Si había mandado a otro Servant en su lugar, significaba que estaba ocupada.Perfecto.
Jalter empujó suavemente la puerta entreabierta, dejando que un hilo de luz se colara entre las sombras.Se asomó.El pasillo estaba vacío.
El aire, quieto.
Y entonces, los pasos.
Ligeros, rápidos, y el sonido inconfundible de una pluma raspando sobre papel.
“Perfecto.”.
Hans Christian Andersen, Caster.
El diminuto escritor andaba caminando sin mirar por dónde iba, murmurando para sí mientras anotaba observaciones con el ceño fruncido.
—Inútiles… todos estos Servants sin disciplina, sin método… si al menos alguien en este lugar tuviera algo de sentido narrativo… —murmuró irritado, pasando las páginas de su libro.
Un sonido, leve, como un gemido de dolor, lo hizo alzar la vista.
Una puerta entreabierta.
Una figura caída en el suelo.
—¿Pero qué…?
—frunció el ceño, acercándose—.
¿Otra mujer ebria?
¡Por todos los cielos, ni siquiera en esta base se libran de las decadencias humanas!
Jalter permanecía inmóvil, el cabello cayendo sobre su rostro, el cuerpo encorvado como si estuviera herido.
Su respiración temblaba, un susurro entrecortado que sonaba convincente.
—Tsk… qué escena tan patética… —Hans resopló, cerrando su libro con un golpe seco—.
Y aquí voy yo, intentando escribir sobre la redención humana mientras encuentro esto.
Bien podría titularlo “El fracaso del género femenino, parte mil.”.
Dio un paso más, acercándose con gesto condescendiente.—Levántese, señorita.
No pienso perder tiempo cuidando—.
El golpe lo interrumpió.
Un chasquido húmedo, un destello rojo.
Jalter se alzó con una sonrisa salvaje, su puño envuelto en fuego oscuro golpeándolo con tanta fuerza que el aire vibró.
Hans voló hacia atrás, el sonido de sus gafas rompiéndose se mezcló con el de su nariz quebrándose al chocar contra la pared.
—¿Q-qué demonios—?!
—jadeó, con la sangre resbalando por su rostro.
Jalter se acercó lentamente, los pasos resonando como martillazos.
—Tú… —susurró—.
Tú enano de mierda, je je tu estupido santo grafico es una mierda de categoria cuarta pero…servira.
Hans trató de invocar un hechizo, pero la mano de Jalter ya lo había sujetado del cuello.
El fuego comenzó a arder entre ellos, lamiendo el aire.El pequeño Caster forcejeó, los dedos tratando de apartarla, pero la sonrisa de la Avenger era puro delirio.
—¿Sabes qué es lo mejor de ustedes, los “intelectuales”?
—dijo ella, la voz ronca y cargada de burla—.
Que son los mas idiotas al subestimarme…Mmm que mana más amargo… sabes….siento asco.Asco de recibir un mana que no es de “el” asco al tener que digerir manas agenos a Tn.-Su agarre se apreto mas en el cuello del servant, marcas rojas por el fuejo se propagaron dejando quemaduras.-Grrrrr siento asco.lo odio,lo odio,lo odio,lo odio,lo odio,lo odio,lo odio,lo odio….*respirar* me limpiare de su apestoso mana cuando lo tenga debajo de mi.
Una sonrisa peligrosa paso por sus ojos, la misma idea y planes que habia hecho con su Tn.
Lo iba a gozar como no lo pueden imaginar.
Hans soltó un gemido, los ojos desorbitados, antes de que su cuerpo comenzara a brillar.La energía fue absorbida lentamente, devorada por ella.
Su respiración se aceleró, casi un jadeo animal, y una risa baja escapó de sus labios mientras el cuerpo del escritor se desvanecía en polvo.
Cuando terminó, se llevó la mano a la boca, limpiando la sangre de su rostro.
—Hmm… amarga, sí… pero efectiva.
—susurró, exhalando humo—.
Gracias por el aperitivo, enano de mierda.
El aire se estremeció a su alrededor.Su maná había aumentado.La grieta en la puerta se abrió apenas un poco más.
—Ahora sí… —murmuró, girando la cabeza hacia el techo—.
Esperen un poco más, mis queridas “santas”.Pronto, muy pronto, vendré por lo mío.
Y entre risas ahogadas, la sombra de la Avenger se deslizó hacia el pasillo, libre por primera vez en semanas.
Jalter apartó la ropa con impaciencia, notando cómo su abdomen se contraía, endurecido, y la piel brillaba con una leve tonalidad rojiza creando un six pack perfecto.
El maná que había absorbido corría como fuego líquido por sus venas, y una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.
—Sí… esto está mejor —murmuró, pasando una mano por su costado—.
Aunque nunca se comparara a lo que el puede Ahhh~ darme.
Su respiración se volvió pesada por un momento.
No era deseo, era necesidad.
El tipo de necesidad que tiene una llama por su oxígeno.Con un movimiento brusco, se levantó deel suelo y caminó hacia la puerta.
El eco metálico de sus botas resonó contra el suelo del pasillo, mientras su mente se inundaba de recuerdos y de información del Trono de los Héroes.
Todo se organizaba, se clarificaba: cámaras, seguridad, rutas, puntos ciegos, patrones humanos.
No sabia leer pero los dibujos en las paredes ayudaban bastante.
Sabía perfectamente qué era una cámara de seguridad… y cómo hacerla inútil.
—¿Creyeron que podían encerrarme hijos de puta?
—murmuró con un deje de burla.
Alzó una mano, y una pequeña llama negra se encendió en la punta de sus dedos.
La lanzó hacia una cámara.
Un “crack” eléctrico, un destello, y la lente se fundió como si hubiera sido tocada por ácido.Luego otra, y otra.
Pequeños fuegos danzaban a su paso, apagando los ojos de Chaldea uno por uno.
—Nada me detendrá —susurró mientras su cuerpo se desvanecía, difuminándose en un brillo ígneo.
Entró en estado espiritual.
Invisible para los trabajadores que pasaban por los pasillos, se movía con la gracia de un fantasma y la intención de un depredador.
Los técnicos hablaban, los guardias se cruzaban… ninguno la veía.
Solo el eco lejano de su presencia hacía temblar las luces.
Dentro de su mente, una sola imagen se repetía sin cesar: el rostro de Tn, su voz calmada, su manera de mirar sin miedo.
—Él… me cambió —admitió en un susurro ronco, casi con rencor—.
Maldito seas, Tn.
Me diste algo que no sé cómo destruir.
Su tono se quebró, pero su mirada ardía.—No dejaré que esa santa puta… que esa mujer lo toque otra vez.
No.
Ese aroma… no, no puedo permitirlo.
Iba a profanarlo tanto que le quitaria ese aroma de perra de iglesia.
Cerró los puños con fuerza, el maná vibrando entre sus dedos.
Caminó más rápido, como si cada paso marcara una promesa.Cuando llegó a una bifurcación, se detuvo y apoyó la frente contra la pared.
Las chispas de su aura quemaban el metal.
—Primero el Grial.
Luego, él.
—Su voz se volvió más baja, más firme—.
Me fundiré con ese poder si es necesario.
Arrasaré con este maldito lugar, y entonces….
Sonrió.
No con locura, sino con la determinación triste de alguien que ha decidido destruir el mundo por una sola persona.—Entonces volveremos a Francia, Tn.
Solo tú y yo.
No habrá nadie más.
El eco de su risa, entrecortado y casi melancólico, recorrió el pasillo vacío.
Era la risa de alguien que había cruzado el punto sin retorno, pero aún lo hacía por afecto.Afecto duro.
Férreo.
Inquebrantable.
Y en lo profundo de su corazón, una voz susurraba:“Si él me abraza, aunque sea una sola vez más… todo valdrá la pena.”.
Localizar el Grial entre toda Chaldea no fue un problema.
Era una fuente de maná tan vasta, tan viva, que incluso a través de las paredes podía sentir su pulso, su respiración mística.Ninguna servant podia equiparar en poder puro a un grial.
—Ah… ahí estás… —murmuró con una sonrisa torcida—.
No puedes esconderte de mí, pequeña mierda util.
Se deslizó entre pasillos en su forma espiritual, cruzando salas de control y laboratorios.
Las alarmas mágicas apenas chispearon antes de apagarse.
Nadie la vio; nadie sintió la presión abrumadora de su presencia.
Al llegar al hangar, detuvo el paso.
Frente a ella, en vitrinas reforzadas por runas y barreras, dos Griales relucían con un fulgor dorado.
—¿Dos?
—arqueó una ceja, divertida—.
¿Ya jugando con otra Singularidad?
Qué codiciosos hijos de perra hipocritas.
De seguro mataron esa singularidad junto a todos sus habitantes solo para tener el grial, no es que ella sea mejor, pero al menos no se cuelga una bandera de buena persona.
El brillo de su sonrisa creció.—Entonces tomaré ambos… solo para joderlos —Su voz se quebró en una risa ronca, casi dolorosa—.
Para que aprendan lo que pasa cuando se meten con mi deseo.
Levantó su mano.
Una llamarada negra cortó el aire, y las vitrinas estallaron con un estruendo seco.
Las alarmas mágicas gritaron, pero el maná que emergía de los Griales anuló cualquier defensa.
Jalter se acercó, su cuerpo brillando con un resplandor carmesí, y extendió los dedos hacia las copas.
Sentía cómo vibraban, como si quisieran escapar.
—Shh… tranquilos… —dijo, casi con ternura—.
Ahora son míos.
Tomó el primero y lo observó por un instante.
Era tan puro, tan vivo.
Lo inclinó y bebió directamente, sin detenerse, hasta que el maná líquido se derramó por sus labios, su cuello, su pecho.
Su cuerpo entero se estremeció.
—¡Gghh…!
—un gemido seco, de dolor y poder a la vez—.
Arde de su puta madre… pero carajo se siente increible….
El segundo Grial lo vertió sobre sí misma.
El líquido dorado descendió por su cabello, resbalando por su armadura, penetrando su piel espiritual.
Una marea de energía se liberó, y su aura llenó el hangar como una tormenta.
El suelo tembló.
Las luces se apagaron.
Y Jalter, riendo, se arrodilló, abrazándose a sí misma mientras el maná la rasgaba por dentro.
—¡Más!
¡Vamos, maldita sea, más!
¡No voy a romperme!
—gritó, entre jadeos, su voz rugiendo como un fuego antiguo.
Durante un instante, su figura se distorsionó, un borrón entre llama y sombra, un alma en el límite del colapso.
Si no fuera una Servant de primera categoría, habría muerto desintegrada en ese mismo lugar.
Pero resistió.
Porque pensaba en él.
En Tn.
—Prometiste… que no me dejarias —susurró entre dientes, con una voz cargada de dolor y ternura—.
Así que no puedo morir ahora.
No puedo… hasta verte otra vez.
La energía empezó a estabilizarse.
El hangar quedó en silencio, salvo por el zumbido residual del maná que se fundía con su espíritu.Cuando abrió los ojos, su cuerpo había cambiado.
Su armadura, antes negra y lisa, ahora relucía con patrones florales de un metal oscuro y brillante, casi como obsidiana viva.
Las líneas brillaban en tonos dorados, serpenteando como raíces.Sus músculos se tensaron, definidos con una perfección casi irreal.
Si antes su cuerpo era el de una guerrera, ahora parecía el de una fuerza encarnada.Sus pechos no crecieron…bueno una ligera decepcion pero su estatura si cambio,de medir 159 cm ahora eran 200 cm, si antes tenia un six pack esa cosa ahora era un maldito lavadero siendo un maldito eight pack, muslos gruesos y definidos.
—Heh… Tiembla perra martha—miró sus manos, girándolas con curiosidad—.
Supongo que ahora sí puedo decir que estoy… completa.
Sus ojos reflejaron el fuego del Grial, pero no había soberbia.
Solo una calma peligrosa.—Tn… ahora podré protegerte de verdad.
—Su voz bajó, apenas un murmullo—.
Ya no tendré que pedirte que te quedes.
Haré que el mundo se arrodille si intenta separarte de mí.
De pronto, un sonido lejano resonó: pasos, voces, alarmas reactivándose.
Jalter sonrió.
—Que vengan —dijo alzando la vista hacia las luces del techo—.
No hay nadie aquí que pueda detenerme.
Su cuerpo comenzó a arder otra vez, cubriéndose de una capa de fuego negro con destellos dorados.—Primero, me llevo a Tn… luego, borraré este maldito lugar.
Y desapareció, envuelta en un resplandor ardiente, dejando tras de sí un hangar vacío, dos vitrinas rotas y el eco persistente de una promesa pronunciada entre dientes:.
“Serás mío, pero no como posesión.
Serás mío porque nadie más te entendería.”.
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Las alarmas rugieron con un tono grave y sostenido que cortó el silencio habitual del centro de mando.Las luces rojas bañaban las paredes, y el eco metálico del sistema automático resonaba como una advertencia final.
—¡Alerta de seguridad!
¡Anomalía en la bóveda de los Griales!
—gritó uno de los técnicos.
Romani Archaman se inclinó sobre la consola, los dedos tecleando frenéticamente mientras las líneas de código y los mapas mágicos parpadeaban frente a él.—¿Cómo que anomalía?
¡Hace tres días sellamos esa zona!
¿Qué demonios pasó ahí abajo?
Los técnicos intercambiaron miradas, pálidos.—No lo sabemos, doctor… pero el flujo de maná de todo el sistema se está drenando.
Chaldea está perdiendo energía a una velocidad absurda.
Romani frunció el ceño.—Eso no es una fuga… eso es oh maldicion sostenga el sistema.
Sin pensarlo dos veces, tomó el comunicador.—¡Medea!
¡Arash!
¡Geronimo!
Necesito que bajen al hangar de los Griales ahora mismo.
Y— ¡traigan a una ingeniera de soporte!
¡Revisen el sello físico!
—Entendido —respondió Arash, la voz firme como siempre.Mientras se levanto de donde estaba para salir corriendo.
Al fin una mision.
Pocos minutos después, el trío atravesó los pasillos inferiores de Chaldea.
Las luces parpadeaban, el aire se sentía denso, cargado de energía pura.
La ingeniera —una joven de gafas gruesas y uniforme gris— se cubría la nariz, casi mareada por la presión mágica.
Geronimo levantó una mano.—No respiren demasiado profundo.
Este maná no es natural.
Algo lo está contaminando.
Llegaron al hangar.
La puerta de contención estaba abierta, humeante.
Dentro, el suelo era un paisaje de ceniza y cristales rotos.
Las vitrinas donde se guardaban los Griales habían desaparecido, derretidas como cera.
—Por el Santo Padre… —susurró Arash, mirando el desastre—.
¿Qué… qué hizo esto?
Algun servant se volvio loco y ataco.
La ingeniera encendió una linterna, avanzando con pasos temblorosos.—No hay restos de los Griales… ni del sistema de contención.
Es como si… se los hubieran tragado.
Geronimo cerró los ojos, extendiendo su percepción espiritual.—No… —murmuró con voz tensa—.
No se los tragaron.
Los absorbieron.
En ese instante, el silencio fue cortado por un sonido seco: el chirrido del metal y una voz femenina, calmada, pero saturada de maná ardiente.
—Qué rápido vinieron.
Qué inútiles siguen siendo.
Los tres giraron.
Desde la sombra, entre humo y brasas negras, emergió Jalter.Su figura era inconfundible: cabello más largo, armadura floreada reluciendo con un brillo infernal, y una sonrisa que mezclaba rabia con euforia.
—¿Un alter…?
—susurró Arash, tensando el arco—.
No puede ser.
Estabas sellada.
Era imposible no haber escuchado de una avenger loca que metieron a una jaula en el sotano.Se supone que el incidente se dejo de lado cuando aparecieron mas singularidades.
—Estaba encerrada, no muerta idiota.
Y ahora —crujió los nudillos— estoy en plena forma.Asi que preparen sus traceros.
El aire tembló.
Geronimo apenas alcanzó a empujar a la ingeniera cuando un destello rojo los atravesó.Arash no tuvo tiempo de gritar: una lanza ígnea lo perforó, reduciéndolo a polvo dorado que se desvaneció en segundos.
—¡Arash!
—gritó Geronimo, corriendo mientras cargaba a la ingeniera por el pasillo—.
¡Corre!
¡No mires atrás!
Detrás de ellos, las llamas de Jalter recorrían el suelo como serpientes vivas.
—¿Escapan?
—rió, con un dejo casi infantil en la voz—.
Qué aburrido.
Quería probar mi nuevo poder.
Geronimo giró, conjurando un círculo mágico.—¡”Tsago Degi Naleya: Aquel que Crea la Tierra !”—.
Un coyote de piedra espiritual surgió entre ellos, pero Jalter lo destrozó de un puñetazo envuelto en fuego.El impacto sacudió el túnel, lanzando escombros por todas partes.
—¿De verdad crees que esa magia de jardín va a detenerme, Caster de tercera categoría?
—dijo Jalter con una mueca de desprecio—.
No tienes idea de lo que soy ahora.
Geronimo, jadeando, alzó la mirada.—Entonces explícame, Avenger.
¿Qué eres?
Tenia que sacar a la chica antes de que muriera,era un espiritu heroico no pondria en riesgo al personal de chaldea.
Jalter lo miró con una calma escalofriante.—Soy la consecuencia de su traición.
Y su maldito castigo bastardos.
Se irguió, el fuego dorado envolviéndola.—Me quitaron lo único que me importaba.
Mi razón de existir.
Así que ahora… —sus ojos se iluminaron con un brillo infernal—.
Voy a tomarlo todo.
El suelo se partió bajo sus pies, la energía manando como un volcán contenido.Geronimo abrazó a la ingeniera, arrojandola fuera del área justo cuando una ola de fuego arrasaba el hangar entero.
Desde el centro de mando, Romani gritó—¡Tenemos lectura de explosión de maná en el hangar!
¡La señal de Arash se ha perdido!
¡Geronimo gravemente herido!
¡Y… hay otra presencia— no… varias— acercándose!
Leonardo da Vinci apareció en pantalla, alarmada.—¡Esa es Jeanne Alter!
¡Y su firma de maná está multiplicada!
¡Debe haber absorbido ambos Griales!
Romani cerró los ojos.—Dios… —susurró—.
Si eso es verdad, entonces no hay nadie en Chaldea que pueda contenerla.
Romani se sujetó la cabeza con ambas manos, el sudor deslizándose por su frente mientras las pantallas mostraban las lecturas caóticas del maná.
—¡Esto es una locura!
—gritó—.
No tenemos ningún Servant que pueda contrarrestar a Jalter directamente.
¡Y no podemos arriesgarnos a una invocación al azar sin reliquia, podríamos traer algo peor!
Da Vinci, desde la consola vecina, intentaba estabilizar los sellos de contención.—No hay tiempo para experimentos, Romani.
Si esa mujer sigue absorbiendo energía, va a sobrecargar toda la red mágica.
Chaldea entera podría explotar.
El doctor apretó los dientes.—Entonces… llamen a los que tenemos.
Cu Chulainn Caster, Aquiles, y Beowulf Berserker.
Los técnicos lo miraron con incredulidad.
—¿Los tres a la vez?
—Sí.
Beowulf tiene experiencia cazando monstruos.
Y eso —dijo, mirando la pantalla donde el fuego de Jalter se movía como una bestia viva— es exactamente lo que tenemos.
.
.
.
El estruendo de una puerta destrozada retumbó por todo el ala sur de Chaldea.Jalter avanzaba, envuelta en llamas negras, los ojos encendidos con furia y euforia.—¿Dónde estás, Tn?
—murmuró entre dientes, casi como un ruego—.
Prometiste no dejarme sola otra vez…Tn si sales prometo no ser ruda contigo *detener* al menos las primeras 10 rondas.
-Tnnnnnnn-.
Un silbido cruzó el aire.
De repente, una figura masiva la embistió desde el costado.
Beowulf irrumpió entre paredes de acero, tomándola por la cintura antes de que pudiera reaccionar.
—¡¿Qué demonios—?!
—gritó Jalter, mientras el Berserker la levantaba como si pesara nada.
El fuego estalló en su cuerpo, pero Beowulf no se detuvo; los muros se desintegraban a su paso, el metal derritiéndose mientras la arrastraba fuera del complejo.
—¡Te dije que me sueltes, bestia maldita!
—rugió ella, golpeándolo en el rostro con una llamarada—.
¡Voy a—!
—¡Cállate!
—tronó Beowulf con una sonrisa feroz, los dientes reluciendo bajo la luz del fuego—.
He cazado dragones y demonios.
¡Una bruja histérica no va a ser mi final!
Se lanzó al exterior, rompiendo la última pared del hangar.
El aire gélido de la nieve los recibió con un rugido, el vapor del choque entre fuego y frío elevándose en columnas.
Beowulf la lanzó contra el suelo, el impacto resonó como un trueno.El cuello de Jalter crujió con un sonido seco.
Su cuerpo se hundió en la nieve humeante, pero sus ojos, llenos de rabia, seguían abiertos.
Beowulf la observó, rodando los hombros.—Tch… apestas a maná podrido.
¿De casuaidad no eres la hermana de grendel?
Jalter se incorporó lentamente, el cuello reacomodándose con un chasquido grotesco.—¿Podrido?
—rió, una carcajada amarga—.
No,mal pardio Berserker.
Renacido.
El fuego volvió a encenderse a su alrededor, con más intensidad.Beowulf desenvainó Hrunting, la espada de caza, cuyo filo tembló al oler la sangre de su oponente.—Esta espada rastrea monstruos por su esencia —dijo, apuntándole con una sonrisa salvaje—.
Y tú, Avenger, hueles como la peor de todas las bestias.
Jalter se lamió los labios, sin miedo.—¿Monstruo?
Quizá.
Pero al menos yo tengo algo por lo que pelear.
Tú solo matas lo que no entiendes.No te hace mejor a mi.
Beowulf rio con un tono ronco y divertido.—¡Exactamente!
—se lanzó hacia ella, su garrote Naegling brillando en la otra mano—.
¡Y justo ahora no entiendo por qué sigues viva!
Las armas chocaron.
El fuego y el hielo se cruzaron con un estallido que levantó una ola de energía visible.
Cada golpe de Beowulf rompía la nieve, cada contragolpe de Jalter dejaba marcas de fuego en el aire.
Desde el centro de mando, Romani observaba la batalla en las pantallas.—Beowulf ha conseguido sacarla del edificio, pero… su energía sigue aumentando….
Da Vinci miró los monitores, sus ojos se entrecerraron.—No se está desgastando.
Está creciendo.
Esa Avenger… está aprendiendo de cada golpe.
Romani respiró hondo.—Entonces recen para que Beowulf no la deje respirar.
Si Jalter sobrevive a esto… —su voz tembló, mirando la imagen de la nieve derritiéndose por el fuego infernal— …no habrá nadie que pueda detenerla.
.
.
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Aquiles corría a toda velocidad por los pasillos de Chaldea, su lanza relampagueando en la mano, los ojos encendidos por la urgencia.
Cada paso que daba hacía temblar el suelo.
—¡Maldita sea!
—gruñó—.
Si estos pasillos no fueran tan estrechos, ya habría llegado.
¡Esto es una maldita carrera de obstáculos!
El eco de su voz resonaba mientras esquivaba puertas automáticas y restos de muros destruidos.
La alarma roja bañaba las paredes con luz intermitente.
A su lado, Cu Chulainn Caster sonreía, el báculo girando despreocupadamente entre sus dedos.—Heh… hace tiempo que no veía tanto alboroto.
¿Crees que esta vez me dejarán usar mis runas sin que me regañen?
Aquiles le lanzó una mirada de incredulidad.—¿En serio estás emocionado?
Esa mujer casi destruyó una singularidad entera la última vez.
Cu soltó una risa.—Eso la hace más divertida.
Pelear con una Avenger en pleno berrinche… eso sí que me pone las runas a vibrar.
El guerrero griego suspiró.—A veces me pregunto si eres idiota o simplemente adicto al peligro.
Cu levantó el pulgar con una sonrisa torcida.—Ambas cosas, campeón.
Ambas cosas.
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Mientras tanto, en una habitación tranquila de los dormitorios, Jeanne d’Arc Ruler y Martha estaban ajenas al caos.Tn estaba sentado en el suelo, repitiendo lentamente las palabras que Jeanne le mostraba en un libro infantil.
—“Sol…” —murmuró el chico con esfuerzo.—Muy bien —dijo Jeanne con una sonrisa cálida, acariciándole el cabello—.
Estás mejorando mucho.
Martha, de brazos cruzados, observaba con ternura.—Hmph.
Tal vez la Santa tenga talento para maestra después de todo.
Y ninguna sabia leer.
Jeanne la miró de reojo.—Eso suena casi como un cumplido, Martha.
—No te acostumbres.
—Martha sonrió suavemente, aunque en el fondo no podía evitar sentir un leve mal presentimiento—.
Deberíamos asegurarnos de que nadie interrumpa… hoy parece que Chaldea está demasiado silenciosa.
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En el área médica, Nightingale detuvo su trabajo al escuchar las alarmas.El rojo de las luces se reflejaba en su bisturí.—Esto no es bueno.
—Su voz fue seca, casi mecánica.
—.
Alarmas en el hangar de los griales.
Nivel máximo.
Asclepius, con su tono apático y calmado, levantó la vista de sus notas.—Entonces habrá heridos pronto.
—Suspiró mientras recogía una bandeja de instrumentos—.
Y seguramente pacientes que ignoran mis advertencias sobre autopreservacion.
Nightingale apretó los puños.—“Pacientes”… ¿deberiamos ir y estirilizar a todos los pacientes?
—No exactamente.
—Respondió el médico con un encogimiento de hombros—.
Aunque, sinceramente, si sobreviven, quizá aprendan algo sobre la diferencia entre poder y cordura.
No tenia ganas de irse del consultorio.
.
.
.
En el exterior, el campo nevado ardía.Beowulf había lanzado otro golpe directo con su garrote, un impacto tan poderoso que hizo retumbar las montañas cercanas.
—¡Vamos!
—rugió, la nieve levantándose como una explosión blanca—.
¡Muéstrame más, monstruo!
Pero Jalter ni se inmutó.
Su cuerpo brillaba con un fuego oscuro que consumía incluso el aire.El golpe había dejado una marca… y nada más.
Jalter sonrió, su respiración era pausada, casi serena.—¿Eso es todo, “cazador de monstruos”?
—susurró, inclinando la cabeza con burla—.
Creí que serías más que músculos y gritos.
Beowulf escupió sangre y sonrió de vuelta, los dientes reluciendo.—Heh… al menos eres divertida.
Pero aún me guardo lo mejor.
La Avenger arqueó una ceja, y con una risa grave, le dio una patada al pecho.
El impacto fue tan fuerte que el Berserker salió disparado, rompiendo un bloque de hielo antes de quedar sepultado.
Jalter lo miró desde arriba, el vapor envolviéndola como una diosa infernal.—Idiotas… todos ustedes… —susurró con voz temblorosa, casi dolida—.
Me prometieron que me dejarían tenerlo.
Que si entregaba el Grial… Tn sería mío.
Su expresión se deformó, una mezcla de tristeza y rabia—.
¡¿Por qué no pueden dejarme ser feliz ni una vez en mi maldita vida?!
El suelo se partió bajo sus pies, el fuego rugiendo con su grito.A lo lejos, Cu Chulainn y Aquiles emergieron del pasillo hacia la superficie nevada.
Cu levantó su báculo, los ojos brillando de emoción.—Ahí está… ¡y está más sexy que nunca!
Aquiles apretó los dientes, bajando la lanza hacia el frente.—“Sexy” no es la palabra que usaría, idiota.
Prepárate.
Si no la detenemos aquí, Chaldea dejará de existir.
Jalter los vio llegar y sonrió, su silueta envuelta en fuego.—Aghghgh….A cuantos mas de ustedes idiotas tengo que enfrentar.
Levantó su mano, una esfera de fuego negro crepitando entre sus dedos.—Perfecto.
Más leña para mi infierno.
___________________________.
(Listo…….les dije que olia a carne asada y se lo preguntan no, chaldea en este momento no tiene pesos pesados para lidiar con una avenger asi de fuerte y apenas iban por la tercera singularidad,bueno viendo el panorama este tendra final feliz….pero para la loca.).
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com